Agridulce
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Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Mayer, solo me adjudico la historia.
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Mi cabeza era un revoltijo de pensamientos incoherentes que corrían a la velocidad de la luz confundiéndome más de lo que ya estaba.
Y cada uno de ellos incluía a Edward y su regreso…
El saber que él estaba aquí era duro. Los sentimientos que me provocada su regreso eran confusos… por un lado estaba enojada y molesta, pero había otra parte de mi que estaba ¿alegre? , y eso era lo que más me preocupada.
¡Yo no quería estar feliz por su regreso!
Esa parte de mi… la Isabella tonta y enamoradiza estaba muerta y enterrada, la única que debía estar era mi yo actual. La chica fuerte y segura de sí misma que luchaba día a día por mantener a su hijo feliz.
¡Ella era la que debía existir, no la otra!
Tenía tantas ganas de gritar y destruir cualquier cosa…
Edward…
¡Maldita sea!
¿Jamás me iba a abandonar este patético sentimiento? ¡Por dios…! Habían pasado años sin verlo… sin saber que había sido de su vida después que de jodiera completamente la mía. Y ahora resulta que al verlo y recordar las cosas lindas –no las feas- que habíamos pasado mi corazón latía como enfermo.
Putamente genial.
Sin duda el premio a la más estúpida mujer del universo me lo llevaba yo.
Me enojaba reconocer eso en mí, pero era una mujer madura no una adolescente que no sabe lo que siente. Y aunque cuando vi a Edward en el café y le arroje mi tarta sobre su linda cara estaba molesta también tenía unos nervios terribles por volver a verlo…
Suspire enojada.
Los días luego de nuestro "encuentro" pasaron rápidamente. Entre el trabajo y Seth el tiempo se me iba volando, y daba gracias por ello. Menos tiempo disponible era igual a no pensar en Edward, y eso era fenomenal porque así no tenía las estúpidas batallas mentales conmigo misma.
Como la que tengo en estos momentos.
Por otro lado también se encontraba Seth quien percibía que algo me afectaba porque no paraba de preguntarme cosas como "¿Estás bien? ¿Tienes un nuevo compañero que te esta molestando? …" Me sentía terrible por ello. Lo menos que deseaba era que mi hijo se sintiera incomodo a mi alrededor.
No había visto a Edward nuevamente, pero Tanya sí. Lo vio en el supermercado cuando estaba haciendo las compras del mes, me dijo que al parecer planeaba quedarse bastante tiempo por la cantidad de cosas que había comprado.
Eso no ayudo a tranquilizar mis nervios.
La idea de estar en el mismo lugar físico que Edward era terrible. Primero que nada porque no quería que viera a mi hijo, y segundo porque no sabía cómo iba a reaccionar ante su presencia.
Me cargaba el sentimiento de inseguridad que estaba albergado en mi pecho, se suponía que el pueblo era mi lugar… el lugar donde me sentía segura y donde podía jugar todas mis cartas. Sin embargo con la llegada de Cullen sentía que Forks le pertenecía. Y no era tanto porque todo el mundo comentara su regreso como si fuera una estrella de rock –aunque quizás influía- si no porque Forks fue el lugar donde nuestro "amor" nació… vivió y murió. Y a pesar de que con los años los recuerdos se habían evaporado de mi mente el hecho de que él estuviera aquí los traía de vuelta.
Era como si mis recuerdos ya no dependieran de lo que yo quería. Ahora cada vez que caminaba por algún lugar significativo el recuerdo llegaba a mi mente como un tormentoso flash que me dejaba jadeando y con los ojos húmedos, siendo que eso no me ocurría dos meses atrás cuando Cullen no estaba aquí.
No me gustaba sentirme insegura, era odioso y muy… muy molesto. Era como caminar al borde de un precipicio, sabes que te puedes caer pero no puedes evitar quedarte ahí en vez de alejarte.
¡Y todo esto con un encuentro!
Volví a la realidad cuando sentí el filo del cuchillo en mi piel. Solté una maldición y deje el cuchillo sobre la encimera.
−Mierda… ¡Ugh!− mascullé mientras metía la mano ensangrentada bajo la llave del agua fría. Cuando era pequeña el olor a la sangre me ponía de malas, me mareaba y terminaba casi siempre vomitando. Pero a medida que fui creciendo y mi contacto con la sangre aumento se hizo más soportable. Aunque eso no quiere decir que ahora sea inmune… − Cuchillo maldito…
Seth llego corriendo a mi lado, supongo que escucho mi exclamación de dolor. Lo mire tranquilamente dándole a entender que no me dolía… aunque en realidad si lo hiciera.
−Hm… la mamá se Lizzy se lleva el dedo a la herida y se chupa la sangre− dijo mirando mi herida atentamente− ella dijo que es porque su mamá es valiente… ¿tú eres cobarde mami?
−Seth
De inmediato clavo sus ojos chocolates en mi y sonriendo cálidamente se encogió de hombros.
−No importa si no te chupas el dedo, a mi no me gusta la sangre y la mamá de Lizzy es asquerosa.
−Pues gracias−dije irónica mientras buscaba en el botiquín de la alacena un curita para ponerme. Seth hizo un gesto con los ojos y luego se fue al living donde había estado mirando la televisión.
Cuando por fin la sangre paro pude ponerme la curita con diseños de autos –ya que eran originalmente para Seth- y pude sentarme junto a Seth a mirar la televisión, estábamos viendo unos monitos animados muy nuevos a los que yo no le veía sentido … pero que a mi hijo le fascinaban.
−No entiendo
Seth me miro horrorizado y luego movió la cabeza en un signo claro de molestia.
−Es porque no tienes el espíritu de los monitos de la tele. Nunca entiendes ningún monito que miramos, y eso que casi siempre vemos los que tienen tu edad… ¿Tu mami no te dejaba ver monitos?
Aquella pregunta era infantil e ingenua, más aún me dolió conocer la respuesta.
"No, jamás miré televisión porque Renee pensaba que me volvería más idiota de lo que era"
¿Podía responderle eso a Seth? Estaba segura de que no.
Sentí la mirada de mi hijo esperando la respuesta pero el timbre sonó justo en ese instante y como si tuviera un resorte en mi trasero me levante de un salto contenta de tener una excusa para no responder.
Camine hacia la puerta rápidamente. No tenía idea de quien vendría a esta hora, aunque lo más seguro era que fuera Tanya ya que era aparte de Aro y su esposa era la única que nos visitaba.
Abrí la puerta para luego quedarme frente a frente con… ¿Edward?
De inmediato me eche hacia atrás cerrando el paso hacia mi casa. Intente cerrar la puerta pero el muy maldito había puesto el pie impidiéndolo. El miedo atravesó mi espalda cuando sentí que el empujaba la puerta…
− ¡Seth, a tu cuarto!− grité antes de empujar con más fuerza.
No tuve tiempo para ver a Seth pero, segundos más tardes vi su diminuto cuerpo empujando la puerta junto a mí.
Conocía a Seth y sabía que estaba asustado, y lo supe más cuando grito fuertemente "¡Déjanos monstruo malo!" Mi pecho se apretó y mi corazón bombeo más rápido.
Si la vida fuera justa podría decir que luego del grito de Seth algo se despertó en mí y me dio súper fuerza. Más como la vida es una perra solo diré que Seth y yo caímos al suelo cuando Edward empujo más fuerte.
Rápidamente me puse de pie y ayude a Seth quien ahora parecía estar a punto de echarse a llorar. Sus manitos estaban apretadas y se mordía el labio inferior al igual que lo hacía yo cuando estaba muy nerviosa.
No pude seguir observando a mi hijo, ni siquiera consolarlo con palabras dulces ya que Edward había entrado a la casa y estaba frente a nosotros mirándonos con … ¿odio?
Si, era odio. O por lo menos una furia muy grande.
Tome a Seth de la mano y lo empuje para que quedara detrás de mí. No estaba segura de lo que ocurría, Edward era un sujeto extraño… lleno de misterios y trampas. Jamás lo había conocido de verdad, y cuando creí haberlo hecho resulto que tenía una doble vida con hija incluida. No sabía quién era este sujeto que estaba al frente, por más que tuviera el mismo rostro que mi viejo amor… yo no lo conocía y no tenía planeado dejar desprotegido a mi hijo.
− ¿Qué haces acá?
Edward me observo de pies a cabeza, fijamente como si estuviera tratando de guardar una imagen de mí. Su intensa mirada me incomodo, no quería que me mirara así.
Espere unos segundos pero él no respondió.
La rabia sumada con la desesperación de no saber que mierda quería provocó un colapso en mi mente.
− ¡Responde mierda!
Edward enarco una ceja, y una lenta sonrisa torcida apareció en su rostro.
Aquella sonrisa me recordó que años atrás yo me derretía cuando él sonreía… pero ahora mientras lo tenía al frente lo único que deseaba era quitarle esa sonrisita de suficiencia con un buen golpe.
¿Era normal tantos cambios de humor?
−Mi mamá te hizo una pregunta− la voz de Seth hizo eco en la casa. Su voz infantil estaba cargada de enojo y molestia. No había que ser ciego para notar que a Seth no le agradaba el intruso− Respóndele…
Edward quedo extrañamente asombrado. Miró a Seth con los ojos abiertos, luego me miro a mí. Leí en su mirada esa pregunta "¿Es mi hijo?"
Era extraño que años atrás hubiera dado todo porque Edward me preguntara eso para que luego yo le dijera que si, y él me prometiera que nunca nos íbamos a separar y que todo había sido una broma cruel del destino. Pero ahora…
Ahora me daba igual si él creía que Seth era o no era su hijo.
Porque aunque Cullen fuera biológicamente el padre de Seth, en realidad en el corazón tanto de mi hijo como en el mío no era nada, solo el donante del esperma.
−Bella
Su voz aterciopelada llego directo a mi cerebro como una descarga de información letal. Una punzada cruzo mi pecho, la ignore. No era tiempo para llorar y quedar débil frente al enemigo.
Odio
Eso era lo que sentía al tenerlo frente a mí.
Esas confusiones que tenía por no saber que sentía frente a su llegada fueron automáticamente dispersadas.
¿Podía acaso sentir algo más que odio por este sujeto?
No, sencillamente no podía.
Edward Cullen me lastimo, me hirió profundamente. Y no solo a mí, sino también a mi hijo que creció sin padre… sin un hogar completo.
−Vete de aquí Cullen
−Tengo que hablar contigo−dijo pasándose las manos por el desordenado cabello cobrizo.−No te tomare más de unos minutos…
¿Hablar conmigo luego de entrar así a mi casa? ¿Medicina había dicho…? ¿Esta clase de personas son a las que les confiamos nuestras vidas y las de nuestros hijos?
−Seth, vete a tu cuarto−Seth me miro con enojo tratando de buscar algo con lo que podía alegar−A tu cuarto… ahora.
−Si mamá−dijo molesto.
−Y llamas a la policía cuando subas, dile que un intruso entro a la casa. Puedes ponerte a llorar si quieres con tal de que vengan−él me miro con los ojos brillosos de alegría y luego se echo a correr a su habitación. A Seth le encantaba jugar con los policías del pueblo, mejor dicho jugarle travesuras a los policías y llamarlos para cualquier cosa.
Al principio era molesto y lo trate de corregir pero luego me entere que no solo Seth lo hacía sino que la mitad de los niños y que en realidad quien respondía las llamadas de emergencia siempre reconocía la voz de los niños.
−Quiero que te largues de mi casa Cullen, y no lo digo en broma.
−Tenemos que hablar
Sin duda era idiota.
− ¿¡De que mierda quieres que hablemos! ¡No tenemos nada de qué hablar! Si bien no recuerdo hace siete años que dejamos todo muy claro, mejor dicho dejaste todo muy claro−inhale con fuerza tratando de controlar mi ira− No tengo nada más que decirte así que te pido…no, te exijo que te marches de mi casa.
Los ojos de Edward parecían dos llamas de ira, estaba molesto. Pero no me importo. ¿Creía acaso que seguía siendo la misma de antes… la que siempre le perdonaba?
−Esto es serio… necesito a Seth.
¿Duh?
− ¿Qué dijiste?
Edward se rasco la cabeza nervioso, se paso las manos por la ropa y nuevamente volvió a mirarme.
−Eso, necesito a Seth.
−A ver… déjame ver si te entiendo−dije sarcástica− Luego se siete años en los cuales no llamaste, no viniste a preguntar por tu hijo… ¿lo necesitas? ¡ja! Buen chiste−solté una risita. Edward frunció el seño y apretó las manos− ¡Ups! ¿No te gusta que te mencionen tus fallas?− Los nervios del brazo se le marcaron producto de la fuerza con la que apretaba sus manos− Eres el peor padre del puto mundo. Durante años espere a que viniera por Seth, no por mí… ¡Pero si por él…! Espere que llamaras y me dijeras "¿Cómo está mi hijo?" ¡Pero nunca llamaste! Por supuesto que no ibas a llamar, después de todo Seth solo es un bastardo hijo de la puta con la que te revolcaste mientras tu señora y su verdadera hija estaban en Seattle ¿Por qué reconocerías al bastardito? Era mucho más fácil pensar que él no existía ¿cierto?− Me acerque a él y golpee su pecho con mi puño− Era más fácil creer que la puta de Bella podía hacerlo sola, que tu hijo no necesitaba nada, que Bella tenia los medios para tenerlo… ¡Que alguien la iba apoyar!
− ¡Basta!−grito tomando de los hombros zamarreándome− Detente… por favor−su voz termino en una súplica, pero no me importo. La caja de pandora ya estaba abierta y él no tenía la llave para cerrarla.
− ¿Detente? ¿No lo estas pasando bien Cullen? ¡Pues yo sí! Espere años por ver tu mugrosa cara para decirte lo que pienso de ti y no me voy a callar porque al señorito le molesta que le digan las cosas como son. Ya no soy esa Cullen, deje de serlo en el mismo instante en que tu mujer llego a mi casa reclamándome por destruir su matrimonio… ese día me mataste pero me sepultaste cuando rechazaste a Seth… a tu hijo.
Sentí los brazos de Edward rodearme como aquel tiempo donde los "Te amo" eran la palabra de cada día. Las lágrimas caían por mis mejillas y no las podía controlar, aunque tampoco quería. El perfume de Edward seguía siendo el mismo, bosque… libertad.
La descarga verbal me había agotado tanto física como mentalmente. No tenía la fuerza para recordar cada cosa que quería decirle, cada reclamo que deseaba hacerle. Estaba cansada.
Sentí los labios de Edward sobre mi cabello, y luego un beso en la frente mientras sus lágrimas caían sobre mi rostro…
Edward estaba llorando.
Solo está pagando sus culpas−me dijo mi voz interior− En realidad no siente nada… solo está mintiendo otra vez… igual que siempre.
Esa frase penetro en mi profundamente, tenía razón… Edward siempre mentía.
Me aleje de Edward rápidamente y antes que el reaccionara lo abofetee, no una sino dos veces.
Edward se quedo de pie junto a la puerta, sin moverse… sin mirarme.
− ¡Vete de aquí hijo de puta!−grité ante de empujarlo con todas mis fuerzas− ¡Vete y no vuelvas!
Edward retrocedió, me miro con tristeza… −tristeza fingía me recordé− luego se volteo y camino hacia la noche oscura.
−Bella… sé que me lo merezco…
Y dicho esto se fue… dejándome con la sensación de no haber ganado la batalla sino de haber perdido el control de mis emociones frente a él.
Muchísimas gracias por los alertas, favoritos y reviews que me han dejado. También un agradecimiento a mis amigas que me aportan criticas constructivas para salir a delante con el fanfic C:
¡Me alegra un montón que les este gustando!
*Chicas anímense a dejarme su opinión acerca de lo que les gusta y no, soy muy tolerable frente a las criticas siempre cuando vengan en buen plan C:
MillaC:
