Disclaimer: Los personajes son de S. Meyer, solo la historia me pertenece.


Agridulce

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Edward POV

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Entré a la casa esperando recibir un abrazo, gritos de alegría, risas… pero nada. La sala de estar estaba vacía, sin vida al igual que los que allí vivíamos. Las paredes blancas lucían lúgubres en compañía de los antiguos muebles que la decoraban. Lo único que lograba sacarme una sonrisa eran las fotografías que estaban enmarcadas y colgadas en las paredes… fotografías de rostros sonrientes, de una pareja de adolescentes con un futuro ideal por delante…

Tomé una de las fotografías y deslice mi dedo por el frio vidrio. En aquella fotografía estaba una chica morena de unos quince años sonriéndole a la cámara, se veía tan feliz. Sus ojos brillaban mientras lanzaba un beso a la cámara. Y junto a ella estaba él…

Un adolescente de cabello cobrizo, su mirada estaba pérdida en aquella dulce joven.

Te amo…

Esas eran las palabras que decían sus ojos, los brazos del joven rodeaban a la morena como si la estuviera protegiendo… como si temiera perderla.

Ver esas fotografías me recordaba lo que un día fuimos con Ángela, me recordaba las promesas que habíamos hecho, los te amo que nos dimos…

Pero así como me llegaban los recuerdos buenos… también los hacían los malos. Porque recordar no era algo bueno cuando has hecho cosas malas…

Recordar es duro… sobre todo para nosotros, para un matrimonio que estaba en la ruina, para un hombre que fue juzgado y acribillado por sus pecados…

Deje la fotografía sobre la mesita donde se encontraba. Suspire profundamente y camine tranquilamente por los pasillos de la antigua casa colonial en la que vivíamos.

A medida que avanzaba podía escuchar una melodía suave proveniente del piano que mis padres me habían regalado hace años. Me deje guiar por ese sonido sabiendo quien lo producía… después de todo en esta casa solo hay una persona capaz de tocar de esa manera el piano…

Abrí la puerta y entre. Al igual que el resto de la casa la habitación estaba exquisitamente decorada. Los muebles eran elegantes y al entrar te daban la sensación de estar perdido en una de esas películas de época…

Sentada frente al piano estaba mi pequeña Lucy. Su carita estaba relajada mientras que sus dedos se deslizaban suavemente por el piano…

Era un espectáculo hermoso digno de retratarse.

La melodía inundaba el cuarto llevándome a tiempos felices donde podía sonreír sin tener esta opresión en el pecho que he sentido durante los últimos años…

La melodía de pronto ceso. Sin darme cuenta había cerrado los ojos mientras disfrutaba de aquella pieza celestial. Los abrí lentamente y me enfrente ante la fría mirada de Lucy… mi hija.

Ella se sentó erguidamente en el banco y cerro abruptamente la tapa del piano. Su mirada se centro en mí como si estuviera esperando algo...

−Hola pequeña…

Lucy me dedico una mueca dura antes de volver su vista hacia la ventana. Aquel gesto me dolió mucho más de lo que ella podía creer. Aún así sabia que me lo merecía.

− ¿Cómo has estado?

−No quiero hablar contigo… déjame sola.

−Lucy…

− ¡Déjame sola!−exclamo poniéndose de pie y caminando hacia la ventana−No te quiero aquí… por favor vete.

Oí como mi corazón se rompió un poquito más y quise llorar…

Si, Edward Cullen… el hombre de treinta años padre de dos hijos y enamorado de una sola mujer quería llorar…

Estaba seguro de que a Bella le encantaría verme así…

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Bella POV

Estábamos disfrutando de lo lindo en el zoológico cuando tormenta se largo y tuvimos que volvernos a casa. Obviamente a Seth y a Lizzy no les hizo gracia por lo que pidieron permiso para que Lizzy viniera a jugar a casa. Obviamente acepte, pero no contestos con eso decidieron invitar a los gemelos…

Y así fue como mi tranquilo hogar se convirtió en una selva de niños locos.

Tanya… mi buena amiga Tanya al ver que mi casa iba a estar llena de niños no encontró nada mejor que "trabajar en un caso urgente" si claro…, la verdad era clara; ella huyo de nosotros.

Deje caer mi cuerpo sobre el mullido sofá y recosté mi cabeza sobre el cabecero. Las risas y gritos de los niños rezumbaban en mi cabeza recordándome los deberes que debía realizar. No había dejado preparado el almuerzo por lo que me tocaba cocinar, también debía lavar la ropa de Seth y planchar unas blusas mías para el trabajo…

Suspire cansinamente al pensar en todas las cosas que debía hacer… era muy cansador eso de ser madre y no tener alguien que te ayude. Decidí ponerme a trabajar echando la ropa a lavar mientras picaba unas cuantas verduras.

Finalmente cuando la comida estuvo servida vino la peor parte… hacer que los diablillos dejaran de jugar y se sentaran en la mesa.

− ¡Seth! –grité a todo pulmón por las escaleras. Las risas se detuvieron más no recibí respuesta alguna− ¡Seth, chicos… bajen a comer!

− ¡Ya vamos…!− grito la vocecita de mi hijo.

Media hora después y luego de innumerables llamados los cuatro niños estaban sentados en la mesa cada uno con su porción de pollo y verduras más la infaltable coca-cola. Estaban riendo por algo que había sucedido en la escuela, un chico que se había caído en el barro o algo así.

Lizzy era la que recordaba las cosas graciosas mientras que Lucas hacía gestos con su cara, Seth y Lucas estaban demasiado ocupados comiendo como para tomar mucha atención a algo más que no fuera su plato.

−Eshto eshta lliquisimo –dijo Seth con la boca llena. Le di una de mis miradas y trago rápidamente la comida−Lo lamento… quise decir que la comida está muy rica−me miro angelicalmente y luego volvió su vista a Lizzy.

Luego del almuerzo nos sentamos a ver una película de dibujos animados llamada "Enredados" a petición de una muy sonriente Lizzy, los muchachos obviamente protestaron pero cuando ella los miro con los ojos llenos de lagrimas los reclamos se acabaron de un solo golpe.

Esa niña era muy influyente para los niños… y ella lo sabía.

−Bien hecho dulzura−le susurre en su oído− Las chicas mandan…

Lizzy asintió con la cabeza sonriendo alegre.

−Mi mami siempre me dice… "las chicas tenemos el control" y parece que las lagrimas funcionan−dijo encogiéndose de hombros. No logre aguantar la carcajada y reí fuertemente logrando que tres pares de ojos me miraran como si estuviera loca.

−Sigan en lo suyo, voy a planchar y vuelvo.

Resulta que al final no eran solamente unas cuantas blusas las que tenía que planchar… ¡Era un montón! Por eso cuando termine de planchar ya pasaban de las diez de la noche y los chicos estaban en el cuarto de Seth pintando naves espaciales y unicornios… esto último también a pedido de Lizzy.

Cuando los padres de los niños llegaron yo estaba realmente agotada. Lo único que quería era dormir y descansar...

Me despedí de James con un sonoro beso en la mejilla y con la promesa de ir nuevamente al zoológico cuando no estuviera lloviendo, algo que sería poco probable de cumplir ya que solo a veces tenía los sábados libres y casi siempre estaba lloviendo.

En la noche la tormenta empeoro y se cortaron las luces. A los minutos después sentí un pequeño cuerpecito meterse debajo de mis sabanas y acurrucarse en mi, mi pequeño Seth le temía a la oscuridad y era normal para un chico de su edad.

−Te quiero mami

−Yo también a ti pequeño…

Lunes…

¿Algo peor que un lunes?

Me levante de malas ganas, me golpee el pie con la esquina de uno de mis muebles y para rematar a una de mis medias se le corrió el punto ¡Ugh! Este definitivamente no era mi día. Seth se había levantado tarde y por supuesto que no encontraba su mochila ni su parca…

Dios dame paciencia…

−Te dije que estaba guardada en tu closet, como siempre debería de estar−dije ya molesta. Seth no espero ni dos segundos y partió corriendo a su cuarto− ¡Vamos a llegar tarde!

− ¡Ya voy mami!−grito de vuelta.

Me metí a la camioneta, deje el bolso sobre el asiento del copiloto y espere a que mi muchacho apareciera. Seth llego segundos más tarde acomodándose la parca y arrastrando la mochila con el otro brazo…

¡Se veía tan adorable!

−Abróchate el cinturón−ordene cuando ya estuvo sentado en la camioneta. Lo vi abrocharse el cinturón y encendí la camioneta−odio los lunes…−musite cuando ya íbamos camino a la escuela de Seth.

Trabajar en la biblioteca no requería mucho trabajo cuando estábamos bien de personal, pero debido a las gripes que están rodando por el aire tengo a dos chicas menos y eso nos deja con un verdadero problema, por lo menos para mí ya que aparte de llevar el rol administrativo también tengo que ser dependiente.

Mi sueño desde pequeña había sido ser escritora, aunque en ese tiempo no tenía claro que cosa quería escribir solo que anhelaba ver mi nombre en una de esas hermosas portadas. Pero a medida que fui creciendo mi sueño fue quedando atrás y lo único que me consolaba era leerlos… leer cada libro que pasara por mis manos como si fuera el último, como si creyese que algún día mi nombre estaría ahí…

Que tonta era… dije mentalmente riéndome de mi misma.

−Buenos días.

Como aún estaba Emma trabajando no me preocupe mucho por la voz masculina que escuche. Continúe ordenando los libros que nos habían devuelto y otros que estaban para la venta. Escuchaba el murmullo de voces provenientes de la conversación que tenía el cliente y Emma pero no distinguía lo que decían y tampoco era muy curiosa así que deje de tomarles atención.

Abrí la caja de libros que debía de poner en vitrina, el primer libro se titulaba "Cuentos para niños" y había sido escritos por miembros de un curso de escritura en Port Angels… por lo que decía la descripción de la caja hecha por otros funcionarios el dinero recaudado con esa venta seria para ampliar el curso y que llegara a otras partes.

No me sorprendió para nada que Aro vendiera esos libros con esas causas, él era una persona muy justa y nunca realizaba nada si no fuera por un motivo beneficioso para los demás.

Me quede leyendo uno de los cuentos, la mayoría eran bastante bueno pero hubo algunos que no me gustaron para nada.

¿El chico guapo se quedaba con la nerd?

Si claro, si ese chico guapo terminaba con una enfermedad terminal seguro que sí. Pero sinceramente dudaba de que las personas miraran el interior para buscar una pareja…

Bueno quizás algunas si… pero la gran mayoría buscaba el físico. Un ejemplo: yo. Si no hubiese visto solamente el cuerpo de Edward quizás no hubiera sufrido tanto cuando me traiciono, quizás si hubiera visto su interior podrido hubiera arrancado antes de que me enamorara con sus atenciones y su mirada...

¡Duh! Esta escritora era patética… y resultaba que al final la chica "mala" que en realidad solo era un poco vanidosa terminaba con su popularidad en el suelo luego de que le cayera comida en el pelo…

Por dios… ¿En qué instituto había estado ella? Siempre que a la chica popular le pasaba algo terminaba siendo la victima… -no porque todos la atacaran- y todos siempre terminaban defendiéndola para ganar su gracia…

Cruda realidad pero así es la vida.

Los torpes seguirán siendo torpes, los populares serán populares hasta que solo alguien más popular que él llegue y le quite el trono, las chicas feas serán feas hasta que se metan millones de productos de bellezas… y así…

Porque si se dan cuenta las chicas feas que luego son lindas es nada más porque se comienzan a comportar como el resto de la población femenina; maquillaje, ropa ajustada… y una visita mensual al centro de estética.

Algunos le llaman "descubrir su yo interno" yo le digo la verdad, se llama producción para lograr que los chicos te miren.

−Bella.

La voz de Emma me distrajo y me volví hacia ella.

−Dime

−Este joven desea hablar contigo−dijo indicándome a un sujeto que estaba de espaldas− Dijo que era importante.

Miré al sujeto con desconfianza. Lucia un jeans desgastado y una chamarra de cuero, muy informal para pertenecer a la empresa de Aro o ser uno de los maestros de Seth.

Me acerque hacia él y toque su hombro. Él se volvió y cuando estuvimos frente a frente sonrió.

"Puto Cullen…" musite para mí al reconocer a Edward.

−Buenos días señorita Swan

− ¿Es enserio?

Edward me miro extrañado, se encogió de hombros y sonrió.

−Creo que si

−Edward… pensé que en nuestra agradable charla del otro día de había dejado claro que no quería saber nada de ti−masculle irritada intentando mantener la calma− Pero veo que no… ¿Qué necesitas?

−Pues ahora que estás hablando como una persona civilizada y madura puedo explicarte.

¿¡Civilizada y madura! ¡Ahora sí que lo mato! Levante la mano para golpearlo pero Edward fue rápido y la tomo antes de que ni siquiera lograra pestañear. Contrario a lo que pensaba llevo mi mano a sus labios y deposito sobre ella un delicado beso.

Inhale profundamente ante la sensación que ese contacto me produjo. Un hormigueo recorrió mi espalda y de inmediato mi cuerpo se tenso. Quise alejar mi mano, pero no fue necesario. Edward la dejo caer al instante mientras esperaba mi reacción.

No hice nada.

¿Qué podía hacer? Mi cuerpo y mi mente estaban contrariados frente a su caricia, y la verdad no quería colapsar como había ocurrido en nuestro último encuentro.

− ¿Vas a decir algo o no? Porque estoy en horario de trabajo y no quiero desperdiciar mi tiempo.

− ¿Preferirías tener que conversar conmigo en otro lugar?− dijo haciendo énfasis en la última parte sonriéndome descaradamente.

Sin poder evitarlo me sonroje como hace mucho tiempo no lo hacía al reconocer las intenciones ocultas que tenía su mensaje. Edward rio y yo tuve ganas de callarlo con un manotazo pero no podía, ya que Emma estaba de pie observando nuestro intercambio verbal.

Me preguntaba si aquella jovencita sería capaz de contarle a Aro lo que estaba ocurriendo.

Quizás…

− ¿Quieres ir a comer?

−No

−okey, ¿quieres ir al parque?

−no, y para con tus "quieres ir a…" porque no quiero ir a ninguna parte. Solo quiero que me digas a que viniste y que te marches… otra vez.

Edward se tomo las manos nervioso y yo rodé los ojos. Se estaba comportando como el jovencito de veintitrés años que conocí y no como el hombre que a esta edad debería de ser.

−Veras… yo… lo lamento.

−okey, ahora puedes irte−dije dándome la vuelta para marcharme.

− ¡No!−tomo mi brazo y me volteo−Así no… −paso su mano por su despeinada cabellera y luego la llevo a mi mentón− Quiero pedirte disculpas… yo no debí haberte tratado así… no lo merecías.

Aunque por dentro me estaba muriendo de ganas de golpearlo, de ponerme a llorar y de gritarle por fuera solo estaba la máscara de mis sentimientos. Una máscara fría que nadie podía descifrar.

−Está bien, ya te escuche. Ahora márchate, vive feliz junto a tu familia y a mí me dejas en paz.

−No… ¡Joder Bella!−exclamo frustrado− Así no tiene que ser… ¡maldita sea! Quiero pedirte disculpas… por todo Bella. Y no, no quiero marcharme, la verdad es lo último que deseo. No importa cuántas veces me lo pidas, no me marchare.

Aquellas palabras golpearon mi mente como un tambor "No me marchare" ¿Cuántas veces había soñado con eso? ¿Soñar con que Edward volvía me pedía perdón y me prometía jamás dejarme?

Negué con el rostro. Había pasado demasiado tiempo esperándolo, y me había cansado de hacerlo.

−Tienen que irte Edward… Seth y yo no te necesitamos, ahora no.

Edward me miro con los ojos aguados, verlo así me produjo una lástima tremenda. Debía ser difícil saber que por tus errores habías desperdiciado algo tan hermoso como un hijo, y tener que vivir con eso…

−Sé que hice mal Bella, pero yo… era tan estúpido y estaba tan perdido. Cuando te conocí todo cambio… de la nada tenía un motivo para vivir aparte de terminar la carrera… ¡Te tenia a ti! La chica más guapa del pueblo, la más dulce…−suspiro profundamente y se quedo mirando a la nada− estaba tan contento de tenerte que no pensé en nada más… olvide los compromisos que tenía, olvide a mi esposa… a mi hija. Ellas no me importaban, yo era feliz contigo…

−Cállate−susurré presa del pánico. Escucharlo decir esas palabras era duro… ¡era horrible! Era como volver atrás de golpe, ver todo lo que tenias y como de la nada ya no estaba…

No podía creer en Edward- me recordé aferrándome a esa barra para mantenerme a flote y hundirme en el barco de los recuerdos.

Edward miente… él siempre miente…

−Edward, por favor no sigas hablando. Me duele… no quiero que volvamos al pasado, no ahora que está todo tan jodido. No solo eres tu Edward, también estoy yo, y mi hijo… yo no puedo perdonarte Edward. Lo he intentado pero no puedo, te odio demasiado por todo lo que hiciste… y lo lamento por ti, pero más lo lamento por mi hijo porque al final es él quien paga los pecados de nosotros. Tú por ser un vil traidor, y yo por haber confiado en ti sin dudar.

Al terminar de decir esas palabras note que por mis ojos corrían lágrimas, pero estas lágrimas eran tan diferentes a las que siempre derramaba por Edward, por que estas no eran de odio ni de rencor…

Estas lagrimas eran porque aunque quisiera yo no podía perdonarlo, era una tristeza infinitamente mayor a las demás porque yo quería hacerlo. Quería realmente dar vuelta la página y poder mirarlo a la cara sin querer golpearlo y mirarlo con rencor y asco.

Pero no podía… y eso era lo que más triste me ponía…

Porque sabía que si no lo perdonaba jamás podría realmente ser feliz, jamás podría volver a enamorarme y encontrar a mi otra mitad… jamás lo lograría.

−No puedo Edward… no puedo… ¡Lo lamento tanto!−dije antes de abrir la puerta de la librería y echarme a correr por las calles del pueblo.

Escuche a lo lejos el grito de Edward llamándome, lo ignore y seguí corriendo. Tenía que quemar eso ardor que sentía en el pecho… tenía que hacerlo.

Lo lamento Edward… pero jamás podre perdonarte.


Un pequeñito punto de vista acerca de Edward... ¿que les pareció? ¿Lucy y su trato hacia su padre? esa fue mi parte favorita al escribir este capitulo porque realmente a este Edward lo quiero hacer sufrir un poquito :3 espero que disfruten del capitulo asi como lo disfrute yo al escribirlo.

Esta semana ha estado de locos con la toma de mi liceo *soy de Chile* pero ahora estoy muchisimo más relajada y pude escribir este capitulo tranquila y con las ideas claras C:

¡Denme sus comentarios acerca de este capitulo! Quiero saber que les parecio tanto el POV de Edward como la "disculpa" que le dio a Bella y la reacción de esta :D

*MillaC: