Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de la gran señora Stephenie Meyer. La historia si es mía.

La luz del sol penetró en mi habitación cuando abrí los párpados.

Hoy hacía mucho calor –como todo un día típico en Phoenix–, la temperatura era de unos cuarenta grados centígrados, estaba totalmente segura que no había ningún tipo de viento corriendo por esta zona. Estaba sudando, y con exageración.

Extraño la lluvia, la humedad, el hielo, Forks, creo que fue una mala idea alejarme de ese lugar que tanto amo. Suspiré.

Olía a panqueques, Renée, pensé.

Tomé mi Iphone –un regalo por parte de Phil– y lo encendí. Me levanté y ordené la cama mientras esperaba que el celular encendiera. Renée me matará cuando note que arreglé mi cama, y todavía no puedo caminar, qué más da. Reí hacia mi exterior cuando vi mi colección de revistas Seventeen; yo las colecciono desde los catorce años, ahora tengo veintitrés años y todavía las colecciono; soy una niñita, ¡lo admito!

Me recosté en la cama y tomé el Iphone. ¡Diablos! Tres mensajes de Jessica y uno de Ángela. Abrí el primer mensaje de Jessica, éste decía:

¡Bella! ¡Llámame! Ya te extraño, Ángela y yo vamos finalmente a la universidad de Washigton, ¿no es genial? ¡Llámame!

Suspiré de nuevo y abrí el otro mensaje:

Bella, ¡¿qué onda? Llámame, ¡ya!

Ésa es mi amiga Jessica, tan ansiosa como mi madre.

El último mensaje lo había mandado a las seis de la mañana. Decía:

Bella, contéstame de una maldita vez. Ángela y yo estamos en la universidad de Washigton. ¡Por favor!, llámame después de las cuatro de la tarde.

Jessica me va a matar por teléfono por no haberla llamado. Abrí el mensaje de Ángela.

¡Hola, Bellis! ¿Qué tal Phoenix? Mucho calor, ¿no? Jessica y yo te extrañamos mucho, llámame cuando puedas, ¿si? Bye.

Bueno al menos Ángela no es como Jessica, pero las quiero como mis hermanas a las dos. Jessica es mi hermana mayor y Ángela es mi hermana menor. Presioné la pantalla en el botón responder y escribí:

Hola, Ángela; ya me enteré que Jess y tú están yendo a la universidad de Washigton, me alegro por ustedes, pero yo pensaba que hace cinco años ustedes estaban estudiando en una universidad. Sí, en Phoenix todos los días hace mucho calor, y yo también las extraño un montón. Más tarde las llamo.

Toc, toc.

–Bella, ¿estás despierta? ¿Puedo pasar?

–Sí, Renée, pasa.

Lo que trataba de decir era: sí, Renée, puedes largarte y seguir ignorándome.

–Buenos días, cariño, te traje el desayuno.

No levanté la vista, ahora a mí me toca ignorarla a ella.

–¡Isabella!

AY, Dios, no me va a dejar ni un minuto en paz. Sólo síguela ignorándola, Isabella, pensé agriamente hacia mi fuero interno. Suspiré, literalmente.

Me llamó Isabella, ella me llama Isabella cuando hago algo mal, cuando soy grosera y todo ese tipo de cosas, creo que ya lo había mencionado anteriormente. Aclaración: yo no he hecho nada malo, que yo sepa.

Y todavía ignorando a mi querida madre por estar, todavía, escribiendo el mensaje para Ángela en mi teléfono.

–Bella, ¿todavía con esa actitud? ¡Ya basta con eso! ¡BELLA!

–Sí, Renée, si voy a seguir con esto -la miré por un segundo, fue un error ya que me clavaba su mirada asesina. Devolví la mirada hacia mi celular.

–Bella, creo que deberíamos hablar.

¿Hablar? Con ella no se puede hablar sobre mis sentimientos u otras porquerías.

–Habla.

¡Oh! Recibí otro mensaje de Ángela. Presioné el botón abrir y me apareció el buzón de mensajes. Abrí el mensaje. Éste decía:

Acabo de recibir tu mensaje. Jessica y yo estamos tomando el desayuno en la cafetería, ella insiste en que te llame, pero no quería molestarte. Cuídate, ¿si?

Aww, tan bellas mis amigas preocupándose por mí. Presioné le botón responder y escribí el mensaje.

–¿Y si me prestaras un poco de atención, Isabella?

–Oh, claro, lo siento –dije sarcásticamente, ella no me prestaba la mínima atención. Dejé el celular a un lado y puse la mayor atención a mi querida y amorosa madre.

Renée frunció el ceño, puso con cuidado la bandeja de comida, que traía con ella, en una esquina de la cama y caminó hasta a mí. Adivino: hace gestos porque, supuestamente, hice algo mal.

–Bella... ¿Acaso ordenaste tu cama?

–Sí, ¿por qué?, ¿tienes algún maldito problema por eso?

–Si, si, tengo un maldito problema, Bella. Te recuerdo que tú no puedes caminar, tienes los pies delicados.

–Ay, mamá. Sólo he rondado por la habitación, por decirlo así.

–Eso es caminar.

–Pensé que íbamos hablar.

–Cierto, cierto –tomó la bandeja y me la puse con gentileza en mi regazo. Cruzó sus brazos sobre su pecho y se sentó a un lado de la cama. Soltó un suspiro fuerte–. Te traje el desayuno.

–Gracias -traté de hacer una convincente sonrisa, sólo me salió una mueca–. Continua.

–Quiero saber qué te pasa, qué te hice, qué he hecho mal, quiero saber si te he hecho algún mal– gimió cuando una gota de lágrima abrazó mi mejilla. Me la limpié con rapidez antes que resbalara.

–Ok, voy a soltarlo, sin rodeos –supuse que mi frente se pobló de arrugas ya que fruncí el ceño ante la frase sin rodeos. Nunca la había usado, hasta ahora–. Mamá, tú... –tomé un respiro y luego lo solté–. Lo que sucede es que tú me estás ignorando, a mí y a tus otros hijos, y eso duele. Duele tanto como la muerte de Jacob.

–¿Yo te ignoro? Pero, Bella, desde tu accidente he estado muy pendiente de ti.

–Lo sé. Pero desde que nació Oriana me has ignorado, a mí y a todos los que te aman... Y eso me hace sentir enojada y deprimida. ¿Sabes? No ayudas mucho haciéndome esto. Aún siento la muerte de Jacob rondando por esta casa, la siento alrededor de mí. Y es duro que tu madre te ignore cuando tu hija no ha podido superar ésa muerte.

–No voy a decir la típica excusa de una madre cuando tiene un bebé y está muy ocupada por atenderlo, sería una estúpida. Pero los amo, a todos ustedes.

–No tengo la menor idea de cómo se deben sentir Ryan y Hilary con este tema, pero te puedo asegurar que nosotros también te amamos, yo no estaría aquí si Charlie y tú no se hubieran conocido. Gracias. Gracias por hacer sexo con Charlie.

A mi madre se le dibujó una brillante y gran sonrisa en su bello y cuarenteno rostro. Luego soltó una agradable carcajada que me llegó directo al alma. Compartí su carcajada con ella.

–Oye, te quiero mucho, pero nunca digas eso frente a los niños.

–¡Oye! Hilary está en cuarto año y Ryan en quinto año, ellos prácticamente saben todo sobre ese tema.

Soltó otra carcajada.

–Ellos y TÚ eran menos rebeldes cuando tenían cinco años.

Sonreí. Era agradable tener cuatro, cinco y seis años. A esa edad uno no se preocupa por pagar todo tipo de cuentas, hacer la comida, no se sabía nada de sexo; uno se preocupaba, a esa edad, de echar broma con los amigos. Reí a mi fuero interno.

–¿Sabes qué, mamá?

–¿Qué?

–Everybody make mistakes -solté una risita.

–Si, todos cometemos errores, hasta yo, es algo humano.

–Mamá, yo quiero muchísimo a mis hermano, ustedes son mi familia, pero Ryan es algo... –hice una mueca de disgusto–. EL punto es que yo los quiero mucho a todos; pero me dolería menos si me prestaras un poquito más de atención, a mí, a Ryan y a Hilary, Oriana no es tu única hija.

Ella soltó un suspiro.

–Tienes mucha razón para tener veintitrés años, demasiada... –puso una de sus típicas sonrisas de perdóname, por favor–. Quizá me entusiasme tanto en tener otra niña de tres años, que se me olvido a todas esas personas que me aman y me aprecian tal cual soy.

Las dos hicimos un puchero.

Amo a mi familia, amo demasiado a mi familia, nos peleamos, nos golpeamos, nos decimos groserías y luego nos amamos. Ésa es mi familia, ésa soy yo, esa es nuestra vida, ese es nuestro maldito problema; él que no le guste nuestra manera de ser, se puede largar al diablo.

Me dio gracia y tristeza ver el puchero de Renée. Es demasiado bonito. MI fuero interno rió, intuí que su fuero externo hizo lo mismo que el mío. No podía dejar a Renée de ese modo. Estiré mis brazos –con cuidado para no botar la comida sobre mí– hacia mi madre en señal que me abrazara.

Y eso hicimos.

Entrelazamos nuestros brazos en un cálido y amoroso abrazo. Sentí ondas eléctricas pasando por mi cuerpo, son esas descargas eléctricas cuando sientes que te dan amor de una madre. Eso sentía yo. ¿Hace cuánto no abrazaba a Renée? ¡Oh, claro! Desde hace seis meses. Sonreí.

–¡Bells, te hemos extrañado tanto!

Reí por la forma en que Ángela me exclamó esa afirmación.

¡Llegó el día en que por fin veo a mis mejores amigas! Bueno, no personalmente, por vía Skype. Pero algo es algo. Les sonreí.

–Ustedes no se imaginan cuánto dolor y sufrimiento he sentido en mi alma desde que dejé todo en Forks –la sonrisa que había dibujado en mi cara no me había llegado a mi pesado corazón.

Ángela estaba gimiendo de dolor por la mirada que llevaba puesta. Jessica prácticamente estaba sufriendo, lloraba como si fuera el fin del mundo, y Ángela la consolaba dándole pequeños abrazos y acariciando su cabello. Pobre, Jess, me gustaría estar con ellas haciendo una pijamada. Mi alma rió ante los viejos recuerdos compartidos en Forks.

–¡Coño, no!, me van hacer llorar.¡Tenemos que vernos!

–Bella, tú sabes muy bien que Jess y yo estamos empezando la universidad y no nos queda tiempo para nada...

–Pero queremos verte –concluyó Jessica la oración de Áng, Jessica se había calmado un poco, pero sus ojos estaban totalmente llenos de lágrimas, y estaban rojos.

–Aww, Jess, no me hagas sentir mal. Podemos vivir con eso; las tres somos mejores amigas para siempre, lo prometimos.

Flashback

Mis padres y yo estamos en el aeropuerto esperando el vuelo que cambiaría toda mi vida por completo. Para Charlie era injusto que dejara todo recuerdo valioso en Forks, pero él tiene que entender algo: yo no quiero estar donde mi primer gran amor murió. Jadeé. No era hora de pensar en eso.

Jessica y Ángela me habían acompañado hasta acá, no para decir un adiós, si no para decir un hasta siempre. Esas simples palabras hacen que me destroce el alma y me desvanezca.

–Hija, es hora de irnos–me avisó Renée cuando anunciaron la última llamada de nuestro vuelo.

Le di un último abrazo pero profundo abrazo a mí papá. No soportaba la idea de dejarlo solo, suspiré, ya no puedo hacer nada, ya está hecho. Charlie me susurró un te amo en el oído y, en ese momento, sentí que me desvonoraba en sus brazos.

Me devolvía hacia Ángela y Jessica que tenían los ojos rojos por tantas lágrimas que –estaba un noventa y nueve por ciento– venían de sus almas.

–Es la hora, no hay vuelta atrás –esas mínimas palabras quebraron mi débil corazón.

–Oye, Bells, Jess y yo anciabamos en que fuéramos todas juntas a la universidad de Washigton, pero entiendo por qué tienes que alejarte de Forks –continuó Ángela.

Le hice una pequeña sonrisa, esa felicidad no me llegó a los ojos.

–Chicas, las adoro tanto que no podía irme sin antes hacer una promesa –abrí el cierre de mi bolso y rebusqué en el una pequeña cajita roja.

–¡Bella! –me volvió a llamar Renée.

–Un minuto –le devolví el grito.

Conseguí la cajita roja que estaba buscando tanto y la abrí. Tomé las dos pulseras de plata y les entregué una a cada una de mis amigas.

–La pulsera se divide en tres partes –expliqué–. La parte que tiene Ángela dice mejores y la de Jessica dice amigas.

–¿Y la tuya? -prosiguió Jessica.

–La llevo puesta –les sonreí lo mejor que pude. Les mostré mi muñeca derecha–. Dice para siempre.

–¡Oh! Bella, ¡no sé qué haré sin ti!

Ángela soltó una risita.

–Las amo, chicas.

Fin del Flashback

–Sí, lo prometimos –masculló Jess; mostró su muñeca izquierda. Aún llevaba el brazalete colgado de la pulsera. Quise llorar, pero me contuve.

–Por cierto, ¿cómo les va en la universidad? Y, en serio, yo pensaba que ustedes estaban estudiando desde hace cinco años, eso fue lo que Jessica me dijo.

–No queríamos estudiar para ese momento –continuó Jess, todavía se sentía mal.

–¿Qué están estudiando? –hoy me picó el mosquito de la curiosidad.

–Ángela esta estudiando veterinaria y yo para abogado... ¿Sabes, Bella?

–¡Ay, no, Jessica! No vengas tú con tus parloteos.

Ángela parecía un ángel, toda tímida y educada, pero fuera del colegio yo no la reconocía. Un breve resumen: era grosera, irresponsable y un tanto desobediente, ¿irreconocible, no?

–Sólo iba a sugerir cómo nos podemos encontrar, pero Ángela está hoy muy bipolar.

Solté una carcajada. Áng volteó los ojos.

–Bellis, cuéntanos un poco de tu nueva casa, tu nueva vida, ¿cómo te va por Phoenix?

Si, definitivamente Ángela está hoy bipolar, porque me hizo una sonrisa de oreja o oreja.

¿Por dónde comenzar?, pensé.

–Estoy muy bien, Phoenix es lo mejor que me ha pasado –mentí orgullosamente. Me dolía profundamente mentirles a mis mejores amigas, demasiado dolor para este pobre corazón– y la casa es... ¡guau!

–¿Y nada de chicos?

Le dediqué una mirada envenenada a mi querida amiga Jessica.

–¡Por Dios, Bella! ¡Ya van cinco malditos años! ¡Supéralo!

–Tiene que haber alguien, un amigo, un amante, ¡algo! –explotó, de forma literal, Ángela.

–Bueno –suspiré ya derrotada–, si hay alguien; pero sólo somos conocidos, ni siquiera amigos

Jessica y Ángela me sonrieron, ¡me sonrieron! –notese el sarcasmo–. Jessica se notaba más ansiosa que Ángela, estaba saltando en el asiento.

–Jess, deja de dar saltitos en la silla –masculló Ángela con frialdad. Nunca había visto a Ángela con frialdad.

–... creo que me voy a desconectar, ustedes ya están que se matan; y tengo que llamar a Charlie, debe estar odiándome.

Estoy asustada, en serio. Jessica parece ruda, pero es débil; Ángela parece tímida, pero, su verdadero ser, ella es un tanto... grosera. En cualquier momento ésas dos explotan de la rabia y hacen un espectáculo.

–No, Bellis, tú no te desconectas –rugió Jess, negando con la cabeza–. Tú nos tienes que contar todo lo que sepas de ése chico.

–Jessica, en serio, no he hablado con Charlie desde que me fui de Forks y...

–Danos su nombre, al menos.

Suspiré con todos mis alientos.

–Se llama Edward.

Áng y Jess volvieron a mirarse.

–Y no griten, por favor.

Las dos hicieron esa sonrisa, Esa sonrisa brillante, curiosa y de euforia; ok, esto no es bueno. Abrí los ojos como platos.

–Ok, ¡adiós, chicas! –y me desconecté.

¡Vayas amigas que tengo!

Había terminado de hablar con Charlie. Por suerte el no estaba en la comisaría, estaba en la casa "socializando" con Sue. ¡Vaya sorpresa que me dio Charlie, y por teléfono! Pero me alegro por él, Sue es una gran persona que yo he conocido. Sonreí. Ya me los imagino con dos hijos, aunque, pensándolo bien, sería muchos hermanos para mí, ¡ya llevaría cinco hermanos!

Desde que Renée se mudó a mi casa ya no he sentido ni oído cosas paranormales. Es algo sumamente raro. Desde la semana pasada he querido llamar a un equipo paranormal para que diagnostiquen qué rayos sucede en esta casa. No le he dicho nada a Renée, me da miedo en cómo reaccione.

El día avanzó poco a poco; no, en realidad, se me hizo rápido porque a las cinco de la tarde hablé con Charlie y ahora son las diez de la noche. Es un mundo loco, así de simple.

Renée ya estaba dormida desde las ocho de la noche, ella me dejó solita. Hice un puchero. Supongo que se agotó por las constantes peleas entre ella y yo. No la culpaba, yo también estoy harta de eso.

El estómago me rugió. Diablos, comí sólo hace tres horas y este estómago pide más. Comer una galleta no me hará daño.

Salí rápidamente de mi habitación y me encaminé a la cocina.

AL llegar allí encendí la luz, abrí el mueble de la cocina y busqué el único paquetico de las galletas Club Social –mis favoritas– que había. Abrí la bolsita y comencé a comérmelas.

Bella.

Me quedé completamente congelada, mi cerebro no reaccionaba a ninguna de mis movimientos; esto no es bueno, pensé, por favor, que esto no esté pasando de nuevo.

Bellis.

WTF? ¿Bellis? Esto, definitivamente, no es bueno. Tengo que estar alucinando, o tal vez mi visita al hospital me estuvo volviendo loca. Esto no puede estar pasándome, ¡no a mí!

Sólo había una persona muy persona muy especial para mí que me llamaba Bellis. Jacob.

–¡¿Quién rayos eres? ¡¿Qué mierda quieres de mí? –grité histericamente. Esto no lo voy a soportar.

Bellis.

–¿Jacob?, ¿eres tú?

Tenía la esperanza que fuera él que me llamaba de ese modo. Es el único, por lo que yo recuerdo, que me llamaba de ese modo. ¡Tiene que ser él! Jacob, bueno, el alma de Jacob, no me haría pasar espantos como éstos. Nadie más me llama Bellis. Esto es de horror. Tengo que dejar de ver Actividad Paranormal.

No voy a despertar a Renée por esto, pero necesito hablar urgentemente del tema con alguien.

Por suerte llevaba mi celular conmigo. Salí cuidadosamente, y sin hacer el mayor ruido, de la casa. Saqué el Iphone de mi bolsillo de los shorts que traía y marqué un número que nunca había usado hasta ahorita. Tenía miedo que me dijera que soy una grosera por llamar a esta hora, pero no tenía opción. Marque el botón de llamar. Sabía muy bien que podía contar con ella desde que la conocí.

Contestó al segundo timbrazo.

–¡Alice! Soy Bella, discúlpame por llamar a esta hora, pero... –comencé a excusarme por lo patética que soy, pero me interrumpieron.

–Tranquila, Bella, todavía estoy despierta. ¿Qué te sucedió? Por favor, dime que no es nada grave.

¿Cómo le explicaba esto en menos de tres minutos? De ninguna forma... Los pies me empezaron a dolor, mierda, esto no es bueno. Jadeé.

–¡Bella! Me estás poniendo nerviosa. ¡¿Qué diablos está pasando?

–Estoy algo asustada... –mi voz se desvaneció. Volví a jadear. El hombre de las vestiduras negras, otra vez él. Empecé a rezar, lo más que pude, en susurros. Ésa sombra, ése hombre, como quieras llamarlo, estaba observándome sigilosamente desde la otra calle. Y estoy en un ciento uno por ciento que no es un humano, es ése hombre que vi la vez pasada en las escaleras de mi casa.

–¡Oh!

–¡Por Dios, Bella!, ¿qué rayos está pasando allá?

–Alice... Alice..., por favor, ven a buscarme.

OMG! En verdad, les debo una disculpa por retrasarme tanto, pero ya saben como es la escuela. No voy a escribir mucho porque llevo 3 horas escribiendo este capítulo, y ya son las 7:30pm en Venezuela y estoy muy cansada, así que bye!

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