Hola a todos! Muchas gracias por sus reviews! Espero que la tendencia se mantenga y más de ustedes se animen a dejar sus opiniones (no tengan miedo! no les cuesta nada dedicar unas palabras y decirme lo que les parece la historia)
Yo acá ando, cocinándome en este sauna gigante que es la ciudad de Buenos Aires! jajajajaja
Por lo que anduve viendo, les gustó el último capítulo, me alegro! Fue una escena que me gustó escribir, asique me alegra que a ustedes les haya gustado leerla n.n
Ya es hora de contarles lo que pasó después de ese sorpresivo beso, asique por ahora los dejo leer en paz!
Disfruten la lectura!
Capítulo 5
Después del encuentro
Harry no había podido evitar aquel beso. Sus sentimientos lo traicionaron al instante en que sintió el perfume de Ginny. Cuando quiso darse cuenta de lo que estaba haciendo, su mano se encontraba en la nuca de Ginny sosteniéndola suavemente mientras sus dedos se perdían en aquel sedoso cabello. No recordaba haberse sentido tan vivo desde hace meses, asique se dejó llevar por ese momento de pura felicidad sin preocuparse por nada, ni por el pasado, ni por lo que podría pasar si alguien los veía en aquella situación.
El revoltijo de emociones que la joven había sentido segundos atrás fue súbitamente interrumpido cuando sus labios entraron en contacto con los de su ex novio. Ginny no podía salir de su sorpresa al recibir el beso de Harry, pero tampoco sentía ganas de que terminara. Una enorme dicha invadía cada célula de su cuerpo al besarlo, era como si nada importara, como si todo lo que había pasado en esos últimos meses hubiera sido solamente un mal sueño.
Pero en el mismo instante en que Ginny comenzaba a disfrutar por completo ese beso, algo en la mente de Harry lo devolvió a la realidad. "¡¿¡¿Qúe demonios estás haciendo?" Un fuerte grito surgió dentro de su cabeza, y de repente comprendió que lo que estaba haciendo era una locura. La sensatez se apoderó de él y se obligó a sí mismo a soltar a su ex novia y a abandonar aquellos labios que habían sido su irresistible tentación tan sólo unos segundos atrás.
- No, esto está mal. Disculpa.
Al oír esa frase pronunciada por Harry, Ginny abrió sus ojos y se encontró con los de su ex novio. Al ver su expresión supo que estaba arrepentido de haberla besado. "¿Me acabas de dar uno de los mejores besos de mi vida y ahora pones esa cara?" Ginny tranquilamente podría haberlo abofeteado de nuevo, y esta vez no habría un sentimiento de culpa por hacerlo.
- ¿Qué diablos te pasa? – Explotó Ginny, tratando de controlar su voz para que ese pasillo continuara vacío. – ¿Cómo vas a besarme de esa manera?
- Perdón, es que… No lo sé, no pude contenerme… - Harry se veía abochornado. Sabía que era una excusa muy pobre, que no tendría que haberla besado, pero simplemente no pudo evitarlo. – ¿Acaso no te gustó? – Preguntó, tratando de poner la presión del lado de Ginny mientras amagaba con sonreír.
- No se trata acerca de eso – Respondió. "Tendría que estar loca para que ese beso no me haya gustado Harry, pero no pienso darte el gusto de que lo sepas" Ginny no pensaba dar el brazo a torcer. - No es el lugar ni el momento para estar a los besos.
- Lo sé, por eso mismo me frené. – Harry la miraba como pidiéndole disculpas. – Tenemos miles de cosas que solucionar.
- ¿Entonces qué es lo que quieres? ¿Para qué diablos me besaste? – Ginny tenía miedo de la respuesta que pudiera oír, pero no pudo evitar que la pregunta saliera de su boca.
Harry meditó un momento su respuesta, "¿Por qué lo hice? ¿Qué me está pasando? Si ella me odia, o al menos ya no me ama… ¿O todavía me ama? Esto no tiene sentido". Las preguntas se amontonaban en el cerebro de Harry, y no lograba llegar a ninguna clase de conclusión. Finalmente decidió decir lo que pensaba en ese momento:
- Ni siquiera sé ni qué es lo que quiero todavía, pero definitivamente necesitamos tiempo para arreglar nuestros asuntos pendientes. Tú y yo sabemos que las cosas no están bien entre nosotros. Quizás más adelante podamos estar juntos, verdaderamente no lo sé. Pero lo que sí sé es que hay mucho por hablar.
Ginny asimiló lentamente las palabras de Harry. "¿Que podemos estar juntos?" Esa última frase la dejó completamente atónita. "¿A pesar de todo lo que pasó todavía quiere que estemos juntos?" Decidió obviar esa idea por unos momentos y decidió concentrarse en lo demás. Finalmente se dio cuenta de que Harry tenía razón. Todavía había algunas cosas por hablar, miles de cosas en realidad.
- Supongo que tienes razón.
El silencio se hizo presente y ninguno de los dos tomaba el coraje suficiente como para romperlo. Las dudas crecían y se expandían como fuegos artificiales. Nadie sabía qué decir, ambos tenían miedo de pronunciar las palabras equivocadas de manera equivocada y arruinar el delicado equilibrio que se mantenía en ese instante.
- ¡Con que aquí estás! Llevo media hora esperándote…
Ambos se sobresaltaron al oír aquella voz que rompió el incómodo silencio que flotaba en el pasillo. El contacto visual se vio interrumpido cuando Kingsley asomó por una esquina. A éste se lo notaba visiblemente enojado por haber tenido que esperar durante tanto tiempo a su subordinado.
- Te dije que íbamos a hablar de inmediato. ¿Qué está pasando? – Miraba alternativamente a la ex pareja. Ellos, mientras tanto, fijaban su mirada en Kingsley para no tener que establecer contacto visual nuevamente.
- Nada, nada en especial, Kingsley – Respondió Harry – Solamente tenía que hablar unas cosas con Ginny. Disculpa por la molestia. Será mejor que vayamos a tu despacho.
- Así es, tenemos poco tiempo. – Le indicó a Harry que lo siguiera, saludó con un gesto a Ginny y dio media vuelta para volver a su despacho.
Harry seguía clavado en el suelo, observando el pasillo por el cual Kingsley acababa de alejarse y sintiendo los ojos de Ginny clavados en su espalda. ¿Por qué tenía tanto miedo de voltearse? ¿Por qué tenía que haberla besado? ¿Y ahora qué? ¿Hacer de cuenta que no pasó nada y hablar del clima? Varias veces se maldijo a sí mismo por meterse sin ayuda de nadie en ese embrollo.
Mientras tanto Ginny continuaba con la vista fija en Harry, temiendo el instante en que se volteara para verla. No sabía ni siquiera quería o no hablar con él en ese momento, pero necesitaba ver a los ojos a su ex novio y tratar de comprender qué iba a pasar después de aquel beso. "No te vayas sin despedirte Harry, o te juro por lo que más quieras que no te lo voy a perdonar en lo que me quede de vida".
Finalmente los ojos verdes se encontraron con los ojos pardos y aquel segundo se convirtió en una eternidad. El silencio volvió a hacer acto de presencia mientras ninguno de los dos se atrevía a abrir la boca y decir algo. Simplemente se quedaron allí plantados, adheridos al suelo, separados por mucho más que el metro de distancia que había entre ellos.
- Tenemos que hablar… - Comenzó a decir Harry, aunque fue inmediatamente interrumpido por Ginny.
- Si, ya lo sé. – Ginny miraba a Harry, pero ya no directamente a los ojos. Era como si no pudiera sostener el contacto visual. - Pero no es el mejor momento para hacerlo. Kingsley te está esperando, tienes que ir.
- Ginny… ¿Estás bien? – Harry se acercó con aire de preocupación.
- Sí, estoy bien – Todavía no se animaba a mirarlo a los ojos. – Por favor, sólo vete. Necesito estar sola. – Harry se frenó en seco a escasos centímetros de ella.
- ¿Cuándo piensas perdonarme por lo que pasó? – Preguntó. Su voz había cambiado a un tono triste.
Ginny no respondió de inmediato, sino que miraba el suelo tratando de esconder el torrente de sentimientos que invadieron su mente al recordar los hechos de hace casi un año.
- No lo sé. Supongo que necesito tiempo. – Dijo finalmente. – Ya tendremos la oportunidad de hablar de eso. No te preocupes.
- Está bien. – Harry se dio cuenta que Ginny verdaderamente necesitaba que la dejara en paz. – Debo irme. – Sin decir más, se dio media vuelta y se dispuso a ir al despacho de Kingsley.
- ¿Harry? – Ginny lo llamó con voz queda. Harry volteó y esta vez ella permitió que hicieran contacto visual nuevamente. – Quizás yo no te haya perdonado todavía, pero creo tú tampoco te has perdonado por lo que pasó.
- ¿Qué quieres decir? – Preguntó.
- Quiero decir que fuiste responsable por lo sucedido. – Respondió la joven. – Sin embargo, eso no quiere decir que toda la culpa sea tuya. Incluso yo puedo entender eso, aunque todavía no pueda perdonarte. Yo podré aceptar tus disculpas algún día, pero mientras tú quieras seguir cargando con el pasado las cosas nunca podrán funcionar entre nosotros.
Harry se quedó inmóvil, intentando asimilar las palabras que le había dicho su ex novia. Pero antes de que alguna respuesta se formara en su cerebro, Ginny avanzó por el pasillo pasando por su lado.
- Kingsley te espera, debes apurarte – Dijo mientras se dirigía al mismo pasillo por el cual Kinglsey se había retirado unos minutos antes. Al llegar a la esquina, volteó para mirar a Harry una vez más a los ojos. - Cuídate – Fue la despedida de la joven antes que su roja cabellera se perdiera de vista.
Harry estaba a punto de llamarla a los gritos, de tomarla de la mano e impedir que se fuera. Pero no sabía ni siquiera para qué quería que se quedara. "No sabes qué decirle, déjala ir, no seas idiota" Su sentido común pudo más que sus deseos de ver a Ginny aunque sea una vez más antes que se vaya y finalmente la dejó ir.
Admitiendo que ya no tenía nada más que hacer allí, esperó unos segundos más para permitirle a Ginny que se fuera del Ministerio sin que hubiera probabilidades de que se volvieran a cruzar. Cuando estuvo seguro que Ginny ya se había ido del edificio, caminó lo más rápido que pudo para retirarse del lugar sin llamar la atención. Aquellos pasillos que segundos antes parecían completamente desiertos, ahora se encontraban repletos de gente que parecía quedarse de piedra al encontrarse cara a cara con Harry Potter.
Afortunadamente, el pasillo que daba al despacho de Kingsley se encontraba vacío, lo cual serviría para evitar que aquellos ridículos rumores de distanciamiento entre él y su jefe crecieran aún más, y también para evitar cualquier tipo de sospechas acerca de la charla que estaban a punto de mantener. Se preguntó por un segundo dónde se habría metido Alicia, pero luego entendió que probablemente Kingsley le había dicho que se fuera de allí en vez de quedarse esperándolo.
Antes que alguien pudiera descubrirlo en aquel pasillo, ingresó rápidamente en el despacho sin siquiera golpear la puerta.
- Entra tranquilo Harry. – Dijo Kingsley al verlo - Has de cuenta que este es tu despacho, no el mío. – Comentó, con cierta irritación en su voz.
- Disculpa por eso – Respondió. – Pero no quería que nadie me viera entrar aquí. No quiero levantar sospechas estúpidas.
- ¿Qué clase de sospechas? ¿Relacionadas con las idioteces que dice El Profeta? - Inquirió con un dejo de diversión ante la reacción de Harry. – Oh, vamos. Sabemos que esto es un juego entre el Ministro y los periódicos. Al parecer todavía no está conforme con tu decisión de no participar de sus actos políticos.
- Dejemos ese tema por el momento. – Respondió Harry, visiblemente irritado. – Quisiera saber por qué apareció tu Patronus en mi casa hace un par de noches.
- Me parece sensato. – Señaló el asiento delante de su escritorio. – Toma asiento por favor.
Espero a que Harry se sentara, sacudió su varita e hizo aparecer unas carpetas de cartón de color rojo. Acto seguido, las tomó y se las dio a Harry para que examinara su contenido mientras sacudía nuevamente su varita apuntando hacia la puerta.
- ¡Muffliato!
- ¿Piensas que puede haber alguien escuchando del otro lado? – Preguntó Harry, con cierto escepticismo.
- Nunca se es demasiado precavido, especialmente cuando se trata de un tema delicado.
- Muy bien, ¿qué tengo que saber de todo esto? – Interrogó, levantando las carpetas que ni siquiera había abierto.
- ¿No vas a leer lo que hay allí? – Replicó Kingsley.
- No, o al menos no hasta que me digas qué está pasando. – Respondió Harry serenamente.
Kingsley sonrió ante la impertinencia de Harry, pero prefirió no hacer ningún comentario al respecto ya que había temas más importantes que tratar.
- La situación es la siguiente: como ya sabes, hay sanadores infiltrados en hospitales muggles para encontrar víctimas relacionadas con la magia. Pues bien, hace unos meses uno de ellos envió un paciente muggle a San Mungo, se trataba de una joven de poco más de veinte años, tenía un comportamiento extraño, gritaba por un buen rato, luego permanecía en silencio por otro rato, y así sucesivamente. Corría y daba vueltas dentro de la sala y después caía como si se hubiera desmayado.
Luego de un par de días logramos dar con la causa: la joven había ingerido una poción que provocaba efectos alucinógenos. Lo curioso no es eso, sino que luego de investigar un poco descubrimos que no se trataba de algún idiota que intentaba jugar con los muggles, sino que son magos que se dedican a comercializar pociones en el mundo de los muggles.
- ¿Y cómo fue que tardamos tanto en enterarnos de esto? – Preguntó Harry refiriéndose al Escuadrón de Aurors.
- Tú tardaste en enterarte de esto – Corrigió Kingsley – Algunos de nosotros estamos al tanto desde hace meses.
- ¿Y por qué no formé parte de esto desde el principio? – Harry no podía ocultar del todo su enojo por no haber sido partícipe de la situación hasta unos meses después.
- Primero, porque se consideró que todavía no estabas recuperado de lo que pasó en Mayo. – Respondió – Y segundo, porque hasta este momento no se pensaba que era necesario sumar más gente a la investigación.
- ¿Y cómo fue que cambiaste de opinión? – Preguntó todavía con su enojo a flor de piel.
- Porque estos muchachos se volvieron audaces. – Dijo Kingsley – Hasta hace poco tiempo sólo se estaban moviendo en Londres. Pero descubrimos una nueva víctima en Manchester. Asique ya es momento de agrandar el grupo y frenarlos antes que esto llegue a escala nacional o, aún peor, internacional.
- ¿"El grupo"? – Harry estaba desconcertado - ¿Cómo que "el grupo"? ¿Cuánta gente forma parte de esto?
- Unos cuantos. – Respondió – No me dejaste terminar. Como te decía, una vez que nos enteramos de eso decidimos actuar de una manera poco convencional, ya que a medida que íbamos investigando, ellos se escondían cada vez más. Por eso decidimos infiltrar a un grupo de gente dentro de estos traficantes para tratar de desmantelar su operación.
- Debo reconocer que es un buen plan, el Ministerio nunca había hecho algo por el estilo – Comentó admirado - ¿Lograron algún avance?
- De a poco fuimos subiendo por los escalafones, ahora tenemos varios agentes en distintas partes de la organización.
- Veo que ya es hora de que intervenga en la charla, ¿no es así Kingsley? – Dijo una voz que no parecía tener dueño.
- ¿Quién anda ahí? – Preguntó Harry sorprendido.
- Uno de los agentes encubiertos, señor Potter. – Dijo la voz.
Harry sintió que alguien se sentaba en la silla que se hallaba a su derecha. Si en un primer momento no lo había visto, fue porque esa persona (sea quien sea) había usado un hechizo desilusionador de manera casi perfecta. Él sabía que no muchos magos llegaban a ese nivel, quizás no era el nivel de Dumbledore, pero de todos modos el hechizo estaba muy bien realizado. Sólo podía diferenciar al sujeto de su entorno al tenerlo a pocos centímetros de distancia.
- Diría que es un gusto verlo, pero estaría mintiendo. – Dijo Harry, con un ligero tono de broma.
- Lo tomaré como un cumplido, viniendo de su parte. – Comentó el extraño.
- Quizás lo haya sido – Respondió Harry. – Por cierto, supongo que no voy a enterarme de su nombre, ¿no es así?
- No Harry. - Intervino Kingsley.- La idea es que nadie sepa quiénes son nuestros agentes, ni siquiera tú. Y no pongas esa cara – Agregó al ver la expresión de Harry– sabes bien que es una medida de seguridad, no se trata de si confío o no en ti. Por cierto, no creo que necesite explicarte que lo que se hable en este despacho no debe salir de este despacho, ¿no es así?
- Por supuesto que no. – Dijo el joven inmediatamente – No te preocupes por eso.
- Bien – Comentó el agente – Ahora vamos a lo importante, ¿puede ser?
-Estoy de acuerdo. Quiero saber qué tenemos hasta el momento.
- Por ahora hemos logrado infiltrar algunos agentes en diversas secciones del grupo. – Comenzó a relatar el hombre – Un par simulan ser compradores y distribuidores, al menos para apartar una fracción de las pociones fuera del alcance de los muggles…
- ¿Eso quiere decir que nosotros los estamos financiando? – Interrumpió Harry algo escandalizado al enterarse de ese dato.
- Es un pequeño precio que hay que pagar para mantener protegida aunque sea a una parte de los muggles. – Replicó el agente, esta vez de mal humor. Al ver que la expresión de Harry se relajaba un poco, continuó su relato. – Por otro lado tenemos otros agentes metidos directamente en el grupo.
- ¿Quién dirige a ese grupo?
- No lo sabemos por el momento.
- ¿Cuántos miembros tiene?
- Tampoco lo sabemos a ciencia cierta, pero calculamos que son entre quince y veinte. No es tan sencillo obtener esa clase de información, señor Potter. – Dijo el agente, algo malhumorado – Lo que sabemos es que hay un segundo al mando, llamado Quimera, quien recibe las órdenes de su jefe y las comunica al resto del grupo. Todos usan máscaras y apenas se conocen entre ellos, es todo un desafío descubrir sus identidades.
- ¿Algún dato que nos sirva? –Harry estaba cada vez más molesto por la poca información que iba recibiendo de aquel agente. "Idiota… ¿Quién diablos piensas que soy? ¡Soy Harry Potter, maldito infeliz!" Pensó para sus adentros en un arrebato de orgullo poco común en él.
- No mucho, por eso necesitamos que ustedes investiguen por su parte. Si alguno de nuestros agentes hace algún movimiento equivocado, estará muerto.
- ¿Qué quieren que haga entonces? – Inquirió Harry.
- Queremos que presiones por tu cuenta – Respondió Kingsley. – La idea es provocar algún movimiento inesperado, tomarlos desprevenidos. Si la gente se entera que tú estás investigando por tu cuenta, quizás eso los inquiete un poco al menos.
- Sabemos que la comercialización se hace a través de muggles que les compran las pociones al grupo y luego ellos las venden en lugares donde los muggles se juntan para bailar, "discontecas" creo que les dicen – Comentó el agente.
- Discotecas – Corrigió Harry.
- Lo que sea – Replicó – El asunto es que esa es una opción, pero después habría que investigar por otros lugares.
- Obviamente – Dijo el joven – Pero necesito algo más de información. Detalles de las pociones, si son peligrosos o simplemente unos imbéciles que buscan dinero fácil, algo que me ayude a conocerlos mejor.
- Puedo decirte que no son idiotas. Saben muy bien dónde están metidos, saben protegerse, saben ocultarse y proteger sus identidades. ¿Peligrosos? Es probable que sí, por lo menos nuestros agentes tuvieron que pasar por "audiciones" para ingresar al grupo propiamente dicho.
- ¿Qué clase de "audiciones"? – Preguntó Harry.
- Maleficio Cruciatus, interrogatorios, lo que sea para asegurarse que no se trataban de nadie que pudiera complicarles la vida. Creeme, fue bastante duro. Asique podemos decir que son bastante peligrosos si es que no les importa torturar a alguien para asegurarse de que era alguien fiable.
- No creo que sea peor que lo que hacía Voldemort con sus mortífagos – Harry sintió otro arrebato de orgullo cuando el desconocido se sobresaltó al oírlo nombrar a Voldemort. - ¿Cuándo podré hablar con aquellos que están encubiertos?
- Nunca – Dijo el agente – Hablarás conmigo y solamente conmigo. No quiero fugas de información.
"Este idiota se asusta de un nombre y dice que yo no soy de fiar… ¡Que perfecto imbécil!". A pesar de lo que su mente opinaba, decidió que debía mantener la calma si quería conseguir algo de información - ¿Eso significa que no soy de fiar? – Preguntó Harry enojado.
- No lo sé. Kingsley dice que eres confiable, pero yo prefiero no arriesgarme. – Explicó con serenidad.
- Me importa un demonio lo que tú opines – Harry ya estaba exaltado por el trato de aquel agente. – Tú al menos sabes quién soy. Yo no sé nada acerca de tu gente y quiero conocerlos.
- Yo sí los conozco Harry – Intervino Kingsley. – Son de fiar, yo respondo por ellos.
- Pero de todos modos no dejan que los conozca. – Protestó.
- No – Respondió – Y será mejor así. Mientras menos gente sepa quiénes son nuestros agentes, será más seguro para ellos. Ya hice mucho por ti dejando que te enteres de esto. Nadie más en el Ministerio lo sabe, ni siquiera el ministro, asique te pido que mantengas la calma.
- De acuerdo. – Dijo finalmente Harry. El hecho de estar al tanto de algo que el idiota del ministro no sabía lo había apaciguado un poco.
- Ya es hora de que te retires Harry. – Dijo Kingsley – Tengo que hablar unas cosas con el agente.
- Muy bien. – Dijo el joven, algo sorprendido por el pedido de su superior. – Después hablaremos, ahora iré a mi despacho.
Finalmente Harry se levantó de su silla y salió al pasillo, el cual seguía vacío. Apresuró el paso y antes de que se diera cuenta ya había pasado frente a la oficina de su secretaria.
- ¡Harry! – Sara lo llamó antes que el joven alcanzara la puerta de su despacho y lograra esconderse dentro. - ¿Ya has hablado con Kingsley? ¿Le enviaste lo que te había pedido?
- ¿Eh? – Los hechos de aquella mañana le habían borrado por completo de su cabeza los expedientes de aquellos que aspiraban a ingresar al Escuadrón. – No, Sara. Todavía no se los envié, ahora mismo pensaba hacerlo.
- ¡Oh, por todos los cielos Harry! – Exclamó su secretaria – Sabes que se pondrá hecho una furia y después yo pagaré por tu irresponsabilidad.
- Sara, quédate tranquila. – Dijo Harry con tranquilidad. – Y si sigues temiéndole tanto a Kingsley como a Voldemort – Su secretaria se exaltó nuevamente al oír aquel nombre -, tendré que conseguir alguna secretaria que sí quiera lidiar con él. Y sigue pendiente la amenaza de hoy, te prometo que voy a atarte a esa silla si continúas reaccionando de esa manera.
- Ya te lo dije – Respondió la mujer mientras parecía comérselo con los ojos. – Veinticuatro horas a solas contigo es una idea genial, asique cuando quieras puedes empezar. – Agregó, mientras le guiñaba un ojo.
- ¡Eres el colmo! – Dijo Harry mientras dejaba que una sonora carcajada saliera de su boca. Luego se dirigió a la puerta de su despacho. – Estaré aquí un rato, trata de que nadie me moleste. ¿Puedes hacerme ese favor?
- Como siempre. No te preocupes, nadie te molestará mientras yo esté aquí.
Finalmente ingresó en su despacho, se sentó en su sillón e intentó serenarse. La charla con Kingsley y aquel misterioso agente habían apartado a Ginny de su cabeza por un rato, pero al encontrarse solo en aquella habitación su mente comenzó a trabajar a toda máquina recordándole con detalle todo lo que había sucedido. Fue hacia un pequeño mueble cerca de su escritorio y sacó una botella helada de cerveza de manteca para calmar su sed.
Tomó unos sorbos mientras se inclinaba en su sillón tratando de alejar de su cerebro lo que pasó en el pasillo hacía tan sólo unos minutos, aunque sin éxito. Resignado, se relajó un poco antes de hacer un repaso de los hechos. Aquel beso fue un acto de puro instinto, pero todavía no lograba entender qué clase de instinto era. "¿Qué me pasa con ella?" Esa pregunta estaba dando vueltas en su cabeza desde que la vio abandonar el pasillo. "¿Qué le pasa a ella conmigo?" Esa duda lo mantenía aún más desconcertado.
Ginny todavía no lo había perdonado, eso estaba más que claro. Lo que no tenía tan claro era lo que ella sentía por él. El beso le gustó al parecer, por algo se dejó llevar. ¿Pero qué significaba eso? Por más vueltas que le diera al asunto, lo único que conseguía pensando en ello era más preguntas que respuestas.
El deseo de olvidarse por un momento de todo aquello que invadía su cerebro se tornó mucho más fuerte que en otras ocasiones. Tomó otra botella de cerveza de manteca y, aceptando que su cerebro sólo iba a pensar en Ginny y a torturarlo con más preguntas durante un buen rato, destapó la cerveza y se inclinó un poco en su sillón, abandonándose a aquella inevitable situación.
De repente se oyó un golpe en la puerta de su despacho. "¿Quién demonios podía ser? Le dije a Sara que nadie me moleste". Maldiciendo su suerte pero agradeciendo que algo interrumpiera la catarata de pensamientos que estaba a punto de ocupar su mente, se acomodó en su silla antes de dejar pasar a quien estuviera del otro lado de la puerta.
- Disculpa, ¿molesto si paso? – Harry se mostró muy sorprendido al reconocer la voz de Alicia.
- No, por supuesto que no. Pasa tranquila. – Respondió de inmediato.
- Tu secretaria no quiso dejarme pasar. – Comentó – Dijo que estabas ocupado con cosas muy importantes. – Observó las botellas de cerveza de manteca – Ya veo que era verdaderamente urgente – Agregó algo risueña.
- Sí, bueno… Es que no quería que nadie me molestara.
- ¿Y eso porqué? – Inquirió Alicia - ¿Paso algo con Kingsley? ¿O con aquella chica?
"Con ambos en realidad" Pensó Harry para sus adentros, pero no eran temas que quisiera tratar con ella.
- No, estaba harto de ver idiotas por los pasillos. – Respondió – Quería un momento a solas para relajarme un poco.
- Quizás yo pueda ayudarte un poco con eso, ¿no crees? – Dijo, mirándolo seductoramente.
Harry sentía como su cerebro se bloqueaba de a poco al dejarse llevar por aquella mirada. Las palabras de Hermione volvieron a resonar dentro de su cabeza. "No puedes seguir comportándote como si estuvieras de novio". Quizás ya era hora de hacerle caso a su amiga.
De repente todas las complicaciones que inundaban su mente se desvanecieron para ser reemplazados por aquellos ojos tan hermosos y penetrantes. "¡No aquí! ¡No seas idiota!" Una voz resonó de inmediato en su cabeza, haciendo que su mente recuperara el sentido común.
- La verdad que me vendría de maravillas. – Harry devolvió una sonrisa a la mirada de Alicia. – Pero ahora no. Oye, ¿Quieres ir a comer algo después del trabajo? Yo invito.
- Por supuesto que sí, siempre y cuando tú pagues yo no tengo ningún problema. – El rostro de Alicia se iluminó al oír la propuesta de Harry.
- Muy bien. Entonces quedamos así – Dijo Harry resueltamente – Después arreglamos los detalles.
- Me parece genial. – Contestó su compañera, sonriéndole abiertamente- Después nos veremos.
Luego que Alicia abandonó su despacho, Harry destapó otra botella de cerveza de manteca. La perspectiva de salir con aquella hermosa joven, y así olvidar por un momento todo aquello relacionado con Ginny, era verdaderamente era merecedora de una pequeña celebración.
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Otra botella de cerveza de manteca se hallaba vacía en una mesa mientras Ginny trataba de olvidar lo que había pasado en el Ministerio. ¿Por qué diablos había tenido que ir? ¿Por qué se tuvo que preocupar tanto por aquella maldita lechuza? ¿Por qué demonios tuvo que encontrarse con Harry? ¿Por qué se tenía que ver tan hermoso? ¿Por qué diablos dejó que la besara?
Ginny trataba de contener el torrente de preguntas que invadían su cabeza. Pero no podía dejar de pensar en Harry, en aquel beso que la dejó completamente atontada. Todo lo que había podido avanzar en su vida desde que cortaron se desvaneció en el instante en que sus labios tocaron los de su ex novio.
Era como si los últimos meses de su vida hubieran sido una mentira, como si nunca hubiera dejado de ser la novia de Harry Potter. De repente un sentimiento de culpa la invadió al pensar en sus Noches Mágicas. No sólo por el hecho de haber puesto a Hermione en una situación tan delicada, al punto tal de poner en riesgo su trabajo. Por un momento sintió culpa como si hubiera estado traicionando a Harry al acostarse con otras personas. "Es una idiotez… ¿Acaso él no estaba coqueteando con otra chica mientras yo era interrogada por Kingsley?" Pero ella sabía que no era lo mismo coquetear que encontrarse en la misma cama con otro hombre.
El temor invadió su cuerpo cuando la idea de que Kingsley le contara a Harry acerca de eso. Estaba segura que no sería capaz de hacer eso, pero de todos modos el miedo de que Harry se enterara de eso. No, eso era algo imposible, ella tendría que dejar de tentar a su suerte. "Basta de hechizos por un rato" Se dijo a sí misma.
De repente vio su muñeca y se percató de que llevaba puesto el reloj que Harry le había regalado hace tiempo. Sin pensarlo dos veces, fue a su dormitorio, se quitó el reloj y lo escondió en su cómoda como si se tratara de algo indecente. Una vez allí, se quitó toda su ropa y una vez desnuda se dirigió a su baño para colocarse nuevamente bajo la ducha.
Intentó no pensar en aquel beso, pero mientras más lo intentaba, con más fuerza y más detalles aparecía ese recuerdo en su mente. Era una tortura tener que recordar aquel momento, aquella felicidad que la había embargado al sentir la mano de Harry recorriendo su cabello, sentir el contacto de su cuerpo, el sabor de sus labios.
"Maldito Harry, ¿no podías hacer que ese beso no fuera tan bueno?" Pensó mientras dejaba que el agua cayera sobre su piel. Pero inmediatamente una parte de su cerebro le contestó. "Sin embargo tú no hiciste nada para evitarlo, ¿no es así?"
Odiando que aquella vocecita tuviera tanta razón, salió del baño todavía empapada de pies a cabeza y se dejó caer en su cama. Mirando el techo intentó reflexionar sobre sus sentimientos, pero estos eran cada vez más confusos.
En esos momentos necesitaba hablar con Hermione, aunque sea para tener alguien con quien hablar de lo que le sucedía. Pero no creía que pudiera soportar la cara de su amiga si le contaba que había estado besándose con Harry hacía sólo unos momentos.
Miró su reloj y se dio cuenta que estaba llegando muy tarde a su trabajo. "Al demonio, que Mike se las arregle sin mí por hoy". Estaba muy cansada por todo el trajín de aquel día, definitivamente necesitaba descansar y olvidarse de todo.
Mientras intentaba buscar una solución alternativa a aquella que había surgido en su cabeza, trató de recordar dónde había dejado su teléfono celular. Luego de unos segundos, finalmente se dirigió a su cocina y ubicó su cartera, la cual había arrojado de cualquier manera al suelo cuando regresó del ministerio. Comenzó a rebuscar en ella y logró encontrar aquel maldito aparato.
Tomó su teléfono y revisó su lista de contactos. Segundos después encontró el nombre que buscaba y le envió un mensaje de texto.
"Tienes algo que hacer? Estoy sola en mi departamento. Vienes?"
La respuesta no se hizo esperar. Menos de un minuto después su teléfono comenzó a emitir una melodía, indicando que había recibido un nuevo mensaje.
"Ahora mismo salgo para allá" Decía la respuesta.
Ginny sonrió para sí misma, él siempre estaba disponible para ir a su departamento. Mientras se levantaba y tomaba su varita mágica para secarse de inmediato se oyó un golpe en la entrada.
- ¿Vas a abrir Ginny? – Preguntó una voz masculina del otro lado de la puerta.
- Ahora mismo – Dijo la joven.
- Vamos, sabes que no me gusta esperar demasiado. – Comentó la voz con tono risueño.
- Pero a mí me gusta dejarte con la intriga. – Respondió con voz juguetona y seductora.
- Me encanta que seas tan mala conmigo. – Dijo la voz, con el deseo y la lujuria plasmados en cada palabra.
- Te va a encantar más lo que te espera ahora. – Sin dilatar más la escena, abrió la puerta.
Paul Stevenson se hallaba esperando del otro lado. Al ver el cuerpo de Ginny desnudo se quedó impactado.
- Esta vez no quieres perder el tiempo, ¿no? – Dijo, mientras ingresaba al departamento.
- No, esta vez quiero olvidarme de todo. – Respondió la pelirroja mientras dejaba pasar a Paul y cerraba la puerta de su departamento.
Si, lo sé... Muchos de ustedes pensarán "pero qué puta!" jajajajajajaja
Yo no creo que sea tan así, más bien diría que es una vía de escape que usa Ginny para tratar de olvidarse de Harry. No es la mejor idea, pero bueno, ella cree que así está bien...
Respecto a Harry y Alicia... Bueno, no puede ser que Ginny se la pase encamándose y Harry sea el santito pobre tonto que sólo tiene ojos para su ex novia. Es un hombre ya! Tiene derecho a buscar algo de acción también! jajajajajajajaja
Espero reviews, enojense conmigo o felicitenme, PERO DEJEN REVIEWS! jajajajajaja
Saludos y hasta el próximo capítulo!
Albus Severus
Post Data del 11 de Febrero:
al parecer en estos días hubo problemas para ingresar en y por eso se hizo imposible para cualquier usuario ingresar a su cuenta o incluso dejar comentarios... Ahora el problema fue solucionado los invito a dejar su review a aquellos que no pudieron hacerlo antes.
Saludos y hasta el próximo capítulo.
