Disclaimer: Todos los personajes y escenarios pertenecen a J.K. Rowling.

Enjoy.


El reloj marcaba las diez en punto. La lluvia tormentosa resonaba afuera de las cortinas color verde oliva. El rubio estaba despierto, aunque sus ojos estaban cerrados. No se movía ni un centímetro ya que la castaña estaba dormida con su torso sobre el propio.

Por su lado, la castaña se negaba a despertar, se encontraba curiosamente cómoda sobre una almohada que ni siquiera era suave. Decidió moverse de una buena vez cuando el sonido de la lluvia comenzó a ser molesto. Se movió con brusquedad y se sentó de espaldas al rubio. Aun un poco aletargada. Comenzó a sentir frío y cuando se llevó una mano a la panza para rascarse un poco, comprendió que estaba totalmente desnuda.

Sorprendida observó alrededor. La habitación con paredes grises, las sabanas negras, las cortinas verdes, la cama King Size. No era su dormitorio, no era su departamento. Cerró los ojos y comenzó a hiperventilar. No quería voltear a ver a su compañero de sueño. Ya había atado todos los cabos sueltos.

Profirió un grito. Se levantó con brusquedad y se limpió la mejilla llena de su propia saliva.

-¡¿Qué?!- exclamó él, con amargura. Ella se cubrió con una mano los ojos y con la otra ambos senos.

-¿Qué hago yo aquí?- preguntó, como quien no quiere respuestas.

-No es difícil de deducir, querida- dijo risueño. Le encantaba mantener a la chica en ese estado de nerviosismo.

-¿Tú… y yo? Oh Merlín, ¿Qué hice?- La chica balbuceaba cosas sin sentido, trataba de encontrar la calma.

-Tranquila, no estaba tan ebrio como para embarazarte- dijo el rubio entre risas. La chica hizo una expresión de sorpresa más grande aún.

-¡Te aprovechaste de mí!- gritó, alejándose de la cama mientras se ponía de pie y jalando el cobertor para cubrirse el desnudo cuerpo. Encontrándose con la desnudez del muchacho. –Por Merlín, ¡CÚBRETE!-

-Eso no era lo que decías anoche- le dijo, sonriendo de medio lado, completamente contento de esa situación. Se levantó y se colocó sus bóxers y volvió a acostarse en su cama.

-¿Cómo terminé aquí?- murmuró la chica para sí, caminando de un lado a otro buscando su brassier. Ya se había logrado colocar las panties. El rubio se carcajeó mientras se deleitaba con las curvas de la castaña. Su piel blanca y pecosa le encantaba.

-Comiste afrodisíacos, bebiste en exceso y no quisiste quedarte en tu departamento- dijo él, llevándose la mano derecha al cabello.

-¿Mencioné a Ronald en algún momento?- preguntó ella, su preocupación podía notarse a leguas.

-No, solo cuando estábamos en el restaurante, estabas sobria- sonrió- Cuando llegamos acá, solo aclamabas mi nombre y que soy excelente compañero sexual- ella se sonrojó inmediatamente.

-Calla, Malfoy… Fue el momento de seguro- mencionó llevándose una mano a la sien –El alcohol siempre me afecta así-

-Ohh, mierda. Discúlpame. No quería hacerte daño… Perdón por eso- dijo él, señalándole en el cuello propio el lugar. La chica retrocedió unos pasos y se miró en el espejo. Tenía un hickey del color de las ciruelas. Grande y pronunciado.

-¡MALFOY!- exclamó molesta. Puso sus dedos sobre el moretón y le dolió.

-Momento de debilidad…- se sonrojó él- No sabía que te gustaba el sexo en la primera cita o que tenías un tatuaje en la espalda baja-

-Es que además de abusador, te crees muy gracioso, ¿cierto?- dijo ella haciendo una mueca.

-Aun no entiendo por qué una pluma de pavo real, ¿no es un poco hipster?- preguntó con una ceja levantada. La castaña tornó sus ojos. Terminó, en ropa interior, de recoger sus cosas y las puso junto a la puerta principal. Malfoy la persiguió por el pasillo.

-No es tu problema- contestó con amargura.

-Vamos Granger, si vas a ser mi sexo casual, tienes que decirme tus más profundos secretos- murmuró de forma audible, la chica profirió un suspiro que resonó en la habitación.

-¿Y quién dice que seré tu sexo casual?- preguntó con una ceja arqueada. El rubio la miró de arriba abajo con ojos lujuriosos.

-Tu cuerpo, ya estabas falta- mencionó. La chica bufó y le dio una bofetada. La marca de los cinco dedos delgados de la muchacha quedó en la mejilla del rubio, quien se llevó la mano al lugar para intentar calmar el ardor.

-Déjame en paz, Malfoy- dijo ella, caminando hacia la entrada, aún en ropa interior. Se desvió a la cocina y encendió la cafetera, sin esperar a que el rubio le diera permiso.

-Me sorprende que no fueses virgen- contestó el rubio, intentando lastimarla.

-Ronald lo tiene más grande- dijo ella. BUM, directo al orgullo del rubio. Ella solo quería que él se tragara sus palabras –Tengo 18, no soy una niñita-

-No digo lo contrario- dijo él, frunciendo el ceño. Aguantando una carcajada.

-Tengo que irme- sentenció, comenzó a ponerse sus jeans y el rubio la detuvo.

-Afuera llueve y hoy no tienes nada pendiente en la agenda. No hay nadie que te extrañe, además le darás tiempo a Sally de pasar tiempo de calidad con su novio- dijo él. Estaba siendo demasiado amable, Hermione no sabía que pensar. –Puedes usar mi laptop o el teléfono celular-

¿Se sentiría muy solo? ¿No soportaba estarlo? No refutó en ningún momento, habiendo pasado la noche ahí, un rato más no significaría nada. El rubio le pasó un jersey bastante grueso y grande, conseguía cubrirle hasta debajo del trasero. Se sentó en el sillón y el rubio le trajo el café que había preparado ella. Después, y aún en silencio, abrió el estante del baño y le entrego a la muchacha un frasquito con un contenido verde bastante grotesco.

-Para el hickey, lo quita instantáneamente- dijo. Ella lo destapó enseguida y se asomó en el espejo, se untó una buena cantidad y esperó a que el efecto surgiera. Como había dicho el rubio, el hickey desapareció en cuanto el engrudo se absorbió por su piel.

-Gracias- dijo ella de manera completamente audible. El rubio le sonrió y le guiñó un ojo. La castaña tornó sus ojos y abrió el computador portátil del muchacho.

Él, se quedó de pie observándola, con cierta curiosidad. Ella no se percató de ello hasta que su mirada se volvió pesada y molesta, lo miró y soltó una carcajada.

-Pareces una cacatúa-

El rubio se acercó al espejo más cercano y rió por lo bajo.

-Es tu culpa- mencionó el muchacho, observándola de manera insinuante.

-¿Culpa mía?- pausó, se llevó una mano a la frente, tornándose de mil colores –Mejor ni respondas-

El muchacho rió por lo bajo. Tomó ambas tazas vacías y las llevó a la cocina, con un caminar pausado. Tenía por dentro un regocijo que la castaña nunca podría imaginarse.

Regresó con un par de toallas negras en sus manos, y las colocó en el sillón. Apagó la televisión y volvió a dirigirse a la muchacha.

-¿Quieres ducharte? Tengo champú y acondicionador, jabón líquido, baño de burbujas, sales minerales. Lo que quieras lo puedes encontrar en el baño de la habitación principal- dijo, su tono de voz era demasiado dulce, a la castaña le generaba cada vez más curiosidad.

-No tengo ropa para cambiarme- dijo ella, señalando su ropa sucia que estaba dentro de su bolso.

-Ven conmigo- dijo el rubio, le tomo por la mano y la dirijo hasta el cuarto de limpieza.

Soltó su mano y abrió el largo escaparate de madera, tallado con serpientes de cascabel y de madera oscura. La muchacha observó un total de sesenta piezas distintas de ropa femenina, incluyendo ropa interior. Sorprendentemente muchas de ellas, eran de su talla, así que la chica tenía de donde escoger.

-Malfoy… Esto…- murmuró ella –Sí que te acuestas con chicas aquí-

Él bufó, podía acostarse con mil pero aún así, no representaban la compañía que estaba buscando. La vida del rubio se había quedado a oscuras en el momento en que su madre había fallecido en el sufrimiento de su enfermedad. Muy pocas veces visitaba a su padre y sus amigos de Slytherin le habían dado la espalda luego de de la caída del Señor Tenebroso.

Suspiró.

-Bah, son solo cosas de una noche- pausó, pesimista –Yo busco algo más que eso-

-¿Cómo qué? ¿Algo de un fin de semana? ¿Algo de verano?- dijo ella riendo a carcajadas.

-Algo sustancial- dijo él, llevándose una mano a la barbilla mientras apoyaba el hombro en la pared, junto a la chica –Es solo que olvidé cómo-

-Será porque nunca has tenido nada sustancial, Malfoy- dijo ella, mirando con intensidad al rubio a los ojos, intentando indagar en sus pensamientos. Error, con él no podía utilizar la oclumancia.

-¿Quién lo dice?- dijo él –Estuve enamorado un tiempo en segundo año, de Pansy…- pausó, se llevó una mano al cabello alborotado y salvaje –Y en tercero… De otra chica…-

-Y por eso comenzaste a tratar a Pansy de juguetito pero igual no terminabas con ella, ¿no?- preguntó ella, el rubio intentó evadir sus ojos punzantes pero no por mucho tiempo. –No te estoy reprochando nada, Malfoy. Relájate- susurró esta vez, colocándole la mano en el hombro de forma amistosa, el rubio sintió quemar.

-Lo que sucedió fue que desde tercero nunca la pude superar, no la pude tener, era inalcanzable- dijo él.

Hasta ahora, pensó el rubio.

-Cambiemos de tema, ¿te parece?- preguntó ella.

-¿Qué carrera cursas? No has querido decirme- fue lo que pudo decir el muchacho, buscando cualquier pregunta insulsa para desviar el tema.

-Leyes, obviamente- dijo ella y le sonrió. El rubio la observó por un rato, mientras se sentaba en un taburete que se encontraba cerca. Nada podía sacarlo de su ensimismamiento hasta que la castaña soltó un grito de alegría –¡ESTO!-

Sacó un vestido corto de color beige con diseño de rosas pequeñas color rosa. Un blazer azul marino liso y decidió ponerse sus ballerinas de la noche anterior. Observó con recelo el cajón que tenía la ropa interior así que prefirió meter la suya en la bañera y después secarla con el secador de pelo.

El baño era espacioso, con piedra oscura en las paredes, jacuzzi, ducha con puertas de vidrio y un escaparate de caoba. Era el baño más espacioso que había visto nunca y observaba todo de manera curiosa. Abrió con mucha delicadeza el escaparate y sacó de él, abusando de la confianza del rubio, sales y jabones espumosos para prender el jacuzzi y disfrutar de un largo baño. Mientras que fuera de esa puerta, se encontraba el rubio escogiendo algo casual qué vestir para no verse como un payaso junto a ella.

Tomó un duchazo en el baño auxiliar del departamento y se vistió con un par de jeans y una camisa de vestir color ciruela, abotonada excepto los dos primeros botones y arremangada en los codos. Vistió sus tennis de cuero tipo vans y se bañó en fragancia varonil. Su barba del día siguiente se veía extremadamente sensual, o eso había pensado la castaña minutos antes de entrar al jacuzzi.

La castaña, después de lo que parecieron horas, salió del baño con un caminar extrañamente relajado, tomó su bolso y observó al rubio. Guapo, envuelto en un aroma embriagante y bastante sonriente.

-¿Lista para ir a almorzar?- preguntó. Ella sonrió y miró sus zapatos para desviar sus mejillas sonrosadas.

-Lista- dijo ella asintiendo con la cabeza. Se acercó al espejo una última vez para chequear su maquillaje y su cabello. Todo estaba en orden.

-Venga, ya estás bien, Granger- le dijo él, poniéndole una mano en el hombro. Ardía el tacto, con una fogosidad intensa. El rubio tomó las llaves del auto y caballerosamente le abrió la puerta del departamento, haciéndole señas para que llamara al ascensor tocando el botón.

Rápidamente, las portezuelas del mismo se abrieron y dejaron al par de jóvenes entrar al elevador. La musiquita que salía de la caja de botones volvía loca de ansiedad a Hermione mientras sentía que sus manos sudaban mares. El muchacho le abrió la puerta del automóvil y le sonrió de una forma bastante tranquila. Dio vuelta y se subió. Encendió el motor, que ronroneaba de forma gustosa. Puso el auto en movimiento y en unos pocos minutos, se estacionó frente a un pequeño establecimiento de comida griega.

Pidieron una mesa dentro del lugar, pues fuera estaba helando y la muchacha traía vestido. El mantel amarillo pastel combinaba con el estado de ánimo de Malfoy, mientras que Hermione poco a poco se ponía más y más ansiosa.

-Entonces…- pausó ella- estás buscando algo sustancial-

El rubio arqueó una ceja mientras se llevaba la pajilla de la coca-cola a la boca.

-Pues sí, algo fresco, que me salga al natural. Las chicas ahora solo quieren un hombre al que puedan pisotear y sacarle dinero- tomó otro sorbo –o de esos que se creen poetas y eso…

-No es tu estilo- finalizó ella, como leyéndole el pensamiento –Quieres algo lo menos intenso posible-

-Algo así- dijo él y aclaró su garganta –Tu… ¿Qué quieres?-

-¿Yo?- preguntó ella, para luego ahogarse con el sorbo de té helado que tenía en la boca.

-Sí, tu-

- ¿Estás proponiéndome algo o me equivoco?- dijo ella y luego sonrió.

-¿Yo?... ¡No! Solo digo, tu eres mujer y…- murmuró él y volvió su mirada al plato.

-Pero qué observador- dijo ella carcajeándose.

- Pero… ¡Dime!-

-En estos momentos no lo sé- dijo ella, su semblante se tornó serio- Es complicado… Ronald y yo…-

-Él nunca valió la pena, Granger. Si no te apoyó cuando lo necesitabas es un patán…-

-No lo sé, mejor cambiemos el tema, se me va el apetito- sentenció. El rubio intento juguetear para ponerla de humor.

-Venga que estás pálida-

-En eso me llevas ventaja- dijo ella, carcajeándose ahora. BUM, había logrado lo que quería.

Bufó, observándola. Disfrutando el momento, sonriendo como un tonto. Mirándola embobado.

La chica lo sacó del trance chasqueando sus dedos y se carcajeó una vez más. El almuerzo continuó en ese plan, entre risas, abucheos y burlas. Parecían… ¿amigos? Cada vez que tenía contacto visual, la castaña rogaba a los dioses para no sonrojarse y el rubio tan solo no podía quitar esa sonrisa tonta de su rostro.

Malfoy pagó la cuenta, aunque Hermione hizo un puchero. Le compró también algodón de azúcar cuando decidieron emprender una caminata por el muelle. Había parado de llover, pero la brisa estaba demasiado fuerte. Movía sus cabellos y hacía que el aroma de ambos perfumes se mezclaran sin notarlo.

Tenían dificultades para comunicarse así que debían acortar distancias para escuchar lo que el otro decía. ¿Estaría creciendo la conexión entre ambos? La castaña se sentía abrumada a tal punto, que no podía concentrarse bien, solo pensaba en lo que había pasado la noche anterior y no recordaba.

Malfoy no era el mismo muchacho ególatra y malcriado que asistía a Hogwarts. Era alguien diferente. Así que la chica, por el momento decidió dar su brazo a torcer. Aceptar su amistad, disfrutar de su compañía. En el fondo también se sentía sola y ¿qué tan malo podría ser?