Al fin logré terminar este fic :D Después de más de un año de no mover nada aquí, al fin pude terminar. Espero que no me quieran linchar por tardar tanto, pero tenía que sacar inspiración de algún lado, y ahora al fin salió. Los quiero, disfruten el último capítulo.
Advertencia: Muerte de un personaje, sangre, y otras cosas(?)
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, es de Hidekaz Himaruya.
Lo vio todo en cámara lenta. Ella tirando del gatillo, Matthew corriendo hacia Iván e interponiéndose. Sangre, un desgarrador grito proveniente de la garganta del canadiense, su expresión de horror al sentir un espeso líquido color carmín resbalar por su barbilla. Silencio.
—¡Matvey!—Gritó el ruso, quedándose incluso sin voz al tiempo que tomaba al rubio entre sus brazos. Éste tenía su mano puesta en su pecho, sobre una herida de bala realmente grave.
Natasha sonrió.
—Hermano~ Ahora sí podemos estar juntos por siempre~ —Canturreó ella con una sonrisa maniaca y expresión por demás desquiciada. Aquella aura tan característica del ruso comenzó a emanar de su cuerpo, haciéndose más y más grande mientras su hermana menor se acercaba.
Ella moriría, definitivamente moriría. Dejo a Matthew con cuidado en el suelo, levantándose y acercándose también a la rubia, quien no hizo más que detenerse en seco. Estaba asustada. Jamás vio a su hermano de esa manera. La misma expresión seria, la misma aura asesina, la misma sonrisa sádica que ella ponía cuando lo tenía cerca. El terror recorría todo su cuerpo hasta la más fina hebra de su cabello.
—Kolkolkolkol…—Y apenas aquel canto escapó de los labios de su hermano, ella supo que estaba perdida. No tuvo ni tiempo de huir cuando él ya la había tomado del cuello, cortándole la respiración.
—H-hermano… B-bájame… —Pero el ruso hizo todo lo contrario. Ella luchaba por soltarse, pero todo era en vano. Poco a poco, la mano del soviético se fue cerrando sobre el pequeño y delicado cuello de la bielorrusa hasta casi dejarla sin aire. Luego, un fuere dolor en su espalda se hizo presente al momento de chocar con una pared. Iván a había golpeado con tal fuerza que logró romperle una costilla. Natasha no podía moverse.
—Vas a pagar caro… Quiero ver tu rostro de desesperación cuando estés pidiéndome piedad…—Espetó el mayor con una mirada asesina. Todo ocurrió más rápido de lo que esperó, pues de un momento a otro, la bielorrusa estaba sobre un charco de sangre, muerta.
—I-iván...—Escuchó aquella dulce voz a lo lejos. Matthew empeoraba a cada segundo. Su pequeño osito intentaba mantenerlo despierto, pues el canadiense estaba comenzando a perder fuerzas.
—N-no hables, Matvey, da? Pronto vendrán a ayudarte y vamos a vivir juntos en Rusia, da? —El ruso ya no podía ni siquiera contener sus lágrimas. Estaba completamente asustado por lo que pudiera pasar con su amado canadiense.
—Iván… No llores, s'il vous plait… No me gusta verte llorar…—Susurró, acariciando con una suavidad enorme la mejilla ensangrentada del ojivioleta, limpiando sus lágrimas con delicadeza—. D-dile a Alfred q-que no…haga estupideces…—Y eso ya no le gustó. El canadiense se estaba despidiendo. ¡Maldición se estaba despidiendo!
—Matvey… Por favor, resiste un poco más… Resiste…—Ya no podía retener sus lágrimas y éstas caían sobre el rostro del menor.
—Perdón…por…ha-haberle creído más…a Natasha que a ti…—Musitó con los ojos entrecerrados y a pesar del dolor, su sonrisa seguía tan radiante como siempre.
—No hay nada que perdonarte…—Le respondió en un hilo de voz.
—Iván… Je t'aime… Prométeme que no llorarás por mi…—Iván asintió a las palabras del menor. Como pudo, el canadiense se acercó a besar los labios del ruso, temblando. Lo logró. Depositó un pequeño y casto beso en los labios de Iván, tan dulce como la primera vez que lo besó. Iván correspondió, abrazándolo con fuerza e ignorando el hecho de que se mancharía con la sangre del menor. Matthew se separó de repente, dejando caer su mano sin vida a un costado, provocando la desesperación en el ruso.
—Nyet… Nyet! ¡Matthew, despierta! ¡Tienes que despertar!— Pero no iba a ocurrir. —Debes despertar… Tú mismo le dirás al gordo que no haga estupideces, por favor, Matthew, despierta…—Lo abrazó contra su pecho, llorando como nunca, incluso más que cuando era un niño. Lo había perdido. Perdió a la persona más importante en su vida y todo por un malentendido. No supo cómo ni cuándo, pero lo separaron de Matthew en pocos minutos, Alfred sujetándolo por detrás para evitar que hiciera alguna locura. Sólo recordaba sus gritos desesperados pidiendo que le regresaran al canadiense, que no lo alejaran de él. No pudo hacer nada más.
Los meses pasaron. Iván iba casi diario al cementerio, deteniéndose frente a una tumba. En aquella lápida estaba grabado el nombre de Matthew Williams. Suspiró. Sentía un terrible nudo en la garganta. Quería llorar, siempre que iba a ese lugar, las ganas de llorar lo invadían. Pero no quería romper la promesa que le hizo a Matthew. Dejó un girasol recién cortado en la tumba, misma que tenía ya varios más alrededor, y sonrió.
—Lyublyu tebya…—Susurró de nuevo, tal como el día anterior, y el anterior, y el anterior. Decía eso a diario. Decía esas palabras como si el rubio todavía siguiera vivo, como si pudiese escucharlo. Aunque sabía que en algún lugar, su Matvey lo estaba escuchando. Y le respondía con las mismas palabras en francés. Y también en inglés.
Je t'aime… I love you, Iván…
Después de siglos, puedo decir que éste fic queda oficialmente terminado. Lamento haberles hecho esperar tanto, pero perdí inspiración con esta pareja hace mucho y acaba de regresar gracias a iTunes. Gracias por leer, espero sus comentarios, tomatazos, botellas de vodka u osos polares. Grellicious out, DEATH~!
