N/A: ¡AH! *gritos de fangirl* Lo conseguí, Dioses, lo conseguí. ¡Aquí está el cuarto capítulo! Me tarde tanto en escribirlo, de verdad, use cuatro canciones distintas para inspirarme, y finalmente aparece POTF y me iluminan y dije: ¡Aquí esta! Bueno, no sé que tan bien quedo, pero me siento satisfecha con mi trabajo.

¿Próximos trabajos?Bueno, tengo planeados unos trabajos con Moriarty y con Molly (tanto juntos como separados), así que estén atentos a cualquier actualización. También siento interés por hacer un Mystrade, no sé, de nuevo, todo depende de mis musas.

¿Tendremos quinto capítulo? No lo sé, no lo sé. De momento pondré la historia como terminada pero... quién sabe, tal vez tengan un lindo epilogo. Todo depende de mí misma. ¡Y nada que muchas gracias! Disfruten el capítulo muchachotes :).

Disclaimer: Los personajes aquí usados no me pertenecen, son de Sir Arthur Conan Doyle con la bella ambientación de Mark Gatiss y Steven Moffat (MOFFAT!).

Recomendación: Escuchar con Cradled In Love de Poets of The Fall.


Capítulo IV. Cradled in Love

Tú tienes los ojos azules que anotan y hacen respaldos de todos esos lugares,

Que sirven para perforar mi guardia y tomar mi alma hacia lugares muy lejanos.

Dime que nunca estaré solo, porque tú estás justo aquí.

Su mirada se perdió un instante entre la lejanía que separaba los ojos grises de los azules. John no era el hombre más brillante del mundo, pero era único, era lo único que necesitaba. Que quería. Que amaba más que a su propio trabajo. Sabía que John, aún siendo de pocas luces, podía ver la noche estrellada cuando él solo veía oscuridad, cuando él no se atrevía a ver más allá de lo que tenía en frente. Más allá de las pruebas factibles.

John miraba más allá de todo es y daba gracias a todo lo que él conocía porque se hubiera cruzado en su camino aquel día. Porque el soldado podía hacer cosas que ningún humano lograba hacer con Sherlock: lo hacía sentirse humano.

Se sentía terrible, cruel e ingenuo al haber hecho lo que había hecho a final de cuentas. ¿Cuántas noches se preguntó si todo lo que hacía tenía sentido? Pero entonces podía ver desde su celular, desde la lejanía el rostro tranquilo de John, un rostro vivo, expectante, con sentimientos. Y entonces lo entendía, se podía mirar en el espejo y decir que estaba hacienda lo correcto: que estaba manteniendo con vida a su mejor amigo. Pero, él ya no era solamente su mejor amigo.

Se había vuelto algo más.


'Prométeme que nunca estaré solo'.

'Nunca te daré semejante gusto'.


Acarició entre sueños las manos tibias de Sherlock, perdiéndose en la sensación de tibieza que le daban. De pronto se sentía vivo, como si nunca hubiera estado solo, como si jamás hubiera recibido el disparo en su vientre… habría una cicatriz, pero de alguna forma, sentía que podía hacer alarde de ella: era una cicatriz hermosamente dolorosa.

Pero aún había algo que le irritaba, que no lo dejaba abrir los ojos y comprobar que no estaba soñando y que Sherlock, en efecto, estaba frente a él. Era una sensación extraña, como si sintiera culpa, como si el mundo quisiera echarle en cara su estupidez y que no había pensado antes de correr en dirección a su silueta.

Oh, ya recordaba lo que había pasado.

Lo había visto caminar entre las personas, se reconocieron al instante. Fue imposible que pudiera esconderse, así como para él fue imposible no seguirlo y gritar su nombre con angustia, con alegría, con rabia… todas las emociones se habían mezclado en su garganta y de pronto… de pronto escuchó el sonido de un disparó, gritos, el mundo se abrió frente a él y pudo ver a Sherlock, pudo ver como su rostro se trastornaba y se transformaba en una mueca de horror.

'¡John!'

Había olvidado lo bien que se escuchaba su nombre salidos de esos labios.

'¡John…!'

Pero, ¿por qué lo escuchaba todo tan lejano? De pronto cayó en cuenta, su estomago sangraba, perdía fuerzas y el mundo entero temblaba y se movía de forma vertiginosa. No se podía morir, no hasta darle un puñetazo a Sherlock y después abrazarlo y tal vez… si tenía valor decirle…

Decirle… 'Te amo, maldita sea, te amo'

Pero las palabras se atascaron en su garganta y la inconsciencia lo dejó tumbado en el suelo. Y ahora estaba ahí, en una cama, pensando que quizás estaba muerto, porque no había forma de que Sherlock verdaderamente estuviera con él, tomándolo de la mano, acariciando sus manos callosas, su frente perlada por el sudor. Maldita sea, el Paraíso no debería sentirse tan jodidamente bien y a la vez tan doloroso. Tal vez estaba con vida, tal vez…


'¿Es que acaso algún día me atrevería a decir tú nombre es voz alta, aun por miedo que me da escuchar cómo suena? Porque suena como el de un amante.'


Sherlock lo vio removerse entre sueños y con sumo cuidado siguió acariciando su rostro, sin cansarse de mirarlo. Podía leer los tres años de ausencia en su rostro, en sus gestos mientras dormía. Podía ver escrita la historia de su vida y todo lo que le importaba tanto sobre aquel hombre, y lo más importante, es que se veía a sí mismo reflejado en cada arruga, cada mancha, cada tic, cada movimiento.

De alguna forma, él también vivía en John, como John vivía dentro de sí mismo.

Mientras seguía mirándolo, pudo escuchar el sonido de la puerta abrirse y a Molly irse del lugar. Agradeció en silencio aquel favor silencioso. Molly había hecho tanto por alguien como él. Algún día encontraría la forma de agradecerle todo, de cobrarse aquel favor tan grande, aunque sospechaba que s ele iría la vida intentando saldar algo así, porque Molly no había salvado una sola vida: había salvado dos. Y ahora era libre de seguir adelante y dejar de preocuparse por ellos dos.

Si así lo deseaba.

Suspiró, apartando un instante su mirada de John, para mirar hacia la cortina cerrada, donde sospechaba seguía su hermano. Debía tener tantas preguntas, y debía estar de un humor tan terrible… les debía a todos una explicación, y está era bastante sencilla: Moriarty. Nunca un hombre muerto había causado tanto problemas, aún debía comprobar que sus seres queridos estarían a salvo, que su secreto no se descubriera y se pusiera en peligro vidas. Se había ido a todas partes, siguiendo la pista de Moriarty, buscando a todo aquel que aún estuviera conectado, y lentamente, bajando y bajando el número de seguidores.

Pero había olvidado a uno.

Su regreso a Inglaterra fue para saldar cuentas con la mano derecha de Moriarty. Todo había girado en torno a ese hombre, y de pronto, cuando lo había descubierto, cuando estaba a nada de tirar del gatillo para matarlo… él fue más rápido. Su intención era dar un solo golpe en la cabeza del médico. Nada más.

Y jamás en toda su vida fue tan veloz para evitar que la bala diera contra la cabeza de John. Esperaba que su movimiento hubiera provocado una desviación amplia, pero había tanta gente, todo estaba tan confuso.

Y ahora estaba ahí, agotado, a nada de morirse sobre John, sin ganas de hacer nada más que sujetar su mano y esperar su recuperación. Pero temía encontrar esos ojos azules. Temía que estuvieran llenos de reproche, que John lo odiara…


Nos la jugamos con este amor, como si navegáramos a través de una tormenta,

Con las olas apresurándose para tomarnos, estuvimos peleando contra la marea.

Tú eres mi faro de salvación, yo fui tu estrella fugaz.


Abrió sus ojos, después de lo que le parecieron años. Fue cuidadoso, todo le dolía y veía borroso. Sus ojos se acostumbraban a la leve penumbra de su cuarto de hospital. Ya no sentía la mano derecha, y agradablemente, tampoco el estomago. Resopló, mientras comenzaba a espabilarse, y cuando recuperó la movilidad de sus dedos, pudo verlo a su lado, despierto y con un insomnio terrible. Jamás pensó que sus ojos fueran tan grandes.

'Sher-…', pero su voz sonaba pastosa, cansada y lejana, por todos los sedantes. Sherlock susurró un leve 'shh'.

'No hables, duerme', pero John ya había dormido suficiente. Fue consciente de quién sujetaba su mano, y la estrechó con fuerza, enfrentando la mirada del detective consultor. Fue una batalla entre plata y zafiro, y al final ganó el último. Sherlock no podía soportar esa mirada sin sentirse responsable. 'No quería que esto pasara'.

'Nadie quiere que las cosas sucedan ', hablaban en susurros, mirándose mutuamente. '¿Por qué? Me lo pudiste haber dicho antes'.

'Tú sabes por qué John, y no necesitas que yo te recite una explicación, ¿no crees?', una sonrisa seca, pero que buscaba colarse entre sus ojos. John suspiró lleno de alivio, aún podía sentirse reconfortado al escuchar su nombre.

'No tienes idea de cuánto te odio por lo que me hiciste', susurró y Sherlock sintió eso como una bofetada. Intentó apartar su mano, pero John la apretó con más fuerza, sin querer separarse, porque sentía que si no seguía tomando esa mano, él desaparecería de nuevo. 'No, por favor'. Sherlock asintió, silencioso y expectante. 'No te lo tomes todo a literal, Sherlock tú… me salvaste la vida, de no haber… pero sigo pensando que te debiste haber quedado aquí…', no se atrevía a decir: conmigo.

'No hubiera cambiado nada, John. Sabes por qué lo hice, fue por tenerlos a salvo', y evadió el 'tenerte a salvo a ti', porque ambos aún tenían miedo. Aún se miraban como si fueran a desaparecer.

'Te extrañe tanto… Me hiciste tanta falta'

Y John comenzó a llorar. No eran lágrimas de tristeza, bien lo sabía, pero Sherlock no lo sabía. Tenía miedo, no podía lidiar con las emociones, porque era incompetente, y cuando intentó calmarlo, John sólo acercó su mano a su rostro, haciendo que Sherlock removiera sus lágrimas, como cuando estaba inconsciente.


'Así que no llores por tú amor, llora lágrimas de felicidad.

Porque estás con vida, siendo acunado por el amor'.


Sherlock extendió su mano a lo largo del rostro de John, acunándolo con sus manos, mientras se recostaba a su lado, en la cama del hospital, mirándolo, pegando su frente a la de él. No necesitaban más, aquello era suficiente, estaban juntos de nuevo, como una sola unidad. Como un todo, y las heridas ya no dolían, el hambre no agotaba y el sueño no invadía.

'Te amo', susurró John, mientras se abrazaba al hombre más alto, dejando que su rostro se hundiera entre su ropa, se perdiera en su aroma y así poder dormir, de nuevo, sin pesadillas, sin malos sueños. Sólo descansando, en paz, completo.

'Lo sé', fue la respuesta de John, su mejor forma de corresponder, de decir que él también lo amaba y que estaba feliz por tenerlo a su lado, de nuevo. Por siempre.


¿Un review?

¡Feliz Viernes/Sábado!

Y nada, que el Johnlock es bellísimo.