Lala Lulu: Hola! Bueno, bueno. Mientras avanza la trama, nuevos personajes se hacen presente. Sí, va a haber Darien… Ahora ¿Habrá Darien de triángulo amoroso? ¡Pues no! En éste decidí repetir un shippeo, que les pareció muy interesante en "El Príncipe Incorrecto", aquí le sacaré más jugo ahora ¿Habrán celos? ¡Por supuesto! ¡Aquí estamos para el chisme mi ciela! ¿Encuentro GoChi? Juzguen por ustedes mismos… Fu, Fu, Fu…

¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

Capítulo 4

Se pregunta cuánto tiempo va a estar así, evadiendo la idea en su mente, con lectura y entrenamiento. Vegeta quiere llamarla, tenerla de nuevo, tenerla otra noche. Está sentado en su cama leyendo, siente que perdió el hilo de lo que su mente quería absorber. Se la imagina gateando hasta él y recostándose en su regazo, pidiéndole atenciones ¿Por qué no? ¿Por qué no llamarla para que le sirva y ya? Pero no, pensarlo así lo desanima. Deja el libro de lado.

—"Vegeta, Vegeta… ¿Qué mierda quieres? Ni se te ocurra, ni lo imagines maldito imbécil." —Se reprende y da vueltas solo en la habitación. —"Quiero que venga, que ella me busque. Que me diga… Que me explique… ¿Soy sólo un deber?"—Ruge hacia adentro y sigue dando vueltas, como una fiera arrinconada. —"¡¿Cómo puede ser?! Anoche la tuve aquí, toda la noche, las veces que quise, hasta cansarme… Pero no ¡Mierda! ¡No me cansé de ella!"

Sale de su habitación, y casi como un deseo hecho realidad ahí está Serena, mirando a la luna. Dibuja una sonrisa ladina, y de un salto aterriza cerca de ella asustándola un poco. —Jaja, deberías tener miedo de Ozaru…

— ¿Eh? —Serena le pregunta algo confundida.

—Ozaru es una vieja historia. —La rodea un poco haciéndola girar, le gusta saber que ella no le saca la vista de encima. —Se dice que si los Saiyajin miraban mucho la Luna, se transformaban en un simio gigante, un demonio Legendario, que le llamamos Ozaru.

—Oh… —Mira a los lados, algo avergonzada. —Hasta… Hasta mañana, Su Alteza. — Se disculpa con una reverencia y acelera para su habitación.

Vegeta la arrincona contra una pared. —Jmjm… Tranquila ¿No quieres oír el resto de la historia? —Le acomoda los mechones de su cabello detrás de la oreja. — ¿En mi cama? —Susurra y mordisquea su lóbulo, lo hace muy suave para no dejarle marcas.

—No-No. Su-Su Alteza…Yo, no—Habla con la voz temblorosa.

— ¿A quién engañas? —Vegeta la mira a los ojos, bajo la luz de la luna su iris azulado resplandece. Sus mejillas rojas también. — ¿Saliste a caminar sola para dormir? De ser cierto, tu habitación queda del otro lado… ¿Por qué lo haces en el área donde sabes que están mis habitaciones? —La toma del rostro y besa muy tiernamente sus labios. —Tú quieres esto… —Jadea alejándose un poco, la hembra enreda sus brazos a su cuello, con un beso de boca abierta ella responde.

—Sí, sí quiero esto. —Y como si sus palabras fueran una orden, la enreda en sus brazos.

Sin separar sus labios, técnicamente se arrastran hasta la habitación. Al fin sobre la cama dejan salir sus gemidos, fuertes y explícitos. Sus deseos quedan al descubierto. En el borde de la cama, Vegeta se sienta y baja su Yukata, descubriendo sus pechos. Se hunde en ellos, llena sus manos y su boca con la textura de sus pezones. La escucha gritar y aferrarse a su melena negra. Libera su polla, se aferra a sus muslos y la bombea sobre él. —Ah, Serena. —Gruñe con los dientes apretados, quiere grabarla a fuego en él. Busca su aroma en el cuello, recuerda su olor floral… Pero ahora, no puede sentirlo… Recuerda la frescura de su piel… Pero siente que es extraño que, mientras más quiere sentirla, más lejos está. Incluso sus lloriqueos llenos de lujuria empieza a sentirse lejanos, sin embargo el orgasmo lo alcanza.

Abre de golpe los ojos en la cama, rechista frotándose la sien. Levanta las sábanas y las acaba de manchar. Niega con la cabeza, no quería lavar éstas sábanas todavía. Su olor y el olor floral de la hembra, habían quedado mezclados. Ahora recuerda que se durmió sintiéndolo. Se levanta hastiado, pone las sábanas a lavar, mira la hora y aun no amanece. Frunce el ceño profundo, busca ropa y sale de su habitación a paso firme, está decidido.

Serena estaba dormida, hundida en la tibieza de las colchas. Pero un beso casi en seco la despierta, quiere exaltarse, pero ésa boca contra la suya amortigua cualquier sonido. Con los ojos grandes y el corazón al borde del colapso, intenta hablar. —Su Alteza ¿Qué hace aquí? —Chilla en voz baja, mira a los lados por si las chicas despiertan. Al parecer el Príncipe se metió debajo de las sábanas con ella. —Por favor, no estoy sola.

—Te extrañé… —Susurra y la inmoviliza contra la cama, empieza a besarla por el cuello.

—No, por favor. No, ¡Mmh! —Serena muerde sus labios en línea recta. Está asustada, no sabe si alguna de sus amigas va a despertarse. El Príncipe empieza a lamerla y es su perdición. Sus rodillas se retuercen, sintiendo palpitaciones en su pelvis.

La mirada depredadora del Príncipe la apunta. —Sí Serena… Tú quieres esto. —Con tono lascivo, esconde la cabeza debajo de las colchas y empieza a lamer los labios de su vagina.

—No, no. De verdad, ya basta ¡Aaah! —Tapa su boca rápido y cierra fuerte los ojos, las descargas del placer parecen inevitables. Está indefensa ante sus atenciones.

—Pídeme más… Pídeme más o no lo voy a meter. —Exige, mientras no para de succionarla. —Si quieres que lo meta, pídeme más.

—Su-Su Alteza… ¡Nnh! ¡Mas, más! ¡Quiero más! ¡Por favor más! —Siente la electricidad fina del orgasmo, no es tan intenso como otras veces… Y las campanadas inoportunas que la sacan del sueño. Se endereza, Serena está entre despabilada y asustada. Mira a los lados, el sueño fue muy vívido. Ve a las chicas levantarse y decirle buen día. Ruega al cielo que no se le haya escapado algún sonido, pero todo parece estar bien.

Kakarotto y Broly llegaban a la sala de entrenamientos. Se encontraban a Vegeta gruñendo, haciendo dominadas sin descanso. Resoplaban para arriba, qué poco les duró las sesiones pacíficas de entrenamiento.

— ¡Je! ¡Calentado! —Kakarotto toma iniciática, se arroja al piso y empieza a estirar.

— ¡Bien! ¡Tenemos dos horas antes de que lleguen los primeros candidatos! —Bardock destensiona sus hombros y prefiere empezar la mañana trotando.

Nappa entra en modo secretario, revisa itinerarios en su tableta. —Sí, los empleados están organizando la sala más grande de entrenamiento y— Se detiene en seco al ver la cara de Bardock. —¡Entonces era cierto!

Vegeta apunta la mirada y también parpadea, estaban tan concentrados que no prestaron atención. Con velocidad Saiyajin lo rodean. —Así que para darte un golpe, tengo que mostrarte la foto de una mujer desnuda. —Vegeta muy chistoso, y los demás dan unas risitas.

Bardock lo apunta con una mirada asesina. —No es gra-cio-so. —Muy enojado, está dispuesto a dejarles la cara igual. —La hembra reaccionó del susto, porque ¡AUCH!

Broly le tocó el golpe. —Lo siento ¿Ya te pusiste hielo?

—Sí, ya me puse hielo. Toda la noche y hoy que me levanté. —Bardock pone los ojos en blanco.

—Cuando llegué ya estaba tirado en el suelo. —Raditz les cuenta.

—Es una de las cocineras, según me informaron. —Vegeta levanta una ceja. — ¿Te golpeó con una sartén o algo así?

— ¡No! ¡Imagínate! —Kakarotto comenta. —Estaría en el tanque de regeneración, para soldarse la mitad del cráneo.

—¡Ya basta! —Bardock estalla su Ki hacia arriba, los aleja un paso hacia atrás.

—De acuerdo, quizás fue TODA una sorpresa para ti también. —Raditz se disculpa. — Con todo respeto papá, pero... ¿Hace cuánto no veías una mujer desnuda?

—Ya está, los voy a matar ¡A TODOS! —Bardock ruge elevando su Ki y empezando con otra sesión no-pacífica de entrenamiento.

Todo quedaba listo dentro del área del Príncipe, los primeros seleccionados iban ingresando y acercándose según el protocolo. Alrededor, muy curiosos tres hermanos disimulaban y tanteaban la situación.

— ¿En verdad, en verdad crees que serán tan ingenuos? —El muchacho de ojos azules se cruza de brazos con mal humor.

—Anda Diecisiete ¿No crees en los encantos de tu hermana? —La rubia le guiña un ojo.

Diecisiete hace gesto de asco—Eso se escuchó muy inadecuado, y no pienso responderte jamás.

—Suponiendo que fallemos. —El más alto se ataja con las manos, de la mirada asesina de la rubia. —Sólo suponiendo, Dieciocho ¿Podemos ir a las tiendas de comida de alrededor?

—Hm, Dieciséis, tú no comes… —Dieciocho frunce los labios. — ¡Pero por supuesto! Pocas veces salimos. —Da unos saltitos contenta.

—Así que me arrastraron a una misión inútil. —Diecisiete resopla, dejando al descubierto el engaño.

—Oooh…Tú también estabas harto de estar encerrado. —Dieciocho tironea las mejillas de su hermano, para ofuscarlo un poco más.

En la misma zona, llegaba otro hombre a la escena… Darien Mamoru Chiba, había dejado el orfanato a los dieciséis años, cuando encontró un trabajo asistiendo en las cosechas. Luego de la última purga había mucho para reconstruir. Lejos parecían quedar sus sueños de convertirse en Doctor, pero consiguió trabajo asistiendo a uno y aprendiendo primeros auxilios. También haciendo de su guardia personal, ya que había mucho ladrones dispuestos a hacerse de los insumos médicos que guardaban.

Sus habilidades de pelea eran notables, y le recomendaron un anciano que se escondía en una isla donde podría entrenar. En especial porque mientras más lo hacía, más parecían brotar habilidades que ni él podía entender a ciencia cierta. Ahora, se había sometido a una de las pruebas básicas de resistencia física del ejercito Saiyajin. Bien parece una oportunidad laboral interesante, techo, comida… Y si no se equivoca la carta de Mina, una de sus amigas de la infancia, ésta será una reunión por todo lo alto. Sólo recordar los líos que se metían ésas dos rubias, se ríe para sí mismo. Llega caminando y ya había cola rodeando el palacio, con soldados Saiyajin en alerta por cualquier altercado. Mira a un lado, quizás se compre algo rápido de comer. Choca muy brusco con alguien. — ¡Oh lo siento! —Parpadea grande, se siente un torpe. La ayuda de inmediato, le parece extraño no haber sentido su presencia.

—Oh, por favor. No se preocupe, sólo fue una caída. —Dieciocho se endereza ondeando su cabello rubio. Parpadea al hombre de cabello oscuro y mirada azul, profunda como el mar.

Darien la toma de la muñeca y del brazo, la ayuda a levantarse. —Por-Por favor… E-está eh… ¿Está herida? —Se sacude un poco la cabeza, la mujer es hermosa en verdad.

—No, para nada. Con hombres tan caballerosos ¿Cómo puedo salir herida? —Con el tono dulce, suspira a un lado. Se queda aferrada un poco al sobretodo negro que tiene, no va a negarlo el terrícola está en forma. — ¡Oh! Perdóneme a mí ¡Qué atrevida!

—Está bien. Jaja. —Un poco nervioso, rasca su nuca. —Siga su camino, Señorita. — Le da una reverencia y sigue.

Dieciséis y Diecisiete no lo pueden creer, detrás de un árbol espiaban todo. Ven a la rubia acercarse, con una sonrisa presumida. — ¡Jajaja! ¡En toda sus caras hermanitos! —Les muestra un sobre en la mano. —Ya tenemos pase de entrada. —Se va a un callejón y les muestra el pase de aprobado, para meterse a entrenar para el ejército Saiyajin.

—Será mejor que me lo devuelvas. —La voz seria de Darien les llama la atención. —Ahora. —Le afila la mirada.

Los tres hermanos estallan de la risa. —Pensar que le dije a mi hermano, que no tendríamos que matar a nadie. —Dieciocho resopla. —Prometo que será rápido. —Afloja un poco su Yukata y la sube para hacer lugar a sus piernas.

Darien no va a negarlo, la maldita tiene buena figura. Le sigue pareciendo extraño no "sentirla", ni a ella ni a los otros dos. Pero es fácil ver que están muy confiados. Lo primero que hace, es tirar un par de cuchillas a los tipos que la acompañan, de un salto hacia arriba logran esquivarlas. Ella se sorprende y Darien aprovecha para acercarse.

— ¡Wow! Estuvo cerca. —Dieciséis y su hermano esquivaron de nada las dagas.

— ¡Oigan! —Dieciocho les reclama a ésos dos subidos a un árbol, mientras ella está siendo arrinconada, por el tipo con los cuchillos.

— ¡Jajaja! ¡Arréglatelas hermanita! ¿No que era un plan maestro? —Diecisiete se ríe, pero queda observando atento.

—Aishh, a la mierda. —Dieciocho empieza a atacar, es sorprendente. Por lo general los terrícolas no son tan rápidos, pero éste tipo parece esquivarla muy fácil.

Darien no podrá seguir por mucho tiempo esquivando, y los golpes que la mujer le acierta, son en verdad dolorosos. Mejor usa un poco de asistencia o va a llegar a su primer día con dolores y cansancio. Le deja una rosa.

Dieciocho parpadea a la flor en su cabello. —Lo siento no eres mi tipo. —Se detiene unos segundos y se la quita para romperla.

Darien chasquea los dedos y la inmoviliza con una enredadera. Ella pega un grito asustada, él camina y le quita el sobre.

— ¡Hey! ¡¿Eres un hechicero algo así?! —Diecisiete baja a ayudar a su hermana. Dieciséis se pone en guardia.

—Tranquilos, sólo está un poco atada. —Se gira sin más. —Sólo recuperaba lo mío. —Mira por encima de su hombro y ya habían desaparecido. Ahora que lo piensa, llevaba dinero y armas. En cambio sólo querían el sobre, quizás querían infiltrarse. Los rumores deben ser ciertos, muchos asesinos y espías van detrás del Heredero Saiyajin. Frunce el ceño profundamente, le da muy mala espina.

—No volvamos a hacer ésas estupideces. —Dieciséis le advierte a Dieciocho. Estaban dando vuelta en las pequeñas tiendas, en verdad a él le gusta ver los colores y le parece muy curioso ver cómo los terrícolas comen. — ¿A qué huele? —Pregunta a Diecisiete.

— ¡Oh pues! ¡A todo lo rico y lo bueno de la vida! Mucho mejor que ése licuado de proteínas que nos dan. —Levanta la nariz e intenta reprimir su rostro hambriento.

— ¡Jummm! Le hubiera robado la cartera al idiota. —Dieciocho se da cuenta que deben volver y que no podrá probar ni un sándwich de cerdo picante.

—Jajaja ¡¿Este idiota?! —Darien aparece junto a ellos, le parece gracioso que se pongan en guardia. Se ve que no pueden usar la velocidad que usaron para huir, cree que es quizás por la cantidad de gente que los rodea. Se pide un sándwich grande y Ramen para llevar, la espera será larga. — ¡Mmm! La mejor… —Habla con la boca llena, puede ver a ése par casi con el estómago gruñendo. El más grandote sólo lo observa curioso. — ¡Tres más por favor! Y con salsas extra.

Dieciocho se gira con los brazos cruzados, el maldito se burla de ellos. Siente a Diecisiete gritar, se voltea y está sorprendida.

— ¡¿De verdad?! —Diecisiete no lo cree, el tipo les regala los sándwiches y las salsas.

—Sí, sólo… Consíganse un trabajo decente. —Darien se va y de espaldas les ondea la mano. Fue extraño, pero a pesar de que no emiten nada de energía. No sintió que fueran malvados o agresivos sin control.

En el área de la Reina, Kale y Caulifla estaban recibiendo una paliza de parte de Selypar. La Reina estaba iracunda, tres veces, más de tres veces mandó a buscar a la Sirvienta y se la negaron ¡Ése maldito ya se cree superior a las órdenes de una Reina! Arrincona a Kale con una lluvia de patadas y logra acertarle un gancho con su izquierda. Agitada queda en la posición unos momentos, el sudor gotea hasta el suelo. Escupe a un lado y se busca una toalla. — ¡Hasta la noche! —Ruge como una orden y toma agua. Su mente hierve pensando que, del otro lado de la pared, los Planes del Príncipe Vegeta toman lugar.

Caulifla intenta recuperar el aire, y ya se lamenta por adelantado por la noche que les espera. Se acerca a ayudar a su hermana. —Ja… Mi futura suegrita está cabreada… —Lo dice como un chiste. Observa que la Reina ya no está en el área.

Kale rechista a un lado, moja la toalla con agua fría y se la pone en la cara. — Estás loca. Yo jamás pensaría en asociarme con ésta familia. No sólo por la Reina, sino por el Demente del Hijo mayor. Además tendrías que soportar a los idiotas de sus amantes.

—Ppfff… A mí qué me importa. Él necesita una Saiyajin pura para concebir y tener el trono. Yo quiero el trono… Me importa una mierda con quien comparta la cama. —Caulifla le habla a su hermana. —Por ejemplo, el Rey y La Reina ni siquiera se soportan, los hemos visto.

— ¿Y Tarble?—Kale le plantea.

—Jajaja, así como vamos, El Príncipe debilucho va a quedarse viendo un chispero. —Caulifla apunta la mirada. —El Imperio necesita al más fuerte. —Presiona sus puños y sonríe de lado.

En el área del Príncipe, Nappa abordaba a Vegeta mientras veían las primeras instrucciones de Bardock, Kakarotto también era bueno explicando el manejo del Ki. El Comandante se ocupaba personalmente de acomodar las posturas o ver quien tenía buena técnica. Aclara su garganta y se inclina un poco del lado del Príncipe. — ¿Y entonces?

Vegeta pone los ojos en blanco, sabe muy bien a qué o mejor dicho a quien se refiere. —Entonces, hoy me levanté temprano porque estamos tapados de trabajo. —Cortante.

Nappa resopla de lado, justo que creía que Vegeta, tendría al menos un bálsamo en su vida. En cambio sigue sin encontrar el antídoto. —Te aburriste… —Concluye con algo de desilusión.

—"No, todo lo contrario. Quiero más ¡Y me da rabia! ¡Me siento patético de querer saciarme de alguien…! De alguien que, sólo es fiel a sus obligaciones conmigo… Que ni siquiera quiere amanecer conmigo." —Vegeta quedaba en silencio, intenta mandar a la mierda sus problemas personales, pero sólo se cabrea peor. No obstante, Nappa lo empuja y le llama la atención.

—Mira… —Señala a un terrícola y busca su registro. Sonríe de lado al verlo volar, se acerca. —Eso…—Nappa lo felicita. —Sostenlo, la fuerza abdominal es esencial, bueno, la de todo el cuerpo. Por eso la fortaleza física está ligada al manejo del Ki.

—Señor Chiba… —Vegeta lee en voz alta. Escanea su Ki, es estable, aun luego del esfuerzo. —Bienvenido.

—Gracias Su Alteza. —Hace una reverencia, se sorprende de la energía del Príncipe Heredero. Es formidable, sin embargo no abalan las habladurías, de que él está loco o que tenga arranques violentos.

Serena estaba saliendo al patio, con todo el movimiento de gente, recién podría barrer el jardín. Todo estaba más tranquilo y dejó, con la demás, los cuartos de huéspedes relucientes. Se siente muy curiosa de conocer a los invitados de Tech-Tech. Suspira mientras barre, así con todo tan callado y tranquilo, de lo único que su mente le exige hablar es del Príncipe Vegeta. —"Basta, basta… Es lo mejor, ésto está bien. Es imposible ¡Imposible! Suponiendo que me haya recordado… ¿Luego qué? Déjame decirte, Serena tonta, luego nada…Entonces ¿Yo estaba esperando algo?"

— ¿Sigues soñando despierta? ¡Auch! —Darien recibe un escobazo en seco.

— ¡Oh por Dios! ¡Darien! ¿Eres tú? —Serena se disculpa, se había asustado un poco.

Se frota la cabeza. —Sigues siendo un peligro, Jaja. Sí, he venido por las pruebas para el ejército, ahora es solamente para la guardia del Príncipe.

— ¡Pero mira nada más! —Le toca un poco el hombro con un dedo. —Jajaja, estás grandote.

—Sí y tu… Bueno, siempre parece que los años no te pasan. —Le toca amistoso el hombro, como dándole palmaditas.

—Oye Mina ¿Quién es ése que habla con Serena? Se ve guapo. —Rei le da unos codazos cómplices y se asusta cuando Mina sale corriendo contenta.

—¡Darien! ¡Darien quedaste! ¡No puedo creerlo! —Lo sacude con todas sus fuerzas.

—Ay Mina, tu sigues igual lamentablemente. —Trata de no marearse hasta el desmayo. Y se ríe por dentro al pensar que hoy, tres rubias le han propinado golpes mortales.

La anciana Hakkake estaba recibiendo un par de instrucciones, que a simple vista parecían banales. Pero eran realmente extrañas viniendo del Príncipe Heredero. —… Si lo prefiere, puedo llamar a un sastre y una modista…

—No, quiero las prendas ya hechas, Quizás más adelante… —Se imagina a Serena, con un Kimono hecho a su medida. Camina haciéndose el distraído, sabe que ella debe estar trabajando en éste área ahora.

—Bien, a la Señorita Tsukino se le informará del cambio en—

—No, prefiero hacerlo yo en la hora del té. —Se detiene en seco y mira cerca de la pequeña fuente del jardín central. Saca el pecho y pone ambas manos detrás. Frunce el ceño profundamente, mientras la ve con alguna de sus amigas, saludándose muy "familiar" con ése nuevo recluta. Camina rápido a paso firme, deja a la anciana rezagada. Pero le importa una mierda ¡Quiere saber qué carajos pasa ahí!

Serena se da cuenta que a Darien le cambia el gesto viendo algo, y al seguirle la mirada ve que es el Príncipe. Se hace lugar, quedando un par de pasos delante de los demás. — ¡Su Alteza! —Serena grita emocionada sin darse cuenta. Sonríe brillante y hace una reverencia.

Vegeta casi da un paso hacia atrás, técnicamente pudo ver todo en cámara lenta. A ella apuntarlo con la mirada, en tanto se acercaba. Levantando un poco su Yukata con sus manos, para acelerar el paso. Su flequillo dorado ondeando y por debajo, sus ojos azules llenos de felicidad por verlo. Lo ha frenado, Serena con su sonrisa ha frenado cualquier molestia, pesar u oleada de enojo que haya podido azotarlo. Ha parado el tifón en el océano de sus pensamientos, parpadea saliendo del trance y los demás también lo saludan.

—Alteza, le pido me disculpe. Ellas son viejas conocidas. —Darien se disculpa, pero bien parece que lo ignora, ya que los ojos del Príncipe sólo están sobre Serena.

—Vieja será tu abuela… —Mina le sisea en voz baja, lo tironea de la oreja.

— ¡Él es el terrícola! —Kakarotto aparece de un salto, exaltando a los demás. Menos a ése par que parecen estar en un mundo paralelo. —Te vi, pudiste volar. Yo soy Kakarotto. Soldado Élite y bien conocido como el Primer SuperSaiyajin. —Presiona sus puños y el polvo empieza a levantarse al elevar su Ki.

Justo que Darien iba a saludarlo de cerca, Mina lo tira para atrás. —Mucho gusto Señor SuperSaiyajin. Soy Mina Aino, gran, gran amiga de Darien. —Sonríe brillante y seductora. — Sé que se instalaron hace poco. Apenas los veíamos…

Otro aterrizaje sorpresa se da en el grupo. —Ah, pues mucho gusto. Yo soy Raditz, hermano del SuperSaiyajin. —Levanta una ceja y toma su mano para darle un beso. La rubia le sonríe… Algo le dice que se van a llevar muy bien.

— ¡Mina vamos! —Rei ordena, casi como un rugido y da una reverencia. —Hay que estar listos para el banquete, con los invitados de Tech-Tech. Alteza. —Se disculpa y se van. Lo que le faltaba, ahora van a ver a ésa familia de degenerados más seguido.

Vegeta está harto de tanta gente, toma a Kakarotto del cuello. — ¿Viniste a darle las cápsulas al terrícola? —Le sisea, casi escupiéndole en la cara. Kakarotto asiente. —Aquí, el idiota te dará instrucciones. —Se lo acerca a Darien.

Darien estaba por responder, estaba algo intimidado por la actitud del heredero. —Anda, vamos es fácil. —Kakarotto le habla muy ameno y se acerca a secretearle. —Créeme, dá más miedo cuando está de buenas.

Vegeta vuelve la vista a Serena. — ¿Tienes planes para la hora del té?

Serena levanta las cejas. —Eh… ¿Quiere que le lleve el té? ¿Cuál prefiere? No sé hacer mezclas o—Se pone a pensar.

—No, no. El té va a estar listo en mi sala de estar, a menos que prefieras café. —Vegeta muy tranquilo le habla. —Quiero informarte de algo. —La ve tomar aire para adentro, asustada. —Nada grave, ni un interrogatorio o algo así. —Intenta relajar aún más su tono, no quiere asustarla. Quiere que ella, quiera estar a su lado.

Serena se relaja, y vuelve a sonreír. —Seguro, me encantaría. — Debería haber rechazado o evitado. Pero en verdad, lo ha extrañado mucho. Y cree que ésa mirada negra, le dice que a él; le ha pasado lo mismo.

Se quedan mirando unos momentos, hasta que la anciana lo alcanza y Vegeta le cambia el tema, así Serena no sospecha de sus intenciones. No sólo la anciana, sino todos los demás que se iban por el pasillo, veían a ésa pareja quedarse prendidos de la mirada del otro. Mina sólo confirma cada vez más su teoría, Serena ha podido calar hondo en el corazón de iceberg del Príncipe. Rei siente pena, porque para ella, no es más que un juguete nuevo para el Príncipe. Cuando se aburra, teme que el corazón de Serena se rompa. Kakarotto y Raditz, piensan que es bueno que Vegeta tenga algo que calme su ira. Y Darien… Darien piensa ¡Que definitivamente debe ponerse al día con el chisme entre ésos dos!

Raditz y Kakarotto volvían volando al palacio. —Creo que la mayor ventaja será que, vamos a tener al menos un día libre. —Raditz piensa en voz alta. —Debes dejar de comportarte tan amistoso con los terrícolas.

— ¡Jah! ¡¿Por qué?! —Kakarotto le reclama. — ¿Porque ahora soy un Élite y debo dejar de comportarme como un Guerrero de tercera?

—Bien dicen que, aunque la mona se vista de seda… —Raditz se ríe pero de inmediato se escuda y le explica. —No… lo digo porque deben aprender a obedecer y sobre la disciplina.

—Y crees que no me tendrán miedo o respeto. —Se detiene en el aire y estalla en llamas doradas. —A ver quién quiere hacerle frente al SuperSaiyajin. —En el medio de la discusión con su hermano, se pone en alerta. Mira a un lado…

Raditz se para con él y queda mirando en la dirección que él busca, en los bosques… Donde se suele buscar leña. —Volviste a sentirlo. —Raditz se concentra y escanea, pero choca con tanta interferencia todavía. Se le hace difícil leer el Ki con tanta actividad. —Debe ser Kale o la misma Reina que están entrenando.

—Deberías ponerte a perfeccionar lo del Ki. —Regaña un poco a su hermano. No es la primera vez que siente ése poder, ésa energía dar picos. Pero es extremadamente estable, en un principio creyó que era Broly, pero no…No es Saiyajin. —Avísale al General y al Príncipe que ya instalamos a los reclutas.

Ve a su hermano menor muy decidido a buscar algo sustancial. —Seguro… —Arranca vuelo de nuevo. —Voy a estar en primera fila cuando papá te rompa la cara…

Miraba los rayos del sol cruzar la copa de los árboles… Luego de juntar algunos huevos, en el área del gallinero. Milk iba a hacer su actividad favorita... Su favorita porque, si bien disfrutaba intercambiar algunos golpes con Lita, hoy estaría completamente sola. Presiona sus puños, el pantalón debajo de su vestimenta ondea, sus talones se hunden. Y salta, salta entre los troncos, de uno al otro. Se toma de una rama amplia y gira, cae al suelo levantado las hojas. Amortigua la caída con una rodilla y la otra pierna extendida. Gira a un lado, une sus manos a un lado del cuerpo y toma aire. —Kame…Hame… ¡Haaaaa! —Despliega la técnica que le enseñó su maestro de niña.

—¡WOW! ¡ESO FUE SORPRENDENTE! —Kakarotto saca la cabeza, desde la copa de un árbol, con el cabello lleno de hojas.

Milk entra en pánico, junta sus cosas, y empieza a querer huir. Aun si la regañan, por llegar sin ni un trozo de leña. Escucha el aire arrastrarse, y a ése Saiyajin arrinconándola. —¡Heep! — Salta del susto.

— ¡Oye! ¡No huyas! —Kakarotto insiste. — ¿Dónde aprendiste eso? ¿Eres terrícola o mitad Saiyajin? —La hembra lo empuja enojada. — ¡Hey sólo quiero saber!

—¡Grrr…! —Milk se cabrea como nunca, y empieza a atacarlo para que la deje ir.

— ¡No, espera! —Kakarotto intenta hablar como puede, entre los golpes mortales que técnicamente lo rozan. — ¡Sí! ¡Sí te he visto antes! —Se sigue girando, corriéndose para atrás. En verdad que es veloz. — ¡Oye! ¡Basta! ¡Cuidado! —Teme que se lastime sola, ahora pasa un acantilado. Él vuela, pero la hembra cae de frente con el impulso de sus golpes. — ¡Te dije cuidado! —La atrapa de espaldas.

Milk toma aire del espanto que se llevó, la están sosteniendo en el aire. El Saiyajin tiene un brazo rodeando su cintura y el otro a la altura de su pecho… ¡Estrujándole de lleno el seno izquierdo! —¡Suélteme acosador! ¡Abusador! ¡Suélteme! —Lo golpea en los brazos.

Kakarotto se percata de la situación y quita su mano, la deja parada en la superficie. Ella le sigue gritando que es un violador y mil cosas más. Kakarotto mira a los lados, y se señala. — ¡¿Me estás diciendo ésas cosas a mí?! —Frunce el ceño enojado ¡Pero si la acaba de salvar!

— ¡Pues sí, no veo a otro por aquí! —Lo mira de arriba abajo. Debe creer que, por ser hijo del General, sus crímenes pueden taparse fácilmente.

— ¡Fue un accidente! ¡Te acabo de salvar de caer por ahí! —Le señala el acantilado, era de casi dos pisos de alto, no iba a morir pero sí a partirse un hueso.

— ¡Deje de tutearme! ¡¿Para qué me seguía y me arrinconaba entonces?!

—No TE estaba siguiendo, ni nada así. TE estaba preguntando cómo HICISTE eso. —Kakarotto resopla fúrico ¿Quién se cree la tipa? ¿La ultima vasija de agua en el desierto? —Es la única razón por la cual me acercaría, a una engreída como tú.

— ¡Qué asco! —Milk junta sus cosas, muy orgullosa no piensa ceder.

— ¡Asco debo sentir yo! —Kakarotto huele sus manos. —Agh, me dejaste olor a estiércol de gallinas. —Sisea e intenta limpiarse. Sólo ve a la hembra juntar algunos leños, refunfuñando en voz baja. Ahí se da cuenta que los ataques que ella hacía, los usa para cortar madera, son bastante precisos. — ¿Tienes miedo de que diga algo o meterte en problemas?

—Me importa una mierda lo que USTED haga. —Rechista a un lado y sin mirarlo a la cara simplemente se va. Aunque todo el camino se sintió incómoda, miraba al cielo. Podía jurar que la siguió todo el camino.

Golpeaban la puerta de la sala de estar de Bardock, él se sentía algo nervioso. Y por si acaso, se hizo un "trabajo manual" antes. Está empezando a creer que sí es un degenerado, ya que la única cosa que le revivía su virilidad, era el recuerdo de la mujer ¡Por Dios! ¡Es una muchacha que puede ser su hija! ¿Será su castigo por burlarse de los viejos Jefes del ejército que correteaban jovencitas? Toma aire e intenta verse serio y natural.

Lita estaba nerviosa, no sabía cómo iba a disculparse con el General. Se repetía que todo fue un accidente, un horrible accidente ¿Qué iba a saber ella que los rumores respecto a él eran ciertos? Ami le confirmó, que sus registros médicos le diagnosticaban impotencia sexual. Pero que a él le importaba poco tratarse, así que también debe ser cierto que es pareja del Comandante. Ahí arrastraba a su amiga Serena, para que le diera valor. — ¿Entonces de verdad te invitó a tomar el té? —Lita intenta distraerse con una conversación.

—Sí. Le dije que llegaría tarde y no se molestó. Le expliqué que era para acompañarte.

—Jummm… Creo que la teoría de Mina, es más que sólo una teoría. —Lita la arrincona un poco, al verla ruborizada. De inmediato su amiga toca la puerta del General.

—Buenas tardes. Señorita Tsukino, Señorita Makoto… —Bardock saluda y ve a la rubia con una sonrisa y la castaña con el ceño fruncido, parece estar de malas. —Pasen, por favor. No hace falta reverencia. —Las invita al sillón.

Lita parpadea, para ser un Saiyajin de alto rango, es muy amable. Serio y con el ceño fruncido, como cualquier Saiyajin; pero su voz es suave —"¡Hm, la culpa debe estarlo matando! ¡Como cualquier criminal que encuentran con las manos en la masa! ¡Muéstrale que no tienes miedo!" —El subconsciente de Lita le responde, con la nariz en alto, muy orgulloso. —Gracias Serena, puedes irte. —Lita lo dice, porque en verdad está harta de arrastrar ésta sombra de su pasado. Se ha dado cuenta que debe ser fuerte, aún más.

— ¡Eh! ¡No, no! —Bardock la frena. —En verdad, de verdad no quiero hacerla sentir incómoda. Que se quede… —Insiste, teme que pase algo inoportuno como la otra vez.

Lita acepta, cree que el General quiere darle un regaño ejemplar. Así que, antes que cualquiera diga nada más, ella se para firme. — ¡Mil disculpas! ¡En verdad perdóneme por haberlo golpeado! —Con el gesto serio y el tono de voz bien cabreado.

Bardock levanta las cejas y está tan sorprendido como Tsukino al escucharla así. Si bien es una disculpa sincera, parece estarlo mandando al carajo. Intenta enfocar a sus ojos, y ahí choca con sus ojos verdes. — ¿Ves Señorita Makoto? —Le muestra. —Un gancho exacto en la mandíbula, con hielo y en unos días se borra. En cambio mi falta, aunque fue un accidente. A usted le hizo mal, tanto que abrí una vieja herida sin querer.

Lita parpadea y lo mira fijo ¡Carajo! ¡El golpe es enorme! Se sienta y suspira. —En verdad, lo siento. —Se lamenta verdaderamente, éste Saiyajin no parece como los demás.

—Por favor. Aceptaré sus disculpas, si primero aceptas la mía. —Bardock larga una pequeña sonrisa de lado. Sirve té, le pasa una taza a ella y a Tsukino.

—Oh, no… Ella tomará el té con el Príncipe. —Extrañamente, Lita ve a Bardock reprimir una risita y mirar a Serena disimulado. Le pareció muy travieso de su parte, cómo si él supiera que su amiga le está poniendo el mundo de cabeza a su jefe. —"Hmmm… ¿Podré conseguir información de primera mano?" —Piensa ella, también muy traviesa.

—Seguro. Esto es rápido, no querrá… Hacerlo esperar…—Bardock no dice nada más y se sienta frente a ellas. La rubia, parece estar a punto de desmayarse de la pena.

Serena siente que éstos dos se están burlando de ella, mientras toman el té con su meñique en alto. Hasta los ve compartir sonrisitas maliciosas a sus costillas. Se levanta. — ¡Cierto! ¡Y se me hace tarde! —Lo más veloz que puede, da una reverencia y se va.

—Oye, no ¡Serena es una broma! —Lita intenta detenerla.

—Por favor, Señorita Tsukino ¡No! —Bardock intenta mantenerla en la habitación, pero falla miserablemente. Queda a solas con Lita, la escucha reírse un poco, le agrada, pero lo pone nervioso. Vuelve a sentarse para no hacerle un desplante con el té.

Lita lo ve nervioso a él, como si fuera ella el peligro aquí dentro ¿No se ve el tipo en el espejo? Parece una pila de rocas. Observa que se sienta e intenta relajar los hombros, y mira a los lados. —No se le da bien, el tratar de "Usted" a la gente… —Lita comenta, tratando de quitar el silencio incómodo.

—Pues… No. En verdad, todo el puesto de General me tomó por sorpresa hace unos años. Y no me ha dado tiempo a acostumbrarme. Soy más del campo de batalla, la acción. —silencio de nuevo, y es tanto que hasta se escucha cada vez que toman el té.

—Creo que, debo disculparme con su pareja también. —Lita le llama la atención.

Bardock levanta las cejas, intenta no partirse de la risa porque ella parece sincera. —Bueno, eso es nada más que un chiste práctico. Larga historia… Cosas que me levantan el ánimo. Cuando perdimos Vegeta-Sai, mi esposa estaba ahí. Era ella quien tenía ése sentido del humor… —Baja la taza y mira sus manos. —Siento que, ella me pegó esa costumbre.

Lita parpadea grande, escucharlo hablar de su esposa, aquí sentado frente a ella ¿Cómo puede mantener su idea de que los Saiyajin son nada más que animales salvajes y sin corazón? —Haaa… En verdad, en verdad lo siento. Medí mal la situación, abusaron de mí cuando era adolescente. Un soldado Saiyajin, asqueroso… —Deja la taza y se limpia las manos con la servilleta, como si pudiera volver a sentir ésas manos sudadas, y con olor agrio, tocarla. —Recuerdo quedarme en blanco y luego, dolor, dolor en toda la piel… —Presiona los dientes y sus ojos lagrimean. Unas palmaditas en su hombro la despabilan.

—La Guerra es siempre algo miserable… —Bardock trata de darle consuelo.

—Ppfff… Sí, viniendo de quien es el General de los miserables. —Lo dice con sarcasmo, y al instante se arrepiente. Él solo quería darle consuelo y ella le respondió tan mezquina.

—Cierto… ¿En qué momento un Guerrero pierde el camino? —Se sienta junto a ella, sin pensarlo. Queda perdido en sus pensamientos ¿En qué momento se volvió todo tan corrupto y cruel?

—Siento mucho lo de su esposa. —Lita lo dice sincera.

Bardock se gira a verla, sus ojos verdes parecen tener brillantinas con ésas lágrimas. Traga duro saliva, eso lo hizo sentir algo incómodo. —Bueno, todo saldado. —Sacude sus pensamientos y ella asiente. Lita se levanta para irse, y Bardock también se endereza.

Lo que no se habían dado cuenta. Lo que ninguno de los dos se había dado cuenta, es que el General estaba pisando el borde de su Yukata. Apenas quieren avanzar, caen al suelo. Bardock se sostiene de los codos, por suerte la alfombra amortiguó un poco el golpe. Pero lamentablemente, le tiró la tela hasta abajo. Dejando su escote descubierto, su cara pegada entre sus pechos. Y su erección… Su muy notable y traidora erección, apoyada contra ella.

Siente el Ki de la hembra estallar de ira. Está seguro que esa mirada verde, puede dispararle ahora mismo. — ¡No, no, no! ¡Un accidente lo juro! ¡Un accidente!—Bardock se endereza a horcajadas, pero la vista de su polla inflamada lo condena. Y recibe otro golpe, que lo deja del otro lado de la habitación.

Lita sale corriendo acomodándose la ropa ¡¿Impotente?! ¡Mentiroso hijo de puta! Se encontraba con Milk. Y relatándole todo en voz alta, con sus pulsaciones en una menor frecuencia, su raciocinio le advierte que pudo haber sido otro lamentable accidente. Se lamentaba, golpeando la cabeza contra la encimera de la cocina. —Ay…Nooo…

— ¿Lo volviste a golpear? —Milk muy incrédula, le alcanza un vaso con agua.

Lita le asiente, piensa unos momentos y, literalmente, huyó de ahí. De nuevo presa del susto, por impulsiva, no lo dejó explicarse. Y si no hubiera pasado eso, hubiera sido una reunión satisfactoria. De pronto piensa —"¿Se le habrá puesto dura cuando me vio desnuda?"— Ahora siente pánico, pero un pánico muy distinto ¡¿Por qué le importa éso?! Se sostiene la cabeza, apunto de explotar de una migraña. —Ay Dios… ¿Qué me pasa?

Serena estaba a punto de tocar la puerta de la oficina del Príncipe, en un momento se reprime y está a punto de arrepentirse. Pero toma valor, cierra su mano y…

—Hola. —Vegeta abrió la puerta, la ve parpadear muy sorprendida. —Eh, sentí tu Ki.

—Ah. —Dice algo extrañada, aun no entiende ésa palabra que usan. — ¿Eso es energía o algo así? —Camina y ve todo armado para una tarde de té. Se pone roja, se sienta y tapa su rostro ardiendo. —"Él… ¿Preparó todo esto para mí?" —Su mente patalea feliz.

Vegeta no puede esconder la sonrisa enorme que se le dibuja por su curiosidad. —Sí, es "energía". También lo he interpretado antes como, nivel de poder o fuerza. Es lo primero que un Scouter detecta.

—Vaya, suena interesante ¿Puede un terrícola aprenderlo? —Muy entusiasmada, presiona sus manos y se acerca a él. — ¿Es por eso que quiere guardias del Planeta? — Se da cuenta que quizás está demasiado entusiasmada y eso lo puede molestar. Recupera su postura. —Lo siento. No, no quería sonar latosa.

Se sienta junto a ella, pero bien lejos en una esquina. Toma la tetera. —No me pareces latosa. —Justo que iba a servir, las manos de Serena se apoyan sobre las suyas.

—Por favor, Alteza. Déjeme servirle. —Serena lo hizo sin pensar, ahora sus manos están sobre las suyas, y parpadean el uno al otro en sorpresa.

—No. —El tono de Vegeta, parece hacer pesar sus palabras, casi como un jadeo. Presiona la mandíbula y sigue. —Eres mi invitada. —Baja la vista y le sirve.

Serena toma la taza, sopla un poco el vapor. Cierra los ojos y da un sorbo suave. —Mmm…Tiene miel. —Da una risita coqueta.

—"Yo quiero untarte miel por todo el…" —Vegeta suspira disimulado al techo, intenta no taclearla en el sillón y hacer de las suyas con ella. Empieza con el asunto principal de una vez. —Ya te había dicho, que necesito gente de confianza trabajando alrededor. —Ella escucha muy atenta. —Y es por eso, que quiero que trabajes más en mi área, y no tanto en el área general del Palacio.

—Oh, en verdad. Me siento eh…Halagada, que usted diga que confía en mí. —En un momento Serena siente un nudo de nervios en el estómago. Está nerviosa, no quiere cometer alguna tontería y que él vuelva a desconfiar.

Puede verla resoplando y con una pierna temblorosa. —Ya has demostrado que puedo confiar. Y no me gustan las habladurías del servicio. Los invitados que vamos a recibir, necesitan también de gente de mi confianza. Quiero disminuir al mínimo cualquier información que pueda venderse a los "Reyes". —Lo dice con tono severo, intentado asegurarle que en verdad confía, en cambio a hora la siente peor; asustada.

Serena queda fría y asiente muy vehemente, pone una mano en forma de puño del lado del corazón. —Sí, Su Alteza. No voy a defraudar su confianza. Sé que soy…Que soy muy torpe, pe- pero—De nuevo la mano del Príncipe toma la suya, muy suave busca la altura de su muñeca.

—Tu pulso... Tu Ki está exaltado ¿Me tienes miedo? —Levanta su mirada negra, la apunta por una respuesta.

—T-Tengo miedo de fallarle y-y—Serena traga duro saliva. El nudo de nervios en el estómago, se convierte en una roca.

La suelta y la siente tomar aire de nuevo. Piensa en cómo relajarla. — ¿No tienes hambre? —Le señala todos los bollos dulces, pasteles y la ve dudar ¡Mierda! ¡¿Acaso no son de su gusto?! Debió preguntarle más específicamente… Y la ve tomando una crepa con crema y fresas.

Serena no quería hacerle un desplante. Y su vista, tan afilada como cazador en la nieve, no pudo resistir a ésa crepa con crema. —Mmm, es muy difícil comer crema o cosas frías. Los sistemas para refrigerar, son difíciles de conseguir para un terrícola.

Vegeta la acompaña para comer. —Bueno, si todo sigue con el viento a favor; todos esos problemas van a solucionarse. —Por fin la siente relajada y sonriendo. Y al fin, no siente que el silencio sea incómodo. Toma un pan de chocolate y empieza a comer. — ¿De dónde te conoces con el terrícola? —Los dos paran el bocado y quedan con los ojos como platos, sin poder mirarse. —"¡Mi puta madre! ¡Yo y mi boca inoportuna! ¡¿De dónde mierda salió ésa pregunta?!" —Pero en un segundo, cambia de parecer y quiere saber la respuesta. La ve nerviosa de nuevo, ella le dijo que nunca la habían besado. Pero eso no significa que no haya pasado nada, o que el terrícola y ella hubieran tenido algo o que Serena por miedo le haya mentido… —Grrr… —Su gruñido sale a superficie, con los ojos cerrados. Mientras se ofusca con su tren del pensamiento, traquetea sus dedos en su rodilla.

Serena limpia sus manos y se sirve otra taza de té, se la baja de un solo golpe ¿Eso sonó a cel…? No, no. Es sólo su desconfianza porque no lo conoce, al menos así quiere verlo ella. —Nos conocimos en el orfanato. Cuando él cumplió dieciséis, salió a trabajar. Es muy estudioso y esforzado. Siempre nos mandaba cartas, me enteré que estuvo trabajando como guardia para un Doctor. Bueno en un principio, él quería ser Doctor, como Ami. Pero, cuando uno tiene pocos recursos hace lo que puede. Jeje —Lo ve con el ceño fruncido y apuntándola como si fuera a dispararle. —Es de confianza, se lo juro. No creo que él—

—Eso lo veré en el entrenamiento. —Se sirve la taza llena y se la baja de un solo golpe. Quizás sí, es nada más que un amigo. Va a vigilarlo de cerca…En un momento, mira la caja que estaba esperando darle a Serena. Se levanta a buscarla. —Esto es tuyo.

Serena conoce ése tipo de cajas, se siente fuera de lugar. —No, por favor. No quiero que me gratifique. —Ondea sus manos, tapándose la cara de la vergüenza.

—No es gratificación, es…—Desvía la mirada y vuelve a sentarse. —Un regalo. —Ella se muerde los labios, muy indecisa. —Al menos ábrelo y dime si es de buen gusto.

Suspira, el Príncipe está tan atento. No quiere hacerle un desaire. —Sí. —Lo abre y lo primero que ve, es la chaqueta superior que combina con el cinto, con flores discretas bordadas, y la falda con colores rosa, pero bien discreta.

—Pensé en un Hanfu… Luego pensé si fuera un Kimono, prefiero que sea a tu medida. Y como estaba de prisas… Me decidí por un Hanbok, algo diferente y práctico para cualquier ocasión. Pero en especial para que tengas algo nuevo en tus días libres. —Vegeta se explica, puede verla embelesada viendo los detalles y el bordado. — ¿Es de tu gusto?

Parpadea y responde. — ¡Oh, sí! Lo siento, qué grosera. —Se disculpa por su silencio. Levanta el traje y lo mide sobre sus hombros. —Parece que el talle va a quedarme bien.

—Por supuesto que va a quedarte bien. —Vegeta empieza a acercarse. —Tal parece que, tú figura… Tu forma, quedó grabada en la yema de mis dedos. —Acerca su mano y pone hacia atrás, un par de cabellos dorados que Serena tenía sueltos. Toca su trenza, que está enroscada en un solo moño.

Serena empieza a sentir palpitaciones, él la sostiene firme con una mano en la cabeza, con la otra, deja la caja a un lado. —Príncipe yo… —Quiere agradecerle las palabras que le acaba de dar, pero está atrapada por sus ojos negros mientras la recuesta contra el apoyabrazos.

—Tienes razón… Eres una grosera. —Vegeta la acusa y ella da un saltito. —Te fuiste de mi cama, sin siquiera despedirte. Ni un beso o caricia que—

— ¡Sí, sí lo besé! —Serena le grita y al instante se tapa la boca, se ruboriza el rostro completo. —Yo-Yo…Antes de irme.

Vegeta parpadea y sonríe de lado, toca los labios de Serena. —Pero qué ingrata, no me despertaste. Así que no lo recuerdo. Me debes. —Demanda, casi como una orden.

—Es que usted, necesitaba dormir. —Empieza a sentir el calor circular entre ellos.

—Jajaja…Hmmm… ¿Tú no?—Sonríe brillante muy malicioso. — ¿Crees que me agotaste ésa noche? —Baja su labio inferior con el pulgar, su polla pulsa en dirección de ella. Serena niega con la cabeza.

Ella intenta recuperar las riendas de sí misma. —Alteza, el té se-se enfría, ah. —Suspira al sentir las primeras caricias en su cuello. Con la invitación a tomar el té, con él diciendo de su boca que confía en ella. El vestido nuevo… Es demasiado, es más de lo que ha esperado de él.

—El té se enfría, y nosotros estamos calientes. —Vegeta besa su pulso en el cuello, el corazón de Serena late tan rápido, que parece resonar entre ellos.

—Es…Es mucho. —Suspira caliente, y no puede evitar hacer los ojos hacia atrás, cuando él la abraza completamente. —Ya ha hecho mucho por mí.

Vegeta, larga unas risitas, mientras sus labios se acercan peligrosamente a su boca rosa. —Es que, quiero hacerte sentir bien. —La besa muy suave. —Porque tú me has hecho sentir en paz. —Parpadea grande y en pánico, no puede creer que lo dijo en voz alta. Pero sus nervios se borran cuando, al igual que en su sueño, ella aferra sus brazos a su cuello e intensifica el beso. Es apasionado, pero apenas asomando la punta de sus lenguas.

Escucharlo decir eso, la tiró al vacío. Todo en él grita que es su ruina. Que esto sólo puede terminar mal, sin embargo el SENTIR la impulsa más fuerte que la razón. Se aferra a la ropa del príncipe y empieza a tironearla, mientras él empieza a subir sus manos por debajo de la tela y aflojar su Yukata. Vegeta toca y estruja su trasero, la acerca para hacerla sentir su miembro inflamado. Las lenguas al fin se hacen lugar. Serena graba en su mente, el sabor de la boca del Príncipe, vuelve a llenarse de su calor y su aroma masculino.

¡¿Qué importa si la usa para dar calma a su mente?! ¡Es una sirvienta! ¡Ella está para eso! El orgullo de Vegeta se niega e intenta con desesperación, verlo de manera superficial. Se miente, como nunca antes. Se siente en un estado lamentable y ridículo; porque al menos ella entiende la situación y ni siquiera se ha atrevido a tutearlo. Cuando él lo hace abiertamente y hasta la llama por su nombre. —Serena… —Suspira contra su boca, sus gemidos tan dulces. Se aleja para verla y aun retorciéndose completa de deseo, se ve tan pura. No puede hacerle ésto, no debe. Une su frente con ella, respira hondo. Al parecer el efecto de tranquilidad que le causa, también funciona con sólo tenerla cerca.

Serena piensa en lo que le dijo, ahora entiende porqué él se comporta así con ella. —Me alegra. De verdad me alegra poder calmarlo. —Toca el pecho del Príncipe por encima de la ropa, siente su corazón bombear firme.

Vegeta suspira a un lado y la abraza completa. Se siente en verdad vulnerable, así como también la percibe a ella. Pero quiere disfrutar de estar así con Serena. Sus ambiciones y sus deseos, parecen cosas separadas ahora. —"Quizás… Quizás… Sólo tenerla cerca, nada más… Y nada más…" —Piensa, trata de aferrarse a lo que sea que le garantice, poder sentir ésta paz en su mente; pero sin arriesgar todo lo que tiene en juego. — ¿No te molesta? —Frunce un poco sus gestos, de que ella se sienta como un objeto o algo así.

Suspira fuerte y se aferra al abrazo. —No Alteza. No me molesta ayudarlo. —Se acurruca en su pecho. Es tan firme y musculoso; pero es su tibieza, su suavidad lo que la atrapa.

Vegeta voltea la posición y queda con ella recostada. Mira su trenza dorada, bien enroscada, para no dañarse el cabello mientras trabaja. —Algún día, muéstrame tu cabello suelto con el Hanbok. —Ella asiente y quedan en silencio, en tanto él pasa sus manos muy despacio, acariciándola muy suave, desde la cabeza a sus hombros. Serena se aferra a su pecho y la escucha suspirar relajada. El Ki y los latidos de la hembra están relajados completamente. Le gusta saber que ella disfruta de este momento. Les quedan sólo unos veinte minutos, de su pequeña cita de té, antes de que Vegeta tenga que ir a entrenar y Serena tenga que volver a trabajar.

Lo siento, de nuevo Bardock, jajajaja, no lo pude evitar. ¡Hasta el Próximo viernes!

Saluditos…

OhaioIzumiKun: una sesión de buen delicioso lo deja a cualquiera ronroneando y estirándose como felino. Jajaja. Uy! Fue la peor cachetada para todos los que están contra Vegeta y sus planes. Y por lo de Bardock, una anaconda asusta a cualquiera, jeje. Pobre Bardock, ya le llegará el momento, tú disfruta. Jajaja

Kaysachan: De nuevo, saluditos, espero leerte por éstos caps y "escuchar" tu opinión, Jajaja. Mis mejores deseos como siempre. Besos mi estimada.