Yuru Yuri: La nueva generación

Una chica de unos 5 años de pelo azul y ojos verdes estaba parada frente a un paso de peatones en rojo al lado de su hermana, de unos 13 años. No venía ningún coche, por lo que a la pequeña le parecía una estupidez estar allí parada.

–Onee-chan, ¿pasamos?

–No, está en rojo. – Respondió tranquilamente la mayor.

–Pero no viene nadie.

–Pero está en rojo, y en rojo no podemos pasar.

–Pero es una tontería estar paradas si no viene nadie.

–Las normas están para cumplirse.

La niña, harta, decidió demostrar a su hermana que no pasaba nada por cruzar en rojo.

–No pasa nada, mira. – Dijo, saliendo corriendo hacia el otro lado.

Nada más empezar a cruzar, apareció un coche dirigiéndose directamente hacia la niña, que asustada, no tuvo tiempo de reaccionar.

–¡Nanami! – Gritó la hermana, que rápidamente se lanzó hacia ella y la empujó para que no fuera atropellada por el coche.

La pequeña Nanami, aún asustada y algo adolorida por la caída, se incorporó, impactándose por lo que vio. Su hermana estaba tendida en el suelo con sangre en su cuerpo, y su pecho y sus piernas estaban aplastadas. El conductor del coche, que frenó, salió y se tapó la boca con las manos asustado por lo que había hecho. La pequeña Nanami, lentamente se acercó a su hermana.

–¿O… ¿Onee-chan? – Pero su hermana no dijo nada. – Onee-chan… – La pequeña movió un poco su cabeza. – Onee-chan… Despierta… – A Nanami le empezaron a caer lágrimas de sus ojos. – Onee-chan… Por favor, no te mueras… – Nanami siguió sacudiendo su cabeza mientras cada vez más lágrimas caían por su rostro. – Onee-chaaan… No, por favor…

Nanami no pudo aguantar más y se abrazó al cuerpo de su hermana mientras lloraba desconsolada.

El pasado de Nanami

Varios años después

Nanami fue tirada al suelo de una patada por uno de los niños que se estaban metiendo con ella.

–¡A ver si así aprendes a callarte, bocazas!

Nanami tenía algunas heridas, lo que demostraba que no solo la habían mandado al suelo de una patada, sino que antes le habían pegado más. La chica, con la expresión algo triste, se levantó. Yumeko, una chica de pelo castaño con rizos y ojos azules, se acercó a Nanami.

–¿Estás bien? – Le preguntó la chica.

Nanami asintió. Yumeko, algo entristecida, siguió.

–Nanami, deberías dejar de hacer eso… Si te chivas a los profesores de todo solo vas a conseguir que todo el mundo te odie.

–Me da igual que me odien… Estaban copiando el examen de otro, y eso no se puede hacer.

–Nanami, ¿pero a ti qué te importa? Es su problema, no el tuyo. Déjalos.

–No. Las normas están para cumplirse.

Yumeko suspiró. Nada de lo que le dijera a Nanami servía. Esta solo se fue.

Tras la muerte de su hermana, Nanami se sentía terriblemente culpable. Si ella no hubiera cruzado en rojo, su hermana seguiría viva. Murió por culpa suya por no haber seguido las normas. Eso la carcomía por dentro. Aquel terrible accidente le había hecho ver que ninguna norma es estúpida, todas están por algo, y todas tenían que cumplirse. Así que desde ese momento, Nanami decidió que iba a seguir al pie de la letra todas las normas. Y no solo eso, sino que obligaría a las demás a que también las siguieran. Cada vez que algún niño (o niña) hacía algo que iba contra las normas, les decía que no podían hacer eso, y si no le hacían caso, se lo decía a los profesores. Eso había hecho que se ganara la antipatía de casi toda la escuela, y en la hora del patio o después de clases, algunos niños y niñas le pegaban, para ver si así aprendía a callarse. Lejos de ello, Nanami seguía diciendo a los profesores cada vez que alguien hacía algo malo, por lo que cada vez le pegaban más rato y más fuerte. La chica intentaba mantenerse firme y fuerte, pero por dentro estaba destrozada y quería llorar de rabia. No entendía por qué tantos niños y niñas hacían cosas que no debían hacer y que a sobre le pegaran por haber querido que hicieran lo correcto.

Yumeko era la única amiga que tenía Nanami. Yumeko sabía que no tenía sentido querer hacer que los demás dejaran de hacer cosas malas, que lo mejor que podía hacer Nanami era pasar de ello. Pero Nanami no tenía ninguna intención de hacerlo, por lo que Yumeko empezaba a estar cada vez menos por ella, ya que no tenía sentido perder tiempo con ella si no hacía caso a sus consejos.

Un día, a la salida de la escuela, Nanami fue empujada por sorpresa por un chico de su clase, cayendo de culo al suelo. La chica levantó la mirada, viendo a ese chico al lado de otro, ambos sonriendo con maldad.

–No aprendes, ¿eh, chivata de mierda? – Dijo uno.

–Si haces cosas malas se lo voy a decir. Tú le has lanzado esa bola de papel a la profesora, y eso no se tiene que hacer. Si no quieras que diga que has sido tú, deja de hacerlo.

–Te voy a hacer callar esta maldita boca tuya.

Uno de los chicos agarró a Nanami por el pelo y la estiró, haciéndole daño a la chica.

–¡Ah! ¡Para!

–¿O qué? ¿Se lo dirás a la profesora?

El chico siguió tirándole del pelo con fuerza.

–¡Ah! ¡Ah! ¡Para ya! ¡Para! ¡Me haces daño!

–¿Daño? – Dijo el otro chico. – Pero si esto no es nada. – El chico le dio una patada en el estómago, haciéndole tanto daño a Nanami que no pudo ni gritar. – ¡Esto es daño! – Exclamó con una sonrisa.

Mientras, el otro chico seguía tirándole con fuerza del pelo. Nanami no quería llorar, aquello sería una victoria para ellos. Quería mantenerse firme, pero la chica estaba en su límite. Aquello le dolía demasiado, y acumulada a la rabia de todo lo que ellos y otros chicos y chicas le habían ido haciendo desde hacía tiempo, hacía que no pudiera aguantarse más, y ya algunas lágrimas amenazaban con caer de sus ojos.

–¡Mira, mira! ¡Va a llorar! – Dijo el que le dio la patada.

–¡Llora, mocosa, llora!

–¡Tírale más fuerte del pelo, a ver si se lo arrancas!

El chico lo hizo y le estiró del pelo aún con más fuerza, lo cual es mucho decir, ya que antes ya lo hacía con bastante fuerza.

–¡Ah! ¡Aaaaah!

Nanami solo podía gritar y ya no podía retener más sus lágrimas, estando a punto de estallar en llantos.

–Ya basta. – Dijo de pronto otro chico, también de la clase de Nanami, haciendo que los otros pararan y lo miraran, entre extrañados y sorprendidos.

–¿Qué dices? – Dijo el que le tiraba del pelo, el cual aún tenía agarrado con su mano.

–Dejadla en paz. Le hacéis daño. – Dijo el chico, de cabello marrón y ojos verdes, igual que los de Nanami.

–Pero si es una chivata de mierda. Hay que darle una lección. – Protestó uno.

–Soltada de una vez o tendréis problemas.

Los chicos apretaron los dientes de rabia, y el que la tenía agarrada por el pelo la empujó al suelo, cayendo Nanami otra vez de culo. Después los dos acosadores se fueron de allí molestos, pues estaban a punto de hacer llorar a Nanami y querían verla llorando.

El otro chico se acercó a ella y le tendió la mano.

–¿Estás bien?

–S-Sí… – Dijo Nanami tomándole de la mano al chico, que le ayudó a levantarse. – Gracias…

Nanami estaba un poco sonrojada, ya que ese chico, Kenta, le gustaba.

–No me gusta que te traten así. Eres una chica muy linda como para tratarte de esa forma.

Nanami se sonrojó más y bajó algo la mirada.

–G-Gracias…

Kenta sonrió, haciendo que a Nanami se le acelerara el corazón. Kenta era uno de los únicos 3 chicos de la clase que nunca se había metido con ella. Nunca le había dicho nada malo ni mirado mal. Y obviamente tampoco pegado. Además, era bastante guapo. Todo eso había hecho que le gustara. Y que ahora la ayudase y le dijera que era linda hacía que le gustara aún más.


A partir de entonces, dejaron de atacar a Nanami, aunque seguía siendo odiada por casi todos. Las miradas de desprecio y el aislamiento social no cesaron, pero al menos ya no le pegaban. A parte de esto, Kenta empezó a pasar más tiempo con ella, compartiendo tiempo en el descanso o hablando sobre cualquier cosa.

Nanami estaba feliz. No solo se había detenido el acoso contra ella, sino que además cada vez pasaba más tiempo con el chico que le gustaba, y también con Yumeko. Todo aquello hizo que Nanami dejara de estar decaída y empezara a animarse. Desde que murió su hermana casi no había vuelto a sonreír, cosa que ahora empezaba a volver a hacer. Poco a poco empezaba a recuperar el ánimo.

Varias semanas después, un viernes, al finalizar las clases, Kenta se dirigió a Nanami.

–Ey, Nanami.

–¿Sí, Kenta-kun?

–¿Quieres que mañana vayamos a jugar al parque?

Nanami, feliz, asintió.

–Sí, me encantaría.

–Muy bien, entonces te espero allí a las 10.

Nanami asintió.


Al día siguiente, tras desayunar, Nanami fue al parque, encontrándose con Kenta apoyado en una farola (apagada, obviamente, al ser de día).

–Buenos días, Nanami.

–Buenos días, Kenta-kun.

–¿Vamos a jugar? – Le preguntó extendiéndole la mano.

La chica, ligeramente sonrojada, aceptó y le tomó de la mano.

Kenta y Nanami estuvieron jugando durante un rato, pasándolo muy bien, especialmente Nanami. Tras un buen rato, Kenta, sonriendo, le dijo a Nanami que lo acompañara a detrás del lavabo público del parque. El lavabo era solo una pequeña casita de cemento, situada a uno de los extremos del parque, cerca de la verja que separaba el parque de la calle, habiendo entre el lavabo y la verja solo unos cuantos árboles.

–¿Por qué me has hecho venir aquí, Kenta-kun? – Preguntó Nanami curiosa.

El chico la miró con seriedad.

–Nanami… Debo decirte algo importante…

–¿I-Importante? – Preguntó la chica algo nerviosa, pues pensaba que a lo mejor se le declararía.

El chico asintió.

–Verás… – Tras unos segundos, el chico lo soltó. – Hace tiempo que me gustas, Nanami.

La chica se quedó con los ojos y la boca abierta por la sorpresa. No se podía creer que aquello fuera real.

–¿T-T-Te gusto?

Kenta asintió.

–Y… ¿Y-Yo te gusto?

–¡Claro que me gustas! – Exclamó Nanami. – ¡Me gustas desde hace mucho tiempo, Kenta-kun!

–¿D-De verdad?

–¡Sí! – Asintió Nanami con ganas.

Kenta sonrió.

–Qué bien… Pensaba que me rechazarías.

Nanami negó con fuera.

–¡No! ¡Nunca! ¡Acepto encantada, Kenta-kun!

El chico siguió sonriendo.

–Entonces… Esto nos convierte en novios, ¿no?

Nanami se sonrojó y bajó un poco la mirada.

–Supongo que sí, je je…

Kenta le puso una mano en la mejilla a Nanami, sorprendiendo a la chica.

–Nanami… ¿Puedo besarte?

–¿Ah… ¿B-B-Be-Bes… ¿Be-Besarnos? – Titubeó la chica claramente sonrojada.

Kenta asintió.

–¿Puedo? – Nanami, aún sonrojada, sonrió y asintió. – Cierra los ojos…

Nanami lo hizo. Cerró los ojos, y lentamente avanzó su cabeza, para juntar sus labios con los de Kenta. Pero al cabo de pocos segundos, la chica se sorprendió y se asustó al quedar completamente mojada. La chica abrió los ojos sorprendida, viendo a un chico de su clase con un cubo de agua vacío. Antes de que la chica tuviera tiempo de asimilar que ese chico le había lanzado el agua del cubo, quedó cubierta de barro que cayó del cielo. La chica miró arriba, viendo en el techo del lavabo a una chica de su clase que había vaciado un cubo de barro encima suyo. Antes de poder entender nada, de repente se oyeron muchas risas. Nanami miró a su alrededor viendo que de detrás de los árboles salieron muchos chicos y chicas de su clase, entre ellas Yumeko, impactando a Nanami. Esta miró a Kenta, viendo que también se estaba riendo de ella.

–¡Menuda cara has puesto! – Dijo entre risas. – ¡¿De verdad creías que me gustabas?! ¡Menuda estúpida! ¡Jajajajaja!

Nanami estaba tan conmocionada que tardó unos segundos en reaccionar. Varios chicos y chicas empezaron a sacarle fotos o a grabarla con el móvil.

–¡Ya verás qué risas en Instagram! – Dijo uno.

Nanami veía como casi todos los chicos y chicas de su clase estaban allí burlándose de ella, incluso Yumeko y Kenta, los únicos en quien confiaba, mientras varios de ellos le tomaban fotos o vídeos estando cubierta de barro y con la ropa empapada, transparentándose sus sostenes y bragas. La chica empezó a hiperventilar, y sentía que le iba a coger un ataque de pánico. Nanami solo pudo agacharse con las manos en la cabeza mientras empezaba a llorar. Las risas de los demás resonaban con fuerza en su cabeza, mientras las luces de los flashes indicaban que seguían haciéndole fotos, y casi seguro también grabándola. Nanami no lo pudo aguantar más, y empezó a llorar con todas sus fuerzas y gritó.

–¡IYAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Nanami dio un fuerte puñetazo, impactando contra la pared de su habitación, despertándose de golpe.

La chica, con la boca abierta por el dolor pero incapaz de gritar, se revolvió en su cama durante unos segundos, con la mano derecha tapándose los nudillos izquierdos, con los que había golpeado la pared. La chica tardó medio minuto en poder soportar el dolor. Una vez hecho, encendió la luz de su mesita de noche y sacó su mano derecha de sus nudillos izquierdos, viendo que se había hecho sangre.

–Oh, mierda…

La chica, aún alterada por despertarse de esa forma, se levantó y fue caminando rápido hacia el baño. Allí primero se pasó un poco de agua sobre la herida, para quitar la sangre, y luego cogió la botella de alcohol del botiquín y se tiró un poco sobre la herida, soltando algunos quejidos porque le picaba. Cuando creyó que ya era suficiente, se secó un poco la herida con un papel y luego se puso una pequeña venda, dando la vuelta a sus nudillos. Una vez con su herida tratada, la chica regresó lentamente a su habitación, y se estiró en su cama.

La chica se quedó mirando al techo, recordando aquel sueño. Que Yumeko, que consideraba su amiga, y Kenta, el chico que le gustaba, la hubieran utilizado para hacerla creer que la apoyaban para después hundirla aún más le había destrozado el corazón. Las únicas personas en las que confiaba la habían traicionado, por lo que decidió no volver a confiar nunca más en nadie y no tener amigas.

Después de lo sucedido, Nanami sufrió una crisis nerviosa. Llegó a casa completamente desquiciada, y tardó varios días en recuperarse. No hace falta decir que no volvió a la escuela, y la chica se negó a volver a salir de casa si no era para mudarse bien lejos de allí, lo que sus padres aceptaron, por el bien de su hija, y decidieron mudarse, no solo de casa o municipio, sino también de prefectura, yéndose a cientos de quilómetros de allí, a Takaoka.

Una vez en la nueva ciudad, Nanami decidió cerrarse completamente a los demás, para evitar que le volviera a pasar lo mismo, y decidió ir a una escuela solo para chicas. Además, decidió incorporarse al consejo estudiantil para dotarse de autoridad para hacer cumplir las normas.

Nanami, con una expresión claramente triste, se puso la mano izquierda en la frente, con los nudillos tocándole la frente y la palma mirando hacia arriba.

–¿Por qué he tenido que soñar esto precisamente ahora?


Supongo que ahora entendéis por qué Ajla… Digo Nanami hace lo que hace, ¿verdad? Pobre chica… ¿No os dan ganas de abrazarla? A mí sí.

Por cierto, el modo en el que Nanami se despierta está basado en algo que me pasó a mí de verdad. Soñé que un compañero (no amigo) de mi escuela se burlaba de mí. Yo, enfadado, le di un puñetazo. El problema es que no solo lo di en el sueño, sino también de verdad, golpeando mi puño contra la pared, despertándome de golpe, igual que Nanami. La diferencia es que a mí no me salió sangre, cosa que me extraña, porque anda que no fue fuerte el golpe ni nada… Además, me desperté antes de que en el sueño pudiera golpear a ese chico, así que ni siquiera me pude vengar en el sueño…