Remus Lupin

Palabras: 799


Para un niño, entender ciertas cosas puede llegar a ser bastante complicado, pero para un padre, intentar explicarlo puede ser mucho peor, sobretodo cuando es algo terrible lo que le ha pasado y cuando la culpa te carcome como padre. ¿Cómo explicarle a un pequeño sus cambios bajo la luna llena? ¿Como explicarle que todo lo que le sucede es por culpa de tu gran boca? En eso solía pensar John Lupin, ya que por su culpa, ese asqueroso licántropo había atacado a su hijo. Ya ni siquiera podía verlo a los ojos, lo había convertido en un renegado y no podría hacer nada para cambiarlo.

Pero su hijo aun no parecía entenderlo por completo, si bien eran días dolorosos en los que debían encerrarlo en el sótano, él solo pensaba en los días siguientes en los que, luego de recuperarse, podría salir a jugar y recibiría recompensas por ser un niño muy valiente. El pequeño Remus Lupin no entendía el porqué de que su padre pasara fuera de casa la mayor parte del día, pero no se preocupaba mucho por eso, su madre siempre estaba junto a él y eso era todo lo que le importaba.

A la edad de ocho años, el niño era más responsable e inteligente que otros de su edad, ¿Cómo podría evitarlo? Pasaba la mayor parte del día en casa con su madre, ayudándole con lo que necesitara o leyendo algún libro que su padre le llevara; la verdad le causaba un poco de miedo el estar con otros niños, a pesar de saber que su condición se manifestaba con la luna llena, temía hacerles daño.

Habían pasado unos dos días luego de la luna llena y Remus se encontraba en cama, aun débil. No tenia mucho apetito, por lo que no había comido nada en lo que iba de día, su madre decidió entonces actuar, se acercó a su habitación con una bandeja con comida en las manos y cuando su hijo la vio, frunció el ceño.

–Nada de replicas –soltó la señora Lupin al verlo.

–Pero no tengo hambre –replicó el niño de todas formas con mala cara.

–No has comido en todo el día… claro que tienes hambre –le dijo sentándose a su lado–Si comes todo te daré una recompensa –Remus cerró los ojos al sentir que su madre le acariciaba el cabello y sonrió al escuchar lo ultimo. Decidió entonces que comer parecía una mejor opción.

Al terminar, se recostó de nuevo en la cama, sintiéndose más satisfecho de lo que había estado en lo poco que llevaba de vida, pero todo lo había hecho por su recompensa. Desde que tenia memoria su madre siempre lo recompensaba de la misma manera y esa era la única ventaja que le encontraba (de vez en cuando) a su condición. La señora Lupin lo miró con una cariñosa sonrisa, le agradaba convencer a su pequeño de una u otra manera, de por si, aquello lo enfermaba y si no comía nada, todo podría llegara ser mucho peor.

–Muy bien, Señor Lupin –lo felicitó quitando la bandeja, Remus se le quedó viendo expectante y con un movimiento de varita, la mujer hizo que una tableta de chocolate llegara volando hacia ella, en el rostro del pequeño apareció una gran sonrisa.

–Gracias –soltó, estirando la mano. Su madre le dio un abrazo que él recibió gustoso.

–Eres un niño muy valiente –susurró dándole un beso en la cabeza. Y si que lo era, su pequeño no era una personita que se quejara o que se pasara el tiempo lamentándose por lo sucedido. Su hijo a pesar de su corta edad, se comportaba con toda la madurez que se le podía pedir, parecía entender que no era algo que se pudiera cambiar y aunque quizás él no lo quisiera hacer notar, su madre sabia que a veces escondía más de lo que realmente sentía sólo por no preocuparla.

Remus Lupin creció como un muchacho tímido e inteligente, siempre preocupado por los demás, sobretodo por sus amigos, unos muchachos que siempre lo apoyaron a pesar de todo, quienes estuvieron siempre con él y que lo hicieron sentir realmente querido, quines le regalaron la mejor etapa de su vida. El niño creció y a pesar de pensar muchas veces que no era suficiente, tuvo lo que nunca imaginó, una familia propia; una esposa que lo amó y un pequeño hijo al que tuvo que dejar por ayudar en la creación de un futuro mejor para él y para todo el mundo mágico.

Porque Remus Lupin fue el mejor mago al que se pudiera conocer, desinteresado y leal. Un mago que se sacrificó por quienes creyó que lo merecían y que confió en que no dejarían a su suerte lo que le quedaba de familia.