CAPÍTULO 4: COMPROMETIDA, PERO NO CASADA.
La mayoría de los personajes incluidos en esta historia pertenecen a Rumiko Takahashi.
Especificaciones: para efectos prácticos en la lectura se tendrán en cuenta los siguientes signos:
×× Pensamientos de los personajes.
( ) Intervenciones de la autora.
" " Aclaraciones o ironías.
ELLA ESTÁ COMPROMETIDA, ELLA ESTÁ COMPROMETIDA…, se repetía una y otra vez. Pero por mucho que retumbara esa idea en su mente no podía entenderla.
Hotaro estaba absorto, la celebración de los chicos en el patio central de la escuela comenzó, pero para él no era nada, su ausencia mental de la fiesta la notó uno de ellos:
-¡Hey, Miyamoto!, ¿qué sucede?, ven a celebrar, la victoria también es tuya—comentó un feliz defensa.
-Eh…, no, no tengo muchas ganas—alcanzó a responder saliendo de su ensoñación.
-Oye, no seas aguafiestas, mira, las chicas vinieron para saludarte, te están buscando—y mientras decía esto señalaba hacia un lado a las nombradas, quienes miraban a todos lados tratando de encontrar a la nueva estrella de Fútbol.
-Escucha, tengo un asunto que atender por la llamada que recibí hace un momento, ¿podrías disculparme con todos?—dice en modo de súplica, para esquivar la invitación.
-Vaya, pero si la fiesta prácticamente es por ti y tu te vas—trata de convencerlo, pero la cara de Hotaro hacía ver que no cambiaría de opinión—, bueno, como quieras, tú te lo pierdes—y haciendo un ademán de despedida se unió de nuevo a sus compañeros, los cuales reían a todo pulmón.
Hotaro se fue de la vista de todos en silencio, el partido y todo lo referente a él se esfumó; se sentía como si le hubiese caído el mundo encima, una dura carga que se notaba en su andar. Pasó al área de salones del segundo piso y allí se quedó recostado en el marco de uno de los grandes ventanales que dan vista al exterior, mirando hacia un punto perdido del cielo.
ELLA ESTÁ COMPROMETIDA, volvía a repetirse; la sola idea le parecía absurda, ¿cómo era posible que una chica tan joven ya estuviese comprometida?
Pero esa absurda idea tomó forma y algo de lógica al notar en qué país se encontraba. No es que Japón se caracterice porque todos sus matrimonios sean arreglados, pero era normal hasta cierto tiempo que esto sucediera en algunas familias. Sin embargo, no creía que aún se siguiera practicando ésta tradición, y que aquella chica estuviese en esa situación.
Al entender eso suspiró muy profundo y espiró fuerte, sacando casi por completo el aire (que era posible sacar) de sus pulmones, sintiendo un vacío poco grato. Llenó de aire su pecho después de unos segundos, como tratando de darse vida y esconder ese raro vacío. Entonces pasó su mano izquierda por su cabeza y encontró el rastro de los tres puntos que le fueron colocados tan solo hace dos días. No fueron notados por nadie, puesto que él ya se había quitado la gasa y su cabello cubría perfectamente la herida. Y mientras recorría cada punto con la yema de sus dedos índice y medio, recordó cómo la conoció.
De inmediato rememoró su conversación en el desayuno y antes de dejarla en su casa, pero en ningún momento ella había hablado algo de un compromiso, ni de la existencia de un novio, o pretendiente, nada; no se tocó el tema. Se preguntó si habría sido una broma de su compañero del partido, o si solamente ella no quiso comentarlo. Tanto y todo revoloteaba en su cabeza pero con pocas respuestas.
Luego pensó en Ranma, en ese detestable sujeto al cual tuvo que enfrentar en el partido, notó que era muy bueno en los deportes, el gol que marcó y su desempeño en el juego lo demostraron. Se formó una idea de él como alguien arrogante y pretencioso, con mucha confianza en sí mismo y en lo que podía hacer, pero algo bocón, sin duda. No podía imaginar como alguien como él podría estar al lado de aquella dulce joven que llamó su atención con un buzón.
Tal conclusión lo hizo sonreír, ese encuentro tan poco usual repercutió grandemente en él, tanto, que ahora estaba inscrito en una escuela japonesa y repitiendo el mismo grado que ya hace algún tiempo había pasado.
Le costó trabajo convencer al director en un domingo sobre su ingreso; claro que el dinero ayudó un poco (por no decir que fue un soborno). Todo por volverla a ver, todo por intentar algo que ahora se desvanecía en sus manos.
Aquellos pensamientos fueron interrumpidos por la campana de la escuela, que anunciaba el regreso a las 3 últimas horas de clase.
Ranma se había ido a la azotea de la escuela, un lugar que solía frecuentar cuando no quería ver ni hablar con nadie, o cuando quería almorzar a solas. Sentado de espaldas a la reja que ponía fin a un costado de la azotea, él se limitaba al suelo; pero no lo miraba realmente, lo que había acontecido lo mortificaba en exceso.
Fue un simple partido de Fútbol, pero también era un duelo, un duelo que quiso ganar pero no pudo; la destreza del extranjero solo lo hizo quedar mal frente a todos. Su honor estaba en el piso; puede que no haya sido humillado en su estilo de Combate Libre, pero sin duda había perdido en un campo donde nunca creyó ser derrotado. Cualquier persona tan solo hubiese admitido su derrota, esperando volver a enfrentar a su verdugo para la revancha, sin hacer tanto aspaviento.
Pero Ranma no es como cualquiera, es un hombre sumamente orgulloso en sus duelos y combates, nunca ha perdido uno (según él); y si en dado caso así sucedía, hacía lo que fuese necesario e incluso más para ganar a la próxima oportunidad. Y en este momento en eso pensaba, en cómo vencer a su nuevo rival.
Trató de recordar cada despliegue de habilidad de Hotaro, como fue capaz de liberarse tan fácil de su marcación y aquella chilena que, no podía negar, había sido perfecta. Muchas conjeturas realizó en su mente, pero la que no pudo hacer fue la referente a la actitud de Akane. La vio apoyar en una ocasión a Hotaro, parecía que estaba de su lado, además de todo lo anterior que confirmaba sus sospechas, raras pero fatigantes sospechas.
Y entre tantos pensamientos Akane apareció, abrió la puerta que da a la azotea lentamente, algo le decía que su obrar en ese momento debía ser cauteloso. Se aproximó a un Ranma cabizbajo que no levantó su mirada cuando ella:
-Ranma—soltó en un hilo de voz suficientemente fuerte para que fuese audible.
-¿Qué quieres?, si vienes a hablar de lo bien que jugó tu "amiguito", no me importa, por mí puedes volver con él—rápidamente respondió, subiendo su mirada de total enojo y enfatizando sarcásticamente en "amiguito".
-¿Pero qué dices?, yo no vine a hablar de Hotaro, además ¿¡POR QUÉ ME HABLAS ASÍ, EH!—grita al mismo tono, olvidando las palabras que había meditado antes de subir a la azotea.
-¡HA!, pues de que más va a ser, deberás estar contenta por tu nuevo amiguito, parece que es muy popular ahora—comenta con un sarcasmo molesto e irritante, dibujando tenuemente lo que Akane percibió de inmediato.
-¡Ya se lo que pasa! Estas celoso de él ¿verdad?—afirma la interrogación con una mirada de complicidad.
-¿QUÉ YO QUÉ, CELOSO?, ¡HA!—desvía la hasta entonces mirada amenazadora hacia un lado con ojos cerrados y ceño fruncido.
-Si, estás celoso porque él te venció en el partido, por eso estás molesto, ¿no es así?
-Te equivocas, eso no me importa en lo más mínimo, es solo un juego, y nada más—fingía—además—agrega para salvaguardar lo poco que le queda a su convencido orgullo—pude haberlo vencido en cualquier momento, pero dejé que ganara para que… se adaptara más fácilmente a la escuela. Es nuevo y extranjero, debe ser duro para él, ¿no crees?—concluye, y por su intervención merecería un Oscar o una areola de ángel, por lo menos eso pensaba él.
-Ah… claro. Conmigo no tienes que fingir Ranma, acepta que te irritó que él te hiciera perder brillo en el partido. Incluso podría afirmar que en este momento estás pensando en cómo enfrentarlo nuevamente, ¿o me equivoco?— jaque-mate.
Se encontró entonces entre la espada y la pared, la chica que lo veía atenta y con una sonrisa maquiavélica pero certera, le había demostrado que lo conocía, y muy bien. No podría mentirle, nunca ha podido del todo. Pero para su fortuna la campana de la escuela sonó, anunciando el regreso a clase y, la postergación de esa incómoda conversación.
Nabiki parecía pensativa, sentada en su lugar dentro de la clase escribía con menuda precisión en su cuaderno de notas. Cualquiera diría que es una estudiante muy aplicada, pero seguramente ni siquiera estaba oyendo las palabras del profesor de física. De pronto paró, puso su lápiz con el lado del borrador en su boca, mirando hacia el tablero. Vaciló un momento y terminó escribiendo algo más. Triunfante, dejó el lápiz en su escritorio y con radiante sonrisa se dispuso a regresar a la clase, segura de su próximo paso.
El ambiente era pesado, las miradas se sentían hostigantes dentro del salón, solo faltaba poco más de una hora para terminar el día de escuela pero ya era insoportable estar allí. Ranma, que para esta hora estaría dormido en su escritorio, sostenía su cara con la mano izquierda apoyada en la mesa y en la otra mano sostenía su lápiz con el cual jugaba nerviosamente. Su rostro era de notable enfado y sus ojos alternaban su vista entre el extranjero y Akane, la cual fingía de manera espléndida prestar atención a las anotaciones del tablero.
Hotaro no escuchaba ni una palabra de la maestra, la clase de trigonometría de hoy ya era bastante conocida por él, así que no merecía su interés. Se concentró en observar a Akane y también a Ranma. Parecía tratar de encontrar soluciones a su reciente dilema pero no lograba grandes avances.
La clase terminó como por obra y gracia del cielo, los estudiantes se levantaron rápidamente de sus asientos para ir a su casa o con sus amigos a pasear. Las chicas se despidieron efusivamente de Hotaro, el cual les correspondió con una sonrisa maravillosa y una promesa de conversar con ellas luego. Eso molestó a Ranma, pero lo siguiente lo sacó de casillas:
-Quisiera preguntarle algo, Señorita Akane—se acerca Hotaro tímida pero firmemente a la aún desconcentrada Akane.
-Ah, dígame Señor Miyamoto— responde alertada, solo quedaban cuatro personas en el salón.
-No sé si sea el momento indicado, pero quería saber si su propuesta sigue en pie.
-¿Propuesta?
- ¿Propuesta?—se pregunta mentalmente Ranma, el cual prestaba total atención.
-Si, la invitación a conocer su casa, ¿recuerda?, quisiera aprovechar esta tarde para visitarla, puesto que estaré poco tiempo en la ciudad—comenta con una segura sonrisa.
-Ah… la invitación, claro—dice aliviada, aunque no sabe por qué.
En ese instante la atención gira hacia una peculiar chica de espátula, la cual le habla en notorio entusiasmo a Ranma.
-Entonces vendrás hoy a mi restaurante Ranma, te prepararé tu Okonomayaki* favorito—comenta con fuerte voz premeditada.
-Eh…, bueno, yo.
Normalmente él inventaría alguna excusa para liberarse de ese predicamento, y de antemano, un mazazo de Akane; pero este era un día inusual y hoy quería "sacarse la espinita" tomando revancha. Mira a la otra pareja del salón y sin pensarlo demasiado toma una decisión.
-Por supuesto Ukío, me encantaría ir contigo—finaliza su forzosa y egocéntrica respuesta, tomando de la mano a Ukío queriendo salir del salón—vamos, qué esperas, ya es tarde.
-Claro Ran-chan, vamos—dice una contenta y sorprendida Ukío, quien no cree su fortuna.
Sorprendida también está Akane, quien ante la infantil motivación de Ranma accede a entrar en su juego, hablando a viva voz:
-¡Sí!, sigue en pie, si lo desea podemos ir ¡ahora mismo!, estoy segura que mi familia estará encantada de conocerlo—finaliza con una creída sonrisa.
-Bien, es fantástico—atina a responder notando el cambio de humor de ella.
-Ok, entonces, qué esperamos, vamos—afirma tomándolo de la mano y saliendo antes que la segunda pareja.
El camino a la casa de los Tendo fue normal, un poco silenciosos, pero normal. Hotaro pensaba en cada palabra que debía decir en unos momentos, sin duda la familia de la hermosa chica que estaba a su lado seria muy tradicionalista, y no permitiría que él se acercara demasiado si percibían una mala intención de su parte. Además, estaba el hecho del compromiso que ella tenia con… "ESE", como solía denominar recientemente al culpable directo de su diminuta pérdida de confianza.
Entonces decidió dejar fluir las cosas sin demostrar mayores intenciones que las de un buen amigo, mientras tanto.
Akane solo se limitaba a caminar, en su mente pasaba todo lo acontecido en el día, pero se detuvo fríamente en lo de hace un par de minutos:
- Ese Ranma, como se atreve, que se vaya con Ukío si quiere, a mí… no me importa… ¡AH, como lo odio!
Su cara denotó una expresión de disgusto por el gesto fruncido de su frente, eso lo notó su acompañante:
-¿Pasa algo señorita Akane?—él pregunta con peculiaridad.
-Eh…, nada, nada— sonríe nerviosa y algo despistada al verse descubierta, pero no tuvo que dar mayores explicaciones, gracias a que ya habían llegado a su casa.
Al entrar, Hotaro pudo fijarse en la fina construcción de la casa, en la fachada interior entre la primera y segunda puerta y la vista previa del jardín, que mostraban un esfuerzo concienzudo y esmerado en su mantenimiento.
Un gran árbol se levantaba a pocos metros de la puerta principal, frondoso y lleno de vida, pero del cual solo podía verse una parte de él desde esa perspectiva lateral. La antesala a la segunda puerta era simple pero agradable caracterizada ésta, como las demás y las ventanas, por paneles de papel corredizos, llamados Shoji, que cubrían de la vista de todos lo necesario. El empedrado del suelo consentía sus pies de una manera sutil mientras andaba, cosa que nunca había sentido de esa manera.
Al abrir la segunda puerta, Akane se adentró descalzando sus pies y dando su acostumbrado saludo: "¡Ya llegué!".
El joven extranjero estuvo presto a copiar los movimientos de su anfitriona, siguiendo a cabalidad el buen adagio que reza: "A la tierra donde fueres, haz lo que vieres".
Así que, quitándose sus zapatos, los dejó en la entrada para subir un pequeño escalón. En eso aparece la hermana mayor de Akane.
-Hola Akane, bienvenida, ¿cómo te fue hoy?—saluda con una sonrisa visiblemente alegre y ojos cerrados (pero debe ver algo, creo yo ^_^ ').
-Hola hermana, bien, gracias. —dijo esto con una sonrisa casi copiosa a la de su hermana, un cambio de ánimo bastante perceptible que no se liberó de la vista del invitado— mira, te presento al Señor Miyamoto, el joven extranjero del que te comenté el otro día, y que ahora es un compañero de escuela—comentó extendiendo su mano derecha para señalarlo.
-¡Oh!, así que es usted, que gusto en conocerlo, mi nombre es Kasumi Tendo—dice con una leve reverencia regresando a su punto y sin desvirtuar su carismática sonrisa.
-Ah…, mucho gusto Señorita Kasumi, mi nombre es Hotaro Miyamoto, es un placer conocerla—corresponde al saludo anteponiendo su mano derecha a su abdomen y agachando un poco su tronco, llevando su brazo izquierdo a la zona lumbar, de una forma cortés.
Hotaro se dio cuenta de la postura inconfundible de los nobles medioevos que adoptó en ese momento, se extrañó al tiempo pues nunca lo había hecho antes, pero la gracia mostrada por la mayor de los Tendo tan solo en el saludo le impulsaba a comportarse así.
Entonces, de las escaleras venía bajando la segunda en edad, vestida con su tradicional overol verde y camisa amarilla con rojo de mangas largas y franjas horizontales. Se detuvo próxima a bajar el antepenúltimo escalón al ver al joven extranjero.
-Eres tú, el chico de América—dijo con un sutil tono de asombro, disfrazado en uno de sarcasmo y firmeza, sin ser insultante— ¿a qué se debe el honor de tu visita?
-Viene a comer con nosotros, he prometido mostrarle la casa, pues se ha emocionado mucho al verla—respondió Akane.
-Pues bueno—intervino una voz profunda y masculina proveniente del comedor que entraba al hall—si desea conocer mi casa con gusto yo se la mostraré—finalizó el Señor Tendo, el cual se acercó sublimemente al joven para examinarle como un aparente observador pero el recelo se el notaba a cada centímetro de su mirada.
-Eh, es usted muy amable Señor…
-Tendo, Shoun Tendo, joven, soy el padre de Akane.
El olor era agradable, solo estaban allí un par de clientes que ya iban a terminar de comer. La dueña de este famoso y próspero restaurante se veía notablemente feliz preparando lo que parecía ser un pan japonés especial. Durante los últimos meses Ukío, la última descendiente de ese legendario arte de cocina de panes japoneses (sé que tiene un nombre específico pero no lo recuerdo) había tenido un duro trabajo. La extensión de sus deliciosos panes y las recomendaciones de los afortunados clientes quienes podían degustar alguna de estas exquisiteces, le daba a su estilo marcial un renombre sin precedentes.
Ukío estuvo algún tiempo fuera de Nérima, pues para ella la clientela está primero y no escatima en gastos ni esfuerzos para llevar su negocio a cualquier lugar en donde haya gente con ganas de comer algo diferente. Sin duda, esta joven de tan solo 16 o 17 años era toda una empresaria, tenía un olfato para los negocios perfecto, y le daba muy buena rentabilidad. La "chica de la espátula" como la conocen la mayoría de las personas, en este momento vive sola en Nérima, aunque la herencia de su padre la ha llevado a conocer muchas ciudades y aldeas en donde sus platillos han sido la sensación. Debe decir que le ha costado sudor y lágrimas llegar hasta donde está ahora, y es que mantenerse sola es un trabajo difícil para una chica de su edad.
Pero la responsabilidad de esta espléndida joven choca con su fijado interés por conquistar a Ranma, su prometido. El que ahora, tan solo está en otro lugar, muy lejos de los comentarios que le hace nuestra reseñada, respondiendo con monosílabos sin mucho entusiasmo.
-Mira Ranma, aquí está, tal y como te gusta—dice Ukío con alegre voz.
-Eh… sí, gracias Ukío—responde con el mismo interés que el que demuestra un niño viendo caminar a un caracol. (Sé que no es una buena metáfora, pero ilustra un poco la metódica situación `_`)
-Ranma, ¿qué te pasa? Estás algo distante desde que llegamos, es más, desde que salimos de la escuela—indaga la joven con preocupación y sombrío recelo.
-Mmm, nada—contesta disponiéndose a probar su platillo especial, jugando con las verduras que flotan en la salsa de soya.
Al pasar al comedor Hotaro se encuentra con una hermosa vista hacia el jardín, donde alcanza a denotar en todo su esplendor lo grande que es el árbol que había visto antes desde la entrada. También fija su mirada en el delicado estanque donde nadaban tranquilos tres peces Koi, tradicionales en Japón. Es interrumpido por la voz de Shoun que lo regresa al comedor.
-Siéntese joven Miyamoto, y cuéntenos que lo trae por Japón y por esta ciudad—indaga con amabilidad pero con recelo igualmente.
-Pues bien—contestó sentándose como le había sido pedido—he venido aquí de vacaciones y para conocer una de las ciudades favoritas de mi padre.
-Su padre vivió aquí.
-Así es, él le tenía mucho cariño a esta ciudad y, ante su reciente deceso, resolví visitar esta ciudad.
-Ah, ya veo.
-Aquí tiene Señor Miyamoto—dice Kasumi al traerle una taza de té.
-Es muy amable, Señorita Kasumi.
Seguía admirado por el brillo especial que despedía la dulce Señorita Kasumi, la paz que transmitía en su cándida expresión lo hizo perderse por un momento, pero, regresando a la realidad, retomó su misión en aquella casa.
Por el jardín, aparentemente viniendo del baño, aparece un hombre de unos 40 años, con un semi-turbante en la cabeza y anteojos cristalinos.
-Hola tío Genma—le anunció Nabiki antes de que el resto lo notara.
-Pasa, ya te sirvo algo de té—continuó Kasumi.
-Gracias Kasumi—dijo seriamente.
Acercándose, se sentó justa al lado de su amigo Tendo con un ligero aire solemne. La cercanía del recién llegado al dueño de la casa le hizo ver a Hotaro que era un sujeto importante en la familia, pero por sus ropas y su aparente seriedad predijo que sería mucho más.
-Así que usted es Hotaro Miyamoto, ¡eh!—pronunció rompiendo el diminuto y a la vez largo silencio.
-Sí, soy yo.
-Y vienes a conocer la casa de mi amigo Tendo ¿verdad?—sigue cuestionando ésta vez rodeando a su amigo por el cuello, en fraternal muestra.
-Así es, la Señorita Akane fue muy gentil al invitarme a conocer esta preciosa casa y por ende a su espléndida familia—respondió casi igualando el tono con el cual hablaba Genma, pero con ostentoso acento.
-Mmmmm, ya veo.
Akane comenzaba a percibir un aura hostil entre los dos interlocutores, ignoraba el por qué, pero no quería permitir que esto continuara.
-Bien, creo que la comida tardará un poco, ¿verdad Kasumi?—preguntó a su hermana, la cual traía el té para Genma.
-Ah, sí, tardará un poco.
-Bueno, por qué no aprovechamos—dice llamando la atención del invitado—y recorremos la casa, para la hora de la cena ya habremos terminado.
-Claro, me parece una buena idea Señorita Akane—responde después del último sorbo de té un aliviado Hotaro, quien ya se estaba intimidando con la mirada acosadora del sujeto de turbante blanco.
-Yo los acompañaré—se apresuró a decir Shoun.
-Y yo también—confirmó Genma.
-No es necesario—dijo Akane—será un simple recorrido, no se molesten.
-Oh, pero yo quiero mostrarle mi casa al joven Miyamoto para contarle como fue construida desde el principio, verá Señor Miyamoto—se levanta y se acerca al nombrado con aire de guía de un museo—la historia de esta casa se remonta a los años de 1870, cuando estábamos en la Era Meijí—habla mientras hace levantar a Hotaro y lo comienza a llevar fuera del comedor—verá, en aquellos tiempos de la Restauración, y posteriores a ello, los primeros arquitectos de la ciudad de Nérima, que por esos tiempos hacía parte de Itabashi, eran muy habilidosos, y no solo ellos, sino los de todo el país, recuerdo que mi abuelo me contaba que por esa época construían las primeras líneas ferroviarias entre Tokio y Yokohama; decían que esa conexión traería múltiples beneficios para ambas ciudades, yo pienso que…— y así siguió por un buen tiempo, rememorando la historia japonesa desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días, mostrándole cada rincón de su casa.
Hotaro prestaba atención a cada palabra, el Señor Shoun se comportaba como el abuelo de mil historias que él nunca tuvo. Genma hace ya bastante tiempo abandonó el recorrido, creo que lo veía venir conociendo a su mejor amigo. Por otro lado Akane y Nabiki, quienes les seguían, estaban más que aburridas por la clase de historia y lo que tanto tardó esto. No llevaban ni media casa vista cuando la cena ya casi estaba lista. Así que, en un ágil y pensado movimiento, Nabiki tomó a su padre y le llevó hacia el otro lado de la casa, con la excusa de preguntarle acerca de un objeto muy antiguo que había encontrado allí y que deseaba saber qué era. Le convenció que dejara que Akane le mostrara el resto de la casa a Hotaro antes de la cena, y así ellos dos se quedaron solos, para continuar con el recorrido que evidentemente se reduciría. Antes de irse, Nabiki les sonrió levemente.
Akane y Hotaro iban riendo y caminando cogidos de la mano con singular alegría, mientras los vecinos les veían y decían:
-"Que bonita pareja hacen".
-"Sí es mucho mejor que la bella Akane esté con este apuesto caballero que con ese raro chico de coleta, ¿cómo se llamaba?,
-"Mmm… creo que comienza por R",
-"Sí, sí, es algo como… Ran… Raf… ma…".
-"¡Ah!, a quien le importa, esos dos se ven tan lindos, son la pareja del año".
- "¡SIIIIII!..."
Su leve imaginación lo alteró tanto que dejó escapar un leve "¡NO!", respirando rápidamente. Había tomado una leve siesta de 15 minutos después de haber comido su pan, y Ukío permanecía intrigada por el repentino despertar de su querido Ranma.
-¿Pasa algo Ran-chan, una pesadilla?—pregunta con preocupación.
-¡NO!—, sigue repitiendo con el mismo tono, pero respondiendo también a la pregunta—no es nada, ya… tengo que irme, gracias por todo Ukío, adiós.
Y como un rayo salió del restaurante rumbo a casa, la idea de que ese sueño se hiciese realidad le horrorizaba… y le daba miedo.
Con la intervención del dueño de la casa, Akane no había podido mostrarle el Dojo a Hotaro, entonces tomaron rumbo a ese lugar, tan preciado para ella.
-Aquí estamos, este es el Dojo Tendo—dijo orgullosa Akane al entrar al sitio referenciado.
Hotaro entró lentamente, no estaba en exceso maravillado, pues ya había visto algunos dojos antes, pero la exquisitez propia de los antiguos dojos de Japón producía en él una cierta añoranza. Se fijó en el delicado tablado del suelo, que con esmero había sido limpiado, pulido y brillado con antelación, autodefiniendo que era obra de la Señorita Kasumi. Luego observó el techo, pero más que en él se fijó en el altar a lo alto del letrero que se encontraba justo en la mitad del Dojo. Se acercó paulatinamente, tratando de identificar cada cosa de la cual constaba dicho altar. Como es costumbre en Japón, se tienen altares en distintos lugares de una casa, para estar en paz y comunión.
Hotaro sintió como si hubiese regresado en el tiempo por un segundo, hallándose en el Dojo donde su padre solía practicar; él admiraba a su padre y trató de ser un buen discípulo suyo esforzándose día a día en sus entrenamientos para hacerlo feliz. Luego, cuando creció, se vio envuelto en la otra gran actividad de su padre, los negocios, en ellos se sumergió para cumplir con las expectativas familiares y, como primogénito, debía tomar las riendas de estos negocios después de su padre. Hotaro deseó durante gran parte de su infancia convertirse en un artista marcial, pero esa ambición se difuminó con sus nuevas obligaciones, ahora, mientras veía ese pequeño altar muy parecido al de sus recuerdos, se sentía nostálgico por el ayer.
Akane prefirió no decir nada por unos minutos, al notar la actitud de Hotaro. Creyó que no era conveniente, pero deseaba saber el por qué.
-Su Dojo—rompe el silencio quitando su vista del altar y fijándola en ella—es muy bello y adecuado, sin duda. La felicito Señorita Akane, a usted y a su padre.
- Es muy gentil Señor Miyamoto, me alegra que le haya gustado—afirma con una sonrisa y aliviada porque él haya roto el silencio.
-Creo que también debo agradecer a los arquitectos de la Era Meijí—dijo con cómico tono.
-Jajaja—rió levemente—creo que tiene razón.
-Supongo que usted practica aquí muy seguido.
-Eh, sí, me gusta practicar cada vez que puedo.
-Algún día deberá mostrarme algo de su técnica, sería un honor para mí poder ver a toda una experta del Combate Libre entrenando—afirmó Hotaro con tono cómplice.
-Ah… claro, en otra ocasión será—responde con un notorio sonrojo.
Ambos sonrieron, la comunicación era limpia y fácil, como en aquel desayuno. Concordaron en continuar su expedición por la casa, despidiéndose como es debido de un altar y apresurándose, ya estaba próxima la cena.
Todos estaban sentados disfrutando de la cena, un exquisito omelet con especias y pescado hervido con arroz. Hotaro comía encantado, le gustaba lo que veía y probaba, la decepción del desayuno de la otra vez se vio esfumada al probar las delicias de la mayor de los Tendo.
Mientras comían y hablaban de todo un poco, sobretodo de la vida de Hotaro, Ranma llegó.
-¡Ya llegué!—dijo con un tono sutil de mal humor.
-Hola Ranma, siéntate, te serviré en seguida—dijo Kasumi alistando un plato que tenía a la mano.
-¿Ranma?—Hotaro se pregunta en voz alta, "qué hace él aquí", se indagaba mentalmente.
-Sí, mi hijo ha llegado, ¿cómo te fue hijo?—levanta la efusiva voz un dibujado y orgulloso padre cuando ve entrar a su hijo al comedor.
-Eh…, bien. Ah, aún sigues aquí—comenta con despectivo rostro al invitado.
-¡Ranma!—le dice en disimulada voz Akane, notándose su inconformismo por el comentario.
-¿Él vive aquí?—pregunta casi sin aliento el joven extranjero.
-Así es—, interviene Genma para responder—vivimos desde hace mucho tiempo aquí, puesto que Ranma es el prometido de Akane y futuro heredero del Dojo Tendo.
La respuesta cayó duramente en los hombros de Hotaro, su compañero de equipo dijo la verdad, "ESE" era prometido de Akane, y al parecer era por conveniencia de ambos padres. Por un momento no supo que decir ni qué hacer, se le helaron las manos y su cara palideció un poco. Era como si hubiese perdido todas las esperanzas.
Ranma se sentó sin hacer tanto caso a las palabras de su padre, aunque en el fondo le agradeció su colaboración, porque de esta forma le dejaba bien en claro a Hotaro quién era exactamente Ranma Saotome, y que no tendría posibilidades con "su prometida".
El resto de la cena transcurrió sin mayores contratiempos, Hotaro respondía las preguntas que le hacían de manera tan mecánica que asustó un poco a los presentes, pero luego suavizo sus respuestas para no parecer tan extraño. Al final, Akane lo escoltó hasta la entrada de la casa, para despedirle.
-Espero que le haya gustado el recorrido Señor Miyamoto.
-Seguro, fue estupendo, tanto el recorrido como el haber conocido a su familia, muchas gracias—afirma con una fingida alegría.
-Por nada.
-Quisiera pedirle una cosa, si no es molestia Señorita Akane—dice recordando lo que quiso decirle al final del partido aquella mañana, aunque no tuviese mucho sentido ahora.
-Dígame—intrigada.
-Podría dejar de llamarme "Señor Miyamoto", me hace sentir algo viejo, y no lo soy tanto, que tal si me llama Hotaro, como si fuéramos amigos—, y añade—bueno, si usted está de acuerdo.
Akane se sorprendió por la cortesía con que le pedía ese simple cambio, y más cuando dijo lo de "amigos"; pero no pudo negarse, incluso le parecía más cómodo así.
-Claro, Hotaro, no hay problema. Pero entonces llámeme igual, no me diga "Señorita Akane" que me hace sentir demasiado sofisticada para mi gusto. Dígame solo Akane.
Hotaro se alegró con la propuesta, en este caso era un gran avance, que hubiese podido ser mayor sin la fatídica información que recibió en la cena. Con gusto accedió.
-Entonces es un trato Akane. Nos vemos mañana—se despide besando su mano—le prometí que no lo haría en la escuela, pero no fuera de ella—comenta con una gran sonrisa.
-Eh… si…bien, hasta mañana Hotaro—contesta tartamudeando un poco.
El joven se aleja y Akane lo sigue con la mirada hasta que lo pierde. Luego entró a su casa y al cerrar la puerta sonrió un poco, entre la sorpresa y…
Hotaro no se sentía del todo feliz, por un lado parecía estar avanzando con Akane, pero por otro estaba "ESE" y el compromiso. ¿Qué podía hacer?, una pregunta que no tenía fácil respuesta. En ello pensaba mientras caminaba cuando alguien le habló.
-Estás interesado en Akane, ¿verdad?—dice aquella voz entre sombras.
-¿Quién es?—indaga Hotaro con algo de nerviosismo.
-Quizá yo pueda ayudarte con eso—continúa, saliendo de las sombras.
-Señorita Nabiki—articula sorprendido.
-Sé que estás abatido por la noticia del compromiso de Akane, se te notó en la cena, pero como ya te lo dije, yo puedo ayudarte.
-Exactamente de qué habla—comenta con algo de interés.
-Akane está comprometida, pero no casada, y mientras eso no suceda tú tienes oportunidad.
Hotaro la examina detenidamente, hay algo de desconfianza, pero…
-¿Cómo podría ayudarme?—pregunta con cautela.
-Ya lo verás, yo puedo darte mucha información sobre Ranma y Akane, te darás cuenta que ellos no son una pareja normal; incluso podrías encontrar con mi información el punto de quiebre entre ellos dos. Solo necesito… un incentivo—dice rozando sus dedos—, no te arrepentirás.
La propuesta era simple pero llamativa y la cuestión del "incentivo" era lo más fácil para Hotaro. ×Tal vez no todo está perdido×, pensó para sí mismo, mientras sonreía a una virtualmente rica Nabiki Tendo.
FIN DEL CAPÍTULO 4
NOTA DE LA AUTORA: Bien, aquí está la cont. Espero lo disfruten.
Gracias a todos aquellos que me han escrito, para felicitarme y preguntarme por el nuevo capítulo; sigan con ese interés y escribiendome, es bastante satisfactorio saber lo que piensan de esta historia.
Atención: Vienen muchos cambios para nuestra pareja, la posible alianza entre Hotaro y Nabiki dará mucho de qué hablar. No se lo pierdan, pues nadie sabe lo que tiene hasta que…
Cualquier comentario por favor envíenlo a: sanyayita arroba gmail . com
ATT: Sanyayita
* Okonomayaki: Es una comida japonesa que consiste en una masa con varios ingredientes cocinados a la plancha. La palabra okonomiyaki esta formada por el honorífico o (お, 'o'?), konomi (好み, gusto?) y yaki (焼き, cocinado a la plancha?), significando "cocinado (a la plancha) a su gusto" (en referencia al cliente, o puede ser también en referencia al cocinero).
