Hola! Un gusto haber recibido tantas opiniones! Mil disculpas si les pareció un poco brusco mi pedido de reviews, pero a veces pareciera que escribo para cinco o seis personas y me gustaría que el resto se anime a dar la cara un poco. Espero que entiendan mi postura. Para aquellos que se sienten presionados o amenazados, por favor, les pido perdón si se sintieron mal por mis palabras.
Vamos a lo nuestro? Ocupémonos de la historia. Después de algunas dudas, y mientras escribía lo que debía ser el capítulo 8, llegué a la conclusión de que si dilataba la espera un capítulo más iban a odiarme muchísimo. Entonces, para no generar tanto rencor contra mí, decidí contarles lo que pasó en Mayo de 2002.
Por cierto, dividí el relato porque ocupa demasiadas páginas (creo que las dos partes van a ser en total unas 40 pags, en cuanto termine de escribir la segunda parte les diré bien). Asique hoy les mando la primera parte y cuando termine con la otra mitad se las subo. Les pido que tengan paciencia, intentaré terminarlo cuanto antes.
Cuando lleguen abajo les digo un par de cositas más, por ahora los dejo con la historia.
Saludos!
Capítulo 8
Mayo 2002
Primera Parte - El partido
- ¡Debes estar loco! – Exclamó. – Completamente fuera de tus casillas. – Agregó, como si no pudiera entender las palabras que acababa de escuchar.
- Por supuesto que no, Ron. Estoy completamente cuerdo. – Replicó algo impaciente por la reacción de su amigo.
- ¿Un partido de Quidditch? – Preguntó, sin terminar de creer lo que Harry decía.
- ¡Shhhhh! ¡Baja la voz! – Lo apremió en un susurro.
- Está bien, lo siento. – Respondió en el mismo tono que su amigo.
- Sí, contra la Selección de Inglaterra. En Hogwarts. – Dijo Harry por enésima vez, con la mirada cargada de entusiasmo pero tratando de mantener la voz baja ya que no quería arruinar la sorpresa.
- ¿Cuándo? - La euforia de Ron podía notarse a una milla de distancia.
- En un mes. - Harry no podía ocultar que él también se hallaba eufórico.
- ¿Estás seguro de eso? – Ron todavía no caía en la cuenta de lo que Harry le proponía. Un partido entre un combinado de los Aurors del Ministerio y la Selección de Quidditch de Inglaterra, en Hogwarts, el cuatro de Mayo. Parecía algo tan surrealista que no le cabía en la cabeza. - ¿Y tú quieres que juegue contra ellos? ¡Estás loco!
- Si me llegas a preguntar una vez más si estoy seguro de mi decisión, buscaré a otro que quiera ser el Guardián del equipo. – Dijo, y se largó a reír ante la desesperación que apareció en el rostro de su amigo. – ¿Entonces juegas?
- ¡Sí! ¡Por supuesto que sí! – El pelirrojo se levantó de la silla con una sonrisa repleta de entusiasmo. Giró en dirección a la cocina para gritar. - ¡Hermione! ¡Ginny! ¡Vengan!
Las jóvenes aparecieron de inmediato, algo alteradas por el repentino grito de Ron.
- ¿Qué? ¿Qué pasó? – Hermione se veía angustiada, al parecer creía que había sucedido algo malo. - ¿Por qué gritas de esa manera?
- Es que tenemos un anuncio muy importante que hacerles. – Dijo Harry seriamente, provocando que Hermione y Ginny se miraran con mucha preocupación.
- ¿Pasó algo Harry? – Su novia lo miraba como si estuviera a punto anunciarles una terrible noticia.
- Por supuesto… Se trata de algo muy serio. – Las jóvenes se miraron entre ellas, intercambiando una idéntica expresión de temor. – Es que simplemente… - Harry sonrío, desconcertándolas por completo. – ¡El Ministerio quiere que juegue contra la Selección de Inglaterra de Quidditch!
- ¿En serio? – Hermione no podía salir de su asombro. - ¡Es increíble!
- ¿Cómo que "juegue"? – Preguntó Ron, fingiendo resentimiento. – Querrás decir "juguemos", ¿no es así?
- Tiene toda la razón, señor Guardián del Combinado de Aurors. – Respondió Harry, como si anunciara a un importante príncipe.
- ¿Tú también? – Hermione se abalanzó sobre su novio para besarlo.
- ¿Tú no dices nada? – Dijo, mirando hacia Ginny e ignorando a sus amigos, que ya se habían inclinado sobre el sofá riendo a carcajadas. Ella se acercó hasta su novio y antes que Harry dijera nada, le dio un suave golpe en la cabeza antes de besarlo suavemente en los labios.
- Tonto. – Le dijo con algo de reproche. – Casi me asustas con esa maldita actuación. Pensé que me ibas a anunciar que ibas a cambiar de sexo o algo peor. – Soltó una carcajada. – ¿Asique tú serás el Señor Buscador del Combinado de Aurors? – Le dio otro beso en la boca. – Me gusta mucho como suena eso.
- A mí también. – Respondió Harry antes tomar la nuca de Ginny y besarla con intensidad.
- ¿Tienen que hacer eso delante nuestro? – La voz de Ron denotaba cierta irritación, parecía que luchaba contra algún impulso asesino. – Recuerda que es mi hermana.
- Tú te besas con mi hermanita y yo no digo nada al respecto. – Replicó el joven, guiñándole un ojo a Hermione. – Asique mejor que no protestes tanto si piensas besarte con ella en mi sofá. – Añadió con una sonrisa medio burlona.
- Está bien, punto para ti. – Dijo su amigo, riendo. Luego de observar cómo la noche hacía acto de presencia, oscureciendo el cielo, miró su reloj y se levantó del sofá junto con Hermione para dirigirse a la puerta. – Ya es bastante tarde, debemos volver a casa a descansar.
- Muy bien. Nos veremos mañana, señor Weasley. – Contestó Harry- Nada de llegar tarde o tendrás que responder ante tu superior, o sea yo. – Miraba a Ron sonriendo con un fingido aire de superioridad.
- Por supuesto, señor Potter. – Ron se inclinó como si Harry se tratara de alguien de la realeza. – No dudaré en aparecer temprano para cumplir las órdenes de su Majestad. – Se incorporó con una mueca burlona. – ¡Nos vemos mañana, cabeza rajada! – Y sin darle tiempo a Harry para que respondiera, tomó de la mano a su novia y giraron para desaparecer del lugar.
Al verse solos, finalmente se dejaron caer en el sofá, exhaustos por el largo día y todas las noticias que acababan de recibir, especialmente para Harry. "¡Voy a jugar contra la Selección de Inglaterra!". No podía salir de su asombro en el momento en que Kingsley se le acercó para contarle acerca de esa iniciativa.
- ¿Cómo fue que tuviste esta idea? – Preguntó Ginny luego de unos minutos de silencio en los cuales se habían quedado tirados en el sofá, abrazados por la cintura.
- Idea de Kingsley. – Respondió Harry, todavía con la sonrisa plasmada en su rostro.
- Harry, necesito hablar un momento contigo.
- ¿Qué pasa Kingsley? – El hombre se hallaba sentado detrás de su escritorio en el despacho de Ministro.
- Quiero comentarte algo, es acerca del próximo Mayo.- Kingsley mantenía una expresión imperturbable, era imposible saber qué estaba sucediendo.
- ¿Y entonces?
- Como bien sabes, se cumplirá el cuarto aniversario de la Batalla de Hogwarts. – Comenzó a decir. Harry asintió apesadumbrado, odiaba las ceremonias oficiales. – Sí, ya lo sé – Dijo el Ministro al observar el rostro de Harry. – Odias las ceremonias. – El joven asintió secamente. – Yo también las odio, asique haremos algo distinto. – Palmeó sus manos entusiasmado.
- ¿Algo como qué? – Harry miraba a Kingsley intrigado.
- Un partido de Quidditch. – Soltó sin esperar más.
- ¿Cómo? – Arqueando sus cejas de la sorpresa, se inclinó sobre el escritorio como si no pudiera creer lo que acababa de oír.
- Así como lo oyes, un partido de Quidditch. – Kingsley se notaba encantado con la idea. – El Escuadrón de Aurors contra la Selección de Inglaterra.
Harry pensaba que alguien había escarbado en su mente, dispuesto a cumplir sus sueños. Ya había jugado algunos partidos con los miembros del Escuadrón, y todos lo consideraban un Buscador excelente, con grandes capacidades técnicas. Sin embargo, un partido contra la Selección de Inglaterra… Eso era más de lo que jamás había pensado como jugador de Quidditch, excepto quizás jugar para el mismo seleccionado inglés. Pero de todos modos, un partido contra aquellos profesionales, ponerse a prueba y medirse contra verdaderos jugadores… Era un sueño hecho realidad.
- ¿Te gusta la idea? – Preguntó Kingsley, notando el entusiasmo que invadía al joven.
- ¡Por supuesto que sí! – Respondió de inmediato. - ¿Dónde se hará?
- En Hogwarts. Me parece bastante apropiado para la fecha.
- Tienes razón. – Harry se mostró de acuerdo al instante, ansiaba volver a Hogwarts, y especialmente al campo de Quidditch.
- ¿Te encargarás de formar el equipo?
- Ya tengo algunos nombres en mente. – Respondió el joven, mientras su cabeza trabajaba a toda máquina pensando en aquellos Aurors que podrían participar del equipo.
- Ese es mi chico. – Dijo Kingsley, dando un nuevo aplauso de entusiasmo. – Ya puedes retirarte, avísame en cuanto tengas listos los nombres. Sin agregar nada más, acompañó a Harry hasta la puerta de su despacho, mientras el joven todavía seguía con una sonrisa de intensa felicidad decorando su rostro.
- ¿Y bien? – Preguntó Ginny una vez que Harry terminó su relato.
-¿Y bien qué cosa? – Replicó Harry, sin entender a qué se refería su novia.
- ¿Quiénes son los demás? – La joven parecía ansiosa por saber los nombres de los demás jugadores.
- Bueno, ya conoces a dos de ellos. – Anunció sonriente.
- Por supuesto, señor Buscador. – Lo besó una vez más en los labios. - ¿Y los demás? – Insistió con interés.
- Pensaba en Smith y en Ashton, ellos serían los bateadores. – Enumeró, contando con los dedos. – Y también en Corell y Parker como cazadores. – Finalizó sonriendo satisfecho con sus elecciones.
- Harry… - Dijo Ginny luego de un momento.
- ¿Pasa algo amor? -
- Nombraste seis en total… - Comenzó a decir.
- ¿Y entonces? – Preguntó Harry, acostado en el sofá y con los ojos cerrados, al parecer a punto de quedarse dormido.
- Falta uno. – Concluyó la joven.
- ¿Tú crees? – Replicó Harry, sonriendo mientras mantenía los ojos cerrados.
- Ajam. – Dijo Ginny, comenzando a acariciarlo a la altura del abdomen. - ¿Quién es el último cazador?
- Todavía no lo sé. – Respondió, sonriendo aún más mientras cerraba los ojos para disfrutar de las caricias de su novia. – Aún queda una vacante, ¿no es cierto?
- Eso veo. – La pelirroja giró para quedar cara a cara con Harry. - ¿Y ya tienes pensado quién podría ocupar esa vacante?
- Se me ocurren algunos nombres. – Harry disfrutaba haciéndose el desentendido de la situación, provocando a Ginny para que ella intentara "convencerlo" de que la deje jugar ese partido.
- ¿El mío está en esa lista de nombres? – Preguntó con voz seductora.
- Quizás. – Dejó escapar un pequeño gemido cuando Ginny comenzó a besarlo en el cuello lentamente. - ¿Te gustaría participar amor? – Su novia lo miró de manera elocuente. - Creo que es muy obvia la respuesta. – Ahora era el turno de Ginny de gemir suavemente mientras Harry primero la besaba en los labios y luego le devolvía el favor al besar su cuello, dejando que su lengua la lamiera un poco y haciendo que la excitación creciera a cada segundo.
- Tendrás que convencerme de que te dé el puesto, ¿sabes? – Harry no dejaba de sonreír juguetonamente mientras colocaba sus manos en la cintura de su novia, acariciándola por debajo de la blusa que llevaba puesta. Sentía cómo se estremecía con cada movimiento de sus manos, con cada beso que plantaba en su cuello, bajando lentamente hasta su pecho y volviendo a subir para que ella se quedara con las ganas de más.
- ¿Ah sí? – Preguntó la joven. – ¿Asique mi novio piensa abusarse de su posición para que yo lo convenza de que me deje ser cazadora en su equipo? – El tono de voz indicaba que estaba indignada, aunque sus ojos cargados de deseo y su sonrisa traviesa la desmentían por completo.
- Por supuesto que sí. – Respondió tranquilamente. - ¿Y tú crees que puedes convencerme? – La seductora sonrisa de Harry era una clara invitación para que lo haga.
- Estoy segura. – Acto seguido, se abalanzó sobre el joven para tumbarlo de espaldas sobre el sofá y comenzó a besarlo, primero suavemente, con ternura, a lo que Harry respondió colocando sus manos en la cabeza de Ginny para hacer que el beso se volviera mucho más intenso, abriendo su boca un poco e introduciendo su lengua.
Luego de unos minutos durante los cuales se libró una intensa batalla dentro de las bocas de la pareja, Ginny se separó un poco para mirar a los ojos a Harry.
- ¿Y entonces? – La mirada de Ginny no daba lugar a dudas, el mensaje era más que claro: "Dime que estoy en el equipo o me las pagarás muy caro."
Al encontrarse con los ojos de su novia, Harry estalló en una carcajada. Le encantaba molestar a Ginny para verla de esa forma, enojada y alegre a la vez. Era perfectamente imperfecta, ella era su salvación y su perdición al mismo tiempo, y es por eso que estaba convencido que la amaría el resto de su vida.
- Me parece que te has ganado el puesto. – Contestó, en un intento de poner una expresión seria, aunque se traicionó a sí mismo al permitir que una sonrisa se formara en su rostro. Era imposible mirar a su novia y no sonreír, definitivamente ella era la razón de toda su felicidad. – Por cierto, ¿ya te dije hoy lo mucho que te amo?
- No sabría decirte… Refréscame la memoria.
- Te amo mucho Ginny. – Le dijo a la joven, plantándole un largo beso en los labios.
- Así me gusta. – Aprobó la joven. – Y ahora… - Lo besó fugazmente. - ¿En qué estábamos?
- Creo que era algo relacionado con esto. – En ese momento Harry cambió la posición y en un ágil movimiento dejó a su novia de espaldas sobre el sofá, colocándose encima de ella y arrinconándola para no dejarla escapar. Acto seguido, comenzó a besarla lentamente, pasando su lengua sobre los labios de su novia con suavidad, persuadiéndola de que abra su boca y permita que su lengua salga a jugar un rato con la de él. – ¿Estoy en lo cierto?
- Nunca tuviste tanta razón, Harry. – Respondió Ginny riendo mientras desabotonaba la camisa de su novio y recorría su espalda rozándolo apenas con los dedos. Tomó su varita que se hallaba en la mesa de la sala y la agitó para apagar las luces de la habitación.
- ¿Esta vez a oscuras? – La voz de Harry sonaba colmada de placer.
- Así es más divertido. – Contestó, con un tono pícaro.
- Me encanta que mi novia sea tan traviesa. – Alcanzó a decir antes de soltar un nuevo gemido de placer al sentir los labios de Ginny recorriendo su pecho.
- A mí también me gusta serlo. – Finalmente se acercó al pantalón de Harry y lo quitó con facilidad, arrojándolo hacia algún lugar perdido en medio de la oscuridad de la sala.
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El día del partido se aproximaba rápidamente a medida que los entrenamientos se sucedían. Con cada sesión de prácticas, Harry se mostraba más impresionado. Ron estaba jugando de manera espectacular, jamás lo había visto atajar así. Los cazadores se llevaban de maravillas y Ginny se destacaba a pesar de que era el miembro más joven del equipo. Smith y Ashton, los bateadores, se movían muy bien y su puntería era excelente.
A pesar de considerarse un buen buscador, Harry no creía hallarse al nivel necesario para enfrentar a Inglaterra. A contramano de sus pensamientos, el resto del equipo opinaba que él podría ser tranquilamente el buscador titular del seleccionado sin ninguna duda. "¡Harry! ¿Por qué demonios te hiciste Auror? ¡Tendrías que estar entrenando con el seleccionado! ¡Por tu culpa seguimos sin ganar el Mundial de Quidditch!" Solían gritarle sus compañeros al verlo volar.
Los entrenamientos se hacían a puertas cerradas en un estadio privado, ya que el partido era una sorpresa que sería anunciada durante la ceremonia que se realizaría en Hogwarts en esa misma fecha. La mayoría del equipo incluso desconocía quiénes serían sus rivales, ya que Kingsley quería evitar la mayor cantidad de fugas de información posibles. Sólo Harry, Ron y Ginny sabían que el encuentro sería contra la selección inglesa.
Ignorando parcialmente el hermetismo de Kingsley, Harry anunció a sus compañeros contra quiénes jugarían una semana antes del partido. Él opinaba que los nervios podrían jugarles en contra si se enteraban el mismo día. Incluso considerando que se trataba de un partido de exhibición, Harry deseaba con todas sus fuerzas ganar ese partido. Sabía que se trataba de una tarea casi imposible, pero tenía plena confianza en sus compañeros.
Afortunadamente, el anuncio de Harry no trajo como consecuencia demasiados nervios en el equipo. Al contrario, parecía que la novedad los había motivado aún más.
- ¡Contra Inglaterra! – Exclamó Ashton sin salir de su asombro.
- ¡Jugaremos con Wallace, con Wood, con los hermanos Bryan! – Dijo Smith, tomándose la cabeza.
- ¡Demonios Harry! – Pronunció Parker. - ¿Cómo conseguiste eso?
- Deberás preguntarle a Kingsley. – Respondió alegremente. – El muy maldito fue responsable de esta locura. – Las carcajadas resonaron en medio de la reunión en el vestuario. – Y también fue responsable de esto. – Agregó, sacando una gran caja de uno de los rincones del vestuario.
Todo el equipo se reunió alrededor de Harry, quien parecía un ilusionista preparando un espectacular truco. Después de unos segundos de suspenso, abrió la tapa para mostrar el contenido.
- ¡Tienes que estar bromeando! – Dijo Ron, completamente entusiasmado.
Dentro del paquete se hallaban siete uniformes completos para el equipo, todos hechos a la medida justa para cada integrante del equipo. Se trataban de unas túnicas de color azul brillante, con algunos detalles en gris plata. En las espaldas de cada túnica se observaban los apellidos de los jugadores bordados también en color plata. Una vez que Harry repartió las prendas, pudieron observar que además había allí todo el equipamiento necesario para los jugadores: guantes, botas, protectores y varias cosas más.
- Sólo faltaría que nos haya conseguido escobas y sería el colmo. – Comentó Ginny bromeando.
- Bueno, ahora que lo mencionas… - Comenzó a decir Harry y señaló seis paquetes alargados que se hallaban medio ocultos en otro rincón del vestuario.
- ¡Ahora sí que no falta nada! – Exclamó Smith riendo a carcajadas. Luego abrió uno de los paquetes y se quedó mudo de asombro. - ¡Por los calzoncillos más mohosos de Merlín! ¡Son Saetas de Fuego! – Casi podía haber atravesado una pared de la excitación que lo invadía al observar esa magnífica escoba.
- ¿Qué demonios tiene Kingsley en la cabeza? – Preguntó Ron, igual de asombrado que su compañero. - ¿Cómo se le ocurre gastar dinero oficial en esto? ¡Le debe haber costado una fortuna! ¡Si alguien de la prensa se llegara a enterar, lo crucificarían!
- Es una donación. – Aclaró Harry. – Y no son para nosotros, estas escobas luego serán subastadas para recaudar fondos. – Dijo, para calmar a los demás. – Asique mejor que no se emocionen demasiado con ellas. Las usaremos y luego irán a parar a la subasta para juntar fondos para San Mungo.
- Aquí hay solamente seis. – Apuntó Corell.
- Yo ya tengo una Saeta de Fuego, ¿recuerdas?
- ¿Y luego la vas a entregar para una subasta? – Ron se había quedado boquiabierto. – Parece que van a recaudar mucho dinero. La Saeta de Fuego de Harry Potter… Demonios, van a matarse por conseguirla. Kingsley no es ningún idiota, lo tiene todo bien planeado. – Las risas invadieron nuevamente el vestuario.
- Muchachos – Pronunció Harry para llamarles la atención. – Esta es la última semana antes de nuestro partido, asique usaremos estas prácticas para acostumbrarnos a las nuevas escobas. Son las mismas que usan en la Selección de Inglaterra, entonces ya podremos saber cómo se mueven y a qué velocidad. – Se levantó de su asiento. – Eso es todo por hoy, dejen las escobas y las demás cosas aquí. No pongan esas caras, mañana seguirán en este mismo lugar. – Añadió, sonriendo ante las caras de lamento de sus compañeros. - Mañana nos veremos para seguir entrenando.
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El día antes del partido, Ginny llegó al departamento un poco alterada. Hace días que Harry se hallaba un poco distante a causa de una discusión que tuvieron por una escena de celos que ella le hizo mientras cenaban en un poblado restaurante de Londres. A pesar de que el trato había vuelto a ser normal, notaba que Harry actuaba de un modo algo extraño.
Sin embargo, cualquier pensamiento y preocupación que podría haber tenido al momento de ingresar al girar la llave y abrir la puerta de su hogar fue completamente eclipsado al encontrarse con la escena que había montada en la sala.
- Hola Ginny. – La voz de Harry sonaba más seria que nunca. – Entra por favor, tenemos que hablar. No prendas la luz por favor. – A pesar de que la habitación se hallaba casi en penumbras, el miedo que le había provocado el tono de voz de Harry fue suficiente para que Ginny decidiera aceptar la indicación sin emitir protesta alguna.
- ¿Qué pasa Harry? – Preguntó la joven muy preocupada.
- Quería hablar contigo acerca de los últimos días que pasaron. – Respondió sin alterar su tono de voz.
- ¿Es algo grave? ¿Algo muy importante? – Ginny ya no podía ocultar su miedo. "Va a dejarme, estoy segura… Ahora sí que metí la pata" Los pensamientos se arremolinaban en su mente y no podía hacer nada para evitarlo.
- Quizás no sea tan grave. – Harry seguía sin modificar su voz. – Es importante, eso seguro. Y no es nada muy inesperado. – Una sonrisa se formó en el rostro del joven, aunque la poca luz que había en la habitación impedía que Ginny pudiera observarlo.
- Por favor Harry, dime ya mismo lo que tengas que decirme. – La pelirroja parecía a punto de soltar una cascada de lágrimas provocadas por su angustia. - ¿Qué pasó?
Sin pronunciar palabra, Harry hizo un rápido movimiento con la varita para iluminar la habitación. Lo que Ginny vio en ese momento transformó su rostro angustiado en la viva imagen de la sorpresa y la felicidad.
Toda la sala se hallaba iluminada por cientos de pequeñas velas blancas, los zapatos de Ginny no le habían permitido darse cuenta que el suelo de la habitación estaba cubierto por miles de pétalos de rosa blancos. Harry se hallaba vestido con un traje negro y una camisa de color verde oscuro, que combinaba perfectamente con sus ojos. Llevaba el pelo como siempre, despeinado, pero de alguna manera se lo veía más atractivo que nunca. Una gran sonrisa decoraba su rostro y cargaba un gran ramo de rosas que entregó en las manos de su novia.
Si esa escena no fue lo suficiente para terminar de sorprenderla, que Harry la guiara hacia el sofá para que se siente y luego se colocara de rodillas ante ella fue más de lo que podía haber imaginado.
Todo intento de Ginny por contener sus lágrimas fue en vano, aunque ahora las lágrimas eran provocadas por la intensa felicidad que la llenaba por completo. Se hallaba en el cielo, como si flotara por el aire a pesar de estar sentada en aquel sofá en medio de la sala.
- Todos estos años junto a ti fueron lo mejor que me pasó en la vida Ginny. – La voz de Harry ahora sonaba colmada de emoción contenida. – Desde aquel beso que te robé al ganar la copa de Quidditch supe que había conocido a la mujer de mis sueños. No ha pasado un día sin que yo esté agradecido por compartir mi vida contigo. – Sacó una pequeña cajita de su bolsillo y lo abrió delante de su novia para mostrarle un anillo de compromiso. – Jamás pensé que podría amar tanto a alguien como te amo a ti. Eres todo lo que necesito, todo lo que quiero para mí. ¿Quieres hacerme feliz por el resto de mi vida?
La felicidad que embargaba a Ginny sólo podía traducirse en lágrimas, no tenía palabras para explicar todo lo que sentía en ese preciso instante. Sólo alcanzó a colocarse de rodillas al lado de su novio y besarlo con la mayor intensidad que pudiera, tirándolo de espaldas al suelo.
- ¿Tengo que interpretar eso como un "Sí"? – Preguntó Harry luego de un rato.
- ¡Por supuesto que sí! – Exclamó Ginny con el rostro aún lleno de lágrimas.
- ¿Entonces puedes quitarte de encima de mí para que te ponga el anillo? – Luego de esa pregunta, las risas no se hicieron esperar. Era imposible no reír en medio de tanta felicidad.
Ginny finalmente se incorporó y se sentó nuevamente en el sofá para que Harry, nuevamente de rodillas, pudiera completar el protocolo y colocar el anillo en el dedo de su novia y ahora su prometida.
- Buenas noches, futura Señora Potter. – Dijo, con una enorme sonrisa y besando una vez más a su novia.
- ¿Ya podemos entrar? – Se oyó un fuerte grito desde la puerta de entrada.
- ¡Sí! ¡Maldita sea entren de una vez! – Respondió Harry gritando igual de fuerte.
La puerta del departamento se abrió nuevamente y Ron y Hermione aparecieron en la entrada.
- ¡Vamos a casarnos! – Anunció Ginny, radiante de alegría y mostrándole su mano con el anillo brillando intensamente.
- ¡Sabía que dirías que sí! – Hermione parecía haber llorado aún más que la pelirroja, lo cual podía considerarse como algo difícil de lograr. Atravesó rápidamente la sala y se acercó a su amiga para fundirse en un largo abrazo.
- ¿Asique ahora seremos cuñados oficialmente? – Preguntó Ron, también con una gran sonrisa, acercándose a su amigo.
- Casi. – Respondió Harry. – Todavía tengo que casarme con tu hermana. Aunque ese asunto parece bastante avanzado. – Comentó riendo. Acto seguido se abrazó con Ron para compartir su alegría.
Se quedaron charlando durante un buen rato, riendo a carcajadas, cenando. Era como si la felicidad se hubiera apoderado de los cuatro amigos y se resistiera a abandonar sus cuerpos. Al fin, cerca de medianoche, Hermione y Ron se levantaron de la mesa para dirigirse a su departamento.
- Mañana tenemos que jugar un partido, necesitamos descansar. – Anunció Ron.
- Herms, no le des mucho trabajo a mi hermanito. – Dijo Ginny. – Recuerda que mañana necesitamos que esté en condiciones. – Ron se sonrojó hasta llegar a un tono escarlata.
- No te preocupes amiga, prometo tratarlo bien esta noche. – Respondió la castaña, guiñándole un ojo.
- Hasta mañana entonces.
- Nos vemos mañana, futura señora Potter. – Replicó sonriente. Tomó de la mano a Ron antes que éste pudiera reprender a su hermana por hacer comentarios sobre su vida sexual y se lo llevó hacia la entrada para poder desaparecer.
- ¿Y ahora? – Preguntó Harry.
- ¿Y ahora qué cosa? – Replicó su novia.
- Ahora deberíamos celebrar un poco, ¿no crees? – Comentó, poniéndose de pie al tiempo que una expresión pervertida aparecía en su rostro.
- Mañana tenemos un partido Harry. – Dijo Ginny. – Tenemos que descansaaaa… - No pudo terminar la frase ya que Harry se había puesto detrás suyo para besarla detrás de la oreja. – Eso no es justo, conoces mi punto débil. – La joven ya comenzaba a volar de placer mientras caía rendida ante los besos del joven.
- Vamos a descansar bien, lo prometo. – Contestó en un susurro.
- Al demonio, que nos esperen mañana. – Ginny se levantó y dejó que Harry la cargara hasta la habitación para poder estar más cómodos. – Total, no creo que se enojen demasiado si llegamos un poco tarde. – Colocó sus brazos alrededor del cuello de su novio. – Tenemos asuntos más importantes.
- En eso tienes toda la razón, mi amor. – Harry atravesó la entrada del dormitorio y empujó la puerta con su pie para cerrarla.
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Finalmente había llegado el ansiado día del partido. Hogwarts se hallaba engalanado de punta a punta para recibir a los distintos visitantes que asistían a la ceremonia y también (aunque la gran mayoría no lo sospechaba) al partido de exhibición entre los Aurors y la Selección Inglesa.
Al parecer habían invitado importantes personalidades de todo el mundo mágico: Harry podía reconocer a Kingsley hablando con varios Ministros de la Magia de otros países, tanto el representante de los Estados Unidos, el Ministro de Francia y de varios otros países de Europa, los cuales había conocido al recorrer el continente para coordinar actividades en conjunto con otros escuadrones de Aurors. En un palco se habían colocado algunas personas con altos cargos en el Ministerio. Mientras tanto, todos los alumnos del colegio se hallaban sentados a lo largo de numerosas filas de sillas repartidas por todo el Gran Salón.
Pudo encontrar a Ron reunido con el resto del equipo en un rincón apartado del Gran Salón, se los notaba muy animados y todos gesticulaban mientras hablaban al mismo tiempo. Evidentemente discutían tácticas para el partido de ese día. Hermione y Ginny, en cambio, se hallaban algo apartadas, al parecer enfrascadas en una animada charla.
- ¿Cuándo piensas decírselo a Harry? – Preguntó la castaña.
- No insistas tanto. – Respondió Ginny. Miró hacia todos lados antes de seguir hablando, no quería que nadie se enterara del asunto. – Se lo diré después del partido. – Añadió en voz baja.
- Todavía no lo puedo creer. – Hermione parecía a punto de llorar de la emoción. - ¿Cuánto tiempo llevas?
- Recién nueve semanas. – Contestó la joven mientras acariciaba su abdomen. Ella sabía que todavía era imposible sentir algo, pero se emocionaba cada vez que era consciente de que llevaba el milagro de la vida en su interior. Había soñado muchas veces con ser madre, y ahora faltaba tan poco para formar su propia familia que no cabía en sí de la felicidad. Tener un hijo con Harry era lo más maravilloso que jamás podría haber deseado, además de contraer matrimonio con él.
– ¡La cara de Harry cuando se entere va a ser de antología! – Las dos amigas rieron al imaginar la expresión del muchacho cuando Ginny le anunciara que estaba embarazada.
- ¿Y es seguro que juegues el partido? – Preguntó Hermione, algo nerviosa. – Digo, con el tema del bebé…
- ¡Por supuesto que sí! – Respondió inmediatamente. – Hablé con un sanador hace unos días y me dijo que no había ningún problema.
- ¿Y por qué no se lo dijiste a Harry todavía?
- Primero que nada porque me enteré hace menos de una semana, dame tiempo de asimilarlo. – Bromeó la joven. – Y segundo porque Harry no me dejaría jugar aunque todos los sanadores de San Mungo vinieran a asegurarle que no habría riesgos. – Adoptó una expresión risueña. – Si se hubiera enterado, lo más probable es que ahora mismo yo estuviera encerrada en mi habitación con la mitad del Escuadrón de Aurors vigilando que no me pase nada.
- Seguro que sí. – Comentó Hermione. – Ya lo imagino asignando agentes para que te cuiden las veinticuatro horas.
- No, gracias. – Replicó Ginny. – Bastante complicado es un embarazo como para tener que andar de un lado a otro con semejantes estorbos.
- Las cosas que hace el amor. – Exclamó, parodiando los melosos suspiros de la embarazada.
- ¡Oh, cállate! – Dijo la pelirroja, dándole una pequeña palmada en el hombro. - ¡Demonios! Ahí viene Harry. – Exclamó mientras le indicaba a Hermione que se acercaran al equipo de Aurors.
- ¿Qué hacen tan apartadas del grupo? – Preguntó Harry al colocarse al lado de Hermione.
- Necesitaba un respiro. – Respondió la joven, ligeramente inquieta. – ¡No entiendo cómo pueden estar tanto tiempo hablando continuamente de Quidditch!
- ¡Porque estamos a punto de jugar el partido más importante de nuestras vidas Hermione! – Replicó Harry, escandalizado por la postura de su amiga. - ¿De qué quieres que hablemos? ¿Del clima? – Emitió un sonoro resoplido. – Ahora vuelvo, tengo que hablar con los demás.
Decidió participar en la charla del equipo y discutir con ellos asuntos tácticos de último momento, aunque eso no ayudó en lo más mínimo a calmar su ansiedad. Los nervios comenzaban a apoderarse lentamente de él, podía notarlo en el sudor de sus manos y en su ritmo cardíaco. De repente sintió que alguien tocaba su espalda, y al darse cuenta se encontró con su antiguo capitán del equipo de Quidditch y actual capitán de la selección Inglesa.
- ¡Oliver! – Exclamó Harry alegremente.
- ¡Harry! ¿Cómo estás amigo?
Oliver no había cambiado casi nada, aunque se lo notaba más ancho de hombros y quizás un poco más alto. De todos modos, la mirada poseída que tenía antes de cada partido no había desaparecido.
- Ansioso. – Respondió inmediatamente. – Muy ansioso.
- Entonces somos dos. – Soltó una rápida risa. – Todavía no puedo creer que vaya a enfrentarte en el campo de Quidditch. Siempre creí que si yo llegaba a la Selección, tú tranquilamente podrías ocupar el puesto de Buscador.
- Parece que esa opinión es algo común. – Sonrió alegremente. – Mis compañeros opinan lo mismo.
- ¿Ese es tu equipo? – Preguntó, observando a los compañeros que tenía detrás de él.
- Sí, son ellos. – Contestó con orgullo.
- Asique mantienes la costumbre de tener dos Weasley en el equipo. – Comentó, observando por encima del hombro de Harry. – Eso me gusta, veo que aprendiste de tu capitán. – Soltó una nueva risa. - ¿Son buenos?
- Ya los verás en el campo. – Harry no pensaba darle información sobre su equipo, estaba decidido a ganar. – Por cierto, dile a los tuyos que jueguen en serio. Nosotros saldremos a ganar, me importa un demonio que sea una exhibición.
- ¡Esa es la actitud! – Respondió Oliver, mirando a su antiguo buscador con creciente respeto. – Les daremos el partido de sus vidas a los que vean el espectáculo.
- Caballeros, les pido humildemente que se aproximen el campo de Quidditch para que puedan presenciar una agradable sorpresa. – Una voz sonó mágicamente en todo el colegio. – Por favor, aproxímense de inmediato. En media hora comenzará el espectáculo.
- Nos vemos allí Harry. – Estrechó su mano y se despidió de inmediato.
Los siguientes minutos pasaron a toda velocidad. En un instante se encontraba reuniendo a sus compañeros para dirigirse al vestuario y al momento siguiente ya estaba cambiado y listo para salir al campo de juego. Y segundos después (o al menos eso le pareció), se hallaba encabezando la fila de jugadores, caminando al lado de Oliver Wood (capitán del seleccionado desde hace dos años, y ampliamente reconocido como uno de los mejores guardianes a nivel mundial), de los hermanos Bryan (tres increíbles cazadores, famosos por su nivel de coordinación), de Wallace y de Spencer (los mejores bateadores de la Liga Británica) y finalmente al lado de Harrison (buscador titular del seleccionado por los últimos cinco años). Todos jugadores profesionales contra los cuales estaba ansioso de medir fuerzas.
- ¡Damas y caballeros! – Anunció la misma voz a la multitud que colmaba las tribunas del campo. – ¡Nos hallamos en este magnífico campo para anunciarles una sorpresa preparada por el Ministerio de la Magia en esta fecha tan particular! ¡Es un honor para mí presentarles este juego de exhibición entre el seleccionado de Inglaterra y un combinado especial del Escuadrón de Aurors, comandado nada más y nada menos que por Harry Potter en persona!
Harry y Wood salieron al mismo tiempo, delante de sus respectivos equipos, ambos con alegres sonrisas en sus rostros, dispuestos a disfrutar del juego y a dar lo mejor de sí mismos. Al ver mejor el ambiente, pudieron apreciar que habían añadido algunas nuevas tribunas para aumentar la capacidad de espectadores. Se podían observar que no había una división específica entre el público, sino que la multitud se hallaba mezclada entre alumnos del colegio, profesores, funcionarios, gente del extranjero. Todos personajes de distintas clases sociales, edades y nacionalidad, pero unidos por el sentimiento de entusiasmo que se contagiaba como una enfermedad extremadamente contagiosa.
- ¡Sin lugar a dudas hoy estamos a punto de presenciar una gran batalla en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería! – Exclamó el anunciador, completamente excitado por el partido que estaba a punto de comenzar.
Madame Hooch los esperaba en el medio del campo, también con una gran sonrisa en el rostro. Evidentemente se hallaba emocionada por el partido que se encontraba a punto de dirigir.
- Caballeros, ¡monten en las escobas! – Ordenó firmemente, aunque Harry notó que temblaba un poco de la emoción y la ansiedad. Los jugadores tomaron sus escobas y montaron en ellas. – A mi orden. – Harry quería volar ya mismo, no daba más de la impaciencia. Madame Hooch sonó fuertemente el silbato y abrió la caja que había en el suelo para liberar las pelotas.
- ¡Y aaaaaaaaarrrrrrrranca el partido! – El comentador inicio su relato al instante. – Arthur Bryan con la Quaffle, se la pasa a su hermano Robert. El pase es interceptado por Weasley, una Bludger la golpea. Adam Bryan recupera la pelota…
El partido iba a un ritmo impresionante. El seleccionado inglés había tomado la ventaja, pero los Aurors se mantenían a veinte puntos de ventaja. Ron había realizado varias atajadas espectaculares, ganándose varias alabanzas por parte del relator, lo mismo que Ginny, quien había anotado la mayoría de los tantos de su equipo.
De repente Harry logró identificar a la Snitch volando a tres metros del suelo. Estaba a punto de lanzarse en zambullida cuando observó un numeroso grupo de gente vestida con capuchas negras moviéndose por el campo de juego.
- No. – Harry se quedó en el aire. – ¡Es imposible! ¡Por favor no!
Pero era posible. Parte del grupo de encapuchados se aproximó a la base de una de las tribunas, cargada de espectadores, y apuntaron sus varitas.
- ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO! – Harry estaba a punto de lanzarse en picada contra aquel grupo de gente para intentar evitarlo, pero fue inútil.
Varios haces de luz impactaron contra la base de la estructura y ésta se vio vencida por el peso. En lo que a Harry le pareció que sucedía en cámara lenta, pudo ver cómo varias decenas de personas caían al suelo, ubicado quince metros más abajo, o eran tapados por los restos de lo que segundos antes se había tratado de una tribuna del campo de Quidditch.
El relator no se había equivocado en lo más mínimo, hoy estaban a punto de presenciar una gran batalla en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
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Bueno, acá se pudre todo. Sospecho que varios de ustedes desean matarme por varias razones, especialmente por lo que creen que va a suceder a continuación. Y también porque dejé cortado el relato cuando se venía la parte más movida! Jajajajajajaja
A aquellos que quieran lanzar hipótesis a lo loco, les pido por favor que no lo hagan en los reviews, a lo sumo envíenme un mensaje privado, así aquellos que prefieren no especular pueden hacerlo en paz.
En el próximo capítulo obviamente sabrán qué pasó aquel día y cuál es la razón de la separación de la feliz pareja.
Tengan paciencia y dejen reviews (esta vez no se sientan amenazados! se los pido bien XD)
Hasta la próxima!
Albus Severus
P.S: gracias a todos los que leen la historia y la siguen fielmente, incluso aquellos que siguen siendo tímidos como para dejar su comentario! jajajaja
