Disclaimer: Todos los personajes que en este Fan Fiction se presentan son propiedad de CLAMP. A excepción de personajes terciarios y de paso.

Segundo Cantar

Los errores que cometemos siempre bailan a nuestro alrededor y avanzan con nosotros, pero no caen.

Desesperanza

Arranca mi al alma y deshaz mis alas.
Quítame el corazón y llévatelo,
pero no me dejes solo.

I

Los días habían pasado y ni Yukito ni Touya se volvieron a ver. Cada uno en su mundo, uno olvidando y el otro cuestionando.

Las tardes frías de Noviembre se acercaban y con ellas, el inminente cambio de clima, donde la nieve adornaba los parajes y el aire helado se filtraba por puertas y ventanas, a través de las paredes enfriando el ambiente; donde las chimeneas albergaban un bailarin fuego que proporcionaba la tibiez en un hogar; donde el té y el chocolate caliente esperaban en la estufa o en la tetera eléctrica a que alguien se sirviera de ellos y tomara para calentarse, donde la época navideña alegraba los corazones.

Pero aún era Octubre.

Los vientos furiosos o apaciguados, los árboles manchando las calles de pálidos colores, las flores muriendo y los arbustos secando. Una algarabía de colores secos adornando cada esquina. Las calles llenas de gente riendo, disfrutando el Otoño, de un caluroso otoño con lluvias esporádicas dominadas por viento más que agua. Con un clima cambiante y poco predecible.

Las clases continuaban y la soledad comenzaba a llenar el corazón de Yukito. Las palabras muchas veces no sirven y darías todo por un abrazo, un simple abrazo.

El espejo cayó haciéndose añicos, con un estruendo. La habitación estaba a media luz y se podía ver la silueta de un joven tirado en el piso llorando con amargura y desesperación. Algunos cortes en sus muñecas sangraban pero al parecer no le importaba; más allá se veían estrellas producto del reflejo de la luz en los pedacitos del antiguo espejo. Afuera el clima era calido con una leve brisa que alejaba el calor sofocante; la luna comenzaba a asomar por entre los altos edificios de la ciudad, pero en esa habitación, nada era calma.

Llevaba día tras día, desde que Touya se alejara de él, preguntándose cuales eran los motivos de su "amigo" para decir quererlo, mirándose en el espejo; observando su figura, su cara, su cuerpo, todo. Pasaba horas analizándose como persona en la escuela, sin atender a clases, pero no había llegado a algo concreto, hasta esa noche.

EL trabajo de medio tiempo que llevaba lo tomaba por las tardes para ocuparse en algo y no vagar con rumbo desconocido. Ese día había salido un poco más tarde de lo normal y tomó la ruta más alumbrada hacia su hogar. Como cada día, su mente se perdía en pensamientos y conjeturas, pero una sombra le hizo volver a la realidad. A lo lejos se acercaba una silueta que reconoció inmediatamente. Nervioso enderezó lo más que pudo su postura, levantó su mentón para poder mirar de frente, puso una bella sonrisa en sus labios y se dispuso a saludarlo, pero el ser pasó de largo, ignorándolo.

Touya ni siquiera lo había mirado.

Abatido y desconcertado había caminado a casa con la cabeza gacha y los ojos acuosos, sus lentes se veían empañados de vez en cuando y le impedían la visión. Llego a casa y se encerró en su habitación. Pasó horas llorando y recordándose, que en verdad, nadie podía quererlo como pareja, quizás para pasar la noche. No, no era eso lo que lo deprimía, era el hecho de que Touya, su Touya, también pensaba eso. Una aventura pasajera, solo eso. Usa y desecha...

Se miró en el espejo por un tiempo ¿había algo bueno en él? No podía verlo, por más que se esforzaba, su reflejo era de alguien con cara afeminada y bastante delgado. Sus manos temblaron un rato antes de que las apretara en puños. Un sonido fuerte y el espejo caía en pedazos tras un golpe por parte de Yukito.

Y ahora estaba ahí, aún con la ropa de su trabajo puesta, llorando desconsolado. Cansado, harto. Y un grito desgarró el silencio de la noche, existía furia en él; la tristeza más infinita gravada en el sonido; pero no había resignación, no. Aún quedaba algo por hacer en su vida y eso era no rendirse. Quizás no tenía atractivo pero aún poseía cerebro y un buen don en la cocina.

-"Ya era hora"-

-Cállate. Si no fuera por ti, esto no habría pasado-

-"Sí, claro. Aún estarías llorando por que Touya te dijo te amo"-

-Si vas a hablar di algo inteligente-

-"estoy diciendo la verdad. ¿y qué pensamos hacer¿Quedarnos aquí tirados a ver si él cae del cielo?-

Yuki se levanto algo más seguro y se limpio las lágrimas, embarrándose en el proceso un poco de sangre en la cara, producto de su ataque anterior. Suspiro con tristeza y se dirigió al baño a darse una buena ducha y quizás, tomar un buen descanso después. Mañana otro día comenzaría y el tiempo no se detiene para que hagas las cosas, simplemente sigue... aunque tú te quedes atrás.

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El ruido en los pasillos del Instituto lo mantenían desconcentrado en el examen que presentaba en esos momentos. Un muy buen pretexto para cubrir su falta, que su pensamiento no estaba concentrado en el examen y que por supuesto, por primera vez, no había estudiado ni pisca sobre el tema. Su cerebro procesaba cada palabra y suceso con Touya, completamente desconectado del mundo que lo rodeaba en aquel instante.

Y la hora transcurrió lentamente mientras que él hacía que escribía, jugaba con su pluma y miraba por la ventana. El "dejen sus exámenes" del profesor finalizó la rigurosa prueba del día. Se sentía frustrado y cansado, miro sus respuestas y se avergonzó de ellas. Nada más podía hacer. Se levantó dejando el papel sobre su pupitre, agarró su maletín y salió huyendo del aula.

Estaba exagerando, pero era algo inevitable ya. Estaba angustiado y deprimido. Bueno hacia más que repetirle que Touya no lo quería, que por eso había huido. En realidad, no ayudaba en nada tener al guardián hablándole siempre sobre lo nefasto que se veía y lo tonto que se debería de ver dejándose caer por un rechazó. ¡Pero no era cualquier rechazó! Era la negativa de la persona con quien había decido compartir su vida. No era cualquier cosa, era su amigo, su compañero, era su todo.

Caminó rumbo a su casa perdido en sus pensamientos, como solía pasar casi siempre últimamente, cuando el sonido de la campanilla de un tienda le sacó de ellos y le hizo parar repentinamente.

-Gracias por su compra- ¡Esa voz le era tan familiar!- Vuelva pronto-

-Muchas gracias- Un hombre de traje marrón pasó a su lado con una bolsa que al parecer portaba figurines y un rodillo.

Yuki se apresuró a entrar a la tienda cauteloso, lo mejor que podía con el nerviosismo a su lado, y se puso a mirar los anaqueles repletos de figurines para el horneo de galletas. Se paseó por las novedades para cocinar pasteles y los novedosos artículos parar cocinar con figuras sobre el sartén. Retorcía su mano ansioso esperando el recibimiento del dependiente, cosa que tardó bastante en suceder.

-¿Puedo servirle en algo?- Escuchó de nuevo la voz, ahora cerca de él.

-Sí, claro. Buscaba una figura para galletas para una joven que gusta de peluches-

-Pues, tenemos los siguiente. Sígame- El hombre jamás le miró a la cara y al parecer no había reconocido su temblorosa voz. ¡Los nervios lo estaban matando!.

-En verdad, necesito hablar contigo, Touya.- Se paró a pocos centímetros del cuerpo del otro mientras esperaba una respuesta.

-Estoy trabajando. Si no se te ofrece algo de la tienda, vete.- Y sin más, se alejó y se adentro en la bodega alegando que tenía cosas que ordenar y desempacar.

Yuki suspiró de frustración ¿por qué era tan difícil acercársele al hombre? Odiaba que lo esquivara.

Diario del Ángel

Así comienza el segundo cantar, a partir de aquí noté un cambió en mi redacción, se vuelve más conversativa y menos descriptiva, quizás fue mi presión. Intentaré volver a la narración sin dejar de lado la nueva faceta.

Por lo que respecta todo esto sé que se ve complicadillo pero pronto también tendrá fin, algo que ciertamente he estado esperando desde que comencé a escribir el prólogo, sólo espero no robarme más trama de lo que ya he hecho (yo me entiendo). Y ¡me encantá la entrada de este Cantar!

Devi Riddle