SALA DE INTERROGATORIOS
OFICINAS DEL FBI
12:33 a.m.
Siempre había sido bastante reservada con sus emociones y sentimientos. Al contrario que su hermana Melisa que siempre estaba repartiendo abrazos entre los que más quería, ella no se sentía a gusto mostrando lo que sentía. Sabía que era un medio para protegerse a sí misma de los demás, si no mostraba sus sentimientos, si no se entregaba por completo, no podrían herirla hasta el punto de destrozarla. Por eso se había cerrado en banda con Mulder, siguiéndole y apoyándole, siempre, pero cerrando su corazón. Nunca había sido fácil, pero siempre lo había controlado. Control. Esa era una de sus palabras preferidas. Todo lo había tenido bajo control hasta ese caso. Hasta que entraron en aquel bar.
Aún seguía nerviosa. A pesar de volver al terreno que conocía, al FBI y sus oficinas, una parte de ella seguía en aquel pub, sobre el regazo de Mulder, sintiendo su respiración. Y era por ello que el aire que en ese momento respiraba se hacía increíblemente denso. Sabía que no era científicamente posible y que debía de estar solo su cabeza, pero era denso. Lo suficiente para que le costase trabajo respirar, tan denso que habría cogido el aire entre sus dedos de haber alzado la mano en aquel instante. La invisibilidad se había convertido en visible y el mundo que la rodeaba le parecía lejano. Como sus voces.
Hacía poco más de veinte minutos que habían llegado a las oficinas del FBI y todo había sido un hervidero de prisas, tonos de voces más altas de lo normal y teorías. El agente Robison, el protegido de Tedson, estaba junto a los mejores de sus hombres buscando algún indicio de culpabilidad del sospechoso gracias a la orden de registro que habían obtenido para entrar en su casa, mientras ellos se disponían a observar el interrogatorio a través del cristal.
Mulder estaba a su lado. Lo notaba inquieto, frustrado. Estar encerrado en una pequeña sala viendo como los demás hacían el trabajo mientras él simplemente miraba le ponía nervioso. Se paseaba junto a ella de un lado a otro, observando como el señor Thomas se movía impaciente en la silla. Llevaban esperando unos minutos a que llegase el abogado. Tedson había estado maldiciendo por aquello la última media hora.
Y en general, a ella tampoco le gustaba estar encerrada. Seis años en su trabajo con los Expedientes X le habían acostumbrado a ser un agente activo. Poco papeleo, mucho trabajo de campo. Ahora, no sólo se sentía utilizada, sino apartada. Haciendo gran parte del trabajo y dejándoles de lado en los momentos claves, en cierta forma menospreciándolo. Sí, sabía muy bien como debía estar sintiéndose Mulder.
Casi no habían hablado desde que salieron del coche en el aparcamiento del FBI, y lo poco que habían comentado había sido sobre el caso. En realidad, qué más tenían que comentar, todos sus actos habían estados condicionados por aquella situación. Si tan sólo tuviese la valentía de decirle a Mulder que aquel no era un caso más para ella.
- Bien, Thomas. Aquí llega su dichoso abogado-
Escuchó tras el cristal. El abogado del señor Thomas era casi de su misma edad, pelo rubio, ojos oscuros, estatura media, complexión media, ningún rasgo característico importante. Le vino la palabra "vulgar" a la mente. Aunque su traje decía algo más de él, sabía vestir y definitivamente la calidad de la tela hacía que le sentase como un guante. Tener clientes poco respetables siempre había dado dinero. Empezó a hablar por lo bajo con su cliente en cuanto Tedson salió de la sala.
La puerta de la antesala en la que estaban ellos se abrió, dejando entrar al enfuruñado agente, seguido por Skinner, con semblante serio.
- ¡Perdiendo el tiempo! Eso es lo que estamos haciendo. Malditos chupatintas de tres al cuarto- refunfuñaba Tedson por toda la habitación, dando vueltas.
- No le vamos a sacar nada-
Tedson miró a Mulder furioso. Todos lo habían sabido desde que pidió un abogado, pero que se lo hiciesen oír, posiblemente era lo que más le molestaba.
- ¿Tiene algún problema agente Mulder? Porque no es que haya ayudado mucho desde que llegó usted aquí-
Le enfrentó con la mirada. La camisa arrugada y el pelo alborotado por el sudor le hacían parecer un enfermo de esquizofrenia. Mulder no se echó para atrás.
- Ah, ¿pero nos han llamado para ayudar? Creí que simplemente querían que hiciésemos el trabajo sucio-
Scully se puso a alerta. Mulder no solía ver los límites en estas situaciones, y Tedson no parecía ver nada en ese momento. Observó como Skinner daba un paso hacia delante, preparado como ella por si tenía que evitar algo peor que una afrenta verbal.
- Mulder- intentó que su voz sonase calmada para tranquilizarle. Tenía toda la razón en lo que estaba diciendo, pero aquel no era el momento ni el lugar. Pareció calmarse.
- Agente Tedson- bramó Skinner- creo que va siendo hora de interrogar al sospechoso- Era verdad. Thomas y su abogado ya estaban listos. No debían hacerse esperar.
Dio un par de pasos hacia la puerta, volviéndose de nuevo con la mano sujeta al pomo. Parecía aún enrabietado y fue como si escupiera, literalmente, sus palabras.
- Ya le he calado agente Mulder, y no dejaré que se haga la víctima ni que me suelte sermones sobre el trabajo sucio, cuando he visto con mis propios ojos como disfrutaba muy bien de él-
Maldito cabrón.
Desvió su vista de Mulder hacia Scully y sonrió estúpidamente. Uh-Oh. No sabía con quien estaba jugando. El movimiento de Mulder fue más rápido que la racionalidad de Scully y que el entrenamiento militar de Skinner. Un puñetazo directo y la espalda de Tedson chocó contra la puerta a la vez que su cuerpo se doblaba ante el dolor en el estómago. Scully se agachó enseguida, no sin echar antes una mirada de reproche a Mulder.
- ¡Agente Mulder!- Dijo Skinner con dureza- salga de aquí ahora mismo-. ¿Cómo se encuentra, agente Scully?-
- Estoy bien- dijo Tedson al tiempo que se levantaba con las manos aún en el estómago, como si le costase trabajo respirar. No iba a darle el placer a Mulder de ver que realmente le había hecho daño.
Scully miró a Skinner reafirmando el estado de Tedson. Solo había sido un golpe lo suficientemente fuerte para asustarles, pero no como para romperle nada. Al final parecía que Mulder se había controlado.
Sentía la mirada de Mulder mientras ella se levantaba, pero no era capaz de enfrentarse a él en aquel momento. No después de la desagradable confesión de Tedson. Cómo disfrutaba muy bien de él. Skinner volvió a hablar fuertemente, ejerciendo como el superior que era.
- Agente Mulder, le he dicho que salga fuera y espéreme- palabra por palabra, despacio, dejando al final de cada sílaba un dejo de enfado- Agente Scully, usted quédese aquí, y supervise el interrogatorio-
Mulder salió, no sin antes ser el protagonista de otro momento violento –esta vez solo figuradamente- al pasar al lado de Tedson para salir. La espalda militar de Skinner, le siguió en el trayecto a los pocos segundos.
Ethan hablaba por lo bajo con su abogado cuando Tedson entró en la sala de interrogatorios. Tras un instante de tensas miradas, por fin el agente habló.
- Bien, señor Thomas. Me imagino que ya sabe porqué está usted aquí-
- En realidad, eso mismo nos estábamos preguntando- respondió el abogado sin dar tiempo a que su cliente contestase- Lleva encerrado aquí una hora y aún no sabemos de que cargos se le acusa. Tendrá que dar muchas explicaciones ante el juez, agente…-
- Tedson- contestó. Aún lo suficientemente confiado para no dejarse acobardar ante un abogado carroñero- Cole Tedson. Puede escribirlo en su libreta si quiere.- Así lo hizo- Le hemos detenido señor Thomas como sospechoso principal en una investigación de secuestro y asesinato.-
-Oh por favor, eso es una estupidez- bramó el abogado. Thomas miraba fijamente sus propias manos entrelazadas encima de la mesa. Tedson abrió la carpeta que había cogido justo antes de entrar. – Neil y Laura Breedly – les enseñó las fotos de sus cadáveres- Michael y Mary Ann Kennicot- pasó la página para que viese la foto de la última pareja.- Thomas giró la cabeza asqueado. – Sin contar a Andrew y Helen Collins- ¿Le suenan de algo?-
- Sí- contestó, justo al tiempo que levantaba la
mirada hacia Tedson-
- No tienes que contestar a nada, Ethan- subrayó el abogado. Aunque no tuvo mucho éxito.
- Frecuentaban mi local, así que les conocía-
- Allí se conoce muy bien a la gente, ¿verdad?-
- No les conocía de esa forma. No teníamos los mismos…gustos.-
- ¿Ah no? Creí que le gustaba todo ese sexo enfermizo. Ahora me va a decir que no, que usted es un clásico.-
- A mi sólo me gusta que me miren. A ellos les gustaba participar- dijo con tono de voz lascivo. Estaba probando distintos métodos con los que tratar al policía. La ironía era su preferido.-
- Hemos encontrado las huellas de su coche en el descampado donde fueron encontrados los Kennicot, señor Thomas. Así que deje su encanto infantil para quien le interese. ¿Dónde están Andrew y Helen, Ethan? ¿Los ha matado o les tienen tus cómplices? ¿Os gusta tenerles encerrados?-
- ¿Ahora no soy yo solo? ¿También tengo cómplices?-
- Venga señor Thomas, usted puede. Dígame nombres. Dígame donde están Andrew y Helen. ¡Dígame dónde coño están!-
- ¡No toleraré ese trato! Mi cliente no tiene porque ser tratado como un criminal-
Tedson hizo caso omiso al abogado. Siguió interrogando a Ethan. Su cabeza iba a explotar, todo parecía inútil. Sus jefes le estaban atosigando, la prensa no hablaba de otra cosa y encima a él le habían puesto como ayudantes a dos malditos burócratas que creían en extraterrestres. Estaba empezando a perder realmente los nervios. Tenía que haber otra forma de actuar, otra forma de llegar hasta Ethan Thomas. Una en la que su maldito abogado no estuviese presente.
"No tienes porqué contestar Ethan" "Está acosando a mi cliente, agente" "Carecen de pruebas que le inculpen"
Sí tiene que contestar. Claro que le estoy acosando. Sí, maldita sea. Le acoso porque no tengo pruebas.
La puerta de la sala se abrió y volvió la cabeza. Mulder y Skinner ya estaban de vuelta. Skinner parecía más agotado que cuando había subido, pero su cara no reflejaba ningún sentimiento, en cambio la cara de Mulder tenía su típica expresión de "me da igual lo que me digas porque sé que llevo razón y haré lo que me de la gana". Otra bronca más, supuso, en su larga lista.
- ¿Qué tal lo lleva?- le preguntó Skinner a Scully, mientras miraba el interrogatorio a través del cristal.
- Mal- no pudo ser más franca- saben que solo una marca de neumático no es suficiente-
- ¿Qué dice el sospechoso?-
- No niega que fuese al descampado, pero solo admite que estuvo allí con su pareja para divertirse- Prefirió elegir esta palabra en lugar de "follar". Mulder la estaba mirando y la sola idea de hablar de sexo delante de él después de lo ocurrido la turbaba demasiado. - ¿Se sabe algo de la casa? ¿Han encontrado algo los agentes?-
Justo cuando Skinner le iba a contestar, Tedson entró en la sala cerrando con un fuerte portazo que les distrajo a ambos. Había estado hablando con su pupilo, el agente Robinson, a cargo del registro de la casa de Thomas. Se dirigió a ellos con la misma furia y gesto amenazante con el que había entrado en la habitación.
- Nada- dijo con voz ronca y respondiendo a la pregunta de Scully- No han encontrado nada. Bueno, en realidad sí, han encontrado unos gramos de coca en el baño, lo que quiere decir que podemos acusarle de posesión ilegal de drogas. Dos meses máximo. Y con ese abogado que tiene conseguirá la condicional antes de ver los barrotes de una cárcel-
- Creo…- empezó a decir Skinner, no muy seguro de sus palabras- que será mejor que subamos a mi despacho para decidir nuestros siguientes pasos-
Tedson fue el primero en salir, furioso y maldiciendo por lo bajo. La siguiente fue Scully notando la presencia de Mulder a su espalda.
Skinner fue el último en entrar a su despacho. Cerró la puerta tras él e invitó a todo el mundo a sentarse. Scully se aseguró de colocarse entre Tedson y Mulder.
- Agente Tedson, de momento será mejor que mantengamos esta noche detenido a Thomas acusado por posesión de sustancias ilegales, probablemente podremos retenerlo un par de días hasta que su abogado consiga sacarle bajo fianza, lo que nos dejará algo de tiempo hasta que encontremos alguna prueba con que poder incriminarle sobre los secuestros y asesinatos. - Tedson se le quedó mirando. Él era el jefe de aquella operación y no debería seguir órdenes. Pero un director adjunto siempre era un director adjunto, así que afirmó con la cabeza, pensativo.
- ¿Seguiremos infiltrados señor?- preguntó Mulder.
A Scully empezó a latirle fuertemente el corazón y otras partes en las que prefería no pensar en ese momento.
- Eso será mejor hablarlo con más calma mañana por la mañana. Esta noche está siendo muy larga y estamos todos demasiado agotados. Váyanse a descansar, mañana les quiero aquí a primera hora.- y miró a Mulder fijamente. Después desvió la vista hacia Scully- Agente Scully, usted quédese un momento-
Se puso alerta, repasando mentalmente todo lo que podía haber hecho enfadar a Skinner y no necesitó nada más que un par de segundos para estar completamente segura de que Skinner quería comentarle el enfrentamiento de Mulder contra Tedson, el cual salía ya por la puerta. Se preparó todas sus respuestas pro-defensivas de Mulder. Ella misma se había quedado con ganas de golpear a Tedson en la cara.
Mulder se les quedó mirando, como si lo hubiesen planeado para dejarle fuera. Intercambiando su mirada de Scully a Skinner, buscando una respuesta de porqué él no había sido invitado a la fiesta. Skinner se dirigió a él fríamente.
- ¿Desea algo más agente Mulder?-
- Verá… Hemos venido juntos en el mismo coche, señor- puntualizó.
- En ese caso estoy seguro de que no le importará esperar fuera un momento-
Mulder no tuvo más remedio que salir por la puerta. Skinner se quitó las gafas y con un gesto de la mano invitó a Scully a tomar de nuevo asiento, esta vez en una de las sillas frente a su mesa. Él se quedó de pie, apoyado con una mano sobre la mesa de su despacho mientras la miraba fijamente. Desde esa perspectiva parecía tener mucha más autoridad. Aunque el hecho de que le costase comenzar la conversación lo aminoraba un poco.
- Verá agente Scully- comenzó Skinner, pero Scully le cortó.
- Fue error señor-
- ¿Disculpe?-
- Estoy segura de que en realidad el agente Mulder no quería golpearle.-
- Oh, yo sí que estoy seguro de que quería hacerlo- la tomó por sorpresa- pero no es de eso de lo que quería hablar con usted.-
Movió las manos nerviosamente sobre su regazo y cruzó las piernas. Aún llevaba puesta la ropa que había utilizado para ir al pub y no se sentía demasiado cómoda. Le gustaría haber tenido un traje en su despacho para poder cambiarse. Skinner se puso las gafas de nuevo y respiró hondo. Scully se subió discretamente el escote.
- ¿Tiene ya los resultados de la autopsia?-
Scully arqueó instintivamente las cejas. ¿La autopsia? ¿Skinner quería verla a solas para hablarle de la autopsia?
- Los análisis que les hicimos llegarán por la mañana… señor.- dijo, aún poco convencida. Skinner la miraba, pero no la veía. Parecía estar más lejos de allí.- ¿Señor? ¿Se encuentra bien?-
Por fin pareció centrarse en su mirada. Scully al segundo se arrepintió de haber deseado que lo hiciera.
- Si este caso la supera, quiero que me lo diga.- Conversaciones paternalistas con su jefe justo después de haber estado magreándose con su compañero. Bien. Perfecto. Estupendo.
Skinner continuó.
- Si cree que no puede hacerlo, o le causa algún problema moral o de cualquier tipo.- hizo una pausa, que aprovechó para sentarse- Sé que en ese sitio no pueden simplemente observar y que tienen que…- buscó las palabras adecuadas- integrarse en el grupo. Y puede que la próxima vez no sea con Mulder-
El estómago se le encogió. En realidad –quiso decir- tengo más problemas al ser con Mulder. Con otra persona no tendría que enfrentarse a toda esa clase de sentimientos. A problemas morales cristianos, quizás. A problemas psíquicos interiores y auto-flageladores, para nada. Con Mulder todo era más difícil. Infinitamente mejor, no tenía duda, pero también más arduo y complicado.
- No se preocupe señor- obvió el hecho de que Skinner solo había querido hablar de este asunto con ella, seguramente por ser mujer- puedo manejarlo.
Cogió aire. Era verdad lo que decía Skinner. Si tal y cómo habían averiguado, todas las parejas desaparecidas hacían intercambios entre ellas, Mulder y ella también tendrían que intercambiarse para descubrir algo, sobre todo después del fracaso en el interrogatorio. Menos problemas emocionales. Menos problemas emocionales. Menos. Problemas. Emocionales.
- Estoy bien, señor- Volvió a repetir, cuando se dio cuenta de que Skinner seguía mirándola fijamente sin decir nada.
- Bueno- Pareció volver por fin en sí- esa afirmación viniendo de usted, no es que sea muy tranquilizadora-
Muy agudo.
- Pero es la verdad, señor. Estoy bien. Podré sobrellevarlo-
Skinner volvió a colocarse por undécima vez las gafas con una mano. Scully se concentró en sus zapatos, a la espera de que Skinner la dejase en libertad.
- Me alegra escuchar eso. Pero si cambiase de opinión, quiero que sepa que tiene todo mi apoyo-
Levantó la vista enseguida, algo con lo que por lo visto Skinner no contaba. Maldijo de nuevo el haber tenido que ir vestida así a la oficina. Su voz pausada y el gesto paternal le habían hecho olvidar por un momento que además de su jefe, era ante todo, un hombre.
- Gracias señor- dijo, y se levantó sin esperar a que él lo hiciese primero- pero no hará falta.- concluyó. El haberle pillado mirando directamente hacia su escote le daba algo de ventaja para poder salir de allí enseguida. Vivía en un mundo de hombres, sino hubiese aprendido a manejarlos desde el principio habría estado perdida.
Salió junto a Mulder, recorriendo el pasillo. Notó la mirada fija de Skinner tras ellos. Mulder la había estado esperando como un buen chico sentado en el sofá del antedespacho, siguiéndola silenciosamente hasta el aparcamiento, sentándose en el asiento del conductor y arrancando sin decir una palabra. El haber llegado en un solo coche no significaba solamente volver a casa de la misma manera, significaba estar encerrados durante media hora en un coche silencioso después de todo lo que había pasado.
Pasó la lengua por sus labios. Mulder conducía silencioso al otro lado, ajeno al hecho de que ella seguía excitada. El interrogatorio, la charla con Skinner, esas cosas la habían calmado. Pero ahora estaba de nuevo a solas con Mulder y todas esas imágenes que se agolpaban en su cabeza. Respiró. Sentía como su sexo latía, furioso, pidiéndole una explosión de placer que sabía que solo lo conseguiría cuando llegase a casa. Sola. Como tantas veces.
Cruzó sus piernas, solo para poder sentir un poco de fricción. Necesitaba llegar a casa. Ya. En ese mismo instante. Se movió de nuevo, solo un poco, un poco más de fricción. Cálmate. Se dijo. Respira. Pero sus sentidos estaban inundados con el olor de Mulder, con la sensación de su cuerpo sobre el suyo. Cerró los ojos. No podía mirarle, aunque era imposible no sentirle. Su rítmica respiración, el roce de la tela de su camisa contra su pecho, el tamborileo de sus dedos sobre el volante. Estaba tan sumida en los pequeños detalles, que el ruido del intermitente al girar hacia la derecha le pareció ensordecedor.
Llegar a casa y masturbarse. Llegar a casa y masturbarse. Solo estaba concentrada en eso, iba a hacerlo hasta desfallecer, hasta encontrar ese descanso que tanto necesitaba. Frotarse con la almohada, introducir sus dedos, acariciarse frenéticamente, sin preliminares. Con la ropa puesta. Sin esperar a ese baño que tanto le gustaba como excusa para satisfacerse.
- Hemos llegado- dijo Mulder con voz profunda.
Ni siquiera le había rozado la cara para despertarla – aunque en verdad no estuviese dormida- . Solo una frase. Quizás era mejor así.
El coche aún estaba en marcha delante del portal de su edificio. Un último vistazo antes de irse, una última visión de su cuerpo para recrearse dentro de un rato, mientras acariciase sus muslos y mojase sus pechos con su propia saliva.
Le recorrió de arriba abajo, aprovechando que Mulder parecía estar concentrado en el volante. Sus grandes manos, sus dedos maravillosamente hábiles, su cuello con una sombra de barba demasiado sexy, sus brazos previsiblemente musculosos a través de la ropa, su pecho terso, su abultado pantalón. Dios.
Su abultado pantalón.
Todos sus sentidos se dispararon, y la vista se le quedó fija sin poder evitarlo. Mulder tenía una enorme erección a tan solo medio metro de ella. Tan cerca y tan lejos, avanzar o retroceder. Subió los ojos y se encontró con la mirada profunda de Mulder taladrando la suya. Ni siquiera le dio tiempo a pensar qué significaba aquello. El frío intenso de la noche le sacudió en la cara cuando salió del coche huyendo. La cobarde Scully, aquella que tan poco le gustaba. ¿Había estado erecto mientras ella se frotaba dentro del coche? ¿Acaso se había percatado de ello? ¿Había sido tan descuidada? ¿Tan estúpida? ¿Estaría Mulder pensando en ella?
Cerró la puerta de su casa tras de sí. Masturbarse y desfallecer. Masturbarse y desfallecer. Es todo lo que iba a hacer aquella noche.
Despacho de Skinner
8:45 a.m.
Se había pasado toda la noche sin pegar ojo, la tensión en el coche la noche anterior mientras había llevado a Scully a su casa, había sido literalmente insoportable. Un par de segundos más y se hubiese abalanzado sobre ella como un animal en celo. El detalle de que ella se hubiese quedado dormida no había hecho más que recordarle que era un cerdo, los movimientos que había estado haciendo para coger la postura más cómoda, a él solo le habían parecido que gritaban "sexo" por todas partes. Scully solo quería descansar y él tuvo una erección enorme.
Intentó dormirse y no pensar en ello cuando llegó a casa, intentó no pensar en como se le había quedado mirando Scully, en cómo miró su sexo. Dio vueltas en la cama, se masturbó, incluso se puso la tele de fondo para poder dormir. Pero le había sido prácticamente imposible y ahora, con menos de dos horas de sueño a sus espaldas su mente iba un poco más lenta de lo normal, respondiendo solo a estímulos sensitivos.
El despacho estaba totalmente inundado por el olor del café matutino, un aroma suave, adictivo. Bebió un trago. Desde luego los había probado mejores, recordaba sobre todo los cafés aromáticos de una pequeña cafetería situada justo detrás de la universidad de Oxford, para la cual siempre encontraba una excusa con la que poder sentarse y disfrutar de una buena taza. Algún día debería visitar el viejo continente de nuevo. Por supuesto, los cafés de las reuniones a primerísima hora de la mañana también tenían algo de especial, un ritmo menos acelerado que los de antes de llegar a la oficina, menos tranquilo que el segundo café de la mañana y con ese tacto especial que hace que se te vaya despejando la mente y veas todo un poco más claro.
Adoraba el café. También adoraba los pechos de Scully, pero pensar en el café parecía más conveniente.
- Esto no está funcionando-
La voz de Tedson más alta de lo normal le sacó de sus pensamientos. Por supuesto que nada estaba funcionando, había besado a Scully, ella le había acariciado por encima de los pantalones, se había mecido sobre su erección ¡Por amor de Dios! El dueño del pub seguía detenido, el pub cerrado y él no podría volver a tocar a Scully. Nunca.
Que intentase ocupar su mente con otras cosas no significa que no estuviese pensando en ello. Tedson continuó hablando.
- No me creo que vaya a decir esto, pero deberíamos soltar a Thomas, que abra el bar y que los agentes Mulder y Scully vuelvan allí de nuevo. Es la única manera de encontrar alguna pista-
- Estoy de acuerdo- contestó Skinner. ¿Es ahora cuando debería gritar "yeeeehaaaa"? – Pero después de leer los informes, agentes- dijo mientras les miraba fijamente- y la declaración del señor Thomas – hizo una pausa significativa- creo que deberían acercarse a las personas que más se relacionaban con las víctimas-
Notó como Scully se tensaba a su lado. Sabía lo que eso significaba, intercambio de pareja. No sólo no podría tocar a Scully, sino que tendría que soportar como era manoseada por otro hombre. Un escalofrío le cruzó el cuerpo. Había sido duro conocer la existencia de un Ed Jerse, enloquecedor que fuese la musa de un escritor, pero aquello había sido antes de todo esto y además no había tenido que presenciarlo. Notó cómo la sangre empezaba a hervirle por dentro.
La miró de reojo, intentando comunicarse con ella como tantas otras veces había hecho. ¿Estaba ella de acuerdo? Supuso que tendría algo que decir. Pero no, las siguientes palabras de Scully no fueron en torno a su investigación encubierta, ni al hecho de que tendría que acostarse con un desconocido. En realidad, fue tan Scully como siempre, lo que le dio a Mulder fuerzas para no derrumbarse al saber lo que pasaría si no resolvían ese caso antes de que llegase la noche.
- He recibido los análisis de los cadáveres esta mañana- comenzó. Tan, tan Scully.- Tanto en la sangre de él como en la de ella se han encontrado restos de Reptinol. Eso explicaría porqué no presentaban marcas defensivas a pesar de haber sido apuñalados tantas veces- Recordando seguramente que la única doctora en medicina allí era ella, empezó a explicar exactamente lo que quería decir- El Reptinol es un tipo de analgésico, antes se utilizaba en las clínicas dentales para dormir a los pacientes, pero se descubrió que en grandes dosis hacía que fallasen las terminaciones nerviosas del cerebro y la persona en cuestión cayese en coma. Si esto es lo que les pasó, probablemente estaban en coma cuando les asesinaron-
- ¿Y a qué vino tanta violencia entonces?- preguntó Tedson como perdido.
- Las reiteradas punciones demuestran un odio o rencor por parte de la persona que lo llevó a cabo- explicó Mulder recordando sus estudios de psicología- y el hecho de que les durmiesen antes de matarlos nos lleva a dos caminos; o bien se les durmió con la intención de que fuese un acto simbólico, una especie de "todos estamos indefensos en algún momento de nuestra vida" o…-
- … o trabaja solo- acabó Scully por él.
Skinner les miró a ambos. No por lo fascinante que le parecía que siempre fuesen capaz de terminar las frases del otro, o el hecho de saber que está pensando cada uno en cada momento, sino por la gravedad de las palabras que acababa de pronunciar Scully.
- ¿Están seguros de lo que están diciendo? Porque eso daría una vuelta completa al caso. El hecho de buscar a un solo asesino y no a un grupo cambiaría por completo la forma de actuar hasta ahora-
- Bueno- siguió Mulder- en realidad no demasiado, detuvimos a Thomas por ser el principal sospecho.-
- Como cabecilla de grupo. Las pruebas indicaban actos de lo que podía ser una secta satánica. No debería decirle esto yo, agente Mulder, pero ya sabe que el jefe de lo que se cree secta satánica es quien realiza los llamados sacrificios, y por lo tanto el asesino material.- contestó Skinner.
- Verá señor, en realidad no me convencen en absoluto esas pruebas y no creo que se trate de ninguna secta satánica ni nada que se le parezca.-
- ¿Está de broma?-
¿Cómo decirle a Skinner que se había vuelto escéptico de repente? Pasó la lengua por sus labios, buscando las mejores palabras para explicarse.
- La forma en que estaban colocados los cuerpos según las fotografías, sin ningún tipo de atención y también la manera en que la sal estaba esparcida por alrededor… Creo más bien que se trata de alguien que quiere hacernos pensar eso para lograr desviar la atención de sus verdaderos motivos-
Skinner estuvo a punto de soltar de nuevo un "¿Está de broma?" pero Tedson se lo impidió.
- Eso no me convence agentes-
- ¿Qué quiere decir?- todavía había tensión entre Tedson y Mulder, aunque por lo visto unas horas de descanso les había hecho guardar a los dos las formas.
- No encontraron nada en los primeros cadáveres-
- En realidad…- contestó Scully hojeando los informes- no se les hizo análisis de sangre ninguno. Muy inteligente- susurró mientras levantaba las cejas.
- Sí que se hizo- Matizó.
- No viene en el informe de la autopsia, agente Tedson-
- No joder, estoy seguro de que los hicieron, yo mismo hablé con el forense. ¿No es posible que no los pusiesen ahí? ¿Qué no encontrasen nada y que por eso no lo pusiesen? ¿Por no ser relevante?-
- Sería extraño pero no del todo imposible. El forense que hizo esa autopsia debe tener una copia de todas las pruebas realizadas al cadáver. Deberíamos confirmar lo que dice, porque eso sí que daría la vuelta a la investigación-
- ¿Dos asesinos distintos?- exclamó Skinner desconcertado.
El agente Tedson y Scully salieron por la puerta para confirmar que los análisis forenses que recordaba Tedson habían sido hechos de verdad y poder por fin buscar algo en lo que basarse.
Dos asesinos. Dos móviles diferentes. No quería admitirlo, había odiado el caso hasta la saciedad, pero de pronto le estaba resultando interesante.
SÓTANO DEL FBI
02:35 pm
Joder. Vale, podía ser obsesivo. Es más, solía serlo sin pretenderlo, pero lo que desde luego no esperaba, lo que su mente no concebía, es que Scully se lo echase en cara. "Ni siquiera has comido Mulder" "Deberías descansar un momento Mulder" "Eso ya lo he revisado yo Mulder". Mulder. Mulder. Mulder. Ya sabía su dichoso nombre.
Lo que más le fastidiaba, lo que realmente le molestaba y hacía hervirle la sangre hasta el punto de no poder parar de hacer cosas, es que a Scully parecía no importarle. No le importaba. Skinner les había dicho en la estúpida reunión de la mañana que esa misma noche iba a tener que montárselo con un hombre totalmente desconocido y no-le-importaba. Ni un comentario, ni una mueca. Era Scully, sí, lo que significaba que no esperaba que sus sentimientos fluyesen a borbotones, pero tampoco que ni siquiera le afectase. Sabía leer en sus ojos y sus ojos no decían nada.
Le había estado dando mil vueltas a los archivos y a los casos. Nada tenía ni pies ni cabeza. Los fantasmas eran fáciles de etiquetar, los monstruos sencillos de clasificar. Era muy bueno haciendo perfiles psicológicos, joder, que mierda le estaba pasando.
Scully había llegado hacía poco menos de una hora con los resultados de los primeros análisis y una camisa blanca impoluta que hacía volar la imaginación. No había sido encontrada ningún resto de droga, así que estaban como al principio. No. Peor. Estaban peor que al principio. Ya no buscaban a uno, sino a dos. Primero a dos y después a uno, o a uno que cambiaba su modus-operandi -lo que sabía que era realmente extraño- y lo peor, es que a pesar de no tener droga en su sangre, la primera pareja tampoco se había defendido.
Su mano se dirigió a un montón de papeles que tenía sobre la mesa y los tiró, volaron por todas partes, ahora sí podría quejarse Scully de que no tenía colocado el despacho.
Dejó caer su cuerpo como un peso muerto sobre la silla. El muelle rechinó y las ruedas resbalaron un poco hacia atrás por el repentino cambio de peso. Mulder intentó concentrarse, cerró los ojos, respiró hondo.
Una cadena de parejas desaparecidas. Scully se va a acostar con otro. Ninguna clase de somníferos, de ningún tipo de droga en su sangre en la primera pareja. Scully se va a acostar con otro. La segunda pareja fue asesinada después de drogarles y producirles un coma. Scully se va a acostar con otro. No se defendieron. No tienen roces de ataduras en las muñecas. Solo las puñaladas. Scully se va a acostar con otro. ¿Por qué se dejarían apuñalar? ¿Alguna clase de juego erótico mal llevado a cabo? Scully se va a acostar con otro.
- ¡Joder!- Se levantó de golpe dejando que la silla cayese para atrás. Estaba tan concentrado que ni siquiera había oído la puerta.
- Mulder ¿estás bien?- Scully se le acercó corriendo, preocupada. Justo lo que necesitaba, una dosis de la vena maternal de Dana Scully. ¿No se daba cuenta de que lo que necesitaba no era ni siquiera remotamente algo parecido a lo maternal? ¿Qué lo único que quería era volver a sentirla contra él? Suave. Femenina. Quería hacerla temblar de placer. Hacer algo bueno por ella al menos por una vez en su vida.
- Mul…-
No lo pensó, ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba haciendo hasta que la sintió contra él. La fina camisa dibujaba perfectamente sus pechos dentro del sujetador, estaba temblando, respirando entrecortadamente, empotrada contra la pared. Apoyó la manos sobre la pared a la altura de su cabeza y bajó la suya, oliéndola, rozándola. Erecto. Scully iba a acostarse con otro. La embistió por encima de la ropa, Scully soltó un pequeño gemido, pero no se movió. Volvió a embestirla. Los pezones se le endurecieron.
Demuéstrame que no son imaginaciones mías, Scully. Hazme ver que no me estoy quemando solo.
- Scully…-
Intentó buscar alguna señal en su rostro. Volvió a embestir. Scully tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta. Las manos pegadas a su cuerpo. Respirando fuertemente.
Cerró los ojos intentando encontrar inútilmente algo de lógica a lo que estaba haciendo, Scully gemía casi sin respiración bajo su cuerpo. Qué más daba la lógica si Scully si frotaba contra él al igual que él lo hacía contra ella.
No te acuestes con otro. Por favor, no me abandones. No te acuestes con otro.
-¿Mulder? ¿Mulder, estás bien?-
La voz de Scully se había vuelto de pronto firme y maternal. Abrió los ojos.
Joder.
No estaba aprisionado contra ella. Ni siquiera la estaba rozando. Pero había sido tan real, la había sentido tan cerca. ¿Cómo era eso de… alucinaciones masturbatorias? Se sentó tras el escritorio. La fantasía no se había hecho realidad, pero las consecuencias físicas derivadas de ella eran bastante visibles.
- Sí estoy bien- dijo cortante. Era duro en el tono de voz, lo sabía, pero no se sentía culpable por hacer que Scully mantuviese las distancias. Quizás, si las seguía manteniendo y no volvía a sentirla mojada sobre él no se sentiría como un idiota dentro de unas horas.
- Vale-
¿Vale? ¿No veía que estaba sufriendo? Lo que verdaderamente necesitaba era llevar a la realidad sus fantasías. Empujarla, atraparla contra la pared, profanar su boca. Le volvía loco, completamente. No se podía comparar con nadie, su sola presencia eclipsaba a todas las demás. Y le decía "vale" y no entraba en el juego.
No sabía a qué venía esa pregunta ni la razón del enfado de Mulder. Tampoco quería más explicaciones. Al paso que iban con la investigación no solo tendría que acostarse con otro, sino que tendría que tirarse a todo el bar. Reconocía haber estado tentada de gritar algo así como "basta" dentro del despacho de Skinner, pero por supuesto nunca haría algo como eso. Estaba desesperada, pero no tanto como para empezar a mostrar sus sentimientos.
Mulder, en cambio, gritaba desesperación por todos los poros de su piel. Quizás por eso estaba enfadado. Egoísta, egocéntrico, narcisista. Estaba segura de que a él la idea de acostarse con otra no solo se le antojaba apetecible, sino que ya estaba haciendo planes de con quien. Aquella morena alta de Sara Luson era muy estilo del de Mulder, morena, piernas largas. No como ella, pelirroja y paticorta. O si no también Jamie, la novia del sospechoso. Se había dado cuenta desde un principio de como la miraba, una rubia despampanante de sonrisa femenina y coqueteo desmesurado.
Se sentía estúpida. Bajita, gorda y estúpida. La camisa que llevaba puesta le hacía los pechos pequeños y los pantalones eran demasiado anchos para apreciar que llevaba la dieta a rajatabla. Por qué insistía, jamás iba a ser tan guapa como aquellas mujeres ni Mulder se iba a fijar en ella como algo más que en una compañera de trabajo. Mona, sí. Guapa, definitivamente no. Miró al suelo, su autoestima debía estar por algún lado.
Así que no iba a jugar, no iba a entrar en su juego, ya podría Mulder darse cabezazos contra la pared o tirarle el teléfono a la cabeza. Encima en su mente infantil y retorcida se creía con derecho a estar enfadado. Era un adonis andante sin pretenderlo sin ningún tipo de creencia religiosa que le fuese a juzgar porque lo que iba a tener que hacer y se creía con derecho. Con. Derecho.
Y por encima de todo eso estaba aquella forma de mirarla, agresiva, profunda. Si estaba pensando en acostarse con rubias teñidas despampanantes no tenía derecho a mirarla de aquella forma. Maldito seas.
Está bien. Había logrado enfadarla.
- Pues si estás bien deberíamos repasar el caso- a no ser que no te interese para poder tirarte a todas-
- Eso mismo iba a sugerirte. Dos mentes piensan mejor una- sonrisa falsa. Tono sarcástico.
Y dos tetas tiran más que dos carretas. No me jodas Mulder.
Se sentó en su silla, enfrente de su NO escritorio, abrieron un informe cada uno. El tacón de su zapato golpeaba el suelo ruidosamente en una especie de tac tac tac, intentando tapar el ruido que hacía el lápiz de Mulder al golpear la mesa.
Cerró el informe y abrió otro nuevo. Mulder no dejaba de hacer ruiditos. Chirriantes y molestos ruiditos. ¿Desde cuando era tan ruidoso? Estaba segura de que había trazado un plan para molestarla, no sólo deseaba acostarse con posibles sospechosas de un caso, sino que encima quería volverla loca.
- ¡Mulder!-
Se miraron con furia durante unos segundos, manteniéndose la mirada. La tensión podía cortarse con tijeras y Scully tenía la sensación de que iba a volver a protagonizar un Expediente X al explotar o quemarse por combustión humana espontánea.
Te odio Mulder. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio. Te odio.
- Así que este es su despacho – La cabeza de Tedson asomó por la puerta, no le había parecido escuchar como llamaban y en cambio ya estaba casi dentro. – Me lo imaginaba… no sé, más lúgubre - se les quedó mirando- ¿Sólo tienen un escritorio?-
Bien dentro, hasta el fondo, hasta el principio hiriente de la llaga. Como si no tuviese suficiente.
Mulder se levantó enseguida y ella hizo lo propio.
- ¿En qué podemos ayudarle?-
- Hemos descubierto algo muy interesante- Había entrado al despacho, pero por lo visto el ambiente cargado le había hecho retroceder hasta quedarse casi a ras de la puerta.- la primera pareja no era tan perfecta como pretendía aparentar, hemos encontrado pruebas en las que se les sitúa como clientes de una empresa que empezó a blanquear montones de dinero a principio de año. Los clientes eran tapaderas para despistar su procedencia ilegal, se llevaban una buena tajada por mantener la boca cerrada, creemos que pidieron más a cambio de su silencio y por eso se los cargaron-
- ¿Y la otra pareja asesinada? ¿Y la que ha desaparecido? – preguntó Scully con curiosidad. Tedson bajó la mirada durante medio segundo.
- Limpios -
- ¿Un imitador? – preguntó Scully
- ¿Un imitador que actuó antes de que el caso saltase a la televisión y que casualmente sabe el punto en común de todas las víctimas?- razonó Mulder- No, pero tiene que haber algo que los relacione. ¿Han contrastado los nombres de todos los que frecuentan el local con los clientes de esa empresa?-
- Estamos en ello, si sale algo les avisamos.- hizo una pausa, como si esperara a que le invitasen a tomar un café, al momento pareció rendirse.- Bueno, yo les he informado. Lo demás ya les toca averiguarlo a ustedes esta noche.- Y con un gesto de la mano se fue por donde había llegado.
Hiciesen lo que hiciesen ya nada podría librarles de aquella operación encubierta. El estómago se le revolvió. Necesitaba tomar algo para asentarlo, cogió su chaqueta y se volvió hacia Mulder que se enfrentaba a ella con los brazos cruzados, más tenso si cabe que antes.
- Me voy a casa. Deberías venir a recogerme sobre la hora de ayer. Si pasa algo llámame-
Ni siquiera se dignó en contestarla, permaneció impasible, con la mandíbula apretada y los tendones de sus brazos latiendo.
Y pensar que prefería un millón de veces acostarse con él que con el hombre más perfecto del planeta. Suspiró.
Egoísta.
Continuará
