Hola a todos nuevamente, veo que varios se hicieron los desentendidos y siguen sin dejar reviews... No quiero ponerme pesado con el tema, yo sé que al parecer a muchos les molesta que uno insista con las peticiones de que dejen sus opiniones. Asique voy a hacerla muy sencilla: ¿De verdad quieren que siga escribiendo y subiendo nuevos capítulos? Bueno, demuéstrenlo, porque veo que varios ponen la historia en sus favoritos y en alertas, y esos mismos (salvo algunas excepciones) son los que menos comentan. La verdad que eso resulta algo irritante, porque parece que no les importara en lo más mínimo...

Vamos gente, somos todos grandes, ustedes saben que la mayoría de los que escribimos nos sentimos bastante frustrados cuando vemos que a muchos les gusta la historia pero son pocos los que dejan comentarios... Se los pido de todo corazón, anímense a dedicar unas palabras, no creo que sea un gran esfuerzo lo que les pido. Ya sean usuarios o no de la página, TODOS pueden dejar sus opiniones, la única diferencia es que no puedo responderles directamente a aquellos que no están registrados... Aquellos que dejan reviews son testigos de que le respondo a todo el mundo, asique media pila y escriban!

Volviendo al tema que más les importa (o sea la historia), creo que este capítulo les va a gustar, aunque me van a odiar mucho por dejarlos con las ganas de más información... Hoy por fin aparece un personaje que tenía algo abandonado, me refiero a nuestro querido Ron Weasley, quien se va a encontrar con una sorpresa algo desagradable para él. Ya sabrán a qué me refiero.

Por cierto... Muchas gracias a mi querida amiga Pottershop, quien se tomó un tiempo para operar como editora mientras está abrazada al teclado actualizando 3 historias distintas... MANIATICA! Tomate 5 minutos y descansá del teclado! Jajajajaja

Te quiero pendeja! Gracias por tu ayuda! =)

Ahora sí, no los molesto más con estas palabras y los dejo con la historia. (Creo que es de lo mejorcito hasta ahora, ustedes sabrán darme su opinión... Bah, espero que la dejen, no me decepcionen por favor)

Nos vemos abajo

Saludos!

Albus


Capítulo 7

El recuerdo

- ¿Harry?

Ginny todavía no podía salir de su asombro. Sin dudas era Harry, ahora lo entendía todo: las inquietudes, los halagos, la amabilidad, los comentarios oportunos… Todo el tiempo se trataba de Harry. "¡Hijo de mil puta! ¡Lo voy a matar! ¡Luego lo voy a revivir y lo volveré a matar!". Tuvo que controlarse para no sacar su varita y maldecirlo en ese mismo lugar y delante de Mike.

- Hola Ginny – Repitió Harry alegremente. – Disculpa por no habértelo dicho antes, no sabía si Mike te lo había contado o no.

- ¿Contarme qué cosa? – Preguntó la pelirroja, con la mirada todavía cargada de furia contenida.

- Que Harry viene a veces por acá cuando cree que puedo contarle algo que le sirva. – Contestó Mike anticipándose a su antiguo protegido.

- Lo que sucede es que no conviene que aparezca mostrando mi verdadera identidad. – Intervino Harry – Si llegara a correr el rumor de que yo paso seguido por este lugar, Mike jamás tendría la oportunidad de enterarse del tipo de noticias que él oye al estar cerca de Callejón Knockturn. Ten en cuenta que gracias a los queridos idiotas de El Profeta, todo el mundo cree que yo estoy enemistado con Mike. Eso sirve para que él pueda oír cosas sin que desconfíen. – Mantuvo la sonrisa con la ilusión de que Ginny no estuviera demasiado enojada como para hacerle algo grave.

Afortunadamente para Harry, Mike tomó por el hombro al muchacho y avanzó a él hacia el fondo del local.

- Ven conmigo Harry – Dijo tranquilamente – Vamos a mi despacho, allí nadie nos molestará.

- ¿Y yo qué? – Preguntó Ginny en voz alta y todavía con ganas de abalanzarse sobre Harry, aunque la sonrisa de su ex novio había provocado una disyuntiva en su cerebro: no sabía si quería acercarse a él para besarlo nuevamente o para darle vuelta la cara de un cachetazo.

- Tú quédate, por favor – Respondió Mike. – Atiende a los clientes mientras hablo con Harry. – Miró a Ginny seriamente – Que nadie se entere que Harry se encuentra aquí, ¿entendido?

- De acuerdo - Dijo Ginny entre dientes, dirigiendo miradas asesinas a Mike por tratarla como si fuera una niña y también a Harry "por ser tan hermoso". Su mente había finalizado la oración traicionando el enojo que sentía por haber sido engañada. "¡Maldito seas Harry! ¡Con todo lo que me acabas de hacer y yo pensando en eso!".

Antes que la joven pudiera decir algo más, Harry y Mike se perdieron de vista dentro de la oficina. La puerta se cerró con un ruido seco y todo quedó en silencio mientras Ginny seguía clavada en lugar, delante del mostrador principal, tratando de no lanzar todos los objetos que tenía a su alcance y destrozarlos por completo.

Un impulso, una gran curiosidad se apoderó de ella e hizo que se olvide momentáneamente de su enojo con aquellos dos que ahora hablaban en la habitación del fondo. "¿Qué diablos quiere averiguar Harry? ¿Qué podría saber Mike para que pueda ayudarlo en lo que sea que esté investigando?". Una voz interior le decía que no debía meterse en ese asunto, pero la intriga pudo mucho más.

Avanzó despacio para no hacer ningún ruido ni tropezar con alguno de los miles de objetos que atestaban la tienda. Finalmente se encontró a pocos centímetros de la puerta, dudando sobre si tratar o no de oír lo que ellos tenían para decir. Antes que lograra tomar una decisión, la puerta se abrió y Ginny se encontró cara a cara con Harry.

- Hola nuevamente Ginny. – Dijo con una sonrisa de oreja a oreja. - ¿Buscabas algo?

- Eh… - Ginny se encontraba bloqueada al verse a tan pocos centímetros de Harry. Desde aquella distancia podía observar con lujo de detalle su vestimenta, imaginar aquel físico que tantas noches la había acompañado al dormir, sentir su perfume seductor, el cual solía dejarla completamente rendida a sus pies.

- Veo que no. – Comentó, al notar el silencio de la joven. – Bueno, no quiero interrumpirte. Me parece que por si las dudas usaremos Muffliato. – Añadió, todavía con la sonrisa iluminando su rostro. - Nunca se sabe cuando alguien podría intentar oír la conversación entre Mike y yo, ¿no crees?

- Supongo que sí – Respondió, tratando de contener el enojo que nuevamente comenzaba a formarse.

- Después hablaremos. Hasta luego Gin – Y con aquella sonrisa (que ya había obtenido un cierto matiz burlón) aún decorando su rostro, Harry cerró la puerta antes que Ginny pudiera decirle algo más.

000

- ¿Por qué tiene que ser tan insistente? – Hermione se encontraba a medias divertida y a medias irritada.

- No lo sé, pero al parecer muere por salir contigo. – Comentó su compañera.

Hermione se encontraba sentada en su despacho, detrás de su escritorio, el cual se hallaba cubierto de papeles, carpetas y una gran pluma de águila con un tintero a su lado. Del otro lado del escritorio, una joven rubia charlaba alegremente. Era una mujer cercana a los treinta años, cuyo cabello llegaba hasta los hombros formando largas ondas. Sus ojos verdes eran penetrantes, aunque no como los de Harry, sino algo más alegres, como si un torrente de risas pudiera escapar por ellos en cualquier momento.

- Oh, por favor Claudia… ¡Como si yo fuera a decirle que sí! – La joven parecía algo exasperada.

- ¿Y por qué no? – Preguntó – ¡Es un manjar! Ese cuerpo, esa voz… - Claudia tenía la mirada perdida, al parecer sumida en sus fantasías.

- ¡Deja de poner esa cara cada vez que hablas de John! – Exclamó, riendo ante la expresión pervertida que acababa de aparecer en el rostro de la otra joven.

- ¿Cuál es tu problema? ¿Acaso te gusta? – Inquirió rápidamente.

- ¡Por supuesto que no! – Respondió Hermione, un poco ofendida. – Tú sabes que estoy con Ron.

- Ron… - El rostro de Claudia otra vez adquirió una expresión pervertida – Otro manjar…

- Mucho cuidado con lo que dices, Claudia – Los celos de Hermione respondieron al instante – Ese manjar es solamente puedo probarlo yo.

- Ya lo sé, no tienes de qué preocuparte – Explicó la joven riéndose del cambio repentino en el humor de la castaña. – Pero si tan dueña eres de tu novio, ¿por qué dejas que John insista tanto en pedirte que salgas con él?

- Porque es divertido – Respondió con una sonrisa – Además, hace que Ron se ponga celoso, y no siempre puedo hacer que se ponga celoso. Generalmente la celosa soy yo. – Comentó riendo.

- Y además John es hermoso – Agregó Claudia, guiñándole un ojo.

- Bueno… Sí, supongo que sí… - Hermione se había ruborizado ligeramente.

- ¡Por Merlín! – Exclamó la rubia. – "Supongo que sí" – Resopló – Hermione, entiendo que estés de novia, pero eso no significa que seas ciega.

- Está bien, lo admito, es hermoso – Admitió, soltando una carcajada. – Pero será mejor que Ron no me escuche nunca diciendo eso acerca de otro hombre o se pondrá hecho una furia. Y eso significa que tú tampoco debes ir con el chisme a mi novio acerca de lo que pienso sobre John. – Añadió, viendo la pícara sonrisa que se había dibujado en el rostro de Claudia.

- ¡Oh, siempre evitas que me divierta! – Exclamó la joven, riendo. – No te preocupes, no le diré nada a tu Ronnie.

- ¡Por supuesto que es MI Ronnie! –Dijo enfatizando fuertemente la palabra "mi" - ¡Y sólo yo puedo decirle así! – Hermione miraba a su compañera con una mezcla de reprobación y gracia.

- Está bien, no te preocupes, dejaré de llamar Ronnie a tu querido, hermoso, perfecto y acaramelado Ronnie. – Replicó, con una sonrisa burlona decorando su rostro.

- Veo que eres un caso perdido. – Río la joven. - ¿Tienes idea de qué pasa con el proyecto? – Preguntó, desviando el tema. - Llevamos mucho tiempo retrasado con eso.

- La verdad es que no tengo la menor idea. – Respondió Claudia. – Por lo que me dijo John, no todos están de acuerdo con lo que tú propones.

- ¡Sólo quiero que las criaturas mágicas tengan derechos! – Exclamó algo frustrada por la falta de apoyo que tenía su proyecto. - ¿Acaso está tan mal eso?

- El Innombrable habrá sido derrotado, pero eso no significa que todo vaya a cambiar de un día para otro, Herms. – Razonó su compañera. – Tú entiendes cómo son las cosas aquí. Los de arriba podrán decir todo lo que quieran respecto de la igualdad de oportunidades para todos, pero sabes perfectamente que si tienes sangre pura, las puertas se abren con mayor facilidad.

- Sí, ya lo sé. – Replicó Hermione apesadumbrada. – Ojalá Kingsley siguiera como Ministro, estoy seguro que con él a cargo este proyecto sería aprobado con mayor facilidad.

- Ten calma, y mucha paciencia. – La aconsejó Claudia. – No te preocupes, los vamos a convencer. John se está encargando de eso. – Añadió, intentando tranquilizarla.

- ¿Alguien dijo mi nombre? – Una voz masculina se oyó desde la puerta del despacho de Hermione.

Claudia se dio vuelta inmediatamente al oír aquella voz y le dedicó una radiante sonrisa al hombre que se hallaba detrás de ella.

- ¡Hola John! – Exclamó la rubia.

John Carter tenía una sonrisa similar a la de Claudia, pero la de éste iba dirigida a Hermione. Se trataba de un joven algo mayor que ella, quizás de unos veintisiete o veintiocho años. Claudia no había exagerado en lo más mínimo, John poseía un físico verdaderamente privilegiado, un rostro armonioso, ojos negros penetrantes, una sonrisa seductora y un porte elegante. A pesar de ir vestido con un sencillo traje negro, las mujeres lo violaban con la mirada cuando él caminaba por los pasillos.

- Hola Claudia, hola Hermione. – Saludó alegremente a las dos jóvenes. – ¿Por qué me nombraban? ¿Hice algo malo? – Preguntó, haciéndose el inocente. Aunque las dos sabían que John tenía un pasado para nada inocente respecto a las mujeres; su fama de mujeriego era legendaria dentro del Ministerio.

- Comentábamos los problemas que tiene Hermione para encontrar apoyo con su proyecto. – Dijo Claudia, completamente derretida ante los encantos del joven. – Quizás puedas ayudarla con eso, ¿no? – Se levantó de su silla, volteándose para ver a Hermione y guiñarle un ojo mientras se dirigía a la puerta. – Yo ahora debo irme a revisar unos papeles. – Pasó cerca de John y sin dudarlo aspiró un poco de su perfume. – Hummm… Rico perfume John. – Comentó con voz seductora.

- Me alegro que te guste Claudia, hasta luego. – Le dedicó una última sonrisa a la rubia y luego ingresó en el despacho. - ¿Algún problema con el proyecto? – Preguntó, mirando a Hermione con algo de preocupación.

Hermione se encontraba algo desconcertada, como siempre que se hallaba a solas con John. Desde la primera vez que se conocieron, había algo que le atraía de aquel joven. Aquel sentimiento la hacía sentirse tremendamente culpable al recordar lo fiel que Ron le era, incluso a pesar de todas las chicas que se abalanzaban sobre él con intenciones nada inocentes. Sin embargo, John era, como bien Claudia había dicho, un manjar. No sólo por su aspecto físico, sino que se trataba de un joven inteligente, capaz, bien educado, divertido. Sin lugar a dudas era un gran candidato que cualquier mujer querría como pareja.

- Bueno, sí – Dijo la joven. – Al parecer la gran mayoría todavía se opone, parece que todos los cambios que prometió el Ministro fueron palabras vacías. – Comentó, decepcionada.

- ¿Necesitas ayuda con eso? – Inquirió John. – O quizás con algo más. – Agregó, acercándose de a poco al escritorio mientras volvía a mostrar su seductora sonrisa.

- ¿Algo más? – Preguntó Hermione - ¿Por ejemplo?

- No lo sé, te veo muy estresada. – Se encontraba cada vez más cerca del escritorio. – Quizás necesitas descansar un poco, relajarte. ¿Por qué no salimos a tomar algo? – John se había colocado frente a Hermione. – Podría ayudarte a que te sientas mucho mejor.

- John, no insistas por favor – La joven sentía que una parte de ella moría de ganas por encontrarse mejor en compañía de aquel muchacho, pero una voz mucho más fuerte le recordó que también se podía sentirse mucho mejor en compañía de Ron. – Si sabes que estoy de novia, ¿por qué sigues con eso?

- No te pedí matrimonio Herms. Sólo te pido que salgamos juntos. – John se había colocado prácticamente delante de Hermione. - ¿No me vas a dar ni siquiera una oportunidad? – Preguntó, sonriéndole.

- ¡Por supuesto que no! Ella está de novia, asique más te vale que abandones esa idea ya mismo. – Dijo una voz masculina, cargada de agresividad. – Y sólo yo le digo Herms a mi novia. – Agregó entre dientes.

Ron se encontraba en la puerta del despacho de su novia, con un ramo de flores en sus manos y un destello asesino en los ojos.

000

- Bien, Harry. ¿Qué deseas saber esta vez? – Mike ya se encontraba sentado en su cómodo sillón detrás del pequeño escritorio de su oficina y había cruzado las manos por detrás de su cabeza, inclinándose hacia atrás para estar relajado.

- Pociones. – Contestó Harry llanamente.

- Ajam… Pociones. – Una sonrisa burlona apareció en el rostro de Mike. – No tengas miedo de decir más Harry, quizás incluso logre entender de qué demonios estás hablando.

- Tienes razón. – Harry imitó la sonrisa de Mike. – Ni siquiera debería hablar de esto contigo, pero no estoy recibiendo toda la información que quisiera y estoy cansado de esperar.

- ¿Información acerca de qué? – Preguntó, visiblemente intrigado.

- Magos que venden pociones a los muggles. – Harry se había puesto serio. – ¿Qué sabes al respecto? ¿Has oído algo?

Mike descruzó sus manos y se inclinó hacia adelante, abandonando todo indicio de relajación.

- Algo, aunque no demasiado. – Respondió misteriosamente.

- De todos modos es probable que sepas más que yo. – Comentó, algo resignado. – Dime lo que hayas oído. El Callejón Knockturn siempre habla, y tú sabes escuchar. – Dijo, cambiando su expresión por una sonriente.

- Bueno, está bien. - Su boca se torció un poco, amagando con sonreír. - Lo único que sé es que son un grupo de pocos magos, no llegan a veinte, y la mayoría son jóvenes. No me preguntes las identidades porque no las sé, todos usan nombres en clave y nunca pude encontrarme cara a cara con ninguno de ellos.

- ¿No aparecen nunca por el callejón? – Preguntó Harry.

- La verdad que no tengo idea. – Mike se rascó distraídamente la cabeza. - Lo único que pude escuchar son rumores. Al parecer liquidaron a uno de sus miembros hace poco. Por lo que se dice, no cumplió con lo que le pidieron. Nadie sabe dónde dejaron el cadáver, quizás lo enterraron en algún lugar en medio de la nada.

- Parece que estos tipos van en serio. – Harry sonrío para sus adentros, había logrado alterar un poco al grupo al frenar algunas entregas, y alguien pagó el precio. – Y que no perdonan errores.

- Más vale que estés precavido Harry, el que dirige este grupo es un maldito psicópata. – La mirada de Mike era de advertencia. – No se trata de un grupito de idiotas que juegan a los chicos malos.

- Lo sé, no te preocupes por eso. – Replicó para tranquilizarlo. – Ya me di cuenta que no es nada sencillo, por eso vine a pedirte ayuda.

- ¿Qué clase de ayuda? Si alguien llega a enterarse que yo te doy información me van a matar. – Se lo notaba muy preocupado por eso. – Es un milagro que se hayan tragado toda esa basura que dijo el Profeta acerca de que tú y yo estamos peleados, pero no puedo negarte que es gracias a eso que no desconfían tanto de mí.

- Eso es cierto. – Asintió Harry – De algo tenían que servir tantas mentiras por parte de esos imbéciles de "El Profeta".

- ¿Entonces qué quieres saber? – Preguntó Mike.

- Que sigas atento a cualquier rumor. – Respondió - Si llegas a enterarte de algo, de lo que sea, me avisas.

- Me parece bien. Te mantendré informado.

- ¿Por qué contrataste a Ginny? – La pregunta venía rondando la cabeza de Harry desde el primer instante en que la vio al ingresar al local.

- ¿Por qué preguntas? – Replicó Mike sonriendo - ¿Acaso te importa?

- Si digo que no es así, ¿me creerías? – Preguntó Harry, sonriendo al verse atrapado.

- Obviamente no. – La sonrisa creció aún más en el rostro del hombre.

-¿Y bien? ¿Entonces por qué la contrataste? – La mirada de Harry no mostraba más que intriga.

- Para evitar que se meta en problemas. – Respondió Mike. – A mí me importa Ginny tanto como a ti. Bueno, – Sus labios se curvaron para mostrar otra sonrisa – quizás no tanto como a ti. ¿O no es por eso que te dedicaste a interrogarla mientras yo no estaba?

- ¿Puedes culparme? – A pesar de la intención de tomárselo en broma, se lo notaba un poco avergonzado por haber engañado a Ginny.

- No, supongo que yo habría hecho lo mismo. – Dijo con tranquilidad. – Pero de todos modos eso no significa que haya estado bien. ¿Por qué no hablas con ella cara a cara?

- Es lo que haré apenas salga de aquí. – Replicó Harry con determinación.

- Pues bien. – Mike se levantó de su asiento. – Creo que no hay nada más que hablar al respecto. ¿Vamos?

- Si, vayamos.

Harry también se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta de la oficina. Accionó el picaporte y se encaminó hacia el local. Sin embargo, antes de darse cuenta, ya se encontraba cara a cara con Ginny, la cual tenía cara de pocos amigos y una mirada cargada de enojo que no auguraba nada bueno.

000

- ¿Y bien? – Ron miraba a Hermione con un enojo cada vez más creciente.

- ¿Se puede saber qué te pasa? – Preguntó la joven.

- ¿Que qué me pasa? – El pelirrojo parecía a punto de lanzar a cualquier parte el ramo de flores que aún llevaba en sus manos. – Nada, simplemente que llego al Ministerio para sorprender a mi novia y resulta que ella es la que me sorprende al estar coqueteando con algún idiota que parece decidido a robarte.

Hermione y Ron ya se encontraban en su departamento. El ambiente se encontraba un poco tenso luego de que Ron hubiera llegado en el momento justo en que John invitaba a Hermione a salir. La joven se encontraba sentada en el amplio sofá de tres cuerpos que ocupaba el espacio central de la sala, frente a un gran televisor de pantalla plana. A cada lado se observaban sillones más pequeños del mismo tono del sofá. Una amplia biblioteca ocupaba por completo una de las paredes laterales, y en la pared opuesta una gran ventana permitía que la luz del atardecer se filtrara iluminando la habitación.

- Por favor Ron – Hermione lo miraba suplicante – Ya lo hemos hablado miles de veces. No puede ser que sigas celoso de John, yo jamás saldría con él.

- Tienes una curiosa forma de demostrarlo. – Comentó fríamente.

A pesar de que la actitud de Ron la irritaba sobremanera, Hermione no podía dejar de disfrutar internamente las escenas de celos que le hacía su novio. Sentirse tan deseada por su él, que la cuidara tanto e intentara espantar a cualquier hombre de su lado la hacían amarlo cada vez más. Incluso a sabiendas de que después tendría que soportar largas discusiones, "aunque las reconciliaciones son muy buenas" pensó con picardía.

- Basta Ron, lo digo en serio. – La joven se puso de pie para enfrentarlo. - ¿Acaso desconfías de mí?

- No, desconfío de los idiotas que se te acercan. – Ron quiso permanecer serio y aparentar enojo. Pero al encontrarse tan cerca de Hermione y sentir su perfume, el joven se daba cuenta que no podría permanecer mucho tiempo enojado con ella. Por lo tanto decidió pasar un poco al ataque. – ¿O acaso tú desconfías de mí?

- ¡Ni en un millón de años! – La joven se encontraba indignada ante la insinuación de Ron.

- Sin embargo sigues haciendo escenas cada vez que se acerca alguna admiradora del equipo. – Comentó con una sonrisa ligeramente burlona.

- Porque esas malditas sólo quieren llevarte a su cama. – Replicó con resentimiento, aunque a la vez sentía como la sonrisa del joven la empezaba a seducir. "Maldito, odio que hagas eso… ¿Cómo hago para enojarme contigo si me sonríes de esa forma?" Pensó, derretida ante la expresión de su novio.

-Claro, y aquel idiota sólo quería jugar ajedrez contigo. – El sarcasmo de aquella respuesta casi podía tocarse.

- ¿Y qué quieres que haga entonces?

- Dile que no te moleste más… ¿O prefieres que se lo diga yo? – Preguntó con una sonrisa que no auguraba nada bueno para John.

- ¿Para que uses tu experiencia en el Escuadrón con él? No, gracias. Mejor es que se lo diga yo. – Hermione no había olvidado que, antes de dedicarse al Quidditch, Ron había cursado con Harry el ingreso al Escuadrón de Aurors y había sido su compañero hasta hace un año, cuando decidió probar suerte como guardían. Y lo peor era que ella sabía que Ron era más que capaz de hacerle daño a John si se lo proponía.

- Siempre le quitas lo divertido al asunto. – Dijo, mientras se acercaba a su novia con expresión traviesa. - ¿Por qué no puedo convencer a John por mi cuenta? – La expresión de maldad de Ron fue suficiente indicio para que Hermione jamás permitiera que aquellos jóvenes se encontraran a solas.

- Eso no tiene nada de divertido, él no ha hecho nada para que lo ataques. – Respondió la joven, volviéndose a sentar en el sofá.

- Sólo por ahora. – Ron se sentó al lado de su novia. – Te lo pido por favor, dile que deje de molestarte. – La miró a los ojos. – Díselo tú o se lo diré yo. Y por cierto, – Le entregó el ramo de flores – esto es para ti. No hubo tiempo para dártelo antes.

- Muchas gracias – Dijo Hermione, para luego abrazarlo. - ¿Harry vendrá a vernos mañana?

- Por supuesto, él nos dijo que mañana estaría libre. Asique almorzaremos aquí, ¿te parece bien? – Inquirió, mirando a los ojos a su novia.

- Por mí no hay problema. – Respondió sonriente - ¿Algo más que quieras preguntarme?

- Que yo recuerde no – Comentó rascándose la cabeza.

- Perfecto.

Antes que Ron pudiera decirle algo más, Hermione se le tiró encima, dejándolo de espaldas encima del sofá. Aprovechando el momento de sorpresa, se acercó a la boca de su novio y lo besó con intensidad. Ron, sin dejarse estar, dejó que su lengua se dedicara a jugar con la de su novia mientras una de sus manos la tomaba de la cintura y la otra se dirigía a su cabeza para intensificar el beso.

- Eres muy mala conmigo. – Dijo Ron, luego de unos minutos, sonriendo mientras la excitación crecía a cada instante. – No me dejas que me enoje contigo demasiado tiempo.

- Soy la peor de todas. – Respondió Hermione con la lujuria reflejada en su mirada.

Encendido por la mirada que la joven le dedicó, Ron se acercó a su cuello para besarlo con pasión, disfrutando al sentir como la respiración de Hermione se volvía cada vez más entrecortada, evidenciando el placer que sentía la muchacha.

- Parece que eso te gustó, ¿no Herms? – Preguntó Ron con picardía.

- Mucho – Dijo Hermione en un susurro entrecortado al sentir los besos de su novio cerca de sus pechos. Sin pensarlo dos veces, ya se encontraba desabotonando la camisa del joven y besando su pecho.

- Esto va a terminar bien al parecer. – Comentó el pelirrojo riendo.

- Como siempre. – Respondió la joven, levantándose y tomando de la mano a su novio para guiarlo a su dormitorio.

000

- Ginny… Eh… - Harry no esperaba encontrarse con Ginny tan de repente, apenas saliendo de la oficina de Mike. A pesar de ser consciente del peligro que significaba esa mirada en su ex novia, Harry no pudo dejar de notar que seguía viéndose hermosa. Sin embargo, el siguiente movimiento de Ginny lo apartó un poco de aquellos pensamientos.

- ¡Eres un idiota! – El grito de Ginny vino acompañado de un espectacular cachetazo sobre la mejilla izquierda de su ex novio, el cual sintió como su rostro giraba por la fuerza del impacto.

- ¿Qué diablos haces? ¿Cómo vas a golpearme así? – Harry no podía creer lo que acababa de hacer la joven. "¿Acaso piensa voltearme la cabeza cada vez que nos veamos?".

- ¡Ni se te ocurra quejarte Harry Potter! – Ginny parecía completamente fuera de sí. - ¿Cómo te atreves a venir disfrazado y preguntarme todas esas cosas? ¡Primero te aprovechas de la situación para sacarme información y después te quejas de mi reacción! ¡Si no estuviéramos en el negocio de Mike, ten por seguro que usaría mi varita sin miedo!

- ¡Ya lo sé! ¡Ya sé que me equivoqué! - Harry sabía que ella tenía razón, que estaba en todo su derecho de estar enojada con él, pero de todos modos no era excusa para golpearlo de esa manera. – Pero no por eso tienes que darme semejante cachetazo.

- ¿Ah, no? – La furia de Ginny no parecía haber mermado en absoluto. – Me mentiste desde el primer momento en que entraste a este negocio, en ningún momento me dijiste quién eras en realidad, me engatusaste para que te revelara mis sentimientos… - Se acercó a Harry nuevamente- ¿Y ahora – Ginny lo golpeó en la cabeza y Harry alcanzó a cubrirse con los brazos. - te atreves… a decir… que no tengo… derecho… a golpearte? – Dijo, dejando de hablar a cada instante para colocar otro golpe en la cabeza de Harry - ¡Por todos los cielos! ¡Tendría que lanzarte por la ventana ya mismo!

- ¡Basta Ginny! ¡En serio, por favor! – Harry se acercó a Ginny y tomó sus manos para que no siguiera golpeándolo. – Mike, por favor, déjanos ir a tu oficina. Necesitamos hablar a solas.

- Si, es mejor que vayan antes que vueles por la ventana. – Comentó Mike, sonriendo.

- No, – Intervino Ginny, soltándose y alejándose de Harry - lo mejor es que te vayas de aquí.

- Pero… - Harry no se sorprendió por la respuesta de Ginny, pero eso no logró evitar el dolor que sintió al escucharla.

- Ya dije que no, Harry. – La joven no parecía en condiciones de aceptar reclamos por parte de nadie, especialmente de su ex novio. - Estoy demasiado enojada contigo, simplemente vete.

- Lo siento Ginny, de verdad. – Dijo Harry en voz baja, acercándose a ella.

- No quiero tus disculpas Harry, sólo quiero que salgas ya mismo de aquí. – A pesar de su enojo, Ginny había bajado la vista al suelo. No quería encontrarse con la mirada de Harry, no quería sentir todo lo que sentía en ese momento, no quería encontrarse tan atrapada, tan a merced de Harry como cada vez que se encontraban a solas. Solo sentía la necesidad de llorar, pero no enfrente de él.

- Está bien.

Aceptando la derrota, Harry se despidió de Mike y se acercó a la puerta del comercio mientras Ginny mantenía la vista clavada en el mostrador que se hallaba delante de ella. Tomó su varita para transformar su rostro nuevamente así nadie lo reconocería en la calle. Aún en contra de lo que su mente le decía, giró para volver hacia el mostrador y quedar cara a cara con quien fuera su ex novia.

- Ginny, por favor mírame. – Dijo, pidiéndoselo amablemente, casi con ternura. – De verdad quiero pedirte disculpas, sé que estuve pésimo. Pero necesitaba saberlo, necesitaba saber qué es lo que sientes por mí.

- ¿Para qué? ¿Para mofarte de mí? – Preguntó Ginny, tratando de contener el torrente de lágrimas que luchaba por salir de una vez por todas. – ¿Por qué me haces esto?

-Porque yo… - Harry comenzó a responder, pero Ginny no lo dejó terminar la frase.

- No quiero escucharte más Harry… ¡Vete de aquí! –A pesar de la orden de Ginny, Harry se quedó en el lugar, tratando de decirle lo que quería decirle, de que ella se enterara de que él también todavía la amaba. – ¡DIJE QUE TE VAYAS DE AQUÍ! ¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS ESPERANDO? ¡FUERA! – Gritó, dándole un fuerte empujón para que se alejara de ella.

- Lo siento, adiós. –Harry no dijo nada más que eso, y luego simplemente se dio media vuelta, tomó nuevamente su varita, la agitó delante de su rostro para tomar nuevamente la apariencia que tenía momentos antes y salió del negocio sin siquiera mirar atrás. Se movió con tanta prisa que no alcanzó a notar como Ginny caía vencida finalmente por sus emociones y las lágrimas corrían por sus mejillas como dos corrientes gemelas mientras Mike se le acercaba tratando en vano de consolarla.

000

- ¿Y ahora qué quieres Harry? – Ginny había desviado la mirada de la revista que se encontraba leyendo y se decidió a hacer contacto visual con Harry. Ya era de noche y por la ventana sólo podía observarse el cielo oscuro sin estrellas y las luces de la ciudad.

- Quiero que hablemos. – Dijo con firmeza, irritado por la falta de interés que su novia le dedicaba.

- ¿No es eso lo que estamos haciendo ahora? – Preguntó burlonamente.

- No, no hablamos hace tiempo. – Respondió. – No hablamos, simplemente intercambiamos palabras vacías. Y estoy harto de eso. Cada vez que me miras noto tu odio, noto las ganas que sientes de golpearme.

- ¡Qué estúpido fui! Obvio que tenías ganas de golpearme, ¿de qué diablos me estaba quejando? – Harry sujetaba una botella de whisky de fuego que ya se encontraba por la mitad mientras observaba sus propios recuerdos de la noche en que finalmente cortó con Ginny. Se paseaba por la misma sala que acababa de abandonar al momento en que ingresó a su pensadero. Las mismas paredes, el mismo sofá, la misma mesa, todo estaba prácticamente en el mismo lugar. Harry se movía alrededor de él mismo y de Ginny mientras contemplaba la escena y lanzaba comentarios al aire, regodeándose en su propia tristeza y al mismo tiempo dando largos tragos a la botella de whisky, tratando de callar a su consciencia. – Un tonto, simplemente fui un tonto…

- ¿Y qué sentido tiene que hablemos? – Ginny parecía molesta.

- Al parecer ninguno. – Respondió Harry, resentido. – Cada vez que intento hablar contigo parece que lo hago con la pared. Quizás obtenga mejores respuestas de la mesa o del sillón, ¿tú qué opinas? – Preguntó sarcásticamente.

- Bueno, ya veo que útil que resulta esta conversación. – La voz de Ginny había adquirido un tono frío, casi indiferente a la presencia de Harry. Volvió a dirigir su mirada a la revista que tenía en sus manos.

- No lo hagas. – Dijo el Harry real. – Por favor, no seas tan estúpido.

El Harry del pasado se acercó hecho una furia a Ginny, tomó la revista que la pelirroja leía y la lanzó contra la pared.

- Te dije que no lo hagas… ¡Idiota! – Dio otro sorbo a la botella mientras contemplaba la escena.

- ¡Basta Ginny, me tienes harto! –Harry se veía verdaderamente furioso. - ¿Por qué diablos me haces esto?

- ¿Qué cosa? – Preguntó Ginny, algo afectada por la reacción de Harry.

- ¿Cómo que "qué cosa"? ¡Todo! ¡Míranos! ¡Parecemos dos extraños! ¿Esto es lo que quieres para nosotros? – Comenzó a pasearse por la habitación alrededor de Ginny - ¿Que nos pasemos todo el día sin siquiera mirarnos a los ojos? ¿Cuándo fue la última vez que nos dijimos "te amo"? ¿Cuándo fue la última vez que hicimos el amor? ¡Por todos los cielos Ginny! ¿Cuándo fue la última maldita vez que nos besamos? ¡Ya ni siquiera recuerdo eso! Desde lo que pasó en Mayo no recuerdo ninguna demostración de amor entre nosotros, todo cada vez más frío, más callado.

- ¿Y qué quieres que haga al respecto? – Ginny se levantó del sofá, mirando con furia a Harry. - ¿Quieres que finja que estoy bien? ¿Quieres que finja que somos felices? ¿Que la pasamos bien juntos? ¿Quieres que finja que te a..? – Se frenó antes de completar la frase. Miraba con arrepentimiento a Harry, el cual se quedó de piedra al oír esa última frase.

- ¡Y ahí es cuando metiste la pata Ginny! – Dijo el Harry real, apuntándola con la botella. – Si yo fui un idiota, tú te ganaste el premio mayor con esa. – Una sonrisa se formó en su rostro, aunque más bien era una mueca.

- Completa esa oración Ginny. – Se acercó a ella y realizó su pedido en silencio, aunque su mirada era más que atemorizante. La tomó por la muñeca firmemente al no recibir respuesta. – ¿Qué ibas a decir?

- No, déjalo. Me dejé llevar. – Se la notaba cada vez más nerviosa por la actitud de Harry. – ¡Me haces daño Harry! – Soltó al sentir que su novio apretaba su muñeca con algo más de fuerza.

- ¿Qué demonios ibas a decir? – Apretó aún más fuerte.

Ginny forcejeó y se liberó de la mano de Harry, el cual seguía mirando a la joven con una mirada encendida de agresión.

- ¿QUÉ DEMONIOS TE PASA? – Gritó en dirección a Harry. Jamás lo había visto de esa manera, tan enojado y cargado de agresividad hacia ella.

- ¿QUÉ DEMONIOS IBAS A DECIR? ¡DILO DE UNA PUTA VEZ! – Harry no pudo controlar más su enojo y gritó con todas sus fuerzas.

- ¡QUE YA NO TE AMO! ¿ESO QUERÍAS OíR? ¿CONTENTO? – Ginny no quiso decirlo de esa manera, pero la furia y el miedo pudieron más que ella. Los últimos meses habían sido terribles para ella, no soportaba estar con Harry desde lo que había ocurrido aquel fatídico día.

- ¡BUENO! ¡PARECE QUE LA SEÑORITA AL FIN SE ATREVIÓ A DECIRLO! – Harry se acercó nuevamente a Ginny. – Dime, ¿es por ese maldito de Paul?

- Estás diciendo ridiculeces, no seas idiota. – Respondió enojada y todavía con algo de miedo.

- ¿Estoy siendo ridículo? – Harry adoptó una expresión de fingida sorpresa. – Tú eres la que dice que ya no me ama, hace meses que no tenemos contacto, ni un maldito beso. ¿Qué tan ridículo es pensar que estás con él? He visto como te observa, Ginny, no soy tan idiota.

- Basta Harry, estás comportándote como un estúpido. – Ginny se dirigía al dormitorio.

- ¿ENTONCES POR QUÉ DIABLOS ME TRATAS ASÍ? ¿ACASO YA NO IMPORTA NADA? – Harry explotó de furia, no soportaba el trato de Ginny, no soportaba que ella dijera que ya no lo amaba y pareciera no sentirse afectada por eso. Sin dudarlo más, se dirigió hacia ella y la golpeó con el revés de su mano derecha. - ¡MALDITA PUTA! ¿DICES QUE NO ME AMAS, TE ACUESTAS CON OTRO, Y PIENSAS QUE PUEDES IRTE SIN DECIR NADA MÁS?

- ¡Vamos infeliz! ¡Continúa así! – Harry celebraba cada parte de la pelea con un nuevo sorbo de la botella. Ya habían desaparecido más de dos tercios y Harry tambaleaba un poco mientras continuaba dando vueltas por la habitación. – Terminemos de perderla, ¡vamos! – Exclamó, dándole ánimos a su otro yo.

Ginny sintió el golpe como si un cuchillo atravesara su corazón. Jamás había esperado esa reacción por parte Harry, en su vida habría imagino que el hombre que alguna vez amó la golpearía. Sin embargo, en su interior sólo había furia.

- ¿AHOR A ME GOLPEAS? ¿NO ME HAS LASTIMADO LO SUFICIENTE? – Ginny se acercó a Harry luego de haber retrocedido un poco al recibir el impacto. - ¡VAMOS! ¡GOLPEAME OTRA VEZ! – Harry levantó nuevamente su mano ante la provocación de Ginny - ¡HAZLO! ¡GOLPÉAME DE NUEVO! – Le dio un cachetazo con todas sus fuerzas - ¿POR QUÉ NO ME MATAS TAMBIÉN? ¡TIENES MUCHA PRÁCTICA EN ESO! ¡HAZLO DE UNA MALDITA VEZ! ¡ASESINO!

- Y en ese preciso momento es cuando todo se fue a la basura. Felicitaciones Ginny. – Harry vació la botella de un último trago.

Harry se quedó congelado en el preciso instante que escuchó la última palabra que salió de boca de su novia. Si Ginny había sentido un cuchillo atravesando su corazón, Harry directamente sintió como se lo arrancaban del pecho. Cayó de rodillas delante de ella con la vista clavada en el suelo, sin siquiera parpadear.

- Lo siento… N-no no-no quise decirlo… De verdad, Harry, lo siento muchísimo. – Las lágrimas invadieron el rostro de la joven, completamente arrepentida de sus palabras. Colocó una mano en el hombro de su novio. - ¿Harry?

- No me toques. – Harry respondió en voz baja pero audible. – Vete de aquí ya mismo. – El dolor seguía traspasándolo como si sufriera un silencioso maleficio Cruciatus. – No quiero volver a verte, sólo vete. – Se levantó del suelo para alejarse un poco de Ginny y dejarse caer en el sofá.

- ¿Qué te pasa Harry? – Ginny intentó acercarse de nuevo, pero la triste mirada que recibió de parte del joven la dejó paralizada. Ya no quedaba rostro de amabilidad o cariño en los ojos de Harry, sólo dolor reflejado en las lágrimas que continuaban surcando su rostro.

- Ya has hecho bastante. Vete de aquí. – No quería hablar más. – Mañana ven y junta tus cosas. Esto es el final, vete. Nuestro otro departamento está en perfectas condiciones, vete allí y mañana podrás llevarte tus cosas mientras yo estoy en el Ministerio.

- Pero…

- Pero nada Ginny.- Dijo, sin levantar la vista del suelo. Esto se caía a pedazos desde hace tiempo. Hoy simplemente nos dimos cuenta de ello. No lo volveré a repetir, vete de este departamento ya mismo.

- Harry… - Ginny intentaba acercarse a Harry, tocarlo, sentir el contacto de su piel. Pero a cada intento de apoyar su mano, recibía un rechazo por parte del joven.

-Ya dijiste todo lo que podías haberme dicho. Si para ti soy un asesino, entonces vete de aquí ya mismo, no quiero volver a verte. Vete, sólo vete. - En ningún momento despegó su vista del suelo, pero Ginny sabía que era lo mejor. Encontrarse con el dolor reflejado en la mirada de Harry era lo peor que podría sucederle en ese momento. Casi se encontraba agradecida de no hacer contacto visual con el muchacho.

Harry ya había visto suficiente. No alcanzaba con el dolor que sintió al ser echado por Ginny del negocio de Mike. Tenía la masoquista necesidad de volver a pasar por aquel momento en que su vida se desmoronaba como un castillo de cartas. De esa manera podía cumplir con el castigo que se había autoimpuesto por haber sido tan idiota de mentirle a su ex novia sólo para poder averiguar algo más sobre ella.

Se sentó en el mismo sofá que había ocupado aquella noche que cortó con Ginny. Tomó una pequeña fuente de cristal que se hallaba sobre la mesa de la sala y la arrojó contra la pared, rompiéndola en mil pedazos. Alcanzó a acostarse antes de perder el conocimiento, provocado en parte por el alcohol y en parte por el dolor que no dejaba de atormentarlo.


0

0

0

Bueno, ustedes opinarán sobre la historia... Espero que les haya gustado.

Ya lo sé... ¿ASESINO? ¿COMO QUE "ASESINO"? ¿POR QUÉ LE DIJO ESO?... Ese es el tipo de preguntas que se deben estar haciendo ahora mismo y deben odiarme muchísimo por haber dejado la historia en ese punto. Pero bueno, es lo que hay...

En el próximo capítulo habrá alguna que otra revelación, no quiero adelantar nada. Tengan paciencia y sigan comentando. Hagan que sienta ganas de contar lo que hay dando vueltas por mi cabeza.

Hasta la próxima!

Albus Severus