Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de la gran señora Stephanie Meyer. La historia si es mía.

La mañana siguiente el día amaneció con un gran sol amarillento brillante y el cielo estaba azul y despegado, como siempre.

Yo había amanecido temprano, como alrededor de las seis o siete de la mañana, había comido mi desayuno –mi madre Renée me lo trajo desde su casa, porque no tenía dinero para comprar nada– y fui a comprar el periódico –con Renée, por cierto–, necesitaba un trabajo con urgencia si yo misma me quería mantener.

Al llegar a mi casa me había instalado en la mesa del comedor y había ojeado con rapidez la sección de empleos. Para ser sincera, no había nada que me gustara. Estoy perdida. Suspiré. Yo quiero ser es escritora, pero ¿cómo lo puedo lograr si no tengo al menos una idea para plasmar en una hoja? Y además tengo que ir a la universidad para aprender sobre la escritura. Ayúdame, Dios.

Bella.

Me quedé paralizada, se me agarrotaron los músculos y la respiración se me cortó a causa del susto. Sólo es mi imaginación, Bella, me repetía una y otra vez para calmarme. No funcionaba. No hay que entrar en apuros o en conclusiones que no son ciertas.

Bella.

Me paré, de un salto, de la silla. Otra vez esa voz. Era un murmullo pero conseguía escucharle, era audible; era una voz dulce pero a la vez triste, apenada, todo al mismo tiempo.

Bella.

–¿Quién está ahí? –pregunté, en un grito, ya asustada.

No contestaron, pero la voz repitió de nuevo mi nombre.

Estaba paralizada, congelada, nunca antes me había pasado esto, bueno, no desde que murió Jacob. Sentía que mi corazón no latía, que estaba paralizado igual que yo, congelado por el susto, me sacudí. Son sólo alucinaciones.

Hice caso omiso a la voz y salí afuera de la casa, necesitaba respirar aire puro. Sólo es mi imaginación.

Inhalé y exhalé el aire repetidas veces; me sentía un poco mejor, sólo un poco

Nunca creí en fantasmas y mucho menos en cosas sobrenaturales; Renée y Phil veían esos programas sobrenaturales, se asustaban mucho –bueno, más mi querida mamá–, y yo les decía que no los vieran porque no iban a poder dormir u otras cosas peores. No me hacían caso. Yo, sinceramente, no creo que existan esas cosas. En Dios, los ángeles y todas esas cosas si lo creo. Almas o voces del más allá que tratan de decirnos algo o demonios que invaden a otros espíritus, nunca creí en eso. Y si fuera cierto, pues… no lo sé.

Inspiré y exhalé el aire delicioso que había por última vez y entre a la casa.

Tranquila, Bella, dijo mi vocecita.

–Trataré –le respondí.

Fui hasta la sala y prendí el televisor. Hice por un momento zapping hasta que lo dejé en un canal de cocina, me senté en el sofá. Bostecé. La noche anterior no había podido dormir en casi toda la noche, y hoy me paré demasiado temprano, tomaría una siesta más tarde o ahora.

Tengo que llamar a Charlie, quiero saber cómo está.

Y entonces, me quedé dormida por un profundo sueño.

Caminaba por unas gruesas, esponjosas y blancas nubes del mismo cielo, éstas parecían algodones; saltaba de una en una, tenía una risita incontrolable, parecía una estúpida.

Había mucho sol, demasiado, miré hacia arriba y me quedé ciega. No era el sol que iluminaba todas estas nubes que veía y saltaba de una en una, era algo con más potencia y delicadeza. ¡Diablos, era demasiada luz para mis ojos!

Apareció un chico moreno con una fina y lustrosa capa de pelo color negro, su sonrisa era franca y amable, en esa sonrisa mostraba sus perlas blancas y brillantes, sus ojos mostraban cierta calidez y tenía vestiduras blancas. Parecía un ángel. Solté un jadeo, no había visto tanta belleza en toda mi vida. Pero yo sabía quién era.

Era él.

Mi Jacob.

–Bella –su voz era cálida y dulce como sus ojos y su sonrisa. Se acercó hasta a mí.

–Jacob… Eres tú –acaricié su mejilla con mi mano derecha. Me lancé a sus brazos, él me apretó contra su pecho–. Quiero que estés aquí.

–Estoy aquí.

–No, quiero que estés aquí conmigo –sollocé. Me separé de su pecho y lo miré a los ojos.

–Estoy contigo –sonrió –, sólo que no te das cuenta.

Y abrí los ojos.

Un sueño… era sólo un maldito sueño. Era demasiado bueno para ser verdad. Un momento, ¿cómo llegué hasta mi habitación?, ¿no me había quedado dormida en la sala? Debí quedarme sonámbula y caminé hasta mi habitación, claro, ¿qué otra cosa pudo haber sido?

Toc, toc.

Agh. No me quiero parar, no quiero recibir a nadie.

Salí de mi habitación y fui a recibir quién sea quién fuera que estuviera molestando tan temprano. Abrí la puerta.

–Hilary, hola –nos abrazamos–, pasa –cerré la puerta–. ¿Qué te trae por aquí?

–Quiero hablar contigo.

–Claro, siéntate –le señalé con la mano el sofá de la sala.

Nos sentamos juntas y ella continuó:

–¿Acaso te desperté? Pareces que te hubieras trasnochado.

–Sí, algo así. A lo nuestro, ¿de qué quieres hablar?

–Es un chico.

¡Diablos! Pensé que hablaría de este tema si hubiera tenido una hija, cosa que creo que no vaya a pasar.

–¿Renée no puede hablarte sobre eso? –lo menos que quería es ser grosera con Hilary, ella es una gran chica, muy educada y responsable, pero no quiero hablar sobre este tema.

–Ella sólo le presta atención a Oriana, Oriana esto, Oriana lo otro. No me presta atención ni a mí ni a Ryan, sólo tiene ojos para Phil y Oriana. Y no quiero hablar con esto con mi papá, es vergonzoso, por eso vine aquí, tú eres la única que me puedes ayudar.

¿Ahora qué le digo?

–Me cuesta creerlo, yo pensaba que tú eras la princesa de la casa.

–Parece que Oriana me lo robó –volteó los ojos.

–Oriana no tiene no cinco años, es obvio que Renée le va a prestar más atención que a ti o a Ryan o a mí. Pero te comprendo, cuando Ryan nació sólo le prestaba atención a él –dije con un hilo de voz. Esos momentos fueron duros–. Y ahora él me odia.

–No es que Ryan te odio, sólo no le caes bien. Para él tú no eres su hermana.

–Pero yo no le he hecho nada –justifiqué con una nota de irá en mi voz.

–Èl nunca me ha dicho porque te odia, por qué le caes mal… Pero, ¡no cambiemos de tema!

–Tienes razón –tomé aire y exhalé. A ver si puedo ayudar en esto–. ¿Qué pasó con el chico?

–Èl me gusta mucho, siempre que lo veo siento mariposas en mi estómago, siento descargas eléctricas en mi piel, mi corazón se derrite –soltó una risita–. Estoy exagerando, ¿no?

–No lo creo. Yo sentía lo mismo cuando conocí a… –me obligué a decir su nombre– Jacob –fruncí el ceño cuando lo pronuncié.

–El punto es que él me gusta, es hermoso y creo que a él también le gusto –un color rosáceo pintó sus mejillas.

–¿Y cuál es el problema? –bostecé.

Tomó una bocanada de aire y continuó:

–Porque es Ryan, él es el que me gusta.

–Oh. Ryan –dije como si no fuera la cosa. Ya había entendido todo.

–Y si le decía que Ryan me gusta a Phil o a Renée me castigarían o algo peor.

–¿En verdad te gusta tu hermano? –hice una mueca.

–Demasiado –admitió sin vergüenza alguna.

–Pues, no te culpo, todos tenemos derecho a enamorarnos y no importa si somos gays o lesbianas. El amor es hermoso, eso no se puede comparar con nada.

Ella asintió.

–¿Y entonces qué hago?

–¿Ryan gusta de ti?

–Eso creo.

–Lo que yo haría sería seducirlo, pero no tanto para llegar al sexo, cocinándole su comida favorita, invitándolo a salir, cosas de ese tipo.

–Bella, no soy tan estúpida para llegar al sexo. No voy a cometer un pecado.

Subí los dos pulgares. Las dos reímos.

–Pero ¿funciona?

–Me funcionó con Jacob y casi nos casamos.

–Pero ¿ustedes no hicieron sexo?

Negué con la cabeza.

–No. Le hice prometer a Renée que no haría sexo hasta que me casara, pero no se conformó con eso, me dio un anillo de castidad el cual ya no lo uso porque tengo más de dieciocho años.

–¿Crees que Renée me de uno de esos?

–Estoy segura.

Ella dio un fuerte suspiro.

–Gracias, Bella, eres asombrosa –me sonrió y luego nos abrazamos–. Me voy, Renée debe estar preguntándose en dónde rayos me he metido. Adiós.

Me despedí con la mano y ella salió por la puerta.

Hilary es un encantó, ¿cómo sería Oriana a esa edad? Mi fuero interno rió.

Bella.

Otra vez esa voz. No hagas caso, Bella, me dije. Tengo que seguir con mi vida normal y tranquila.

Me levanté del sofá y me encaminé hasta las escaleras. Y de pronto…

–¡Oh! –jadeé del susto.

Un hombre de vestiduras negras me veía desde el último escalón. Me miraba fijamente. Esa sombra me parecía muy conocida. Parpadeé varias veces, cerré fuertemente los ojos y luego los abrí. Ya no estaba ese hombre, esa sombra. Debo estar alucinando.

Hola, chicos!

Cómo están, qué les pareció este capítulo? A mi casi no me gustó, me sentía que me faltaba inspiración o imaginación, no lo sé. Pero espero que les guste. El tercer capítulo va ser más largo, se los aseguro.

Creo que este capítulo es muy obvio, para mí en este capítulo ya se sabe quién es el fantasma, y si estoy equivocada… no sé.

Dos días faltan para mi cumple! Estoy así: :D Lo malo es que es jueves y mi papá y mi tía tienen que trabajar y voy a estar todo el día sola en la casa, pero creo que el sábado voy a salir con mi papá y mi BFF ;)

Lo malo es que el 20 comienzo clases y no voy a poder estar escribiendo mucho el fic o actualizándolo todos los días, pero si voy a escribir capítulos cuando pueda, no se preocupen ;)

Ah! Gracias por sus dos primeros comentarios a: nohemi y a Twilight all my love 4 ever! Espero que me sigan comentando :D

En este capítulo me inspiré en Demi Lovato: Skyscraper, Don't Forget y The Gift Of A Friend. Al perfil! Jeje

Bueno, ya me voy ;) Revies, please!

Bye!