Sí, lo sé, tardé una eternidad en volver a las andadas...

Hace meses que no subía nada nuevo, pero bueno, razones laborales, sumadas a un cuatrimestre verdaderamente exigente en la universidad y una falta de inspiración a la hora de escribir se confabularon para generar esta tardanza...

Sé que no es una buena justificación, y verdaderamente lo lamento, porque sé que varios lectores se engancharon con la historia y no es justo dejarlos colgados a la mitad del relato.

Pero bueno, intentaré atacar el teclado con más decisión y terminar este fic lo antes posible.

Han pasado muchas cosas desde mi última actualización, pero lo más importante es que estoy a dos materias de recibirme! Quizás (si Merlín me da una mano), para fin de año pueda anunciarles que terminé mi carrera en la universidad.

Yendo a lo más importante, bueno, quizás recuerden que habíamos dejado a Ginny en su apartamento, reunida con Paul (quien fue su amante), y en ese preciso instante hace su arribo Harry para hablar con ella...

Bueno, veremos qué sucede ahora. Espero que les guste lo que pude escribir... No es un capítulo que me convenza del todo, pero no es justo hacerlos esperar más tiempo...

Ojala sea digno de recibir algun que otro review, eso lo decidirán ustedes. Pero al menos avísenme si siguen dandole algo de su atención a mis palabras jajajajajajajajajaja

Nos vemos abajo!

Disfruten la lectura.


Capítulo 11

Encuentro en la madrugada

Ginny hubiera querido desaparecer en el preciso instante en que se dio cuenta de que Harry se hallaba en la puerta de su departamento. ¿Qué diablos iba a hacer ahora? Rogaba con todas sus fuerzas que Paul se retirara de inmediato y no le diera razones a Harry para que sospechara demasiado. "¿Qué diablos le digo? ¿De verdad creerá que no pasó nada entre Paul y yo?"

Su mente no paraba de preguntarse cosas similares mientras los segundos transcurrían con una lentitud exasperante. Observaba la escena con inquietud, como si se tratara de una película de suspenso en un momento atrapante. Pero aquello era la vida real, y por lo tanto se trataba de algo mucho menos predecible y millones de veces más angustiante.

Y Paul seguía sin moverse de allí, al parecer midiéndose con Harry. Ginny odiaba permanecer como espectadora, pero era consciente de que sería mucho peor ser actriz principal en esa escena, en aquel duelo silencioso entre aquellos dos.

- Quizás deba repetírtelo. - Harry decidió romper el silencio. – Estás estorbando el paso. – Ginny conocía Harry lo suficiente como para saber que detrás del tono sereno se encontraba una amenaza implícita, por lo que prefirió apurar un poco las cosas y evitar que la situación se tornara aún más complicada.

- ¿No te ibas Paul? – La pelirroja preguntó amablemente, pero con firmeza, mientras se acercaba a los jóvenes. – No es conveniente que te quedes, ya hablamos lo que teníamos que hablar.

- No te preocupes Gin. – Respondió, aunque no miraba hacia ella, sino que su mirada se mantenía fija en Harry. – Ya me voy. - Una sonrisa burlona que Ginny no pudo apreciar, aunque Harry sí, apareció en el rostro del joven. – Ya hablaremos con tranquilidad.

- Ya no tenemos nada que hablar, Paul. – La joven no quería darle otra oportunidad de tocar el tema.

- Como gustes. – Replicó, volteándose hacia Ginny. – Ha sido un placer – Añadió, guiñándole un ojo al decirlo. Ginny casi lo golpea por atreverse a hacer semejante comentario delante de Harry, pero sabía que si caía en esa tentación, su ex novio se daría cuenta de todo.

- Vete. – Fue su última palabra para Paul antes de invitarlo a que se retire, cerrando la puerta de inmediato.

Paul salió del departamento mientras sacaba su varita disimuladamente. Antes de que la puerta terminara de cerrarse, alcanzó a sacudirla, confiado de que su hechizo sería la venganza ideal por haberse negado a tener algo serio con él. "¿Y encima me echas de tu departamento para estar con ese infeliz? Ahora veremos que tan bien estarás cuando tu querido Harry se encuentre con el regalo que acabo de dejarte." Una sonrisa iluminaba su rostro de manera extraña mientras avanzaba por el pasillo para alcanzar el ascensor.

- ¿Estás bien? – Preguntó Harry, luego de ver la expresión de alivio que apareció en la joven al cerrar la puerta.

- Sí, sí, no te preocupes. – Respondió Ginny, tratando de no abordar el tema de su encuentro con Paul por mucho tiempo, tenía miedo de dar algún paso en falso y que Harry finalizara averiguando todo. – Estoy bien.

- ¿Cómo has estado? – No sabía cómo tocar el tema que había ido a tratar con ella, por lo que realizó la primera pregunta que le llegó a la mente.

- Bien supongo. – La pelirroja al parecer se encontraba desconcertada.

- ¿Llego en un momento inoportuno?

- No, no. Para nada. – Contestó, tomando asiento e invitando a Harry a que la imite.

- ¿Qué hacía él aquí? – "Bueno, ya me entregué solo… ¡Maldita sea!" Pensó mientras se dejaba caer en un sillón. Se reprochó por no evitar que esa pregunta brotara de sus labios.

- Nada en especial. – Respondió con tranquilidad.

- Si tú lo dices… - Comentó Harry, con un tono de voz que daba a entender que no creía en sus palabras.

- Si vas a empezar a hablarme de esa manera, mejor que le sigas los pasos y tú también te vayas de este lugar. – Replicó Ginny, sin ceder un ápice.

- Está bien, bandera blanca. – Anunció el pelinegro, levantando las manos con las palmas hacia adelanta, en señal de paz. – No vine aquí para acusarte de nada. ¿Podemos tener un alto a las hostilidades y negociar una tregua? – Los ojos verdes atravesaron a los pardos, logrando que la joven no pudiera mantener una expresión de firmeza por mucho tiempo.

- Puede ser. – Respondió, luego de unos segundos de meditación. La curiosidad por conocer el motivo de la visita de Harry pudo más que aquella voz interior que rechazaba cualquier avance de su ex novio. - ¿A qué viniste? Hace mucho tiempo que no aparecías por este lugar. De hecho, no puedo recordar cuándo fue la última vez que te vi aquí. – Afirmó, mientras señalaba la sala con un amplio movimiento de su mano.

- Como te expliqué, vine a negociar una tregua entre tú y yo. – Dijo, algo incómodo por tener que plantear el asunto con tanta premura.

- ¿Y qué se supone que significa eso de "tregua"?

- Que al menos podamos estar en un mismo lugar sin que tengamos la sensación de que debemos decir un millón de cosas que no nos atrevemos a decir en voz alta. – Explicó, sin quitar la vista de ella.

- Supongo que es necesario resolver eso, ¿no? – Una extraña sonrisa se apoderó del rostro de la pelirroja.

- Por supuesto que sí, más que nada teniendo en cuenta lo que sucedió en lo de Mike. – Harry dejó que el silencio ocupara la sala por unos segundos, hasta que Ginny se decidió a romperlo luego de asimilar el impacto de aquella frase.

- Fuiste un bastardo por hacerme eso. – Exclamó con algo de resentimiento. – Tendría que haberte matado ahí mismo por haberme engañado de esa manera.

- No te culpo. – Respondió el joven. – Por eso vine también, para pedirte perdón por haber jugado de esa manera contigo. No te merecías que te haga eso, simplemente me dejé llevar y la situación se me fue de las manos.

- ¿Que "se te fue de las manos"? – Preguntó. El enojo comenzaba a hacer acto de presencia en la voz de la pelirroja. – ¡Eso es un maldito eufemismo! ¡Me engañaste para que te contara mis sentimientos!

- ¡Y tú fuiste mil veces más honesta con alguien que acababas de conocer en la tienda que conmigo! – Interrumpió a Ginny antes que ella se dejara llevar por su ira. – Así que mejor que te calmes. ¡Por eso me dejé llevar! ¡Fuiste mucho más abierta conmigo cuando creíste que era otra persona! ¿Qué pretendías que hiciera? ¡Por fin tenía la oportunidad de saber lo que sentías por mí! No habrá sido la mejor forma de averiguarlo, pero necesitaba saberlo.

- ¿Qué necesitabas saber? – La joven intentaba controlar el volumen de su voz para mantener una conversación y no una discusión a grito pelado.

- Si valía la pena seguir luchando por ti. – Contestó Harry llanamente. – Si valía la pena seguir pensando que tengo una oportunidad para que volvamos a estar juntos.

Ginny se quedó clavada en su sillón al oír la confesión del joven. De repente todas sus acciones en los últimos meses parecían completamente fuera de lugar. Se sentía como una niña caprichosa que sólo había jugado todo el tiempo sin pensar en lo que era importante en su vida. Era como si le hubiera sido infiel a Harry a pesar de que no habían sido pareja mientras ella estuvo con Paul o con aquellos muggles.

- ¿Vale la pena? – Insistió Harry.

- No lo sé aún. – Alcanzó a responder.

- ¿Por qué me sigues odiando? – Preguntó. - ¿Por qué sigues pensando que yo fui el responsable de todo lo que pasó? ¿Piensas decirme que de verdad crees que yo soy un asesino? ¿Que de verdad quise que todo eso pasara? ¿Que fue como si hubiera lanzado un maleficio asesino directamente a tu estómago para que perdieras a nuestro hijo?

- No, pero nunca vi que lo lamentaras. – Contestó mirando el suelo de la sala. Sabía que no era la mejor respuesta, pero no podía evitarlo. Cada vez que miraba a Harry recordaba su indiferencia a la pérdida de esa vida, como si no hubiera pasado nada. – Nunca me demostraste que hayas sufrido por lo que pasó.

- ¿Qué esperabas? – Harry se hallaba impactado por aquella declaración, su voz mostraba algo de enojo que no podía ocultar. - ¿Que me la pasara llorando por todos lados? ¿O que me hiciera azotar todas las noches para librarme de las culpas? ¿Que cumpliera algún castigo aberrante por el resto de mi vida?

- ¡Que demostraras algún sentimiento! ¡Eso esperaba! – Ginny se puso de pie, irritada por la postura de Harry. - Vienes aquí a pedirme una tregua, a pedirme que te de una oportunidad para que estemos juntos… ¿Cómo esperas que lo haga si creo que nunca lamentaste lo que pasó?

- ¿Que yo nunca qué? – Harry estaba estupefacto. Jamás hubiera imaginado esa respuesta por parte de ella. Era cierto que Ginny no sabía nada acerca de su intento de suicidio, era un secreto que no pensaba contarle a nadie, ni siquiera a Hermione. Pero que ella insinuara que nunca le importó perder a su hijo era imperdonable. - ¿Acaso crees que nunca sufrí por lo que pasó? ¿Que fue fácil para mí vivir después de eso? Tú no tienes la menor idea de nada, estás absolutamente cerrada en tus pensamientos y en tu autocompasión. – Era obvio que aquella visita había sido una verdadera pérdida de tiempo - Con tu permiso, iré al baño y me retiraré de este lugar. Ya vi que fue una pérdida de tiempo venir a verte. – Acto seguido se levantó y, sin dirigirle la mirada ni por un segundo, se dirigió al baño.

Ginny se encontró a solas por unos momentos, con la cabeza zumbando debido a los pensamientos que corrían a toda velocidad de un lado a otro. ¿Y si estuvo equivocada durante todo este tiempo? ¿Y si simplemente se hallaba tan sumergida en su propia depresión que no supo apreciar los sentimientos de Harry? ¿Tan ciega fue como para no darse cuenta de que él también sufría? ¿Era necesario que él hubiera exteriorizado su tristeza? ¿Qué hubiera logrado con eso? ¿De qué hubiera servido que sean dos los que lloraran todo el tiempo? Tal vez era momento de tragarse su propio orgullo y aceptar que había juzgado mal a Harry.

Antes que pudiera seguir avanzando en aquella idea, Harry ingresó nuevamente a la sala. Ginny notaba que su expresión era distinta a la que él llevaba al retirarse unos momentos atrás. Harry tomó asiento y respiró profundamente, como si se preparara para realizar un anuncio importante.

- Harry, ¿estás bien?

- Así que te acostaste con Paul después de todo. – No era una pregunta, era una afirmación. Y Ginny se quedó de piedra al oír aquellas palabras.

- No entiendo, ¿qué cosas dices? – Una risa nerviosa escapó de su boca. "Maldita sea, ¡no te pongas tan nerviosa!" Pensó para sí misma, pero se trataba de algo imposible. Harry siempre había tenido esa capacidad para sacarla de una base firme y dejarla indefensa en cuestión de segundos. Nunca se había sentido así con nadie, y sabía a la perfección que muy difícilmente encontrara a otro que la dejara de esa manera con su simple presencia.

- Nada, simplemente comento lo obvio. – Respondió, sentándose con tranquilidad en el sofá.

- Yo no me acosté con Paul. – Dijo, sin poder ocultar del todo sus nervios. – No sé de dónde sacas esas ideas. – Agregó, tratando de convencerse de que Harry no estaba tan seguro de sus propias conclusiones como aparentaba.

- ¿Piensas seguir negándolo mucho tiempo más o vas a admitirlo de una vez por todas? – El tono de voz era ligeramente agresivo, como si se contuviera para no comenzar a gritar.

- ¿De dónde sacaste esa idea tan absurda?

Sin pronunciar una palabra, Harry señaló la puerta del baño.

Ginny se puso de pie nerviosa, sin entender qué podía haber en su baño como para que Harry se hallara tan convencido de que ella se había acostado con Paul.

Lentamente se desplazó por la sala y llegó a la puerta, desde donde pudo ver con claridad qué le permitió a Harry mostrarse tan seguro de su acusación: unos bóxers que Ginny sabía que pertenecía a Paul se encontraba en el suelo, en una esquina del baño.

- ¿Cómo demonios llegó eso ahí? – La pregunta brotó de los labios de la pelirroja antes de que ella pudiera hacer nada por evitarlo.

- Bueno, al menos no te molestaste en decir que no sabes a quién le pertenece. – Comentó Harry, quien silenciosamente se había colocado a su lado. – Por si no lo recuerdas, yo no vivo en este departamento, así que ni se te ocurra decir que son míos.

- No, bueno… - Ginny no sabía qué decir, sabía que se hallaba atrapada en falta, no entendía cómo había sido tan estúpida para dejar eso a la vista, para no haberlo arrojado a la basura. "Maldita sea Paul, finalmente te saliste con la tuya".

- No te esfuerces tanto por encontrar una respuesta. – Agregró Harry fríamente, ante el aturdimiento de la joven.

- ¿Acaso debo rendirte cuentas por lo que hago con mi vida? – Ginny no pensaba dejarse arrasar por las acusaciones de Harry. Era cierto que hubiera preferido que él no se enterara de lo suyo con Paul, pero no era motivo para que Harry se metiera en su vida privada. No tenía el menor derecho a reprocharle nada.

- No, pero al menos hubieras sido sincera de entrada, sin necesidad de andar negándolo todo hasta que sea demasiado evidente que no hay escapatoria. – Replicó Harry.

- Claro, no estás enojado porque me haya acostado con otro hombre. – Aunque el tono de voz de la pelirroja daba a entender que no le creía.

- Primero que nada, no estoy enojado, estoy furioso. – Respondió. – Porque se trata de alguien que intentó acostarse contigo por todos los medios mucho antes de que tú y yo cortáramos, así que no te hagas la pobre víctima, fuiste una maldita perra. – Verdaderamente estaba furioso, y aunque no lo demostraba con su tono de voz, sí lo hacía con su elección de palabras. – Y segundo, dudo mucho que puedas calificar a Paul como "hombre", es una expresión que le queda muy grande a ese pendejo agrandado.

- Califícalo como mejor te parezca, pero si me acosté o no con él es asunto mío, no tuyo. – El tono de Ginny era igualmente calmado, pero la devolución fue igualmente de agresiva. – Al menos él sí estuvo conmigo tratando de consolarme después de lo que pasó. Tú ni siquiera te atreviste a demostrar tus sentimientos conmigo. ¿Y te atreves a llamarte "hombre"? No fuiste más que una basura conmigo, me dejaste a merced de cualquier otro, así que no te quejes si elegí a Paul.

- ¿Sabes qué? No tengo por qué perder el tiempo contigo, veo que verdaderamente esta visita no sirvió de nada, más que para terminar de comprender que no quieres saber nada más conmigo. – Se dirigió a la puerta de salida.

- ¿Así que te vas así nomás? – Preguntó Ginny. – Cobarde. – Agregó con desprecio.

Harry se quedó clavado en el lugar, con la mano a diez centímetros de la manija de la puerta. Acto seguido se dio media vuelta para acercarse a quien solía despertarle sonrisas cada vez que la veía, aunque ahora sólo sentía rencor, odio y deseos de desaparecer de aquel lugar cuanto antes.

- Repite eso. – Dijo amenazadoramente.

- Si tantas ganas tienes… - Replicó con desdén. – Eres un cobarde. – Repitió - ¿Huyes sólo porque me acosté con alguien más? ¿Sólo por eso? ¿Piensas que porque me acosté con Paul ya no quiero saber nada contigo?

- No estoy huyendo. – Dijo Harry, aunque no estaba tan seguro si era cierto lo que decía. – Me voy de aquí porque veo que no tengo lugar para ti, al menos no mientras sigas pensando que nunca me importó lo que pasó. Me importa un bledo Paul, pero no pienso tolerar que continúes tratándome como si me hubiera dado lo mismo que hayas perdido a nuestro hijo. Y si todavía tienes dudas, mira esto. – En ese momento Harry tomó su varita. – No pienso hacerte daño, no seas ridícula. – Añadió, al ver que Ginny se alejó un paso de manera instintiva.

Agitó la varita secamente y atrapó un frasco de vidrio que apareció súbitamente en el aire. Luego colocó su varita en la sien y la despegó, extrayendo una larga hebra de pensamiento, con su característico color plateado. Vertió el recuerdo en el frasco, colocó la tapa en su lugar y lo dejó en la mesa de la sala.

- ¿Qué tengo que ver con ese recuerdo? – Preguntó la joven, sin entender nada.

- Simplemente míralo. – Respondió Harry. – Y después me dirás si sigues en esa maldita postura de que a mí no me importó un carajo perder a nuestro hijo. Avísame cuando salgas de esa actitud tan idiota, así podremos hablar en serio.

Sin darle tiempo a Ginny para que responda, salió del departamento hecho una furia, dando un fuerte portazo.

La pelirroja se quedó unos segundos parada en el mismo lugar, observando el frasco que todavía se hallaba sobre la mesa.

Se acercó lentamente y tomó aquel recipiente mientras numerosos pensamientos zumbaban en su cabeza. ¿Qué habría allí que era tan importante? ¿Y por qué demonios Harry no le contó nada acerca de ese recuerdo?

No tenía el menor sentido. No era algo propio de Harry que no le contara algo si se trataba de un asunto importante, siempre había habido confianza entre ellos y nunca secretos. "Bueno, excepto cuando no me quiso contar sobre los Horrcruxes… Pero aunque no me gustó, yo lo entendí. Era algo que le había prometido a Dumbledore que no le diría nada a nadie."

Harry incluso le había contado sobre misiones con el Escuadrón que muchas veces eran clasificadas y debían mantenerse en el más estricto de los secretos, y sin embargo eso no fue impedimento para que Ginny pudiera enterarse de algunos datos.

Ginny se dirigió a su cuarto, aún con el frasco en su mano. Se aproximó al gran armario que a ir en búsqueda de su pequeño pensadero (regalo de Harry para su cumpleaños de hace dos años), el cual guardaba en un cajón tapado por una montaña de ropa que nunca se había dignado a ordenar. Había colocado el frasco dentro de otro cajón para poder usar ambas manos en su lucha por retirar el pensadero cuando el inconfundible sonido de su celular hizo acto de presencia.

Luego de guardar todas sus cosas dentro del armario de forma apresurada, alcanzó el teléfono cuando parecía que estaba a punto de dejar de sonar.

- ¿Hola? – Dijo Ginny, tratando de que no se notara en su voz que había corrido a toda velocidad para atender a tiempo. – Sí, hola. ¿Cómo dices? – Contuvo el aliento al oír atentamente lo que tenían para decirle - ¡Ese tipo está loco! ¡Si, ya mismo salgo! ¡Por supuesto que le dije que hoy no lo haríamos! ¿Es que acaso no podemos tener maldito descanso? ¡Qué tipo tan idiota! ¡Nos vemos en cinco minutos!

Y olvidándose momentáneamente del recuerdo que Harry le había entregado, tomó su varita y corrió directo a la puerta de su departamento para desaparecer y encontrarse con Mike.

000

El sol ya se escondía entre los edificios cuando Harry llegó a su departamento hecho una furia. No sabía con quién estaba más enojado, si con Paul, el muy maldito hijo de perra de Paul, o con Ginny.

Se sentía un idiota, ¡por supuesto que iba a acostarse con Paul! Era una obviedad que aquel idiota iba a aprovechar su oportunidad. Él mismo se había encargado de dejarle el camino allanado para que el infeliz pudiera conseguir su objetivo.

La había abandonado, se habían peleado, la había echado de su casa… Él fue la razón de la pérdida del embarazo de la mujer que más amaba, y que seguía amando.

Lo que había pasado entre Paul y Ginny siempre había ocupado un lugar en su cerebro como una sospecha. Transformarla en certeza era un gran paso. Un muy doloroso paso que todavía no terminaba de dar. Era como si hubiera levantado el pie, pero no encontraba un lugar firme dónde apoyarlo. Ese pie seguía cayendo, de la misma manera en que Harry se dejaba caer en el sofá, tomándose la cabeza entre sus manos, tratando de contener la avalancha de imágenes que se agolpaba en su mente.

Unas manos que dejaban a Ginny desnuda. Eso no era tan malo.

Las manos eran de Paul. Eso era definitivamente desastroso.

Ginny besándolo. Por favor, deja ya mismo de pensar en eso.

Paul correspondiendo el beso y terminando de desnudarla.

Ambos cayendo a la cama, en medio de un abrazo apasionado.

-¡BASTA! – Harry gritó a la nada, incapaz de contener su angustia, su desesperación.

Finalmente terminó su mente terminó de torturarlo con esas imágenes, aunque eso no significó el fin de la tortura.

La imagen de Ginny disfrutando con Paul era demasiado, era insoportable pensar que ese gusano infeliz se haya acostado con ella. Y aún más insoportable era seguir pensando que la causa de eso había sido él mismo.

"Y la muy maldita se había acostado con él justo antes de que hoy fuera a verla…" Un arrebato de odio hacia Ginny se hizo presente en su cabeza por un segundo. Nada parecía tener sentido, un remolino de imágenes daba vueltas por su mente, pero Harry pensó que era mejor no tratar de identificarlas; sabía que no le esperaba nada agradable si logra acomodar sus ideas, por lo que se abandonó por un momento a aquella sensación difícil de definir.

Finalmente decidió ponerse de pie una vez más para dirigirse al baño y ducharse. "Quizás tenga suerte y me ahogue antes de que mi cerebro siga torturándome" Pensó algo desanimado mientras se desnudaba. Ya había abierto las canillas de la ducha y se encontraba con el torso desnudo y los pantalones a la altura de las rodillas cuando su teléfono celular sonó repentinamente.

En la desesperación por correr hasta su equipo y atender el llamado al tiempo que intentaba colocarse sus pantalones nuevamente, se tropezó y cayó de bruces sobre el suelo del pasillo.

Desplegando su amplio repertorio de insultos a toda velocidad, alcanzó el teléfono cuando parecía que estaba a punto de dejar de sonar.

- ¿Hola? – Atinó a preguntar, al tiempo que se frotaba la rodilla, la cual había sufrido un pequeño pero molesto golpe.

- Hola Harry. – Una voz sonaba algo ansiosa. – No tengo mucho tiempo, así que escucha con atención.

- Por supuesto Mike, dime. – Harry cambió de posición, de repente el dolor de la rodilla parecía haber quedado en el olvido.

- Escuché algo, cerca del callejón Knockturn, tú sabes. – Hubo un segundo de silencio. – En fin, el asunto es que al parecer habrá otra entrega esta noche.

- ¿Dónde? – Su boca se curvó en una sonrisa. Desde que había hablado con Mike, de vez en cuando obtenía pistas para evitar que algunos envíos de pociones lleguen a destino. No siempre habían llegado a buen puerto, pero al menos en algunos casos había tenido suerte. No era algo exacto, pero siempre valía la pena seguir una pista de Mike.

- No lo sé exactamente. – Respondió Mike, para decepción de Harry. – Pero escuché que será por la zona de los bares del centro de Londres. – Un suspiro se oyó del otro lado. – Lo lamento, es todo lo que puedo decirte.

- No te preocupes Mike, lo investigaré. – Dijo Harry para tranquilizarlo. – Si tengo buenos resultados, te prometo una botella de whisky de fuego.

- Con lo poco que sabes, si logras algo, yo mismo te pago la botella.- Estalló en una carcajada. – Buena suerte. – Acto seguido, colgó el teléfono.

Harry se quedó observando la pantalla de su teléfono. Luego de unos instantes, pensó en algo que no había notado hasta ese momento: todavía mantenía el mismo fondo de pantalla desde hace varias semanas. Generalmente se aburría de las imágenes que ponía en su teléfono, por lo que decidió revisar las opciones y cambiar una vez más de foto. Seleccionó la carpeta donde guardaba las imágenes y se puso a evaluarlas. Segundos después, una nueva imagen ocupaba la pantalla principal de su teléfono.

Al terminar eso, advirtió un ruido que inmediatamente reconoció como el sonido del agua de la ducha que seguía cayendo en su baño. La charla con Mike lo había desviado tanto de lo que estaba haciendo momentos antes, que tardó un poco en recordar que estaba a punto de bañarse.

Intentó dar un paso en dirección al baño cuando casi cae nuevamente por haber dejado caer sus pantalones mientras hablaba con quien fuera su mentor.

- ¡Maldita sea! – Exclamó en voz alta, avanzando hasta la ducha.

Una vez bajo el agua, nuevamente intentó acomodar sus ideas, aunque fracasando estrepitosamente al hacerlo. Las imágenes de Ginny, Paul, las pociones, viejos recuerdos, arrestos, combates, todas se mezclaban en la cabeza de Harry, dejándolo más aturdido que antes.

Finalmente salió de la ducha frustrado por no conseguir lo que quería; su mente seguía molestándolo y no lo dejaba concentrarse en nada.

Semidesnudo, cubierto tan solo con una toalla envuelta en su cintura, se sentó en el sofá, agitó su varita y atrapó al vuelo un vaso de vidrio y una botella de whisky de fuego.

Se sirvió una generosa cantidad en el vaso antes de colocar la tapa en la botella. Nuevamente agitó su varita para que un plano de Londres apareciera ante su vista. Como si el plano se tratara de una pantalla de computadora, iba moviendo su varita, agrandando algunas partes, tachando otras, descartando zonas. Necesitaba reducir al máximo la zona que iba a visitar esta noche en busca de aquellos traficantes de pociones.

A pesar de no habérselo dicho, la llamada de Mike fue una suerte de bendición para Harry. Habían pasado varios días desde su última intervención, y aunque afortunadamente no habían aparecido nuevas víctimas de las pociones, estaba inquieto. Aquel estado de inactividad no le ayudaba a calmarse, necesitaba acción.

Al fin tomó una decisión y seleccionó cuatro manzanas del centro de Londres que le parecieron buenos lugares para iniciar su investigación de aquella noche. No era un área particularmente destacable, pero al menos era un punto de partida, un lugar por dónde tantear el terreno en busca de una pista.

Observó el reloj de la sala, empezaba a hacerse tarde. Si tenía pensado iniciar una búsqueda, necesitaba hacerlo cuanto antes. Se desplazó con cierto apuro hasta su armario, extrayendo ropa en busca de algo adecuado para aquella zona de Londres. Era imprescindible no delatarse como mago, debía ser un muggle más en esos lugares.

Finalmente se colocó un sencillo pantalón negro, una camisa de seda color verde oscuro y un saco negro. Sus zapatos relucientes y un porte elegante lo hacían increíblemente seductor, lo cual sería de gran ayuda a la hora de hablar con alguna mujer que pudiera darle una indicación en la dirección correcta.

Una vez más observó su reloj, faltaba poco para las once de la noche. Se apresuró a echarse un poco de su perfume favorito; por tantas insistencias de Ginny, había adoptado la costumbre de colocarse perfume cada vez que salía, incluso por una misión para evitar que una carga de pociones ilegales llegara a los muggles.

- Muy bien, hora de salir de cacería. – Dijo, mientras terminaba de revisar su aspecto. Se miró en el espejo y agradeció haber abandonado los anteojos. Tomó su varita y borró su cicatriz mediante un hechizo. Se trataba de algo temporal, pero necesario si quería evitar llamar la atención más de lo necesario. "Es una maravilla las cosas que puede hacer la magia" Pensó sonriente. Los lentes de contacto que llevaba puestos habían sido creados para no caerse nunca, ni siquiera en las situaciones más inesperadas o de acción intensa que caracterizaban a cualquier Auror.

- Y lo mejor de todo es que me sientan de maravillas. – Una fuerte carcajada se apoderó de él luego de pronunciar esa frase en voz alta. – Ya estoy listo.

000

Ginny estaba saliendo de la ducha, apurada por vestirse y salir a distenderse de una vez por todas. Los hechos del día no dejaban de dar vueltas por su cabeza y definitivamente necesitaba una noche afuera para tomar aire (y unas cuantas cervezas) antes de apoyar su cabeza en la almohada.

Encontró un pantalón ajustado que le calzaba perfecto junto con unos zapatos de taco que le proporcionaban esos centímetros de más que siempre había querido tener. Una remera negra y dorada y con una parte de la espalda descubierta completaba el vestuario.

Decidió no hacer nada del otro mundo con su cabello, sabía a la perfección que desviaba más de una mirada simplemente llevándolo suelto. Era algo que amaba de ella misma, su cabello pelirrojo caía con suavidad, de una forma completamente seductora, sin necesidad de hacer el más mínimo esfuerzo para lograrlo.

La noche parecía perfecta, ideal para salir por unas horas, olvidarse de Paul, de su trabajo, de sus obligaciones, de sus preocupaciones, de aquel maldito embrollo en el que estaba sumergida.

- Falta poco, falta cada vez menos. – Le dijo a su propio reflejo en el espejo. - No pierdas la concentración o todo se irá al diablo. – Una vez más repitió aquella frase, como si fuera un mantra. Comenzó a respirar profundamente para relajarse por completo. Al lograrlo, sonrío para sí misma, como si hubiera sido una pequeña victoria en un día complicado.

Miró el reloj de la sala, era hora de salir o todos los lugares estarían ocupados. El centro de Londres siempre se encontraba abarrotado cuando uno menos lo esperaba. Mejor que se apresurara o tendría que volver temprano a su departamento, y esa opción sólo era tentadora si traía a alguien con ella.

Sin embargo, esta noche no sería "mágica", no habría seducción, no habría sexo con un desconocido, no habría un hechizo oportuno para borrar evidencias ni sentir tanta culpa. Sólo sería una noche para reemplazar los zumbidos que provocaban sus pensamientos por aquellos que provocaban los parlantes con la música sonando a todo volumen.

000

Harry entró en el último local que tenía pensado visitar aquella noche. Las anteriores visitas no habían tenido éxito, o al menos no la clase de éxito que había planeado para esa excursión por el mundo nocturno de los muggles.

Las mujeres se le habían acercado de vez en cuando mientras él permanecía ajeno a todo, dando algún sorbo ocasional a su botella de cerveza. Una actitud casual, tratando de averiguar lo que tenía en mente sin levantar demasiadas sospechas, era la clave para obtener información. Pero no estaba dando resultado.

Cada vez que lograba encontrar algún proveedor de drogas dando vueltas por aquella zona, se trataba de cosas triviales (cocaína o éxtasis generalmente, la clase de drogas que consumían los jóvenes en aquellos lugares), o triviales para él, nada de pociones, nada de drogas líquidas nuevas. Pero aunque no era asunto de los magos, se las ingeniaba para hacer que aquellos proveedores fueran a entregarse directo a la policía, como si mágicamente se hubieran arrepentido de sus actos y estuvieran dispuestos a confesar y entregar a sus jefes.

Convenció sin problemas al gigantesco gorila que cubría la entrada trasera de que lo dejara ingresar. "Una de las grandes ventajas de llevar una varita mágica escondida" pensó Harry mientras ingresaba a la pista principal de la discoteca.

El sonido casi lo ensordece cuando atravesó la puerta, la cual se hallaba inmediatamente al lado un gran parlante que funcionaba a su máxima potencia. La pista se hallaba repleta, como era de esperarse. Decidió acercarse primero a la barra, tenía algo de sed, y la primera regla al investigar algo en los bares o en las discotecas era siempre hablar con quien estuviera detrás de la barra. Ellos solían tener algún dato que pudiera serle de utilidad, si es que sabía ganarse pronto su confianza y hacer las preguntas adecuadas.

000

- Vamos nena, tú sabes bien que quieres estar conmigo.

- No, lo único que sé bien es que eres un idiota. – Respondió con frialdad.

- Pero quieres estar con este idiota. – Insistió. Su aliento a alcohol no era buen indicador.

- ¡Piérdete de mi vista! – Estaba conteniéndose de darle un buen golpe. Pero aquel infeliz le sacaba veinte centímetros y cincuenta kilos de diferencia, no era una buena opción hacerlo enojar.

- Sólo si me das un beso.

Ginny distaba de estar de ánimos para estar con ese tipo, el cual parecía decidido a arruinar su noche. Impaciente y furiosa, hundió su rodilla en la entrepierna de aquel hombre, dejándolo en el suelo momentáneamente, mientras varias jóvenes aplaudían su conducta.

"Maldito borracho infeliz" Pensó con furia, mientras trataba de perderlo en medio de la pista de baile. Finalmente alcanzó la barra y pidió una cerveza, "necesito un trago para pasar el mal trago" pensó mientras reía de su ocurrencia.

- Oye, pelirroja… ¿Te pago el trago? – Preguntó una voz a sus espaldas.

000

Harry se hallaba en un estado de resignación y frustración por partes iguales. Esa noche definitivamente había sido una pérdida de tiempo.

Aunque tenía que admitir que disfrutaba siempre que se infiltraba en el mundo de los muggles. El hecho de ser uno más entre la multitud, que nadie lo observara con la boca abierta al abrirse paso entre las personas, que nadie se apartara como si fuera una especie de semidios.

Seguía tomando del pico de su botella de cerveza mientras observaba la gente que había a su alrededor. No notaba muchas diferencias respecto a otros lugares. Los mismos jóvenes de siempre tratando de seducir a las mismas jóvenes de siempre. Todos aparentando ser más de lo que eran en realidad. Las ilusas que se dejaban llevar por esos engaños, o quizás se mentían a sí mismas pensando que aquel joven podía ser distinto a los demás idiotas que se habían cruzado por sus vidas.

De repente algo captó su atención: una joven pelirroja sentada de espaldas a él, la cual conversaba con un joven apuesto, aunque de alguna manera inquietante a la vez. Había algo en ese joven que le causaba mala impresión a Harry: parecía más bien un cazador acechando a alguna presa, esperando el momento de distracción para atacar.

El joven parecía estar acercándole un vaso con un trago, pero Harry notó un extraño movimiento, casi imperceptible. Seguía cavilando sobre lo que pudo significar aquel movimiento cuando lo entendió: ese infeliz le había puesto algo en la bebida, y podría apostar su varita a que no era nada beneficioso para aquella pelirroja.

000

Ginny dio un sorbo de la bebida que le había comprado aquel joven, tan sólo para que deje de molestarla ("al fin y al cabo, un trago gratis es un trago gratis" pensó con picardía), pero apenas el líquido recorrió su garganta, se dio cuenta de que algo andaba mal.

Las luces empezaron a parecer cada vez menos brillantes, todo parecía transcurrir en cámara lenta y sentía cómo iba perdiendo lentamente el control sobre sus extremidades.

- ¡Ginny! – Dijo una voz que le resultaba familiar, pero era imposible, no podía ser cierto. - ¡Despierta! ¡Reacciona!

- ¿Eres tú? – Preguntó, sin entender del todo lo que sucedía a su alrededor. Podía sentir como perdía el conocimiento. - ¿Harry? – Fue la última palabra que pudo pronunciar antes de caer inerte en los brazos de su ex novio.

0

0

0


Las cosas se ponen mas atractivas, no?

Veremos qué sucede ahora. Definitivamente este es un encuentro que promete mucho. Quizás suceda algo interesante, no les prometo nada... Solo estén atentos a la próxima entrega.

Nos leeremos en cuanto podamos.

Sigan dejando sus opiniones, son muy importantes para mí, para la historia y para conocer lo que piensan de esta historia.

Gracias por estar del otro lado!