NADIE SABE LO QUE TIENE, HASTA QUE…1


Especificaciones: para efectos prácticos en la lectura se tendrán en cuenta los siguientes signos:

× × Pensamientos de los personajes.

( ) Intervenciones de la autora.

" " Aclaraciones o ironías.


CAPÍTULO 2: EL INTERESANTE SEÑOR MIYAMOTO

Akane y Hotaro caminaban por las calles de Nerima, él indagaba sobre cada cosa que parecía interesarle: sitios, historias, etc; ella respondía como guía turística aclarando todas las inquietudes del extranjero. Llegaron a un pequeño restaurante de la zona comercial de Nerima, el cual era uno de los favoritos de Akane, aunque no lo frecuentara mucho. Se sentaron en una mesa al lado de un gran ventanal y ordenaron.

-Buenos días, ¿en qué puedo servirles?—dice la camarera que llega inmediatamente.

Hotaro pidió dos desayunos tradicionales, recomendados en la pizarra de la entrada, no sin antes pedir la aprobación de Akane. Al irse la camarera a traer el pedido, Hotaro comenzó a hablar.

-Bueno Señorita Tendo, dígame, cuál fue el motivo por el cual usted estaba tan enojada, pues debo imaginar que es por eso que estaba arrojando cosas en la calle, ¿o no?—dijo con una voz de notable humor, pero conservador a la vez; no quería ser indiscreto, y mucho menos incomodar a Akane.

-Eh... Es que alguien apareció para molestarme.

Akane le comentó sobre el maestro Happosai, un viejo de lo más raro que era el maestro de sus padres.

-Ah, ya veo; entonces no la culpo por actuar de esa manera, tenía usted toda la razón—aseveró con una sonrisa.

Akane se sintió aliviada, cuando explicas las cosas no es tan cruel el daño. Ahora era el turno de Akane de indagar sobre el joven que estaba frente suyo.

-Y dígame, Señor Miyamoto, ¿de dónde es usted?

-Soy americano— contestó.

Akane calló por un momento, había llegado el desayuno; el primero en adelantarse a comer fue Hotaro pues al parecer tenía algo de hambre. Pero al ver lo que era el desayuno, frenó un poco: consistía en una sopa de miso, arroz, y un vegetal encurtido.

Cuando Hotaro pidió el desayuno tradicional quería probar lo "tradicional" de Japón, pero no pensó que fuese tan simple. Si bien su padre era japonés, él nunca había comido algo japonés. Había ido a muchos restaurantes chinos, pero no japoneses. Así que la vista no era muy entretenida; estaba acostumbrado a desayunos continentales, pero al ver la cara de desconcierto de Akane con respecto a su actitud frente a los alimentos, debió hacer un rápido cambio y comenzó su labor. Luego ella continuó.

-Sabe, no parece americano, no solo por su nombre, sino por sus facciones y acento; habla usted muy bien el japonés.

-Bueno, eso tiene una explicación simple—responde después de tomar algo de sopa—mi padre es japonés y mi madre es americana; ambos congeniaron en colocarme un nombre japonés. Mi segundo apellido es Swans, pero no lo uso mucho pues creo que no se oye muy bien la combinación.

-Mmm, ya veo—dice Akane mientras termina de masticar algo de arroz.

-Y lo de mi acento se debe a que, aunque nací en Estados Unidos, pasé la mayor parte de mi infancia en Bogotá, Colombia; puesto que mi padre tiene una gran cantidad de negocios en ese país. En aquella ciudad no hay un acento predominante, todos los bogotanos hablan el español sin acento; así que es muy fácil asimilar el acento de otros idiomas.

-Ahora entiendo, y vino a Japón por cuestiones de negocios, ¿o algo así?

-A decir verdad no, — contestó enderezándose un poco en su silla—he venido de vacaciones, unas pequeñas vacaciones.

-Pero ¿por qué ha venido a Nérima especialmente?, hay muchos lugares hermosos en Japón en donde vacacionar.

Hotaro tardó en responder, estaba masticando.

-Si vine a Nerima es porque quería conocer una de las ciudades favoritas de mi padre.

-¿Él vivió en Nerima?

-Pasó algún tiempo aquí, en su niñez, pero cuando él me contaba cosas sobre Japón, se refería a esta ciudad con mucho cariño, vivió muy buenos momentos aquí; cuando murió sentí la necesidad de conocer más a fondo Japón, ya que había venido algunas veces a Tokio pero tan solo dos o tres días; así que decidí esta vez hacer un recorrido por los lugares de Japón que mi padre me había comentado, de modo que no podía dejar de lado esta ciudad.

-Lamento la muerte de su padre—dice Akane—pero él tenía razón, Nerima es una ciudad muy bella, no tiene grandes atracciones, pero es un buen sitio para estar.

-Gracias, y sí, me he dado cuenta de ello.

Así pasó el tiempo, hablaron de todo un poco. Akane le comentaba cosas de su familia, el hecho de tener un dojo, su larga tradición en el combate libre, entre otras cosas que tenían fascinado a Hotaro. Él también le comentaba sobre sus últimos viajes, las extensas jornadas de trabajo desde el deceso de su padre, y sus experiencias graciosas derivadas de haber recorrido ya medio mundo. Reían con comentarios de ambos y al parecer era una vista muy armoniosa.

Akane nunca había sido tan abierta con un hombre, era como hablar con un buen amigo, que sabía escuchar y tenía buenos apuntes. Con Ranma había logrado entablar algunas comunicaciones así, pero siempre se arruinaban por algo o por alguien; así que este momento fue muy extraño para ella, pero a la vez sentía una gran confianza.

Ya eran las 10:45 am, ellos terminaron su desayuno casi al tiempo. Al notar la hora, Akane se asustó.

-¡Oh no!, mire la hora, ya es muy tarde.

-Es cierto—respondió con el mismo asombro—, discúlpeme Señorita Tendo, creo que he tomado más tiempo suyo del que debía.

-No se preocupe Señor Miyamoto, pero es tiempo de que me vaya.

-Tiene razón, pero al menos permítame acompañarla a su casa, podemos tomar un taxi y así llegar más rápido.

-No se moleste, no es necesario, mi casa queda muy cerca de aquí, puedo ir caminando.

-Entonces déjeme acompañarla a pie, sería una descortesía de mi parte si simplemente la dejase ir sola.

Esto último asombró a Akane, nadie antes había sido tan amable, bueno, tal vez algunas veces, pero siempre buscaban algo más; aún así Akane aceptó, pues la amabilidad que Hotaro había demostrado todo el poco tiempo que llevaban de conocerse, era suficiente carta de presentación.


Ya el Señor Tendo estaba sufriendo un ataque, su hija no aparecía desde las 6:30 de la mañana, todos trataban de tranquilizarlo, mientras él permanecía pendiente de la llegada de Ranma con noticias, o de Akane con explicaciones.


Ranma corría por los tejados de Nerima, ignoraba el por qué de la tardanza de Akane, se preguntaba dónde podría estar, si alguien la había atacado, o secuestrado, o si estaba peleando con alguna de sus otras prometidas; entre otras cosas que solían sucederle. Pero su ausencia por las calles lo tenía muy extrañado y nervioso, a la vez enojado.

-Pero ¿dónde está?, qué se cree para desaparecer así como así, cuando la encuentre ya verá.

Pasó por la zona comercial de Nerima, visteando rápidamente las tiendas que Akane solía frecuentar, pero como no estaba en ninguna de ellas, siguió su búsqueda en otra parte; pasando muy cerca de aquella tienda donde era bueno desayunar.


Ya estaban prontos a llegar a la casa de Akane, continuaban hablando sobre Nerima y su gente. Hotaro comenta:

-Me asombra que esta ciudad sea tan tranquila a esta hora, ¿así es siempre?

-Sí, todos aquí son muy pacíficos…, bueno, la mayoría—dice esto último agachando levemente la cabeza, su propio comentario la había aludido.

-Pues sin duda es genial, nada comparable con otras grandes ciudades, la tranquilidad que se respira es increíble. Un lugar donde bien vale la pena radicarse.

Akane sonrió ante el comentario, le gustaba lo que escuchaba sobre su ciudad. Pero el paseo había terminado, Akane se detuvo en la puerta de su casa.

-Bien, aquí es.

-¿Aquí?

Hotaro hacía esta precisión al encontrarse con la monumental casa de Akane, que definitivamente es enorme y muy linda.

-Sí, ¿algún problema?—contesta Akane con extrañeza.

-No lo puedo creer—dice esto retrocediendo hasta la pared del frente de la casa para obtener una mejor vista—es enorme y bellísima.

Akane se sintió aliviada, llegó a pensar que su casa era horrible comparada con otras tantas que él habría visto antes, pero su actitud la hizo sentirse muy orgullosa de tener una casa así.

-Jamás había visto un estilo de casa así—continúa mientras sube de un solo salto al borde de la pared detrás de él, de ello se percató Akane—, bueno, en algunos libros, pero no de esta fineza. Definitivamente una expresión perfecta de la cultura japonesa antigua.

-No exagere, en esta ciudad hay casas más grandes y hermosas que esta, hay mansiones milenarias que son de atractivo turístico.

-¿En serio?, bueno, creo que tengo mucho que visitar de esta ciudad aún; pero debo insistir, su casa es muy bella.

-Gracias—en ese momento a Akane se le ocurrió una idea, podría invitar a Hotaro a su casa con la excusa de mostrársela más detenidamente y así, tener una coartada infalible frente a su familia, explicando el por qué de su tardanza—si quiere puede verla por dentro, lo invito—añadió.

-¿Puedo?

-Por supuesto, mi familia estará muy feliz de conocerlo—×eso espero×, pensó.

-Bueno, sería todo un…

En ese momento se escucha un timbre de teléfono, pero de un particular sonido. Hotaro se precipitó a responder, bajando del muro.

-Miyamoto, ¿quién habla?—dice Hotaro al contestar su celular.

Se queda en silencio un momento, después mira a Akane.

-Discúlpeme un momento, Señorita Tendo.

Se retira un poco y gira para quedar de lado a la vista de Akane.

-¿Che cosa accade?* —dice Hotaro a la persona que le llama. Después de otro silencio prosigue—Già è stato parlato di quello nella riunione* —él contesta con algo de enojo. (VER TRADUCCIÓN AL FINAL)

Akane se da cuenta que es italiano, y recuerda lo dicho por Hotaro en el desayuno "es muy fácil asimilar el acento de otros idiomas". Y era cierto, cualquiera que no conociera a Hotaro, al oírlo hablar así, pensaría que es italiano. Pero se da cuenta también que no le agrada la llamada que ha recibido.

-Lo ritengo, ma l'occasione è accaduto, non è necessaria di più da parlare* —dice conteniendo la altitud de su voz, pero algo serio; luego de un último silencio dice— ascolto me, non sono tempo ora di parlare di quello, io parlerò più successivamente con lui, arrivederci* —y colgó.

Hotaro respiró con peso, revelando la detestable llamada que había recibido. Luego volvió hacia Akane.

-Perdone la interrupción, cuestiones de negocios—comenta acercándose de nuevo a Akane.

-No hay problema—dice con una sonrisa despreocupada

Eso tranquilizó a Hotaro, quien respondió a la sonrisa.

-Lamento no poder aceptar su invitación, pero tengo unos asuntos pendientes—añade esto último señalando su celular.

-Bueno, no se preocupe, será para después.

-Y tenga por seguro que así será, pues le prometo venir a visitar su casa otro día, tanto por cumplirle con la invitación, como por curiosidad mía.

-Entonces lo espero.

-Bien, fue un placer haberla conocido, Señorita Tendo—dice inclinándose y tomando la mano derecha de Akane, dándole un pequeño beso—a pesar de lo accidentado del encuentro—hace alusión a esto con una sonrisa.

Akane no supo bien como reaccionar, pero sonrió con algo de nerviosismo. Hotaro toma de nuevo su postura y suelta la mano de Akane.

-Entonces, hasta pronto, Señorita Tendo.

-Hasta pronto, Señor Miyamoto.

Y Hotaro se va caminando por la misma senda de donde venían, pero voltea para añadir:

-Yo le buscaré para confirmar la nueva invitación, que tenga buen día—con una mano levantada a manera de despedida continúa su camino.

Akane corresponde a la despedida y al verlo perderse en una esquina vuelve a su realidad, ¿cómo explicaría su tardanza?; habría mucho que decir. Pensando en ello entró a su casa.


Ranma se cansó de buscar después de un rato, estaba sumamente preocupado, ¿cómo era posible que no la hubiese encontrado por ningún lado? Sin embargo, decidió esconder esa preocupación, aferrándose a la idea de que, simplemente, ella estaría bien, que incluso ya estaría en casa. En esto pensaba cuando pasó por el establecimiento de Ukio.

-Ya tengo hambre, creo que comeré algo y después iré a casa.

Ranma había tomado la mala costumbre de ir de vez en cuando a los establecimientos de sus "amigas" (Ukio y Shampoo) para comer cuando lo deseaba, él sabía que ellas no se negarían a atenderlo y a alimentarlo en cualquier momento. Aprovechando esto, entró y saludó.

Luego de haber saciado su apetito y haber conversado con su amiga Ukio, se dispuso a emprender camino a casa, y aunque ella le imploró que se quedara un poco más, él solo atino a excusarse debido a que el Tío Soun lo estaría esperando con noticias de Akane.

Mientras caminaba continuaba examinando las calles, para ver si tenía la fortuna de encontrar a Akane en el trayecto, pero evidentemente no halló nada. Al llegar a la puerta de la casa pensó dos veces para cruzarla, se preguntaba si Akane ya habría llegado, o si no. Pero, ahora, se sentía extrañamente calmado, como si supiera de antemano que hace unos momentos Akane ya había arribado a casa. Sin embargo, no le hacía gracia sentirse así, pues él confiaba en sus ojos y en la certeza, y el no haber encontrado a Akane le debería acarrear un serio remordimiento; aún así, él estaba acostumbrado a que las malas noticias llegan primero, y si le hubiese ocurrido algo malo a su prometida, muy seguramente ya lo sabría. Al pensar esto último algo lo alertó: "su prometida". No es que nunca lo hubiese dicho o pensado; pero ahora sonaba más personal, más propio, cosa que no ocurría con las demás, pues él nunca ha catalogado a otra de sus prometidas de esa forma, sólo a ella. Deja sus pensamientos y entra a la casa.

En la entrada de la puerta interior de la casa Ranma se encontró con Kasumi, la cual se disponía a ir al mercado. Indagó sobre Akane y, efectivamente ella ya había llegado.

-¿Dónde estaba?—dijo algo irritado.

-Bueno, — respondía con una de sus acostumbradas sonrisas—al parecer tuvo un accidente con un joven extranjero y debió llevarlo donde el Doctor Tofu, luego ellos desayunaron y él la acompañó hasta aquí, pero no pudo quedarse.

-¿Un accidente?, ¿desayunaron?—Ranma no entendía muy bien, pero no le agradó eso de "ellos desayunaron".

-Lo siento Ranma—interrumpió Kasumi—pero debo ir al mercado, Akane está arriba en su habitación, que ella te explique, adiós—y con otra sonrisa cruzó la puerta y se fue.

Ranma estaba asombrado con la naturalidad con que Kasumi se había referido a lo ocurrido con Akane, se suponía que todos estarían enojados por el retraso de ella, pero al ver a Kasumi tan tranquila y, asomándose al comedor, a su padre y el Señor Tendo jugando Yogi como siempre, asumió que Akane había dado una buena excusa. Él también quería oírla.


Hotaro ya había llegado a su apartamento, se había alojado en un lugar no muy sofisticado, pues, a diferencia de su acostumbrada personalidad, estaba convencido que, para disfrutar de sus vacaciones, debería revelar un bajo perfil en Nerima. Al descansar un poco decidió llamar a aquel hombre que le había interrumpido anteriormente, pero primero lo llamaron a él.

-Edward, hasta que por fin llamas—dice al revisar su identificador— ¿cuándo pretendías comunicarte conmigo, eh?

-Lo siento Hotaro—responde aquel hombre con tono de relajación—pero no había podido hasta ahora, aquí es todo un embrollo desde que te fuiste.

-Veo que sí, me ha llamado el representante de Racconi para insistir con el negocio, te dije que no quería ya hacer negocios con él, ¿por qué sigue insistiendo?

-Hey, Hotaro, sabes como son esos italianos, sobre todo Racconi, cuando ven la oportunidad no la aprovechan, y cuando se dan cuenta de su error, vienen arrepentidos.

-Pues no quiero tener que hablar del asunto nuevamente, quiero estar tranquilo en estos pocos días que me he tomado, así que llama tú a Racconi y déjale en claro que no hay negocio, que he encontrado otra textilera que sí quiso aceptar a la primera.

-Está bien, no te preocupes.

-Bien, espero no recibir más llamadas de él, OK. Ahora, ¿para qué me llamaste? Pues solo te necesitaba para regañarte, y ya lo he hecho.

-Ja ja, que gracioso—contesta ante el comentario de Hotaro, el cual se oía algo más relajado—pues sólo quería saber en dónde estás, los socios desean saber qué estás haciendo.

-Mmm, hasta que por fin se preguntan dónde está su jefe; bueno, diles que estoy en Japón, que me tomaré unos días de descanso.

-¿Cuántos días?

-No lo sé, unos 4 o 5 máximo. Hace 3 días estuve en Miami solucionando un problema en esa sucursal, eso desvió mi recorrido un poco, ahora me encuentro en Nerima, es mi última parada.

-¿Nerima?, no lo conozco, de seguro es un lugar muy pequeño, ¿por qué estás allí?

-Mira, después te cuento con lujo de detalles, ahora… ¡DÉJAME DESCANDAR, SÍ!

-Bien, bien, pero no te enojes. Entonces comunícate a las oficinas cuando vayas a volver, OK.

-OK, adiós.

Al colgar Hotaro se recostó en su cama queriendo dormir un rato, colocó su brazo derecho sobre sus ojos y rozó la gasa. Al hacer esto recordó a la causante, a la bella causante de su herida. Sabía que debía volverla a ver, no solo por la invitación, sino por el hecho mismo de volver a verla. Akane tenía un encanto peculiar, que había llamado su atención. Así que, mientras recordaba apartes de la conversación que sostuvo con ella en el desayuno, se le ocurrió una idea.


Ranma toca a la puerta de Akane con algo de fuerza.

-¿Quién es?—pregunta Akane con naturalidad.

-Soy yo, déjame entrar—dice Ranma con algo de enojo.

-Pasa

La puerta se abre y revela a una Akane con vista relajada en un libro que sostiene en sus manos, sentada en el lateral de su cama. Al entrar Ranma, Akane gira su mirada hacia él, y descomplicadamente le pregunta:

-¿Qué sucede?

Ranma le mira con cara de indignación, como aclarándose por qué hace una pregunta tan obvia.

-¿Puedes explicarme dónde estabas?, llevo buscándote horas.

Akane se sorprende un poco con la actitud de Ranma, sí, estaba enojado, pero denotaba un tono de antigua preocupación. Aún así, no pudo evitar molestarse, pues ese no era el tono para hablar. Se venía una pelea.

-Oye, no tienes porque hablarme así, tuve un accidente por culpa del maestro Happosai y me retrasé.

-Pues olvidas lo del desayuno—interviene con el mismo tono agresivo—, Kasumi me contó que te fuiste con un… con un…

-Muchacho, sí, así fue, pero acepté su invitación por cortesía, debía explicarle por qué lo golpee accidentalmente tratando de deshacerme del Maestro, eso fue todo.

- ¿Lo golpeaste? , y qué con eso, golpeas a hombres todo el tiempo y no por eso debes ir a desayunar con ellos- menciona con sarcásmo, como incluyéndose entre los golpeados.

-No seas tonto, Ranma, ese joven estaba indefenso, el golpe fue serio- dice con notoria preocupación.

Ranma tenía planeado decirle mucho más, pero la respuesta que le dio Akane no daba muchas razones para continuar.

-Pero él está bien—dice con forma de afirmación.

-Sí, pero tuve que llevarlo con el Doctor Tofu para que curara su herida—contesta bajando su mirada al suelo, aún se sentía mal por lo sucedido.

-Mmm

Se quedaron en silencio por un momento, pero Ranma no podía olvidar el hecho de que la persona con quien Akane desayunó era un muchacho.

-¿Y era extranjero?—pregunta por su evidente necesidad

-Sí, acaba de llegar a Nerima, y yo le recibo con un golpe en la cabeza—dice lamentándose.

-Bueno, pero él comprendió por qué lo golpeaste, ¿o no?

-Por fortuna, si.

De pronto la puerta se abre, Ranma no pudo continuar pues Nabiki llegó de improviso.

-¡Hola hermana!, así que te encontraste con un norteamericano, ¿y cómo es?, alto, rubio, de ojos azules. Vamos, cuéntamelo todo—dice sentándose en la cama a su lado con emoción y sincera curiosidad.

La intervención de Nabiki arruinó el momento, Ranma al escuchar a Nabiki referirse al extranjero con tanta emoción se enfureció de nuevo. ׿Cómo que norteamericano, alto, rubio, y ella desayunó con él?× Pensó. Pero Nabiki no le dio la oportunidad de decir nada, pues inmediatamente agregó:

-Ranma, ¿puedes dejarnos a solas un momento?

Ranma miró a Akane, pero ella no tenía ninguna expresión, estaba igual de sorprendida con la arremetida de Nabiki a su cuarto. Así que se apresuró a contestar:

-¡Claro, ni por que me importara quién fue la víctima de esta marimacho el día de hoy!

Y se fue. Akane se enfadó también, pero Nabiki la calmó, pues deseaba saber todo sobre aquel extranjero. Akane comenzó con el relato de lo que sucedió.

En la noche, una inquieta paz rondaba en la casa, efectivamente había sido un día sin prometidas; era extraño, pero real. Sin embargo, un malhumorado Ranma habitaba en el tejado, aún no olvidaba lo de la mañana, y no pudo saber los detalles que Akane le comentó a Nabiki, porque el maestro volvió a atacar y él tuvo que encargarse de la situación. Se había arruinado su buen día, el día en que todo saldría bien, en que no pelearía con Akane. Aunque fue más "un intercambio fuerte de palabras" que una pelea, él no trató de hablar con Akane luego.

Por otro lado, Akane no podía dormir. El hecho mismo de Hotaro ya no la atormentaba, su conciencia estaba limpia, pues había hecho lo correcto; pero el enojo que Ranma reveló en la comida la mantenía en vela. Ella no había hecho nada malo, pero él no lo comprendía. Ese pensamiento le alegró un poco, no le era indiferente a Ranma. Últimamente así lo notaba, pero Ranma es un experto para enmascarar sus sentimientos con tontas palabras cuando esos momentos se presentan, y Akane no le gusta hacerse falsas ilusiones. Regresando al tema, ella se sentía mal, pues Ranma se preocupó por ella, y la había estado buscando por toda la ciudad. Le debía una explicación, o por lo menos una disculpa. Con éste pensamiento se levantó y se dirigió a la habitación de Ranma.

Con sigilo abrió un poco la puerta, pero él no estaba, así que, sin pensarlo mucho, se dirigió al segundo sector favorito de Ranma aparte del dojo, y subió al tejado.

Ranma solo retozaba allí, con los ojos cerrados, tal vez pensando en nada. Akane le saludó:

-Hola

-Hola—responde con serenidad, ya se había dado cuenta de su presencia y no hizo mayores ademanes para rechazar la conversación.

Akane se sentó a su lado, con las manos entrelazando sus piernas y mirando al cielo dijo:

-Perdón por no avisar, supe que me buscaste por mucho tiempo. Lo siento.

Ranma abre los ojos de repente, Akane se estaba disculpando. No era un milagro, pues ella sabía cuando dar su brazo a torcer, a diferencia de cierto personaje. Y la miró un poco, ella aún permanecía con la mirada fija en el cielo nocturno.

-No hay problema—dice de manera seria cerrando los ojos de nuevo

-Gracias por preocuparte por mí

Ranma vuelve a sorprenderse, pues el tono con que Akane dijo lo que dijo fue de sincero agradecimiento. Ella seguía mirando al cielo, con algo de nervios. Él también los tenía.

Un silencio abrumó la escena, nadie se atrevía a romper con él, hasta que…

-Así que sí te preocupo—dice Akane volteando su mirada para él con algo de sarcasmo.

-Yo…

En aquel momento había dos opciones:

1. Levantarse y quedar al nivel de ella y mirarle a los ojos, esos tan llenos de magia que a él le encantaban, y decirle que él siempre se preocuparía por ella, pues no había nada más importante en su vida. Y luego, con cada respiración entrecortada, anhelar un beso suyo, mientras se acerca y queda a milímetros de su boca, para entonces…

2. Quedarse aún acostado y, para salir de ese comprometedor momento, decirle: "Yo no me preocupaba por ti, solo te buscaba porque el Tío Soun así me lo exigió, jamás gastaría mi tiempo buscándote a ti, una marimacho… bla, bla, bla.

(Adivinen cuál escogió).

Se ve en el horizonte a un joven volando por los cielos oscuros de Nerima, como anunciando que al alba le faltan aún unas 4 horas para aparecer.


El domingo no hubo mayores sorpresas, Ranma y Akane no se hablaron, las prometidas de Ranma volvieron y… bueno, fue un día más.


El lunes, Akane se levantó con notorio cansancio, la noche anterior se había enfrentado a una Kodashi más demente de lo acostumbrado. De modo que el nuevo día de escuela era un martirio.

Por otro lado, Ranma se levantaba a duras penas, pues aparte de una desvelada noche cuidándose de baldes de agua fría que el maestro podía tirarle, se acostó tarde tratando de convencer a Shampoo para que se fuera de su habitación, pues ella quería a toda costa quedarse a dormir allí.

Así que se ve a dos adolescentes con cara de pocos amigos bajar las escaleras y acercarse al comedor para desayunar. Se van a la escuela corriendo, se había hecho tarde. No hablan solo corren, en serio iban tarde.

Al llegar no se encontraron con Kuno, pues ya casi todos estaban en sus salones y, de forma olímpica, entraron al salón a tiempo. Sentándose en sus puestos respiran con dificultad, pero aliviados. En ello llega el maestro, pide silencio y comienza a hablar.

-Buenos días muchachos, les tengo un anuncio

Todos prestaron atención, no era muy común que éste profesor dedicara tiempo de su clase a anuncios.

-Ha llegado un nuevo alumno a la escuela, es un joven que pretende estudiar unos cuantos días en la institución para aprender un poco más de este país, pues viene solo de visita, pasa muchacho—dice extendiendo su mano hacia la puerta haciendo una seña para que el nuevo entre.

De pronto cruza la puerta un joven alto, de cabello castaño y ojos entre un azul y un tono verdoso oscuro profundos, vestido con una camisa blanca de mangas largas y corte clásico, cubierta por una chaqueta negra de diseño italiano bastante moderna y unos pantalones del mismo color y procedencia, además unos mocasines negros de finísima vista. Todos quedaron en silencio, las chicas con la boca abierta, los hombres asombrados solamente.

-Denle la bienvenida al joven Hotaro Miyamoto

-Buenos días—dice Hotaro tratando de romper el hielo.

Los murmullos y comentarios no se hicieron esperar, además de uno que otro silbido de admiración de parte de una que otra chica.

-Hotaro es de ascendencia japonesa pero nació en Estados Unidos y viene de vacaciones a Japón, ha decidido estudiar en esta escuela para perfeccionar su japonés y conocer más a fondo nuestro país. Así que espero que lo traten bien los pocos días que estará con nosotros, entendido—pregunta el profesor con voz alta para acallar los murmullos.

-SI—una respuesta general

-Muy bien, tome asiento en aquel lugar vacío joven Miyamoto—señala el profesor a una silla vacía en la penúltima fila del salón, precisamente en la columna donde se encuentra Akane.

-Si, gracias señor—responde Hotaro mientras se dirige a su asiento.

A su paso, todos siguen murmurando, algunas chicas le guiñan el ojo, a lo cual Hotaro solo sonríe levemente. Cuando se acerca al escritorio de Akane le mira, alonga su sonrisa y asienta sutilmente la cabeza pasando a su lado sin detenerse. Toma asiento y comienza la clase.

Akane sin duda estaba sorprendida, no se imaginaba que el sujeto que había golpeado hace dos días sería ahora su compañero de clase. Estaba nerviosa y extrañada, se preguntaba por qué. Hasta que recordó lo que Hotaro le dijo antes de despedirse de ella aquel día: "Yo le buscaré para confirmar la nueva invitación".

Dos horas después ya toda la escuela sabía del nuevo estudiante y contaban los minutos para salir al almuerzo y conocerlo. Al toque del timbre para la hora deseada las muchachas inmediatamente se levantaron dirigiéndose al escritorio de Hotaro, la algarabía de tan apuesto personaje formó una mala concepción frente a los hombres del curso.

-Pero qué le ven, no se por qué tanto alboroto—dice Hiroshi acercándose a Daisuke y a Ranma.

-No lo sé, solo por que es extranjero, ¡ja!, que desastre—comenta Daisuke.

-Vamos chicos, no se molesten tanto, solo va a estar aquí unos días—dice Ranma para calmarlos.

En ese momento Hotaro se levanta y pidiendo un permiso a todas sus visitantes improvistas, se acerca al lugar de Akane para saludarla.

-Buenos días Señorita Tendo—dice tomando su mano y dándole un beso de la misma forma que la última vez.

Todos quedaron atónitos, en especial Ranma que no sabía qué estaba pasando. Akane, aún sentada, se ruborizó mucho, sabía que todos la estaban observando pero solo atinó a decir:

-Buenos días, Señor Miyamoto, no esperaba verlo aquí—asegura con la sonrisa más nerviosa que encontró.

-Bueno, le dije que la buscaría—responde—y aquí estoy. Además, como bien dijo el profesor, aprovecharé para aprender más de Japón, y qué mejor forma de hacerlo que asistiendo a una escuela japonesa, ¿no lo cree así?

-Eh…, sí, claro—responde con un poco más de calma, solo un poco.

De inmediato todas van al encuentro de Akane.

-Ya lo conocías Akane—dice una

-Por qué no nos lo presentaste Akane—dice otra

Y en fin, un montón de reclamos y preguntas se oían en el aire y Akane solo decía.

-Lo conozco hace poco… yo no sabía… él solo… lo conocí…ehhh.

La escena que se vislumbraba era agotadora, tanto que los de otros salones también estaban allí, preguntando quien era el extranjero. Nabiki, quien estaba en un privilegiado lugar, viendo todo sin ser vista, asegura con una sonrisa maliciosa:

-Esto es interesante, muy interesante.

FIN DEL CAPÍTULO 2

NOTA DE LA AUTORA: Bien, aquí esta el segundo capítulo de esta historia. Espero les agrade y no se despeguen, porque esto se pone cada vez mejor.

Aclaración:la traducción de la conversación al italiano, encontrada en este capítulo, se hizo por Internet, así que no es segura la buena redacción del mismo.

Cualquier comentario por favor envíenlo a: .

ATT: Sanyayita

1 La mayoría de los personajes incluidos en esta historia pertenecen a Rumiko Takahashi.

TRADUCCIÓN

*¿Qué sucede?

*Ya se habló de esto en la reunión.

*Lo siento, pero la oportunidad pasó, no es necesario hablar más de eso.

*Escuche, no es tiempo de hablar eso ahora, yo hablo con él después, adiós.