Disclaimer: Todos los personajes y escenarios pertenecen a J.K. Rowling.

Enjoy.


Los días se hacían largos, así que el tiempo le rindió para realizar todos los deberes que le quedaban pendientes esa semana. Esa mañana, no tendría clases, así que al salir de la ducha, se echó en el sillón, encendió el televisor y sintonizó Doctor House, que aunque llevaba meses de haber terminado, podía ver cada capítulo sin aburrirse.

Encendió el portátil y esperó breves momentos para que se iniciara. Al ingresar su contraseña se dio cuenta de la millonada de mensajes recibidos de Ginny, Harry y por último, un breve mensaje de Ronald.

Tengo mucho tiempo sin saber de ti, estoy bien, espero tú igual. Me gustaría verte pronto.

Besos, Ron.

Después de leerlo varias veces, lo leyó en voz alta para que Sally escuchara esta vez. Con amargura y cinismo mezclados en sus palabras. Volvió a reírse, con una carcajada un poco falsa y borró el mensaje de su bandeja de entrada.

Contestó los mensajes de Ginny y de Harry y luego decidió irse directo al café, sin almorzar. Quería hacer algo de tiempo para pasar por el centro comercial antes de regresar al departamento. Tenía algo de miedo de que el rubio se apareciera de nuevo en el lugar. Pero esa tarde, el muchacho no asistió, ni a la misma hora ni más tarde.

Aliviada, salió del establecimiento mucho más temprano, se colocó su abrigo y tomó un taxi hasta el centro comercial más cercano. Entró en varias tiendas diferentes pero nada le gustaba, tenía doscientas libras para comprarse un buen outfit para su tan esperada cita.

¿Tan esperada?, pensó. Estaba dudando, pero ya no podía echarse para atrás sin verse como una tonta.

Terminó por entrar en una tienda de ropa española y comprar un par de jeans y una blusa azul marino de botones y mangas largas. Compró comida rápida para llevar y se subió a otro taxi de regreso a su dormitorio. Estaba exhausta, pero aún así, engulló la hamburguesa y las papas, se quitó la ropa y se metió a la cama, con un jersey muy grande que tenía de Ronald.

Se despertó un poco desorientada el sábado por la mañana. Tomó una ducha y se colocó ropa deportiva, bajó por el ascensor mientras desenredaba sus audífonos y al salir, colocó un poco de dubstep para energizarse. Trotó varias manzanas y luego paró a comprar desayuno en un café lejano a su dormitorio, totalmente distinto al establecimiento del que era empleada. Más pintoresco, uniformes casuales y la calidad de los alimentos era superior.

Se carcajeó por lo bajo y al terminar su desayuno regresó caminando a casa.

Encendió el computador, adelantó dos deberes más, pero pronto se quedaba sin hacer nada. Estaba nerviosa, agitada, emocionada. No podía con sus propias emociones, el corazón le latía rápido, se olvidaba de respirar.

Sally solo se burlaba de ella.

-¿Nunca has tenido una cita con un chico guapo, Hermione?- preguntó entre risitas risueñas. Hermione la fulminó con la mirada y luego respondió:

-Mi ex, fue primero uno de mis mejores amigos, ya estaba acostumbrada a verlo siempre, a dormir en los mismos dormitorios, a comer en la misma mesa y cosas de ese estilo…- respiró profundo –Pero nunca me sentí así de nerviosa-

-De seguro tu ex no tiene sex appeal, a veces influye… Deberías mostrarme una foto- dijo ella. Hermione la observó pensando, no podía de ninguna manera sacar su millón de fotos mágicas en su álbum de recuerdos. Podría darle un infarto a la pobre muchacha. Así que revisó en su computadora, una foto en la que salían juntos, los tres, en pascuas.

-Venga que es grandote- dijo Sally sorprendida. Hermione rió un poquito –Se rumorea que los pelirrojos no tienen alma, buuuuuuuu- dijo ella riendo, mientras hacía ademán de fantasma.

Hermione sonrió inconscientemente y luego le dijo:

-Éramos el trío dorado, Harry, Ronald y yo- mencionó nostálgica.

-¿Orgías?- preguntó bromeando, Hermione soltó una audible carcajada.

-Tienes una mente un poco sucia- mencionó cuando consiguió calmar un poco su risa, Sally tenía muy buen sentido del humor.

-Discúlpeme, oh, hermana Hermione. Siento haberla ofendido- dijo riendo también.

El tiempo se le pasó así, riendo, sentada con Sally en la cocina. Le mostró mil y un imágenes, de sus amigos, de su familia.

Se duchó a eso de las cuatro de la tarde, a petición de Sally. Quien quería alisarle el cabello para que se viese un poco distinta.

Se vistió, con los jeans y la camisa azul marino a la cual le dobló las mangas hasta el antebrazo. Sally la obligó a colocarse unas sandalias altas, de cuero marrón claro que hacían juego con el cinturón que también Sally la obligó a usar.

Se maquilló muy sencilla hasta que se dio cuenta de que le hacía falta un poco de delineador negro a su mirada y un poco más de fucsia a sus labios. Su perfume de durazno, refrescante toco su piel y la impregnó de ese tierno aroma que le daba tranquilidad.

Hermione se paró en seco antes de salir por la puerta del departamento.

¿Qué estás haciendo, Hermione? Es Draco Malfoy, tu peor enemigo... pensó.

-No te vas a arrepentir ahora, ¿o sí?- preguntó su amiga, cruzada de brazos delante de ella.

-No lo sé, Sally…- susurró ella, cabizbaja.

-No tengas miedo, capaz sea divertido. Sólo mantén el móvil encendido y llámame si algo extraño sucede. Iré por ti en mi camioneta- susurró Sally, sus cabellos lisos color marrón caían por su espalda hasta la cadera, y sus ojos verdes la miraban seriamente, reconfortándola.

Hermione asintió y la abrazó. La morena, pecosa, le dio una palmada divertida en el trasero antes de que la castaña, con el cabello pulcramente alisado, saliera por la puerta principal. Bajó con calma pero cierto nerviosismo en el ascensor, revisando alertas en su iphone, colocó a Sally en el marcado rápido y una alerta de mensaje sonó en ese instante.

¿Estás lista?- La chica tembló al leerlo. Pero antes de poder siquiera pensar en qué contestarle, comenzó a sonar el menester escandalosamente.

¿Aló?- dijo ella con voz temblorosa, el identificador de llamadas decía nada más y nada menos que Draco Malfoy.

Ma…Malfoy, estaba por responderte el mensaje de texto- tartamudeó ella, tragó saliva y espero escuchar lo que tenía para decir.

Dame tu dirección y te busco en el auto, que tortura caminar hasta el café. Mala idea, Draco- se regañó a sí mismo, y tragó saliva también, estaba tan nervioso como ella.

Edificio B del campus, estoy justo en la entrada- dijo ella, mirando hacia ambos lados. Se esperaba un auto antiguo y negro, lúgubre como él.

Voy para allá, dame cinco minutos- dijo el rubio para luego colgar la llamada. La castaña, cada vez más nerviosa.

Un lujoso BMW con vidrios oscuros se detuvo delante de ella, color plata. Encerado y brillante. Podía verse perfectamente en el reflejo. La noche comenzaba a hacerse ver y el frío aumentaba. El rubio bajó el vidrio rápidamente porque la castaña dudosa no se había acercado al automóvil.

-Venga, Granger. ¡Sube!- exclamó. La castaña con mucho cuidado de no caer gracias a los tacos altos que llevaba puestos, abrió la puerta del automóvil y se sentó en el puesto de copiloto. Malfoy la observó de arriba abajo y le sonrió. Estaba vestido con un pantalón negro casual y una camisa abotonada cual la de ella, color verde esmeralda.

El auto tenía la calefacción encendida y la chica se sintió un poco más tranquila, pero ya no podía fingir que temblaba de frio. Se abrochó el cinturón de seguridad y tensa intentaba mirar siempre hacia al frente.

-No te voy a comer, Granger- dijo Malfoy tranquilo. Ella lo observó tornando los ojos.

-Lo sé- dijo ella, cruzándose de brazos.

-Si te molesta tanto, bájate- dijo y bajó la velocidad, ella reaccionó de inmediato.

-¡NOOO!- exclamó. El rubio se llevó un susto –Perdóname- dijo ella apenada, sonrojada hasta las orejas.

-Entonces elije: mexicano, italiano, inglés, americano, brasilero, japonés, chino… ¿Cuál prefieres?- preguntó él, ella lo pensó un momento.

-Sushi estaría bien- murmuró ella. El rubio asintió con seriedad y subió el volumen al estéreo.

Sonaba Life in Color de One Republic, una que Hermione sabía al derecho y al revés. Comenzó a cantarla sin miedo, y el rubio la miraba por el rabillo del ojo. Demasiado entretenido, cambiaba las velocidades en su auto manual.

No quería aceptarlo, pero la castaña había cambiado muchísimo. Estaba hecha una mujer, linda y sobre todo sensual a su manera. Se vestía de manera sencilla y sabía llamar la atención. Aunque no tenía muchos pechos ni gran trasero, sus caderas estaban bien para su peso y tampoco le hacían tanta falta.

Parqueó el automóvil muy cerca del local y en un santiamén ya estaban sentados en el interior. El lugar era demasiado exclusivo y oscuro, Hermione nunca había estado de ese lado de la ciudad. Lo observó mientras leía la carta y cuando el camarero preguntó por su orden, decidió ir por lo seguro y ordenar un platillo de rolls tempurizados. El rubio pidió dos daiquiris de frutas para comenzar la velada. La castaña tenía muchísimo tiempo sin beber un trago, menos con aquel nivel de azúcar.

Ella lo miró directamente a los ojos. Su mirada fría taladraba por dentro la quietud de la castaña.

-¿Cuándo pretendes explicarme?- alcanzó a decir ella. Arqueó una ceja cuando el camarero ya había traído sus tragos.

-¿Explicarte qué exactamente?- preguntó el rubio, con una expresión inocentemente endiablada.

-Tú, Londres muggle, Kings Institute- dijo ella, tomando un sorbo de la bebida, color rojo fresa.

-Estudio primer semestre de Negocios y Economía- mencionó él, moviendo con la mano derecha la pajilla dentro de vaso, con parsimonia. –Mi padre en Azkabán, no quisieron aceptarme en ningún instituto mágico debido a ello. En cambio aquí, la secretaria del decano me dio el cupo en cuanto me vio por primera vez- esta vez hizo gesto de fastidio.

-Qué casualidad que justo entraras al mismo que yo, ¿no?- murmuró ella, rascándose un poco la barbilla. El rubio sonrió.

-No superaré haberte encontrado en ese café- dijo para sí esta vez, demasiado alto para su gusto.

-¿Decías?- preguntó ella sacándolo de su ensimismamiento. El rubio dio un espasmo.

-Nada- dijo rápidamente, volteando la mirada. Sonrojado. –Ahora tú-

-No quise asistir a ningún instituto mágico-

-¿Cómo?, ¡si todos aclamaban a gritos a la mejor bruja del siglo!- exclamó él, contrariado. Ella con calma lo observó, intentando analizar sus movimientos, y al rato contestó:

-Pues yo aclamaba mi vida normal, aunque por ello perdí a mi novio y algunos amigos- bajó la mirada, entristecida.

-Esos idiotas nunca valoraron tu potencial- murmuró, ella sonrió, su rostro tomó un color rosa atractivo.

-Cómo has cambiado-murmuró ella esta vez para sí. Error, pensó en voz alta.

-¿Ah?- preguntó él.

-Decía que has cambiado un montón-

-Sí, ¿madurez tal vez?- sus ojos se tornaron un poco menos fríos.

Llegaron ambos platillos y el rubio ordenó dos daiquirís más. Tomaron los palillos y comenzaron a engullir la exquisitez de comida que habían ordenado.

-Te has comprado algo con mis propinas, ¿eh?- dijo riendo el muchacho, Hermione miró su propia blusa y luego volvió la mirada hacia él.

-Algunas cosas. Pues me gané eso con mi buen servicio- dijo ella, tomando otro roll con los palillos.

-Te he dejado ese dinero para que aceptaras venir, te come la culpa-

BINGO, tenía razón.

-Solo he venido por eso y porque Sally me ha obligado- dijo ella, algo irritada.

-Y Sally también te ha obligado a alistarte, a alisarte el cabello y a colocarte ese brassier rojo de encaje que sobresale de tu blusa, ¿no?- preguntó arqueando una ceja.

La castaña de inmediato se arregló la blusa y lo fundió con la mirada para después reírse de sí misma.

-Calla y come, Malfoy- dijo ella –Tan sólo tenía curiosidad-

Los ojos del rubio brillaron cual diamantes.

-¿De mí?- preguntó, se llevó la pajilla del trago a la boca y tomó un sorbo –Obvio, soy un Malfoy-

-Allí está de nuevo el Draco Malfoy de Hogwarts- susurró –Aunque sí me tenía contrariada tu aparición en el Kings-

-Tengo apenas tres meses aquí- le aclaró.

Ella lo observó, el alcohol empezaba a hacer efecto sobre ella, pues se veía dos veces más atractivo.

-Es extraño que no nos hayamos visto nunca si estudiamos el mismo semestre- dijo ella –Tenemos el mismo tiempo acá-

-Si te había visto. Bueno… creía que eras tú pero me daba vergüenza acercarme- murmuró apenado.

Ella sonrió.

-Entonces esa aparición en el café… ¿Qué fue?- preguntó curiosa.

-Una prueba…-

-¡ESTUVISTE SIGUIENDOME!- exclamó, sentía como el alcohol se le estaba yendo a la cabeza.

-Algo así, baja la voz…- dijo sonrojado de la vergüenza el muchacho.

-Sigue comiendo, muero por ir a bailar- dijo ella llevándose otro roll a la boca y un poco de bebida.

-¿Qué? ¿Estás loca?- preguntó el muchacho, con los ojos abiertos como dos huevos fritos.

-No seas aburrido, ¡Vamos a bailar! ¡He dicho!- sentenció. Malfoy pidió la cuenta cuando observó a la chica terminar plato. El camarero les ofreció postre pero la castaña estaba muy agitada y simplemente se levantó del asiento y salió del local tratando de no perder el equilibrio.

Encendió el automóvil y se dirijo a su Pub favorito más cercano al campus. La música retumbaba fuera del local y la castaña había comenzado a bailar sola en la entrada hasta que el portero vio a Malfoy y al reconocerlo los dejó pasar rápidamente.

El ambiente era bastante bueno, a ese lugar iba gente joven sumamente poderosa, y hablo del dinero. La castaña seguía bailando sin parar, arrastrando al rubio hasta la pista de baile.

Al rato, Malfoy la jaló hasta la barra y pidió dos cervezas, le entregó una y tomó la suya con cautela. Tenía que regresar a Hermione sana y salva a su departamento y también volver al suyo propio.

La castaña bebió la botella en dos sorbos. El muchacho sorprendido la miró con la boca abierta. Ella lo tomó por la camisa y lo llevó de vuelta a la pista.

Canción tras canción. Otra cerveza para la castaña, se fue pasando el tiempo. Hasta que dieron las tres de la mañana. No había faltado tiempo para que Hermione se pusiera erótica y sensual.

En medio del barullo, el rubio encendió la luz de su reloj. Eran pasadas las tres de la mañana y el rubio, en plan del chico responsable, tomó por el brazo a la castaña ejerciendo cierta fuerza y la sacó de la pista, en dirección a la entrada. La chica, caminando con dificultad, no se resistió mucho.

La subió al automóvil y le colocó el cinturón de seguridad. La muchacha se acurrucó en el asiento, en posición fetal. Con los ojos cerrados cantaba a todo pulmón la música que sonaba en el estéreo. Malfoy lo apagó, sentía que la cabeza le daba vueltas. Era demasiado peligroso conducir así.

Aparcó ligeramente en la entrada del edificio donde Hermione vivía. La chica se rehusó a abandonar el asiento del automóvil.

-Vamos a tu dormitorio- murmuró, con los ojos cerrados, entre hipidos audibles.

El rubio que no estaba del todo en sus cabales, aceleró a chorro y se dirijo a su puesto del estacionamiento frente a su edificio. Le quitó los zapatos a la chica y los cargó hasta llegar a su departamento. Llamó al ascensor oprimiendo el botón, se adentró arrastrando a la chica que apenas podía caminar e introdujo la llave en la ranura del pent-house.

Encendió la luz tenue de la entrada y la graduó para que no les molestara en los ojos. Dejó a la chica en el sillón mientras ordenaba un poco su dormitorio para poder acostarla ahí y de una sola vez, sacó una cobija y una almohada para dormir en el sillón.

Cuando regresó a la sala, la chica se había despojado de sus pantalones y se encontraba desabotonando su camisa. El rubio se acercó de inmediato e intentó detenerla pero la castaña se abalanzó sobre él y se amarró a su cuerpo cual chimpancé.

-Vamos a tu cama- susurró en el oído del muchacho. Obedeció la orden cual perrito entrenado y la llevó directamente a su cama. King size, el colchón era suave y tenía buen soporte.

Con delicadeza la soltó y antes de que pudiese parpadear ya la castaña había juntado sus labios con los propios. Fundiéndose en un beso apasionado y dulce. El muchacho se apoyó a horcadas sobre ella y la castaña simplemente acariciaba sus cabellos con sumo cuidado.

Con rudeza el muchacho consiguió levantarla completamente para conseguir tenerla sobre él, acarició su cuerpo lentamente y con suavidad, como si estuviese hecha de porcelana y ¿lo demás?, es historia.