Hola!!!

Yo de nuevo aqui, otro cap. Espero que sea de su agrado.

Sobeyda S. Granger:
Gracias por tu comentario niña, me alegra que preguntes jeje de esa manera se si me estoy hundiendo en mi mundo
y dejandolos a ustedes afuera. Acerca de las preguntas. Lo del hombre, te aseguro que eso ira tomando forma,
Solo es cuestión de paciencia. Y con lo del Draco y Herms jajaja, si paso algo (top secret jiji) mas adelante dare más detalles de
eso. Y sobre Ginny y Harry, :D Veo a Harry como un tipo con las tuercas apretadas, aunque de vez en cuando se le afloja una que
otra. El chico tiene cerebro :).

Play. ---

6. Helena

Se encontraba acostada tarareándose una canción, moviendo su mano al compás de la música que sonaba en su mente. Trataba de evadir todas las preguntas que su conciente le hacia, porque para responderlas tendría que repasar mentalmente lo que había ocurrido desde su llegada a aquel lugar y, evidentemente, esa era una tarea que no quería enfrentar.

Cuando escuchó unos pasos que se acercaban por el pasillo, calló inmediatamente, dirigiendo su mirada hacia la puerta. Los pasos cesaron y por la voz del visitante, Hermione supo que era una mujer:

- Alohomora – susurró Bellatrix. El ligero "clic" de la puerta hizo eco contra las paredes y la castaña alzó la vista para clavarla en ella - Te cambiaremos de lugar- dijo la mujer algo asqueada y visiblemente harta. Con dificultad, Hermione logró ponerse en pie y se irguió.-Te curaran cuando estés en la habitación.

Sacudió su ropa intentando limpiarla, pero esta continuaba húmeda y llena de sangre. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo erizándole los vellos de la piel y estornudó. Se paró en la entrada de la celda mirando a su alrededor, como esperando que algo ocurriera, pero solo el goteo del grifo daba conteo de algún tiempo.

Humedeció sus labios y terminó de salir por la puerta.

- Sígueme.

La mortífago caminaba rápidamente mientras ella trataba de seguirle el paso. Podía observar el ligero vaivén de las caderas de la mujer y como cada paso que daba parecía calculado; la rigidez de su cuerpo le indicaba que pocas veces bajaba la guardia dándose un respiro. Su falda y blusa negra, se movían con el viento que cortaba con la velocidad de su caminar. Por detrás, la tira con la que se amarraba la maraña de pelo, terminaba en un nudo.

Hermione trató de acelerar sus pasos al notar la distancia que se estaba creando entre ambas. Empezó a sentirse un poco incomoda con el silencio que las rodeaba, pero imaginaba que así era la vida en aquel lugar; una paz inexistente y una tranquilidad falsa. Abrazándose a si misma, frotó sus manos contra los brazos para calentarlos un poco; el lugar se sentía helado.

Los pasillos estaban ligeramente iluminados por las antorchas, con ventanas cubiertas por cortinas negras que impedían la entrada de luz y paredes color vino que se alzaban imponiendo su poder. Había una que otra pintura utilizada a modo de adorno, pero no le quitaba lo lúgubre y vacío de aquel lugar que, finalmente, tendría que llamar hogar.

Suspiró empezando a sentir la nostalgia de su propio hogar.

Continuaron caminando, doblando una y otra vez, como un laberinto sin salida. Cuando Hermione pensó que se habían perdido, la mujer se detuvo frente a una puerta de roble macizo, evidentemente pesada. La bruja levantó su varita agitándola en el aire y la batiente se abrió lentamente.

- Ésta será tu habitación ahora. - dijo sin más - No podrás salir de ella sin autorización. - Bellatrix entró con un aire de virulencia. Hermione reprimió el deseo de atacarla por espalda, pero sabía que aquella mujer la superaba, tanto en tamaño como en agilidad. Se sentía reprimida, necesitaba huir, alejarse de aquella pesadilla horrorosa que se había vuelto realidad.

El cuarto era grande, de paredes color marrón y alfombra negra. Había dos estanterías, llenas de libros de todos los colores y tamaños, que se enterraban en una de las paredes. La castaña entrelazó los dedos y se mordió el labio. Se sentía incomoda con todo aquello.

La cama de dos plazas y doseles negros estaba cubierta con sabanas verde oscuro; mientras que las cortinas eran de un gris espeso, recordándole los colores Slytherin. Hermione puso cara de asco y desvió la mirada. Odiaba todo lo que la rodeaba, la sola idea de dormir en aquella habitación le revolvía el estómago dándole nauseas.

Bellatrix giró sobre sus talones y caminó en dirección a la puerta; dio vuelta a la perilla y devolviéndose clavó sus ojos en ella como dos dagas negras.

- Tu padre vendrá en pocos minutos, y la sirvienta se encargara de lo demás. - dijo con voz calmada y serena. Sin embargo, de pronto su mandíbula se tensó y humedeció sus labios frenéticamente. - Si eres inteligente, no intentaras escapar.

- ¿Por qué? - Preguntó desafiante, no estaba dispuesta a sucumbir a estúpidas órdenes y a escuchar advertencia que obviamente tenían doble sentido. Podría seguir allí, pero su personalidad continuaría intacta sin ser manipulada. Intentando evitar la mirada de la demacrada mujer, se sentó en la cama y cruzó las piernas.

Bellatrix sonrió queriendo aparentar calma y despreocupación. Rió suavemente y acotó:

- Inténtalo y sabrás.

Abrió la puerta y salio cerrándola tras si. Hermione soplo tratando de mantenerse calmada y tranquilizar el ligero temblor que recorría su cuerpo, se levanto de la cama y se acerco a la puerta, intento girar la manilla pero estaba no cedió. Era más que obvio que no la iban a dejar abierta.

Caminó hacia la otra puerta, giro la perilla lentamente y asomo la cabeza por la abertura temiendo encontrar algún perro de tres cabezas que quisiera devorarle la suya. Dejo escapar un suspiro de alivio al notar, que solo era un baño con una pequeña ducha y una tina al lado.

Se acercó al lavabo y miró su reflejo en el espejo. Tenía el pelo muy desordenado y el rostro sin señales de haber sido maltratado. Revisó su boca y sus ojos buscando algún rastro de sus golpes. Odiaba admitirlo, pero al parecer, Malfoy había hecho un bueno trabajo. Siguió examinándose hasta que finalmente quedó satisfecha. Se alejó unos cuantos pasos y se levantó la blusa delicadamente. Tenía todo el costado derecho tintado de morado debido a la - o las - costillas rotas. Rozando el golpe ahogó un quejido de dolor y su vista se nubló. Por último, giró sobre si misma y con los ojos entrecerrados observó el gran moretón que manchaba su espalda.

-Dios…-murmuró. Bajó la blusa y abrió la llave.

El sonido del agua al caer era un poco ensordecedor, e irremediablemente, recordó el día anterior, cuando había discutido con su padre acerca del desperdicio de agua y la poca necesidad de dejarla abierta mientras se cepillaba los dientes; tal vez podría ser una cosa trivial, pero sentía que eso ejercía un poco de peso sobre sus hombros y pasaba a la lista de cosas que hubiera querido ignorar sabiendo lo que ocurriría después, tal vez simplemente lo habría obviado.

Humedeció su rostro y se miró en el espejo mientras apoyaba las manos sobre la pieza de mármol. Se consideraba de estructura normal: ojos grandes, nariz fina y labios ligeramente jugosos, una que otra peca adornando su nariz y múltiples lunares en cuello que parecían diseñar constelaciones sobre su piel; antes solía decir que los había heredado de su madre, pero ahora que se enteraba que era adoptada, ya no sabía bien a quién se podría asemejar.

Un ligero toque en la puerta la volvió a la realidad; tomando la toalla que descansaba en el poste, salió del baño.

La puerta se abrió dando paso a una chica. Llevaba el pelo negro en una coleta y la piel blanca pálida contrastaba con los ojos de un azul verdoso, que al chocar con la mirada de la castaña, se clavaron fijamente el suelo. Su aspecto era algo demacrado y su delgada figura resaltaba por el vestido de criada que llevaba.

- Señorita Riddle - hizo una reverencia y levantó el rostro; se podía notar una marcada tristeza pintada en él, mientras sus delgados labios se mantenían fuertemente apretados, formando una rígida línea.

Hermione abrió los ojos de manera desmesurada.

- ¿Helena? - preguntó en un susurro. La chica tenía en las manos un contenedor con agua y una varita...

"Una varita" pensó la leona esperanzada.

- ¿Hermione? - La chica dejó todo en la mesita y corrió hacia ella deteniéndose para examinarla con la vista.

- ¡Helena! - la pelinegro se llevó las manos a la boca ahogando un chillido y luego la abrazó.

- Despacio - gimió Hermione de dolor cerrando los ojos a modo de reflejo.

- ¡Lo lamento! -

- Despreocúpate. - murmuró.

- ¡Dios mío! Nunca creí volver a ver un rostro familiar. - dijo Helena en un pequeño sollozo, aún sujetando a Hermione que solo rió un tanto aliviada.

- Pues, me atrevo a decir lo mismo. - la pelinegro la soltó y la miro con el ceño fruncido.

- ¿Y qué haces aquí?

Por el rostro de Helena, Hermione noto lo insegura y nerviosa que estaba; no dejaba de estrujar el vestido con las manos.

-No, ¿Qué haces aquí?- Las sonrisas empezaron a desvanecerse lentamente mientras millones de preguntas pasaban por sus cabezas.

- Eres su hija - afirmó.

Hermione titubeó sintiéndose insegura.

- Al parecer lo soy…- las palabras se desvanecieron en el aire y un silencio sepulcral reinó en la habitación, y es que no era normal encontrarse con una persona del pasado en aquel lugar.

A pesar de que Helena era ya una joven que rondaban por sus veinte años, actuaba de una manera algo infantil, estrujaba el delantal del vestido con violencia en un intento de liberar todo su estrés con el inofensivo pedazo de tela.

- ¿Eres una prisionera? - preguntó Hermione tratando de cortar la tensión y se mordió el labio, incómoda.

Helena tomó una bocada de aire y lo dejó escapar lentamente.

- Así me podría llamar - respondió con desdén.

El silencio las volvió a acompañar y los ojos de Hermione se deslizaron hacia la mano de la chica.

- ¿Por qué tienes una varita?

- Buen comportamiento - respondió rápidamente mientras sujetaba la vara en su mano con fuerza. Su ceño se mantenía completamente fruncido, mostrando las arrugas prematuras de su rostro.

- No sabia que eras bruja - dijo Hermione notando la extrañeza de su actitud.

- Iba a otra escuela, terminé hace unos años. - los ojos de Hermione continuaron en su ascenso, encontrándose con los brazos de Helena: llenos de moretones y cicatrices, como si la hubieran sostenido de manera bruta, perforando su piel con filosas uñas. La prisionera, al ver dónde se posaban los ojos de la castaña, bajó la manga de su vestimenta.

- ¿Nunca has intentado escapar? -preguntó la leona insegura de si la pregunta era apropiada para ese momento, sin embargo, no tenia otra alternativa al alcance de su mano.

La pelinegro entrecerró los ojos, negándose a confiar en ella.

La castaña se acerco a ella y la sujetó por los hombros.

- Helena, no soy como ellos. - La miró directamente a los ojos - Puedes confiar en mi - los turquesa de la chica se inundaron de lagrimas y miró hacia otro lado, dejando a la vista el descenso de una lágrima al deslizarse por su mejilla.

Hermione buscó su mirada esperando una respuesta.

- ¿Helena? - la prisionera suspiró y se sentó en la cama.

- Lo he intentado, varias veces, pero al final siempre he terminado con la misma pregunta: ¿A donde iré? – Hermione la miró, no sabia que decir, la cabeza de Helena continuaba baja. Levantó el rostro y humedeció los labios, sus ojos estaban vidriosos. - Ellos destruyeron mi casa, mataron a mis padres…a mi familia…a todos - una lagrima descendió lentamente por la mejilla de la muchacha mientras su voz empezaba a quebrarse. – Me dejaron…sin nada.

- ¿Por qué lo hicieron?

Helena se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza y Hermione supo que el dolor que aquella muchacha estaba sintiendo era mucho más fuerte de lo que se atrevía a demostrar.

- No lo sé – exhaló - Nunca me dieron una explicación. Son unos déspotas, Hermione, no tienen sentimientos. Torturan por el simple hecho de escuchar a las personas gritar…los torturan, y…- cerró los ojos intentando calmarse y respiró profundo:

- ¿Tienes mucho tiempo aquí?

- Llevo lo suficiente - respondió Helena. Se levantó de la cama y tomó las manos de Hermione, alzándola.

- Debo de ver tu golpe.

- Solo tengo unas costillas rotas eso es…- Pero no terminó de decir, pues la chica alzó su blusa dejando al descubierto el área herida.

-¡Cuidado!

- Lo lamento. - Helena se acuclilló y empezó a tocar la parte morada. – Dime donde te duela…

- ¡Auch!

- De acuerdo…y por aquí…

- ¡Helena, cuidado!

- ¡Lo siento! - Se puso de pie y con su brazo señaló a la cama. Hermione obedeció y se acostó en ella.

- Vas a sentir frió…- la chica le apuntó a la herida sin pronunciar palabra.

De la varita empezó a salir una luz naranja algo viscosa que se introdujo en el cuerpo de la Gryffindor. Un extraño frió se coló por su pecho y segundos después los moretones desaparecieron. Hermione inspiró profundo y sonrió satisfecha al notar que su respiración ya no era interrumpida por el punzante dolor que antes había sentido en los pulmones.

- ¿Cómo sabías donde estaba herida?

Helena guardó la varita en el bolsillo.

- Fácil, hacías demasiado esfuerzo para mantener el torso derecho…además, recuerda que te abrasé - sonrió débilmente y retiro un mechón de su rostro.

- Helena, ¿Puedes hacerme un favor? - la chica se acerco a ella y la examinó de la misma manera que solía hacerlo cuando eran pequeñas, temiendo a lo que Hermione fuera a decir.

Ambas habían sido amigas desde la infancia. Durante aquellos tiempos, solían salir a montar en bicicleta cuando llegaban del colegio y jugar al escondite junto con los otros niños del vecindario. Sin embargo, varios meses antes de que Helena cumpliera once años, su madre la había mandado a un internado, lejos de allí, dejando a Hermione llorando toda la noche sin consolación alguna.

- Necesito que me ayudes a salir de aquí. - susurró. Helena alzó una ceja, sorprendida por el simple hecho de que le pidiera aquello - Vamos, tienes una varita, podemos salir de aquí, Helena…

- De acuerdo… supongamos que te ayudo Herms. Ahora, la pregunta es: ¿A donde iría? –profirió de manera cruda.

- ¿Sabes quién es Harry Potter?- la muchacha asintió – Bueno, él es uno de mis mejores amigos…

- Es peligroso escapar.

Hermione se levantó de la cama irritada y comenzó a caminar de un lado a otro.

- ¿Crees que no lo sé? – exclamó. - Pero no puedo continuar en ese lugar.

Hermione le sostuvo la mirada a Helena, quien mantenía los labios apretados.

-Las cosas no son tan malas cuando te acostumbras a ellas…

- ¿Me estás diciendo que te gusta éste lugar?- preguntó, interrumpiéndola.

- No me refiero a eso, Herms… es-sumamente-peligroso-salir-de-aquí. - dijo marcando lentamente sus palabras.

- Helena, por favor, necesito tu ayuda.

La pelinegro se sentó en la cama y se masajeó la cien. Sacó la varita y empezó a jugar con ella, dándole vueltas con los dedos, pensando, analizando, porque lo que Hermione le pedía no era pan comido.

Helena sabía que el lugar estaba lleno de cosas extrañas que de alguna manera mágica se mantenían alejadas. Un día había abierto una puerta equivocada y se había topado con un extraño ser cubierto por una capa y con sangre escurriéndole por el mentón. La muchacha recordaba como aquellos ojos inyectados en sangre se habían fijado en los suyos y la piel, de una blanquecina transparencia, dejando a la vista las venas…

Sacudió la cabeza, disipando la imagen y tragó tratando de suavizar el fuerte nudo que se había formado en su garganta.

- De acuerdo.-dijo aún insegura con su decisión. Pero, ¿Qué más daba? Más de lo que le había ocurrido lo no le podía pasar.

La puerta volvió a ser tocada y, sin esperar respuesta, entró la última persona que querían ver en algún futuro, lejano o cercano.

Hermione se levantó de la cama de un brinco. Helena la imitó.

- Mi Señor…

- Lárgate - Helena recogió las cosas, hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación.

Hermione contuvo la respiración nerviosa. Voldemort podía ser tu padre, pero el asco y el miedo siempre estarían presentes junto a él.

- ¿Te encuentras mejor, hija? – Voldemort le acercó su reptil rostro, examinándola. se le acercó examinando su rostro.

- No soy tu hija - dijo entre dientes y alejó el rostro de las manos del innombrable.

Tenia el puño derecho tan firmemente cerrado, que se podía ver el blanco en sus nudillos de la fuerza que hacia. Sentía que el corazón se le saldría del pecho y al calor empezando a abrazar su rostro.

- Te acostumbrarás a eso.

Hermione se puso tensa.

- ¿Qué quieres? – preguntó arisca.

- Solo vengo a decirte algo - dijo Voldemort y dio un paso acercándose mas a ella; con una mano levantó su mentón y la chica lo miró directamente a los ojos, para luego desviarlos. No sabía por que pero el hecho de hacerlo, sentía que su mente estaba siendo invadida.

- Intenta escapar, y esa muggle que llamas 'madre', morirá - respondió escupiendo las palabras. Hermione sentía las manos repletas de sudor y las lágrimas luchando por salir.

- Relájate hija. - siseó el hombre con una mueca en el rostro. Se alejó de ella y se alzó completamente intimidándola, mientras su capa rozaba ligeramente el suelo, envolviéndolo - aprenderás Oclumancia, tu mente parece un libro abierto.- Sancionó asqueado.

Caminó hasta la puerta y giró la perilla.

- No te tengo miedo – confesó Hermione mirando un punto inexistente en la pared.

- Deberías - dijo su padre con voz hueca y a modo de advertencia.

La puerta se cerró y todo se volvió a sumergir en el silencio que empezaba a odiar.


Vamos!!!

Un Fic con post es un fic feliz!

Gracias a aquellos que leen desde la oscuridad.

Nos vemos pronto

Besos