Capitulo 9 Confesiones
Byakuya, se sentó en la silla de su despacho y algo nervioso e intrigado cogió la cajita, quitó el cordel rojo, y se dispuso a mirar hacía a dentro, saco todo lo que había en la cajita: un pincel, un tintero y una carta... realmente el pincel y el tintero eran muy bonitos e iban a juego, pero lo que más le llamo la atención fue ese sobre con flores de cerezos dibujados, en el sobre se leía para Byakuya Kuchiki, y en el revés ponía de Marian. La abrió con cuidado, saco la carta y la leyó:
Lamento haber causado tristeza y dolor en tu corazón. Esta es la mejor manera que he encontrado para disculparme y te lo escribo de todo corazón:
Autor anónimo: MIL POEMAS DE PERDÓN
Te escribiré un poema por cada día sin tu perdón
Los deslizaré bajo tu puerta, entrarán por tu ventana,
los colgaré de todos los árboles de la manzana
Deberás reconocer que seré todo ímpetu y fervor.
Uno lo escribiré en papel rosado, otro en amarillo,
Probaré todos los colores hasta dar con tu preferido.
Contrataré una paloma para que lo entregue en tu mano
Dile al cartero lo que le toca y que esté preparado.
Haré un camino de poemas de perdón a mis pies,
Para que vayas recogiéndolos y llegues al jardín
Donde estaré esperándote para disculparme,
Para que entiendas que necesito volverte a ver.
Lo siento Byakuya
Marian
Byakuya se emocionó hasta el punto de escaparse alguna lágrima de sus grisáceos ojos. Jamás le habían hecho algo así y aún menos le habían escrito un poema pidiendo su perdón. Estaba asombrado de él mismo nunca se había sentido tan vulnerable por una mujer. Se levanto rápidamente y se dispuso a ir a ver a la joven.
Primero observo el árbol a lo lejos por si había alguien por allí… pero para su sorpresa solo se veían a los tres pequeños durmiendo plácidamente… Y de repente escuchó a alguien sollozar y llorar silenciosamente dentro del río, se acercó un poco no sabía si era ella... y escucho:
- Al menos no les hicieron daño a los pequeños… y no bastante con este dolor que tengo por todo el cuerpo y por toda la cara… no sé si le habrá llegado el regalo a Byakuya y si me habrá perdonado.
Byakuya se fue acercando poco a poco para no asustarla, y dijo en voz baja Marian, ¿estás por aquí?.
- O no Byakuya- pensó, y dijo- Si, un momento ahora salgo. En breve salió del río vistiéndose lo más rápido que pudo.
- ¿Que hacías ahí bañándote tan tarde? ¿Te ocurre algo? ¿Te escuche llorar?
- No, todo está bien, no te preocupes… contesto con la cabeza agachada.
- Vine a agradecerte por el regalo, era muy bonito y la carta era muy sincera y hermosa… no he podido venir en estos días tenía mucho trabajo… lo siento. Pero no estaba enfadado contigo.
- No hacía falta que me agradecieras nada dijo aún con la cabeza agachada, te quise hacer un regalo y lo hice, y como trabajas tanto pensé que eso sería lo apropiado, aunque no sabía si te llegaría a ciencia cierta.
- Byakuya a pesar de no conocerla mucho, la notaba extraña, y recordó lo que había escuchado y le preguntó: ¿Marian que ha pasado? Te escuché cuando hablabas sola en voz alta, dijiste que te dolía todo y que al menos los pequeños estaban bien. ¿Qué pasó?
- Nada de verdad, pensaba en voz alta, eso es todo.
- Marian no me engañes, al menos podrías mirarme a la cara no? Le dijo algo molesto.
- ¿Porqué?
- Porque es de mala educación, dijo dulcemente… agarró su mentón y levantó su rostro a pesar de que ella se resistía.
Entonces la vio, toda golpeada y sangrando por una ceja, con morados en los brazos, y se sujetaba el estomago con una mano.
- ¿Pero que te ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto?- dijo con tono enfurecido… y no me mientas por favor…
- Bueno… verás… es que unos adultos quisieron robar a los pequeños el desayuno que les di y yo me metí en medio, entendía que tuvieran hambre pero no era justo que gente adulta le robará la comida a unos niños, simplemente porque eran mayores que ellos. Conseguí golpear a bastantes, pero eran muchos, dos hombres me agarraron de los brazos y otros me golpearon donde pillaban… uno me dijo que iba a pagar caro el haber hablado con un shinigami y haberle dado algo, se referían a tu regalo… Por eso estaba en el río, estaba limpiándome las heridas, y como el agua estaba fría quería usarla como antiinflamatorio; pero llegaste tú… y por eso… no quería mirarte a la cara. Lo siento mucho de verdad, te lo debería de haber dicho pero no quería, por si te preocupabas… y yo… yo estaba asustada…
- Ven, estírate aquí, yo te puedo curar pero tendrás que dejarme ver tus heridas para saber si puedo curarte.
- Pero, pero no es necesario de verdad.
- Marian por favor mira como estas… ¿Es que a caso no confías en mí?
- Si confío en ti, mucho tengo que decir, pero es que… es que me da vergüenza.
- Llevas una camiseta de tirantes, los brazos los veo, solo me has de enseñar tu estomago que es donde más golpes te habrán dado seguramente. Miraré también el tobillo que te torciste el otro día, ahora no nos ve nadie.
- Esta bien, levantándose la camiseta, dejando ver su estomago y su barriga. ¿Byakuya?
- ¿Si?
- Gracias.
- De nada princesa. Con la luz de la luna vio todos los golpes, morados y arañazos que le habían hecho… entre dientes maldecía a esos hombres que le habían hecho eso a su Marian. Noto como a Marian le costaba respirar, y cuando respiraba lo hacía demasiado rápido, aunque también podía ser que estuvieses algo nerviosa… Tenía un vientre plano, delgado y se admiraba la hermosa curvatura de su cintura, se veía que esa piel debía ser muy suave… pensó para sí mismo.
- Marian muy sonrojada por la situación y por el comentario de princesa que había dicho Byakuya, pregunto: ¿Cómo lo ves? ¿Hay muchas marcas?
- Byakuya pensó para sí mismo demasiados golpes, ¡desgraciados! ... Bueno, sí hay bastantes golpes pero miraré a ver si puedo curar todas tus heridas. Byakuya colocó las palmas de sus manos a unos pocos centímetros del estómago de Marian y sin decir nada una luz salió de ellas. Noto como Marian empezó a sentir alivio, ya que respiraba algo mejor…
- Marian dijo algo muy ruborizada: Byakuya podrías apoyar tus manos en mí estomago, me sentiría más cómoda, así parecería que fueses médico.
Byakuya muy sonrojado dijo: Está bien, si lo prefieres… apoyo sus frías y suaves manos en su estomago mientras la curaba, se deleitaba con cada contacto de su cálida y suave piel… al igual que Marian que sentía la suavidad de sus manos como si de una caricia se tratase.
Al cabo de un rato ya no había rastro de dolor ni en el estomago, ni en el tobillo; solo faltaba curar la cara esta vez solo coloco una mano encima a escasos centímetros de su rostro. Byakuya le pidió a Marian que cerrara los ojos ya que esa luz de sanación podía molestarle en los ojos… pero Byakuya no se esperaba que la mano de Marian tocara la suya y la apoyara en su mejilla y Marian con los ojos aún cerrados dijo:
- Que bien se siente cuando tu piel entra en contacto con la mía… se siente tan cálida y suave.
- Byakuya se sonrojo, aunque Marian no pudiera verlo. Y dijo casi en un susurró: Es cierto tu piel es suave y hermosa, princesa.
Al cabo de unos minutos Byakuya separo su mano, la luz desapareció y perdió el contacto con su piel. Marian abrió sus ojos y se encontró con la dulce mirada de Byakuya tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse, ella la aceptó, y cuando estuvo levantada le dio las gracias con una enorme sonrisa.
Marian le dijo: ¿puedo agradecerte lo que has hecho por mí?
- Byakuya le dijo no había nada que agradecer.
- Pero ella insistió, por favor…
- Esta bien.
- No sé si aquí está bien visto, pero como es de noche nadie lo va a ver… Se le acercó lentamente, colocó con una suavidad indescriptible sus labios sobre los suyos y sus brazos rodearon su cuello, acariciando su cabello y su nuca.
- Byakuya estaba sorprendido, pero se dejo llevar por la calidez y ternura de ese beso, y con suavidad rodeo la cintura de Marian acercándosela hacía su cuerpo y dándose cuenta que aún no se había bajado la camiseta y estaba acariciando y rodeando la parte lumbar de la chica; que piel más suave… -pensaba para a sí mismo. Sus labios y sus movimientos estaban acompasados completamente, entre ternura, pasión, deseo y dulzura. Byakuya introdujo su lengua en la boca de ella, haciendo que ella soltara un pequeño gemido por la intrusión, Byakuya sostenía su cuello causando más presión y deseo en sus bocas; y sus lenguas comenzaron a bailar al unísono en la boca del otro. Al rato se separaron lentamente por la falta de aire, respiraban entrecortadamente.
Marian le abrazó fuertemente y le susurró en el oído:
- Me gustas no, lo siguiente… me tienes completamente enloquecida por ti.
Byakuya sonrojado por la confesión de la joven, y su respiración en su oído dijo:
- Creo que podría decir lo mismo, princesa.
Volvieron a besarse varias veces, y acabaron despidiéndose y dándose las buenas noches abrazados y con un dulce pero profundo beso.
- Buenas noches mi luz - dijo Marian.
- Buenas noches princesa -dijo Byakuya.
Marian se acostó al lado de los pequeños con una gran felicidad en su rostro y en su corazón, recordando sus labios, sus manos, sus abrazos, su rostro, sus palabras y gestos y como había curado sus heridas… era el hombre perfecto: atento, guapo, atractivo, buen besador, dulce, tierno, comprensivo… vamos el príncipe azul que toda mujer esperaría encontrar en su vida… y ojalá su destino en ese nuevo lugar estuviese cerca de él y a poder ser entre sus brazos.
Por otro lado Byakuya, estaba como un niño con zapatos nuevos, no dejaba de pensar en todo lo que Marian le había hecho sentir, besaba escandalosamente bien, nunca había encontrado a alguien que se entregase de esa manera en un beso, recordaba el contacto con su piel, su suavidad, su calidez y como rodeó su espalda y su pequeña cintura… tenía una curvas de infarto… Ahora tenía que conseguir dormir aunque con esos pensamientos en su cabeza sabía que iba a resultar difícil, pero cayó rendido más rápido de lo que él hubiese imaginado, se sentía muy relajado.
Ohhhhhhhhhh el primer beso de la historia, pero les aseguro que no será el último... que romántico y apasionado !
