DESPACHO DE SKINNER
10:24 a.m.
No lo comprendía. De veras que no lo comprendía. Ella no había tenido demasiado tráfico esa mañana, así que Mulder no podía haber tenido mucho más. Él no dormía prácticamente, así que a no ser que un ovni gigante se hubiese cruzado en su camino –cosa que esperaba realmente que no hubiera sucedido- no tenía ninguna excusa para llegar, de momento, media hora tarde.
Skinner y el agente Tedson, encargado del caso, la miraban fijamente como si ella tuviese la culpa de que Mulder fuese un maldito traidor que la dejaba sola en situaciones como aquella.
- Bien, agente Scully- comenzó a decir Skinner – ya que el agente Mulder parece que no va a llegar a la reunión, quizás usted pueda ponernos al tanto de lo que sucedió ayer.-
Se pasó la lengua por los labios maldiciendo a Mulder por lo bajo, y abrió la carpeta que contenía los informes. Tenía el informe preliminar del caso hecho por otros agentes, junto con el informe de la noche anterior. Había llegado más pronto que de costumbre a la oficina para hacerlo, esperando que Mulder también estuviese allí, pero por lo visto había tenido mejores cosas que hacer.
De pronto le vino a la mente una imagen fugaz de Mulder y Sarah Luson, la mujer que habían conocido la noche anterior, juntos. Besándose apasionadamente mientras ella estaba sola en su casa, tocándose, soñando con Mulder, recordando el tacto de su cuello bajo su lengua, su sabor.
Lógicamente había preferido mantener aquello fuera del informe.
- El agente Mulder y yo creemos que deberían ser investigadas también las personas que frecuentan el local, así como los trabajadores. Conocimos a una pareja que habían estado tratando con ellos, Tomas y Sarah Luson.- Skinner la interrumpió.
- ¿Cree que podrían estar implicados?-
Ella recordó los gestos de indiferencia en la cara de ambos al hablar de las desapariciones. Quizás demasiado indiferente para lo que pudiese considerarse normal, pero no lo suficiente como para tomarlos por sospechosos.
- No más que cualquiera de los que frecuentan el local. Por eso creo que deberíamos hacer una lista con todos ellos y asignar a un agente a cada pareja, por lo menos hasta que tengamos un registro de todas ellas y alguna base más sólida sobre la que trabajar.-
- ¿Eso es todo?- Le preguntó Skinner.
- De momento sí señor, en los casos que tiene el FBI archivados sobre posibles ataques de sectas satánicas, los sospechosos son indistintamente hombres o mujeres, de distintas escalas sociales. Suelen actuar en grupo y las víctimas son sacrificadas en los que ellos consideran altares. Al no haber podido ver el lugar del crimen no podría asegurar que se trate exactamente de este caso. Aunque por eso estamos aquí-
Estoy. Sola. Porque Mulder no ha venido.
El agente Tedson se removió un poco incómodo en el asiento, hasta que Skinner le dio la palabra.
- Sí- tosió- Esta mañana un par de agentes fueron a visitar al dueño a su apartamento, justo encima del bar para hablar con él. No lo habían hecho antes para no poner en evidencia su investigación- Se quedó callado y Scully no tuvo más remedio que preguntar.
- ¿Y qué descubrieron?-
- El dueño no estuvo bastante colaborador con nosotros. Su nombre es Ethan Thomas. Le habíamos investigado con anterioridad y tiene algunos antecedentes por acoso sexual. Pero nada específico por lo que podamos tener una sospecha firme. Estuvo un par de años en la cárcel. Cuando salió abrió un local de compra-venta de coches de lujo. Todo legal. Aquello le dio suficiente dinero para abrir este local. Nos dijo que era realmente su sueño. Y al parecer le ha ido viento en popa desde entonces.- dijo mientras hojeaba un informe que tenía entre las manos.
Skinner continuó hablando con el agente Tedson calló. Parecía que se hubiesen puesto de acuerdo en las partes que cada uno debería comentar.
- El local que frecuentaban las tres parejas, al que fueron ustedes anoche, no es solo un lugar para cambio de parejas. También practican otro tipo de actividades de carácter sexual. Me saltaré los nombres que estas personas les adjudican, pero digamos que también les gusta ser vistos mientras intiman con sus parejas. Nos ha comentado que de vez en cuando entra algún grupo que no tiene nada que ver con lo que allí se suele practicar, pero no son comunes, ni tampoco asiduos al sitio.-
- Y los demás trabajadores, ¿Algo que se pueda destacar sobre ellos?-
- Todos están limpios- siguió de nuevo Tedson – Por eso me parece una buena idea investigar a los clientes más asiduos.
- Agente Scully - le acercó una carpeta- esto son copias del historial de todas las personas contratadas allí, el historial de Ethan Thomas y un informe con los datos que la sección de Crímenes Violentos cuenta hasta el momento. En cuanto tengamos más información que vayan recabando el resto de los agentes, se la haremos llegar inmediatamente.- Se levantó y los demás hicieron lo mismo. -Vuelvan esta noche al bar. Nosotros estaremos fuera. Su misión seguirá siendo la misma que hasta ahora. Infiltrarse dentro para que confíen en ustedes. Asignaremos un agente a cada pareja que veamos entrar o salir de allí y mañana a primera hora tendremos un informe completo sobre todas ellas.-
Se levantaron los tres, justamente cuando la puerta del despacho se habría. Kimberly se asomó por la puerta y habló con el tono un poco bajo, como si esperase a un jefe enfadado después de lo que iba a decir.
- El agente Mulder acaba de llegar, señor-
Skinner respiró hondo. Se acomodó las gafas con una mano mientras la otra la apoyaba en su cintura. Parecía estar escogiendo las palabras más adecuadas para no explotar. Habló con voz pausada y calma.
- Dígale al agente Mulder que ha terminado la reunión.- después se dirigió a Scully – Agente Scully, le agradecería mucho que informase al agente Mulder de lo que hemos hablando hoy aquí.-
Skinner había logrado calmar sus nervios y le había pasado la pelota a Scully. Ella no tenía tanta suerte. Después de la imagen mental de Mulder con otra mujer, estaba más enfadada. Primero, por llegar tarde, segundo, por hacer que se preocupase por su tardanza y tercero, por estar en sus imágenes auto-flageladoras mentales.
Caminaron juntos por el pasillo. Scully caminaba un par de pasos delante de él, así que aceleró el paso e intentó ponerse a su lado.
- ¿He llegado tarde?- Puso su mejor sonrisa y esperó a ver si Scully estaba realmente enfadada. Sus caritas de "perdóname Scully, ya sabes lo insoportablemente irresistible que soy" solían funcionar. Scully no le contestó y apretó el botón del ascensor según entró, mirando hacia el frente. – Lo siento, se me pasó la hora-
Se le había pasado la hora. Sí. Suponía que haberse quedado en su cama masturbándose mientras pensaba en Scully, en la pasada noche y en lo que podría pasar ese mismo día, podría llamarlo "pasársele la hora". Aunque Scully seguía sin hablarle y eso ya le preocupaba más. Los enfados de Scully no solían pasar de un par de minutos.
Llegaron al sótano y Scully parecía seguir sin hablarle. Pensó que quizás estuviese enfadada por su comportamiento de la otra noche, cuando la colocó encima de su… de su…
- Mulder- ¡Sí! ¡Por fin le hablaba! – Aunque por lo visto no te importa en absoluto la reunión de esta mañana, Skinner me ha mandado que te ponga al corriente. Van a investigar y a mandarnos informes de todos los que frecuentan el local, como decidimos ayer. El dueño del local tiene antecedentes, pero los trabajadores están limpios. Puesto que si se tratase de una secta habría más de un sospechoso, tendremos que seguir de incógnito-
Quizás fueran imaginaciones suyas, pero casi podría jurar que notaba el enfado de Scully atravesando los poros de su piel y la tela de su ropa hasta llegar hasta él. No era buena señal. Pensó que lo mejor era hablarla como si nada.
- No creo que vayamos a averiguar mucho. La gente no va a allí a hablar, precisamente. Y menos a contarse si secuestran o asesinan a unos u a otros.-
- Mulder, ya sabes cómo son estas cosas. Si se hacen es porque suelen servir para algo- Sonaba irritada pero no le importaba.-
- Este caso es una mierda, Scully- Le dijo en tono conciliador
- Sí, pero es lo que quieren. Tenernos infiltrados por si vemos algo desde dentro que ellos no pueden ver desde fuera. Así que más vale que esta noche salgamos de allí con algo más que…-
Scully se calló callada, mirando hacia el suelo. ¿Qué iba a decir? ¿Con algo más que un calentón?
- … que con un para de suposiciones. Es un caso, Mulder y está muriendo gente.-
- Lo sé- se sentía de pronto ofendido. ¿Acaso pensaba que él no quería resolverlo? ¿Qué estaba más ocupado intentando meterle mano que en resolver el caso? – No sé que intentas insinuar, pero anoche no estuve pasándomelo bien precisamente-
"Pues no lo parecía, puesto que tuviste una erección enorme". La frase apareció clara en la mente de Scully, pero tuvo la suficiente cordura de callarse a tiempo. Cientos de sensaciones distintas atravesaron su cuerpo al tomar conciencia de sus palabras. Eso hacía que su teoría de que había sido una tonta por imaginarse cosas que no eran, tomase fuerzas. Pero llevaban tantos años trabajando juntos que se sentía decepcionada, a la vez que tan atractiva como un escarabajo pelotero. Si hubiese sido atractiva al menos él hubiese disfrutado, ¿no?
- No intentaba insinuar nada- Se sorprendió de que su voz no se notase afectada. Su cuerpo entero parecía temblar por dentro. No. No había sido su idea discutir con Mulder aquella mañana, pero tampoco había creído que él iba a llegar tarde y por su culpa...
Dejó de estar a la defensiva durante un segundo y se dio cuenta. No había estado enfadada con Mulder en un principio porque había llegado tarde, ni su enorme enfado en aquel momento era debido a eso. Estaba frustrada. Frustrada, caliente y dolida. Se había dado cuenta después de la otra noche de que realmente deseaba acostarse con Mulder.
Había pensado muchas veces en realidad acostarse con él, pero había estado durante tantos años siguiéndole en la búsqueda de su hermana, en su cruzada, que acabó siendo también la de ella. Un ritmo frenético de horas en avión, días en coche, semanas en hostales. Ni siquiera se había dado cuenta de cuando la idea firme de acostarse con Mulder había acabo siendo un sueño platónico que en su fuero interno sabía que nunca iba a pasar.
El hecho de encontrarse tan cerca de conseguirlo había desordenado todos sus sentimientos, pensamientos y sensaciones. Había desordenado algo que ella se aseguraba siempre de tener bien atado. De cierta forma para protegerse. No estaba enfadada con Mulder, estaba enfadada consigo misma.
Mulder la miró, esperando que ella continuase la réplica que había comenzado, pero lugar de eso sonó el teléfono.
En un par de zancadas Mulder se acercó a su mesa y cogió el teléfono. Aún estaba dolido. Su conversación fue corta y cuando colgó su voz era más seca y cortante de lo normal.
- Era Skinner, el agente Tedson acaba de salir para la morgue, han encontrado a una de las dos parejas que aún seguían desaparecidas en un descampado y las están trasladando ahora para allá. Quieren que les hagas la autopsia.-
- Bien-
DEPÓSITO DE CADÁVERES
12:17 a.m.
El pasillo era largo hasta entrar en la sala frigorífica. Después de entrar enseñando sus placas, un médico forense les acompañó. El agente Tedson ya estaba dentro con otro agente más.
- Agentes, este es el agente Robinson. Fue quien descubrió que los cadáveres encontrados anoche en un descampado en las afueras de la ciudad pertenecían al señor y la señora Springson.-
- ¿No fueron avisados por la policía?- Mulder no comprendía la incompetencia del departamento de policía si había sido así. Tedson abrió las manos, queriéndole decir que a él también le parecía inexplicable.
El agente Robinson les puso al corriente de todo. Les había encontrado un ciclista que avisó enseguida a la oficina del sheriff, cuyos agentes parecían no haber leído las circulares del FBI ni haber visto la televisión, porque habían pedido rápidamente al juez que mandase el levantamiento de los cadáveres. Lo único que tenían del escenario del crimen eran las fotos para el sumario.
Mulder las observó una a una, bajándolas lo suficiente para que Scully también pudiese echarlas un vistazo.
- Mira esto de aquí Scully-
Lo que parecía ser un rastro de sal se situaba alrededor de los cuerpos, pero sin ninguna forma en especial. Los cadáveres se encontraban juntos. Los habían dejado tumbados, como si simplemente los hubiesen dejado a su suerte. Perfectamente vestidos pero con la ropa empapada en sangre.
- Llevan muertos unas doce horas- Les informó el médico forense de la sala.
- Eso quiere decir que la tercera pareja puede estar todavía viva-
- Eso es una gran noticia- La cara de Tedson se iluminó. Hasta que Mulder le hizo volver a la realidad.
- Si les encontramos-
El médico que les había atendido se puso a colocar todos los instrumentos mientras Scully se dirigía hasta una de las batas que habían preparadas y se la puso. Comenzó a examinar el cuerpo del hombre mientras todos observaban. Cortó las ropas ensangrentadas y descubrió el pecho lleno de heridas de arma blanca. Veinticuatro en total.
- ¿Alguna evidencia de la causa de la muerte?- El humor negro de Mulder pilló de sorpresa a Scully, que con sus defensas bajas le sonrió mientras los demás les miraron interrogantes. Se habían acostumbrado tanto al horror que a veces olvidaban que no todo el mundo tenía su mismo humor negro.
- Presenta signos de arma blanca –comenzó Scully- tanto en la parte frontal del tronco, como en los costados.- miró las manos y los brazos- No hay signos de lucha, ni heridas de que se defendiera-.
Scully fue hasta el cuerpo de la mujer y vio los mismos signos que en el que había sido su marido.
- ¿Quieres decir que se dejaron hacer eso sin más?-
- Creo que les dieron alguna clase de droga para dormirlos Mulder, pero por supuesto eso lo descubriremos en cuanto les hagamos los análisis. Los arañazos que tienen en la cara y en los brazos fueron hechos post-mortem, seguramente al trasladarlos al lugar donde los dejaron.-
- ¿Se sabe cómo llegaron hasta allí?- preguntó Mulder a Tedson
- Descubrimos unas marcas de neumático bastante cerca del lugar donde se hallaron los cuerpos. Ahora mismo están intentando determinar a qué modelo de coche pertenece. Aunque puede que no sea el coche del asesino, porque es un descampado bastante utilizado para… bueno, ya sabe, cosas de jóvenes.-
- Entonces tuvo que haber testigos de aquello-
- Si los hubo, desde luego ninguno que haya querido compartirlo- Mulder asintió con la cabeza.
- Scully, ¿me avisarás cuando hayas acabado?-
- ¿Dónde vas?-
Se acercó a ella más de lo normal y bajó la voz. El resto podían escucharle perfectamente, pero era algo inconsciente. Como si estuviese marcando territorio.
- Al lugar donde los encontraron a ver si hay algo que quede todavía que nos pueda servir de ayuda-
- ¿Algo como qué?
- Lo sabré cuando lo vea. No me convence el escenario de asesinato satánico que he visto.-
- ¿Crees que es sólo para despistar a la policía?-
- Es posible. Estaré más seguro cuando lo vea-
Ella asintió y él salió de la sala seguido por los otros dos agentes del FBI. Dentro, Scully terminaba de preparar todos los utensilios para la autopsia.
- Bien. Sigamos-
APARTAMENTO DE SCULLY
8:57 p.m.
Había estado esperando todo el día ese momento, intentando controlar la respiración para no estar tan nervioso como la vez anterior, pero al parecer había sido totalmente inútil.
- ¿Estás seguro de eso Mulder?-
Por un momento se sobresaltó con su voz y temió que le hubiese leído el pensamiento. Después se dio cuenta de que ella, lógicamente, se refería a la última teoría del caso que él había estado conjeturando.
Había llegado antes de la hora a casa de Scully porque quería hablar un poco de lo que deberían hacer al llegar al local, para no quedarse parados como la primera noche. Pero al llegar y verla con el pelo mojado y con el albornoz aún puesto, recién salida de la ducha, sus piernas flojearon y empezó a contarla la teoría que se le había estado pasando por la mente.
- Piénsalo Scully. Esto no es un Expediente X, ellos no tienen ni idea de qué lo es. Nos han llamado por el trabajo sucio-
- ¿Entonces el escenario no era satánico en absoluto?-
Su voz sonaba apagada tras la puerta del baño, pero aún así se notaba cierto escepticismo. Sí, era un poco extraño que él no se lo creyera, pero era bastante escéptico cuando se trataba de casos que no encontraba él o no iban directamente a su sección. Sobre todo si les llegaba de rebote y para hacer el trabajo que nadie quería.
- En serio, Scully. No lo viste. Lo que había en el descampado era simplemente un montaje estúpido. Es más, si hubiese sido un asesinato con móvil de satanismo, los cadáveres habrían sido asesinados allí mismo, y en caso de ser trasladados, no hubiesen echado cuatro puñado de sal a su alrededor, o les hubiesen colocado de forma significativa-
- Pareces bastante seguro-
Mulder miró el reloj. Deberían estar ya allí, pero a Scully se le había echado el tiempo encima con la autopsia y aunque no fuese de esas mujeres que necesitase mucho tiempo para arreglarse, maquillarse también lleva su tiempo. Él sonrió cuando escuchó algo caerse y un "mierda" salió de los labios de Scully.
- Lo estoy. Quienes lo hicieron, además de tener una suerte tremenda para que la policía no está ya encima de ellos, ven muchas más películas de ficción que yo.-
- Al menos hemos verificado gracias a las señales de arrastre que encontrasteis que buscamos a más de un sospechoso-
Mulder siguió con su propia diatriba.
- Además Scully, no todos los asesinatos que presenten algún símbolo que pase un poco de lo normal tienen porqué ser un expediente x. Si no hubiesen visto la sal, hubiesen sacado la imagen de la Virgen María en las ondulaciones del suelo-
En otro tiempo. En otra situación. En una vigilancia normal. Seguramente le hubiese interesado el caso. Y no es que en verdad no lo hiciese. Pero estaba demasiado ocupado pensando en Scully, y hacer que no creía en el caso era la mejor forma de salir de ello cuanto antes.
- No puedo creer lo que estás diciendo- Lógico.
- ¿Y por qué no? -
Scully salió por fin y cogió su bolso. Mulder se quedó callado. Creía que era imposible, pero estaba más guapa aún que la noche anterior. Esta vez no llevaba un vestido, sino una falda blanca caída, de gasa de picos conjuntada con una camiseta ajustada de tela brillante de color negro, con un cuello de pico demasiado sugerente. Tanto, que desde su altura, Mulder podía ver perfectamente el empiece de encaje del sujetador negro que llevaba debajo.
- Mulder, tú sacarías un expediente x de un vaso de agua.-
Hizo como si no la hubiese escuchado y le echó un vistazo de arriba abajo bastante descarado.
- Guau- Ella sonrió- ¿Por qué no te había visto antes esa ropa, Scully?-
- Supongo que porque el FBI tiene unas reglas bastante estrictas sobre la forma de vestir de sus agentes, al igual que la sociedad. Verás, no está bien visto que te arregles para ir a cazar aliens a un pantano. Los grupos moralistas, ya sabes-
Pensó seriamente enviar una queja al FBI y esos ridículos grupos de alta moral por aquella afrenta. Ella cogió su chaqueta, y al ponérsela su camiseta se levantó lo suficiente para dejar un poco de piel al descubierto. Mulder tragó con dificultad. Lo único que quería era recorrer esa piel con sus dedos. Pero aquella mañana habían dejado claro que lo primordial era el caso.
Al dejarla salir pensó en lo mucho que deseaba hacerle el amor. Abrazarla y besarla a su placer. Pero no estaba seguro de lo que ella sentía. A veces parecía que lo deseaba, pero enseguida daba señales de lo contrario. Tenía la sensación de que las veces que fingían por un caso era el único momento donde podría sentirla como suya. Así que pensó en aprovecharlo. Ocupándose del caso, por supuesto, pero podría hacer las dos cosas a la vez.
Cuando subieron al coche fue Scully la que se atrevió a mencionar por fin lo que harían una vez llegasen al local.
- Creo…- Mulder tosió- que deberíamos acercarnos a las demás parejas. Hablar con ellas. Tratar un poco más con todos ellos.-
- También con los camareros-
- También-
- Y tenemos que buscar al dueño, a ver si podemos charlar con él-
- El agente Tedson me dijo que ya estaban cotejando la marca de las ruedas con los vehículos de todo el que frecuenta con asiduidad el local-
Se volvieron a quedar en silencio. Del cielo empezó a caer una fina pero incesante lluvia. El sonido de las gotas contra los cristales tenía algo de ritmo, como si fuese una lenta melodía. Era tranquilizador saber, que a pesar de todo, el mundo seguía su curso.
Comenzaron a ver desde lejos las letras fosforescentes del local. Agarró con más fuerza de lo normal el volante y Scully contuvo el aire a su lado. Cuando aparcaron y salieron del coche pudieron ver a un par de agentes del FBI dentro de un coche oscuro frente a la puerta, y sin observarles más de lo necesario, apresuraron el paso hacia el local para que la lluvia no les dejara calados.
Se quitó unas gotas de lluvia de la cara, y vio como Scully hacía lo mismo. El pelo se le había revuelto un poco y estaba preciosa. Aunque ella no parecía pensar lo mismo puesto que se lo alisaba con las manos. Creyó oírla susurrar un "maldita lluvia" pero si lo hizo fue demasiado bajo y su voz se confundía entre la música del local.
La noche anterior casi no se había fijado, pero el local era enorme. La luz tenue, casi apagada, hacía que aquel sitio diese una sensación plena de intimidad. Quizá de ahí su nombre. Los pequeños cristales que decoraban la barra del bar despuntaban brillos de varios colores, al igual que la bola enorme que colgaba del techo. En otro sitio le hubiese parecido hortera. Allí encajaba perfectamente. Una vuelta atrás en el pasado.
Una vez dentro volvió a cogerla de la cintura y ella volvió a temblar. Vieron a los Luson hablando con otra pareja al fondo del bar y se acercaron de nuevo a la barra.
- Buenas noches, ¿qué desean tomar?-
- Un whisky doble y una soda con limón, gracias-
Scully se sentó en uno de los taburetes, de patas altas y negras, al igual que la base de cuero. Él se acercó a ella hasta que casi no hubo espacio entre los dos. Podía oler perfectamente el perfume que ella se había echado antes de salir de su apartamento. Era intenso. Un poco afrutado al final. Se acercó inconscientemente un poco más para olerlo. Notó como Scully se ponía rígida.
El camarero se acercó con las copas y él se separó ligeramente. Era un chico distinto al de la noche pasada, de unos veinticinco años, moreno. Tenía una espalda fuerte, y quien sabe, quizás un tremendo sentimiento reprimido de odio hacia todos los que se tomaban una copa o hacían algo más que eso.
- Una noche larga, ¿eh? Está lloviendo ahí fuera- Intentó intercambiar unas palabras con él. El chico le miró sorprendido, por lo visto las personas que frecuentaban aquel bar no solían hablar con los camareros.
- Sí señor, pero se lleva bien. ¿Es la primera vez que vienen?- Al menos el chico parecía dispuesto a charlar un rato.
- No, en realidad vinimos también ayer, pero estaba en la barra un compañero tuyo-
- Sí, ayer era mi noche libre, pero casi siempre me encontrarán a mí aquí.-
- Mi marido y yo- intervino Scully con cierto tono coqueto- siempre pensamos que no es lo mismo trabajar en un local como este que en un bar mugriento. Las personas, tienen más clase-
El chaval alzó durante un momento las cejas, mirándoles con una expresión extraña. Seguramente no le harían esa clase de preguntas todos los días. Scully bajó un poco la cabeza y se distrajo en tocar el pecho de Mulder por encima de la camisa. Mulder supuso que su objetivo era que el chico no le diese demasiada importancia a la pregunta, pero se había quedado con la boca abierta y la mano sujetando fuertemente la copa. Podía notar la firmeza lo suaves dedos de Scully acariciándole el pecho a través de la fina tela. El camarero acabó contestando.
- Por supuesto señora, no tiene nada que ver. Si me disculpan- y se fue un poco alejado a colocar vasos a la esquina de la barra.
- ¿Qué te ha parecido?- Le preguntó a Scully. Seguía tan cerca de ella como en un principio, ocupando su espacio personal. Como siempre. Pero más íntimo. Cómo nunca.
- El camarero muy simpático, yo, una estúpida snob a la cual patearía el trasero.- Mulder rió. Levantó su copa y pegó un trago.
Vio como el dueño del hotel se les acercaba. Lo había visto en las fotos de uno de los informes que se habían quedado. Se levantó del asiento, acercándose más a Scully, susurrándola cosas en el oído. "El dueño se está acercando" "Sonríe, como si te estuviese sugiriendo algo indecente" "¿Sabes que tengo una visión excelente desde aquí arriba, Dana?" Notó la rodilla de Scully golpearle levemente en la pierna y escuchar una risa de mujer traviesa que estuvo a punto de nublarle la razón.
- Buenas noches-
Un hombre moreno, de pelo rizado y espaldas anchas les saludó educadamente. Rodeaba con el brazo a una joven rubia de piernas largas y delgadez extrema. Ella también les saludó.
- Buenas noches- contestó Mulder mientras ayudaba a Scully con una mano a bajar con elegancia del alto taburete.
- Mi nombre es Ethan Thomas y soy el dueño del local. Ella es Jamie-
Scully levantó inconscientemente las cejas, sonriendo al momento para disimular su gesto. Ya no iban a tener que ir a buscar al posible sospechoso, él había ido a buscarles.
- Dana Mulder y él mi marido, William-
- Encantados. Les vimos por aquí ayer con los Luson y como nos dimos cuenta de que no querían "compartirse", pero que estaban bastante a gusto tratándose en público... Hemos venido a ver si les apetecía un poco más de eso-
Vaya. Directo al grano. Pero al menos había dos cosas buenas en su proposición. Que no iban a "compartirse" y que estarían con el posible principal sospechoso.
Una de las manos de Jamie jugaba con los botones de la camisa del dueño del local, al que por lo visto le gustaba interrelacionarse con todos los que frecuentaban su local. Mulder miró a Scully. Era buena señal que los invitasen a su grupo, una forma más de acercarse, de poder sonsacarles algo o ver si había algo extraño en alguno de ellos. Scully le miró y le sonrío. Pero sus ojos le decían otra cosa. Sabía, al igual que él, que aquella era la mejor forma de acercarse, aunque la forma en que iban a hacerlo la asustaba. Al ver que dudaban, Ethan volvió a insistir.
- Tenemos una sala reservada atrás, seremos cuatro parejas si ustedes nos acompañan.-
- Verá- Se explicó Mulder- Acabamos de empezar con todo esto, y puede que no sepamos bien que debemos hacer, pero estaremos encantados de participar.-
Ethan sonrió a la chica rubia, y les indicó el camino mientras les ponía al corriente.
- Cuando abrí este local no sólo esperaba que se pudiesen mantener orgías, intercambiando cada cuál a sus parejas, sino que también a las parejas que les gustaba el exhibicionismo, la agrexofilia, o cualquiera de sus variantes, tuviesen un lugar seguro donde poder excitarse sin llamar la atención o arriesgarse a ser detenidos por la policía. Por supuesto, siempre hay gente que toma como incentivo el ser descubierto, pero otras personas, como nosotros, prefieren ir a lo seguro.-
Pasaron por una sala de dimensiones considerables, paredes de color apagado y luz tenue donde un trío, compuesto por un hombre y dos mujeres realizaban una postura digna del kamasutra. El dueño y su pareja les miraron, sonrientes. Scully bajó la cabeza enseguida. Aunque le dio tiempo suficiente para fijarse bien en la postura. Interés científico. Mulder abrió la boca sorprendido cuando creyó empezar a ver más manos de lo normal. El hombre era realmente afortunado.
Ethan les indicó un lugar para dejar sus abrigos y siguieron adelante. Abrió una puerta al final de aquella sala. En ella había una música más calmada, seis colchones de grandes dimensiones y un par de parejas esperando en el interior. Las dos parejas eran más o menos de su misma edad, atractivas. Hablaban cómodamente entre ellas hasta que les vieron llegar y se levantaron a saludar. Antes de que llegasen, el señor Thomas acabó su monólogo.
- Hacer el amor con su pareja delante de otras parejas que le estén observando. Es lo único que buscamos-
A Scully se le paró la respiración. Hacer. El Amor. Sexo. Quizá había sido una mala idea. ¿Cómo iban a interrogar a alguien mientras follaba a su lado? Se le encogió el estómago y su mente volvió a su tierna edad de dieciséis años, mientras Charlie Mitchell intentaba meterle mano en una fiesta. Recordaba como le había pedido por favor que fuesen a otro sitio más tranquilo. Sentía que la estaba mirando todo el mundo y eso la había puesto enferma. ¿Cómo sería capaz de enfrentarse a esto? Ya no podían echarse atrás.
Se dio cuenta de que todos sus intentos anteriores de dejar apartados sus sentimientos acababan de terminar en fracaso rotundo. ¿De verdad iba a hacer el amor con Mulder allí? ¿Su primera vez iba a ser de esa forma? Ellos no eran normales, no debería aterrorizarla la idea de que aquello tampoco fuese a ser normal. Pero por una vez, aunque solo fuese por una vez, deseaba que su primera vez juntos fuese en una cama. Solos. Un sitio donde poder quedarse dormida a su lado y levantarse a desayunar por la mañana. Era un sueño simple y tonto. No se hacía a la idea de que no fuese a cumplirlo.
Las parejas se presentaron amablemente. Scully no concebía tanta naturalidad. Le vino a la mente una imagen de ella misma confesándose con el padre McCue. "Padre, he pecado" "¿Por qué hija mía?" "Porque he tenido sexo en grupo". A pesar de su voto de confidencialidad no podría callarse. Se lo contaría a cualquier beata de la iglesia, su madre se acabaría enterando y le daría un infarto. Y Bill Scully mataría a Mulder. Lógico.
- ¿Desean tomar una copa?- les preguntó uno de los hombres que les acaban de presentar.
- Sí, gracias-
El hombre les mostró la botella de Whisky mientras Mulder afirmaba con la cabeza. La otra pareja que se les acababa de presentar estaban abrazados. Él tenía la mano bajo el pantalón de su mujer, y ella le acariciaba con suavidad el pelo. Sonrieron a Mulder cuando vieron que éste les miraba y parecieron animarse más.
Les trajeron las copas y no les dio tiempo de tomar el primer sorbo cuando la pareja más acaramelada sacó el tema de los asesinatos a relucir. Scully pensó que o tenían algo que ver con ello, o tenían unos gustos sexuales muy extraños.
Espera. Tenían gustos sexuales muy extraños.
- Los Luson nos comentaron que estabais preocupados por las desapariciones que han sucedido hace poco-
Habían estado de acuerdo en dejar las formalidades y tutearse desde el primer momento.
- Y asesinatos- recalcó Scully – la verdad es que sí. Una no puede dejar de pensar en todas las cosas horrorosas que ocurren en este mundo. Aunque tampoco puedes dejar de vivir por ellas.- La mujer iba a contestar cuando Scully se adelantó- La señora Luson nos dijo que les conocían. ¿Ustedes también?- acabó dando un pequeño sorbo a su copa, con aire despreocupado.
- Eran buenas personas. Nosotros les conocíamos de vista. Les iba más el intercambio de parejas, como a los Luson.-
El dueño del local interrumpió la conversación.
- Bueno, no pensemos en esas cosas ahora. No creo que sea un tema apropiado para esta noche- sonrió nerviosamente y se dio la vuelta para besar a su chica.
Las demás parejas no protestaron e hicieron lo mismo. Se acercaron cada una hasta lo que parecían colchones, colocados estratégicamente por toda la sala.
Mulder la cogió de la mano para ir hasta uno de ellos. Donde observaba no sólo a las demás parejas, sino también la puerta y controlaban un poco toda la habitación. Se sentó. El colchón era blando y bastante cómodo. La tela que lo cubría era suave y Mulder la recorrió un instante con sus manos antes de volverse hacia Scully, que se había sentado a su lado.
Las demás parejas ya habían comenzado a besarse y a acariciarse. De vez en cuando alguna de ellas les echaba una mirada furtiva. Debían empezar ya. Scully fue la primera en hacerlo. En un movimiento rápido y casi sin pensar se sentó a horcajadas encima de él, dando así la espalda al resto. Se acercó a su cara, esquivando sus labios en un movimiento imposible. Sintiendo casi la frustración de Mulder por haberlo hecho. Se acercó a su cuello e inspiró. Podía distinguir la colonia, cómo también podía distinguir el olor de las gotas de sudor que caían en la trampa mortal del cuello de su camisa. Notaba su pulso acelerado, tanto o más que el suyo. Se acercó a su oído, susurrante.
- Mulder- atrapó el lóbulo de su oreja con sus dientes, jugueteando con la lengua- tenemos que buscar una excusa para salir de aquí- Cogió su cara entre sus suaves manos y le miró fijamente.
Mulder se sintió un poco dolido por la frase. Aunque su cabeza sabía que Scully lo decía por el lugar en el que estaban, él no podía dejar de pensar que ella se quería ir de allí para no tener que seguir besándole. Sus ojos eran oscuros a aquella luz y de una profundidad infinita. Se quedaron quietos. Observándose.
Y a pesar de ser una constante universal e inalterable. El tiempo se detuvo. Tantos años huyendo de aquella verdad que se les presentaba ahora cristalina. No era malo lo que estaban haciendo. Puede que fuese lo más correcto que harían durante toda su vida. Aunque por supuesto era mucho más fácil enfrentarse a aquello dentro de aquel marco artificial.
Los gemidos de las demás parejas les hicieron volver momentáneamente a la realidad. Mulder echó un vistazo. Estaban revolcándose medio desnudos. Se avergonzó al darse cuenta de que aquella visión de cierta forma le excitaba, aunque no lo hacía tanto la idea de que le vieran a él, por eso, cuando Scully comenzó a desabrochar uno por uno los botones de su camisa se debatió entre dejarse llevar por aquello, o intentar mantener la sangre fría.
Ella se movió sobre su regazo, haciendo contacto directo sobre su sexo. Mulder lo tomó cómo una señal más que clara. Estaba bien. Se dejaría llevar.
Comenzó por su garganta. Besos abiertos. Húmedos. Scully luchaba con su camisa y él bajaba un poco más el cuello de su camiseta. Lamió el principio de sus pechos, mojados por una leve transpiración y dejándolos totalmente húmedos por su saliva. Notaba como el corazón de Scully bombeaba con fuerza y su respiración agitada. Pero necesitaba más. Sus manos se movieron sobre la espalda de Scully, buscando un hueco bajo su camiseta para notar la piel de la espalda bajo sus dedos.
Ella tembló. Sentir a Mulder en contacto directo sobre su piel era enloquecedor. Cerró los ojos e intentó controlarse. Era Mulder, sí. Pero ella parecía estar comportándose como una adolescente embobada por la fuerza sexual de su compañero. No podría sacarse el manojo de nervios de encima, pero al menos esperaba centrarse lo suficiente para pensar en cómo salir de allí sin acabar haciendo el amor con Mulder. ¿Un repentino ataque de pudor?
Un gemido escapó de su garganta cuando Mulder tiró de los hombros de Scully hacia abajo, al mismo tiempo que levantaba las caderas. Haciendo contacto directo con su sexo. Duro. Dios. Deberían estar actuando. Pero la erección de Mulder no dejaba lugar a muchas dudas. Se movió sobre su sexo. Caliente. Tentándola. Lo único que quería era arrancarle el pantalón y que la penetrase hasta el fondo. Lento. Rápido. Fuerte. Suave. Más. Los gemidos de las demás parejas era lo único que se lo impedía, atándola a la realidad. Mulder bajó la manga de su camiseta y sus labios capturaron su hombro.
Jamás había sentido tantas ganas de gritar el nombre de Dios en vano.
Lo mordió, y después besó el mismo lugar donde lo había mordido. Scully terminó de desabrocharle la camisa y Mulder se separó para quitársela. Llevaba una camiseta de algodón blanca. Scully metió las manos debajo. El pecho de Mulder el duro. Sus manos subieron y bajaron por éste, queriéndolo abarcar entero. Notaba la respiración agitada de Mulder bajo sus manos. Cómo su pecho subía y bajaba y lo caliente que estaba. Vibraba por dentro. Tiró de ella hacia arriba y se quitó. Se quedó mirándole el pecho durante unos segundos interminables. Mordiéndose los labios. Decidiendo cual iba a ser su siguiente paso.
Los dedos de Mulder en su barbilla hicieron que volviese a mirarle a los ojos. Cogió el rostro de Scully entre sus manos y la miró, pasando uno de sus dedos pulgar sobre sus labios. Ella pudo sentir su tacto. Suave. Había estado retrasando ese momento. Pero sabía que era ahora o nunca. El corazón le bombeaba con tanta fuerza que parecía salírsele del pecho. Sus manos se establecieron en el pecho de Mulder, sujetándose.
Sus alientos comenzaron a ser uno y los párpados le cayeron inconscientemente. El besó resultó inevitable. Dos polos opuestos que se atraen. Ciencia y fe.
Primero los labios. Un reconocimiento superficial. Lo bastante bueno para subir de nivel. La lengua de Mulder se abrió paso y Scully sintió enseguida como le hacía cosquillas en el interior de su boca, aunque casi parecía sentirla por todo su cuerpo. Se abandonó por completo a aquel beso. Las razones que en un principio le parecieron coherentes para no besarle, ahora le parecía burdas excusas de adolescente.
Saliva y desesperación. Saborear a Mulder. Tenerle entero. Hábil. Granulosa. Podía sentirla en todos los rincones de su cuerpo. En cada dentellada de sus lenguas. Rápido. Lento. Un abrazo mortal.
Abrió los ojos mientras le besaba con la boca abierta, quería verle. Quería ver la expresión de su cara y sentir que aquello era real. Que le estaba besando de verdad. Por un momento se olvidó de dónde estaban y porqué estaban ahí.
El corazón le dio un vuelco y paró a medias el beso. Aún seguían pegadas sus bocas, pero sus lenguas estaban quietas. Mulder la estaba mirando. No había cerrado los ojos desde el comienzo del beso y sus miradas se fundieron cuando ella decidió abrir los ojos. No se esperaba aquello. Se habían pillado in fraganti ambos, pero ninguno hizo ningún movimiento que demostrase algún dejo de vergüenza.
Al contrario. Mulder abrió su boca un poco más para deslizar su lengua dentro de su boca, cogiéndola del culo y atrayéndola hacia él. Scully se meció lentamente sobre su erección y le devolvió el beso. Sus ojos seguían abiertos. Midiéndose.
Una de las parejas que había a su alrededor comenzó a gritar. Scully se dio la vuelta en un acto innato, interrumpiendo el beso de Mulder y el ambiente íntimo que habían conseguido. No pasaba nada. Nada que mereciese su intervención. Pero los vecinos de los pisos colindantes tendrían que estar hartos.
- Eh, Scully- susurró Mulder- no sabía que te gustaba mirar- sonrió.
Entre los gritos y la dedicación que estaban poniendo los demás en el sexo, era casi imposible que les oyeran, pero aún así Scully le golpeó ligeramente el brazo.
- Dana, William-
Mulder seguía jugando con sus dedos dentro de la camiseta de Scully. Paseándose por encima del cierre del sujetador. Sabía de sobra que ella no se quitaría ninguna prenda delante de los demás, pero no estaba de más insinuárselo.
Gracias, o a causa de la interrupción, habían vuelto más o menos a la realidad. Una cosa era meterse de lleno en el caso, hacerse pasar por una pareja y hacerse carantoñas, pero otra era llegar a los extremos que hacía menos de un par de minutos habían estado dispuestos a llegar.
Scully empezó a pasarlo mal. La sensación de placer causada por la cercanía de Mulder, junto a la de malestar por estar siendo observada, mezclada con la tensión de poder estar cerca de unos asesinos múltiples pudieron con ella. Empezó a temblar inconscientemente. A veces, cuando un caso la sobrepasaba su cuerpo comenzaba a temblar. Pero ella sabía controlarlo suficiente para que no se le notara desde fuera. Pero Mulder estaba pegado a ella. Ojalá fuese tan fría y distante como aparentaba ser en los pasillos del FBI.
La abrazó. Sus pechos se aplastaron con el pecho de Mulder y éste bajó sus manos, aunque sin sacarlas del todo de su camiseta.
- ¿Está todo bien?-
"Estás debajo de mi, excitado. Te deseo. Eso tendría que ser suficiente para estar bien." "Pero no soy la reina de hielo" quiso gritar.
Afirmó con la cabeza.
- Todo bien- Por supuesto. Además, esa duda seguía latente en su cabeza. ¿Mulder estaba excitado porque se sentía atraído por ella? Puede que le excitase en esa situación solamente. Y ella sabía que quería besarle otra vez, y no tan sólo cuando la obligasen.
Pero ya que la obligaban no iba a desaprovecharlo.
Le rodeó el cuello con sus brazos y agachó la cabeza. Quizás le doliera más mañana. Pero había aprendido a vivir el ahora con Mulder.
Sus lenguas se encontraron de nuevo. Volvió a mecerse sobre aquella erección que cada vez parecía más desafiante y las manos de Mulder volvieron a pasearse por todo su torso. Sólo que esta vez empezaron a pasearse por delante, rozando ligeramente sus pechos por encima del sujetador. Se hundió más en él. Podía notar el sabor del Whisky en su boca. Sus dentelladas rápidas, hambrientas. Una mano varonil se colocó definitivamente en su pecho derecho, y al segundo su gemela hizo lo mismo con el otro. Estrujaba. Despacito. Sin atreverse a bajar el sostén. Temblando como el que quiere más.
Scully sintió la necesidad biológica de sentirle un poco más cerca. De traspasar el toqueteo juvenil. Se separó lo justo para buscarle por encima de los pantalones. Mulder gimió dentro de su boca cuando la mano de Scully agarró su erección y comenzó a acariciarle por encima de la ropa.
- Scully- gruñó con la voz ronca. Seguramente deseaba avisarla del camino que estaba tomando. Pero ella ya estaba cansada de querer y no tener. De las noches vacías. De los orgasmos solitarios.
- Dana- le contestó y volvió a bucear con su lengua en su boca abierta.
Podía sentir como la erección de Mulder quemaba su mano. Subía y bajaba a un ritmo acompasado con sus lenguas. Notaba su forma redonda, su firmeza. Quería metérsela en la boca. Quería que la penetrase fuerte. Quería que la penetrase suave. Quería tantas cosas que aún estaba decidiendo que hacer primero.
Su mente le decía que no debía hacer nada de aquello en aquel momento, y que debía salir de allí. Pero la razón no le funcionaba bien en aquel instante. No mientras que Mulder siguiese acariciando su sexo húmedo por encima de la ropa. Había sido uno de sus últimos movimientos, y sin duda, el más acertado.
El sonido de una puerta al abrirse con fuerza y chocar contra la pared les distrajo momentáneamente, aunque no del todo.
- FBI! No se muevan!-
Mulder apartó a Scully de su regazo y se levantó rápidamente, algo que Scully imitó al momento. Sus piernas flojearon un segundo pero luego encontró la fuerza que buscaba y se volvieron más firmes.
Dios. Aquello no era posible.
Miró hacia la puerta y vio a varios agentes armados situarse estratégicamente para controlar el lugar. Las demás parejas se vestían rápidamente y el agente que acompañaba a Tedson en la morgue ponía las esposas al dueño del local
Qué. Estaba. Sucediendo.
La rabia tanto de Mulder fue en aumento. ¿Por qué puñetas no habían sido avisados? ¿Qué podían haber descubierto en una hora que justificase el haber entrado allí de esa forma? Aunque su verdadera rabia surgía de la interrupción abrupta en uno de los momentos más íntimos y eróticos que habían tenido entre ellos dos. Apuntó mentalmente "estrangular a Tedson" en cuanto volviesen a ser un par de agentes del FBI.
- Tiene derecho a permanecer en silencio- le ayudaron a que se pusiese los pantalones – tiene derecho a pedir un abogado- Jamie empezó a golpear a un agente y éste la empujó con poca sutileza -Todo lo que diga o haga será utilizado en su contra ante un tribunal. ¿Ha comprendido bien todos sus derechos?-
Ethan empezó a insultarles y se resistió. Los agentes lo controlaron y lo sacaron fuera.
- ¡Jamie! ¡Cierra el pub y llama a mi abogado enseguida!-
Las otras dos parejas se vistieron y Mulder recogió corriendo su camisa para ponérsela. Scully recogió su camiseta de algodón y se la dio a Mulder, poniéndosela estratégicamente en su aún abultado pantalón. Viendo aquel panorama no tendría que llevarla mucho tiempo.
Volvió a maldecir por lo bajo.
- No se preocupen- comenzó a decir Tedson en voz alta.- Todo está controlado. Agentes federales-
Les hicieron salir de aquella sala. Mulder y Scully hicieron como si no les conociesen y todos los demás agentes actuaron igual.
Cuando salieron por la puerta, el agente Tedson metió un papel en el bolsillo de la chaqueta de Mulder. Ellos siguieron caminando hacia la salida como si nada, sólo interpretando su papel de asombro e indignación. Aunque en realidad no tenían mucho que interpretar. Los Luson se acercaron a ellos, mientras salía todo el mundo hacia la calle.
- ¿Se encuentran ustedes bien?-
- Sí, gracias.- contestó Scully, mientras se dirigían a recoger sus abrigos. La sala dónde había estado aquel trío estaba ya desierta.
No tardaron en llegar a la puerta de la calle, dónde la gente se resguardaba amontonada bajo el toldo del Intimate. Aún seguía lloviendo fuera, a pesar de no ser una noche demasiado fría.
Sarah Luson no dejaba de hablar y de repetir que no se lo podía creer. Su marido la abrazaba tiernamente. "Son cosas que pasan", le había dicho.
Pero no deberían pasar.
Mulder la dejó sola un momento y se pegó una carrera hasta el coche. La lluvia mojó enseguida su pelo y notó como se colaban por el cuello de su camisa. Un poco de frío no le venía nada mal en aquel momento.
Llegó al poco rato con el coche y le abrió la puerta desde dentro. Scully se despidió de los Luson y entró corriendo. Se intentó adecentar un poco el pelo con las manos. La lluvia se lo dejaba ondulado y ella lo odiaba.
Cuando salieron a la carretera el silencio pareció invadirles y con ello una cierta tirantez. No habían estado haciendo lo que habían estado haciendo. ¿Verdad? Mulder sacó un papel de su bolsillo y se lo acercó a Scully. Ella lo abrió y lo leyó:
"Agentes, hemos contrastado las huellas de los neumáticos encontrados en el descampado con el coche del sospechoso y coinciden. Tenemos una orden para entrar en su casa. Les esperamos en Crímenes Violentos."
Cogió la salida que se dirigía al centro de la ciudad, donde estaba el edificio Hoover. Scully le miró. Intentaba aparentar estar absolutamente concentrado en la carretera, aunque sabía que Scully le conocía demasiado bien para saber que estaba a kilómetros de allí.
- ¿Cuándo te dio esto?- le preguntó para dejar un poco de lado un poco el silencio.
- Me lo metió en la chaqueta antes de salir-
Silencio de nuevo. Un poco menos denso. Algo más suave. Volvían al trabajo y a su territorio.
- ¿Crees que encontraremos algo en aquella casa?-
Se encogió de hombros.
- Espero que sí-
Intermitente a la izquierda. El edificio Hoover era inmenso por la mañana, pero por la noche era también intimidador. Mulder siempre había pensado que lo habían construido especialmente para que impusiese así. Toneladas de hierro y cristal para dar la impresión de seguridad y firmeza.
El guardia de seguridad les dejó pasar y aparcó en su plaza de siempre.
Aquella iba a ser una noche larga.
FIN DE LA SEGUNDA PARTE
