Disclaimer: Los personajes pertenecen a S. Meyer, el resto es mio.


Agridulce

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La vida es un camino largo y lleno de dificultades, la mayoría del tiempo estas en el piso, tratando de ponerte de pie para seguir adelante. Hay veces que la felicidad toca tu puerta, y crees que finalmente el recorrido ha terminado, pero alguien aparece y destruye tus ilusiones. Así es la vida. Un día te toca reír y al otro llorar, señalar con el dedo a tus verdugos.

Vivir no es solo funcionar biológicamente, es dejar algo al mundo. Es demostrar que tú puedes, sin importar lo mucho que has sufrido. Esto no es fácil de aceptar, ni siquiera fácil de decir. Solo las personas que han vivido las penas, que han sabido ponerse de pie poseen la sabiduría para aceptar lo que el destino les ha deparado para sus vidas.

Yo soy una de esas personas.

Perdonar ha sido una de mis pruebas más difíciles que he tenido que pasar. Perdonar de corazón, porque hay una diferencia, siempre hay una diferencia cuando dices perdonar y cuando lo sientes. Decir que perdonas sin sentirlo es tomar el saco de la persona y arrojarlo sobre tu espalda. Perdonar de corazón es abrir una puerta en el cielo para que la luz entre en ti. Es como los días de Navidad, esos días llenos de tranquilidad que llenan tu alma de caricias dulces, ¿Cómo lo sé? Porque así lo sentí cuando perdoné a Edward.

Según mi boca, yo lo había perdonado desde siempre. Pero era mentira. Según mis labios perdoné a Edward cuando decidió volver y apostar su vida a Seth, una ilusión. Según mi voz perdoné a Edward cuando nos besamos en casa de sus padres, un engaño. El momento exacto en que perdoné a Edward fue cuando abrió su alma y me consoló con palabras dulces y honestas en su casa, cuando me hablo de lo nuestro, fue allí que el perdón broto de mi pecho.

Y no lo dije. Porque el perdón no tenía que estar dicho en palabras, sino en hechos. Por eso lo besé. Me arriesgué a demostrar mi perdón de una manera física, y no me arrepentí.

No hicimos el amor de manera física, pero si de una manera espiritual.

Porque mientras ambos nos abrazábamos en el sillón yo podía sentir la miel enjuagando nuestras heridas. Nuestras manos sostenidas eran algo mucho más valerosas, más honestas que cualquier otra caricia hecha. Y las risas de nuestros hijos en las habitaciones de arriba nos daban esa seguridad de que todo estaría bien, sin importar lo mucho que ambos sufriéramos, de lo mucho que habíamos tenido que vivir, allá… a lo lejos estaba el fin de nuestro recorrido, el cual se coronaria con un enorme arcoíris que daría el inicio a nuestra felicidad.

─ Me gusta el chocolate─

El comentario de Lucy me arranco de mis pensamientos y volví a la realidad. Era una realidad agradable, un día sábado por la mañana, todos en pijamas preparando galletas de navidad.

─A todas las personas le gusta el chocolate ─comentó Seth ─ ¡Es lo más maravilloso del mundo!

─A una chica de mi clase no le gusta… es alérgica y si come un trocito de chocolate se llena de salpullido─ comento Lucy bebiendo un sorbo de leche─

Me reí en silencio al ver el rostro de Seth contraerse por la sorpresa, me gusta ver como Seth se asombra con las cosas dichas por Lucy, me enternece la manera en la que él mira a su hermana, con admiración. Y también me gusta la respuesta de Lucy, siempre sonriente, aceptando los comentarios de Seth como si fuesen dichas por una especie de genio.

─Cierra la boca, notaran que estas babeando─ la voz aterciopelada de Edward llego a mis oídos al tiempo que sentía sus manos posarse en mi cintura.

Me giré hacia él.

Su cabello estaba revuelto y en sus ojos se leía el cansancio producido por el turno de dieciséis horas, pero aún así, a pesar del cansancio podía ver su sonrisa asomarse en su boca. Deje que mi boca viajase hasta su mejilla donde deposite un pequeño beso, él aprovecho mi caricia para correr su rostro y depositar un beso bajo mi oído. Escuche a los chicos reír entre dientes, supe de inmediato que estaban disfrutando con el espectáculo de caricias. Empuje a Edward con suavidad, él se alejo aún sonriendo, con los ojos brillantes por el momento recién vivido.

─ ¿Cómo amanecieron los niños más desobedientes de Forks?─pregunto Edward acercándose a los niños.

─ ¡Excelente! Bella nos invito a hacer galletas, Seth puso una película de monitos y ahora estamos esperando a que las galletas estén cocidas.

─Suena como algo agradable─

─ ¡Papi, tómame!─ chillo Seth saltando a los brazos de Edward. Por un momento pensé que Edward no lograría atraparlo y Seth terminaría cayendo, pero no. Edward agarró a Seth en el aire y segundos más tarde los dos se encontraban riendo.

─Hombres…─murmuro Lucy volviendo su atención a su vaso de leche─ Ahora entiendo porque papá y yo no nos llevamos bien…─dijo Lucy con voz ausente─ yo no soy un niño.

Su respuesta parecía ser tan inocente que a primeras luces no mostraba nada ordinario. Solo era una niña diciendo que su padre no la entendía porque eran de diferentes sexos. Pero yo había vivido cosas fuertes en mi niñez, y sabía que lo dicho por los niños como algo simple y tonto siempre tenía cosas más profundas y delicadas. Por esa razón deje las galletas de lado y rodee la encimera, Lucy mantenía su vista en su vaso, como si la leche fuese lo más interesante del mundo.

─Hey─ llamé. Ella levanto su rostro y me miro, dejando ver sus ojitos tristes…─ Tu papá te ama Lucy… tienes que entender que las cosas que pasaron antes… fueron errores. Lo importante es como es ahora tu papá contigo.

─Pero… él y yo antes no nos queríamos, Bella. Yo lo odiaba… él… él hecho a mamá y…

Miré hacia los chicos, no quería que Edward escuchase nada. Lo conocía, sabía que las palabras dichas por Lucy lo lastimarían. Gracias al cielo Edward y Seth estaban demasiado ocupados en su guerra de cosquillas como para prestarnos atención.

─ Las personas se equivocan Lucy, todo el tiempo. Y a veces hacemos cosas malas y dañamos a las personas que queremos. Pero también hay personas que parecen ser buenas… y son de esas personas de las cual debes preocuparte─ dije acariciando su cabello─ No de tu papá, él te ama. Tienes que preocuparte de esas personas con doble cara… que parezcan buenas pero en realidad no lo son.

─ ¿Cómo las hermanas de cenicienta?─pregunto infantilmente.

─Si, como ellas.

─Y como mamá…─apunto.

Me quede en silencio sin saber que decir. Tenía ganas de decirle a Lucy lo malvada y cruel que era su madre, pero no me correspondía hacerlo. No tenía porque dañar a Lucy con mis palabras venenosas… ella sola se daría cuenta quien era la mujer que la había llevado en su vientre durante nueve meses.

─No es necesario que me digas nada Bella… yo sé que mamá es mala. Lo sé gracias a tía Alice y a ti…─dijo con una sonrisa triste─ Ella jamás actuó como ustedes lo hacen por sus hijos… mamá nunca me trato como tu tratas a Seth. Al contrario, cuando estábamos juntas ella siempre decía que yo le estorbaba…

─Ella es una idiota y no sabe lo que se pierde. Tú eres fantástica Lucy. Seth, Edward y yo te amamos… y es eso lo que te debe importar. Tu familia te ama y siempre estaremos aquí para ti.

─Gracias Bella. Tú también eres muy importante para mi─

Mi corazón latió descontroladamente, y dentro, allí, en el rincón donde escondo mis emociones sentí a mi colibrí batir sus alas emocionado. Las palabras de Lucy me habían emocionado mucho más de lo imaginable.

─ ¡Quiero comer galletas…! ─y con ese grito de Seth la magia se rompió y Lucy y yo nos volvimos a la cocina para terminar de preparar el desayuno.

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Edward tendría todo el fin de semana libre debido a que como era el doctor nuevo del hospital lo habían dejado para que tomase el turno de Navidad, una porquería burocrática donde los antiguos tenían más privilegios que los nuevos… y en recompensa le darían este fin de semana libre y un día de la semana para que pudiese estar con la familia. Ninguno de nosotros estaba muy feliz con su horario de trabajo. Todos habíamos estado muy emocionados con el hecho de pasar una navidad en familia… y ahora nos tendríamos que conformar con saludarnos y entregarnos los presentes en una improvisada fiesta durante las horas libres de Edward.

─ ¿Iras a mi presentación cierto?─pregunto Lucy por tercera vez en lo que iba la película─ No quiero que faltes. He estado ensayando mucho y me gustaría que asistieras…

─Claro que iré Lucy. Usaré el día libre que tengo para acompañarte. No me perderé tu presentación por nada del mundo.

─ ¿Estas seguro? ¿Qué pasa si tu jefe te dice que tienes que trabajar? ¿Qué pasa si hay un múltiple accidente y te necesitan en el hospital…?

─Diré que no puedo asistir. Tú presentación es lo más importante… tan importante que hasta Bella pidió el día libre─ dijo dándome un codazo por lo bajo. Lo mire con los ojos entrecerrados, molesta porque ahora tendría que buscar palabras para asegurarle a Lucy que Edward no faltaría a su presentación.

Los ojos inquisitivos de Lucy se clavaron sobre mí, tragué sonoramente y removí mis manos inquietas.

─Tu papá irá si o si… yo me encargaré de ello.

Fue lo único que logro salir de mis labios. Lucy asintió conforme con mi promesa y volvimos nuestra atención a la televisión.

─Podríamos salir al parque─ sugirió Seth─ Un grupo de la escuela cantará villancicos de navidad. Y la maestra dijo que sería bueno que pasáramos a escucharlos.

─ ¡Si! ─exclamo Lucy con renovado entusiasmo─ Varias niñas de mi clase participaran, yo no pude porque los ensayos eran al mismo tiempo que los ensayos para del acto del jueves…

─Entonces vamos. ─dijo Edward estirándose en el sillón─ ¿Terminamos de ver la película o vamos de inmediato?

─El coro comenzará a las cuatro ─comento Lucy estirando su cuello para ver el reloj de la pared─ Son las tres y media… podemos dejar la película para la tarde y cambiarnos de ropa─ dijo señalando nuestros pijamas.

─Buena idea ─coincidí yo─ Me da curiosidad por saber quiénes participaran en el coro…, el año pasado el espectáculo fue adorable, sobre todo cuando cantaron esa canción del niño Jesús ─dije tarareando entre dientes la melodía.

─ ¡Me encanta!─chillo Lucy revotando en su asiento─ Esa fue una de las primeras canciones que papá me enseño en el piano ─dijo moviendo sus dedos sobre un teclado imaginario─ Es muy sencilla.

─Lucy aprendió a tocar esa melodía en un día. Todo un logro para una niña de cuatro años. ─comentó orgulloso Edward, resaltando los dones de Lucy. Seth me dio un codazo en las costillas, lo miré sin entender que sucedía. Luego movió las cejas sugestivamente hacia Edward, ¿Qué? En respuesta recibí otro golpe, hasta que finalmente pude entender el mensaje detrás de sus gestos; "Resalta mis cualidades". Reí por lo bajo.

¿Enserio…?─murmuré sintiendo ganas de reír. Seth me lanzó dagas con sus ojos. Tosí para ocultar mi risa, inhale profundamente y volví mi atención a Edward─ Seth siempre ha sido un niño muy…─Seth enarcó un ceja y tambaleo sus dedos sobre mi rodilla, era un gesto claro "Hazlo bien…"─inteligente.

Edward asintió y le sonrió a Seth, mi hijo me dio unas palmaditas en la rodilla, felicitándome como si yo fuese una especie de mascota. Rodé los ojos y volví la vista a la televisión. La verdad era que me había perdido la parte crucial de la película y ahora no entendía nada de lo que ocurría.

─Creo que voy a vestirme─ señale poniéndome de pie.

─Yo también ─dijo Lucy, alejándose rumbo a su habitación.─ ¿Seth…?

─Uh… ¿No puedo ir en pijamas?─ pregunto mi hijo batiendo sus largas pestañas oscuras.

─No─ respondimos al unisonó Edward y yo. ─Jamás ─agregué yo rompiendo sus ilusiones.

─Uh… aburridos─ mascullo entre dientes antes de echarse a correr para alcanzar a su hermana.

Edward y yo nos reímos bajito.

Seth era así, el tipo de persona que logran sacar sonrisas con solo respirar a tu alrededor. Una suerte para mí, una mujer con constantes caídas depresivas.

Es un regalo…─musite mirando las escaleras por la cual Seth había subido.

Edward no comentó nada, sabía que ese comentario había salido de mis contemplaciones.

─Me gustaría que visitáramos a mi madre…─ comentó haciendo tronar sus dedos─ Tiene regalos para los niños, y quiere dárselos personalmente pero no puede viajar hasta Forks, ya sabes que no sabe conducir─ añadió con tono burlesco─ una mujer tan distinguida como Esme Cullen no sabe manejar un simple automóvil…

─ Podríamos visitarla después de la presentación de Lucy, Seth y Lucy también tienen regalos para ellos… solo que yo no sabía cómo decirte que los niños querían visitar a tus padres.

─Sus abuelos ─corrigió Edward con sutileza.

Chasqueé la lengua y asentí.

─Sus abuelos.

─ ¿Y…? ¿Entonces no hay problemas por visitar a mi madre?─ leí la pregunta silenciosa; ¿Estas preparada para ver nuevamente a mi familia?, Edward siempre lo preguntaba antes de planear una visita. Era un gesto noble de su parte, cada vez que me preguntaba cómo estaba "emocionalmente" en vez de sentirme atacada o infravalorada veía el gesto como una preocupación por mi bienestar. Con sus preguntas Edward me decía que era yo quien elegía, no él.

─Ninguno ─respondí sonriendo. ─ Creo que hasta tengo curiosidad por ver la decoración de su casa. La última vez que vi a tu madre estaba encargando luces de Nueva York, un diseño exclusivo de no sé-que-cosa. Trato de explicarme algo de las tonalidades de colores, pero sinceramente estaba más atenta a la conversación de tu padre acerca de las probabilidades de tener hijos con deficiencias mentales.

─Uh, creo que me perdí esa conversación. Me quede dormido cuando menciono algo de la población actual del país…─

─Fueron datos muy interesantes, ¿Saben cuantas mujeres casadas tienen relaciones extra maritales?

─Eh… Bella, ¿Mi papá dijo eso?

─Si, delante de tu mamá. También hablo algo sobre los orgasmos femeninos y una serie de cosas que lograron que tu madre sirviera la cena treinta minutos antes. Fue divertido ver su rostro desencajado por la vergüenza.

─Papá es así. A pesar de tener la apariencia de hombre recto y reservado… en la intimidad es un poco…

─ ¿Extravagante?

─Si, nadie puede dudar del amor que siente mamá por él. Si no lo amara se hubiese separado de él hace años… justo en la época que le dio por investigar el aparato reproductor femenino.

─ ¿Tu papá es medico…?

─ Su titulo dice que es cirujano, simplemente él cree que la medicina va mucho más allá de una especialización. Por eso viaja a esos seminarios científicos, imagínate; una reunión con las mentes más brillantes de la nación, toda una hazaña para un médico cirujano.

─Interesante…─musite imaginándome una sala repleta de hombres con batas blancas… y con sombreros de cumpleaños, como una especie de fiesta infantil. Sacudí la cabeza ante mis pensamientos absurdos. ─ Voy a vestirme, si llegamos tarde lo más seguro es que Lucy se moleste.

─Tienes razón. Ya sabes dónde está tu ropa─ comento Edward─

Mis mejillas se sonrojaron y durante pequeños segundos me sentí expuesta. Si, la mayor parte de mi ropa estaba en el armario de Edward, ocupando tres gavetas completas. No sé exactamente como mi ropa comenzó a marcharse de mi casa, todo comenzó con el accidente de James y yo quedándome una noche para estar cerca de Seth. Luego de eso, las "pijamadas" aumentaron, los fines de semana Seth y yo dormíamos en casa de Edward, y luego… finalmente apenas dormíamos una noche en nuestra casa…

Nos habíamos apoderado de la casa de Edward. Y lo mejor de todo, es que él no se quejaba. Al contrario, él y Lucy hacían de todo para que nosotros ─Seth y yo─ no abandonásemos su casa.

Me aleje a tiempo, antes que Edward se burlase de mis mejillas. Subí las escaleras y me escabullí dentro del cuarto de Edward. Era el cuarto más grande de la casa, principalmente porque allí, casi pegado a la ventana había un enorme piano de cola blanco, una reliquia familiar. Busque mi ropa en las gavetas, elegí unos jeans y una cazadora para poder cubrirme de la nieve.

Me vestí en silencio.

Luego, cuando me consideré "lista" fui al cuarto de Lucy, que ahora había pasado a llamarse ─el cuarto de los niños─ los encontré a ambos jugando con la consola de Seth.

─Chicos, ya nos vamos─

─Okey─ dijo Seth soltando el mando de su consola─ ¡Ya quiero poder jugar con la nieve!

Todo para Seth era eso, juegos. Bajé las escaleras y caminé a la pequeña cocina, tomé el resto de galletas que preparamos para el desayuno y las metí dentro de una bolsita de tela. De seguro a los niños les daría hambre luego de jugar en el parque, también preparé unos emparedados para Edward y yo.

─Llevaré la cámara fotográfica, a Alice le gustará tener fotos de nosotros. Ya sabes que está preparando una colección completa para el aniversario de mis padres─ la voz de Edward me sobre salto. Apareció vestido con una chaqueta de cuero y unos ajustados jeans azules. Por un momento volví a ver al Edward de veintiún años, y solté un suspiro.─ Sigo siendo igual de guapo… ¿No crees?

─Cállate, egocéntrico.

─Así me amas Bella Swan.

Y era cierto, así lo amaba.

Llegamos al parque cuando el coro estaba entonando la segunda canción. Logramos ubicar buenos lugares gracias a Victoria, ella era miembro del comité organizador y al vernos nos dejo lugar en la primera fila, junto a los padres de los niños. Reconocí a muchos de los rostros regordetes que cantaban, muchos de ellos iban a la librería a buscar cuentos con dibujos para colorear. Lucy y Seth escucharon los villancicos atentamente, al igual que Edward. Nos deleitamos escuchando las voces de los niños y finalmente, cuando la última canción fue cantada, Edward tomo mi mano.

Fue un pequeño gesto, casi imperceptible.

Pero cuando sentí sus dedos unidos a los míos, sonreí. Miré a Edward y lo vi mirando con ternura a los niños que cantaban. El concierto termino y los niños pidieron permiso para jugar con sus amigos, dejamos en claro que solo estaríamos unos minutos. No queríamos que ninguno de ellos se enfermara.

─Casi todo el pueblo está aquí─ comento Edward mirando nuestro alrededor. Y era cierto. Los rostros conocidos de nuestros vecinos se paseaban por el parque, algunos nos daban pequeñas sonrisas amistosas, otros nos miraban con suspicacia. Claro, ¿Quién iba a pensar que la pareja dispareja estaría intentándolo nuevamente?

De seguro a sus ojos nos veíamos extraños. La mayor parte del pueblo conoce nuestra historia, y como no. Si fuimos los protagonistas de un inmenso chisme y enredo de mentiras.

Edward y yo nos sentamos en una banca mientras mirábamos a los niños jugar.

─Me gusta estar así─ confesé.

─ ¿Así como…?─pregunto risueño Edward sosteniendo su mano contra la mía─

─Con ustedes, me gusta estar con Lucy… contigo.

─A mi también. Pero lo que más me gusta… eres tú.

Hablar románticamente con Edward no está en la lista de cosas que me gusta hacer. Aún me siento nerviosa al pensar en nosotros como una pareja. No me miento a mi misma diciendo que no quiero nada con él, porque si quiero. Pero no ahora. No quiero un titulo entre medio de nosotros, me gusta la naturalidad que tenemos ahora. Esa complicidad de saber que sentimos cosas por el otro, aún en la primera fase, como si estuviésemos recién conociéndonos.

─A mí también me gustas, un poco… cuando no eres idiota─

─Yo no soy idiota, soy guapo, es diferente─ dijo en un débil intento de parecer seductor.

Ambos nos miramos y reímos, justo en ese momento una suave capa de nieve comenzó a descender sobre nosotros.

─ ¿Recuerdas aquella vez que fuimos al prado y comenzó a nevar?─

Mi mente trajo el recuerdo y sonreí. Claro que lo recordaba. Luego de pasar al menos tres horas en la nieve terminamos enfermos, yo con un catarro que me obligo a estar en cama durante días y él con una gripe que apenas lo dejo hablar.

─Recuerdo como mi madre me regaño─ dije haciendo una mueca─

─Aún así, te veías hermosa haciendo a ese hombre-oso de nieve. Tus mejillas estaban sonrosadas y tenías el pelo amarrado en esa coleta fea que te gustaba llevar.

Instintivamente lleve mi mano a la parte trasera de mi cabeza. Era cierto. A los diecisiete usaba una cola de caballo desarmada que dejaba que gran parte de mi cabello tapase mi rostro. Por eso la usaba. No me importaba que no estuviese a la moda, cumplía su función de esconderme del mundo. No fue hasta que Edward me dijo lo linda que me veía con cintillos que deje de peinarme así. Fue liberador ver mi rostro completo y no sentir vergüenza de mis defectos faciales. En esa época las espinillas aún me atacaban sin contemplación.

── Supongo que en ese tiempo tenías problemas a la vista─ dije bromeando─ He visto mis fotos de la adolescencia Edward, era fea. Creo que mi cuerpo se amoldo mejor después del embarazo, después de tener a Seth comencé a subir de peso, pero antes era una especie de tabla… nada por aquí y nada por allá.

Edward rodo los ojos.

─No tienes idea de lo que hablas. Quizás para el resto del mundo tu belleza pasaba desapercibida… pero para mí nunca lo hizo. Fuiste como una especie de imán, por más que luchara me seguías atrayendo. Y no creas que no luché contra ti…

─No le pusiste mucho empeño. A la segunda cita ya me habías besado.

─Tú me provocaste─ se defendió Edward pareciendo ofendido─ Te pusiste esa linda blusa azul… y luego echaste un mechón de pelo detrás de tu oreja y… ¡Tenía que besarte!

─Si, Edward. Lo que tú digas…

Edward estaba a punto de agregar algo pero la llegada de Seth término nuestra discusión.

─Mami… tengo hambre─ dijo Seth sobándose el estomago por encima de la chaqueta─

─Tengo galletas ─dije abriendo mi bolso─ ¿Y Lucy… tiene hambre?

─Eh… si, pero me dijo que viniera yo a pedirte porque a ella le daba vergüenza. Y no le digas que te dije porque era un secreto ─dijo susurrando la última parte.

Edward cubrió su boca con su mano y soltó una risita ganándose una mirada de odio de parte de Seth.

─Dile que venga ─dije sacando las galletas del bolso─ traje galletas para ustedes y emparedados para nosotros ─dije mirando a Edward quien asintió con gesto pensativo─ Apúrate, ve a buscar a tu hermana─ hablé dirigiéndome a Seth que miraba anheloso la bolsita con galletas. Seth se alejo gritando el nombre de Lucy provocando que las personas que transitaban a nuestro alrededor se girasen hacia él, sin embargo eso no pareció molestarle ya que no dejo de gritar hasta que estuvo junto a Lucy─ Él tiene mucha personalidad…

─No lo saco de ti… eso es un gen Cullen─ comentó orgulloso Edward mirando a los niños que corrían hacia nosotros─ Todos los Cullen poseemos una personalidad admirable.

─Uh, y un ego astronómico─ comenté rodando los ojos─ Y parece que no se quita con el tiempo─ acoté con falso pesar─ Una lástima, a mi hijo le quedan largos años de soledad…

─Idiota ─mascullo Edward dándome un golpe en la pierna.─ Mi consuelo es saber que fue a este egocéntrico a quien le entregaste tu virginidad y le diste el privilegio de ser el padre de tu hijo…

Touché, golpe bajo.

No agregué nada más a la conversación porque nuevamente ─y como ya era costumbre─ los niños aparecieron cortando nuestra conversación. Y me vi obligada a soportar la sonrisita socarrona de Edward durante el resto de la tarde.

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La semana trascurrió de manera lenta y agotadora.

El lunes llegó a la librería una colección de cuentos infantiles… y como por acto de magia todos los padres del pueblo pusieron los ojos en el divertido libro ilustrado, lo que hizo que las gente en la librería se duplicase, todos preguntaban por el dichoso libro ya que estaba a un precio realmente económico y era una buena opción de regalo sobre todo para los tiempo económicos difíciles…

El problema fue cuando los ejemplares se acabaron… pero los clientes no, y todos los empleados nos vimos en la necesidad de explicar una y otra vez que el libro de cuentos estaba agotado hasta próximo aviso.

Pero lo malo de vivir en un pueblo pequeño… es que todos te conocen y todos creen que tú les debes uno que otro favor y no tienen mejor idea que comenzar a extorsionarte hasta conseguir lo que desean. Esto sucedió el martes con Adam y una de sus vecinas, que al parecer no comprendió el mensaje pegado en la puerta "Libros infantiles… ¡Agotados, no insista!", la mujer ya mayor, comenzó a hablarle a Adam, diciendo lo mucho que le recordaba a unos de sus nietos… y como a su nieto le gustaban las historias con dibujos. Cuando Adam le hizo saber que los libros estaban agotados… ella comenzó con su juego de mentira verdad…, lo que provoco la irritación de Adam y la burla de los demás vendedores, pero Adam se mantuvo firme… al igual que su vecina.

Finalmente tuve que intervenir yo cuando la vecina de Adam comenzó a gritar lo mal padre que sería Adam si no era capaz de venderle un maldito libro infantil. Tuve que ser clara y muy firme en el hecho de que no quedaban más copias, y en cambio le ofrecí otro libro, similar al que ella quería. La situación no paso a mayores después de eso, pero de igual forma nos dejo bastante tensos.

El día martes comencé a buscar las cosas para la cena de acción de gracias, el pavo lo compraría Edward así que yo solo tenía que buscar los ingredientes y ver que postre preparar. Para ello lleve a los chicos a Port Ángeles después de la escuela, y aunque inicialmente tenía planeado estar afuera solo un par de horas terminamos volviendo a casa a eso de las diez de la noche, las largas filas en el supermercado y la falta de ingredientes nos retrasaron aún más. Cuando llegamos a casa Edward nos estaba esperando con un surtido de comida chatarra que había comprado antes de regresar del hospital, y a pesar de que todos estábamos cansados disfrutamos comiendo las alitas de pollo y las papas fritas con aliño picante.

El miércoles terminamos de juntar los ingredientes, y acompañamos a Lucy a su último ensayo antes de la presentación, Edward no pudo asistir ya que tenía un turno completo, Seth y yo nos divertimos mucho mientras esperábamos a que Lucy terminase, y aunque nosotros quisimos verla ensayar ella nos dijo que no, porque quería que el acto fuese una sorpresa para todos, terminamos el día yendo a buscar a Edward al hospital… esperábamos ver una película o algo… pero apenas Edward recostó su cabeza en el asiento del vehículo se quedo dormido, nos conformamos con ver unos divertidos videos de youtube hasta que fue la hora de dormir.

Y el jueves…

El jueves comenzó de manera ajetreada, la presentación de Lucy comenzaba a las nueve de la mañana, pero Edward y yo no escuchamos la alarma, y terminamos despertando cuando apenas faltaba media hora para la presentación. Lucy tenía la orden de su maestra de llegar una hora antes para dar el último ensayo, todos nos vimos en la obligación de prácticamente volar para poder llegar a tiempo, el ensayo de Lucy no se llevaría a cabo, Edward llamo a su maestra y la muy comprensiva señora Fill le hizo saber que el ensayo era una mera formalidad, un especie de juego psicológico para que los niños no estuviesen tan nerviosos a la hora de la presentación pero que conociendo a Lucy ella no tendría ningún problema en presentarse porque era un niña con un talento innato.

Edward no me dio más explicaciones que esa, y cuando apenas faltaban diez minutos para empezar la presentación nos subimos al volvo de Edward y partimos nuestro veloz viaje hacia la escuela.

Lucy y Seth parecían estar tranquilos, honestamente, la única histérica era yo.

Me molestaba de sobremanera la impuntualidad, sobre todo cuando yo era la que llegaba tarde.

─ ¿Podremos tener buenos lugares?─pregunto Seth interrumpiendo mis pensamientos de masacre hacia la alarma que no había sonado─ Digo, casi siempre esos eventos son por orden de llegada y vamos un poquitín tarde…

Mierda.

Miré a Edward esperando que él tuviese una solución, pero él simplemente mantuvo su atención en la carretera, bien, había caído nieve durante la noche y la carretera estaba bastante peligrosa, era bueno que uno de nosotros pudiese mantener la atención en la seguridad de nuestros cuerpos antes que perder la cabeza por un simple retraso. Seth me miraba, no tenía para que hablar para hacerme saber sus pensamientos, él temía no ver a Lucy entre tantas personas.

El acto de navidad de la escuela siempre recaudaba una buena porción de asistentes, al ser un pueblo pequeño no contábamos con grandes eventos, y ver a los niños presentarse era una buena ocasión para salir de casa y deleitarse con sus presentaciones.

─La maestra Fill dijo que las familias de los niños tienen asientos preferenciales─ dijo Lucy sonriendo─ Y ustedes son mi familia así que por ende tienen asientos para poder verme─ añadió con entusiasmo.

La preocupación disminuyo de inmediato.

─ Genial─ dijo Seth─ ¿Y… me contaras que harás en el show? Te he preguntado todo el mes y nunca me respondes─ mascullo entre dientes.

─Es una sorpresa ─se excuso Lucy─ Si te lo digo no podrás disfrutar…

─ ¡Si podré...!─ interrumpió Seth─ Y estaré más feliz porque tú me contaste un secreto.

Deje de prestarles atención al notar que esa conversación no me incumbía, Seth y Lucy tienen una forma propia de tratarse, algo que ni Edward ni yo comprendemos con facilidad, pero que a ambos nos agrada de sobremanera. Una de mis primeras preocupaciones al ver a Edward aparecer en Forks con su hija fue que ella y Seth jamás congeniasen, pero ese pensamiento quedo radicado apenas los vi interactuar juntos.

Ellos eran más que medios hermanos, ellos eran almas gemelas.

La mano de Edward se poso sobre la mía y me dio un pequeño agarrón, sonreí.

Minutos después rodeamos la escuela primaria de Forks, la que como nunca estaba repleta de vehículos que al igual que nosotros buscaban donde estacionarse.

─Uh, es mejor que se bajen… ─dijo Edward─ No es por dar malas señales pero de aquí a que encuentre donde estacionarme pasaran varios minutos.

Miré por la ventanilla, cierto. Todos los estacionamientos que usualmente nadie usaba estaban copados, miré hacia el otro lado buscando espacio disponible, vi un pequeño lugar y cuando estaba a punto de hacérselo saber a Edward un Mini Cooper rojo se estaciono allí.

─Ugh─ mascullé entre dientes─ Está bien, nos bajaremos. Pero apresúrate… ¿Si?

─Okey jefa ─gruño Edward─ Apúrense, quiero buenos lugares.

─Trato hecho ─respondí─ Tú solo estaciona el auto y nosotros nos encargamos de los asientos.

Nos bajamos del coche, ordené a Seth y Lucy caminar de las manos tomadas, mi experiencia me decía que no había nada más peligroso que un estacionamiento un día de nieve. El asfalto estaba sumamente resbaladizo y no faltaba el idiota que perdía el control del vehículo. Atravesamos el estacionamiento ileso, Lucy estuvo a punto de caer pero Seth la ayudo a mantener el equilibrio y finalmente cruzamos el portón de la escuela.

Apenas vislumbre la decoración navideña del lugar, mi objetivo era encontrar el lugar de la presentación y poder ubicar buenos asientos.

─ ¿Dónde será el show…?

─En el patio─ respondió Lucy─

Nos encaminamos allí con rapidez. A medida que nos acercábamos vimos como el lugar se llenaba de personas, hasta que llegado un momento dejamos de avanzar y comenzamos a chocar con las demás personas que al igual que nosotros buscaban un lugar donde acomodarse. A lo lejos, al final de la multitud vi a un grupo de niños subidos sobre un escenario improvisado, supuse que esos niños formaban parte del espectáculo por lo que nos abrí camino hacia ellos. La gente a nuestro alrededor mascullaba cosas al vernos pasar entre ellos pero ninguno trataba de frenarnos.

─ ¡Lucy…, por acá!─el grito de la maestra Fill resonó por todo el lugar y agitando los brazos nos ir hacia donde ella estaba, las personas al ver que Lucy era llamada por la maestra nos dejaron pasar con facilidad.

Cuando por fin pudimos pasar la masa humana, nos encontramos en la parte delantera del escenario. En la parte delantera había un grupo de personas, todos ellos padres de alumnos, distinguí a varios y los salude con una pequeña sonrisa. A diferencia del grupo con el que nos topamos al inicio ellos estaban sentados tranquilamente, sin sufrir pisotones ni nada de eso.

─ ¿Y tu padre…?─pregunto la maestra hablando a Lucy pero mirándome a mí.

─Está buscando donde estacionarse ─respondí─ nos levantamos un poco tarde y bueno… este evento es muy concurrido, demasiados vehículos para el estacionamiento de la escuela.

La maestra sonrió al tiempo que se acomodaba las gafas de marco marrón sobre la nariz.

─Por ubicación dentro del evento no tienen que preocuparse─ dijo con tono agradable─ Estos tres asientos son para ustedes, Lucy nos informo que no solo vendría su padre, sino su hermano y su… mamá.─ La última palabra la dijo titubeando un poco y dándome un gesto de disculpa. Yo negué con la cabeza restándole importancia. Lucy estaba pendiente de mi reacción al ser llamada su madre, lo que menos quería era dañarla con algún comentario imprudente─ Pues bien, ahora me llevo a esta señorita─ añadió posando sus manos pálidas sobre los hombros de Lucy─ Espero que el Señor Cullen sobreviva al estacionamiento y pueda disfrutar del espectáculo, no es porque yo lo organice pero… es un espectáculo maravilloso.

Lucy se despidió de nosotros moviendo su mano, Seth y yo nos sentamos en nuestros lugares. Estábamos en primera fila, fantástico. Ahora lo único que faltaba era que Edward lograse entrar.

─ Seth, párate en la silla y busca a Edward. Dudo que nos logré ubicar si estamos sentados acá delante─

Mi hijo hizo lo que le pedí y se paro sobre la silla, lo vi agitar sus brazos hacia la nada, sin respuesta.

─No lo veo… ─murmuro─ Tal vez todavía no encuentra estacionamiento.

─Está bien, bájate… luego vuelves a subir…

Seth se bajo y se sentó a mi lado. Sus pequeños brazos se engancharon a los míos y sentí su cabeza apoyarse contra mi hombro.

─ ¿Tienes frio…?─pregunte rodeándolo con mis brazos. Él asintió apegándose más a mí. Me regañe por no haber precavido esto y no abrigarlo más, con todo el apuro Seth apenas traía puesta una chaqueta, mi pobre demonio…

Desenvolví mi bufanda purpura de mi cuello y lo envolví alrededor del suyo, se veía bastante cómico envuelto en ella. De partida porque le quedaba bastante grande y apenas se veían sus ojos y segundo porque el purpura lo hacía ver como una berenjena madura. Seth ajeno a todo eso simplemente agradeció la nueva fuente de calor y volvió a apegarse a mí.

Durante los siguientes minutos las personas comenzaron a ubicarse, y por encima del escenario transitaron algunas personas que acomodaban una serie de micrófonos y cables, y luego finalmente se encendió el micrófono y se subió al escenario la directora de la escuela para dar inicio al acto de navidad…

Mientras la directora hablaba y agradecía a todas las personas que habían cooperado con el proyecto yo buscaba a Edward con la mirada, Seth no podía pararse en la silla, lo más seguro es que nos ganáramos un buen regaño si lo hacía, y tampoco podíamos gritar como lo había hecho la maestra de Lucy… simplemente nos quedaba esperar a que Edward nos encontrase.

Cuando la directora dio inicio al primer acto realizado por los niños del kínder, me volví más inquieta y moví mi cabeza de un lado a otro buscando a Edward. Fue ahí cuando lo vi, él también me había visto y caminaba hacia nosotros. Di un suspiro de alivio y fije mi mirada en los pequeños niños que comenzaban a llenar el escenario. Edward se sentó a mi lado, apenas y le di un pequeño vistazo, pero esos pequeños segundos fueron suficientes para notar que algo iba mal.

El espectáculo comenzó, y no pude preguntar nada.

Los minutos pasaron y los diferentes números pasaron frente a nosotros ganándose las ovaciones del público. Cuando ya había trascurrido quince minutos, la maestra Fill apareció vistiendo un divertido color rojo, una imitación femenina de Santa Claus, y habló diciendo que se llevaría a cabo una pequeña pausa para acomodar el escenario a los demás números. Luego las personas comenzaron a hablar, fue allí cuando vi la ocasión para hablar con Edward.

─ ¿Qué ocurre?─pregunte.

Él no me miró, mantuvo su mirada fija en el escenario. Su mandíbula estaba apretada y tenía los puños cerrados, como si estuviese conteniendo un ataque de furia. Trate de llamar su atención, lo llamé, pero él no me miro.

─ ¡Edward!─grité.

Vi a unas cuantas personas volverse hacia nosotros, pero los ignore. Edward finalmente me miró, y sus ojos reflejaron todo lo que me temía; miedo, rabia, incertidumbre.

─ ¿Vas a decirme que ocurrió para que te pusieras así…?

Edward tironeo sus cabellos y luego suspiro con fuerza.

─Ángela…

El nombre de su ex esposa reboto en mi cabeza como un eco vacio, ¿Qué tenía que ver Ángela en esto? Traté de despejar mi mente esperando el resto de la explicación. Pero Edward no agrego nada más, simplemente se limito a apretar los puños y a bufar por lo bajo.

─Si crees que puedo leer tu mente estás muy equivocado.

La maestra Fill apareció nuevamente en el escenario interrumpiendo mi monologo. Bufé por lo bajo y trate de centrar mi atención en el escenario, pero no podía. La actitud arisca de Edward me enfermaba, todo había estado perfecto hasta esta mañana, y no podía explicar su cambio de actitud.

Y ahora… Lucy Cullen nos deleitara con una hermosa pieza… compuesta por su padre, el doctor Edward Cullen.

Lucy…

Miré el escenario, recién allí noté el piano de cola oscuro que adornaba el escenario. Ella tocaría…, pero no solo eso. Ella tocaría una pieza compuesta por Edward. Yo sabía que Edward componía, durante nuestro "noviazgo" él me había enseñado un par de melodías que él había compuesto… y también creó una melodía para mí…

Recordé esa nana que él me obsequio para mi cumpleaños, cuando la toco en mi viejo teclado apenas y podía contener las lágrimas, aquella melodía era mucho más de lo que cualquier persona me había dado.

Lucy apareció en el escenario.

No traía puesta la ropa con la que llego al espectáculo. Ella vestía un vestido color verde esmeralda que resaltaba su cabello rojizo, le habían peinado su cabello en una larga trenza que partía en la zona alta de su cabeza y terminaba atada en un hermoso listón plateado. A medida que avanzaba al escenario pude ver los rasgos de Edward en ella, ese caminar elegante y despreocupado, con tanta seguridad que dejaba a los demás niños reducidos a nada. A pesar de las bajas temperaturas ella no parecía tener frio. La vi sentarse frente al piano, sonreír al ver las teclas como si estuviese frente a una obra de arte.

Mis ojos se humedecieron.

Lucy era tan hermosa y angelical, lucía tal y como yo esperaba que luciera mi hija. La miré a través de las lágrimas, vi como su pequeño rostro esbozaba una sonrisa a la vez que se giraba para mirarnos. Sus labios pronunciaron una pequeña frase, una pequeña frase llena de significados.

"Te quiero"

Su mirada esmeralda igual a la de Edward estaba clavada en la mía. Verde y chocolate fusionándose al mismo tiempo. La mano de Edward se poso sobre la mía, y a pesar de que aún estaba molesta con él, no evite su caricia. Luego Lucy volvió su atención al piano, sus dedos comenzaron a acariciar el instrumento como si fuese un dios.

Y escuché la melodía.

Y mi corazón se acelero…

Las lágrimas cayeron por mis mejillas mientras mi nana era tocada por Lucy. A mi alrededor las personas jadeaban maravillados por el talento de Lucy, Edward intensifico su agarre lo escuché murmurar algo… pero no pude distinguir qué. Mis oídos estaban fijados en Lucy y en sus manos, en como reproducía la melodía que durante tantos años permaneció en el lado prohibido de mis recuerdos. Pero que ahora, en vez de traerme dolor… trajo gozo, porque la melodía significaba el amor que Edward sentía por mí, pero ahora… también significa lo mucho que Lucy me quiere…

Y el afecto es reciproco.

Las últimas notas nadaron por el aire… hasta que finalmente todo quedo en silencio.

Una ola de aplausos resonó por todo el lugar, de inmediato nos pusimos de pie y aplaudimos. Lucy se puso de pie e hizo una elegante reverencia, sus mejillas estaban sonrosadas y una enorme sonrisa adornaba su rostro. La maestra Fill apareció en el escenario aplaudiendo felizmente, en sus manos traía un ramo de rosas blancas y un micrófono. Se inclino hacia Lucy y le tendió el ramo de flores, ella las recibió con alegría hundiendo su rostro en el ramo, la maestra Fill tomo el micrófono y hablo:

─Estamos realmente agradecidos de poder contar con el talento de Lucy, es una verdadera joya para nuestra escuela. Y felicitaciones a los padres─ dijo mirándonos a nosotros. No pude más que sonreír en agradecimiento, algo arriesgado por mi parte pero era lo que realmente sentía.─ Ahora los dejaremos con un grupo de tercer grado…

Y eso fue todo lo que escuché.

Lucy bajo del escenario y corrió hacia nosotros. Seth fue el primero en recibirla con besos y abrazos, luego fue Edward, él aun estaba distante pero pudo guardar sus emociones y felicitar a Lucy, hasta que finalmente quede yo.

Lucy parecía nerviosa, sus mejillas estaban rojísimas y bajaba la mirada cada dos segundos.

Mi corazón palpito con fuerza. No sabía que decir, ni cómo reaccionar. Ver a Lucy tocar mi nana… removió mis entrañas. Y ella estaba asustada, no sé con exactitud que parte de mi historia con Edward conoce Lucy… pero ella sabe que esa melodía no es cualquier melodía, por eso decidió tocarla.

─Estuviste fabulosa ─dije limpiándome las lagrimas que habían quedado en mis ojos. Ella arrugo los ojos avergonzada─ Y esa melodía… yo… me gusto que la hayas escogido─

Ella me miró y a través de sus ojos vi que ella quería decir muchas cosas pero no se atrevía. Yo tampoco me atrevía. El miedo de que toda mi felicidad fuese un sueño siempre estaba presente y me bloqueaba, me obligaba a permanecer callada. Por eso no hice más que rodearla con mis brazos y apretarla contra mi pecho, demostrarle con caricias lo que no podía decir en voz alta. Su pequeño cuerpo se apretó contra a mí y sentí sus bracitos enredarse en mi cintura, y luego, sin previo aviso ella musito las palabras más hermosas que había escuchado…

Feliz navidad… mamá.


¡Buenas! Ha pasado un buuuuuen tiempo, lamentablemente. Y la verdad es que la mayor parte por esta vez no fue mi culpa. Hay una institución que está en contra mi desarrollo como autora; escuela. Me costó sacar el capitulo, y lo re escribí un par de veces… pero aquí está, el otro ya va a mitad de camino por lo que pretendo subir el próximo domingo… si es que la pagina me deja subir. Ayer intente subir el capitulo y no me dejo .

Para las que leen Inevitable… dejaré algo por ahí :3

Gracias a todas las chicas que comentaron el capitulo pasado; Milita Cullen, CaroBereCullen, Fermeyer, Isela Cullen, CataGomez, Tulipan8, Naddia-of-pattz, SerenetySey.