CAPÍTULO 5: UN NUEVO Y CONFUSO RIVAL
Especificaciones de este capítulo: para efectos prácticos en la lectura se tendrán en cuenta los siguientes signos:
×× ×× Pensamientos de los personajes.
( ) Intervenciones de la autora.
" " Aclaraciones o ironías.
Amanece en Nérima, las calles desoladas revelan una tranquila noche anterior. Las aves despiertan festivas y cantarinas llenando el ambiente de un soleado día.
El sol se cuela por la ventana de la menor de los Tendo. Se desliza con sagacidad para hallarla dormida y es testigo silencioso de sus últimos minutos de sueño, antes de picar en sus ojos con su brillantez y despertarla.
Ella no sabía por qué el sol lograba su pícaro cometido ciertas mañanas, pero sucedía aunque dejase las cortinas totalmente cerradas en la noche.
Sin embargo no quería hacerse demasiadas conjeturas hoy, ya lo había hecho en una velada de insomnio y pensamientos bastante larga.
Abre los ojos descubriendo al intruso que tiene agallas suficientes para continuar molestándola. Seguramente él no conocía el poderoso mazo de Akane, si así fuera seguro no se atrevería a tal osadía.
Volviendo al punto, Akane se sienta en su cama despejando la pereza y relajando los músculos algo contritos. Deja ir a esos segundos en los cuales te alejas del sueño y regresas a la realidad, permitiéndose esbozar una minúscula sonrisa, que solo sería notada por ella misma en su interior. No se explicaba el motivo exacto de ese repentino impulso motor de sus músculos faciales, entonces miró el dorso de su mano derecha para recordar el beso de Hotaro.
Mientras lo veía se reprimió un poco, de cuándo acá ella se complacía por un gesto tan… cursi; tan… caballeroso, tan… amable y gentil, tan…; seguía buscando adjetivos y eso la asombró aún más.
No lo podía evitar, una parte de su ser, que estuvo dormida por mucho tiempo y que florecía de vez en cuando, le atacaba con vivaz fuerza y emoción revelándole lo obvio:
××Eres una mujer, te encantan los halagos y la galantería××.
La sentencia se pronunció en su mente tajante, concreta; negarlo carecía de sentido, el joven extranjero había tocado una fibra poco explorada pero sumamente sensible de la hasta entonces "marimacho" Tendo. En aquel momento detuvo su marejada de pensamientos.
-Eso no puede ser, yo no puedo sentir esto—se dijo para sí, reprendiéndose por su acción—yo quiero a Ranma.
Esa última frase le hizo pensar, no tenía duda que quería a Ranma, pero le fascinaría poder ver en él por lo menos la mitad de la caballerosidad que Hotaro tenía. Y es que, a diferencia de otros tantos de sus pretendientes que sin duda tenían estilo propio, este joven no hacía nada sin su consentimiento, tomándola en cuenta hasta en la más simple decisión, concibiéndola indispensable.
¿Cómo podía este sujeto al que conoció tan solo hace tres días lograr despertar tanto en ella?
No halló respuesta, y tal vez no la hallaría tan rápido. ××El tiempo lo dirá××, pensó.
Amanece en Nérima, y aunque el sol no se cuela por la ventana de la habitación de Ranma (no tiene ventana), él ya está despierto. Por alguna extraña razón no había podido dormir bien. Era una misteriosa preocupación que lo atormentaba, que le decía: ××Mantente alerta××. Estaba totalmente seguro que a Hotaro se le habían "bajado los humos" al saber quién era él; pero aquel primer recelo persistía y no entendía por qué.
Quizá esa inseguridad la precipitaba aquella pequeña sonrisa con la cual Akane entró a casa después de despedir a Hotaro la noche anterior. Una sonrisa que rápidamente escondió al encontrarse con él en las escaleras. Ella no le hizo ningún comentario, incluso podría llegar a afirmar que no estaba enfadada con él por lo de Ukío, pero no lo sabía, bien conocido es que Akane es una cajita de sorpresas.
Miraba hacia el techo aún acostado, su padre seguía durmiendo. ××Tal vez sea paranoia nada más, suele sucederle hasta a las personas teóricamente más cuerdas××.
Bueno, paranoia o no, sabía que debía estar atento a cualquier cambio o movimiento del extranjero.
Un equipo de sonido con muy buena resolución acompañaba a Hotaro a hacer el desayuno. Como todas las mañanas el joven Miyamoto debía tener música para poder hacer algo. Quedó tan antojado con los omelets de Kasumi la noche anterior que quería uno de ellos para desayunar. Y mientras concentrado estaba en su labor, pensaba en esa noche.
Todo había salido bien, al parecer ni el Señor Shoun ni Kasumi sospecharon que él tenía alguna intención específica con Akane, las excepciones fueron Ranma, su padre y… Nabiki.
Esas palabras llegaron a su mente de nuevo, acostumbras a rondar en su cabeza siendo culpables de su reciente desvelo. No sabía cuan importante sería la ayuda de esa joven en su plan de conquista, pero necesitaba toda la ayuda posible si quería deshacerse de "ESE". Sin embargo, su conciencia lo asaltó:
-¿Será correcto interferir en esa relación?—se preguntó—Yo no quiero separar a una pareja que está comprometida—prosiguió—pero… ¿qué tan unida esta, en verdad se amarán?
En este momento no conocía las respuestas, pero algo le hacía ver que esa pareja no era normal, aparte del comentario de Nabiki y de lo sucedido con Ukío. Debía averiguarlo, debía saber si en realidad existía una esperanza.
Despertó de esos pensamientos al darse cuenta que se le iba quemando el omelet, rápido lo sacó de la sartén y lo puso en un plato, cantando una canción del CD.
Desayunaron, se despidieron, salieron, caminaron. Aparentemente todo estaba bien (-_-), ninguno había dicho nada diferente al saludo y a algunas preguntas sobre el día de escuela que les esperaba. Ranma caminaba en su habitual baranda y ella iba por la calle.
La soledad en Nérima en algunas calles es normal, así que da una buena oportunidad de hablar a una pareja.
Pero no a esta pareja.
Akane andaba simplemente, concentrada en algo que escapaba a la imaginación de Ranma, el cual la miraba con recelo sin parecer evidente.
Quiso decir algo, pero no se animó. No quería interrumpirla ni mucho menos molestarla. El día de hoy no deseaba peleas, algo le impulsaba a comportarse… gentil. Esa es la palabra.
××Será difícil, pero no imposible××. Pensó.
Al entrar a la escuela se percataron que habían llegado temprano. Ambos se asombraron, muy pocas veces desde la llegada de Ranma a Nérima ellos arribaban a la escuela a tiempo. Pero el asombro duraría poco pues el Rayo Azul de la Escuela Furinkan ya les estaba esperando… más bien esperaba a Akane.
-¡Akane!—. Grita mientras se acerca corriendo— ¡mi flor primaveral ven a mis brazos!—.
Sin embargo su maratón termina al estrellarse con el puño de Akane en medio de su cara.
-Cálmate Kuno—dice con poca emoción.
-Ah mmi…liindfa…Aklanme,…porl qué mme recvhazzas…assí…—balbuceaba entre el puño de Akane.
-No entendemos nada, tonto—le hizo notar Ranma mientras lo apartaba del superfluo contacto que lo unía con ella.
-No te entrometas Ranma Saotome, esto es entre mi linda Akane y yo, estás interrumpiendo mi declaración—afirma con seguridad y sosteniendo con fuerza su Shinai (sable de bambú) recientemente desenfundado.
-¿Ah sí?—se acerca Ranma con una desafiante mirada queriendo pelea.
-Apártate—se deshace de la mirada de Ranma y vuelve con Akane sacando de quién sabe dónde un espléndido ramo de rosas frescas del mejor de los jardines de su mansión—Toma, son para ti Akane aunque no se comparan con tu belleza en lo más mínimo—las pone interrumpiendo la vista de ella hacia su rostro lo cual le imposibilita ver a Kuno, en un ágil movimiento bajó el ramo y se abalanzó hacia ella para robarle un beso, tomando a TODOS desprevenidos.
-¿Acaso no ha escuchado a la señorita, Señor Tatewaki? — Interviene una voz fuerte y serena proveniente del marco de la entrada principal de la escuela.
La escena queda congelada dejando a un Kuno a escasos milímetros de la boca de Akane y a un Ranma que por poco se cae al tratar de impedir tal osadía. En ello Akane reacciona y aparta a Kuno de un solo golpe dejándolo estampado contra el suelo mientras respira nerviosamente, hace mucho nadie rompía su defensa de esa manera, Ranma lograba hacerlo en algunas oportunidades pero eso para ella no contaba, eran casos excepcionales. De repente Kuno se levanta airado en extremo, su mirada no se dirige a la que le produjo su reciente golpe, sino al causante de su pausa justo cuando pensaba tocar el cielo.
-Tú, entrometido, ¿quién te crees que eres, eh?
-No me recuerda Señor Tatewaki—se acercó a él— yo sí me acuerdo de usted—dijo esto último estirando su mano derecha para saludarlo.
Un flash back de un segundo lo remontó a la escena de ayer cayendo en cuenta.
-Eres el nuevo, el extranjero.
-Así es.
Un silencio poco prolongado se hizo en el patio, Hotaro decidió posponer su mano ante la negativa de Kuno, el cual solo empuñaba más duramente su espada.
-Tenemos una cuenta pendiente, te escapaste ayer pero hoy no lo harás—concluye arremetiendo contra Hotaro con un movimiento perpendicular de su espada.
Éste reacciona a tiempo algo impresionado mientras ve cómo pedazos de concreto vuelan por el impacto de la espada contra el suelo.
Todos se sorprenden, ahora sí saben que habrá pelea. Hotaro retrocede un poco, por un momento subestimó a su contrincante pero no quería pelear y se lo hizo saber.
-Oye, oye, espera. Yo no quiero pelear contra ti.
-Pero yo sí, así que prepárate—responde corriendo hacia Hotaro como un toro embravecido.
Akane estaba asustada, conocía perfectamente el nivel de Kuno pero no sabía si el extranjero podría con él pues parecía ser un chico común y corriente. Hotaro esquivó el primer golpe, y uno a uno los esquivaba ladeando su cuerpo al parecer sin mucho esfuerzo.
-¡Quédate quieto!—se exasperaba Kuno.
-Escucha, no quiero lastimarte, además aquí hay muchas personas.
Todos los presentes se agolparon a ver el encuentro. Creerían que la pelea terminaría pronto con el derribamiento de Hotaro por parte de Kuno, porque no podemos negar que por muy tonto que sea, él tiene lo suyo en los combates. Pero eso no sucedió y Hotaro solo pensaba en la seguridad de los presentes. Así que, con los mismos movimientos para esquivar a Kuno lo iba entreteniendo en un círculo mientras encontraba la mejor forma de detenerlo.
-Ya deja de estar bailando, ¡pelea!—asevera Kuno quien reunió todo su poder en un golpe preciso similar al primero, perpendicular.
-Como quieras, pero te lo advertí—concluye Hotaro agachándose a media altura hacia el abdomen de Kuno golpeándolo con su puño derecho. Él no hizo ruido alguno, Kuno parecía sin daño y todos esperaban el resultado.
-Uhg…me…las pagarás…extranjero…uhg. —Finalizó cayendo en el hombro derecho de Hotaro, el cual lo recibió sin titubeos para después levantárselo a cuestas.
Todos estaban atónitos, a simple vista sólo había sido un golpe y Kuno cayó inconciente, eso nadie lo esperaba.
Después de tomar el sable de bambú con su mano libre, Hotaro se da vuelta y le pregunta a Akane.
-¿Akane, puede decirme dónde queda la enfermería?
Ella tan solo respondió:
-Por… allá—señalando con su mano derecha—después… del gimnasio volteando a… la izquierda.
-Gracias—dice para iniciar el camino, pero antes—Akane, ¿podría disculparme con el profesor de la primera hora por mi retraso, por favor?
-Claro.
-Bien, nos vemos luego. — Finaliza con una sonrisa y retoma su camino a la enfermería, pidiendo permiso a los presentes.
Murmuraciones de aquí para allá se escuchaban ante lo acontecido, la más impactada era Akane.
-Viste cómo lo detuvo, dio 16 golpes en un segundo, es increíble—afirma la chica con incredulidad.
-¡Vah!…, eso no es nada, yo puedo dar 23 golpes por segundo, eso SÍ es increíble—responde un Ranma con los brazos cruzados y actitud desinteresada.
-Vaya, olvidé que hablaba con "Ranma el Invencible", que presumido eres.
-¿Presumido yo?
-Sí, y ahora muévete o sí llegaremos tarde el día de hoy.
Ambos corren al edificio dispuestos a iniciar un día más de escuela.
Hotaro caminaba alrededor del gimnasio con un botín de guerra no muy afamado. Iba pensando en alguna cosa cuando avistó la enfermería, un edificio pequeño pero de muy buen aspecto con su propio jardín. Al llegar tocó a la puerta con la espada, haciéndolo con cuidado para no estropear la calma que se respiraba en el ambiente.
-Pase—se oye una voz al interior.
Abre la puerta con dificultad, entra pero no logra cerrar la puerta sin hacer ruido, alertando a la enfermera.
-¿En qué puedo ayudarte?—dice saliendo de su consultorio al recibidor una mujer muy agradable, de unos 30 años, de contextura delgada y largo cabello, con una flamante sonrisa en su rostro y un lindo uniforme blanco con flores bordadas en los bolsillos de la blusa. —Oh, pero qué tenemos aquí.
-Buenos días, mi nombre es Hotaro Miyamoto y yo…
-¡Ah!, eres tú, el chico nuevo del que todo el mundo habla, ¿verdad?, eres muy popular. — Interrumpe con emoción la enfermera— ¿Qué le sucedió esta vez?—pregunta al mirar al saco de papas que parece Kuno, saliéndose rápidamente del tema.
-Lo que pasa es que hubo una pelea y…
-Cayó inconciente, bueno suele sucederle con frecuencia al joven Tatewaki. Déjame adivinar, fue Ranma ¿cierto?—vuelve a interferir haciendo seguir a Hotaro a su consultorio.
-Eh… no, en realidad fui yo.
Hubo un pequeño silencio.
-Ah, ahora eres tú el que está en la mira de este chico, ¿eh?— continua mientras le indica que deje su pesada carga en la camilla.
-Bueno…
-No importa, soy la Enfermera Misashige, mucho gusto en conocerte Hotaro. —Le saluda con la tradicional venia.
-El gusto es mío—responde al dejar rápidamente a Kuno—. Disculpe por traerlo en estas condiciones, yo…
-No te preocupes por él, siempre lo atiendo después de sus peleas en la escuela, incluso suele venir en peores circunstancias, así que no te atormentes.
La tranquilidad con la que ella le hablaba era increíble, esto resultaba ser más común de lo que él había creído.
-Eh… bien, entonces… me retiro, debo ir a clase, gracias por su colaboración Enfermera Misashige. –Concluye despidiéndose.
-Ok Hotaro, que tengas un buen día y no temas en traerme a más de tus contrincantes, estaré gustosa de atenderlos. –Dice con una sonrisa entre pacífica y un poco aterradora, como si fuera una malvada enfermera de una película de terror.
Pero a diferencia de esas sanguinarias profesionales de la salud, a esta enfermera solo le importaba tener un poco de actividad, pues la verdad es que las raspaduras de rodilla y los fingidos dolores de estómago de otros alumnos no eran tan interesantes como las luxaciones, costillas rotas y amplios puntos para coger que tenía que atender desde que Akane se enfrentaba con cientos de chicos que querían salir con ella, pasando por los rivales fortuitos de Ranma que resultaban peleando con él en la escuela. Era como estar en una mini sala de emergencias y eso la emocionaba mucho.
-Lo… tendré en cuenta—alcanza a responder.
Se acerca a la puerta del recibidor escoltado por ella, entonces en fugaz recuerdo se voltea sacando algo del bolsillo de su pantalón.
-Enfermera Misashige, tome. —Le extiende una pequeña barra de chocolate que aún sigue fresca a pesar del sitio donde se encontraba.
-¿Para mí?—pregunta sorprendida recibiéndola en sus manos.
-Si, gracias por todo y perdone las molestias.
-Ah, por… nada, es lo… más lindo que un alumno… me haya regalado, gracias—dice con unas lágrimas saliendo de sus ojos, al parecer la embargaba la dicha.
-Que tenga un muy buen día—dice Hotaro con una sonrisa antes de salir de la enfermería, dejando tras de sí a una mujer que alternaba su mirada entre la puerta y el chocolate en sus manos con alegría.
La clase comienza después de la aclaración hecha por Akane al profesor Hinasagua sobre la tardanza de Hotaro, cada quien toma su puesto mientras aún hablan de lo sucedido. Akane sigue pensando en su escritorio sobre el fantástico movimiento del extranjero y si podrá ser más fuerte que eso. En cuanto a Ranma, su rostro se ve distraído, confuso. Jamás esperó que Hotaro pudiese saber algo de artes marciales, su evidente nexo con la cultura japonesa no necesariamente indicaba que tuviera ese tipo de nociones, parecía ser un hombre de negocios, concentrado en ello y sin tiempo para nada más; pero conforme pasaban los días podía darse cuenta de la clase de rival al cual se enfrentaba.
×׿Rival?××, hasta ese momento no consideró a Hotaro como un rival directo, tan solo era un extranjero que tenía alguna pretensión con su prometida, pero al cual podría manejar fácilmente, como a otros muchos que le antecedieron, pero hoy demostró ser alguien de cuidado, clasificando en otro estrato, el de rival. Ahora la pregunta era:
×׿Será un rival de consideración, o solo un chico con suerte que sabe un par de trucos marciales?××
-Siguiendo con el calendario hablaremos hoy de la Revolución Rusa, llevada a cabo en el año de 1917…—interfiere en los pensamientos de más de uno el maestro Hinasagua.
Caminaba sin apuros recordando su última acción. ×׿Por qué le regalé el chocolate?××. Tenía pensado dárselo a Akane pero cambió de decisión en un movimiento inesperado incluso para él.
Siempre le habían caído bien las enfermeras, de hecho su primer amor platónico fue una de ellas, la cual conoció en un viaje de pocas semanas que su padre y él habían hecho a Sao Paulo, Brasil, por negocios.
El joven Miyamoto distaba de ser un niño pasivo, es más, podría decirse que era excesivamente hiperactivo. Leía historietas de superhéroes estadounidenses a menudo, como Batman, Superman, entre otros. Eso ejercía en él un impulso desbocado de hacer el tipo de acrobacias y acciones que sus héroes realizaban en las revistas.
Una vez subió a partir de unas escaleras de emergencia y unos tubos de desagüe de la acera al séptimo piso del edificio continuo al condominio donde estaba hospedado, con el único objetivo de demostrarle a Joao, su amigo de travesuras, que él sí podía escalar las paredes como Spiderman, uno de sus mutantes favoritos. Pero entre las pilatunas propias de la infancia, algunas piruetas en patineta o bicis con repuestos de dudosa procedencia y mil partidos de fútbol callejero, la augurada lesión llegó en forma de una dura caída que dejó un brazo roto y algunas raspaduras en la humanidad de "Mr. Hotaro", como algunos le decían (o se burlaban) en la cuadra.
Fue llevado al hospital más cercano por sus vecinos, Joao y su madre. Lloraba con la profusión esperada de un chico de 8 años más asustado por la reprimenda de su padre que por el dolor de una fractura. Los doctores de Urgencias lo atendieron rápidamente, calmando al chico al decirle que no iba a ir a cirugía, pues el tipo de fractura que sufrió (fractura completa y cerrada de cubito izquierdo) era suficiente para llevar por unos largos 6 meses un yeso de inmovilización. Después de unas horas ya se encontraba en recuperación con un yeso desde abajo del codo hasta los dedos.
Su padre venía en camino después de haber sido avisado de lo ocurrido por parte de la madre de Joao, la cual estaba con su hijo en la sala de espera. Hotaro contaba los minutos para su sentencia, sabía que su padre lo reprendería de la manera más fuerte que él hubiese imaginado y eso lo tenía ensimismando en su camilla, (aterrorizado, quiero decir). Entonces era el cambio de turno en Urgencias, las enfermeras iban de sala en sala pasando revisión, entregando la evolución de los pacientes que llevaban allí más de un día y reportando los recién llegados. En la última camilla, rezagado del resto de los pacientes por petición propia se encontraba Hotaro. No era capricho suyo o debido a alguna fobia a los enfermos, sino que quería estar lo más lejos posible para cuando su padre le "gritara" su regaño.
Al llegar a su camilla, la Enfermera Jefe de entrega le comenta a su sucesora acerca del jovencito de la cama 40*:
-Hotaro Miyamoto. Niño de 8 años con fractura completa y cerrada de cubito en brazo izquierdo con yeso, traído hace hora y media de Ortopedia, con líquidos endovenosos a mantenimiento. Sin otras complicaciones.
-¿Sus padres están aquí?—preguntó la joven enfermera que recibía turno.
-Su padre viene en camino, una vecina está en sala de espera.
-Ok, ¿alguna otra recomendación?—continúa, esta vez mirando al chico.
-No, será dado de alta tan pronto como su padre venga y resuelva el papeleo en el centro de pago—. Concluye la Enfermera Jefe quien se despide de su personal y de la otra Jefe.
Después de dar unas indicaciones a su personal, la nueva Enfermera Jefe se queda para ver al chico Miyamoto, el cual seguía asustado, ahora por la forma en que hablaron de su fractura.
-Estás temblando, ¿tienes frío?—pregunta la enfermera.
-N…no, no es nada—voltea a ver a otro lugar esquivando la analizadora mirada de la enfermera.
-Hola, soy la Jefe Maira, no te preocupes, en cuanto llegue tu padre podrás irte.
-Ah, si—contesta con el gran desgano que le provoca saber que "su fin está cerca".
-No te ves muy animado—afirma—, vamos a ver—dice sentándose en el borde de la camilla, llamando la atención de Hotaro—, chico de 8 años con un brazo roto, muy seguramente por estar jugando sin el permiso de su padre y ahora se encuentra en un hospital esperando a que éste llegue; mmm, no suena bien.
Hotaro no se sentía bien, el presagio de la enfermera ya él lo sabía, no tenía que recordárselo, lo que siguió después le hizo comprender.
-No te preocupes, yo te ayudaré con tu padre—. Finalizó con una pícara sonrisa de complicidad.
Él no sabía que decir.
Media hora después su padre llegó, con cara de pocos amigos se aproximaba a la sala que albergaba a los pacientes de las camas 32 a 40. Abrió la puerta e inspeccionó el lugar hasta que, en la esquina derecha de su vista, encontró lo que buscaba. Se aproximaba la tormenta, en sus ojos se reflejaba, el chico por poco se hizo en su bata sino hubiese ido al baño antes. En el momento justo cuando el Señor Miyamoto iba a pronunciar su sentencia…
-Es usted el Señor Miyamoto, ¿verdad? Venga conmigo por favor—dijo la enfermera llevándose al desconcertado padre y dejando al aliviado hijo.
Dos horas más tarde padre e hijo salían del hospital, a la salida la enfermera le espera para decirle "Cuídate Hotaro", dedicándole una sonrisa y un guiño que nunca olvidaría.
Por lo acontecido su padre decidió prolongar la estancia de los dos en Brasil.
Los meses pasaron sin prisa en Sao Paulo, Hotaro debía permanecer en su casa la mayor parte del tiempo por orden de su padre; entre el ocio y los juegos de mesa él recordaba a la enfermera y su pícara sonrisa. Quería verla de nuevo para agradecerle su intervención frente a su padre (sea lo que le hubiese dicho), y también por el simple hecho de volverla a ver. Pasaba algunas horas del día contemplando por la ventana el cielo y los niños jugando en la calle. Joao de vez en cuando lo visitaba, pero las órdenes de su padre eran claras: "Nada de amigos, a estudiar y a entrenar". Aunque ese parecía ser el peor castigo para Hotaro, el tiempo que pasaba en estas actividades le hizo valorar más a su padre. Desde la salida del hospital el Señor Miyamoto no había sido el mismo. Las reprimendas contra los desatinos de su hijo bajaron su frecuencia, se mostraba más comprensivo y pasaba mucho más tiempo con él que antes.
El día en que le quitaron el yeso buscó desesperado a la enfermera, pero le comentaron que se había ido a Australia por una oportunidad de empleo que se le presentó. Desilusionado se disponía a irse si no es porque una Auxiliar de Enfermería le detiene:
-Ah, eres el joven extranjero, el del brazo, ¿cómo estás?
Su nombre era Tíffani, una Texana que, por cuestiones sentimentales, laboraba en aquel hospital desde hacía año y medio.
-Hola Tiffani, estoy bien, gracias—le reconoce inmediatamente pues ella le atendió muy amablemente el día de su accidente—; ya me quitaron el yeso—luce su brazo descubierto orgulloso—pero no encuentro a la Enfermera Maira, me dicen que se ha ido a Australia—comenta con tristeza.
-Es cierto, recibió una muy buena oportunidad allá, pero, ¿por qué la buscabas?
-Eh, no, este…, sólo quería saludarla, nada más—dice nervioso al verse interrogado.
-Mmm, ¿seguro?—indaga, sabiendo que hay algo más allá.
-Bueno…, tal vez tu me puedas ayudar—dice titubeando.
Hotaro le comenta su incógnita a la Auxiliar y, casualmente, ella sabía perfectamente el contenido de la conversación que la enfermera sostuvo con su padre.
Después se despide de Tiffani deseándole lo mejor, y pensando en lo que le fue dicho.
La acalorada discusión se basó en los deberes de un padre con su hijo para educarlo e instruirlo en lo correcto además de acompañarlo la mayor parte del tiempo para servirle de ejemplo. Dicha discusión concluyó con un padre avergonzado y una enfermera aparentemente victoriosa. Lo que ella no supo fue que, a partir de este incidente, el entrenamiento al cual Hotaro se sometía en artes marciales desde que tenía memoria se intensificó el doble, para así forjar el carácter de aquel inquieto chico que podría llegar a ser profesional de Snowboarding o de algún otro deporte extremo.
Meditabundo el joven Miyamoto caminaba por el pasillo del 3er piso cuando alguien le despierta de su ensueño.
-Así que también eres artista marcial—comenta aquella persona recostada en la pared sosteniendo una cubeta con agua en la mano derecha—eso no me lo esperaba.
-Bueno, ya ve. —Responde levemente sorprendido pero sonriendo mientras se acerca a ella—Y ¿por qué está aquí afuera?, no me diga que premeditadamente llegó tarde para hablar conmigo— comenta en un tono casual.
-Te estaba esperando, qué has pensado de mi propuesta.
Su semblante cambia a uno más serio, pero rápidamente rectifica su rostro y responde.
-¿Por qué quiere ayudarme, acaso tanto le desagrada el prometido de su hermana?—dice esto último con algo de sarcasmo.
-En realidad tengo mis propios intereses, entonces… sí o no. — plantea desafiante pero mesurada.
-Esta bien, aceptaré su ayuda, pero antes hay que aclarar algunas cosas.
-¿Qué clase de cosas?
-Ya lo sabrá, la espero a la salida de la escuela, dos cuadras al centro, iremos a tomar un café y charlar al respecto. ¿Le parece?—dice con un toque especial de elegancia.
-OK. —alcanza a decir ante la nueva actitud de Hotaro.
-Bien, ahora me voy a clase, ya me he retrasado mucho, nos vemos entonces. —se dispone a continuar su marcha ya cerca de su salón de clases.
-Oye, espera, —le detiene—a caso piensas que puedes entrar así como así a la clase, yo no lo creo. —Afirma por su sapiencia del reglamento.
-Pero yo sí—cierra con una sonrisa de profesor universitario seguro de sus pasos, pero antes:
-Hey, una pregunta: ¿por qué les hacen cargar cubetas con agua?
-Mmm… supongo que es para reflexionar sobre nuestras faltas, por lo menos eso dice el manual.
-Ah, tiene sentido, pero también sirve para obtener unos buenos bíceps. —Dice con una sonrisa burlona— Que se divierta.
El comentario la asombró, la versátil personalidad de Hotaro la desconcertaba, a veces parecía el típico hombre de negocios, frío y calculador; en otras se asemejaba a un Don Juan en plena cacería combinado con un encantador inglés al estilo de James Bond; y en esporádicas ocasiones como ésta el jovialísimo típico de alguien de su edad se manifestaba a flor de piel. Sin perderlo de vista Hotaro entró al salón y tal como él lo anunció no volvió a salir de allí.
Al entrar al salón todos guardaron silencio.
-Buen día Maestro Hinasagua, perdone mi tardanza por favor.
-Ah, no hay problema Joven Miyamoto, la Señorita Tendo me comentó lo sucedido, así que por favor siéntese y continuaremos con la clase, ¿le parece?—comenta en forma conciliadora y servicial, como si hablase con un superior.
-Por supuesto. Muchas gracias maestro. —le sonríe y se dirige a su escritorio con tranquilidad. Se sienta y la clase continúa.
Nadie entendía lo que pasaba. El Maestro Hinasagua, el hombre menos flexible de Furinkan, le "pedía" a Hotaro tomar asiento y asistir a la clase después de su tardanza; en otras oportunidades por menos que eso ha castigado fuera del salón a cientos de alumnos, en especial a Ranma por sus constantes tardanzas y profundas siestas.
-Bien, continuemos; como les decía, a pesar de algunas victorias militares del Zar Nicolás II, la ambiciosa construcción de una vía férrea que conectaría a la capital, Moscú, con el resto del país para así mantener un orden en los pueblos más distantes, hundió a Rusia en una de sus peores crisis económicas y sociales de su historia. Las arcas del país poco a poco se fueron vaciando y el hambre y la miseria rondaban las calles de pueblos y ciudades. Unida a profundas grietas en la sociedad creadas por cientos de años de oligarquía y una manipulación indirecta de malos consejeros como el caso del monje Rasputín, además del inconcebible y negligente ingreso al conflicto establecido entre el Imperio Astro-Húngaro y Turquía por la muerte del Archiduque Francisco Franco que se llamaría Primera Guerra Mundial, se entretejió el principio del fin del Zarismo en Rusia, haciendo rebosar la copa de ira del pueblo ruso, el cual, alzado en armas y con ideologías revolucionarias dirigido por organizaciones políticas bastante consolidadas como lo son los Bolcheviques liderados por Lenin o los Mencheviques, tomaron el poder de Rusia al derrocar al Zar Nicolás II y expulsar del palacio a toda la familia Romanov, muertos ellos después acompañados de tres de sus sirvientes y su médico en una bodega en Alapayevsk; estableciéndose una nueva era para Rusia que prometía igualdad de condiciones y oportunidades para todos: el Socialismo.
La entretenida explicación de la crisis rusa por parte del maestro ya estaba surtiendo efecto en el aburrido Ranma, quien entrecerraba los ojos con la pesadez de un celador a las 8 de la mañana. Akane por otro lado tomaba nota con dedicación, la historia es una de sus materias favoritas y la Revolución Rusa no era ajena en lo absoluto a sus conocimientos previos.
-Ya mencioné algunas causas de la Revolución Rusa—continúa el maestro elevando el tono de voz para los menos atentos—, ¿alguien puede decirme por qué un simple monje de Siberia influyó tanto en el propio Zar?
El silencio duraría poco, pues la palabra la tomaría Akane:
-Porque el monje Rasputín se ganó la confianza del Zar y la zarina desde el inicio al salvar a su hijo de la hemofilia que tanto lo aquejaba; cuando mostró tal poder el Zar empezó a incluirlo en sus reuniones políticas, confiando en su supuesta sabiduría.
-Muy bien, señorita Tendo, ¿alguien más?—pregunta el maestro.
-Complementando lo dicho por Akane—intervino Hotaro, quien robó de inmediato la atención de todas y todos—, la influencia mística y política de Rasputín en las decisiones del Zar fueron asombrosas; los consejeros tradicionales de Nicolás fueron relegados por un desaliñado monje con pálido semblante y penetrante mirada, levantando toda clase de controversias, incluso decían que el Zar era el títere de Rasputín, y que era el monje el que controlaba a Rusia. Pero bueno, ser el consentido del rey no siempre es mejor, ya que altos mandos del Imperio, parientes de Nicolás, decidieron liberarse de una vez por todas del infame que había osado usurpar sus obligaciones, envenenándolo, golpeándolo, y llenándolo de agujeros de bala antes de ahogarlo en las heladas aguas del río Neva. —Una sonrisa finalizó su intervención, dejando a todos sorprendidos tanto por el dato histórico como por la simplicidad con que Hotaro lo comentó, la propia Akane se sorprendió, no sabía del todo esos hechos; y hace un par de meses Hotaro tampoco, esos datos son cortesía de Gorinski Miradev, el amigo del extranjero y un apasionado historiador.
-Muy bien, señor Miyamoto, un dato curioso muy ilustrativo, gracias por su apreciación—comenta el maestro.
La clase de historia terminó, así como la de física y la de lenguas, en las cuales nuestro extranjero favorito se destacó en diferentes oportunidades. Las chicas no paraban de hablar de él, de su simpatía y su inteligencia, además de su obvio atractivo físico. Los hombres comentaban acerca de sus buenas intervenciones en clase y su aparente facilidad para responderlo todo sin necesitar de una libreta de apuntes. Entonces sonó el timbre de cambio de clase y todos se levantaron tomando un cuaderno y un lápiz desplazándose fuera del salón.
Hotaro no tenía el horario de clases, simplemente se dedicaba a aceptar la siguiente jornada sin rezongar, pero al verlos a todos salir, bueno, hizo lo mismo.
-¿Qué clase continua?—pregunta Hotaro al ver que todos se alistan para salir. -Es la clase de música, apresúrate—comenta uno de sus compañeros.
-××Mmm, música××—pensó.
Mientras se dirigen al salón de música, Hotaro se acerca a Akane, distrayéndola de la conversación con sus compañeras.
-Akane, perdón que te interrumpa.
Las amigas de Akane pararon en seco, en primer lugar Hotaro se encontraba muy cerca de ellas, en segundo lugar ya no se refería a su amiga como:"Señorita Akane", sino que le estaba tuteando. La intriga se apodero de ellas.
-Dime, que pasa Hotaro?—responde con un sutil nerviosismo.
-Quería darte las gracias por excusarme con el maestro.
-Ah, no hay problema, de nada.
Ambos sonríen tímidamente ante el forzoso tema de conversación.
-Oye—interviene una de las amigas de Akane preguntándole a Hotaro— y cómo esta Kuno?
La intervención de la joven inmediatamente altero a sus demás amigas pues le miraron con ojos de "!Shuuuu, cállate!"
Su nombre es Norika, pero todos le dicen Nori. Nori vive en el sur occidente de Nerima, una zona donde nada interesante sucede, la vida es muy normal. Cuando sus padres la inscribieron en Furinkan ella no quería mezclarse demasiado. Pero con el tiempo y la vertiginosa rutina de Ranma y Akane en la escuela, Nori pronto se acogió a su nuevo mundo y todo lo que ello conllevaba. Pero fue alguien quien la incentivo a no deprimirse y sobresalir en la escuela, Kuno.
Nori tan solo llevaba una semana en la escuela y por la zona en donde (vive muy lejos del centro), siempre llegaba tarde. Uno de esos días mientras sostenía su cubeta con agua, un chico se le acerco. Ya se había fijado en el hecho de que siempre llegaba tarde, así que le pregunto el por qué. Ella le contó sus desventuras y el joven se ofreció a ayudarla con el director, para que le fuese permitido llegar unos 10 minutos más tarde y así no perderse la primera clase cada mañana.
Efectivamente al día siguiente la chica recibió la indulgencia del director y por su orden todos los maestros estaban en la obligación de dejarla entrar a clase aún cuando llegara tarde.
Su historia era sabida por todos plenamente y el héroe de esta historia no era nadie más que el Rayo Azul, Kuno.
Desde entonces Nori esta muy pendiente de él, va a cada torneo de Kendo a apoyar al capitán desde la primera fila, le escribe poemas en secreto, de vez en cuando le lleva el almuerzo o algún refrigerio, y aunque él siempre tiene comida de sobra por cortesía de su fiel sirviente Sasuke, los recibe con agrado.
Cualquiera pensaría que Nori estaría celosa de Akane por ser ella la chica de los sueños de Kuno, pero ella esta tranquila pues sabe perfectamente que Akane jamás se fijara en él.
Esa es la historia de Nori, a la que miraban ojos de "!Shuuuu, cállate!". A su pregunta Hotaro respondió:
-Él estará bien, la amable enfermera lo cuidará hasta que despierte, no va a tener ni un rasguño.
-¡Cuando te ponga las manos encima yo…!—calla después de levantarse estrepitosamente de la camilla de la enfermería— ¿Dónde estoy?—se pregunta ante su inconciencia.
-En la enfermería Kuno—contesta la Enfermera Misashige desde el otro lado de la habitación, sentada leyendo un libro—y por lo que veo ya estás mejor—concluye con una sonrisa.
-¿Dónde está ese sujeto?—menciona mientras lo busca por doquier.
-¿Qué sujeto?
-El extranjero, dónde está, tengo una batalla pendiente con él—dice alterado.
-¡Ah!, el amable chico que te trajo hasta acá—dice sonriendo aún más ante el ensoñado recuerdo—él debe estar en clases, has estado aquí cerca de 4 horas.
-Pero, cómo… ¡Me las pagarás extranjero!—le dice al cielo con furia mientras llamas se desprenden de su cuerpo enfurecido (es un enojo muy gráfico verdad ^_^').
Entonces siente un dolor en sus rectos abdominales que le obliga a cambiar de postura a una más encorvada, rápidamente se levanta la camisa de su uniforme y ve los moretones dejados por los certeros golpes de Hotaro. Dichos moretones se hicieron visibles después de unos 30 o 45 minutos, por eso fueron ignorados por la Enfermera en el examen físico, aunque si notó las serias contusiones abdominales.
-¡Vaya!—exclama la Enfermera acercándose para ver mejor—pero en qué momento te dejaste dar tantos golpes Kuno, al parecer o él es muy rápido o tú eres muy lento—sonríe ante el comentario.
-Grrrrr… ¡DE VERAS ME LAS PAGARÁS EXTRANJERO!—grita con mayor furia a los cielos, pero después vuelve a doblarse ante el dolor.
Entrando al salón de música los estudiantes toman cada uno un asiento distribuidos estos en redondo. Hotaro entró y como en sumo deleite se dispuso a observar uno por uno los variados instrumentos que había allí, tanto de la cultura japonesa como occidental. Éstos estaban en estantes perfectamente preservados como si nunca hubiesen sido usados.
-¿Te gusta?—dice Akane acercándose al joven el cual mira un Gekkin (laúd de mástil corto cuya cabeza se dobla en forma de media luna; la caja, de fondo plano, es poco profunda; su forma es perfectamente circular con un diámetro de alrededor de 35 cm).
-Sí, mucho, mamá solía tocarla a menudo cuando era niño—contesta con una amable sonrisa.
-A mi madre también le gustaba—prosiguió mirando el instrumento—, no sabía tocarla pero le encantaba su sonido y a veces tarareaba canciones de algunas obras de teatro que se tocan con él, cuando cocinaba y cuando iba a dormir.
A pesar de lo doloroso que pudiese parecer el recuerdo, Akane sostenía una sonrisa que combinaba la melancolía de esos tiempos y la dulzura de revivirlos tan solo con la vista de un instrumento. Hotaro no pudo evitar sentirse conmovido.
Mientras tanto entrando al salón Ranma se da cuenta de la extraña escena que se desarrolla frente a uno de los estantes del salón. El impulso instantáneo desde el plexo motor de su médula espinal hasta las áreas más distales de su cuerpo hizo que sus manos se contrajeran en unos apretados puños que coincidían con la amargura de su rostro. Ya era demasiada cercanía. Dispuesto a romper esa escena Ranma se acerca rápidamente a la pareja en cuestión cuando arriba el maestro de música, el Señor Manigure, al aula.
-Buenos días jóvenes—tomen asiento para empezar con la clase de hoy.
Todos obedecen, pero a regañadientes Ranma se sienta un tanto distante de Hotaro y Akane quienes se ubicaron en dos asientos juntos sin cabida para alguien más.
Nabiki se sienta a la sombra de un árbol del patio algo distante de las aulas de clase, se ha saltado la hora de Matemáticas y planea retozar un poco y pensar. Un nuevo negocio consumía su cabeza, los movimientos debían ser precisos, una equivocación y la enorme rentabilidad del extranjero se iría para siempre. Ella, que desde el primer minuto se interesó en Hotaro para fines lucrativos tenía un negocio pactado con él, le ayudaría a conquistar a Akane pese a la existencia de un prometido. El hecho ameritaba toda la concentración de la joven Tendo, la proeza de salir ilesa de la inquisición de su familia y el juicio de un gringo estafado estaba ahora presente en su camino. La sutileza que la caracteriza ahora debía de ser el triple de efectiva para poder hacerse rica y feliz. Pero le asalta una intempestiva duda: ¿Cuáles serían las condiciones que Hotaro le propondría para comenzar con el negocio? Pronto se revelaría la respuesta y una leve sensación de incertidumbre la acogió por el resto de su permanencia a la sombra de aquel árbol.
La guía de la escala musical de una gaita escocesa fue interrumpida por una llamada en el megáfono de la escuela:
`Atención, los maestros de toda el área artística favor presentarse en la Dirección, ES UNA ORDEN`. Se oía la voz del director seguido de una risa burlona.
-Genial, ahora qué querrá—musitó el maestro Manigure con algo de aridez—quédense en el salón estudiando… algo de la música escocesa mientras tanto, ya vuelvo.
Tan pronto el maestro salió del salón los estudiantes comenzaron a hablar de cualquier cosa, entre ellas de Hotaro. Un grupo de chicas se acercaron al joven quien se disponía a platicar con Akane algo más, emocionadas todas comenzaron sus preguntas:
-Oye Hotaro, y dinos también sabes algo de música—preguntó una.
-Supongo que sí, como parece que lo sabes todo—exclamó otra con un tono muy "expresivo" mirándole a los ojos.
-Hey chicas, creo que sabe cantar—dijo otra—, ¿o no Hotaro?
-Eh, bueno, un poco—alcanzó a decir ante tantas preguntas.
-Ah, lo sabía, vamos cántanos algo por favor.
-SIIII POR FAVOR—todas dijeron al unísono, llamando la atención de los demás estudiantes.
-Oigan chicas yo—no pudo responder nada más cuando alguien dijo.
-Vamos Hotaro, a todas nos gustaría oírte—dice Akane en un tono muy normal de súplica.
Hotaro la mira intrigado, no esperaba que ella lo incitara a cantar, pero…
-Ante tanta insistencia, esta bien; una guitarra por favor.
En ello uno de los chicos le pasa una guitarra acústica. Hotaro la toma, se sienta en una silla, la afina un poco mientras todos le ven. Ranma, alejado de todo no sabe como resistir ese sentimiento muy parecido a la ira pero que se detiene o se ve impedido por algo muy parecido a la impotencia.
-Bien, espero que les guste, es una canción de un español muy famoso en algunos países, y la canción se llama Y sólo se me ocurre amarte**.
Comienza con notas claras y rápidas que demuestran una destreza propia para tocar, lleva un ritmo con su pie izquierdo y se le oye la canción:
Tan dura la vida y tú
Tan llena de paz
Y sólo se me ocurre amarte.
Llenas mi vida de luz
Llenas el cielo, la tierra y el mar
Y a mí tan sólo se me ocurre amarte.
Las chicas empezaron a emocionarse, se embelesaron desde el primer instante con la voz del extranjero, los chicos estaban impresionados con su forma de tocar la guitarra y tanto Akane como Ranma no le perdían de vista aunque por motivos distintos.
No existe un corazón que lo resista niña
Pero si lloras quiero que mis ojos
Sigan cada lágrima tuya
Hasta que la pierda de vista.
Lo único que hago es mirarte a ti***
Y en ese momento miró a Akane, rápidamente, lo suficiente para que él, ella, y algunos pocos se dieran cuenta.
Y usas mi alma como una cometa
Y yo muero de ganas
De encontrar la forma
De enseñarte el alma
Y sólo se me ocurre amarte.
Cómo va a ser eso
Si aún cuando sale la luna
De mi ventana
Yo no te puedo dejar de querer
Nos hemos reído y llorado otra vez****
Yo quiero darte mi alegría, mi guitarra y mis poesías
Y sólo se me ocurre amarte
Cómo va a ser eso…
(De aquí para adelante es lo mismo)
Todos estaban enloqueciendo con el mini concierto otorgado por Hotaro, si alguna chica pensó que no podía fijarse más en el extranjero, se equivocó, porque más popular que nunca entre su curso era; para la mayoría.
Al finalizar la canción, como premeditado, llegó el maestro.
-¿Qué están haciendo?
-Nada maestro, aprendiendo algo de la cultura española—manifestó un chico mientras devolvía a su lugar la guitarra, esfumada de las manos de Hotaro.
-Mmm, claro—dijo el maestro sin muchas ganas de discutir—bien, sigamos, ¿en dónde íbamos?
La clase continuó, todos volvieron a sus puestos. Las miradas se clavaron en Hotaro, y su disimulada mirada estaba en la chica de cabellos azules que aún lidiaba con el sonrojo producido por esa canción.
Su vista se estremecía en el escritorio, los puños aún firmes, Ranma ya no escuchaba las palabras del maestro solo pensaba en lo que iba a hacer. Luego levanta su mirada dirigida a Hotaro, una resolución se presentó sin duda, arreglar este enredo debía o se envenenaría él sólo en su propia ira.
Ya era hora del almuerzo, los estudiantes salieron del salón dispuestos a saciar su hambre y descansar. Hotaro, quien había sido invitado a otro partido de fútbol por algunos compañeros, fue interrumpido a la salida del salón por Daisuke quien tenía algo para él.
-Hotaro espera.
-Dime Daisuke—responde.
-Te enviaron esto—dice mientras le entrega un papel en las manos—nos vemos. —y se va rápidamente.
Hotaro no alcanza a aclarar las cosas, así que, pocos pasos después de la salida del salón y apartándose de la gente abre el papel doblado en dos y leyó su contenido:
VE A LA AZOTEA AHORA.
Y SOLO.
ATT: RANMA
La vista de la escuela desde la azotea era muy buena, podías ver cada lugar de ella por los 4 lados, aparte de algunas otras edificaciones de la cuadra.
Ranma esperaba de pie en uno de los lados de la azotea como mirando el horizonte a medio día. Hotaro abrió la puerta de la entrada al lugar de la cita, cerrándola después tras de sí.
La escena era tediosamente tensa, el extranjero analizó su entorno pero nada parecía del todo peligroso y "ESE" no se movía de su sitio.
-Buenas tardes Ranma Saotome—dice en tono casual, acercándose a él.
-Escuche Miyamoto—dice Ranma girándose desafiante hacia Hotaro—, no sé qué pretende pero basta ya. Por si no le quedó claro anoche Akane es MÍ PROMETIDA, así que no quiero que se vuelva a acercar a ella jamás, ¿ENTENDIDO?—Finaliza con un puño a media asta y una de las miradas más férreas que se le hayan visto alguna vez al joven artista marcial.
FIN DEL CAPÍTULO 5.
NOTA DE LA AUTORA: Espero que este capítulo sea de su agrado, y de nuevo envío mis agradecimientos a los que me han escrito , son muy amables. No se despequen de esta historia que se pone cada vez mejor.
Cualquier comentario por favor envíenlo a: sanyayita (arroba) gmail . com
ATT: Sanyayita
* Debido a la extensión del parlamento a continuación, no se hará la traducción al portugués.
** Autor: Alejandro Sanz, todos los derechos reservados®
*** Se especifica que se hizo un leve cambio en la letra para efectos de la historia, la verdadera letra es: "La miro a ella y te miro a ti".
**** Se especifica que se hizo un leve cambio en la letra para efectos de la historia, la verdadera letra es: "Nos hemos reído y llorado los tres".
