Rurouni Kenshin es propiedad exclusiva del genial y talentoso Nobuhiro Watsuki.

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El precio de tu corazón
Dos

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** Distrito de Chiba, Tokyo (Japón), 1870
Dojo de la familia Kamiya **

Una semana después de Kenshin haber ingresado en el dojo, la familia Kamiya descubrió que Kenshin podría ser un niño mucho más difícil de lo que había sido en su primer día allí.

― Escucha, Battousai. ― Comentó la señora Kamiya, intentando ser lo más paciente posible. Ni siquiera Kaoru era así tan difícil. ― Lo único que quiero hacer es lavar tu cabello. Nada más.

―No. ― Fue la respuesta definitiva de Kenshin.

Era cierto que Kenshin se lavaba. Después de todo, siempre que iba a su habitación a limpiar, encontraba la vasija de agua vacía y pensaba que se lavaba por todo. Solo aquella mañana se dio cuenta de lo sucio que traía Kenshin su cabello. Como si jamás lo hubiera lavado en la vida.

'Y quizás así fue.', pensó la señora Kamiya, si era cierto lo que su esposo le había contado. Un esclavo no tiene muchas opciones de vida; de hecho no tiene ninguna opción.

La señora Kamiya había intentado todo tipo de sobornos: desde comprarle ropa nueva, a hacerle algún pastel o hasta dejarlo jugar en el jardín con los demás niños. Pero no importaba lo que la señora Kamiya le prometiera, Kenshin no se dejaba "comprar".

Era incorruptible.

Así pues, ya estaban a mitad de la mañana, todos ya estaban aseados; todos menos Kenshin quien parecería tener un miedo de muerte a algo tan simple como bañarse en público.

Suspirando con resignación, la señora Kamiya se levantó del tatami. Corrió el shoji y luego se deslizando hacia fuera. Koujiro la estaba esperando en el pasillo.

― ¿Y bien? ¿Lograste convencerlo?

La señora Kamiya negó con la cabeza.

― Lo intenté todo. Nada funcionó.

― Battousai era un esclavo de Makoto Shishio. ― Empezó Koujiro, plenamente consciente que Battousai los estaría escuchando. ― Y por lo que pude averiguar en el pueblo, sus propios padres lo vendieron a Makoto para deshacerse de él sin levantar sospechas. Cuando el chico estuvo bajo su cargo, era forzado a hacer todo tipo de barbaridades para sobrevivir. No me sorprendería nada si el muchacho estuviera traumatizado.

Sakura abrió los ojos de par en par. Shishio Makoto era conocido por su crueldad. Habia matado a sangre fría su esposa, Yumi, y luego había empezado a "coleccionar" niños huérfanos para que alimentaran todavía más su locura.

En aquel momento venia Kaoru caminando tranquilamente por el pasillo. Traía un libro – que le había regalado su abuelo cuando cumplió los siete años – y una manta los brazos. Contornó a sus padres y un momento después estaban frente a la habitación batiendo a la puerta.

Kaoru no esperó a que Battousai le diera permiso para entrar, pues ya estaba abriendo el shoji.

Koujiro observó con espanto como su hija entraba en la "guarida del dragón" – como llamaban Ayame y Suzame a la habitación de Battousai – como si fuera la cosa más normal del mundo. Asomando la cabeza para ver que ocurría dentro, se fijó en que Kaoru no parecía asustada de la presencia intimidante de Battousai mientras se sentaba a su lado.

Kaoru abrió el libro e iba a empezar a leer el prólogo de Kenkaku Rōmantan (Crónicas de un Espadachín) pero un rayo de sol le dio directamente en la cara y le dio una idea.

― Pensándolo mejor… ― Dijo Kaoru, al tiempo que se levantaba. Alisó su kimono y luego volteó en dirección a Kenshin. ― Quizás sea mejor que leamos el libro en el jardín. Hace un día demasiado hermoso como para estar encerrados en una habitación.

Cuando Kaoru extendió su mano libre, Koujiro esperaba que Battousai le responderá mordazmente o con gruñido como hacia hecho con las demás niñas, pero solo aceptó en silencio la mano y se levantaba del suelo con la ayuda de ella. Luego recogió la manta del tatami y caminaron juntos hasta la salida de manos dadas.

― Cuidado con el escalón, Bat. ― Avisó Kaoru a Kenshin al tiempo que los bajaba.

Sonrió cuando él le lanzó "aquella" mirada — que era una mezcla entre dorado y violeta —, y que le decía que no le había gustado nada que abreviara su nombre. Kaoru solo se encogió de hombros, pues entre escoger decir aquel nombre que le parecía demasiado horroroso y usar una abreviatura, Kaoru habia escogido lo segundo.

Se sentaron debajo del árbol que había en jardín, justo donde tenía más sombra. Kenshin extendió la manta en el suelo y luego se sentaran sobre ella. Kaoru con las piernas doblada, como tanto le gustaba, y Kenshin en posición de Lotus.

Empezó a leer…

― "Era así una vez, hace mucho, mucho tiempo, mientras el país estaba consumido por la desesperación y la guerra, existió un Hitokiri llamando Gensai Kawakami que…"

Justo en frente a la habitación de Kenshin, Koujiro observaba con una sonrisa la interesante escena que descorría justo delante de sus ojos.

― Cariño, creo que he encontrado la solución a tu problema.

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Para el almuerzo, la señora Kamiya había decidido usar unos rábanos daikon que una de sus vecinas le habia dado por la mañana. Para que quedara completamente delicioso, decidió guisarlos con raíz yam de la montaña y después freírlos. Aparte de eso, estaba secretamente planeando hacer un pastel a Kaoru si ella lograba lavar la cabeza de Battousai. Conociéndola, lo lograría en un abrir y cerrar de ojos.

Mientras tanto, Koujiro intentaba convencer a Kaoru, quien se había puesto muy tímida de repente, de que el mundo no iba a terminar solo porque ella fuese a lavar la cabeza de un chico cuando debería ser su madre a hacerlo.

― Pero, papá, tu siempre me has dicho que no estuviera a solas con Bat.― Susurró Kaoru, sonrojándose desde la cabeza hasta la punta de los pies.

― No importa lo que te haya dijo. ― Koujiro tuvo que apretar fuertemente los dientes, porque si importaba. Después de todo, Battousai seguía siendo un chico. " Lo único que tienes que hacer es lavar su pelo."

― Demo, oto-san…

― Además, ¿no eres tú la que quería averiguar si el color del cabello de Battousai era de verdad o si en realidad lo habia pintado?

Kaoru frunció el ceño. Koujiro supo que la tenía al ver como reflexionaba en sus palabras.

'Es cierto', pensó Kaoru, 'siempre he querido saber si ese es su color verdadero.'

― Está bien. ― Confirmó Kaoru después de pensarlo detenidamente. ― Le lavaré el cabello a Bat. Pero, solo si mamá hace mi pastel favorito.

Tan oportunista como siempre. Koujiro suspiró. Francamente, un día de estos tendría que tener una seria platica con su padre. No podía seguir consintiendo a Kaoru, solo porque la niña era la viva imagen de su difunta esposa.

― Muy bien, entonces.

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Infelizmente, y como averiguó pronto Kaoru, era más fácil decirlo que hacerlo.

¿Cuánto tiempo llevaba intentando convencer a Bat de que la dejara lavar su cabello? ¿Cinco minutos? ¿Diez? ¿Quince?

― Solo quiero lavar tu cabello, Bat. Lo digo en serio. ― Lo repitió Kaoru, como si fuera la primera vez que lo estuviera diciendo. ― No es como si te quisiera morder o algo así.

― Pero no es necesario que lo hagas.

Kenshin quería gritar, gruñir y maldecir tanto cuanto podría. Incluso quería insultarla. Pero sabía que no debería hacerlo. Probablemente Kaoru se sentiría herida si la insultaba, o quizás su temperamento explotaba al fin y entonces lo golpearía. Además, tenía la ligera impresión de que no le gustaría nada verla llorar por su culpa.

― Sabes, no tienes que lavar mi pelo. ― Incluso cuando era lo que Kenshin más quería. ― Yo… Yo puedo hacerlo en mi habitación.

Kaoru cruzó sus brazos sobre su pecho y lo miró a los ojos.

― Si me dices tu nombre verdadero, dejaré que te salgas con la tuya.

Kenshin apretó los puños; había estado a punto de decir su nombre verdadero. Y no era para Kaoru lo dejara que se saliera con la suya, sino porque sintió una abrumadora necesidad de escucharla decir su nombre.

― No.

Kaoru se encogió de hombros, restándole importancia. Luego hizo una reverencia como si estuviera hablando a alguien de la realeza, aunque a Kenshin más bien le pareció que ella se estaba burlando de él. Otra vez.

― En ese caso, Bat, permita que esta humilde sirvienta le lave vuestro majestuoso cabello. ― Lo miró con un brillo divertido que hizo con que Kenshin sintiera todo tipo de escalofríos. ― Prometo que no lo morderé.

Agarrándolo por la muñeca, Kaoru llevó a Kenshin hasta el baño donde su madre ya había llenado la bañera con agua tibia. Había una toalla sobre el mueble para que Kaoru pudiera secar el cabello de Kenshin.

De pronto, Kenshin se sintió demasiado inseguro. Si Kaoru se lo proponía podría intentarlo ahogarlo en el agua. Kami-sama sabía que Shishio lo había intentando un sinfín de veces, especialmente cuando Kenshin se negaba a pelear.

― Venga. Agárrate a los bordes de la bañera e inclina la cabeza hacia delante para que pueda mojar tu cabeza.

Kenshin la miró por el rabillo del ojo. Kaoru podría intentarlo, pero al contrario que Shishio, ella no tenía ni una pizca de maldad corriendo por sus venas. Y de algún modo, sospechaba que a Kaoru no le gustaba ver la gente sufrir a su alrededor.

Se acordó del gatito que venía a hurtadillas a la cocina. Debajo del mueble, Kaoru colocaba siempre un cuenco con leche para que él bebiera. El resto de la familia no había descubierto el porqué de la leche desaparecía con tanta rapidez, pero Kenshin — que la vigilaba como a un halcón — lo había averiguado mientras la espiaba escondido en el umbral de la cocina.

― Bat.

Kenshin pestañeo varias veces.

― Hai, hai.

Kenshin se inclinó hacia delante, y su cabello cayó como una cascada hacia abajo. Se fijó que Kaoru llenaba un cubito de madera con agua y que se preparaba para mojarla su cabeza. Cerró los ojos al sentir el agua resbalar por su cabello y por su cara.

Sintió como Kaoru le ponía una crema algo fría en la cabeza y se dio cuenta de que era jabón líquido. Las yemas de sus dedos tocaran su nuca y empezó a masajear para sacar la suciedad que pudiera estar más escondida.

Hizo una mueca de asco al ver como el agua se iba oscureciendo cuando retiraba con un cubo de agua limpia la espuma. Para su sorpresa, Kaoru reparó que el color del cabello de Battousai era rojo y que no lo habia pintado como hacían muchas mujeres en el pueblo. Era verdadero, y Kaoru se sintió complacida por esa descubierta.

Entonces Kaoru se fijó que Battousai no paraba de dar saltos y de moverse mojándolo todo, incluido a ella.

― ¿Quieres parar? Estoy intentando hacer que parezcas más humano y no una bestia salvaje. ― Le dijo, mientras separaba las marañas y luego las frotaba con su dos palmas. ― Por Kami, ¡no es posible que tu cabeza sea tan sensible!

Kenshin no saltaba porque su cabeza era su sensible. Era porque nunca nadie en toda su corta vida le había tocado. Se sentía mortificado, completamente alarmado por las manos suaves de ella tocando su cabello y hasta la piel sensible detrás de sus orejas.

Miró a la puerta abierta del baño y se dio cuenta de que estaban solos. A nadie en aquella excéntrica familia parecía importarle lo que Kaoru hacia, mientras no fuera vergonzoso.

Cerró los ojos cuando terminó de sacar el resto de la espuma de su pelo y luego lo retorcía para retirar el exceso de agua. Era tan gentil, tan cuidadosa en lo que hacía. Su garganta se tensó y sus ojos empezaron a picarle. Inquieto y desconcertado por lo que sentía, Kenshin tragó.

― Siéntate en este banquillo. Voy a secarte el pelo y luego te peinaré. ― Le dijo mientras envolvía una toalla alrededor de su cabeza para que no mojara el suelo de madera. Su madre se enfadaba si alguien dejaba el suelo del baño mojado, pues la madera se pudriría y entonces tendrían que reemplazarla.

Kenshin lo hizo sin emitir ninguna protesta. Si alguno de los otros Kamiya le hubiera ordenado que se sentara, él les habría gruñido e insultado. Pero no podía mostrar ese lado tan encantador de su personalidad a Kaoru.

Kaoru hizo movimientos hacia frente y hacia atrás para que la toalla secara du cabello y cuando terminó, buscó el peine nueve que su madre le había comprado a Kenshin y empezó a peinarlo.

― Ya ves, Bat. Estas a punto de parecer civilizado. ― Se burló Kaoru.

Kenshin abrió los ojos y reparó en la sonrisa de ella. No gruño, pero quiso hacerlo con todas sus fuerzas. Kaoru no perdía una única oportunidad para mofarse de él.

― No me llames así.

Kaoru continuó peinando como si nada.

El peine tiró un poco demasiado fuerte y Kaoru murmuró una disculpa y frotó el lugar con la punta de los dedos. Qué buena era ella. Kaoru empezó a estirar su cabello, y se sintió fascina al darse cuenta de que en algunas parte había tonalidades de naranja y amarillo. Inconscientemente llevó un mechón de su cabello a sus labios y los besó. Luego los dejó caer como si no hubiera hecho nada de más.

― Me encanta tu cabello, Bat. Es muy hermoso. ― Kaoru suspiró. ― Si yo tuviera un cabello así, procuraría tenerlo siempre limpio y brillante. Serás la envidia de las mujeres del pueblo. Ya lo veras.

Kenshin no dijo nada. Ella si tenía un cabello hermoso. Tan oscuro como la noche y cuando le batía el sol adquiría una tonalidad azulada que hacía con que Kenshin desease pasar sus manos por él.

― ¡Listo! ―Le dijo Kaoru al volver a peinar el peine en su sitio. Luego volteó y lo miró divertida. ― Ahora ya pareces una persona.

Kenshin hizo una coleta alta mientras la veía salir del baño. Él solo era civilizado cuando ella estaba a su alrededor. Porque, de no ser así, Kami-sama sabía que poco le importaba lo que los demás pensaran de él.

― ¿No vienes a almorzar, Bat? ― Le gritó Kaoru desde el corredor. ― Si no te apuras, la mascota de Misao comerá tu parte.

― No me llames así, Kaoru. ― Murmuró Kenshin más para si mismo que para ella.

No importaba cuantas veces se lo dijera, ella nunca le haría caso en ese tema. ¿Y desde cuando Kaoru Kamiya le hacía caso en lo que sea?

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El almuerzo recorrió como siempre. Con todos los Kamiya discutiendo sobre temas que Kenshin nunca había oído hablar, y de los que le importaba un rábano. Comía en silencio, viéndolos interactuar los unos con los otros.

No parecía importarles mucho la opinión de los demás. No seguían tradiciones o había reglas – aunque tampoco es como si fuera una anarquía –, así nadie podía decir: "pero es así como se hace". Había respecto entre ellos, y más importaba, las niñas podían compartir sus opiniones sin sentirse oprimidas.

Era una familia que necesitaba de demostraciones de cariño más que oír palabras cariñosas.

Kenshin pensó en sus padres, tan ansiosos por perderlo de vista. Apenas recordaba sus caras o como se llamaban. ¿Lo habían tratado alguna vez con el mismo cariño y atención con que los Kamiya trataban a sus hijas? Lo dudaba.

Cuando terminaron de almorzar, la señora Kamiya recogió la mesa mientras el señor Kamiya y las niñas iban hasta el jardín para jugar con la comadreja de Misao. Después de echar un vistazo a Kaoru, Kenshin fue a la cocina. La señora Kamiya estaba terminando de lavar la loza.

Dio un respingo cuando lo vio en el umbral de la cocina. Lo miró con cautela.

― ¿Si?

Kenshin escondió sus brazos en su haori, y miró a todos sitios menos a la señora Kamiya. Cuando lo hizo, se pudo más rojo que su cabello. Sakura se sintió sorprendida por ella. Nunca pensó verlo ponerse colorado.

― Me… ― Carraspeó inseguro. ― Me gustaría que me enseñara a cocinar y a limpiar la casa.

Sakura abrió los ojos.

"¿Por qué ibas a querer aprender los quehaceres domésticos?" Desde el jardín, vino la risa de Kaoru y Sakura se dio cuenta del porque de la petición de Battousai. Lo miró suspicazmente. "Quieres aprender los quehaceres domésticos por ella, ¿verdad? Para convertirla en una consentida."

Kenshin frunció el ceño. No lo admitió pero tampoco lo negó.

― El destino de Kaoru no es pasar la vida limpiando.

Había un extraño brillo en la mirada de Battousai, como si supiera como seria la vida de Kaoru.

Debería sentirse angustiada ante la idea de aquél niño salvaje casándose con su hija, pero solo sintió alivio al darse cuenta de que él no tenía ninguna intención de convertirla en su esclava.

¿Quizás estaba enloqueciendo y todavía no se había dado cuenta de ello?

Continuará...

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Notas: Lamento mucho la tardanza. No me sentía muy inspirada para este capítulo. Sé que quedó algo insulso, pero las cosas mejoraran a medida que la historia vaya avanzando. Parece que Kenshin ha descubierto que es lo que quiere ser cuando crecer. No podía ser de otra manera. Kenshin no ser quien es si no se dedicaba a los quehaceres domésticos.

Pronto aparecerá "el abuelo" pero todavía no estoy segura de cual personaje será el abuelo. ¿Sugestiones? '-'

Una curiosidad: he citado en el fic a un Gensai Kawakami. Para las que no lo sepan, Gensai Kawakami fue un hitokiri que si existió durante en Bakumatsu y en el cual Watsuki-sensei se inspiró para hacer a Kenshin. ¿Muy interesante verdad?

Gracias a todas por sus reviews. Estoy muy contente de que "El precio de tu corazón" les haya gustado. Seguiré con la historia mientras mi inspiración siga conmigo.

Espero que les haya gustado este capítulo.
¡Hasta la próxima! (^ω^)

"Cuando el amor no es locura, no es amor."