Rurouni Kenshin es propiedad exclusiva del genial y talentoso Nobuhiro Watsuki.
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El precio de tu corazón
Tres
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** Dojo de la familia Kamiya
Cuatro semanas y media después de la llegada de Kenshin al dojo **
Enseñar a Battousai a hacer los quehaceres domésticos no había resultado ser una tarea imposible como había pensando inicialmente la señora Kamiya. Si no lo supiera, diría que el niño parecía haber nacido para dedicarse a la casa.
Aunque era más pequeño que lo normal en un chico y pese que aparentaba no ser capaz ni de levantar una pluma, Sakura tenía que admitir que Battousai le había sacado un peso de encima al ayudarla con las tareas de la casa.
Había empezado por enseñarle a limpiar el suelo de tal modo que este estuviera perfectamente limpio y lo más importante: resplandeciente. Como era lo que más ensuciaba en el dojo, pese a que todo el mundo caminaba descalzo sobre el tatami, un buen japonés apreciaba un suelo muy limpio.
Después le enseño a lavar la ropa. Para su total desconcierto, el niño parecía lavar ropa incluso mejor que ella. La lavaba hasta quedar blanca y perfumada. Sakura sospechaba que a él le encantaba esa tarea porque tenía la oportunidad de tocar la ropa de Kaoru sin levantar sospechas.
¿Quizás debería tener una pequeña conversación con su esposo acerca de la posibilidad de que Battousai pudiera ser algo pervertido?
Lo más difícil de enseñarle a Battousai seria a cocinar. Puesto que era una tarea que envolvía usar el fogón de la cocina, Sakura no estaba muy segura de sí debería enseñarle a cocinar a una edad tan temprana. Pero Battousai parecía decidido a aprender todo cuanto pudiera sobre los quehaceres domestico, así que no le quedaba mucha opción que enseñarle…
― Bueno, Battousai. Antes que todo, debes de lavar el arroz. Lo haces así, ¿lo ves?
Sakura le explicó cómo hacerlo y Battousai asintió con la cabeza. Aunque estaba atento a lo que la señora Kamiya le estaba diciendo, una parte de él estaba más interesado en lo que ocurría en el jardín.
Mientras Kenshin se esforzaba por cocinar a sus primeros onigiris, las hermanas Kamiya estaban ahora intento solucionar un problema de máxima urgencia: ¿qué nombre ponerle a la mascota que la familia Kamiya habia adoptado recientemente?
― Tenemos que ponerle un nombre. ― Dijo Kaoru con el ceño fruncido. ― No podemos pasarnos toda la vida llamándole solo comadreja. Todo el mundo tiene un nombre, hasta los perros y los gatos tienen nombre. ¿Por qué no una comadreja?
Kaoru, Misao y Megumi estaban ahora reunidas en jardín del dojo, en un círculo y miraban fijamente a la pequeña comadreja que estaba sentada sobre sus patas traseras y que las miraba de igual de fijo, como si no se sitiera para nada intimidado por ellas.
Recientemente los Kamiya habían adquirido una mascota: una comadreja macho.
Todo empezó cuando habían decidido ir a almorzar fuera. Fueran a un restaurante que se comentaba mucho en el pueblo y que a menudo estaba lleno de gente tanto dentro comiendo como fuera esperando a que llegara su vez de entrar. En medio del caos, Kaoru y Misao se había separado de la familia y cuando sus padres las encontraran, descubrieron a Kaoru teniendo una acalorada discusión con un hombre que parecía ser el cocinero.
Misao estaba vomitando y llorando a lágrima viva en un rincón, y Kaoru tenía los puños tan cerrados que los nudillos ya estaban blancos.
Al parecer todo aquello tenía algo que ver con que unos de los empleados habia tirado la piel a un conejo sin al menos haberlo muerto antes y lo habia dejado vaciarse en sangre mientras este gritaba de dolor.
Como Kaoru habia vivido desde los cinco hasta los siete años con los abuelos en las montañas, Koujiro sabía que habia sido bastante influenciada por su madre, quien era una autentica amante de los animales y de la naturaleza.
― Querida, estoy seguro que no fue tan terrible como pareció.
Kaoru se giró en redondo y entrecerró los ojos cuando lo escucho. Koujiro maldijo mientras tragaba.
― Estaba vivo. ¡Vivo! Y a ninguno de ellos le importó que el conejito sufriría o no. Como si eso fuera poco, la cocina no tiene higiene ninguna. Si la comida cae al suelo, en vez botarla a la basura, la vuelven a colocar tal y como está en la olla. Deberían preocupase en ofrecer a sus clientes el mejor servicio a sus clientes y en vez de eso se pasan la vida hablando mal de ellos.
Los empleados tuvieran la suficiente delicadeza de al menos parecer mínimamente avergonzadas. Pero lo mismo no se podía decir de Gohei Hiruma, quien tenía la delicadeza de un elefante.
―Niña, esto es MI restaurante y yo hago lo que quiera en él. Si no te gusta, la puerta está allí.
Un montón de gente se había acercado a ver qué era lo que estaba ocurriendo. Algunos por pura curiosidad, otros porque le encantaban un bueno escándalo, y otros… Bueno, ya estaban allí…
Kaoru se quedó en el más absoluto silencio y Misao, que conocía a su hermana gemela como nadie, le preocupó ese silencio. ¿Qué estaría pensando ella? No, peor aún: ¿qué estaría sintiendo?
Quiso ir hasta su lado, pero la comadreja se había subido por su pierna y se había ocultado en su kimono. Y además aquel tal Gohei le daba mucho miedo. Había un aire de crueldad tal en su mirada que hasta la comadreja estaba temblando por el miedo.
La gente empezó a cuchichear entre ellos, preguntándose quien era aquella niña que enfrentaba sin ningún miedo a aquel gigante.
Cuando la comisura derecha de los labios de Kaoru se elevaron en lo que parecía una pequeña sonrisa, tanto a Koujiro como a Misao se le puso la piel de gallina. Cualquier persona que conociera a Kaoru Kamiya sabía que cuando ella sonreía de aquella manera cosa buena no arrogaba.
― Tiene usted razón, Hiruma-san." Respondió Kaoru con dulzura. ― Siento mucho las molestias.
Misao abrió los ojos de par en par.
Oh, no.
Su hermana jamás se disculpa ante nadie. Que lo hiciera era sorprendente. Aunque sonreía dulcemente, Misao sabía lo que habia por detrás. Era la misma expresión que ponía cuando veía algo y no le gustaba.
Asco.
Kaoru se acercó lentamente a Misao. Sacó su obi e cubrió a Misao con él. Luego caminaron hacia donde estaban sus padres y Megumi —quien se había alejado un poco de la familia, como si no los conociera de nada —, y antes de salir echó un último vistazo a la cocina. Su mirada se fijó en una muchacha de cabello corto que debería tener unos quince años más o menos.
― ¿Qué piensas, Kaoru-san? ― Le preguntó Misao, pero Kaoru no le contestó. Su mente parecía a años luz de allí, pero solo en apariencia.
― Oto-san, ¿podrías llevar a Misao-chan de regreso al dojo?
Koujiro frunció el ceño al escuchar. Observó empezaba a caminar por el sendero opuesto al dojo.
― ¿A dónde vas, Kaoru?
Ya sabía la respuesta, pero aun así quería escucharla.
Cuando Kaoru volteó la cabeza y lo miró Koujiro tuvo la certeza de lo que se traía entre manos su hija.
― Voy a ir a ver al abuelo, oto-san.
―Pero el abuelo vive en Kyoto, Kao-chan." Le dijo Misao. Era más do que obvio donde vivía el abuelo Hiko.
Kaoru volvió a sonreír de aquella manera que tanto desconcertaba a los Kamiya. Ella sacudió la cabeza, negándolo.
"He oído a alguien por el camino de que el abuelo esta en Tokyo ahora mismo." Susurró débilmente Kaoru. "Negocios, creo."
Koujiro se pasó una mano por la cara. No sabía lo que era más sorprendente: que Kaoru supiera que su padre estaba allí en la ciudad ahora mismo o que alguien le hubiera dicho accidentalmente eso.
Pero… ¿Por qué se espantaba tanto? Desde que Kaoru había logrado que dejara de beber al hacerle una visita a su cabaña en las montañas que su padre parecía que había decidido vivir por y para la niña.
Su devoción a Kaoru era tanta que hasta había empezado a circular rumores de que se ofrecían recompensas a todo aquel que notificara a Hiko Seijuro de cualquier cosa que hubiera disgustado a su nieta. Miró alrededor. Con la pobreza que habia ahora mismo en el país estaría seguro que para cuando llegara Kaoru, Hiko ya estaría al tanto de lo que habia pasado.
― ¿Cuan disgustada creéis que estará Kaoru? ― Preguntó Koujiro a sus hijas.
Su mujer se detuvo a su lado y lo miró con una ceja arqueada.
― ¿Qué? ― Curioseó Koujiro.
― Anata… Kaoru no estaba disgustada. Yo diría que estaba furiosa. ¿Es que no te fijaste en el color de sus ojos? Estaban tan o más verdes que los de Misao.
Y todos ellos sabían que cuando Kaoru se enojaba, no se quedaba quietecita leyendo "Tsukio Hen". Si la golpeaban, era casi seguro que ella devolviera el golpe. Con creces.
La única respuesta que Sakura obtuvo fue el suspiró resignado de su esposo.
― Regresemos al dojo. ― Comentó la señora Kamiya. ― Kaoru volverá en cuanto pueda.
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Luego, el asunto de Gohei Hiruma había sido solucionado en un abrir y cerrar de ojos. Después de la forzosa intervención de la policía local, puesto que los hermanos Hiruma no se habían quedado callados, se habia llegado a la conclusión de que un restaurante que no atendía las reglas básica de higiene y que tenía muy poco respecto por sus clientes no debería estar abierto.
De ese modo, los hermanos Hiruma habían sido forzados a cerrar su establecimiento y encima pagar una jugosa indemnización a sus empleados, es decir, la familia Sekihara.
Con ese dinero, la familia Sekihara había decidido empezar un negocio por su propia cuenta. Habia abierto un nuevo restaurante en una de las calles más concurridas de Tokyo; además que nunca más dependerían de tercero, el nuevo restaurante al que había nombrado "Akabeko" se convertiría en un negocio familiar. Así Tae Sekihara, quien tenía ahora quince años, hedería el restaurante cuando sus padres falleciesen.
Con satisfacción, Tae miró al restaurante atestado de gente. Si no fuera por la intervención de esa niña tan extraña, ahora ella y su familia no tendrían ni donde vivir. Pero ella había dado una pequeña sugestión y el hombre, al que todos decían ser su abuelo, la había mirado atentamente y había atendido a su pedido.
― ¿Por qué no ayudarles a iniciar su proprio negocio?― Había dijo a su abuelo, como si ellos no estuvieran allí escuchando todo lo que decían. "Hay un edificio en la calle principal de Tokyo que está abandonado desde hace mucho. Podría construir un restaurante tradicional allí y vivir en la parte de arriba.
Tae se preguntaba cómo era posible que una niña tan pequeña tuviera tanta influencia sobre un hombre que se notaba a leguas que no obedecía a nadie y ni aceptaba órdenes. Que ella consiguiera tal hazaña a tan corta edad le parecía desconcertante y fascinante en la misma medida.
Sé preguntaba que más sorpresas tendría Kaoru Kamiya y se había hecho lo correcto al aceptar su propuesta e que fuera su amiga.
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― Es una comadreja. ― Expuso Megumi, como si ni Misao ni Kaoru no se hubieran dado cuenta de ello. ― ¿Por qué simplemente no podemos ser como las demás familias y tener un perro o un gato como mascota? Es lo más normal.
Kaoru pestañeó.
― La familia Kamiya no es como las demás familias. Somos especiales. Además, es tan típico tener un perro o un gato como mascota. ¿Qué hay de malo tener una comadreja como mascota? Si ignoramos el hecho de sabe comportarse, es bastante limpio y a Ayame y Susame les encantó.
― Opino lo mismo que Kaoru. Además, míralo, Megumi. Es adorable.
Megumi hizo una mueca de asco al mirar a la comadreja. ¿Adorable? Era el animal más feo que habia tenido la desgracia de ver, y encima se parecía a una rata.
― Es feo. ― La comadreja siseó. Era bastante obvio que no le gustó el cumplido de Megumi. Le enseñó los dientes y Megumi temió por unos segundos que fuera a morderla. Retrocedió. ―Además se parece a una rata."
Kaoru frunció el ceño mientras miraba detenidamente a la comadreja. Kenshin se había asomado al pasillo que daba acceso al jardín después de dejar el arroz cociendo en la olla a fuego lento.
Los ojos de Kaoru se iluminaron y abrazó efusivamente a Megumi, mientras esta intentaba sacársela de encima. No le gustaba que los demás le tocasen sin su consentimiento.
― ¡Eres un genio, Megumi!
― ¿Ah sí? ¿Y eso porque? ― Inquirió Megumi mientras la apartaba de un tirón. Kaoru se sonrojo levemente y Kenshin se la quedó mirando embobado. Era la primera vez que la veía sonrojarse.
― Bueno, tenemos que ponerle un nombre a la comadreja. Además de ser un nombre que tenga algo que ver con él, también tiene que ser un nombre que le gusté. Cuando dijiste Nezumi (rata), la comadreja se irguió y se quedó mirándote como lo hace un perro cuando lo llamamos. Me parece que ya hemos encontrado la solución a nuestro problema.
― No es mi problema si la comadreja tiene o no un nombre. ― Setenció Megumi, pero ni Kaoru ni Misao dieron muestras de haberla escuchado. Sintiendo profundamente ofendida por la actitud de ellas, bufó y se marchó de allí.
Mientras tanto, Kaoru y Misao dijeron usar aquella oportunidad para adiestrar a Nezumi llamándolo repetidas veces y enseñarle pequeños trucos.
Kenshin se recostó contra la pared mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y sonrió como un tonto. Kaoru parecía un ángel sonriendo como si hubiera encontrado el más valioso de los tesoros. Al verla jugar con Nezumi y reírse cuando la comadreja su puso patas arribas, enseñado su barriguita para que se la acariciaran, Kenshin se preguntó si algún día también él se atrevería a tomar tantas libertades con ella.
Cuando el olor a algo quemándose inundó as fosas nasales de Kenshin, y un grito femenino vino de la cocina, Kenshin abrió los ojos como platos acordándose súbitamente del arroz.
Corriendo, Kenshin rezó a los cielos para que el arroz no se hubiera quemado mucho.
Continuará...
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(26/06/2012) EDIT: En la versión original del anime ― es decir la japonesa ― Misao siempre trata a Kaoru por "Kaoru-san"; al mismo tiempo Kaoru la llama "Misao-chan". De la misma manera en que Kenshin tiene la manía de llamar todos por "...-dono" (con excepción de Sanosuke, Yahiko y Saito), supongo que tanto Kaoru como Misao se han acostumbrado a llamarse así. Por lo que, no podría ser diferente en este fic no? XD *Ahora quisiera saber como voy a añadir la personalidad del vagabundo a Kenshin. -.-*
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Notas de autora: Hum… Finjamos que este es un capítulo especial, dedicado exclusivamente a Nezumi (cuyo nombre lo saqué del anime No. 6 – uno de mis animes favoritos), ¿sí? XD
Bueno, técnicamente, el capitulo ha sido prácticamente sobre la comadreja, porque me parece que mucha gente pensó que me refería a Misao cuando no era así. x_x Tenía que escribir hablando sobre Nezumi para dejar claro que ellos tenían una mascota.
Sé que no ha ocurrido gran cosa en el capítulo, y quizás hasta resultado algo aburrido (¡aunque yo me divertí mucho escribiendo), pero supongo que no me sentía muy inspirada.
En el próximo capítulo van a entrar a escena los hermanos Amakusa y los usaré a ellos para hacer que "el abuelo" (que será Hiko como todas mis lectoras me han pedido) aparezca también. En cuanto a Aoshi y Sanosuke, solo puedo decir esto: pronto. Muy pronto. *~*
Gracias atodas mis lectoras por sus comentarios en el capítulo anterior.
Espero que al final les haya gustado el capítulo. Sigan dejando sus comentarios, porque lo crean o no, ellos me animan a seguir escribiendo el fic.
¡Hasta la próxima! (^ω^)
"Cuando el amor no es locura, no es amor."
