Agridulce

− ¡Casi una hora en que estuvieses listo! – masculle molesta mientras aceleraba mi camioneta al máximo− Y todo porque no encontrabas a tu dinosaurio que resulto estar dentro de la camioneta…

Mire a Seth quien se hacia el desentendido jugando con el famoso dinosaurio. Lo mire un poco más para ver si se intimidaba pero él ni se inmuto y siguió jugando.

Maldecí entre dientes y concentre mi vista en la carretera.

Hoy era el día en que las librerías de Seattle estarían con descuentos y yo necesitaba ir. Los libros eran bastante caros si se querían comprar originales y siempre había que buscar diversas maneras para encontrarlos en rebaja. Por eso era esencial que hoy llegáramos temprano… ¡Pero no! A Seth se le ocurrió comportarse de la peor manera haciéndome partir una hora después de lo previsto, perdiéndome la oportunidad de diversas rebajas literarias…

Tan solo pensar en que alguien haya encontrado "Sentido y Sensibilidad" antes que yo…

− ¿Estas molesta?

Miré a Seth con todo mi amor, de inmediato retrocedió y se apego al asiento. Durante el resto del viaje estuvo en la misma posición esperando a que yo lo atacara…

Estupideces… hoy no tenía tiempo para ahorcarlo y masacrar su cuello… solo por este día dejaría pasar su falta monumental. Hoy debía de estar concentrada en la caza de libros…

Tenía una lista amplia de libros que quería llevarme a casa y no descansaría hasta que cada uno de ellos estuviera en mi repisa.

Nos estacionamos frente a una de las librerías menos frecuentadas de Seattle, pero a la vez la librería más completa y económica. Algo que estaba a mi favor ya que podría comprar bien sin tener que preocuparme por no chocar con alguien.

−Toma tu juguete cariño… hoy estaremos bastante tiempo dentro de la librería.

Seth rodo los ojos y tomo su dinosaurio más su mochila y salió de la camioneta diciendo algo de "cuando me case será con una ciega, así no podrá leer"… no quise decirle a mi hijo que los ciegos leen en braille y por ende sus libros son mucho más caros.

Entramos a la librería, de inmediato lleve a Seth al área infantil.

−Puedes elegir tres libros… nada más, así que elige bien. Y no olvides demorarte mucho… mucho ¿está claro?−pregunte mientras acomodaba su mochila y peinaba su revoltoso e indomable cabello castaño.

−Si mamita− me dio un beso en la mejilla y comenzó a mirar los libros de dibujos.

Rápidamente me aleje y camine hacia los estantes de literatura romántica, tenía que encontrar ese libro…

A diferencia de la zona infantil –que estaba vacía− en la zona de literatura romántica habían varias mujeres. Una de ella era tan pequeña que estaba segura me llegaba hasta el hombro y eso que yo tampoco soy muy alta que digamos.

Inhale profundamente antes de concentrarme en mi lista de libros.

Llevaba casi media hora mirando y eligiendo libros cuando alguien tironeo mi blusa. Supuse de inmediato que se trataba del siempre impaciente Seth. Por eso fue grande mi sorpresa cuando vi a una pequeña niña rubia de ojos esmeraldas viéndome fijamente.

Por un momento me quede pegada viendo sus ojos…

Eran iguales a los de él…

−Tú no eres mami…− dijo la pequeña mientras me miraba de pies a cabeza− Ella dijo que estaría aquí pero no está.

Corrí la vista de sus ojos y fingí no haberla oído dándome vuelta y comenzando a caminar hacia donde estaba Seth.

Ver aquellos ojos me había perturbado un poco, y necesitaba ver a Seth para tranquilizarme.

Encontré a Seth hablando con aquella mujer bajita con aspecto de duende, ella parecía estar analizándolo… le miraba el cabello, los ojos… ¿Qué le estaba haciendo?

− ¡Seth! –le llame. Seth me miro un poco asustado y se alejo de la mujer que ahora me miraba fijamente− Ven aquí.

Seth corrió hacia a mí, se quedo a mi lado mientras volvía su rostro hacia aquella extraña mujer que no dejaba de mirarnos…

− ¿Estas listo colega?− le pregunte a mi hijo a lo que este asintió con la cabeza− pues yo también he acabado, pagamos esto y luego nos vamos por un helado.

−Disculpen…

La voz de campanillas llamo mi atención, era la mujer duende maniática. La mire recelosamente y tome a Seth de la mano en señal de protección. La mujer noto mi gesto y retrocedió notando mi incomodidad.

−Lo lamento… no quería asustarlos. Mi nombre es Alice, Alice Cullen… me gustaría hablar con ustedes.

Alice… Alice Cullen.

No podía ser la misma familia Cullen ¿verdad? Yo no podía tener tan mala suerte de venir a toparme con una Cullen… y justo el día que andaba en compañía de Seth.

Recompuse mi expresión lo mejor que pude y rápidamente analice al duende. Nada en ella me recordaba a Edward, ni su pelo… ni sus rasgos de cara. Quizás la piel, era igual de pálida… pero eso es común para los habitantes de Seattle, de repente note sus ojos…

Edward.

¡Eran los de Edward!

Eran iguales a los de Edward y los de la niñita de hace rato… el mismo color.

Esmeralda profundo con unos extraños matices plateados. Jamás había conocido a nadie más que tuviera los ojos de Edward y ahora de un sopetón me encuentro a dos y para rematar una de ella tiene el apellido Cullen, ¿Genial no?

No lo creo.

− ¿Él es tu hijo?− pregunto señalándome a Seth que ahora parecía más tranquilo y jugaba con su dinosaurio

−Si, es mi hijo… ¿Por qué lo preguntas?

Alice pareció dudar, luego suspiro y paso la mano por su cabello. Un gesto que me habría pasado desapercibido si no hubiese podido apreciar sus aretes que se notaron al realizar ese movimiento…

Sus aretes eran los mismos que acompañe a comprar a Edward… unos aretes que serian para su hermana…

¡Mierda!

−Lo lamento, nos tenemos que ir−dije tomando a Seth de la mano mientras corrí a la caja y pague mis libros.

Salí de la librería como alma que lleva el diablo, subí a Seth y abroche su cinturón. Escuche a alguien gritarme pero estaba demasiado asustada como para tomarle atención. Me subí de un brinco a la camioneta y partí lo más rápido que pude.

Obviamente el helado quedo para otro día.

Luego de aquella ocasión en la que me encontré a la mismísima Alice Cullen estuve muy a la defensiva. Al llegar a casa tuve que dejar a Seth con Tanya y encerrarme en mi pieza a recordar exactamente como se llamaba la hermana de Edward según lo que él mismo me había dicho. Fue una tarea difícil, primero que nada porque yo tenía esos recuerdos guardados en el baúl de "no abrir bajo ningún concepto" y porque él recordar a Edward a conciencia era muy duro para mí y mi ya descompuesto corazón.

Entre tanta búsqueda termine llorando y recordando cosas que realmente no quería recordar…

Su pelo, sus ojos… sus labios ¡Joder! Había recordado hasta el olor de su perfume siendo que llevaba seis años sin oler ese aroma… ¿loco o enfermizo?

Pero finalmente la búsqueda fue exitosa porque recordé el nombre de la hermana de Edward.

Mary Alice Cullen…

Eso sí que fue un shock para mí. El hecho de saber que había conocido a la hermana de Edward tenía más significados de los que quería reconocer.

Lo irónico era que ahora, luego de siete años de haber conocido a Edward recién conocía a su hermana. Luego de años separada de él y siendo la madre de uno de sus hijos… ¡Muy irónico! Lo más "gracioso" era que antes yo daba mi vida por conocer a su familia−antes, cuando era tonta y estúpida− y ahora que la "conozco" no quiero saber nada de ellos…, muy típico de mí.

Algo que no quería pensar, pero que debía hacerlo era la razón por la que Alice miraba de esa manera a mi hijo. Seth no se parecía mucho a Edward, mi hijo era de ojos chocolates, pelo oscuro y piel pálida… en otras palabras una copia mía, así que dudaba que fuera porque lo había reconocido.

En lo único que Seth se podría parecer a Edward era en sus rasgos de rostro, tenía la misma forma del rostro y su pelo era igual de indomable que el cabello de Edward. Aún así, sin tener muchas cosas físicas en común Seth era hijo de Edward. Yo lo sabía y nadie jamás podría negármelo.

La mirada de Alice no me dejo en paz por el resto de la semana. Cada día me parecía ver una sombra que nos miraba, en cualquier parte del pueblo sentía que nos observaban, no importa donde fuese; en la escuela, en el parque…

Lo malo era que Seth percibía mi nerviosismo ya que a cada rato miraba a su alrededor como si buscase al culpable de mi malestar. Sabía que eso no era sano para mi hijo, no quería que él fuese un niño asustadizo así como lo fui yo mientras crecía junto mi madre, con el temor siempre presente de que alguien viniera y nos hiciera daño.

Hable con mi amiga Tanya acerca del tema y ella fue precisa

"Mientras no tengas el problema al frente no te preocupes"

Las palabras de Tanya fueron de mucha ayuda, yo no debía de esconderme de nadie. Al fin y al cabo él traidor había sido Edward, el que le había mentido a su esposa, era él quien había jugado a dos bandas, por un lado con su perfecta esposa llamada Ángela y por el otro con la inocente y estúpida Isabella Swan.

Yo nunca me había escondido, siempre había estado en Forks mostrando la cara al mundo y llevando la vergüenza de ser madre soltera sobre la espalda. Tuve la suerte de que las personas del pueblo no me juzgaran tan crudamente, o por lo menos no de manera directa. Si pensaban que estaba mal jamás me lo hicieron saber. Creo que fue porque yo les daba lástima…, todos habían conocido a Edward, al perfecto caballero que enamoro a una de las mentes brillantes del pueblo para luego dejarla con un niño en su vientre y el corazón roto al enterarse de que él era casado.

Todos lo culpaban a él… y yo preferiría que siguiera así.

−Si continuas así tendrás canas antes de tiempo amiga− dijo una voz sedosa que reconocí de inmediato como la de mi mejor amiga, Tanya Denali.

Tanya es una mujer independiente y sumamente atractiva hacia los géneros, tanto el masculino como el femenino. Ella es el modelo perfecto de mujer del siglo XXI; elegante, atractiva y sin la necesidad de estar casada con un idiota.

−Hola a ti también Tanya…

Ella sonrió de esa manera que dice "soy la mejor, besa mi trasero" y se sentó en la silla que estaba a mi lado.

− ¿Cómo estás?− el tono de su pregunta me hizo ver que no era esa pregunta que respondes con un "bien, ¿Y tú?" sino más bien con una llanto desgarrador. La mire enarcando una ceja a lo que ella soltó una risita –Vale, pensé que hoy era el día de "Bella la llorona" pero parece que me equivoque.

− ¡Pues gracias!− dije sarcástica− ¿Qué clase de amiga eres? ¡Quieres que este llorando todo el tiempo!

Hizo un gesto de despreocupación y volvió su vista hacia mí.

− ¿De verdad… estas bien? Anoche cuando te llame estabas…, corrección: no estabas bien. Y ahora que te veo tienes una sonrisa incluso más encantadora que el gato de Alicia… ¡Eres tan extraña! Incluso para alguien como yo.

−Anoche cuando llamaste estaba en la "zona cero"… por eso estaba tan mal, pero ahora estoy bien. Ya sabes escuche tu consejo de no preocuparme por estupideces, además ¿Por qué debería de preocuparme? Dudo que vuelva a ver a Alice o a alguien cercano al imbécil de Edward. O quizás lo haga pero no tengo de que preocuparme, yo hice simplemente lo que cualquier joven enamorada haría por su novio… incluso si su novio es un patán de lo peor. Si ellos quisiesen culpar a alguien deben culparlo a él, no a mí ni al pobre de Seth.

Tanya asintió dándome la razón.

−Lo único que quiero es que Seth no salga lastimado. No soportaría ver a mi hijo sufrir por el odio de esa familia, es lo único que pido. Me da igual si vuelvo ver a Alice, ellos no son nuestra familia. Ellos no tienen porque acercarse a nosotros ahora luego de ya tanto tiempo…

Deje de lado los papeles que debía de llevarle a Aro y tome mi bolso.

− ¿Vamos por un café? El café de esta máquina es asqueroso, no entiendo porque el Señor Vulturi sigue aceptando a ese proveedor.

Tanya se en congio de hombros antes de que ambas saliéramos de la biblioteca. Caminamos en silencio por las calles hasta la nueva cafetería que habían abierto hace poco un matrimonio de Seattle.

El local antiguamente había sido utilizado como antro para los jóvenes pero debido a la excesiva ingesta de alcohol las autoridades decidieron cerrarlo. El local por dentro era muy acogedor. Estaba pintado con colores pasteles dando la sensación de calidez. Nos sentamos en una de las mesas que se hallaban frente a la ventana. En otra ocasión nos hubiésemos sentado en las mesas del fondo para hablar más a gusto pero hoy la cafetería estaba casi vacía.

Una camarera se acerco a nosotros luciendo un delantal de color rojo y su cabello impecablemente peinado.

−Buenas tardes, ¿Desean servirse algo?− pregunto con voz suave mientras sostenía su libreta de pedidos en la mano− Les recomiendo la tarta de frambuesa, esta recién hecha− añadió con una sonrisa.

Tanya hojeo unos segundos el menú y dijo con voz clara y autoritaria.

−Para mí un café helado sorpresa y unas galletas… ¿Bella?

−Un trozo de tarta de frambuesa y una Coca-cola light− dije sonriéndole a la camarera quien anoto rápidamente nuestros pedidos y desapareció detrás de la puerta de la cocina.

Esperamos unos pocos minutos hasta que nuevamente apareció la mesera esta vez con nuestros pedidos.

−Buen provecho.

−Gracias− dijimos al mismo tiempo Tanya y yo.

Conversamos tranquilamente acerca de nuestros trabajos. Tanya estaba llevando un caso de divorcio de un complicado matrimonio en Port Ángel. Al parecer habían tres niños de por medio y la madre no estaba apta psicológicamente pata tenerlos pero aún así no dejaba que el padre se quedara con la custodia. Era un hecho lamentable porque los pequeños estaban en medio de la pelea, y según Tanya estaban con estrés y necesitaban acudir a un psicólogo.

De la nada Tanya dejo de hablar y se quedo con la vista al frente como si estuviese pegada viendo alguna obra de arte. De seguro había visto a alguien guapo que le llamo la atención.

La mire divertida cuando casi derramo su café al no estar tomando atención del movimiento de sus manos.

− ¿Guapo?

Tanya asintió frenéticamente como una colegiala flechada. Solté una risita, como estaba de espalda no podía ver al hombre que había cautivado a mi amiga, y no quería ser tan poco cortes para voltearme a mirar.

− ¿Rubio?

Tanya negó sin despegar la vista.

−Cabello cobrizo, muy despeinado y sexy.

Rodé los ojos ante su descripción tan…Tanya.

− ¿Ojos?

−ehmm… son extraños, parecen de color verdes… pero no se… estoy demasiado lejos. Tengo que acercarme.−dijo con decisión antes de ponerse de pie y dejar sola en la mesa.

Bueno, no me sorprendía que Tanya fuera así. Ella era el lado fuerte y sexy de nuestra amistad, mientras yo era la lealtad y la comprensión. Me quede comiendo mi tarta lentamente hasta que sentí voces, reconocí la de Tanya y estaba la de un hombre. Continué comiendo hasta que sentí a Tanya sentarse y a alguien junto a ella.

Levante la vista sonriente, mire a Tanya y a su acompañante.

Edward.

Sacudí la cabeza frenéticamente mientras intentaba sacarlo de mi cabeza. Edward no podía estar ahí… sentado frente a mí mirándome como si él también estuviese en shock. De seguro mi mente me había hecho una mala jugada y había confundido al ligue de Tanya con él.

Subí la vista nuevamente, Tanya me miraba con seriedad… podía leer en sus ojos la preocupación.

− ¿Qué haces aquí? – pregunte cuando mis nervios ya se habían tranquilizado y mis defensas habían subido lo suficiente para soportar tener a Edward frente a mí.

Edward no respondió, se limito a mirarme como imbécil y a pasarse las manos por el cabello.

− ¿Se conocen?− pregunto Tanya visiblemente confundida mientras pasaba su vista desde Edward hasta mi.

Tome aire mientras me ponía de pie y miraba fijamente a Edward.

−Tanya, te presente al gilipollas de Edward Cullen, el imbécil que arruino mi vida−tome la tarta que me quedaba del plato y se lo pase por el rostro− Hasta nunca galán, espero que te marches pronto de Forks.

Y dicho esto salí de la cafetería dejando a una impactada Tanya y a un avergonzado Edward Cullen.

Cuando llegue a la biblioteca mi cerebro grito fuertemente.

− ¿¡Que mierda hace Edward en Forks!


Hola chicas, aquí traigo un nuevo capitulo. Espero que les guste y comenten para así solucionar sus dudas. Gracias por los alertas C:

MillaC: