Disclaimer: Todos los personajes que este Fan Fiction se presentan son propiedad de CLAMP. A excepción de personajes terciarios y de paso.

Segundo Cantar

Los errores que cometemos siempre bailan a nuestro alrededor y avanzan con nosotros, pero no caen.

Desesperanza

Ahora, préstame tus alas

y déjame volar.

V

La platica que mantuvieron en la noche con Syaoran fue bastante dura para ambas, pero a pesar de ello decidieron que debían hacer algo para ayudar al joven y dentro de esos planes entraban todos sus conocidos y contactos.

El cielo de un azul claro presumía de un hermoso sol brillante. El clima cálido mantenía a todos fuera de sus hogares. Una brisa ligera y refrescante recorría las calles de la ciudad invitando a los niños a jugar, y era ese viento el que mantenía a Sakura caminando con los ojos cerrados junto a sus amigos, aquel que mecía sus cabellos a voluntad.

—Sakura ¿todo va bien? —Tomoyo se encontraba a un lado de la castaña, observando cada movimiento.

—Si, Tomoyo —Abrió sus ojos al mismo tiempo que unas cuantas hojas secas volaban delante de ella— Sólo pensaba en Yukito ¿Estará bien?

—Está con Eriol, debe de estar bien. Tranquila. Todo saldrá bien —La pelinegra sonrió con sinceridad.

Siguieron caminando disfrutando del agradable clima que se les ofrecía. El plan de ese día era ir a tomar un helado o una gaseosa y platicar de nada importante. Sakura estaba bastante conmocionada con lo ocurrido la noche anterior que Tomoyo decidió no recordarle el tema lo más posible porque sabía que era inevitable que saliera en alguna platica. Varios minutos después llegaron al centro de la ciudad donde la mayoría de las fuentes de sodas se localizaban, se decidieron por ir a una que tenía una pequeña terraza con sombrillas en las mesas. Tomaron asiento después de ordenar y se relajaron.

—Que día tan maravilloso.

—Si, afortunadamente es domingo. Ni pensar en un día así y dentro de un salón —Sakura desecho la idea con un movimiento de mano mientras observaba a la gente pasar por la acera.

—¿No es ese Syaoran? —Tomoyo sonrió al ver que todo salía lo planeado.

—Sya... ¡Syaoran! —La castaña se levantó y se inclinó sobre el barandal de la terraza agitando una mano al aire con una clara intención de que la ubicaran fácilmente. Y así fue.

—Que agradable día ¿no?

—¡Joven Eriol! —La morena gritó medio escandalizada de haber sido asustada.

—Lo lamento mucho, Señorita Tomoyo. No era mi intención asustarla —Una risa les interrumpió—. Sakura.

—Hola ¿por qué no pides algo junto con Syaoran? —La castaña sonrió a ambos mientras tomaba asiento junto a su amiga y un mesero les acercaba otras dos sillas más.

Minutos después personal del establecimiento, uno mejor dicho, les atendía en su mesa. Tras las debidas preguntas de rigor se habían quedado en silencio y cuando el joven que les atendía anuncio su llegada, todos quedaron impresionados.

—¡Hermano! Pero ¿pero qué haces aquí?

—Aquí trabajo, monstro —Respondió dejando las bebidas y aperitivos en un lado.

—Hermano, hay algo de lo que quería hablarte —Se envalentó la joven castaña.

—De hecho, todos queríamos comentarlo con usted joven Kinomoto —Touya puso su mejor cara de incredulidad en el rostro mientras miraba fijamente a los 4 jóvenes sentados frente de él.

—Yuki te necesita —Soltó ya con exasperación la castaña al momento en que su hermano hacia ademan de retirarse.

—¿Y para que me necesita él? ¿No tiene pies para venir?

—¿Cómo puedes ser tan insensible? Él te necesita ahora, no puede él solo. Ve a verlo.

—No. No tengo nada que tratar con ése.

—Ya basta —Habló sin miramientos Syaoran después de la rotunda negativa de Touya de asistir al joven peli gris— No sé qué demonios te pasa.

—Syaoran, cálmate —La castaña sujeto su hombro.

—Pero no creo que tengas el corazón tan frío como para dejarlo sufrir de esa manera, sea lo que sea. Él es tu amigo o al menos así lo has dado a entender —Terminó sintiendo sus manos temblar debajo de la mesa.

—¿Dejarlo morir?

—Nadie dijo morir, joven Kinomoto —Habló finalmente la semi reencarnación de Clow tras varios segundos—. A menos que usted sepa algo que nosotros no…

—¿A qué te refieres Eriol? —Sakura le miró con confusión en sus ojos, aspecto que fue ignorado por los presente.

—¿Y ahora que pretexto o circunstancia te ha inventado ése?

—Tiene su nombre, y lamentablemente estamos aquí para hacerte entender dos cosas hermano: Uno, Yuki está sufriendo por tu culpa y dos, eres un desgraciado.

—¿Y de dónde te ha salido tanto valor, Sakura?

La castaña se mantuvo callada sorprendida; ella sólo había salido a tomar algo y descansar un poco y todo estaba ahora en que enfrentaba a su hermano con las bebidas en frente y circunstancias que no le agradaban del todo.

—¡Sakura! —Se escuchó el susurro de un grito en la lejanía—. ¡Sakura! Tenemos serios problemas —Habló la cosa amarrilla en cuanto hubo llegado al lugar donde estaban los muchachos "conversando".

—¿Y esa cosa es? —Preguntó el mayor de todos.

—¿Y ahora qué sucede? —Demandó Syaoran ignorando como bien pudo a Touya.

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Había despertado hace tiempo y ni siquiera tenía noción de donde es que se encontraba. Las paredes le aprisionaban y las suaves cortinas color crema se mecían con la brisa que se filtraba por la ventana. Sus piernas dolían, no se sentía capaz para moverlas y si podía, seguramente caería sin equilibrio alguno. Las tibias sábanas le acariciaban el rostro y el torso desnudo y por más que lo intentaba no lograba sentir sus alas ¿dónde estaban? Gimió con desesperación al tiempo que sus manos apretaban el cubre colchón arrugándolo. ¿En qué momento había comenzado todo? Recordaba el momento en que conoció a Touya, incluso cuando recién juzgo a Sakura y el joven ahí estaba ¿en qué momento había transgredido las reglas? Mordió su labio, todo estaba mal. Las cosas no estaban sucediendo como se supone debería. El joven de cabellos oscuros sabía cuál era de su identidad pero al final de cuentas, ése era él. No entendía que estaba pasando.

Un ruido, en algún lugar de donde se encontraba, le alertó; aunque deseaba poder moverse sabía que más allá de la cama sería imposible. Estuvo pendiente de cada sonido que llegara a sus oídos, incluso logró reconocer pasos en la escalera. La puerta de su habitación, de colores amarillos, se abrió. Unos brazos le rodearon a través de las sábanas. Sorprendido giró su rostro para observar al visitante, sus ojos abiertos miraron con sorpresa la moreno.

Se hallaba entre sus brazos. Touya le retenía con delicadeza en aquella cálida prisión. Podía sentir el aliento del moreno acariciar su cuello, sus cabellos moviéndose ligeramente por aquella pequeña brisa. Soltó las sábanas que había mantenido apretadas tiempo antes y se relajó sintiendo como los músculos de su espalda se relajaban casi por completo y aquella molestia (que ni cuenta se había dado que tenía) desapareció. En su rostro se instaló una sonrisa de dicha al saberse querido de esa manera, aunque fuera solo una mentira.

—Te quiero, Yuki. No sabes cuánto te quiero. —Yue se quedó petrificado en aquel momento, con aquella frase siendo procesada lentamente por su cerebro. Sintió sus ojos arder y los cerró para olvidar que quería llorar. Ya no había más que decir.

—Necesito salir de aquí. —Susurró con voz queda, evitando que las lágrimas ganaran terreno—. Por favor, necesito salir de aquí.

Touya levantó su mirada para observar al pelilargo, la luz colándose por la ventanas iluminaba tenuemente su rostro. Y despacio, con temblorosas manos sujetó ese delicado cuerpo contra el suyo y lo levantó. Cruzó la habitación, y con pasos calmados hizo su camino fuera del departamento, aún a pesar de las exclamaciones de los demás, de su hermana y amigos. Sólo importaba Yuki, su Yuki…

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La noche había caído, el cielo se mostraba azul casi negro, iluminado por la luna en su máximo esplendor, redonda y plateada, acompañada de titilantes estrellas, lejanas y brillantes. Las sombras se extendían por el suelo, oscuras y sin vida, inmóviles.

El templo de Tomoeda, donde el juicio se llevara a cabo, era el lugar al cual Touya le había llevado. Se había sentado con él en el patio del templo, con la luna a sus espaldas y Yue en su regazo.

—Te amo Yukito. —Dijo el pelinegro mientras acariciaba las suaves facciones de Yue, entre sus brazos—. Te amo.

Yue sonrió, con los ojos inundándosele de lágrimas, una tierna risa escapando de sus labios mientras los sollozos comenzaban a escapar. Se abrazó con todas sus fuerzas al cuerpo de su amado, y ahí, rodeado por el calor de esa persona especial, lloró. ¿Qué se podía esperar de todo aquello? Con las últimas palabras dichas, con las dudas resueltas, y las respuestas tan ansiadas en su mano. Sólo le queda aferrarse a esta realidad, que nada bueno traía ya. Así terminaba su historia, en los brazos de Touya, esperando; con el pelinegro abrazando a alguien más que no era él, amando a otro, esperando igual que él, pero no por él.

—Mi Yuki.

Yue se aferró con más fuerza a los hombros de Touya, enterrando su rostro en el cuello. Sus dedos blancos por el esfuerzo, sus labios comenzaron a sangrar por la fuerza con que los mordía para no gritar hasta que el dolor dejó de ser soportable.

—No me sueltes.

—Nunca, Yuki.

El pelilargo dejó escapar otro sollozo mientras sentía como sus alas aparecían y jalaban de él, gimió cuando sintió a la primera ceder ante la fuerza y comenzar a desprenderse, se abrazo más fuerte a Touya al mismo tiempo que la sangre escapaba y empapaba sus ropas, sonrió cuando Touya le dijo que le amaba mientras él se deshacía en lágrimas al saber que esas palabras jamás serían para alguien llamado Yue.

Y con un grito liberó su frustración, su dolor, la tristeza que su mente escondía al mismo tiempo que sus alas abandonaban completamente su cuerpo y se deshacían frente a los ojos de todos, en pequeñas plumas blancas que la brisa lentamente se llevo por el aire, a esconderse en algún punto del mundo, sin destino, sin dueño.

Sakura se dejó caer de rodillas mientras veía el espectáculo frente a sus ojos, las lágrimas recorrían sus mejillas pero su mente no procesaba nada, ni el hecho de que Yue moría lentamente, desapareciendo para él mismo.

Los sollozos de Yue se escuchaban en el templo, aún opacados por el hombro del pelinegro al que se aferraba con todas sus fuerzas, aunque ya de nada serviría. Su sueño terminó, no con el final que esperaban, pero todo desaparecía, el dolor, la angustia, el odio o la rabia, la indiferencia, la alegría, sólo le quedaba la tristeza. Con el paso del tiempo él también moriría como cualquier humano.

—¿Puedo ver a Yuki? —Touya preguntó mientras se separaba de Yue un poco y le miró a la cara.

—Aún no… espera la mañana —Yue respondió con una sonrisa aguada. No había más que decir. La luna moría lentamente, abandonada y herida.

El mayor de los Kinomoto le sonrió de vuelta mientras se levantaba con él en brazos rumbo a la antigua casa de Yukito, sin darse cuenta que la espalda del pelilargo sangraba, o que temblaba, ni siquiera de las lágrimas que aún seguían bajando por sus mejillas hasta perderse en su cuello y volverse humedad en las ropas.

Cuando llegaron a la casa, el pelinegro le depositó en la cama, le acarició el rostro y beso sus ojos, su nariz, sus labios. Se acurrucó junto a él y le cerró los ojos mientras sus manos recorrían su cuerpo.

El viento dejo de soplar poco a poco, mientras la noche comenzaba a desaparecer y la luna surcaba el cielo hasta empezar a verse diminuta, sin fuerza, ya sin luz, a morir mientras el sol comenzaba a saludar a un nuevo día.

"…Un ángel sin alas, es sólo un humano caminado en la tierra. Un ángel sin alas, morirá como un humano.

Si un ángel se enamora, el tiempo se encargará de quitarle sus alas, porque amar a sólo un humano es la mayor traición a su creación. Fueron creados para amar, proteger y juzgar a la raza humana, todos sin excepción.

Un ángel con sentimientos será condenado al olvido."

Diario del Ángel

Este es el final.

Mi Facebook: Devi Riddle Black
Densé una vuelta, probablemente encontraran algo interesante sobre esta historia ;)

Lamento que haya tardado los siglos en terminar este capítulo, simplemente la inspiración no surgía, pero volví a ver la inspiración en mis libretas, así que aquí tienen.
Espero que les haya gustado y nos leemos pronto.

Devi Riddle