Lala Lulu: Hola! Bueno, si el primero les pareció intenso, en éste voy a sacudirles los sentimientos como botella ketchup a casi terminar. Así que sosteneos firme. Veremos el día después de Vegeta, un par de nuevas apariciones y nos ponemos más en contexto de un lado y del otro. Me he dado cuenta que no he puesto rolita para ésta historia. Pero es difícil, es como una historia moderna con tintes del antiguo Japón. Pero ¡A leer se ha dicho! ¡Gracias a los que se van sumando y por sus rws!
¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!
No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…
Capítulo 2
Vegeta despertaba, escuchaba golpes en la puerta, y su Scouter sonando. Para las pocas cosas que lo usan es para comunicarse por una red privada, pero es de poco alcance. En lugar de cabrearse, contesta el Scouter primero. Con gesto adormilado y desprecio enfoca al cara de tonto. —Grrr, Kakarotto ¿Qué pasa?
—Buenos días Vegeta, estoy golpeando la puerta de tu habitación. —Contesta y deja los golpes. — ¿Estás bien? Nos preocupamos que hayas faltado a entrenar.
Se sienta en la cama, se mira y se acostó a dormir con la ropa de anoche. Más le sorprende ver la hora —"¿Acabo de dormir una noche completa?" —No se lo cree, no recuerda ninguna pesadilla ni nada.
Nappa llega a ver si Kakarotto dio con Vegeta. — ¿Está ahí? —Lo ve asentir y tan extrañado como él. Reconocen su Ki, pero no su actitud. Si se hubiera alcoholizado hasta dormirse, como a veces acostumbra, tampoco falta a entrenar. Sí llega más cabreado y descoordinado.
— ¡Sí! ¡Estoy aquí! —Vegeta siente el Ki de Nappa recién llegado detrás de la puerta. —Sigo vivo y en una hora salgo.
Les corta tan seco como siempre, pero los Saiyajin se miran sin entender. El jamás ha faltado a un entrenamiento, su insomnio nunca se lo permitió.
Vegeta respira y vuelve a tirarse en la cama. Toca su pecho por encima de su camisa arrugada. El olor… De ella sigue ahí. Recuerda que anoche repitió todo como siempre, lavándose frenético las manos una y otra vez, por desconfianza de que algún bálsamo venenoso haya estado en el cuerpo de la mujer, como ya le ha pasado antes. Recuerda también, que al voltearla boca arriba y revisar sus signos vitales, le dieron ganas voraces de tocarla y estimularla con sus manos, con su boca... Hasta se arrepiente un poco de no haberlo hecho ¿Por qué un ser inocente como ella le haría algo?
Le habían ofrecido limpiar, pero se negó rotundo, alegando que ya quería irse a dormir. También cuando vio que la anciana Hakkake la vestía, tuvo que girarse ante la imagen molesta de que la tocaran. También les dijo que alguien del área médica la revisara, y que cuando despierte le den todo lo que pidiera. Revisa su Scouter y no hay mensajes, más que de la molesta insistencia de Kakarotto, Nappa y Bardock. Envía uno a las encargadas del servicio, le confirman que ella aun no despierta. Tiene una sensación incómoda por eso ¿Se salió de control? ¿La habrá lastimado? Pero se sintió tan bien, cada sensación que ella le provocaba se sentía deliciosa, no pudo evitar esforzarse en estimular su punto G. Se moría por tocarla aún más pero… ¿Si su piel estaba envenenada? ¿O su boca? Al igual que la primera, que lo sedujo para tocarla, y casi cae inconsciente. Parpadea grande, aun con todas estas preguntas, siente la mente tan clara, fresca, como si nada le pesara. Se reprende por haberse perdido ésta oportunidad de entrenar. Así de vital como se siente, hubiera podido darle una golpiza al idiota o a Broly.
Se levanta y limpia todo, se encarga personalmente, no quiere que nadie toque la ropa, o ninguna tela donde ésa hembra dejó su olor. Trata de ni siquiera analizar el porqué, como si quisiera pasar un puente colgante sin mirar abajo. Está sentado en la pequeña mesita desayunador, termina el té y ve a la anciana entrar para recoger todo. —Hay ropa para colgar, ya lavada. —Señala a un lado. —Hm, la secadora apenas respondía. El lavarropas aunque anticuado—
—¡Oh Su Alteza! ¡No debió, no debió! —La anciana horrorizada, se apura para juntar todo, llama para que le den una mano. No quiere que la regañen o que el Príncipe se enoje porque tuvo que encargarse él mismo.
Vegeta ajusta sus guantes. No entiende la conmoción, si bien a él no le gusta perder tiempo en banalidades, tampoco es un mocoso remilgado ¡Carajo! ¡Ha dormido en la intemperie y entre cadáveres! —Ya… No fue un drama, lo mandaré a arreglar. Mandar todo a la zona de lavanderías puede sobrecargarlos. Por eso para cosas rápidas, están las máquinas al alcance. —Mira al marco de la puerta, la recuerda entrando con las cubetas. — Si todavía no arreglan bien los grifos y el agua caliente, uno de mis Élites puede encargarse de transportar el agua. Las hembras terrícolas son débiles y lentas. —Un comentario despectivo, pero que salió con tono suave. —Sé que por requisitos de seguridad míos, no tengo servidumbre masculina o muchos guardias hombres. Pero si todo sale bien en unos días, eso ya no será molestia.
El ama de llaves tiene los ojos como platos, el tono del Príncipe se escucha normal… Demasiado templado. Justo que toma aire de su asombro.
— ¿La Señorita Tsukino ha despertado? —Pregunta enfocándose en lo que hace, guantes botas, pechera, cápsulas.
—Ah, pues sí. Hace unos momentos, le enviaron todos los alimentos que pidió. La Señorita Mizuno la está cuidando, aún sigue en cama. —Aclara su garganta al escuchar un silencio que le exige más información. —Sus compañeras de cuarto querían verla, salieron de sus obligaciones, y las puse en su lugar. Hasta la Señorita Hino, con quien ella ha tratado.
Vegeta piensa un poco, si no les da permiso ellas estarán preocupadas. Mejor esquivar a las sirvientas chismosas. —Deles un permiso… —Piensa unos momentos y no, definitivamente saber esto de segunda mano no lo satisface. —Anoche no le gratifiqué el servicio. Si no puede levantarse, iré yo a cerrar el asunto. —Siente el Ki de la Anciana dar picos del susto, en lugar de enojarlo, le da gracia. Dibuja una mueca mientras camina a la puerta.
— ¡¿Queeé?! ¡NO SU ALTEZA! ¡¿Cómo se le ocurre?! ¡Ir a las habitaciones del servicio!
—El Príncipe, Heredero del Imperio Saiyajin, no es ningún tacaño. —Se gira sobre su hombro y técnicamente la apuñala con la mirada. —Y si quiero ir a verla, voy a hacerlo.
—… Jaja, así que sí. La dejó echa un trapo ¡Jajajaja! — Maron comentaba entre risas, el resto de la servidumbre se reía. Las amigas de Serena la apuñalaban con la mirada.
Lita estaba de espaldas, terminando de limpiar lo que había dejado Serena. Hasta les dieron permiso de repartirse entre ellas lo que sobraba, siente un brazo de Maron cruzar sus hombros.
— ¡Hmp! ¡No veo porqué tantas molestias para ésa! ¡Le prestó servicios como cualquier otra! —Maron muy cizañera resopla, mira todo lo que le llevaron ¡Hasta frutas y carne! —Muy pronto, alguna de nosotras debe de exigir el mismo banquete al día siguiente.
—¡Te me quitas de encima! —Lita la zamarrea de su Yukata y la levanta del piso.
— ¡Lita no! — Rei la detiene y con ayuda de Milk las separan. —Si quieren empezamos a almorzar en mi sala, así no nos cruzamos con… Indeseables. —A Rei le gustaba almorzar en el salón común con sus amigas… Y la otra verdad era que así podía estar al corriente con los chismes o murmuraciones del servicio, ya que suelen tener información de primera mano. Pero esto, atreverse a murmurar de Serena, es demasiado.
El resto pone mala cara. — ¡¿Cómo?! ¿Indeseables? —Zangya recibe el guante y se pone junto a Maron con las demás. —Nada de lo que dijimos es mentira. Ella es una más como nosotros, y lo mejor, es que de seguro ya no la veremos. Y ojalá pida una cabaña o suficiente dinero para llevarse a su cardumen de tontas.
— ¡Repíteme eso! —Mina se levanta y Ami la toma de los brazos.
—¡Basta! ¿Qué sucede aquí? —La Señora Hakkake irrumpe el escándalo. Y al instante todos vuelven a su trabajo. —Ustedes… —Apunta con la vista a las amigas de la terrícola y les pide salir afuera. —Si ya terminaron de limpiar lo del almuerzo, el Príncipe les da permiso de ir con su amiga y verificar que está todo bien. —Las ve saltar contentas y se inclinan agradecidas.
Serena siente unos golpes en la puerta y da permiso para entrar. —Buenas, Señora Hakkake. Ya estoy lista para ponerme al día con mis tareas. —Se inclina y termina de ajustar sus botas. Una vez que salió de la cama se sacudió toda la tristeza, así que se decidió a trabajar.
La Señora parpadea grande, resopla a un lado. —Hm, si te sientes bien. El Príncipe Heredero quiere gratificarte el servicio. —Ve a la muchacha parpadear en verdad sorprendida y confundida, como si el Príncipe no debiera hacerlo. Ahora la curiosidad la inunda ¿Qué pasó anoche entre éstos dos? —Pero antes le dio permiso para que tus compañeras vieran que estás bien. Debe ser para que no se arme revuelo de chismes. Ya sabes, hazte fama…
Serena asiente sin creerlo, y va con las chicas al cuarto de Rei. Y la primera en saltar…
— ¡Te lo dije! ¡Te lo dije! —Mina la sacude haciéndola volar su taza de té. —Algo pasó, estoy segura, mi instinto en cosas del corazón nunca ha fallado. —Le frunce la vista a Serena y le da codazos cómplices. —Mmm… Picarona. —Hace saltar a Serena al techo, toda ruborizada.
—Mina, deja de atormentarla. —Lita la toma fuerte del brazo y la sienta. —Sí… Admito que, me sorprendió que nos dieran permiso para verte. —Se acerca a Serena y la toma de la mano. —Por favor Serena, dinos la verdad.
Serena toma aire y dibuja una sonrisa. —Se los digo, fue… Como correspondía, respetó el protocolo de seguridad, tocándome apenas lo necesario. —Recuerda que es una regla, debido a que hubo intentos de mujeres, que han querido matarlo con veneno en sus cuerpos. —Bueno, no tengo experiencia verdadera en éstas cosas, en verdad no hice nada como Mina insinúa. —Entrelaza sus dedos, de pronto no sabe si merece la gratificación, su mirada es triste. —Quizás es que le di lastima por haberme desmayado. —Larga unas risas, como intentando sacudirse la tristeza.
— ¿Ves? A eso voy. —Lita la toma del mentón y la enfoca. —Serena, sonríes, pero estás triste. Tú me ayudaste en el peor momento, no me ocultes tu dolor.
Serena la mira fijamente. —Mírame, no te miento. Estoy bien. Yo acepté darle el servicio, Y…— "Si supieran que mi tristeza es porque… Va a olvidarme otra vez…" La mente de Serena le susurra la verdad y se asusta. —No me golpeó, ni me insultó, o me hizo cosas horribles como la mente de Miiinaaa…—Le afila la mirada a ésa rubia de pensamientos sucios. — Les debe estar haciendo creer. — "Nunca me imaginé algo así, lujurioso… Pero suave. Hasta sentí que… Quería que yo también disfrutara…Me gustó." Serena respira hondo, mientras trata de que su mente no se llene de imágenes obscenas, con el Príncipe Vegeta de protagonista.
Rei rechista fuerte. —Pues es lo mínimo que puede hacer. Quizás lo agarraste de buenas. En el Séquito del Rey y la Reina, cuentan que tiene delirios y arranques violentos. Que las Guerras lo volvieron loco, que es por eso que tiene tan poco personal, porque teme que haya testigos que lo declaren demente y pierda el derecho al Trono.
Serena la escucha, sí sabe ella y todos, que siempre es muy frío y con una actitud implacable. Su mirada asesina y por cómo se carga el aire de tensión alrededor se lo confirman. Por alguna extraña razón, la vaga imagen de hace diez años regresa, sí era un joven serio, muy fuerte… Pero no éste demonio sediento de sangre en el que se convirtió. —"Un Saiyajin…" —Repite en su mente la voz de Milk. Suspira disimulada y sigue escuchado a sus amigas.
—Rei… ¿Tú hablas así cuando sirves a la Reina? —Ami le pregunta.
—Soy de piedra, sólo quieren a alguien como objeto. —Rei pone los ojos en blanco. —Ella y su séquito hablan de lo débiles y delicadas que son las terrícolas, en cambio ellas, mujeres rudas y resistentes, blah, blah. Estoy empezando a creer que el Príncipe no me llama a trabajar cuando se reúne a beber con su séquito, porque cree que puedo estar influenciada por su Madre. —Piensa en voz alta, parpadea. Se hace la desentendida ¿Acaso se le escapó algo? Revisa en su mente lo que acaba de decir.
— ¿Sí? —Milk le pregunta curiosa. — ¿Crees que te llame para matarte por espía?
—Jajaja, no lo creo. —Rei ha visto que El Príncipe prefiere ignorarla. —Primero, ya lo dije, soy de piedra. La vieja me cae aun peor. Y no creo que quieran hacerle algo a alguien que pertenece a la servidumbre política más importante de la Tierra, sólo porque comento estas tonterías con ustedes ¿Se imaginan el conflicto? Ningún terrícola querría apoyarlos, al ver que ni siquiera traicionando a tu propia raza te asegura protección. —Les frunce su mirada asesina. —Además puedo confiar en ustedes ¿Verdad? —Las chicas asienten muy asustadas de cómo cambió su cara, parecía estar por calcinarlas. Luna y Artemis la escuchan y niegan con la cabeza ¿Cuándo va a aprender a ser o fingir ser un poco más dócil?
Vegeta iba a ponerse al día con el entrenamiento, se metía entre los bosques altos de cedros, y escalaba. Si bien sabe volar, hacer esto es para fortalecer los brazos, y los reflejos, las ramas frondosas podrían quitarle un ojo. Por detrás lo siguen Kakarotto y Broly. Justo en la copa, mira un poco, el sol… ¿Siempre fue tan brillante? El Planeta Vegeta Original, de lo que recuerda, era con un sol mucho más grande y tierra rojiza. En cambio el lugar que eligieron como Nuevo Vegeta, es más un centro estratégico de comunicación y mando. Una roca desértica, más bien parece una base militar pura y nada más. En cambio éste planeta, azul, pero es lo verde lo que ahora lo asombra. —Miren… —Vegeta les llama la atención. —Se nota que éste bosque fue quemado. —Revisa la corteza del árbol. —En cambio se recuperó. Éstos árboles pueden tener como cien años, y pudieron ser arrasados varias veces por algún ataque nuestro, sin embargo, reverdecen… —Mira fascinado, respira el aire fresco ¿Por qué recién ahora presta atención a ésas cosas?
Broly entiende lo que dice, sin embargo Kakarotto, está con las cejas en alto sin entender qué le pasa a Vegeta. Se acerca a Broly para hablarle en voz baja. —Oye… ¿Vegeta nos está dando un tour por el bosque?
Broly se despabila, y mira al Príncipe, escanea su Ki… Sí es todo muy extraño. El entrenamiento fue… ¿Pacífico?
—Vamos, por las rocas. —Señala donde no hay vegetación que puedan quemar por accidente. Al llegar lo siguen en silencio, a Vegeta no le parece incómodo, es más así le gustaría que fueran todos los días entrenando con Kakarotto. —… Bueno Broly, si quieres ponerte las pulseras que drenan el Ki.
El Ki de Broly queda frío del susto, Vegeta en tono amable suena terrorífico. —S-Sí.
Raditz llegaba con su padre y veían impresionados como repetían tácticas y hablaban, bastante pacíficamente. — ¿Ves? Estuvo así desde que se levantó. —Raditz lo señala. Está hablando y mostrándole a Broly una postura firme de un ataque suyo.
— ¡Ah! ¡General! —Vegeta llega hasta Bardock, aterriza firme. —Disculpe, se me hizo tarde, no fue mi intención. —Se gira a sus compañeros de entrenamiento. —Todo por hoy, al menos por mí. Toca diplomacia… —Pone los ojos en blanco.
Correcto… Correcto. Bardock está oficialmente asustado ¡¿Qué carajos?! Bardock lo dejaba hablar, no era tanto los temas, sino el tono y el humor. Su ceño fruncido de siempre, pero la mirada brillante. Prefirió responder monosilábico, para no romper el ambiente de lo que carajos sea que está pasando.
Llegaban al despacho de Vegeta. —Ya tengo un plan B, porque seguro alguno de los viejos, si no son todos, van a rechazar mi idea y—Se detiene al ver que Bardock lo escanea de cerca, hasta lo olfatea.
—Hm, no has bebido nada ¿Es cierto que te quedaste dormido? —Bardock, está a punto
—Sí, sólo dormí bien. —Vegeta levanta una ceja ¿Qué se traen todos hoy?
—Se nota que no bebiste para poder dormirte. —Verifica señales de resaca, pero su olfato no le miente. Parpadea al recordar. — Me enteré que la hembra de la que sospechaste, quedó desmayada anoche ¿Qué pasó? —Vegeta lo apuñala con la vista, casi tronando su cuello, la mirada de matón sigue ahí. Se escuda con una mano. —Lo pregunto, por si sucedió algo de qué preocuparse o si confirmaste tus sospechas…
Vegeta gira el rostro, no sabe el porqué no puede verlo a los ojos mientras recuerda lo de anoche. —Anoche… Anoche pasó lo que debía pasar y…No ocultaba nada. Era una sirvienta más. —Lo ve esperando una verdadera respuesta ¿Por qué no le cree? —Hmp, he tenido mujeres más hermosas, más habilidosas. Ella era común y corriente. Débil, como dijiste ella se desmayó. Es extremadamente delicada —"Y sensible…Mucho" Se encoge de hombros. En verdad es la primera, desde hace años, que lo han hecho sentir así de satisfecho. Las otras que no eran espías o asesinas, aun con sus cuerpos voluptuosos, con sus juegos de seducción o con sus habilidades, nunca lo hicieron sentir un orgasmo tan… —"Exquisito."— Rápido cambia de tema, ya que la reunión es en un par de días, el tiempo apremia.
Después de ponerse de acuerdo con Bardock, explicándole el Plan B, esperaba a Tsukino en su oficina. La hembra entraba con las reverencias y el saludo correcto. De nuevo quedaba inclinada en el suelo, esperando que le den cuerda.
Serena estaba nerviosa, es la primera vez que va a entrar a su oficina, que conecta con el cuarto del Príncipe. Muy respetuosa lo saluda y la culpa la inunda al ver que él le habla tan amable. —Buenas tardes Su Alteza.
—Déjennos a solas. —Vegeta excusa a sus Élites y quedan de guardia en la puerta. —Tsukino, puedes sentarte. —Le ofrece y ella niega con la cabeza. —Me dijeron, que no quisiste tomarte el día que se te ha ofrecido ¿Sientes dolor?—Espera una respuesta.
Serena vuelve a negar. —No quiero atrasarme con mis labores… A-Además yo… —Toma aire y se endereza, desvía la mirada. —Yo le serví mal… —Técnicamente siente que va a largarse a llorar.
Vegeta queda inmóvil en su silla, ella cree que no lo ha satisfecho. La ve afligida por eso, quiere calmarla, debe creer que va a reprenderla o algo. —No me gusta repetirme. —Le señala la silla. Ella asiente, y traga duro saliva. Se sienta y espera. —Te llamé para gratificarte.
—Lo sé y no lo merezco. —De nuevo se inclina en vergüenza.
—Tuve un orgasmo si eso te preocupa. Si no lo recuerdas, debe ser porque justo que te corriste, habrás caído inconsciente. —"De hecho, quiero que me des otro, y quiero hacerte chorrear de nuevo." Vegeta casi da un salto, baja un poco la mirada, no entiende de dónde salió eso.
Serena lo queda mirando, a pesar de ponerse roja hasta las orejas por escuchar eso de su boca, respira tranquila. Le alegra, en verdad le alegra muchísimo saber que le dio satisfacción. —Sí, pero…Lo, lo hice mal. Debí limpiar—La detiene con la mano.
—Es lo de menos. —Se recuesta en la silla y la ve cambiar de semblante, lo pone de buen humor, en verdad parecía afligida. La mira fijo, pero no tan penetrante, ella lo enfoca con una mueca de sonrisa. —Bien. Ahora, la gratificación. Te digo que no soy ningún tacaño.
Serena se exalta —No, no. Su Alteza ¡Yo jamás creería eso! — Apoya su mano en el escritorio, sin querer se inclina hacia él. La mirada negra del Príncipe la hace sentir atravesada, pero ya no con ésa sensación aterradora. Se suelta y retrocede, para más seguridad deja sus manos en las mangas de su Yukata. Juguetea con sus dedos, en tanto piensa qué es lo que quiere.
Vegeta la ve con sus manos jugando dentro de la tela, y frunciendo los labios mientras piensa. Una hembra terrícola como ella, tan débil y delicada. Seguro querrá una casa y dinero como las demás, así dejar los trabajos pesados o extenuantes. Lo primero que le han pedido muchas es ser parte de su Harén, o una concubina. Pero Vegeta prefiere que las cosas sean así, ya que tarde o temprano éstas hembras lo aburren. Es mejor concentrarse más adelante, en una esposa que le asegure el trono. Una esposa Saiyajin y un heredero puro.
—Yo, pues. No quiero nada en verdad. —Ve al Príncipe con las cejas en alto sin creerlo. —Quizás lo único que me ha estado preocupando, es que me separen de mis amigas. Trabajamos en áreas separadas y la Señora Hakkake me dijo que era recomendable—
— ¿Eso? ¿Sólo eso? —No comprende parpadea incrédulo.
—Estamos juntas desde el orfanato, y —Se encoge de hombros pero con una sonrisa. —Quiero ver cómo ellas hacen sus sueños realidad.
¿Puede ser? ¿Ésta hembra habla en serio? Reformula la pregunta. — ¿Y tú qué sueñas? —Está auténticamente curioso, si ella no es una espía o asesina, y tampoco quería dinero y bienes ¿Por qué aceptó cuando la llamó para darle su servicio?
—Quisiera ser niñera, o institutriz en un orfanato, o en una casa grande. Jeje, para eso debo tener buenas referencias y experiencia. Por eso me conviene quedarme, aunque al parecer voy muy atrás de mi objetivo. —Serena larga unas risitas.
La ve sonriendo, tapándose la boca casi coqueta. —"Ésa boca, la hubiera tomado anoche, pero no lo hice."— Un alivio innegable lo inunda, al saber que no quiere irse. — ¿Quieres una habitación para ti sola pero cerca de tus amigas? ¿Joyas? ¿Un aumento en tu quincena? ¿Mejor ropa? ¿Un menú aparte para ti? —Ella sigue negando muy segura.
—Para mí, saber que lo he servido como corresponde, es suficiente. —Se inclina un poco, en verdad aliviada. Sabe que nunca la volverá a llamar, pero ella va a atesorar el momento que estuvo tan cerca de él.
Ésta hembra, le parece extraña, pero si es eso lo que quiere, no va a insistir y se lo va a dar. —Bien, hablaré con la anciana. Puedes retirarte. —Al final de cuentas, ella no quiere que él intervenga en su vida.
Muchísimo más relajada, se levanta y le sonríe. Agradece sin cesar. Con los ánimos renovados vuelve al trabajo y fantasea tonterías de que él la haya recordado. Además ahora que repasa en su mente, le habló muy amable, con su mala cara de siempre, pero muy calmo. Ve que la hora del té se acerca. Tararea contenta, hasta que llega hasta ella alguien que nunca se esperó.
—Buenas tardes. Mi nombre es Kale. —La Saiyajin se presenta muy seria, su voz es carente emoción. —La Reina solicita su presencia.
—Oh, ah. Hola yo—Mira hacia atrás.
—Le conviene venir sin chistar. A la Reina, no le gusta esperar. — Ve a la terrícola asentir y seguirla. —Si es por su trabajo, ya fue informada la Señora Hakkake.
Serena suspira tranquila. Pero los nervios le vuelven al saber que está por ir al Palacio central, donde no sólo puede cruzarse con el Rey ¡La Reina quiere verla! Se pregunta si habrá hecho lo mismo con las otras mujeres.
Camina de un lado al otro, pica en su mente la información de uno de sus espías. Asegurándole que, el Príncipe Vegeta hoy entrenó más tarde. Y una de las del servicio, le jura que lo vio de buen humor. Que anoche se quedó dormido luego de follarse a otra sirvienta, pero que la debilucha se desmayó, y estuvo preguntando muy insistente por ella. La Reina Selypar, no puede permitir que nada se meta en sus objetivos, sin importar nada. Puede que sea otra hembra que se parezca a la peli-azul ésa ¡Imposible! Con lo que le costó meter a la estúpida de Maron, y tal parece que ha fracasado.
Escucha que golpean la puerta de la sala, la mandó a llamar con Kale, es la menos agresiva de su séquito. Aunque Caulifla insistía, seguro la traía a rastras y a golpes. Pero no, debe ser prudente. Ver qué quiere ésta tonta, que al parecer no pidió nada a cambio, luego de que se la cogieran hasta la inconciencia. Se sienta en la alfombra, tiene puesto un Hanfu, es mucho más cómodo para ella y lujoso además. Una vestimenta tradicional, de lo que se solía conocer como China; de seda finísima en color rojo, unos cintillos que la cruzaban brillaban despampanantes. A las hembras de la realeza les gusta diferenciarse, ya que lo más accesible para los de bajos recursos es una Yukata simple. — Pasen. —Dice estridente, y al instante intenta relajar el tono. Parpadea en sorpresa, parece mucho más joven de lo que le dijeron, no es agraciada. Es más, se ve frágil como una rama seca en el suelo. Kale la saluda y ella se postra en el suelo.
—Majestad, me dijeron que me necesita. —Serena queda esperando una orden, aunque tiene tantos nervios que siente que es mejor así, donde no pueda verla.
Respira aliviada al ver que no es más que lo que le dijeron, una barrendera. Excusa con la mano a Kale. —Cierto. Por favor, acércate. —Le muestra la mesita, donde hay té y muchos bollos dulces. La ve acercarse muy tímida y con miedo. —Jajaja. —Larga unas carcajadas que hacen saltar del miedo a la terrícola. —Ya, no muerdo. —"Pero si puedo apuñalarte ahora mismo." Reprime en su mente.
Serena asiente y se acerca muy tímida. El lugar tiene todos los lujos, una alfombra de color rojizo, con la mesa de té rodeada de almohadones dorados. La Reina no se queda atrás, ése Hanfu tan fino, lleno de detalles brillantes, sus aretes de rubíes, y su cabello corto con hebillas doradas. Mira la comida y se sorprende que le sirva el té. —¡No! ¡Por favor Majestad! ¡De-Déjeme servirle! — Se ofrece con una reverencia.
La Reina resopla y la vuelve a sentar, la siente fría por el contacto. —No sé qué habrás oído de mí. Pero mientras no me des razones, no voy a hacerte nada. —"Además por cómo tiemblas puedes llegar a volcar todo el té, maldita estúpida." Presiona la mandíbula duramente.
Serena comprende lo que le dice, pero siente el aire agresivo de todas formas, quizás es más que un rasgo de familia. Los Saiyajin son así. Ve como su taza se llena, lo toma en sus manos. Una vez más le ofrecen manjares, y su apetito está cerrado. Le molesta horriblemente estar aquí.
—Bien, ahora… —La Reina da un sorbo a su té. —Al punto: ¿Qué pasó anoche? —La hace saltar pálida del susto.
Serena presiona la taza, teme romperla de los nervios, se ve muy fina. La deja en la mesa y contesta. — Anoche el Príncipe Heredero solicitó mis servicios íntimos, yo acepté. Y todo se dio según la norma. —Mira a sus manos entrelazadas, presionándolas de los nervios.
La Reina oculta un resoplo sarcástico. Si fue sólo eso lo que pasó, entonces ése es un clon del Príncipe Vegeta. Levanta una ceja. — ¿En serio? —La hembra asiente muy vehemente. —Mírame a la cara. —Ordena. —Me disgustan los mentirosos. Dicen que se despertó radiante y renovado… No creo que haya sido por lo mismo de siempre.
Serena parpadea ante eso, siente otra oleada de felicidad de saber éso, pero disgusto de enterarse de ésta manera—No, Majestad se lo juro eso fue lo que pasó. —Se endereza con todo el valor que puede. No comprende bien qué quiere saber, sospecha que quizás La Reina cree que cometieron alguna falta o ella desobedeció las reglas. O que hasta no usó protección. —Majestad, se lo aseguro. Su hijo, el Príncipe Heredero, actuó según las normas. No deshonró su Legado y tomó las precauciones necesarias. Protegió el honor de su familia. —Pone una mano en forma de puño del lado de su corazón.
La Reina está satisfecha con la respuesta. No, la mujercita no parece una mentirosa. Se relaja, sabe que pidió seguir trabajando para él y si la vuelve a llamar; debe tenerla de su lado, aunque sea de incauta. —Bueno, Jaja. —Sonríe lo más que puede. —Eso saldado, la próxima vez que te llame—
—No. —Serena le responde. —No creo que me llame de nuevo. Le he servido mal, no limpié como corresponde. Me gratificó, y nada más. —No quiere ilusionarse en vano por algo imposible.
Al final la sirvienta, resultó más común y corriente de lo que esperaba. —Ten… —Le ofrece una bolsita donde puede guardar algunos bollos. —Se nota que te he puesto nerviosa. Y por ser tan buena sirvienta, puedes llevarte los que quieras. —Le sonríe como puede, pero la asusta más.
Serena asiente y no quiere hacerle un desplante. Toma algunos para más tarde, le incomoda, se siente como un perro al cual le han tirado migajas. Pero al caminar y ver que todo salió bien o mejor de lo que su mente maquinaba. Sabe que hay cosas peores, porque las ha vivido. Muy feliz camina ondeando su bolsita, ve a la Saiyajin que la acompaña. —Oye ¿Quieres? —Saca uno de chocolate.
Kale queda con las cejas en alto ¿La terrícola no sabe que de un revés de su mano puede matarla? Pero parece sincera. —Gra-Gracias. —Lo toma y sigue seria. Parpadea al sentir un Ki, pero revisa su Scouter por si acaso y nada. Siguen caminado por el pasillo que conecta el área del Príncipe Heredero.
Terminaba el día y Vegeta veía el agua del grifo arreglada. Aunque le dijeron que la servidumbre también tiene problemas con eso y la electricidad. Se pregunta si la hembra duerme bien en ése lugar. Parpadea sacudiéndose la cabeza, va a tomar un baño, repasar lo de la Audiencia. Luego va a leer, no tiene que tener ningún interés más que asumir el trono.
Raditz no se aguantó la curiosidad, si bien su padre le contó algo él quería detalles. Vegeta le abre la puerta, lo ve secándose el cabello, está con pantalones de algodón y una camiseta. —Su Alteza. —Le da un saludo bien protocolar, pero luego sonríe de lado.
—Mucho cuidado, yo sigo siendo el Heredero. —Le frunce el ceño, pero pone los ojos en blanco y lo invita a pasar. —Te lo voy a decir, porque vas a estar de mi guardia por la noche y si tu Ki va a saltar así, voy a matarte.
—No, no. —Ondea sus manos en defensa. —Sólo me pregunto, qué pudo haber hecho para que te haga renacer— Con algo de lascivia, da unas risitas de lado.
Vegeta lo corta de inmediato, le pone un dedo en amenaza. —Ni se te ocurra, con lo que me cuesta conseguir personal de confianza. Sólo cumplió con lo acordado, y nada más. —Ahora se dá cuenta, que la sola idea de que otro la toque lo pone como la mierda. —Es una del montón, una barrendera y quiero que trabaje más en mi área. Mientras menos chismosas que puedan venderle información a mi Madre o mi Padre, mejor. Ahora viene Broly, le pedí un informe y un seguimiento, solo para estar seguros. —Siente al Élite en la puerta.
Broly entra a la oficina del Príncipe, le consiguió toda la información que quería. —…Sí, fue criada en el mismo orfanato, se hicieron amigas de ésa artista Rei Hino.
—Hmmm… —Vegeta musita, como quiere tener gente de confianza, ha pensado poner a Tsukino a trabajar más dentro de su área. O al menos eso es lo que se repite constantemente. Lee lo que trajo Broly, junto con un seguimiento. Lee su rutina. — ¿Y esto es lo que hizo hoy? —La pregunta es más al aire, pero pudo sentir el Ki de Broly irregular.
Broly se rasca la nuca, no quería contarle, porque la hembra no parece dañina. Pero… —Hoy no, además de empezar más tarde. Su madre, la Reina se reunió con ella…—Le enfoca la vista, al parecer eso fue suficiente para mandar a la mierda todo rastro de buen humor.
Vegeta peina su cabello hacia atrás ¡Esa hembra es una estúpida! Camina de un lado al otro, no le cae bien, no le cae para nada bien. Si ella y su madre creen que van a tomarlo por idiota, pues muy poco les duró. —¡Traigan a Tsukino ahora! —Sacude el puño, una ola dorada arroja los muebles alrededor.
Serena estaba peinado su cabello, se mira en el espejo y agradece al cielo que todo parece haber vuelto a su cauce y mejor. Hoy, a pesar de todo lo que hizo, está al día con su trabajo. También piensa en el Príncipe, espera que no le haya traído problemas con su madre ¡Qué horror! ¡Que crea que embarazó una sirvienta o algo así! Pero eso aclarado…
Tock, Tock, Tock
—Tsukino. —La Señora Hakkake, junto con las otras dos encargadas la vinieron a buscar, se ven nerviosas. Detrás hay dos Saiyajines enormes.
—Señoras ¿Qué sucede? —Está confundida, son los Élites del Príncipe los que están detrás. Mira atrás a las chicas que se acercan preocupadas, parece que buscan una criminal.
—Si ya estás bañada. El Príncipe Vegeta está pidiendo tu presencia de inmediato. —La anciana Hakkake le explica, está nerviosa.
—Pero, la vienen a buscar como una criminal. —Ami les reclama, los Saiyajin dan un paso como enfrentándolas. Ami les frunce el ceño.
—Ami, no. —Serena se endereza. —Me termino de vestir y salgo. —Cierra la puerta, a toda velocidad se arregla.
— ¡Serena! ¿Qué haces? —Lita le reclama, la sostiene del brazo.
— ¿Qué otra opción tenemos? —Serena les explica. —Por favor, no hagan nada. Puede que… Que sea una confusión. Hoy no les alcancé a contar, pero tuve una pequeña reunión con la Reina. —Las chicas quedan en sorpresa. —No debe ser nada, y si pasó algo… Yo pagaré las consecuencias. —Las chicas la abrazan como intentando convencerla, pero golpean la puerta de nuevo.
—Su Alteza, la Señorita Tsukino. —Las amas de llave la dejan pasar, y se quedan junto con los Élites.
Vegeta se gira cruzado de brazos, se dejó puesta la ropa de algodón que tenía luego de bañarse. No se vistió formal o con su armadura, sólo se puso unas botas, está ansioso de poner fin a todo esto ahora mismo. La ve inclinada con las jefas de los sirvientes. Rodea su escritorio, la ve temblando. —Largo…
La anciana Hakkake traga duro. — ¿Sucedió algo que—
—¡LARGO! —Las paredes truenan con su rugido. Aun así los ve dudando, como si no quisieran dejarlo a solas con ella. Ve a Tsukino aun agachada, con la frente en el suelo. — ¡Entonces es cierto! ¡ELLA HA VENIDO A ATENTAR CONTRA MÍ!
Todos quedan en shock y niegan totalmente todo. Serena sigue con la cabeza agachada, está sudando y temblando de miedo ¿Por qué? ¡¿Por qué duda de ella?!
—Entonces no hay problemas de que nos dejen a solas. —Vegeta apunta la vista a Raditz. Él le niega, como intentando controlarlo, pero no puede. Las sospechas y la desconfianza es mucha. Debe ser por eso que ha pensado en ella todo el día, su instinto se lo advertía. —Que no quede nadie cerca de mis cámaras privadas ¡Nadie! —Ordena estridente.
Si Serena no le tenía temor al Príncipe Vegeta, ahora sólo ruega desaparecer de su vista, hacerse cenizas. Que la muerte sea lo más rápida posible, lo siente rodearla con pasos lentos, con un pie le acerca una mesita de Té que estaba arrojada, recién cae en cuenta que toda la oficina tiene los muebles tirados contra la pared. Ella se inclina aún más contra el piso.
Vegeta se arrodilla frente a ella, con la mesa del té entre ellos. La hembra tiembla como no la ha visto antes. Su Ki, hasta su olor, apesta a miedo. Como alguien a quien acaban de descubrir en algún crimen. — Levanta la vista. No quiero siquiera que me desvíes la mirada ni un minuto. —Ordena con odio, quiere ver qué tan bien le miente a los ojos.
Serena se endereza con temblores y lo ve con su Katana enfundada frente a ella, en posición horizontal. Le apoya la punta de la vaina en su mentón y levanta aún más su rostro, quedan con la mirada alineada. Ella presiona la tela de su Yukata en sus puños, al punto del dolor. La mirada penetrante y fúrica del Príncipe se ha vuelto a dibujar en su rostro, junto con una sonrisa ladina brillante. Serena puede sentir cómo se regodea de su miedo.
— ¿Sabes lo que es esto? —Vegeta le muestra el arma, la desenfunda y el sonido del metal queda en el aire. — ¡¿Hm?! ¡CONTESTA!
—Es… Es una espada sa-samurai, u-u-una…Kat-Katana. Haaa… —Traga duro, le duele horrible todo el pecho. Las lágrimas corren, pero ella sigue las órdenes de no bajarle la vista.
—Es interesante la aleación del acero Japonés. —Toca la hoja y sonríe con sadismo. —Aún recuerdo la primera vez que la usé. Hace casi diez años, había estado siguiendo unos saqueadores y traficantes de Arte Japonés. Y cuando tuve que enfrentarlos, desaté mi potencial oculto. —La gira en su mano. —Recuerdo haberla tomado, y haber visto como absorbía parte de mi Ki. Como sellándose con él. —Se puede ver al acero siendo recorrido por una especie de luz amarilla. —Lo más impresionante, es ver que no se rompió aun usando todas mis fuerzas. —La enfunda de nuevo. —Y hoy… Será parte del interrogatorio. —Se para y ella lo sigue con la vista. Le pone de nuevo la punta de la Saya en el mentón y la empuja hacia arriba. Serena se pone de pie y tambalea, está a punto de romperse. —Quítate la ropa… Y no dejes nada. NA-DA…Ningún accesorio puesto, todo lo dejas aquí—Le muestra la superficie de la mesita. — ¿Entendido? —Le gruñe, ella asiente. — ¡No te escuché!
— ¡Sí Su Alteza! —Serena se desviste rápido, desarma su trenza. Ahí recuerda, sus lentes de contacto los saca sin delicadeza, se irrita aún más los ojos por la prisa.
Vegeta mira todo, revisa por algún arma o veneno. Y queda con la mirada en sorpresa viendo cómo ésos ojos azules, confirman sus sospechas. — ¡Lo sabía! ¡Tus ojos! ¡Ocultas tus rasgos! ¿Algo más que ocultes? —Se le acerca y toca su cabello con la punta de la funda, mira con atención sus cejas y no concuerdan. Ésto era lo que le molestaba de ella.
—Mi cabello es rubio. —Habla entre sollozos.
— ¡Eres una espía! ¡Dime la verdad! ¡Dime la verdad ahora! —Le exige, el piso tiembla debajo de ellos. — ¡Morirás como traidora, pero al menos no serás recordada por mentirosa! ¡¿La Reina te mandó?! ¡¿Qué información le vendiste?!
Serena solloza y se agita tratando de hablar. — ¡Yo sólo! ¡Yo le dije que usted no había faltado ni manchado el orgullo de su familia! —Cree que él está así, porque debe sospechar que ella fue con habladurías y alimentó lo que dicen las malas lenguas; que él está loco. Pero eso es lo que parece ahora, aunque ella quiera negarlo.
Vegeta rechista ante ése comentario. — ¡Jajaja! ¡¿El Orgullo de mi familia?! ¡Una parva de cuervos traidores no es mi familia! —Escupe a un lado. —Dime qué le dijiste a ésa maldita.
Parpadea, los ojos le queman de tanto estar con la mirada inmóvil ¿Por qué sus padres harían tal cosa contra él? ¿No lo quieren?— ¡ESO FUE LO QUE LE DIJE! ¡Es más le dije que usted ya no querría verme porque le serví mal! ¡Le juro que no soy una espía ni nada!
Vegeta estalla a carcajadas. — ¿Vas a seguir con el acto? —Pregunta con sarcasmo. —Siéntate. —Le señala la mesa, ella de inmediato se sienta y quedan frente a frente con él de rodillas. — ¿Por qué ocultas tus rasgos? —La mira sin parpadear y ella hace lo mismo, su rostro está rojo del llanto. Pero Vegeta ya no debe engañarse.
—Porque, porque no quería resaltar. —El golpe del puño del Príncipe contra la madera la hace pegar un salto.
—Una espía no quiere resaltar, para poder infiltrarse sin que nadie lo note. Por eso te quedaste aquí, por eso no querías nada a cambio ¡Para bajar aún más mi guardia!
—Es-Es que… Yo… ¡Lo hice para poder conseguir éste trabajo! ¡Porque no soy estudiosa, o perfecta en la cocina, tampoco se me da la música! ¡No sé hacer nada bien! ¡Pensé que me contratarían al pensar: "ésa muchacha al menos será invisible y no va a molestar"! ¡ESA ES MI UNICA RAZÓN!—Llora sin control, quiere que la mate ¡Que la mate de una vez! —Abusaron de mí cuando era adolescente, y no puedo tener hijos. Por eso era mi sueño, ayudar a criar o educar niños… Pe-Pero ¡No sirvo para nada!—Pone sus manos en los ojos, solloza sin parar. Está quebrada por dentro, ya no le importa si a él le enoja. Quizás así se libere de esta tortura, con una muerte rápida.
Vegeta presiona la mandíbula, se agita al verla así. Tiene la necesidad enorme de abrazarla y darle consuelo, sostiene las riendas de sí mismo con toda su voluntad. Se retiene, sus excusas son buenas pero no tanto. — ¿Sabes quienes no pueden concebir? —Ella destapa su rostro para mirarlo fijo. —Una espía. Porque un mocoso es lo único que se interpondría en una misión.
Serena piensa en lo que le dice, y sí, todo la deja mal parada. —No sabía nada de eso. Perdóneme. —Se lamenta, resuena su nariz. —Yo siempre creí que si alguien, especialmente una mujer, se querría acercar, debiera resaltar para llamarle la atención. Y-Y meterse en su cama.
—Pues tú no resaltas… Te infiltraste y te metiste en mi cama. —Presiona sus puños con furia sobre el arma. — Dime ¿Cuál era tu plan final? —La hace temblar mientras toca su cuello con la punta de la Saya. — ¿Que rompiera los protocolos hechos para mi seguridad? ¿Que me atreviera a tocarte, y me envenenaras con algún bálsamo en tu cuerpo? ¡¿O sacaras un arma para apuñalarme?! —Sigue bajando por su cuello, por su pulso, sus pechos suben y bajan por el pánico que le provoca.
—Nunca, jamás atentaría contra su vida… Se lo juro. —Llora, sabe que ya es inútil todo, pero qué más dá.
—Serías considerada una heroína por la gran mayoría… La Reina y El Rey favorecen al joven Príncipe Tarble. Quieren hacerlo el nuevo orgullo de la raza Saiyajin, porque yo…—La mira de nuevo a los ojos. —Yo soy el Príncipe Vegeta IV, un príncipe promiscuo, un demente, un sádico asesino ¡Soy indigno de ser el Heredero!
— ¡No! ¡Claro que no! ¡No diga eso! ¡No se diga ésas cosas! —Presiona sus puños delante de ella, técnicamente clava sus uñas en sus palmas. Quiere decirle, quiere que salgan las palabras, recordarle que él salvó su vida y la de su amiga una vez. Pero tiene tanto miedo, no puede encontrar las palabras.
— ¡Jajajaja! ¡Todo lo que dije no es más que la fría verdad! —Se ríe como un maníaco. Desenfunda la espada. —Así como tú debiste enfrentarla antes de morir.
— ¡No tengo nada! ¡Se lo juro! ¡Llame a un Doctor! ¡A quien quiera que sea de su confianza que me revise! ¡No tengo ningún bálsamo o accesorio en mi cuerpo para atentar contra usted! —Une sus muñecas y las pone adelante, como entregándose a lo que él decida.
Vegeta traga duro, ella insiste, ya no debe escucharla ¿Llamar a alguien para que la toque? ¡Está loca! Rechista fuerte a un lado.
Serena entiende que es su final. —Si… Si me he puesto algún veneno… —Mete sus dedos en la boca, salivados los pasa por su cuello, los vuelve a meter en la boca. Repite la acción con las dos manos bien salivadas, las pasa por sus pechos, bien firme para limpiar lo que sea. Sólo saborea jabón. —Si eso fuera cierto, ahora tendría que envenenarme sola, porque ya revisó mi ropa y no había nada. —Peina su cabello entre sus dedos, todo el largo, también repite con los dedos mojados y nada. —U-Usted anoche sólo me tocó aquí… — Se acomoda de lado en la mesita. Pasa los dedos por su trasero, todos sus muslos.
Vegeta está casi sin parpadear, ella quiere demostrarle su lealtad. La ve verificar cada zona de su cuerpo, pasando sus finos dedos mojados, en cada parte que él se muere por tocar y lamer en estos momentos. Incluso abre las piernas frente a él, empieza a tener mareos. Siente palpitaciones en la punta de la polla.
Serena ya no tiene nada que perder, no quiere ser recordada como una traidora, o una embustera. Lubrica sus dedos, los pasa por todo el área de su vagina, los lame y vuelve, pero ésta vez los inserta. Los gira un poco para que vea que no esconde nada, vuelve a meterlos en la boca. Se asusta cuando lo tiene cara a cara, escucha el sonido del metal enfundándose, no lo ve, porque está con los ojos atrapados por ése iris negro que la atraviesa completa.
Ella pega otro salto cuando sus manos se acercan a su cabello. Vegeta peina el largo de su melena entre sus dedos, llegando a entrelazarlos. La escucha con suspiros temblorosos, y con sollozos que ya no puede controlar. Quiere que sea un gesto suave, sin embargo, siente cómo llegando al final, sus dedos se entrelazan en sus rizos anudados y la tira un poco, haciéndola tirar la cabeza hacia atrás. Deja sus manos a los lados de las piernas de Serena, sobre la mesita de té, como arrinconándola. —Dijiste…—Apenas Vegeta abre la boca, se agita de tenerla así de cerca. —Dijiste que abusaron de ti ¿Es por eso que no eres pura? —Ella asiente muy lento y casi se tocan con las puntas de sus narices. —Lo mataría, asesinaría a ése bastardo. —Sisea con enojo, presionado los dientes.
—Ya está. Está muerto. —Serena habla con la mandíbula temblorosa, quiere decirle que fue él quien la salvó. Pero los nervios le presionan todo el cuerpo. Se asusta cuando siente sus manos en sus mejillas. Entrelaza sus manos duramente, en un intento de frenar sus temblores.
— ¿No tuviste a nadie más? —La ve ponerse aún más roja, la pregunta la avergüenza, la ve negar totalmente, con sus manos en forma de puño entre sus pechos. — ¿Tampoco te han besado? —Pasa sus pulgares por su pequeña boca rosa. Traga saliva, ella vuelve a negar sin parpadear. — ¿Quieres que te enseñe?
Serena se siente agitada, y más le sorprende sentirlo igual a él. Tiene miedo, pero se siente atraída hacia su mirada ennegrecida, el toque de sus manos tan tibio y suave. La distancia se rompe, Vegeta une sus labios con ella sosteniéndola del rostro. Serena se resiste y lo empuja con sus codos. — ¡Alteza no! ¡¿Qué hace?! ¡No debe! ¡A-Acabo de meter mis dedos su-sucios!
Vegeta dibuja una sonrisa ladina, está asustada, como si fuera ilegal. —Jmjmjm… Tienes buen sabor. —Se saborea, sacando la lengua con una mirada obscena. —Mmm, no hay veneno. — Ve que abre sus ojos azules como platos. La toma de nuevo, y la besa, ella se resiste una vez más. Acaricia las mejillas de Serena, las siente que arden de tanto llorar, seca las lágrimas que caen. La sigue acariciando, al darse cuenta que así cesa la resistencia.
—"¡Esto está mal!… Soy una sirvienta ¡No soy su esposa o su concubina!" —Su razón le grita, pero Serena ya no puede resistirse. Lo siente, no sólo intentando limpiar sus lágrimas, sino sus labios moviéndose con insistencia sobre su boca. Empieza a responder con un tímido movimiento, teme enojarlo por su falta de experiencia y de nuevo estar al principio del interrogatorio.
Puede sentir que en verdad es su primer beso, eso lo relaja. Apenas la siente mover sus labios. No se siente mal, sino todo lo que temía… Se siente como lo mejor de su vida. Sus labios se mueven suaves, adaptándose a ella. Cierran los ojos casi al mismo tiempo, mete un poco la lengua, la hembra responde y sus ansias dan un pico. La aprieta contra su cuerpo, y se sienten ahogar con la invasión de sus lenguas. —Te has revisado tan bien… —Vegeta jadea al igual que ella, intentando recuperar el oxígeno. Empieza a bajar por su cuello, con besos, llega a su clavícula y la lame hasta el mentón. —Sería un desperdicio. — Toma sus senos entre sus manos, los masajea. La hace saltar, casi rebotando de la sorpresa. Dibuja círculos con los pulgares en sus pezones endurecidos. Pero frunce la vista al verla con los ojos cerrados y una mano en la boca. — ¿Estás tragando tus gemidos? —La toma de las muñecas para destaparla. —No quiero que tapes tus sonidos conmigo, tampoco quiero que vuelvas a cubrir tus rasgos. —La ve asentir muy suave, ahora su mirada azul está brillante de deseo, le gusta. Acomoda sus rizos detrás de sus orejas. Los latidos en su pecho son estridentes. —Ahora, déjame escucharte. —Toma firme sus pechos y los lame.
— ¡Mmh! Ah, Su Alteza. —Serena gime, se aferra a la mesita como puede. El Príncipe mete sus pezones en la boca, los succiona y le da giros con la lengua. Se siente bien, demasiado bien, le da mucha pena.
—Anda, no seas tímida. Si es por romper las reglas, te informo que me importa una mierda. —Mordisquea sus pezones y los deja saltando muy alegres. Ella arquea su espalda, la recuesta y empieza a bajar con besos por su vientre, llega a su pelvis. Saboreó de segunda mano su vagina, y ahora no va a perder la oportunidad de hacerlo directamente.
Serena lo detiene con ambas manos y cierra sus piernas. — ¡No Su Alteza! ¡Por favor! ¡Debo ser yo quien lo satisfaga!
Vegeta tiene las cejas en alto, la toma de las manos y vuelve a abrir sus piernas, sostiene sus rodillas demandante. Lo hace tan fácil, que piensa que debe tener cuidado, el cuerpo de la hembra es delicado. —Y lo harás… Te lo aseguro. —Abre la boca y cubre toda el área de su centro, sus labios rosados, ya tenían humedad. Eso le encanta, pasa su lengua de arriba abajo, mientras ella está retorciéndose de placer. Su clítoris está tan duro, es irresistible, lo succiona. Sus gritos lujuriosos hacen que su miembro le duela, pero quiere hacerlo, quiere darle placer. Que ella sepa recibirlo y no se reprima, quiere que Serena sólo goce con él. Empieza a untar sus dedos con los jugos que escurren, mete sus dedos. Otro grito en lo alto, seguido de las paredes de su cavidad apretándolo, tan caliente como anoche. Coordina las succiones en su clítoris, y dobla sus dedos agitándola completa, apretando sin piedad su punto G.
Serena abre en sorpresa sus ojos, el mismo calor de anoche acaba de activarse de golpe. — ¡Su Alteza! ¡Por favor no! —Lo siente acelerar aún más, a él sólo le basta con usar una mínima fuerza y la inmoviliza sobre el pequeño mueble. Estalla de nuevo. Presiona sus labios en línea recta, el éxtasis la ha alcanzado.
Vegeta pudo ver de primera mano sus fluidos salpicando su rostro, se apresura, y cubre como puede tragándolo todo, la relame. Sólo hay un pensamiento que lo inunda, que arrasa su razón. —"El olor de ésta hembra, el sabor de ésta hembra: Es mucho más exquisito cuando se excita." —La ve enderezarse para verlo, pero está asustada.
¡Qué vergüenza! ¡Lo acaba de salpicar! —¡Lo siento! ¡Por favor! ¡Perdóneme! —Sale de la mesita y ve una jarra tirada, pero con algo de agua. Toma un trapo. —Déjeme limpiarlo. —Humedece la tela, está nerviosa de nuevo. —No sé porqué mi cuerpo hace eso, le juro que otras veces que yo me he tocado, nunca, nunca. —Pega un salto cuando lo siente abrazarla desde su espalda, inmovilizándola como si nada. Apretando uno de sus pechos, y cubriendo con toda la palma su entrepierna.
— ¿Cómo se te ocurre hacerme tal confesión mostrándome tu cuerpo impúdico? —Susurra contra su oído. Apoya su erección contra su trasero. —No sólo me acabas de decir que te tocas sola, sino que ni así has sentido un orgasmo como el que te he dado. —Atrapa su oreja la tironea entre sus dientes y la lame. Su antojo por ella está en el límite, tanto, que los tirones de su polla ahora se extienden hasta debajo del saco de sus testículos.
Puede sentir el cuerpo caliente del Príncipe contra su espalda. Si no se veía rudo, sentir la forma de su cuerpo endurecido, le confirma que podría partirla como el cristal. —Quiero servirlo bien, quiero que ust!—La calla con un beso y la levanta del piso, como si no pesara nada, se encoge un poco del impacto, al verlo usar una velocidad sobre-humana.
Sonríe de lado al verla hacerse una pelota en sus brazos, acurrucándose en su pecho. —En mi cama, podremos disfrutar los dos. —La deja en la cama sobre las almohadas, vuelven a besarse. El beso es más activo y apasionado. Alcanza un condón de su mesita de noche, ya no puede esperar. Baja el elástico de su pantalón y su bóxer, baja la funda.
Serena abre grande la mirada ¿Acaso todo eso entra en ella? Se aferra a las almohadas, pero con sus piernas abiertas invitándolo. Vuelve a frotarla, puede ver cómo su punta toca su clítoris y de a poco la lubrica.
Vegeta la apunta con la mirada mientras sostiene su polla para estimularla, ella lo nota y desvía la vista muy tímida. Si bien se está entregando a él, no ha buscado desnudarlo o tocarlo. Teme romper las reglas, pero para él parece más un desafío. Toma su pierna para apoyarla en su hombro, Serena la baja, vuelve a intentarlo y ella se niega. —Si no te gusta, enrédalas a mi cintura.
Serena toma aire y abre grande los ojos. — ¡No! ¡Nunca podría hacerle eso a Su Alteza! —Tapa su rostro y sacude la cabeza. Siente que larga humo por las orejas.
Lejos de molestarlo, su timidez le hace gracia. Le encanta verla tan afectada como él, tan roja que ni siquiera con taparse con las manos cubre su rubor. —Voy a disfrutar, de ver cómo te dejas llevar. —Se acerca a ella, se apoya con un codo. Con la mano libre guía su miembro dentro de ella. Gimen juntos al estar unidos. —La noche será muy larga… Avísame, si empieza a doler. —Comienza a moverse, se siente tan bien como anoche y mejor, puede ver de primera mano las reacciones de la hembra debajo de él. Gritando, gimiendo, su ombligo dando saltos cuando su vientre ondula. Su miembro toca lo más profundo de su ser. La toma de la cadera y la empuja hacia él. El calor se acumula. De nuevo están cerca, empiezan a acelerar agitados, suelta su cadera al sentir que ella se mueve por sí sola. Baja totalmente, pegando su cuerpo con ella, se besan entre jadeos. —Serena… ¿Vas a correrte? —Ella queda en shock al escuchar su nombre.
Serena queda casi inmóvil, pero él sigue moviéndose, el orgasmo es inevitable, suelta sus manos y se aferra a la camiseta del Príncipe. — ¡Sí! ¡Estoy muy cerca!
Vegeta se abraza a ella. —Oh, sí. Voy a correrme. Serena córrete conmigo. —La siente apretarlo, en tanto las embestidas empiezan a frenarse por las descargas de placer entre ellos. Le gustaría seguir dentro de ella, pero quiere seguir. Su polla no se ha dormido, y lo único que ha logrado es que ella se aferre a su espalda sobre la tela. —Eres obstinada…
Serena está agitada, su pecho sube y baja, lo escucha hablar, en tanto lo mira sacándose el condón. Su miembro sigue duro, ve que se limpia, se endereza para ayudarlo, pero la empuja de nuevo al colchón. Con sólo un dedo la puede dejar inmóvil.
—Tranquila, que recién empezamos. —Baja otra funda sobre su miembro, está realmente duro. Lo sorprende, es como si recién no hubiera llenado el condón anterior. Pero al ver a la hembra en su cama, no es sorpresa para él, su cuerpo tan sensible y menudo, está agitada por el orgasmo. Sus ojos azules ahora están rojos de deseo, su melena castaña se extiende como cortina, ya quiere verla con su cabello natural.
Serena lo observa lleno de lujuria hacia ella, el calor de su cuerpo, sus caricias y atenciones en cada rincón de su piel. Es tan intimidante, pero la trata con tanta delicadeza. Esto parece un regalo del cielo, se abraza de nuevo a él cuando está listo para penetrarla. —"En verdad me alegra… Que la noche sea larga…"
Los dos vuelven a entregarse una y otra vez. Quieren saciarse de ésta voracidad que han desatado entre ellos. No existe la razón, más que el sentir ahora mismo. Serena clava las uñas cada vez más, y de a poco va enredando sus piernas y moviéndose más activa en cada ronda. Vegeta debe recordar no masajear tan duro sus pechos, o su trasero, no quiere herirla. Quiere que sólo se desarme de placer en sus manos. Besa sus mejillas, ahora están rojas de lujuria, limpia sus lágrimas, pero sus lloriqueos son dulces por la cantidad de orgasmos incesantes que le ha dado ¿Cómo pudo dudar de ella? Un ser tan inocente, se ha chocado con un demonio como él, nunca va a perdonarse. Sin embargo por cada lágrima de dolor que le ha dado, va a resarcirse... Así le lleve toda la noche.
…
Uyyyy... Terminamos rico que no, espero les haya compensado la tensión y el drama ahora ¿Cómo será el día después de su segunda noche? ¡Hasta el Próximo viernes!
Saluditos…
Kaysachan: cuando leí tu rw "¡te he decepcionado!" *llora_frente_al_espejo. La Guerra es algo cruel, siempre afecta a los más vulnerables. Pero créeme que a cada personaje pienso darle desarrollo, el dolor noserá en vano. Bueno, para mí tiene mucho sentido que Vegeta desconfíe así, si muchas lo han querido emboscar y él las llama por sospechas y por jactarse de descubrirlas (Averigua cómo eran las asesinas y espías en el antiguo Japón o Corea, ésas tías sí que se la jugaban en grande, en especial las que se escondían agujas con veneno O.O)… Y si bien no es una trampilla para decirte que sigas leyendo y me dejes rw, en verdad espero que la historia te siga interesando, sino bueno, lo intenté. Jajaja. Gracias por tu rw mi ciela, nos leemos. Besos, besitos, muchos besos *voz_de_barbie XD
OhaioIzumiKun: Los suegros, tema aparte en cada familia. Bien dicen que uno no la elige, imagínate uno donde los guisos no son sobre el terreno de la abuela, sino de cuanto imperio me toca, Jajaja. Hmmm y Rei, ése temperamento no la ayuda mucho, ya quisieran los gatos haber caído en manos de alguna Sailor más prudente. Gracias por tu rw, y por seguir mis delirios cósmicos ¡Que el Ki Lunar te acompañe!
