Por fin pude actualizar!

Antes que nada, muchas gracias a aquellos que dejaron reviews. Es importante saber que la historia resulta interesante para quienes la leen. Espero que sigan comentando a medida que vaya subiendo los capítulos, es una condicion que exijo para seguir actualizando la historia!

Respecto a la historia, hoy seguiré dando algunos detalles sueltos, no esperen que ya mismo largue todos los datos y responda todas las preguntas porque no es así como está planeado jajajajajaja

Saludos para todos los lectores

Albus Severus


Capítulo 1

Cuando los recuerdos no pueden (o no quieren) ser borrados

Una hora más tarde, Harry circulaba por los pasillos del Hospital San Mungo. Al ser tan temprano, solamente podían verse algunos sanadores circulando, hablando entre ellos y algún que otro paciente sentado en la sala de espera, aguardando por ser atendidos. Harry llegó a la mesa de entrada y de inmediato fue enviado a la habitación donde Mike se encontraba descansando.

Al llegar a la habitación de Mike, Harry notó que la puerta estaba cerrada. Miró a su alrededor y localizó a una sanadora parada cerca suyo, al parecer leyendo fijamente un largo rollo de pergamino. Harry se aproximó a ella.

- Buenos días – Dijo, saludando a la sanadora. – Vengo a visitar al señor Adams.

- Buenos días. Un momento, por favor – Respondió la sanadora, sin prestarle atención, ya que se hallaba concentrada en un pergamino que leía a toda velocidad. Luego de terminar con su lectura, levantó la mirada y se encontró cara a cara con Harry. Un intenso rubor invadió su rostro – Oh, disculpe Señor Potter, no me di cuenta que era usted.

Harry se molestó mucho por el inmediato cambio de actitud que tuvo la sanadora al reconocerlo.

- ¿Y qué significa eso? ¿Acaso debo recibir un trato especial sólo por ser quien soy? – Su voz sonaba irritada.

- No, por supuesto que no. – Exclamó nerviosa la sanadora.

- Muy bien. – Dijo Harry de manera cortante – Vamos a lo importante, ¿Cuál es el estado de salud del agente Adams?- La apremió.

- En buen estado, ya comió algo de chocolate. Ahora descansará un poco y luego ya estará en condiciones de salir del hospital en unas horas.

- Perfecto. Necesito hablar con él. -

- Pero… Señor Potter, acabo de decirle que el señor…

- La acabo de escuchar perfectamente señorita. Y yo le dije que necesito hablar con él. – La interrumpió Harry no muy cortésmente. – Se trata de un asunto urgente que tengo que tratar con él antes de retirarme.

- Muy bien, pero que sea sólo un momento. Este paciente necesita descansar, más allá de los asuntos que ustedes tengan que discutir. – La sanadora le señaló la puerta de la habitación de Mike, invitándolo a entrar.

Harry finalmente ingresó a la habitación. Se trataba de una habitación pequeña, sin mucho mobiliario. Sólo podía observarse una silla, una pequeña mesa con un vaso de agua y una cama bastante cómoda donde se lograba ver a un hombre que parecía dormir. Mike Adams estaba inconsciente todavía, aunque al parecer se encontraba en excelentes condiciones.

Era la segunda vez en pocos meses que Harry se veía a sí mismo en la preocupante situación de estar sentado al lado de alguien inconsciente en una cama de San Mungo, pero por fortuna esta vez no había nada grave que lamentar.

Harry notó un movimiento en la cama y se dio cuenta que Mike había abierto los ojos.

- ¡Harry! ¿Dónde estoy? – Preguntó medio dormido y medio preocupado.

- En San Mungo, Mike… - Respondió Harry calmadamente.

- ¿Qué paso? ¿Otra vez lo mismo?

- Sí Mike, otra vez… - dijo, terminando la frase en un suspiro.

Mike se sentó en la cama y acercó sus rodillas al pecho para poder abrazar sus piernas. Estaba consternado, ya era la tercera vez en poco tiempo que se desmayaba cuando un Dementor se aproximaba a él. Había hablado con Harry varias veces del tema y no lograba encontrar ninguna respuesta al hecho de que le sucediera eso.

- Mike… - Empezó a decir Harry.

- No Harry, ya no hay más excusas. Este es el final – Su voz sonaba triste, pero a la vez era claro que lo que estaba a punto de hacer era una decisión que no había tomado precipitadamente.

- ¿Entonces ya está decidido? – Preguntó, ligeramente desilusionado.

- Sí. No puedo seguir así. Esta vez tú estuviste ahí para resolver la situación, igual que las otras veces, pero no siempre vas a estar allí para arreglar mis errores. No puedo arriesgarme a que suceda de nuevo.

- Pero…

- No – Mike lo interrumpió - Lo digo en serio. ¿Y si la próxima vez no conseguimos evitar que suceda algo malo? No podría vivir con eso Harry, de verdad que no podría hacerlo. – Su voz sonaba aterrorizada ante la sola idea de que su desmayo provocara una desgracia.

Harry suspiró nuevamente. Le dolía aceptar que Mike tenía razón, no podían permitirse que nadie corra un riesgo innecesario. Mike había sido su mentor durante su ingreso al escuadrón de Aurors, y si bien era Harry quien estaba a cargo ahora, siempre lo había respetado a él y a sus opiniones.

- Te vamos a extrañar Mike.

- Sí, lo sé. Yo también voy a extrañar la acción… Demonios, ni siquiera le comuniqué mi decisión a Kingsley y ya sueno melancólico.

- ¿Estás completamente seguro? – Preguntó Harry, aún aferrándose a la idea de que podía convencer a Mike de que se quedara en el escuadrón.

- Tan seguro como la decisión que tú tomaste hace unos meses. – Mike respondió mirando a Harry como desaprobándolo.

- Ya sé que no estás de acuerdo con lo que hice. Pero yo me quedé, no me escapé de las dificultades – Harry se estaba enojando, como siempre que tocaban el tema. Odiaba hablar del asunto, y más aún porque no quería pensar en aquello que lo había llevado a hacerlo.

- Mira, yo no estoy huyendo. Los dos sabemos que ya estoy demasiado viejo para estar en el campo – Dijo con sensatez.

- Entonces quédate en las oficinas, sigue con nosotros – Insistió Harry.

- No, ya llegó la hora de mi retiro, Harry. Además – la expresión de Mike se alivió un poco - mi mejor alumno va a seguir en el escuadrón. Eso hace que no sea tan dura la despedida, me siento más tranquilo sabiendo que tú cubrirás mi lugar. – Mike miraba a Harry lleno de orgullo.

- Jamás voy a ocupar tu lugar Mike, lo dejaré reservado para cuando cambies de opinión – Dijo Harry, guiñando un ojo con complicidad al tiempo que se levantaba para salir de la habitación – Es hora de irme, tengo que dar el informe de hoy o Kingsley se pondrá insoportable. ¿Por qué demonios no se quedó como Ministro?

- Porque tú renunciaste al puesto de Jefe de la Oficina de Aurors – Respondió poniéndose de nuevo serio y silenciando la risa que Harry había soltado – Y él tuvo que reemplazarte.

- Eres un maldito cuando te lo propones, Mike. Eso fue un golpe bajo. – Dijo con cierto resentimiento.

- No, no lo fue. Fue un comentario oportuno. Es hora de que te olvides del pasado y te hagas cargo de la situación.

- Está bien, no pienso discutir eso contigo – Harry se resignó - Probablemente terminarías convenciéndome de que vuelva al puesto. ¿Recuerdas cuando me convenciste de hacer esa declaración a El Profeta? No dejaron de hacerme bromas durante dos meses… – La risa volvió a escapar de la boca de Harry, y esta vez Mike se le unió.

- Extrañaré hacerte quedar en ridículo, eso es seguro – Más risas siguieron a ese comentario.

- Ahora sí, debo irme. Kingsley me espera para que le explique qué demonios sucedió y por qué estás en esa cama.

- Entonces ve, no te demores más. Kingsley puede ponerse insoportable si lo haces esperar demasiado. Buena suerte, Harry. – Pero Harry ya había salido de su habitación y se dirigía hacia el Ministerio.

Eran poco más de las siete de la mañana cuando Harry se apareció en el Ministerio de la Magia. La entrada se veía igual que siempre, aunque afortunadamente ya no se encontraba allí aquella ridícula fuente que fuera destruida en el duelo entre Voldemort y Dumbledore.

Pasó ante la mesa donde se hallaba sentado el guardia de seguridad, que saludó a Harry casi con una reverencia. A Harry lo irritaba esa clase de trato hacia él, como si se tratara de una especie de dios para el mundo mágico. Desde que venció a Voldemort, parecía que todo el mundo se postraba a sus pies, y eso era lo que menos le agradaba de estar en el Ministerio.

Avanzó a través del Atrio sin encontrarse con demasiada gente, lo cual lo alivió bastante. Se encontraba demasiado cansado como para soportar actitudes similares a las del guardia de seguridad.

Una vez que llegó al despacho de Kingsley Shacklebolt, Harry llamó a la puerta para dar su informe.

- Adelante – Dijo una voz desde adentro.

Se trataba de un despacho amplio, aunque lleno de muebles, estantes y archivadores. Un gran escritorio de roble, lleno de papeles, carpetas y memorándums, apuntaba de frente a la puerta, a la derecha se encontraba una pared llena de recortes de diarios, carteles de prófugos buscados por el Ministerio de la Magia y fotos de Kingsley con varios personajes famosos, incluyendo una de Harry junto con sus amigos.

Harry amaba esa foto. Había sido tomada al día siguiente de derrotar a Voldemort. A veces se le daba por pensar que ese momento representaba su vida tal cual él la percibía: tragedia y alegría a la vez. Recordaba ese instante en cual la alegría y la tristeza lo habían invadido por partes iguales.

Las muertes de seres tan queridos para él habían sido un golpe muy fuerte, pero a la vez ese día fue muy feliz ya que esas muertes no habían sido en vano: Voldemort había sido finalmente derrotado y su ejército desbaratado.

Al mismo tiempo, últimamente esa foto no le gustaba tanto. Siempre que veía a Ginny en ella se veía obligado a recordarla, y ello traía como consecuencia recordar demasiadas cosas deprimentes. Cada maldita vez que veía esa foto la recordaba, ¿por qué diablos no podía evitar ver esa foto cuando entraba en ese despacho?

- ¿Y bien? – La pregunta de Kingsley lo sacó de sus pensamientos.

- Hola Kingsley. ¿Dónde están los demás? – Preguntó Harry, un poco desconcertado – Les dije a los demás que me esperaran para que pudiéramos dar nuestro informe juntos.

- No te preocupes por eso. Los hice pasar antes para que me dieran su parte del informe. – Dijo Kingsley calmadamente – Me dijeron que Mike y tú se habían dirigido por su cuenta contra el grupo de Dementores mientras ellos rodeaban la manzana.

- Así es, señor.

Kingsley se veía igual que siempre, incluyendo su aro de oro, aunque su rostro mostraba unas arrugas que el estrés del puesto de Ministro le habían provocado. A pesar de eso, su grave y pausada voz no había cambiado, lo mismo que su fuerte carácter.

- Deja las formalidades de lado Harry, explícame qué diablos pasó esta noche. ¿Por qué Adams se encuentra en San Mungo?

Una vez que Harry terminó de contar lo sucedido, Kingsley se inclinó sobre el respaldo de su silla y colocó sus manos en la nuca.

- ¿Asique Mike decidió retirarse? – Preguntó finalmente.

- Sí, no pude convencerlo de lo contrario.

- Es una verdadera lástima, era uno de nuestros mejores hombres… Y sigue siéndolo, no importa lo que él opine. Tendré que hablar con él, el muy maldito no puede decidir ese tipo de cosas sin avisarme.

- Tú y yo sabemos que él lo venía pensando desde hace tiempo, no quieras ir a verlo para llenarlo de críticas. De eso se encarga él mismo.

- Supongo que tienes razón, en este momento debe estar torturándose a sí mismo con sus pensamientos. Siempre tuvo la costumbre de ser muy despiadado consigo mismo a la hora de evaluarse… Por cierto, ¿tú cómo te lo tomaste? – Añadió, mirando a Harry con una leve expresión de preocupación.

Harry estaba pensando en los recuerdos que asaltaron su mente, en la imagen de Ginny y en cómo fue otra vez un recuerdo de ella el que lo ayudó a crear el Patronus. – ¿Eh?

- La decisión de Mike… Te pregunté cómo te la tomaste…

- Ah… Bien, costará un poco aceptarlo, pero creo que era lo mejor… Ahora podrá tomarse un merecido descanso.

- ¿Has hablado con Ginny últimamente? – Preguntó Kinglsey súbitamente.

Harry miró con cierto enojo a Kingsley, odiaba que usara Legeremancia con él.

- No me mires así, esta vez no hizo falta hurgar en tu mente, tu expresión lo dice todo…

- No, no hablo con ella desde hace varios días… Y no creo que sea conveniente que lo haga pronto.

- Como quieras. Pero ya sabes cuál es mi opinión al respecto… - Comenzó a decir Kingsley, pero fue interrumpido por una cortante respuesta de Harry:

- La misma que la de Mike, ya lo sé…

- Entonces ya es hora que nos hagas caso, deberías hablar con ella. No lo digo como tu jefe, lo digo como tu amigo.

- Mira, te agradecería, LES agradecería a ambos que dejen de meterse en mi vida privada. Ya tengo suficiente con El Profeta y los idiotas de Corazón de Bruja intentando hacer lo mismo. Lo que menos necesito es que aquellos con los que trabajo también lo hagan. Asique, por favor, dejen de hacerlo. Y no te lo digo como tu subordinado, te lo digo como tu amigo. – Una sonrisa fina como un mondadientes decoraba el rostro de Harry mientras decía eso.

- Está bien Harry, dejaré el tema por el momento. Pero no te extrañes si dentro de algunos días te pregunto lo mismo. – Respondió Kingsley una vez más con su voz grave y pausada.

- ¿Necesitas algo más? –Dijo Harry- Necesito descansar, la guardia de hoy fue bastante movida.

- Justamente te pensaba recomendar que te fueras a tu casa y descanses de una vez. Hoy no creo que te necesitemos en todo el día.

- Entonces nos veremos al mediodía…

- ¿Acaso no escuchaste lo que dije? – Una leve expresión de desconcierto cruzó el rostro de Kingsley.

- Sí que lo escuché, pero no tengo ganas de estar todo el día sin hacer nada… No pongas esa cara, estoy bien. Dormiré unas horas y volveré aquí sin problemas.

- Muy bien Harry, te veré en unas horas entonces. Puedes irte. – Dijo señalando apenas la puerta en señal de despedida.

- ¡Sí señor! – Harry respondió con un gesto que bien podría ser burlón o bien de alegría por la idea de llegar a su casa y dormir.

Kingsley prefirió pensar que era la segunda opción y dejarlo ir. Una vez que se cerró la puerta se echó a reír, le dejaba pasar esos momentos de burla porque le gustaba que fuera tan descarado. Le hacían acordar a cómo eran las cosas antes de que Harry renunciara al puesto que en estos momentos él mismo ocupaba.

Harry llegó a su departamento cuando el sol ya empezaba a iluminar Londres. Aún sin mirar su reloj, dedujo que debían ser las ocho o nueve de la mañana. Mentalmente ya pensaba en que unas cuatro horas de sueño bastarían para volver cuanto antes al Ministerio y tener las suficientes energías para terminar el día.

Su departamento en el centro de Londres se veía igual que como lo había dejado: se trataba de un lugar espacioso, con un salón rectangular con algunos sillones, un gran televisor apoyado contra una pared y una mesa baja en el medio. Una vez que se cruzaba esa habitación, se ingresaba en un pequeño pasillo por el cual se veían tres puertas: la primera de la derecha llevaba a la cocina donde se escuchaban algunos ruidos, lo cual le hizo suponer a Harry que Kreacher debería estar preparándole el desayuno. Enfrente a esa puerta, a la izquierda del pasillo, se encontraba la puerta del baño, al cual Harry pensaba entrar para bañarse antes de dormir. Y por último, al final del pasillo se encontraba la puerta que daba a su dormitorio.

Al ingresar allí, Harry encendió las luces y reveló una habitación mediana, bien amueblada, con un gran armario, sobre la pared de la derecha, en el cual entraba toda su ropa y mucha más también, como si ese armario fuera usado por más de una persona.

Una cama de dos plazas se encontraba con la cabecera pegada a la pared de la izquierda y dos mesas pequeñas se encontraban a cada lado de la cama. Ambas mesas contenían varias fotos enmarcadas, en las cuales se podía observar a Harry con sus amigos en distintas escenas, desde imágenes de sus años escolares hasta algunas donde se los podía ver más crecidos y en eventos llenos de magos famosos.

Finalmente Harry se acercó a la cama y comenzó a desvestirse mientras su cerebro no dejaba de pensar en lo que había pasado esa noche. Harry ya había perdido la cuenta de las veces que un recuerdo de Ginny lo ayudaba a conseguir un Patronus cuando se enfrentaba a varios Dementores. Estaba harto de conservar su alma gracias a ella, ya había llegado a un punto en que prefería extraer su alma y perderla para no seguir necesitando los recuerdos que guardaba en su cabeza.

Mientras su mente divagaba en esos pensamientos, Harry ya se encontraba caminando desnudo hacia el baño. Parecía que se encontraba en un estado de autómata. Cuando se quiso dar cuenta plenamente de lo que estaba haciendo, ya había abierto las canillas del agua y se encontraba bañándose.

Todavía no podía sacar a Ginny de su mente. Era como intentar contener el agua con las manos y evitar que se escape y caiga al suelo. Estaba tan incorporada a su mente que tenía serias dudas de que ni siquiera realizando un embrujo desmemorizante con la Varita de Sáuco (esa maldita varita) podría eliminar sus recuerdos.

Sin saberlo, Harry ansiaba verla de nuevo, y definitivamente necesitaba tenerla con él bajo esa ducha. Su cabeza no dejaba de pensar en esos momentos en que volvía del Ministerio y Ginny lo recibía en ese mismo departamento con un beso. Luego de eso Harry solía ir a bañarse mientras Ginny ayudaba un poco a Kreacher con la cena, aunque generalmente dejaba que el elfo se encargara de eso mientras ella ayudaba a Harry bajo la ducha.

Pero esos días probablemente no volverían a repetirse. Ginny no volvería a ser parte de su vida. Ya habían sufrido mucho los dos como para arriesgarse a estar juntos otra vez.

El recuerdo de la última vez que se habían visto lo hacía sentirse ridículo. ¿De qué habían hablado? De sus vidas, de lo último que habían hecho, de sus trabajos, de Hermione y Ron… Habían tocado todos los temas que podrían haber tocado, excepto el más importante: ellos dos.

Definitivamente era un idiota, negándose a aceptar lo que seguía sintiendo por Ginny sólo conseguía ser un idiota. Pero, ¿cuál era la otra opción? ¿Intentar volver a estar juntos? Eso no tenía el menor sentido. Sólo generaría más sufrimiento, al igual que habían sido sus últimos meses como pareja.

Tenía que borrar a Ginny de su mente, o al menos seguir intentándolo. Su mente no ayudaba para nada, trayéndole recuerdos de ella a cada rato. Quizás debía irse a Grimmauld Place para escapar de ese departamento. La idea de encontrarse con recuerdos sobre Sirius le incomodaba menos que seguir recordando a Ginny.

Al tiempo que se dejaba llevaba llevar por sus pensamientos y analizaba los siguientes pasos a dar en su vida sus pies ya atravesaban la puerta de su habitación. A medio vestir dijo en voz alta:

- ¡Kreacher!

- ¿El amo Harry me ha llamado? – Un elfo doméstico bastante viejo se hizo presente en su habitación. A pesar de eso los años de buen trato recibido por parte de Harry habían generado un cambio muy bueno en él. Se lo notaba más ágil y muchísimo más amable, incluso con Hermione.

- Sí. Dime, ¿has estado preparando el desayuno?

- Por supuesto amo. – Contestó el elfo inclinándose hasta casi tocar sus rodillas con su nariz.

- No hace falta que te inclines Kreacher, ya te lo he dicho mil veces. – Dijo Harry entre exasperado y divertido. – En fin, guarda el desayuno. Directamente iré a la cama. Dormiré un par de horas y luego voy a trabajar. Intenta despertarme antes del mediodía, por favor.

- Sí, amo Harry. – El elfo se inclinó una vez más.

- Muy bien Kreacher, puedes retirarte. Descansa un poco tú también, ¿de acuerdo?

- Muchas gracias, amo. – Con un ligero estallido, Kreacher desapareció de la habitación para reaparecer en la cocina.

Harry se acostó en su cama y, cansado de luchar contra lo inevitable, permitió que su mente le hiciera pensar en Ginny. Su vida había sido demasiado tranquila últimamente. Mientras se quedaba dormido Harry sintió que algo de acción le ayudaría a no pensar tanto en ella. Definitivamente eso serviría mucho. Cuando tenía algún caso importante a cargo, su cabeza casi no pensaba en otra cosa. Y con esa última idea, Harry dejó que el sueño terminara de vencerlo.

Sin embargo, cuando finalmente Harry se encontraba a punto de quedar dormido, su mente dejó en claro que olvidarse de Ginny sería una tarea imposible para él, y su última imagen antes de perder la consciencia fue la de ellos durmiendo en esa misma cama abrazados.

Mientras Harry caía dormido en su cama, el Jefe del Departamento de Aurors, Kingsley Shacklebolt, caminaba apresuradamente por los pasillos del Hospital San Mungo. Había recibido un mensaje de parte de uno de los sanadores del hospital diciendo que necesitaba hablar de manera urgente con él.

Al dirigirse a la mesa de entrada, se topó con la misma sanadora que estaba a cargo de Mike Adams.

- Señor Shacklebolt, buenos días. Supongo que desea conocer el estado del agente Adams, ¿no es así? – Preguntó la sanadora con una sonrisa.

- Buenos días. Me temo que no. Ya he hablado con el agente Potter y me puso al tanto de la situación. ¿Dentro de cuánto tiempo permitirán que Adams salga del hospital?

- Si todo sigue su curso, esta misma tarde el agente Adams estará en su casa.

- Muy bien.

- ¿Desea algo más?

- A decir verdad, señorita, buscaba al señor Stevenson. Necesito hablar con él.

- Supongo que se encuentra en el... – La sanadora se vio interrumpida cuando una fuerte voz masculina sonó desde un costado de la sala.

- ¡Shacklebolt! ¡A ti te quería ver!

Un joven sanador se aproximaba rápidamente hacia donde se encontraban Kingsley y la sanadora. Se trataba de un muchacho de unos veinticinco años, de cabello castaño y ojos marrones. Poseía una contextura atlética, cercana al metro ochenta de altura, y llevaba una expresión de ansiedad.

- Hola Paul, yo te estaba buscando a ti. Recibí tu mensaje, ¿qué querías mostrarme? – Preguntó Kingsley, aunque ambos sabían exactamente el motivo del mensaje. Simplemente debían guardar las apariencias ante aquellos sanadores que no estuvieran enterados del asunto.

-Nada importante, ven conmigo. – Sin más, Paul indicó a Kingsley el pasillo por el cual acababa de aparecer.

Luego de alejarse un poco de la sala de espera, avanzaron por otro pasillo, atravesaron unas puertas dobles, las cuales tenían un cartel que decía "PROHIBIDO EL PASO – SÓLO PERSONAL AUTORIZADO", y se encontraron con unas escaleras, que al parecer llevaban en dirección al sótano del hospital.

- ¿Otro caso más? – Preguntó Kingsley en voz baja mientras descendían.

- Sí, ya es el sexto del mes – respondió Paul - ¿Acaso no se suponía que tu gente estaba haciendo avances? – Esta vez el tono de su voz sonaba ligeramente acusador.

- Oye, ya sé que no estamos yendo al ritmo deseado, pero de a poco nos estamos acercando. No es tan fácil, ¿sabes? – Kingsley miraba a Paul con el entrecejo fruncido.

- Está bien, lo siento. Es que este asunto parece complicarse cada vez más. Este será el sexto caso, pero sólo es el sexto caso del que nosotros tengamos constancia. ¿Quién sabe cuántos más fueron afectados? – Su voz delataba cierto nerviosismo.

- Lo sé. Te entiendo perfectamente.

Finalmente se encontraron con otro pasillo, iluminado únicamente con antorchas que colgaban en las paredes. Caminaron por delante de varias puertas y entraron por la que se encontraba casi al final del pasillo.

"PACIENTES EXTERIORES – SOLO SANADORES HABILITADOS PARA EL TRATO CON MUGGLES"

Al abrir la puerta se pudo observar una sala bastante amplia, con varias camas a ambos lados, y con un grupo de gente alrededor de aquellas que estaban ocupadas. Algunos pacientes poseían ciertas deformaciones, tales como un tercer brazo o una pierna convertida en tentáculo, otros lanzaban chispas o fuego por la boca, alguno que otro se encontraba despierto y aparentemente en buenas condiciones.

En el fondo de la sala se encontraba la razón por la cual Paul Stevenson, quien había realizado el curso de Aurors a la perfección pero prefirió dedicar su vida a la sanación, debió llamar al Jefe del Departamento de Aurors de manera urgente.

Un joven de veinte años se encontraba acostado en una de las camas, pero parecía no saber qué hacía allí. De vez en cuando se agitaba y se sacudía violentamente, como si varias personas estuvieran moviéndolo a la vez. Su cara se veía un poco consumida y demacrada, aparentaba casi treinta años, pero como si los hubiera vivido de forma muy acelerada. Claramente era un joven que trataba con drogas y que no había empezado a consumirlas hace poco.

- ¿De dónde proviene? - Preguntó Kingsley a Paul.

- De Manchester.

-¿Manchester? ¿Desde tan lejos? – La sorpresa se reflejaba en la cara de Kingsley

- Sí, hasta ahora es el primero. Pero no creo que sea el último – Dijo Paul con cierto pesimismo.

- ¿Se encuentra bien? – Preguntó, ligeramente preocupado.

- En este momento no, pero pronto se hallará en buenas condiciones. Simplemente tenemos que lograr que beba esta poción – Respondió mientras sacaba una pequeña botella de vidrio del interior de su túnica.

Paul se acercó al joven y, con algo de dificultad, pudo hacer que el muchacho bebiera un trago de aquella poción. De inmediato éste se relajó, dejó de moverse y su respiración se volvió tranquila y acompasada.

- Tengo que hablar con él ahora mismo, Paul. – Dijo Kingsley.

- Muy bien. ¡Enervate! – Exclamó, apuntando su varita al joven que ahora parecía dormir tranquilamente en su cama.

Lentamente el paciente abrió los ojos y miró a su alrededor. No parecía tener la menor idea de dónde se encontraba ni por qué se hallaba acostado en una cama.

- ¿Qué está pasando? ¿Dónde estoy? – El joven estaba completamente desconcertado.

- Por favor, le pido que se calme. Usted se encuentra en un hospital. – Kingsley empezó a hablar antes que Paul lo interrumpiera. Ya los dejaría en paz para que Paul le borrara la memoria y lo dejara irse a su casa. – Soy el agente Shacklebolt. Necesito que me cuente qué sucedió antes de que perdiera el conocimiento y qué es lo último que recuerda. No importa qué haya pasado, no voy a levantarle cargos. Sólo queremos saber qué sucedió.

El joven parecía un poco receloso. – ¿No debería llamar a un abogado?

- Por supuesto que no. Le aseguro que si quisiéramos acusarlo de algo ya estaría en un lugar mucho menos placentero que esa cama. – Respondió Kingsley de manera autoritaria. Él sabía que tratar a la gente como si él fuera el jefe a cargo de todo funcionaba nueve de cada diez veces.

El joven relajó se expresión un poco y empezó a hablar:

- Sólo recuerdo que había salido con unos amigos. Estábamos tomando unas cervezas y uno de ellos sacó una botella diciendo que era una nueva bebida que había conseguido. Dijo que la pasaríamos de maravillas, que era mejor que muchas drogas…

Creo que tomé uno o dos tragos y comenzó a hacerme efecto de inmediato. Empecé a ver muchas cosas, sentía que volaba a toda velocidad y sin embargo también sentía que estaba quieto. Era una sensación realmente genial. – La sonrisa de su rostro indicaba que verdaderamente la había pasado genial en ese momento. Aunque luego una expresión de preocupación se apoderó de él.

De repente todo cambió, era como si estuviera yendo más rápido de lo que podía tolerar. Quería frenar pero no lo conseguía. Creo que empecé a gritar pidiendo que parara todo y eché a correr. Después sentí como si me hubieran golpeado. Lo último que recuerdo es haber caído al suelo y escuchar las risas de mis amigos… - Su voz se había apagado paulatinamente mientras se acercaba al final del relato - Eso… Eso es todo lo que puedo recordar – El joven abrazó sus rodillas y se quedó contemplando todo a su alrededor.

Kingsley estaba preocupado. Los efectos de la bebida que había tomado el joven eran muy parecidos a lo que habían descrito los demás. Parecía que la situación se empezaba a complicar.

- Muy bien, eso es suficiente. El doctor aquí presente le hará unos exámenes y luego podrá retirarse.

Paul se acercó al joven y le dio otra botella de poción.

- Beba esto, es necesario para los exámenes.

El joven obedeció al sanador y, luego de dar un pequeño sorbo, cayó profundamente dormido.

- Listo – Dijo el sanador mientras guardaba la pequeña botella de nuevo en su bolsillo - Dentro de un rato despertará en alguna plaza de Manchester con una buena resaca.

- Gracias por avisarme de esto Paul. Nos mantendremos en contacto – Kingsley se dirigió hacia la puerta y salió al pasillo iluminado por antorchas que en ese momento estaba vació.

Kingsley sacó un teléfono celular de su bolsillo y empezó a marcar un número que sólo conocían pocas personas. No le agradaba demasiado utilizar tecnología muggle, pero tenía que reconocer que eran mucho más útiles y veloces las comunicaciones telefónicas que las lechuzas.

Al tercer tono de llamado contestaron la llamada.

- ¿Hola? – Dijo la voz del otro lado de la línea.

- Soy yo – Respondió Kingsley lacónico.

- ¿Qué sucede? ¿Hay novedades?

- Todo indica que se están expandiendo. Acabo de interrogar a una víctima proveniente de Manchester.

- ¿De Manchester? ¿Entonces ya han salido de Londres?

- Así parece.

- ¿Alguna sugerencia? – La voz sonaba ligeramente inquieta, como si las novedades de Kingsley no fueran nada buenas.

- Creo que es hora de ampliar un poco el grupo. Y es hora de involucrar al Departamento de Aurors.

- ¿Ya tienes a alguien en mente para sumarlo a la misión? – Preguntó aquella voz, esta vez con un tono de intriga.

- Por supuesto que sí – Respondió Kingsley sonriendo para sí mismo - El muy maldito estará entusiasmado cuando se lo diga. Debo irme. Nos mantendremos en contacto – Sin esperar una respuesta, cortó la comunicación y continuó por el pasillo para salir del hospital de una buena vez.


Y ahora? A quién piensa llamar Kingsley? Lo sabrán más adelante, por ahora no pienso adelantar nada.

En fin, les dejo esto como regalo antes de fin de año.

Mi intención es ir subiendo capítulos cada dos semanas máximo, si es antes mejor para ustedes y para mi.

Espero que disfruten con sus familias/amigos/parejas o con quien sea que vayan a pasar el fin de año y la pasen de maravillas!

Nos vemos el año que viene

Albus Severus