"La tercera Ley de Newton y los gemelos Weasley"

Tiene ese estúpido nombre sólo porque no he podido evitarlo.

(1.761 palabras y rating K+)

Situado después de la parte anterior. Así que voy a quitarle lo de "complete" porque me parece que va a ser una mentira como una casa y yo odio que los fics estén catalogados como terminados y no paren de añadirle capítulos, así que... Eso.

Stiles POV esta vez.

SPOILERS de Harry Potter (si es que eso existe), de los últimos libros. Una tontería que no es tonta para nada, Rowling. ¬¬ Te odio, zorra.


Stiles mueve su cabeza a izquierda y derecha desde la caja, buscando su mesa como si no se hubiera levantado de ella hace cinco minutos, como si no acabase de dejar a su hombre lobo atado a la pata de la silla esperándole como un buen chico, rascándose detrás de las orejas y mirando con curiosidad a todo el que pasa por delante, esperando una caricia o un hueso tras el que salir corriendo.

Se ríe.

De acuerdo, las bromas sobre perros tal vez aburren un poco, pero no es como si lo estuviese diciendo en voz alta, ¿no? ¿Qué puede hacer Derek?

Gruñir. Al parecer puede hacer eso. Y esta vez no va a quejarse porque al menos le ha ayudado a encontrarle entre el caos de mesas repletas de familias, parejas y concentrados bloggers devorando helados, batidos y pequeños pastelitos de colores que tienen una pinta que tendría estar prohibida. En serio.

Y, sinceramente, Derek debería dejar de gruñir en público, porque asusta a los niños y llama la atención de sus madres y... ¡Vale! Todavía le da escalofríos.

"Deberías dejar de hacer eso", dice, sentándose frente a él, que parecía distraído, observando con el ceño fruncido algo que ha perdido en el piso de abajo a juzgar por la forma en que sus ojos se mueven inquietos y su cuerpo parece haberse tensado. Y Stiles no puede evitar distraerle de nuevo cuando cree que ha encontrado a su escurridizo pasatiempo de nuevo, porque... en serio. "De verdad. No lo hagas".

Derek bufa y le dedica su ceño fruncido. A él. Siempre mejor que a un desconocido, ¿no?

"Asustas a los niños, bestia indomesticable", sus cejas pasan de arrugarle el ceño a arquearse como si fuese su misión personal hacer desaparecer su frente. "Y me temo que sus madres intentan mirarte con desconfianza a pesar de que ya habrán..., bueno, que-, da igual. Que no rompas nada".

Por supuesto que no va a terminar esa estúpida frase ni va a admitir que escucharle gruñir todavía le pone nervioso. Ja-ja. Antes muerto. Gracias.

Derek bufa de esa forma que es sarcástica aunque crea que no significa nada y desvía de nuevo la vista hacia la marabunta de gente que pasea con los brazos cargados de bolsas, de tienda en tienda, para nada conscientes de que un hombre lobo con las mismas habilidades sociales que un acosador sociópata les está observando con su mirada de "es-miércoles-pero-parece-lunes-otra-vez-cacemos-un-par-ciervos" que, para nada, le pone nervioso.

Y maldito sea él y su maldita inseguridad porque debería estar ya acostumbrado.

Aunque, pensándolo fríamente, ¿cuándo te acostumbras a Derek Hale? Y cuando te acostumbras a Derek Hale, ¿qué haces? Porque tiene que ser como uno de los logros más brillantes de la carrera vital de cualquier ser humano, como la línea de meta, el maldito primer puesto, la medalla de oro del éxito y la medalla de honor y al valor y muchas otras cosas que tiene que apartar de su mente a empujones. Por favor. Fuera, fuera, fuera.

Suspira y, en serio, quiere golpear su frente contra el cristal de la mesa, pero mirar hacia abajo le ha recordado que, ¡sorpresa!, todavía tiene su batido en una mano y ese móvil de homicidio que ha pedido para Derek en la otra. Porque, de acuerdo, es su cumpleaños, no podía dejarle sin helado.

Lo mira con desconfianza. A Derek no. Al helado.

"Ten", dice, y lo desliza por la mesa hasta que lo tiene delante y Derek se ve obligado a dedicarle más de un vistazo porque, en serio, todos esos colores no pasarían desapercibidos ni aunque realmente viera en escala de grises.

Stiles se ríe por dentro. Ja. Chistes sobre perros. No. Nunca pasarán de moda.

Traga saliva. Él, no Derek, porque casi puede asegurar que ha visto sus ojos seguir el movimiento de su mano desde que soltó esa aberración de postre hasta que la ha escondido debajo de la mesa. La quiere. Le gustan sus manos. No quiere perder ninguna. No son Fred y George. No puedes deshacerte de una y olvidar que un día tuviste dos iguales. No es tan fácil elegir cuál te cargas y a cuál le cortas una maldita oreja.

Suponiendo que las manos tienen orejas.

Da igual.

Injusto...

Y Derek sigue mirando su mano a través de la mesa de cristal porque si Stiles tiene que esconderse, por supuesto que va a hacerlo en un lugar totalmente visible y al alcance de sus ojos/garras/colmillos/loquesea, todo.

"No... no sabía qué pedir para ti", dice, ¿y tiene que sonar así de estúpida su voz? Pero al menos Derek ha alzado la vista hacia sus ojos y ha tenido la bondad de volver a mirar a su helado gigante con cara de pocos amigos. "Así que... Ya sabes, lo típico. Chocolate y vainilla, porque eso le gusta a todo el mundo y... me preguntó si quería algo más y...".

Recuerda cómo buscó a Derek con la mirada en aquel momento, como le vio ojeando el centro comercial en busca de algún enemigo al que rajar el cuello con sus terroríficas garras y como el nudo en su garganta le obligó a decir 'trufas'.

"Trufas", dice, casi como si estuviese repitiéndoselo a la dependienta, cosa que tuvo que hacer en su momento. "Tiene trufas y... trocitos de nueces y la tía que estaba detrás en la cola estaba decidiendo entre sirope de caramelo o de chocolate y, no me preguntes por qué, acabé pidiéndole yo los dos y..."

"¿Eso son fresas?", pregunta Derek, moviendo la cucharilla experimentalmente entre el caos de sabores y trocitos de todo lo existente y adaptable para un helado. Y vuelve a alzar la vista hasta clavar sus ojos en los de Stiles y por supuesto que él tiene que sentirse intimidado a pesar de que no hay ninguna mueca visible en su rostro. "¿Por qué huele a café?".

Stiles ríe, casi sintiendo el pánico arrastrarse por su cuerpo hasta su cuello, donde de repente hace demasiado calor..

Se supone que ya no se siente amenazado por él y tiene que elegir un lugar público precisamente para sentirse inseguro de nuevo. Bravo, Stilinski.

"Porque... porque tiene café, claro, y todo eso es nata, montada, y...". Respira hondo, soltando el aire de forma tan sonora que un par de cabezas se vuelven hacia él. "Tú pruébalo, Derek, no puede estar tan malo teniendo en cuenta lo que me ha costado".

Derek parece darse cuenta de algo entonces, dada la forma en que levanta la vista hacia Stiles casi con dolor visible en la tensa línea de sus labios. Y lo entiende, en serio, entiende que ese absurdo helado tiene que ser una tortura para él. O estar solo con él en un centro comercial lleno de gente y niños y ruido y luces de colores y montones de estupideces humanas que ponen en alerta todos sus instintos lobunos.

"No tenías por que haberte molestado", dice, casi susurrando. Casi olvidando que odia su estúpido helado y al estúpido Stiles.

Pero, oh, sí. Tenía. Tieneque hacerlo. Más de lo que cree.

"No hay de qué", murmura él, mordiendo la pajita de su batido, tratando de distraerse con cualquier cosa que no sea Derek moviendo lentamente la cuchara y llenándola de nata y chocolate y trocitos de nueces y trufas.

Su vida no tiene sentido y su cumpleaños tampoco y Derek gruñendo tan bajo y grave y profundo mientras rodea la cuchara con sus labios y la desliza hasta que vuelve a estar limpia y a la vista y brillante como sus ojos de depredador tampoco tiene sentido. O sí, porque Stiles tiene buen gusto para los helados totalmente aleatorios, al parecer.

Y realmente no se da cuenta de que estaba mirando tan fijamente hasta que sus ojos, los de Derek, vuelven a encontrar los suyos y... y que se detenga el mundo ya mismo porque eso, eso, sí, eso que ha aparecido en el rostro de Derek cegándole más que los focos del campo de lacrosse durante un partido nocturno, eso, es una maldita sonrisa.

Una que inmediatamente le saca otra a él. Más sincera de lo que debería. Lo sabe. Pero hacer sonreír a Derek no es algo que se consiga todos los días. A no ser que hayas sacado su lado condescendiente adolescente, que no suele salir a saludar, pero existe, ahí abajo, enterrado junto a su risa y a sus jodidas ganas de vivir.

"¿Y bien?".

"Delicioso", dice, y Stiles se obliga a sí mismo a contener la risa porque esa palabra no debería existir en el vocabulario de un hombre lobo cuando no tiene los colmillos manchados de sangre y, de acuerdo, porque no quiere cagarla.

"¿En serio?".

"Sí", le asegura, asintiendo ligeramente y cargando bien otra cucharada antes de acercarla a sus labios, a los de Stiles, no los suyos, dice, casi sin emitir sonido alguno: "Pruébalo".

Y lo hace, por supuesto que lo hace. Por supuesto que sostiene la mano de Derek entre la suya y se acerca al helado hasta que puede sentir más el frío que éste desprende que el calor que irradia ese animal por todas partes.

Y se obliga a cerrar los ojos, porque los helados se saborean mejor si no puedes ver. En serio. Totalmente. Sobre todo si no puedes ver esos ojos clavados en los tuyos y esa sonrisa que no desaparece y que oh, dios mío, por el amor de dios, ¿qué cojones es esto?

"Rico, ¿eh?", malicia en su voz y también en sus labios, y en su mirada y en todas partes.

Stiles se obliga a tragarlo a pesar de que todos sus instintos de supervivencia le gritan que lo escupa.

"Cabrón...", gruñe, y sí, gruñe, porque él también tiene derecho a hacerlo.

Derek se recuesta en su silla hasta que sus rodillas llegan a tocar las de Stiles, pero no podría darse cuenta ni aunque quisiera, porque su batido, su maldito batido, no está donde él lo dejó, a la distancia perfecta para poder beber sin tener que usar sus manos para coger la pajita. No. No está ahí. Está en sus manos, en las de Derek.

Y se lo está bebiendo. Por supuesto.

"Derek".

"¿Stiles?".

Ya tiene su atención. Pero no hay escalofríos, ni pensamientos estúpidos, ni nervios, ni nada que se le parezca. Es su cumpleaños y esto no va a quedar así.

"Corre", dice, sin pensar, pero él lo hace y entonces no tiene más remedio que perseguirle, por absurdo, o estúpido, o ridículo y surrealista que parezca.

Lobos.


Al final creo que será más o menos lo que pensaba que sería, pero con más partes. Puede que (si mi cerebro me deja) haga tres partes para cada parte. Y diría que me explico, pero como me conozco y sé que cabe la posibilidad de que no escriba más que el siguiente, no me voy a explicar. XDD

Gracias por leer. :3