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Pov. DeanPara ser honesto, a Dean le encanta que su hermano sea tan listísimo, en serio. Ha visto unas marcas aparentemente enoquianas en los corazones con lo que están trabajando y eso es la excusa perfecta para llamar a Cass.
Con lo que, aunque no lo reconocerá ni loco, el día de San Valentín empieza a pintar de puta madre para Dean. Lo único que lamenta es no tener flores o una caja de bombones preparada.
¿Acabo de pensar que me gustaría tener flores y una caja de bombones? Lo que es más… ¿no me arrepiento de pensarlo? ¡Que el cielo me ampare creo que soy una adolescente ultra hormonada profundamente enamorada! Y… ¡Hostia, puta!¡Siento mariposas en el estómago!¡Mariposas!
Menos mal que no puedes leerme el pensamiento, Sammie, o te daría una apoplejía.
Dean, algo aturdido por sus propias reflexiones, marca el número de su novio no oficial. Al escuchar la sexy voz de Castiel desde el otro lado del hilo telefónico tiene ganas de cantar: ¡¡Send me an angel! Nene, estás jodidamente enamorado. ¿Qué pensaría Lez Zeppelin de esto?
Dean se obliga a contar hasta diez del revés, después le explica donde está a Cass.
El aleteo de su Ángel no se hace esperar. Al tenerlo tan cerca, frente a frente, se queda aturdido. Está tan absolutamente embobado por su Ángel que ni siquiera es capaz de colgar el teléfono.
Aunque, bueno, lo gracioso del asunto es que Cass tampoco lo hace.
Sus miradas se cruzan, se reconocen, se sonríen de esa forma cómplice en la que todo, absolutamente todo, es posible.
El pecho de Dean se expande de pura alegría, tiene que obligarse a sí mismo a retroceder para no llevar su mano a la mejilla de Cass y robarle un beso, que de verdad, se muere de ganas de darle.
Pero está el lío del Apocalipsis, que su hermano es el recipiente de Lucifer y… bueno… es que tiene que declararse oficialmente antes de reconocer ante el mundo: Amo a Castiel, mi Ángel de la guarda.
Pero Dean quiere hacer una declaración bien hecha porque Cass se lo merece, y aún no ha encontrado las palabras apropiadas para expresarse, todo le parece insuficiente a la hora de referirse a Cass. Porque, en sus 30 años de vida, Dean Winchester, nunca, jamás, se ha sentido tan necesitado de expresar claramente sus sentimientos.
Pov. SamEn el momento en que aparece Cass, Sam se queda perplejo.
¡Ahora lo pillo!
El menor de los Winchester siempre se ha caracterizado por ser el lumbreras de la familia, así que se da cuenta de qué coño le ocurre a su hermano.
Es tan, pero tan obvio, que se plantea darse una puta patada por no haberlo notado antes.
¿En qué coño estaba pensando?
La forma en la que Dean dice el nombre de Cass, acariciando las letras.
La manera en la que lo mira, perdiéndose en esos ojos azules cuando lo tiene cerca.
La actitud protectora de Castiel tiene con Dean.
La forma en que pronuncia el nombre de Dean, que casi parece una plegaria.
Las miradas cómplices.
Las sonrisas ladeadas.
Las palabras que no se dicen, pero que quedan en el aire.
¡Santa Madre de Dios, mi hermano está enamorado de un Ángel del Señor! ¡Santo Padre Bendito, un Ángel del Señor está enamorado de mi hermano mayor!
Oh… joder.
Ahora me encajan las piezas, ahora sí que lo entiendo.
Pero, ¿cómo iba a saber que Dean, mi hermano, es capaz de enamorarse de verdad?
Y, bueno, joder, ¡De un tío!... Bueno… en realidad Cass no es un tío, es un ser asexual por lo que yo sé…
Espera un momento.
¿Asexual?
¡Oh Dios mío!
Eso es… es… amor del de verdad, no hay sexo de por medio, es una comunión de almas… es…
Lo que sienten va más allá del amor que conocemos… ¿Y por qué coño me sorprendo?
¡Castiel. Es. Un. Puñetero. Ángel. Del. Señor!
Sam se tiene que obligar a sí mismo a dejar de pensar porque se está volviendo loco.
Aunque, no puede evitarlo, sonríe cuando observa a Cass y a Dean ausentes, en su propio mundo, mirándose con tantísimo amor que Sam se sonroja por los dos.
Pov. CassCass observa a Dean. Su cazador se ha quedado parado, con el teléfono en la mano, mirándolo fijamente. La visión de sus ojos verdes consigue que Cass hasta se olvide de respirar.
Está tan fascinado con él que no cuelga el teléfono. Sus miradas piden a gritos algo más.
Una caricia.
Un beso.
Un abrazo.
Castiel piensa que nunca antes se había sentido tan vivo, tan necesitado de hacer algo. Los insondables ojos verdes de Dean lo transportan al mismísimo cielo.
El olor de Dean, a canela, sándalo, hierba cortada y mar, inunda sus sentidos. Arrasándolo por dentro, miles de emociones surcan su piel.
Tiene ganas de reír y llorar al mismo tiempo.
Se siente eufórico y triste.
Está aterrado, pero también lleno de un valor que desconocía que tuviera.
Ojos verdes y azules chocan, quedándose enganchados. Reconociéndose, acariciándose, susurrando palabras que no necesitan de sonido alguno para expresarse.
Un nuevo y desconocido mundo de sensaciones empapa a Cass. Lo envuelve agitando todos los cimientos sobre los que ha construido su vida hasta que Dean Winchester, mi Dean Winchester, se cruzó en su camino.
Por un lapso de tiempo Cass no piensa en el Apocalipsis, no se tortura por lo decepcionado que está al no haber encontrado a su Padre. No se detiene a pensar que, según las normas estipuladas, un Ángel no debería tener ese tipo de sentimientos por un humano. De hecho, ni siquiera se siente culpable por sentirse así.
Sus piezas y las de Dean se han encontrado, han encajado unas con las otras a la perfección. Castiel reflexiona sobre el hecho de que siempre ha sido así, desde el principio: los dos como un solo ser.
Aún así, Cass comprende que no es el momento. Tienen el Apocalipsis encima, Lucifer va tras Sam, Zacharias y todo su antiguo regimiento por Dean. Su Padre sigue ausente. Castiel sabe que está en la Tierra, pero no ha conseguido encontrarlo.
En conclusión, un lío demasiado gordo.
Entonces se da cuenta de que sigue con el teléfono en la mano y no puede evitar sonreír de medio lado al comprender que Dean también tiene el suyo.
Pov. DeanDean camina con Cass hasta los corazones. Su Ángel los coge, los observa durante un instante y luego reconoce que sí, son marcas enoquianas, hechas por un Querubín.
Cuando Dean escucha la palabra "Querubín" tiene ganas de reír. De hecho, se obliga a sí mismo a no hacerlo para no quedar como un estúpido delante de su hermano y su Cass.
¿Un querubín? Si veo uno creo que me voy a morir de la risa.
Sin embargo, todo pensamiento gracioso al respecto se le va de la cabeza cuando ve la expresión de Cass.
Su Ángel dice que tienen que encontrar al Cupido antes de que siga haciendo más daño. Dean ve en la mirada de Cass que realmente está preocupado, que no le gusta la idea de que un miembro de su familia ande por ahí destruyendo el amor.
Entonces lo mira a sus insondables ojos azules, con lo que se pierde a sí mismo, y hace lo último que debería hacer delante de Sam, le dedica su mirada devora mujeres, le sonríe de medio lado y le asegura que detendrán al Cupido.
¡Joder, ahora Cass pensará que soy idiota! ¿En dónde coño tengo la cabeza? Acabo de ponerle a él, un Ángel del Señor, mi mirada de "protector de damiselas", como si realmente necesitara que yo le salvara el culo, si él es. Un. Jodido. Ángel. Del. Señor.
¡Si con levantar un dedo podría enviarme de vuelta a la condenación!
Asúmelo, Dean Winchester. Eres una jodida nenaza. Estás enamorado hasta las trancas, con lo que tu cerebro se ha licuado, se ha ido a tomar por culo y actúas como una adolescente ultra hormonada colgada del tío más guapo del Instituto. Aunque Cass probablemente está más bueno que todos los tíos guapos del instituto. Seguro que es un delito que este Ángel exista, debería haber una norma que prohibiera llamar: guapo, sexy, atractivo, hermoso o bello a cualquiera que no sea Cass.
Pov. CassA Cass le bota el corazón en el pecho cuando observa la mirada que Dean Winchester, mi único y perfecto Dean Winchester, le lanza. No puede evitar sonreír al pensar que si le hubiese dedicado esa misma mirada cualquier otro ser humano se reiría en su cara.
¡Él es un Ángel del Señor!
Cien veces más poderoso que cualquier ser humano, eso que últimamente, su "mojo" Angélico, no es lo que solía ser.
Pero es Dean el que lo mira.
Con esos inabarcables ojos verdes.
Con esa ternura que destila por todos los poros, aunque intente disimularlo.
Con esa sonrisa que avergonzaría a todas las estrellas del cielo, porque nunca serán tan hermosas.
Así que no, no se ríe.
Porque él se pierde en los abismos verdes de sus ojos.
Porque quiere sentir esa ternura.
Porque bajaría nuevamente al Infierno por esa sonrisa.
Y sí, Castiel, soy suyo, su Cass, por Dean sería capaz de morir un millón de veces más.
Cass siente, al verlo con ese gesto de autosuficiencia, derrochando masculinidad por todos los poros de su piel, que es realmente una damisela en peligro.
Ahora entiendo el verdadero significado del amor.
Antes de conocer a Dean creía que el amor era obedecer a mi Padre, seguir la senda marcada, sin cuestionarme nada.
Ahora sé que amar es dudar.
Es temer.
Es entregarse sin pedir nada a cambio.
Es compartir.
Es lealtad.
Es amistad.
Es respeto.
Es humildad.
Es alegría.
Es tristeza.
Es equivocarse.
Es aprender.
Es enseñar.
Es entender.
Es dar.
Es recibir.
Es enfadarse.
Es reconciliarse.
Es… perfección.
El amor, simple y llanamente, es Dean Winchester.
Pov. DeanDean no se cree que esté en un restaurante con su Cass en la noche de San Valentín.
¿Podría esto ser más perfecto?
Sam está con ellos, su hermano actúa algo raro desde hace un rato, pero a Dean no le preocupa demasiado. Al fin y al cabo, tiene a su novio no oficial en la noche de San Valentín y está terriblemente guapo, como siempre.
Con esos ojos azules ante los que se queda sin respiración.
Con esos labios tentadores, que desea probar.
Con esa horrible gabardina, que desea arrancarle.
Con esa genuina manera de ser Castiel, mi Ángel de la Guarda.
Dean está feliz, tan satisfecho, que no puede creerse la suerte que tiene. Incluso en ese momento, con todo el lío del Apocalipsis encima, con su hermano siendo el recipiente de Lucifer, consigo mismo siendo el de Michael. Todo es perfecto y, Dean lo sabe, el futuro que vio ya nunca se realizará.
Lo he cambiado.
Cuando llega su comida, Dean se da cuenta de que no tiene hambre. En fin, estar tan cerca de su Cass, sabiendo lo que sabe, sintiendo lo que siente, le ha quitado el apetito. Se siente en calma consigo mismo y con el universo.
Por primera vez, desde que su Ángel lo sacó del Infierno, Dean se siente completo.
Ya no necesita mujeres a las que poseer para sentirse querido, porque tiene a su Ángel con él.
Ya no necesita darse a la bebida para olvidar el Infierno, sabe que su Cass nunca permitiría que lo llevasen de nuevo allí.
Y no necesita comer para llenar el vacío que lo envuelve, con su amor se siente saciado.
Además, Dean ha notado el modo en que Cass está mirando la hamburguesa, parece que está deseando darle un bocado y, hay que reconocer que le tienta verlo comiéndola, porque seguramente se manchará. Quizás si es así, cuando Sam no esté mirando puede pasar su lengua por los labios de su Ángel de la guarda para limpiarlo.
Así que cuando su amor le pregunta si puede comer la hamburguesa, tiene que darse una patada mental para no sonrojarse por los pensamientos que ha tenido y tiene que contener la sonrisa que amenaza con invadir sus labios.
Pov. CassCastiel nunca ha entendido muy bien la función de Cupido, para él siempre habían sido Ángeles menos importantes porque, en fin, se ocupaban de enamorar a la gente. De hacer que sintiesen amor unos por otros, su función era insignificante, no como la de Castiel que protegía a los seres humanos.
Siempre había considerado que el papel de los Querubines era innecesario, pero desde que sus sentimientos habían empezado a adquirir forma, solidez, entendía mejor su función. De hecho, una parte de sí mismo, siente la necesidad de agradecer.
Por lo que ha encontrado, sin buscarlo.
Por lo que ha sentido, sin proponérselo.
Por lo que ha probado, sin planearlo.
Porque Castiel, un Ángel del Señor, se ha enamorado. Ha sido correspondido y todas las cosas que, para él, antes carecían de sentido, se han convertido en un mundo de posibilidades.
De hecho, estar en un restaurante con su Dean Winchester, el día de San Valentín, le parece perfecto.
Cass siempre ha visto las reacciones de los humanos el día de San Valentín, al fin y al cabo, él es un Ángel Guardián y ha tenido miles de cargos a lo largo de su existencia, aunque ninguno como Dean, él es único.
Ha visto que ese día los hace felices.
Algunos reunían valor para confesar sus sentimientos profundos a una persona a la que habían amado durante mucho tiempo.
Otros renovaban su amor, festejándolo por todo lo alto, con una cena, con bombones, con ramos de flores.
Para Castiel San Valentín no era gran cosa, aunque claro, eso fue antes de conocer a Dean Winchester. Con él al lado, incluso aunque esté Sam también, el día de San Valentín ha adquirido otro matiz.
En ello está pensado cuando la camarera llega con una hamburguesa para Dean, pero su amor la mira con indiferencia.
Y ocurre algo curiosísimo, porque de pronto, Castiel quiere comérsela. Cuando Dean la aparta le pide su consentimiento para alimentarse con ella.
Está a punto de pegarle el primer bocado cuando ve que su hermano, Cupido ha llegado. Así que deja la hamburguesa y pide a los hermanos Winchester que se reúnan con él detrás.
Pov. Sam
Sam se siente como sujeta velas, en serio.
Está en la noche más romántica del año con su hermano mayor y su novio, aunque ninguno lo haya reconocido.
Los dos, si bien tratan de disimularlo, no pueden evitar la alegría que sienten. Intentan fingir que las cosas siguen como siempre, pero es tan, pero tan obvio que han cambiado.
Sam no comprende cuándo empezó a ocurrir.
Quizás fue el primer día que Castiel sacó a su hermano de los fuegos del Infierno.
Quizás fue el primer día que Dean admitió que tenía un Ángel de la Guarda.
Quizás fue la primera vez que Castiel se rebeló por Dean, siempre por Dean.
Quizás fue cuando Dean le entregó el amuleto que él le había regalado cuando eran pequeños.
O, tal vez, había sido así porque estaba escrito en las estrellas.
En realidad, a Sam Winchester, le parecida jodidamente apropiado que las cosas fueran así.
Porque, siendo honestos, Dean siempre había estado salvando su culo, el de su padre. Siempre limpiando la mierda que otros dejaban, sin protestar, sin quejarse jamás.
Su hermano es el hombre más honesto que conoce, el más entero, el más generoso. Aunque Sam nunca lo reconocerá, ni bajo tortura china, Dean es en realidad su ídolo.
Dean se levanta todos los días y lucha.
Por protegerlo a él.
Por defender a los débiles.
Por salvar al mundo.
Incluso cuando está cansado, cuando las fuerzas ya no le sostienen, se obliga a levantarse y seguir intentándolo. Nunca pierde la esperanza, y mira que es difícil no perderla cuando tienes el puto Apocalipsis encima.
Por eso, a Sam le gusta que un Ángel del Señor, ni más ni menos, se haya fijado en su hermano. Porque Dean se lo merece, porque si hay una persona en el mundo que merece ser amado de forma incondicional es Dean Winchester.
Y, joder, me encanta la idea de tener como cuñado a un Ángel del Señor.
Hasta se puede imaginar la estampa en el futuro.
Dean con Castiel, en la casa de Lawrence en la que crecieron, ancianos, con él y su mujer, viejos también, y sus nietos correteando por todas partes. Los suyos y los de Dean y Cass porque seguro que adoptan.
Puede verlo, puede sentirlo. De hecho, la pequeña parte demoníaca que aún queda en él, con sus poderes de vidente, reconoce ese futuro como el único.
Sam observa a su hermano, después a Cass.
Y, por primera vez, está seguro de que detendrán el Apocalipsis los tres juntos.
Como una familia, que es lo que somos.
Cuando Castiel les dice que se encuentran detrás, Sam deja sus reflexiones y se levanta.
Pov. DeanDean y Sam han salido a fuera para encontrarse con Castiel. Su Ángel de la Guarda le dice que ha atrapado al Cupido, pero no aparece por ninguna parte.
Pregunta dónde está, cuando siente que algo fuerte lo agarra por atrás y lo levanta en el aire.
Una voz masculina, pero bastante infantil, le habla.
Dean comprende entonces que se trata de Cupido, pero se sorprende al ver la mirada furiosa que su Ángel de la Guarda está dando a ese Querubín que lo ha atrapado en un abrazo.
¿Celos mi dulce Ángel de la Guarda? ¡Está bien, es una sensación que me gusta! Sentir que te importo lo suficiente como para que te moleste que otro tipo me toque. Es… jodidamente humano, Ángel mío.
En cuanto termine el Apocalipsis te pienso secuestrar, te llevaré muy, muy lejos y te diré todo.
Que te amo.
Que te espero.
Que te sueño.
Que te anhelo.
Que te necesito.
Que te deseo, sí, aunque sea inapropiado porque eres un Ángel del Señor.
Que quiero despertarme contigo los próximos cincuenta años de mi vida.
Que quiero formar una familia contigo.
Que quiero tener hijos contigo, los adoptaremos.
Que quiero tener nietos contigo.
Que quiero vivir en la vieja casa de mi infancia a tu lado.
Que quiero ver las estrellas todas las noches, siempre a tu lado.
Que quiero pedir tu mano a tu Padre, aunque me dé miedo porque, en fin, él me creó y me salvó del Infierno.
Eres todo lo que yo soñaba, multiplicado por un millón y me quedo corto.
Eres mío, Castiel.
Lo fuiste en el pasado, cuando me dejaste 35 pecas marcadas en mi nariz.
Hace un año, cuando arrancaste mi alma del infierno, marcándome con tu mano.
Ahora, que tenemos el Apocalipsis encima.
Y en el futuro, cuando ya no haya más batallas en las que pelear.
Lo fuiste, lo eres y lo serás siempre.
Mi Ángel de la Guarda, el único y verdadero amor de mi vida.
Pov. Cupido
Cupido ve el amor entre Dean y Castiel. Por un instante hasta se siente insignificante al comprender la magnitud de los sentimientos de ellos dos.
Ninguno de sus hermanos querubines ha intervenido en esta relación, ninguno.
Sus corazones, simple y llanamente, nacieron para estar juntos. Cupido ha visto las pequeñas marcas que tienen, no son enoquiano, ni nada que él haya visto antes. Es un signo poderoso, mucho más de lo que nunca ha visto en su vida.
Entonces, casi sin darse cuenta, lo comprende.
Esa unión ha sido propiciada por su Padre. Esa marca ha sido impuesta por su Padre y un sentimiento de alegría lo embarga.
Hacía muchos, pero que muchos años, que nadie sabía nada de su Padre. Algunos de sus hermanos pensaban que se había marchado, que había dejado el mundo sumido en el caos.
Sin embargo, esas pequeñas marcas significan que todavía no ha abandonado el edificio. Sigue en él, pero probablemente los está poniendo a prueba.
Sonríe al ver la mirada que su hermano le está dedicando. Castiel está celoso, lo que lo convierte en terriblemente humano.
Piensa en seguir rodeando a su carga entre sus brazos sólo para molestarlo, pero en lugar de eso, se separa de Dean y camina decidido hacia Castiel.
Y lo abraza intensamente, porque es la prueba de que aún no está todo perdido.
Porque es la prueba de que el Apocalipsis puede no producirse.
Es la prueba del Amor de su Padre a todas sus criaturas.
La prueba de que aún está en el mundo. Esperando, observando, dispuesto a intervenir si es necesario.
Pov. CassA Castiel no le gusta el modo en que Cupido está rodeando a Dean. No le agrada en absoluto. Una parte de sí mismo quiere decirle a su hermano que lo suelte, pero se contiene. Él sabe que ese es el apretón de manos de todos los Querubines, pero eso no significa que no le moleste, porque lo irrita muchísimo.
Sus ojos se cruzan con los de Dean y todo le parece perfecto.
La mirada de su cazador lo acaricia con ternura, con una que sólo esos ojos podrían darle.
Se comunican sin palabras miles de sentimientos.
Castiel desea poder expresar ante Dean lo que siente, poder pasar el resto de ese día celebrándolo con él. Disfrutando, por primera vez en su larguísima existencia, de una noche de amor con Dean Winchester.
Castiel ha visto la forma que tienen los seres humanos de relacionarse, pero nunca había pensado qué sentiría si él mismo fuera capaz de interactuar de la misma manera.
Aún así, desde que su historia de amor ha empezado con ese humano, porque sí tenemos una relación, aunque no lo hayamos reconocido públicamente, ni lo hayamos expresado físicamente, no puede parar de preguntarse cómo se sentirá.
¿A qué sabrán los besos?
¿Dolerán las caricias?
¿Qué ocurrirá cuando se abraza a una persona a la que amas más que a tu vida?
¿Cómo se sentirá uno cuando dos cuerpos se entregan a un ritual de pasión?
¿A qué sabrán los besos de Dean?
¿Me dolerán sus caricias?
¿Qué ocurrirá cuando lo abrace sabiendo que lo amo más que a nada?
¿Qué pensaré cuando, por fin, nuestros cuerpos se encuentren?
Y Castiel, quien nunca ha prestado demasiada atención a los rituales humanos, no puede evitar preguntarse si logrará hacer las cosas bien.
Porque, en fin, jamás se ha sentido tentado por averiguar qué se siente besando a otra persona, acariciándolo y… bueno… eso qué hacen los humanos, que yo no entiendo.
Claro que eso era antes, cuando no tenía alguien a quien amar.
Pov. DeanTras su encuentro con Cupido. Dean y Sam buscan desesperadamente algún indicio de qué está ocurriendo en esa ciudad.
Además, otra víctima más ha sido hallada. En este caso, un hombre que ha muerto por comer demasiado.
Los dos Winchester han estado buscando en todas partes, sin hallar las respuestas que buscan.
Es Cass, quien ha encontrado la clave. Al parecer toda la ciudad está sufriendo hambruna.
Sam le pregunta a Castiel cómo es posible, si él siempre había creído que Hambruna se refería a hambre de comer.
El Ángel explica que la Hambruna afecta a todos los deseos que tengan. Atención, sexo, drogas y amor. Al decir la última palabra dirige una mirada a Dean, que se siente así.
Amado, querido, protegido, cuidado.
Él no tiene hambre de nada porque todo lo que quiere está frente a él. Con el cabello negro azabache, los ojos azules que derretirían ambos polos y esa genuina manera de ser Castiel.
Mi Ángel del Señor.
Pov. CassCastiel llega al hotel en que se alojan Sam y Dean. Está comiendo una hamburguesa, un triste sustitutivo de Dean Winchester.
Porque, yo, sí, un Ángel del Señor, lo que quiero es devorar a mi humano, a mi hombre milagro, a mi Dean Winchester.
La hambruna le está afectando cómo al resto de la ciudad, pero por suerte para los dos, Cass es el Ángel Guardián de Dean, con lo que cualquier acción que lo lastime va contra su propia esencia, contra la propia naturaleza con la que ha sido dotado.
Así que su Hambre de Dean ha sido sustituida por hambre de carne roja. Cass entiende que probablemente es así porque, de algún modo, siempre ha relacionado las hamburguesas a Dean.
Sam le dice que él siempre ha creído que la Hambruna consistía en la necesidad de comer. Cass le explica que no es así, que significa hambre de cualquier cosa.
De atención, de sexo, de drogas, de amor y cuando dice esa última palabra su mirada busca la de Dean, necesitando de esos ojos verdes para vivir.
Un dolor profundo lo devora por dentro, porque la carne no es suficiente. Es un pobre sustitutivo de Dean Winchester y él, Castiel, un Ángel del Señor, sólo desea que ese maldito Jinete desaparezca para poder seguir como siempre.
Pov. DeanFinalmente, Sam, Castiel y Dean vencen al Jinete.
Después de dos semanas, es la primera vez que los Winchester están otra vez en la carretera y Dean desea intensamente ver otra vez a su Ángel.
Dean recuerda que Hambruna le dijo que él estaba muerto por dentro, sonríe al recordar ese momento porque el Jinete no tenía, ni la más remota idea, de por qué Dean Winchester era capaz de resistirse a su efecto.
No se debe a que se sienta muerto, ni de lejos, no tiene Hambre de nada porque tiene todo lo que desea con una sola persona.
Castiel, mi Ángel de la Guarda.
Alimenta mi espíritu.
Alimenta mi esperanza.
Elimina mi sed.
Elimina mis miedos.
No necesito nada, porque ya tengo más de lo que he pedido. Lo tengo a él.
Cass
Castiel está en la casa de Dean cuando se aparece ante él su Hermano, el Cupido al que vio dos semanas atrás.
El Querubín lo mira un instante.
- Tienes que decírselo, hermano. – Le explica. – Merece saberlo.
- Ya lo sabe. – Contesta.
- Pero no podéis seguir así, os estáis matando el uno a otro sin entregaros plenamente a este sentimiento.
He vivido tantos años como tú, Castiel, y nunca, en mi larguísima existencia he visto lo que vosotros tenéis.
Es mágico.
Es puro.
Es eterno.
Está hecho de la materia misma del amor.
Sé que estamos en plena guerra, sé que Lucifer y su ejército caminan por la Tierra con intención de destruir a los humanos.
¿No piensas que sería mejor entregarse plenamente a ese sentimiento antes de que el mundo acabe?
Tal vez no ganéis la guerra, Castiel.
Tal vez mañana, Lucifer se haga con el control de Sam Winchester y destruya todo, incluido Dean Winchester.
¿Estás dispuesto a perderlo sin haberlo ganado?
¿Realmente vas a renunciar a lo único que has amado?
¿A lo único que te es propio desde el principio de los tiempos?
Sólo soy un Querubín, un Ángel de Tercera clase, como bien sabes, pero veo que esto… que lo vuestro… puede ser la clave para derrotar a nuestro hermano.
Es hora de que vayas a por lo que te pertenece, Castiel, no hay nada que te lo impida y estoy seguro de que nuestro Padre se sentirá orgulloso de ti si lo haces.
- Del mismo modo que Cupido aparece, desaparece de la estancia dejando a Castiel por un instante perplejo. Hasta que, con un aleteo, desaparece del lugar donde se encuentra.
Pov. DeanDean se despierta en medio de la noche por un ligero ruido. Se incorpora de la cama y observa, frente a él, a su Ángel de la Guarda.
Castiel se aproxima a él, le pone una mano en la frente y se lo lleva a otro lugar, dejando a Sam descansando apaciblemente.
Pov. CassEstán en una pequeña playa de la costa gallega llamada Pantín. Son las cinco de la mañana y el sol está empezando a despertarse de su larga siesta.
En el paisaje se divisan todavía algunas pequeñas estrellas que, perezosas, están empezando a esconderse para dejar que el sol luzca en todo su esplendor.
El silencio los envuelve, la noche los cubre con un manto de ternura y el escenario es el lugar ideal para aclarar sus sentimientos.
Su mirada azul se engancha con la verde, se recorren con avidez. La mano de Dean se eleva, se aproxima a su mejilla y lo acaricia.
Su corazón se detiene por un instante, todo lo demás deja de existir cuando siente la calidez de Dean recorriéndolo, exigiendo el derecho que le corresponde. Después, con cuidado, su propia mano se dirige hacia el rostro de Dean, percibe las lenguas de calor recorriendo su cara, un rubor ocupa sus mejillas y él, un Ángel del Señor, se sonroja en respuesta.
Las estrellas parecen despertar por un momento, antes de irse a dormir, y brillan con intensidad para permitir que ese momento se alargue.
En ese preciso instante, Castiel desnuda su alma ante Dean, su recipiente desaparece dejando que Dean vea su verdadera forma.
Luz, ojos más azules que el mismísimo cielo, piel dorada, músculos marcados, al fin y al cabo es un soldado, y un rostro cincelado por la amorosa mano de su Padre.
Pov. DeanDean se queda perplejo cuando Cass se deshace del recipiente humano que lo contiene.
Sus ojos verdes recorren con avidez el cuerpo que tiene frente a él. Los ojos son de un azul más profundo que el mar, la piel tiene un tono dorado que no existe en la tierra, los músculos que sostienen el cuerpo de su Ángel de la Guarda parecen esculpidos por Miguel Ángel y luego tiene ese rostro… más bello que cualquier cosa que Dean haya visto en su vida. Y Dean piensa que esa belleza sólo puede existir en el Paraíso.
Con cuidado acaricia la verdadera cara de su Ángel. Está caliente, es suave. Si Dean tuviera que describirlo diría que es como tocar la esencia misma del sol.
Con miedo se aproxima a Castiel, asustado trata de rodear su cuerpo en un abrazo. La distancia se hace escasa, el espacio personal para Dean ya no supone un problema. Lo quiere más cerca, lo quiere sentir en su ser. Quiere empaparse de su esencia.
Cass le devuelve la caricia, su piel se estremece al sentir el cálido tacto del Ángel y entonces ocurre.
La necesidad se apodera de él, lo consume, lo devora por dentro, en un movimiento brusco aproxima sus labios a los de Castiel.
Mi amor. – Susurra. – No me dejes, nunca.
Y lo besa.
Pierde la conciencia de sí mismo cuando Castiel le devuelve el beso y llora.
Llora porque nunca soñó sentirse tan amado.
Llora por lo mucho que ha perdido.
Llora por lo mucho que ha ganado.
Llora por las almas del Infierno que torturó.
Llora por las almas que salvó.
Llora por haber perdido a su padre.
Llora por haber perdido a su madre.
Llora por haber ganado a Castiel.
Llora por tener todavía a Sam.
Llora por el futuro que vio.
Llora por el futuro que vendrá, porque sabe que lo ha cambiado.
Llora por saber que desde ese momento ya nunca volverá a caminar solo.
Y ríe.
Ríe porque está besando a Cass.
Ríe porque sabe que Cass lo ama.
Ríe porque sabe que ama a Cass.
Ríe porque sabe que ya nunca se separarán.
Ríe porque sabe que se acabará casando con él, aunque sea un Ángel del Señor.
Ríe porque el mundo se ha vuelto loco.
Ríe porque Dios le ha retribuido muchísimo más de lo que se merece, muchísimo más de lo que pidió.
Ríe porque le ha entregado a uno de sus hijos.
Ríe porque le ha dado a uno de sus Ángeles para que no se sienta solo.
Y reza.
Reza para dar las gracias.
Reza para pedir perdón.
Reza para mantener siempre la esperanza.
Reza por Sam.
Reza por John.
Reza por Mary.
Reza por Bobby.
Reza por Jo y por Ellen.
Reza por los cazadores que han muerto.
Reza por los que todavía siguen luchando.
Y reza por Lucifer, porque todo el mundo merece redención, incluso él, que nunca se consideró digno de merecerla.
Pov. CassCuando la boca de Dean se funde con la suya se siente, por primera vez, completo.
Y escucha.
Escucha las risas de los niños que están soñando cosas hermosas.
Escucha los pájaros que acaban de despertar.
Escucha las olas del mar batiendo contra las rocas.
Escucha la canción del viento.
Escucha su propio corazón latiendo al ritmo del de Dean.
Escucha sus respiraciones, uniéndose, separándose, fundiéndose en una sola.
Escucha cómo se unen sus seres, componiendo una nueva melodía. Una mucho más hermosa, más intensa. Perfecta.
Y descubre sabores que antes nunca había conocido.
La boca de Dean sabe a chocolate.
Su boca sabe a menta.
La piel de Dean sabe a sirope de fresa.
Su piel sabe a mar.
El alma de Dean sabe a pureza, a perfección.
Su alma sabe a Dean.
Sus almas se fusionan, formando un nuevo sabor.
Y ve.
Ve las estrellas en el firmamento.
Ve la sonrisa que Dean le está dedicando.
Ve cómo el sol se incorpora con el amanecer.
Ve la luna acostándose sobre la montaña.
Ve cómo sus cuerpos se juntan hasta que uno se instala en el espacio personal del otro, acomodándose, amoldándose. Como si estuvieran hechos para ese fin.
Y huele.
Huele el mar.
Huele las flores que están despertando tras la noche.
Huele los árboles.
Huele su esencia y la de Dean, unidas. Componiendo un nuevo aroma, más dulce, más intenso. Irrompible.
Siente las estrellas.
Siente el aire en su mejilla.
Siente la luz del sol envolviéndolo en una caricia.
Siente que pertenece a Dean.
Siente que ha encontrado su camino.
Siente que su Padre le ha bendecido entregándole una de sus obras de arte.
Y siente, por primera vez en su larguísima existencia, que está vivo de verdad. Como si su mera existencia, hasta que su alma y la de Dean se encontraron, estuviera inanimada, incompleta.
Dean le sonríe, de esa forma en la que hace que se sienta a salvo, protegido, seguro, amado.
Cuando sus bocas se separan, tras un larguísimo e intenso beso, Cass decide que es hora de confesarle a Dean todo.
Te amo, Dean Winchester y creo que siempre te he amado.
Te amo por lo que me haces sentir.
Te amo por cómo soy cuando estoy contigo.
Te amo por cómo me miras.
Te amo cuando me sonríes de esa manera en la que parece que estoy en el Paraíso, sin estar allí.
Te amo por lo que has despertado en mí.
Te amo cuando ríes.
Te amo cuando me haces sufrir.
Te amo cuando lloras a escondidas porque el peso del mundo recae sobre tus espaldas y no te sientes capaz de seguir aguantando.
Te amo por la forma en la que luchas con todas tus fuerzas, incluso cuando estás agotado.
Te amo porque cuando te miro avivas la esperanza en mi corazón.
Te amo por la manera en la que siempre cuidas a Sam, incluso aún cuando sabes que tu hermano tiene algo diferente, no del todo bueno.
Te amo por cómo miras a los niños en los parques con ternura, pensando que si aún sigues luchando es para darles un futuro.
Te amo por las 35 pecas de tu nariz, que yo te dejé.
Te amo por la marca que tienes en tu hombro, que te convierten en mío, Dean.
Te amo como no he amado nunca a nadie y como nunca amaré a nadie.
Te amo porque siento que tú eres mi hogar, el lugar al que pertenezco, al que siempre he pertenecido.
Te amo porque contigo todo es posible. Derrotar a Lucifer, detener el Apocalipsis, rebelarme contra todo y todos.
Pero, sobre todo, Dean Winchester, te amo porque cada vez que te miro veo la obra de mi Padre. Cada vez que te tengo cerca recupero mi fe, mi esperanza.
Te amo porque sí, aunque no tenga sentido de la lógica, ni razón alguna.
Tú eres mío. Siempre lo has sido.
Y lo besa de nuevo, más intenso, más profundo.
Pov. DeanCass se declara, después lo besa una vez más y se siente en paz. Pero Dean quiere más, desea poder expresar lo que realmente siente, decir con palabras la forma en la que Castiel, mi Ángel de la Guarda, lo hace sentir, la manera en la que lo salvado.
Cuando sus bocas se separan, Dean siente que se cae en un pozo profundo y negro, que tan sólo la luz brillante de Castiel es capaz de salvarlo.
Entonces, sin ni siquiera pensarlo, se declara.
Te amo, Cass.
Te amo porque me has enseñado el verdadero significado del amor.
Te amo porque cuando estoy contigo siento que puedo ser mejor.
Te amo porque a tu lado me siento en paz.
Te amo porque cuando me miras pienso que merezco redención.
Te amo porque mi madre me dijo que fuiste tú quien me devolvió a la vida, cuando ya no había esperanza para mí.
Te amo por las 35 pecas que tengo en mi nariz que me convierten en tuyo.
Te amo porque me arrancaste del fuego del Averno, cuando ya no quedaba nada en mí. Sólo vacío.
Te amo por la marca que dejaste en mi brazo.
Te amo porque siento que contigo mis piezas están en su lugar.
Te amo porque cada día que me despierto, agradezco a tu Padre tu existencia.
Te amo porque eres mi corazón.
Te amo porque eres mi alma.
Te amo porque eres mi universo.
Te amo porque tú eres y siempre has sido mi Ángel de la Guarda.
Te amo por las veces que me salvaste.
Y, sobre todo, te amo porque tú eres el amor de mi vida.
Sé que estamos en pleno Apocalipsis, sé que las cosas empeorarán antes de mejorar, aún así, quiero estar contigo, Castiel, mi Cass.
Te extraño cuando no te tengo cerca, tanto que duele y reconozco que me encantaría que hubiese una manera en la que pudieras marcarme una vez más para que todos sepan que soy tuyo y que tú eres mío. Tus hermanos, tu Padre, todos los seres sobrenaturales del mundo y del universo entero.
Suena ridículo, lo sé, pensarás que soy una adolescente ultra hormonada, pero es lo que siento y no me avergüenza sentirme así. Ríete si quieres, pero así es como me siento.
Pov. Cass
Te marcaré, Dean. – Castiel acaricia el rostro de su cazador y le sonríe. – De hecho he querido hacerlo desde hace mucho tiempo.
Como Ángel de la Guarda debes llevar mi marca. Antes de que cayeses en la Perdición la tenías, pero allí abajo te la arrancaron.
Es un proceso sencillo, pero duele como el Infierno. Si no te he marcado antes es porque no estaba seguro de que te gustase, pero ahora que lo entiendo. Ahora que sé lo que significamos el uno para el otro, no hay cosa que me apetezca más.
Perdóname. – Castiel se arranca una de sus plumas, después recita unas palabras en enoquiano y la coloca sobre el corazón de Dean.
Poco a poco, la pluma se va encogiendo, metiéndose en el cuerpo de Dean. El proceso es rápido. Cuando termina Castiel abraza a Dean y le arranca un beso cargado de promesas.
Y todo, absolutamente todo, es perfecto.
Pov. ChuckDesde algún lugar de Alabama, el profeta Chuck sonríe de lado a lado. Aunque cualquiera que lo viera pensaría que está loco por la manera en la que enfoca su mirada hacia la nada.
Pero Chuck, que es algo más que un profeta, está observando la escena que se desarrolla en una pequeña playa de la costa gallega.
Uno de sus hijos, el predilecto en la actualidad, está entregándose por primera vez en su existencia a una de sus obras maestras. Un pequeño hombre que nunca se ha sentido realmente importante, pero que en realidad es decisivo para la humanidad.
En el horizonte el sol ilumina los dos cuerpos, mientras se va elevando por encima de las montañas. Las estrellas más perezosas del cielo están todavía yéndose a acostar.
La brisa marina despeina a las dos figuras que se besan con pasión, con ternura, con amor. Como si nada, salvo ese momento, existiera.
El más joven de los dos, rubio, con ojos verdes, acaricia con ternura la mejilla del más anciano con una de sus manos. Con la otra dibuja pequeños corazones en el pecho del otro, aunque Dean Winchester ni siquiera nota lo que está haciendo.
Castiel, por su parte, aprieta más fuerte a Dean contra su cuerpo, lo empuja cada vez más cerca, como si no fuera capaz de despegarse de él, cuando por fin ha logrado acercarse.
Y Chuck sonríe.
Recuerda la primera vez que su hijo se acercó a la madre de Dean Winchester para confortarla en su dolor.
Rememora la forma en la que Castiel, aún sabiendo que si había alguna razón para que las cosas fueran así, eligió el libre albedrío.
Optó por salvarlo, a pesar de las complicaciones que podría traer esa intervención Angélica.
Entonces se sintió orgulloso, más de lo que nunca había estado de alguno de sus hijos, y lo mandó llamar.
Ese mismo día, tras verlo, puso una pequeña marca en su corazón.
Después, por la noche, se acercó al bebé recién nacido y lo marcó también.
Porque entendió que ellos dos podrían cambiar las cosas.
Pov. SamLo primero que escucha Sam al despertarse es a su hermano cantando.
Lo primero que huele, aún sin abrir los ojos, es a bacon y huevos revueltos.
Lo primero que ve es a Dean, con una sonrisa enorme que cubre su cara. Una que no había visto en su hermano desde que eran niños pequeños.
Cuando se incorpora, observa a su alrededor y encuentra la mirada serena de Castiel, el Ángel de la Guarda de su hermano, sonriendo de lado a lado, con una mirada azul brillante que podría derretir ambos polos. (Y eso que a Sam Winchester no le gustan los hombres… bueno… Ángeles)
Sonríe ante la estampa, le parece normal, familiar y siente que está en su hogar.
Con Dean, con Castiel.
Ellos dos le están dando lo que siempre ha querido, un lugar que sentir como propio.
Y Sam sonríe, porque todo se va a arreglar.
Observa a su hermano, que busca la mano de Castiel mientras coge los platos de la alacena, la de Castiel se reúne con la de Dean y se entrelazan.
Es entonces cuando, por primera vez desde que se ha despertado, Sam descubre que ya no se encuentra en una triste habitación de hotel. Se hallan en una casa, una que recuerda perfectamente, porque es su hogar de la infancia.
Sam por un instante se plantea que está soñando, pero Castiel le dedica una mirada que le confirma que eso es real.
Se levanta bruscamente y su hermano le sonríe.
- Ya era hora de que despertaras, Sammie, llevamos más de dos días tratando de levantarte.
- ¿Qué ha ocurrido? – Pregunta Sam confuso.
- Muchas cosas en muy poco tiempo. – Aclara Dean.
- ¿Y la casa?
¿Es nuestra antigua casa?
¿Podemos estar aquí?
- Aún no se ha vendido. – Aclara el Ángel. – Aunque esperamos poder comprarla.
- ¿Esto es un sueño?
- No, Sammie, cosas buenas también pueden ocurrir.- Explica su hermano.- Cass y yo vamos a arreglar los papeles de la casa, mientras no venimos llama a Bobby, infórmale de nuestra nueva ubicación y pregúntale si hay un monstruo que podamos cazar.
Todo se va a arreglar. – Piensa el menor de los Winchester antes de que Dean y Castiel desaparezcan.
Y lo último que Sam ve, antes de llamar a Bobby, es a Castiel, sí, un Ángel del Señor, besando a su hermano mayor.
