Lala Lulu: Hola! Bueno, sé que muchos ya quieren ver un acercamiento entre los protagonistas. Quizás el precio para eso sea demasiado alto fu, fu, fu… Una charla mano a mano con Darien, porque él también quiere chismecito, Jeje. Una vez más, Vegeta estará bajo las provocaciones de los Reyes. La prueba con los Terrícolas es hoy ¿Tendrán el visto bueno del consejo? Los Guerreros harán lo que sea necesario para salir victoriosos ¡A leer se ha dicho!

¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

Capítulo 6

El Gran día llegaba, Darien estaba repasando en su mente todo lo que ha estudiado y entrenado para la demostración. Caminaba en el Palacio, había llegado temprano repasando los protocolos de vigilancia con Kakarotto. Y ahí estaba de nuevo, presenciaba un intercambio de miradas entre el Príncipe y Serena. Él entra a la Oficina con el General y el Comandante, y ella limpia unas macetas con flores, camina muy risueña al comedor. — ¡Ja! —Darien la hace dar un grito del susto.

— ¡Maldito tonto! —Serena le da un golpe de puño, pero le quedan doliendo los nudillos. Se frota un poco.

—Jajaja. Vi que no tenías la escoba y dije: ¡Es mi oportunidad! —Darien sigue bromeando. — ¿Tienes unos minutos libres?

—Sí, estaba yendo a mi descanso.

Darien aprovecha que también tiene unos minutos libres. —Bien, siéntate. —Le ofrece sobre una banca del jardín. —Mira, no hemos tenido tiempo de hablar, porque he estado con mil obligaciones y entrenamiento. —Busca su mirada, la ve un poco nerviosa jugando con sus dedos. — ¿Qué pasa entre tú y el Príncipe Vegeta?

Extrañamente la pregunta le dolió a Serena, en estas dos semanas que no la ha vuelto a llamar a su cama, la melancolía parece azotarla. —Pues… —Mira al cielo y el movimiento de las nubes. —Sólo estamos soñando despiertos… —Sí, ésa respuesta la hace tocar tierra y calma su dolor. Se voltea a verlo a los ojos, muy decidida.

Darien siente que nunca ha escuchado ése tono en ella, muy dulce, pero lleno de madurez. —Déjame decirte, que es un sueño muy vívido. No me gustaría verte sufrir. —Pone una mano en su hombro y le da unas palmaditas. Ella le sonríe brillante.

—Créeme que eso no va a pasar, aunque no creas, soy yo la que pone las condiciones. —Muy seria le habla, hasta ella siente que su voz cambió a una más madura. —Bueno, tenemos que organizar una reunión. Una celebración por tu triunfo, en ésta demostración—Ella habla alegre.

—Ni siquiera sé si nos va a ir bien. —Darien mira adelante. —Es mucha presión, parece un primer paso para un cambio con nuestro trato con los Saiyajin.

— ¡Les va a ir bien! —Se levanta muy alegre y le da ánimos. Empiezan a llamar a los reclutas para ir a la zona central del Palacio, en el área de entrenamiento de los Reyes.

Vegeta, Bardock y Nappa salen de la oficina, muy listos para el momento de la verdad; con las espadas preparadas. Pero el Príncipe no puede evitar sentirse encolerizado, al poner sus ojos sobre Serena, hablando tan sonriente con ése recluta de la otra vez. Alentándolo alegre y hasta tocándole el hombro, el Soldado Chiba le responde entre risas. En cambio con el Príncipe, la distancia se hace más grande, no pueden tocarse libremente o hablarse siquiera. Se pregunta ¿Por qué? ¿Por qué está de éste lado de nuevo?

Nappa no pierde el detalle de los gestos de Vegeta. Bardock también, pero da la orden para irse. Los golpes e insultos vendrán después.

Siguiendo los protocolos pasan por los pasillos. Los Reyes y el Príncipe Tarble estaban en sus sillas, un sitio central entre la audiencia. Los altos rangos y algunos afortunados soldados que sirven como seguridad y que se prestaran para las pruebas. Están en verdad muy curiosos de ver los resultados.

Vegeta daba sus saludos formales a sus Padres y su Hermano. Mientras los reclutas se alistaban con las cápsulas, y las armaduras en la arena de entrenamiento.

La Reina Selypar no podía ocultar su rostro lleno de incertidumbre, si bien el Príncipe Heredero tenía sus gestos de mierda, puede que sea sólo por la concentración de la demostración.

— ¿Ve las cápsulas? —Paragus le susurra a Gero y ve de reojo al Rey, con la mirada tan afilada que no sabe qué esperar.

En los vestuarios Nappa no lo soporta y encara al Príncipe Vegeta. — Creo que sería mejor que tú no seas parte. —Le habla de lado algo disimulado. — ¿No la has vuelto a llamar cierto? Ni siquiera le has preguntado si te recuerda… Eres un jodido orgulloso.

Vegeta presiona los dientes y su ceño se frunce, resaltando su mirada iracunda. —Es mejor dejar todo como está. —Muy cortante lo amenaza. —Y Creo, Comandante, que no es tu puto asunto. —Va a alejarse, pero abre grande la mirada cuando Nappa lo detiene de un brazo, y se inclina a él.

— Estás fúrico porque la viste hablando con el Terrícola. —Nappa puede ver cómo el Ki de Vegeta hace un pico. —No te culpo ¿Se conocen de antes? ¿Son íntimos? Quizás puedas ver para darle una dote, como hizo tu padre con sus amantes.

— ¡Eso no va a pasar! ¡Ella no puede tener hijos! —Sisea con rabia sólo para el Comandante, se suelta y lo empuja.

— ¡Sabes muy bien que eso no es impedimento para casarse o unirse! ¡Hemos visto muchos planetas, muchas personas! —Empiezan a levantar el tono, algunos voltean, pero prefieren ignorarlo, no meterse y salir a la demostración. — ¡Carajo Vegeta! ¡Mira cómo estás! —Lo siente rechistar a los lados y exhalar grande hacia arriba. —Te alejas, le haces lo mismo que a Bulma—

— ¡Te he dicho que yo no comparo a las hembras! —Le ruge y se acerca a él muy dispuesto a golpearlo.

— ¡Yo no las estoy comparando! ¡Te hago ver que eres tú, el que vuelve a cometer los mismos errores! —Nappa lo sostiene del cuello de su traje, Vegeta hace lo mismo.

— ¡¿QUÉ MIERDA CREEN QUE HACEN?! —Bardock ve la situación, envía a Broly y Kakarotto a separarlos. Los escucha gritarse. — ¡SILENCIO! —Bardock grita y todo el aire se detiene, Vegeta y Nappa se ven agitados, apuñalándose con la mirada.

—Sólo quiero hacerle ver, que es una imprudencia hacer esto en su estado. —Nappa insiste. —Ustedes lo sienten ¡Su Ki está mal!

—Yo solo quiero hacerlos ver…—Vegeta deja de forcejear y Broly lo suelta al ver que se calma. —… Que pasaré por encima de todos ustedes, con tal de salir y cumplir con lo que hemos planeado. —Levanta el pecho, toma aire profundo y se enfoca en su objetivo.

—Salgamos, nos están esperando. — Muy en seco, el General ajusta sus guantes y siente a los demás seguirlo. Hace señas a Broly y a Kakarotto, por si hay que detener un exabrupto.

Darien y los demás saben que los superiores salen de una discusión en los vestuarios. Darien queda interpretando las señas de prevención, que le hace el General al Élite Broly y a su hijo menor. Es estar en alerta para neutralizar al Príncipe Vegeta, le extraña un poco. Justo ahora la energía del Príncipe, o Ki como dicen los Saiyajin; está correctamente contenido. Pero ahora entiende la diferencia entre "contenido" y "controlado". Toma aire y recuerda las tácticas con las cápsulas.

Los soldados terrícolas se alineaban con los Saiyajin, desde el otro lado Gure y su padre estaban listos para desplegar los robots aéreos. El General y Nappa hacen señas. Broly y Raditz empiezan a correr junto con los que todavía no perfeccionaron el vuelo. Vegeta empieza a esquivar en el aire los disparos. Los robots son en verdad rápidos y se adaptan a los rivales. Los reclutas usan los cañones de escudos electromagnéticos para poder avanzar.

— ¡No sólo se cubran! ¡Disparen! —El General les ordena, esto es mucho más rápido que en los entrenamientos y son menos predecibles los ataques.

Los disparos rodean a un grupo, Kakarotto va a ayudarlos, pero una lluvia de disparos sale desde atrás de él, derribando a cada robot. Se giran sorprendidos y es el soldado Chiba. — ¡Despliéguense! —Darien aterriza en el centro de ése grupo que acaba de cubrir, y sigue disparando.

El Rey se sorprende con ése terrícola, pide un Scouter para ver su nivel de poder. — ¿Cómo se llama ése? —Le habla a Paragus al oído.

—Es… Chiba, Darien Mamoru Chiba… —Paragus le responde. —Es terrícola, no es híbrido. Impresionante.

—Sí ¿Verdad? —El Rey mira de lado a la Reina Selypar, le pasa el Scouter. — ¿Qué opina mi Reina? —Le frunce la mirada para que preste atención. Se pregunta en el fondo, si no será una de las reencarnaciones.

El Dr. Gero frunce la vista a esos dos invitados de "vacaciones", se nota que no vinieron sólo a eso. Ve con codicia las cápsulas mejoradas, él pudo replicar la tecnología que le robó a los Briefs, pero nunca mejorarla. Al parecer, disminuyeron la explosión para poder cargar armas y municiones de manera táctica. Y las armas son algo impresionante, no sólo tienen disparos de ataque, sino de defensa. Y ahora se da cuenta, recién ahora puede ver que ninguno usa Scouter. Se muerde la lengua de la rabia, al ver que están demostrando al 100 por ciento las habilidades de Ki.

—Hm, impresionante ¿Verdad? —Kale comenta al oído de su hermana Caulifla, que está embobada con la demostración de agilidad del Príncipe Vegeta.

—Para ser terrícolas e híbridos… Sí. —Caulifla con algo de desprecio. — En el campo de batalla, sin cuartel. Ahí se ve la diferencia.

Los Saiyajines se ponen espalda con espalda, la formación de los robots los arrinconan en el centro. Los Saiyajin muestran las palmas para los disparos de Ki, disparan junto con las armas. El humo y la tierra se dispersan. Una sonrisa ladina enorme se dibuja en cada uno de ellos, exhalan fuerte por la nariz.

— ¡Impresionante! —Los Coroneles se levantan a ver todo de cerca, junto con otro soldado que querían ver las armas.

Gure estaba contenta, como una niña que recién salía de un patio de juegos, unas botas junto a ella la hacían saltar del susto. — ¡Ah! Príncipe Tarble. —Hace una reverencia improvisada.

—Es increíble ¿Usted los manejaba todo el tiempo? —Tarble mira un poco los paneles de control y los computadores que ella guarda.

—No todo, tan sólo los iba encendiendo. —Gure explica muy sonriente. — Pueden escanear y detectar señales de calor de los enemigos. Y van intentando arrinconar al blanco en movimiento.

Tarble mira hacia atrás, están muy entretenidos con el Príncipe Heredero y los reclutas nuevos. Prefiere quedarse aprendiendo más sobre lo que Gure y Switch pueden explicarle. Parecen muy amenos para enseñar, en cambio Gero es siempre engreído y lleno de secretismos y "recetas secretas", que quiere monopolizar. Le gusta y lo entretiene mucho como éstos científicos de Tech-Tech le enseñan.

Muy presumido Vegeta se acerca a ellos, ni siquiera perdió los estribos o desenfundó su espada. Nappa pone los ojos en blanco, ése enano de los cojones debe sentirse invencible ahora. Se forma con el General para dar las reverencias antes de retirarse.

— ¡Qué mal que el SuperSaiyajin no actuó! —Selypar comenta muy despectiva.

—Mi Reina…Hubiera sido, demasiado fácil. —El General Bardock le contesta y la ve desviar la mirada.

—Al parecer, lograron disminuir la explosión de las Cápsulas, pero sólo carga un arma con munición. —Uno de los Coroneles revisa las armas de Darien. Darien por su parte se mantiene firme, y le explica lo que quiera saber. Le parece impresionante, que luego de la demostración les hablen casi como iguales.

—… Reina Selypar, debe considerarlo. —Un capitán que había presenciado la prueba le comenta. —Luego de toda ésta demostración ¿Cree que sería adecuado hacer lo mismo para que el Príncipe seleccione una prometida fuerte? Una competencia de fuerza.

—"Será digno, tú hijo…" —El Rey Vegeta escucha de nuevo la voz que ha empezado a atormentarlo, más se asusta al sentir la mano de ella sobre el hombro. — "MI HIJO."

— ¡Sí! –El Rey Vegeta se levanta y llama la atención de todos. — ¡Jajaja! Yo que creía que nunca aparecería nadie que logre superar a los Briefs.

Switch levanta la mano y pide permiso para hablar. —Sin embargo, debo decirles que nos basamos en las investigaciones y notas de la Doctora Bulma Briefs, ésa mujercita era un genio. —Se explica, ellos no son de tomar todo el crédito porque sí.

—Una lástima, una verdadera lástima que ésa familia haya tomado tan fatal decisión. —La Reina Selypar sigue lo que su esposo comenta, le hace señas con la mirada a Paragus y Gero.

—Sí, la hija de Briefs era bonita. Cabello y ojos azules tan profundos como el mar… —Paragus sonríe de lado, ven a el Príncipe Vegeta mirando hacia adelante con la mirada vacía.

—Es una lección que le dejo a mis hijos, por más apegado que estés a una mascota… —El Rey retuerce el puñal. —Cuando te muerde la mano, debes cortar la cabeza de tajo.

Vegeta siente las risas de los demás alrededor, jactándose de lo que hicieron, triunfales por haber detenido y aplacado ésa rebelión terrícola que fue orquestada por los Briefs. Sus ojos arden, todo empieza a quemarlo. Toma el mango de su espada.

Bardock y Kakarotto estaban con la guardia baja mientras hablaban con los reclutas y los felicitaban, sienten los Scouter en alerta. Pero era muy tarde, Vegeta había desenvainado.

La mirada de Broly queda fría al escuchar el golpe de las espadas, más al ver que el recluta Chiba ya no estaba a su lado.

Darien forcejea como puede, cubre de lado al Príncipe Vegeta. Siente los pasos y los gritos de los guardias del Rey y la Reina. Darien pone un pie por delante intentando resistir.

—¡Quiso atentar contra el Rey! —Paragus señala al Príncipe Vegeta, mientras le hacen una pared de soldados para proteger a la Reina y el Rey del ataque frontal.

Pudo verlo, antes que nadie, no era un recipiente con agua partiéndose, era una represa enorme de energía contenida. Darien debía actuar antes de que el Príncipe pierda el control. — ¡Ja! ¡Su Alteza! ¡Me parece injusto ponerme a prueba así! —Darien habla en voz alta, se aferra con todas sus fuerzas al mango de la espada, con la que detiene la espada del Príncipe. Con la mirada les hace señas al General y el Comandante, para que sigan su acto. — ¡Sabe muy bien que soy un terrícola, no puede seguir el ritmo luego de tanto esfuerzo! —Presiona los dientes, de todas formas siente que la guardia del Rey los apunta.

—¡Pretende que creamos ésas tonterías! —Gero sigue. — ¡¿Que era una prueba?!

—Príncipe Vegeta… —Darien habla en voz baja, a centímetros de su rostro. — Príncipe, reaccione… —Lo escucha gruñir con furia, le sorprende su fuerza, porque se nota que se está conteniendo de todas formas, le sorprende, en verdad está sorprendido de su fortaleza. — ¿No le gustaría tomar el té así tener la mente Se-re-na?

Vegeta parpadea, sus sentidos están tan intensificados. Sus oídos zumban aturdidos, su respiración quema, su vista se nubla con la luz. Todo se siente como ondas violentas que lo golpean. —Se… Serena… —Musita, intenta tomar aire, pero lo quema. Todo empieza a quemarlo y doler como ácido en sus sentidos.

—Sí… ¿No quiere verla? —Darien insiste en voz baja, siente el metal de la Katana ceder.

—Ya, Príncipe Vegeta. —Bardock se acerca tranquilo con Broly. —Haremos lo del ataque sorpresa más adelante. —Toca la mano que empuña su Katana y la afloja de inmediato.

—Creo que se quemó muy rápido… —Broly lo sostiene por detrás de su traje, parece que el Príncipe está por desvanecerse. —Ha entrenado sin descanso, ya me ha pasado… —Mira a los demás en pánico, deben mantener las apariencias. Pero tienen poco tiempo.

Nappa se acerca al recluta Chiba. — ¿Qué le he dicho de seguirle sus juegos? —Finge un tono cabreado, y Darien hace una reverencia y se disculpa.

— ¡¿Un juego?! —Paragus ruge y sacude el puño. Ésta oportunidad es vital, pueden llegar a declararlo demente, o como mínimo, que los representantes del consejo vuelvan a creer en su inestabilidad mental.

—Debemos retirarnos de inmediato. — Kakarotto advierte en voz baja.

—Por favor señores ¿Acaso sugieren que sus majestades han criado a un traidor? —El General los deja sin habla. —Él se obsesiona con entrenar, y casi no ha dormido para éste día. Es normal que se haya quedado sin fuerzas. —Intenta que lo vayan sacando de la vista. —"¡Mi puta madre! Casi se nos sale de las manos." Bardock intenta con Nappa, usar la mejor máscara de diplomacia.

—Siempre ha sido un rapaz… —Nappa resopla una risita. —Orgulloso como pocos, si algo se le mete en la cabeza…Me recuerda a usted Majestad —Mira al Rey, y los guardias quitan su postura defensiva, pero no dejan de rodearlo. Éste es el momento, deben despedirse y huir.

Serena esperaba, simulaba que barría y repasaba las plantas. Se acerca a la maceta que puso en el ventanal de la oficina del Príncipe, mira que las flores se vean bonitas.

— ¡Serena! —La voz alegre de Ami le llama la atención, la hace saltar y tirar la maceta. —Debes ir a tu almuerzo, ya está por comenzar el último turno. —Mira al suelo. —Oh, lo siento… —Se inclina para ayudarla.

Serena pone gesto triste, el tiempo se le escurrió esperando. Además las flores se arruinaron. —Hm… Sí, sólo me quedaron cosas que repasar, no es nada. —Termina de limpiar y piensa si podrá salvarlas, pero no tiene una maceta extra donde ponerlas. —Ya voy a comer. —Sonríe a su amiga para que no se preocupe. Se sienta en el comedor, se sirve arroz con verduras y carne. Milk se sienta junto a ella y le charla sobre el almuerzo especial que le preparan a los reclutas si todo sale bien.

—… ¡Jajaja! Creo que van a tener que cancelar. —Zangya se acerca y reparte el chisme a todas. —No sé qué pasó. Pero algo debió salir mal. —Todas la rodean para escuchar. —Entraron rápido sin decir nada, ni siquiera vi al Príncipe. Creo que lo ocultaban. El Comandante va y viene con la mirada en shock y murmura nervioso con el General.

Serena siente una opresión en el pecho, se pregunta si no le ha pasado algo. Mira su plato y el apetito se ha cerrado. Sale afuera al patio y el silencio la asusta, siente a las jefas del servicio murmurar. Empieza a creer que el que las flores se hayan dañado, pudo haber sido de mal augurio. Une sus manos, cierra fuerte los ojos. —"Por favor Dios, te… Te lo ruego, que todo esté bien. Protégelo, lo siento vulnerable."

—Serena. —Lita la hace saltar al techo. —Tranquila, si es que pasó algo… se va a recuperar, era una prueba y nada más. —Ve a su amiga asentir. — ¿Quieres que te guarde la comida? —Le da unas palmaditas en su espalda para relajarla. Deja un beso en la mejilla y se va. Lita sólo ruega que no haya sido el General quien salió herido, sin embargo, Zangya asegura que lo vio bien. Al fin sirvieron de algo sus chismes.

Kakarotto y Broly intentan sostener a Vegeta, en medio de sus gritos. —No hay caso papá. —Kakarotto le asegura. — ¡Ya lo "durmió" Broly dos veces, y sigue igual!

—¡Aaahh! ¡Suéltenme! ¡Grrr! —Vegeta lucha contra la fuerza de sus Élites y las pulseras que drenan el Ki actúan, pero no lo inmovilizan como debieran. Cuando logra soltarse unos segundos, se arranca la armadura a pedazos y se lastima así mismo.

—Bardock, las pulseras no aguantaran mucho. —Nappa ya está demasiado preocupado. — Ya ni siquiera lo inmovilizan. Cuando empiece a elevar su Ki como SuperSaiyajin…

— ¡Carajo! —Bardock ruge hacia arriba. —Cuando pidamos un tanque de regeneración, se van a enterar y todo se habrá arruinado… —Se ponen en guardia, cuando sienten una ola de energía dorada y los gritos de Vegeta cada vez más fuertes.

Nappa sale de la habitación, camina decidido. —Hay que hacerlo, puede que funcione. — Bardock lo sigue, y no comprende bien a qué se refiere. Hasta que giran por el pasillo y ven a la hembra a lo lejos, cerca del corredor del comedor. — ¡Señorita! Señorita Tsukino… —Nappa está de prisas, le da un saludo muy por encima.

Serena se asusta, pero del miedo de que algo grave haya pasado. —General, Comandante. —Apenas se inclina, frunce el ceño preocupada.

Bardock frena un poco la actitud de Nappa, y habla lo más templado posible. —Señorita, por favor síganos. —Caminan y Bardock empieza a hablar, mira a los lados y escanea atento por cualquier Ki inoportuno. —Lo que le vamos a mostrar, tiene que quedar sepultado entre nosotros, no puede abrirle la boca a nadie. De saberse, el Príncipe corre el riesgo de ser destituido.

—Sí, se los juro. Nunca contaría nada. —Serena habla acelerado, tiene miedo por lo que va a pasar, y por lo que está pasando. Se ahoga en la incertidumbre, ella será fuerte. Aun con temor, acelera el paso con los Saiyajin.

— ¿Qué sabe usted de la condición del Príncipe? —El General espera una respuesta.

—Yo-Yo sólo sé de chismes y habladurías. —La voz de Serena tiembla por el nudo en su garganta. — Eh, no tengo nada concreto o que él me haya contado.

—Bueno, son más que sus arranques de ira o su paranoia. Su Ki fue envenenado una vez, y su ira a veces lo descontrola. —Se detienen en la puerta. —Broly lo ha inmovilizado de un golpe dos veces desde que volvimos, pero despierta igual. Su Ki busca explotar, dañar a los demás y dañarse así mismo.

—Por… Por favor… General, si hay algo que pueda hacer. —Serena ya no soporta el llanto, toma el brazo del General rogándole.

Bardock mira a Nappa y se asienten el uno al otro. Abren la puerta.

— ¡Aaahh! —Vegeta grita, ruge en lo alto y resopla fúrico con los dientes apretados, hace fuerza hacia arriba y se golpea contra el suelo. Sigue luchando y retorciéndose. Todo le duele y quema, quiere arrancarse la carne a pedazos.

Serena abre grande la mirada, ve como lo sostienen sus Élites, como si fuera un animal salvaje. Y es eso lo que parece en estos momentos, el piso debajo se resquebraja. — ¡Su Alteza, Su Alteza! Por favor ¿Qué sucede? —Se arrodilla frente a él, pero la mirada del Príncipe parece mirar al vacío, y con un torbellino de fuego que le enrojece la vista.

Nappa resopla hastiado, levanta a la hembra de un brazo asustándola, le suelta el cabello y se lo deja a los lados. — Eres tú… —Casi como una acusación. — ¡Hazlo! ¡Haz lo que hiciste ésa vez! —La sirvienta abre grande la mirada. Bardock le pregunta a qué se refiere. — Hace diez años, cuando Vegeta mató a Toteppo y Panppukin. Seguí una luz que salía de un edificio, la luz eras tú, estabas junto a él ¡Le curaste las heridas!

— ¡No! ¡Ya les dije, fue un milagro! Yo no puedo hacer ésas cosas, pero… —Vuelve a arrodillarse frente al Príncipe. — "Pero daría lo que sea porque fuera cierto"— Llora y se acerca desesperada, lo ve arrancarse partes de su traje y lastimarse la piel. Todos toman aire, cuando Vegeta la atrapa de los antebrazos. —Ah, Su-Su Alteza… Por favor. —Serena frunce la mirada por la fuerza con la que fue atrapada. Broly y Kakarotto van a atraparlo de nuevo, pero el General les pide con un gesto de la mano, dejarlo y estar prevenidos.

Vegeta puede ver algo, entra tanta distorsión de sus sentidos, en el fondo hay una voz, intenta ver a través de los rayos de luz que lo queman. —Se-Re…Na… —Habla por encima del dolor ahogante en su garganta, intenta sostenerla bien cerca de él para poder verla.

—Sí Su Alteza, estoy aquí. Se lo ruego, reaccione. —Serena solloza en su garganta, y puede ver algo en los ojos del Príncipe. Al fin puede ver su mirada volver en sí. Su agarre se afloja un poco, pero no quiere soltarla.

—Me q-quema… —El Príncipe habla con los dientes apretados, y no quita su vista de Serena. —Yo-Yo…N-No p-puedo ress-ppi-rar— El aire que entre y sale, quema como ácido sus fosas nasales.

—Sshhh… Su Alteza, no hable. Respire. Inténtelo, hágalo por mí. —Serena se acerca y se sienta en el suelo, él sigue sosteniendo su brazo.

Nappa y Bardock toman aire, las ondas erráticas de su Ki han frenado. Se acercan a tomar sus signos vitales. —Aún hierve, y hay que verle las heridas… —Nappa les habla.

—No podemos confiar en nadie, y es peligroso que se le salga alguna información a las Jefas del Servicio. —Bardock piensa que aun con todo, necesitan un médico.

—Tengo una amiga. Está asistiendo al Dr. Gero. —Los Saiyajines le niegan rotundamente. —Confío en ella como mi propia sombra, se los aseguro. Si se lo pido ella no dirá nada a nadie. —Serena mira al Príncipe que se acomodó en su regazo, y busca todo el tiempo sus ojos.

Nappa decide confiar. — ¿Qué otra opción tenemos? —Se resigna con los demás. — ¿Cómo es su nombre? —Apenas le responden sale de inmediato a buscarla.

Ami estaba tomando datos y viendo muy atenta cómo se calibran los tanques de regeneración y los tanques de crecimiento según la estadía del bebé. Algo de alboroto la hace voltear.

—Disculpe Comandante, pero esto es muy irregular. —El Dr. Gero frunce la mirada, pero no puede hacer nada para frenar el paso, del Saiyajin calvo que avanza arrastrando a los guardias.

—Ya le dije, el Príncipe Vegeta quiere hablar con la Señorita Mizuno. —Mira alrededor, intenta mantener las apariencias, puede ver que están por dar aviso a más guardias. —No veo la necesidad de llamar a nadie más. No estoy haciendo nada ilegal, son ustedes quienes lo hacen ver como algo así.

Gero lo enfrenta. —Hmmm… ¿El Príncipe necesita un médico? —Muy cizañero, intenta leer la mirada de Nappa. —Ella es sólo una practicante, si necesita un médico de verdad—

—No, sólo necesita alguien que asista a la Señorita Gure y al Dr. Switch en sus investigaciones. —Nappa pone cara de piedra e intenta lucir relajado.

—Bien. —Gero sisea con rabia, y va a buscar a la mujer. — ¡Mizuno! —De inmediato la peli-azul se aparece. Ella le da una reverencia y Gero muy harto. — ¡Ven aquí! —Le quita su libreta, el Scouter con el que se comunicaba en el laboratorio, y la tableta.

Ami no entiende porqué le quitan todos sus elementos de trabajo. — ¿Qué sucede? ¿Hice algo malo? —Empieza a preocuparse y se asusta al ver que el Comandante del Príncipe es quien la busca. Recuerda cuando buscaron a Serena como una criminal. Camina por el pasillo hasta la zona del patio con el Saiyajin. —Por favor, díganme algo. —Tiembla del miedo.

—Señorita, cuando lleguemos le explicamos. —Nappa la mira a los ojos, queriendo transmitirle confianza, en cambio quedan prendidos de la mirada del otro unos segundos. —Permiso…

—¡Heep! —Queda dura cuando la sostiene con un brazo.

—Volando… Volando es más rápido. —Siente que la hembra empieza a temblar, Nappa se pone nervioso. Respira a un lado, de pronto todo es muy incómodo.

Cuando llegan, van directo a las habitaciones del Príncipe. Le abren la puerta y ahí está Serena, con el Príncipe aferrado a sus brazos, acomodado en su regazo. —Ami, ayúdanos… —Serena ruega e intenta acercarse, pero el Príncipe no la suelta. —Tranquilo, déjese ayudar. —Se suelta de a poco, y sus antebrazos quedan marcados por el agarre.

Ami da una reverencia improvisada, mira a los lados. Presiona sus manos. —Voy a tomar sus signos de manera manual, me quitaron todas mis herramientas de trabajo. —Se acerca y Serena queda a un lado, sin salir de la vista del Príncipe.

—Gero hijo de puta… —Bardock escupe a un lado.

Ami se acerca a los Élites y al General. — Necesitamos bajar la fiebre, curarle las heridas. Se está deshidratando muy rápido, eso puede dañar su cerebro.

—Bien. —Bardock piensa un poco. —Necesitamos más gente de confianza, alguien en la cocina que no haga comentarios con lo que pedimos… —Piensa en Lita, desde anoche lo quema la necesidad de verla. — ¿Ustedes confían en la cocinera? —Pregunta, pero ya sabe la respuesta… Por supuesto que sí.

—Ahora una coartada… —Raditz menciona y señala a la hembra rubia con la vista. —Van a preguntarse porqué no lo ven por varios días. En especial, si hay sirvientas que le filtran información a la zona central del Palacio.

Serena escucha que murmuran de ella. —No hay problemas, si dicen que está conmigo…—Mira de lado, algo apenada. Poco le importa los chismes que se levanten de ella, quiere tranquilizar al Príncipe.

— ¡No! —Vegeta se tensiona de nuevo, cuando le van quitando lo que le queda de ropa.

—Alteza, tranquilo, deben ayudarlo ¿Sí? —Toma la mano de Serena muy firme, ella se zafa y desvía la mirada. Se resiste a ver su torso desnudo. Piensa tontamente en las reglas, de no ver el cuerpo desnudo de alguien de la familia Real, pero ahora sabe que es solamente para mantener la distancia. —Estaré aquí cerca… Confíe en nosotros… —"En Mí…" Murmura en su mente.

Vegeta clava los ojos al techo y resiste como puede. Se concentra, entre toda la energía que lo abruma, y entre todo el caos, puede sentir el Ki de Serena. Ella está aquí y puede tenerla cerca de nuevo. —"Mierda, no… No así…" —La mente de Vegeta, empieza a volver de a poco a la cordura, jamás hubiera querido que ella lo viera así, prácticamente en su peor momento.

—… A partir de ahora, haremos guardia en la sala de estar y la oficina. —Bardock le explica a sus hijos y a Broly. —Además de la guardia en la puerta como se acostumbra, haremos como si aquí no ha pasado nada. Y cualquier cosa… Cualquier cosa sospechosa. —Bardock los señala con el dedo. —Nos informan sin importar la hora.

La anciana Hakkake seguía al Comandante que iba a la cocina y pedía a la sirvienta Mina Aino, y la cocinera para hablar. —Comandante, creo que deben decirnos ¿Está pasando algo?

Nappa puede ver a las Jefas de Servicio parar la oreja, no va a arriesgarse a nada, lo mínimo mejor. —El Príncipe quiere organizar el banquete para los reclutas. Si bien no sabemos los resultados todavía, quiere darles las gracias de ése modo. —Las siente dar un salto extrañadas. —Y la Señorita Aino, puede dar detalles para la música y demás…

—Hay que llamar a la Señorita Hino. —La Señora Hakkake sugiere, pero la detienen en seco.

—No, las órdenes del Príncipe son ésas y punto. —Nappa frunce el ceño enojado, éste día parece eterno. La cocinera acepta casi sin protestas, pero la rubia duda mucho.

—Ay, es que no lo sé… La Señorita Hino. — Mina intenta explicarse, ven a Serena entrar a la oficina, desde la puerta que da a la habitación. Da una reverencia al General y el Comandante.

—Por favor Señorita Tsukino. —Bardock la excusa con una mano. —Por favor, todas. Creo que ya pasamos bastante del baile reverencial. —Exhala fuerte por la nariz.

—Mina, te lo ruego. —Serena toma su mano. — Necesitamos alguien más, para mediar entre lo que pidamos de la cocina, o queramos que se compre afuera. —Se endereza y con un tono seguro. —Luego veremos qué le explicamos a Rei, pero ahora, dije que yo pondría las manos en el fuego por ustedes. Y sé que así sigue siendo.

Asienten y quedan de acuerdo. Mina acepta también, que haya un Élite que la acompañe si debe ir afuera. Todo se pone en acción para encubrir el estado del Heredero.

Luego de que lo limpiaron y vendaron, Serena entra a la habitación. Ve cómo Raditz y Broly lo recuestan, con una camiseta y sus vendajes. Después de insistir tanto, el Príncipe aceptó las medicinas a voluntad. Pero es demasiado pronto para que su fiebre cese. Serena queda en la habitación, en caso de que despierte alterado, siente los pasos de los guardias en la oficina y afuera de la puerta. Toma una de las colchas y acomoda unas almohadas en el sillón largo cerca de la ventana. Su vista empieza a ceder mientras lo ve respirar agitado, pero dormido. Todo en silencio, luego de todo un día abrumador. Un día eterno… —"¿Por qué los días tristes son tan largos?…" —Duerme hundiéndose en sus pensamientos.

No sabe bien la hora, puede sentir la luz a través de sus pestañas. Se gira de lado en el sillón, acurrucándose en las almohadas. Siente a alguien parado junto a ella, abre la vista, puede ver la luz del día. — ¡Su Alteza! ¿Qué hace levantado? ¿Cómo se le ocurre? —A los gritos lo reprende. Se levanta, el Príncipe la toma en sus brazos y la tira de nuevo al sillón. La recorre pesadamente con las manos, las palmas completas y jadea mientras tironea su Yukata. — ¡No! ¡Alteza! ¡Deténgase! —Serena intenta escapar, todavía lo siente afiebrado. Se van al piso, se arrastra de espaldas por la alfombra. Abre grande los ojos al verlo desvestirse ¡No, ella no debe verlo! O al menos, es lo que su instinto de preservación le grita.

Vegeta no lo soporta, ya no soporta tenerla lejos. Se quita la camiseta, casi rompiéndola, toma una mano de Serena y la obliga a tocarlo. —Serena, tócame. Mírame. —La sostiene firme, ella le niega y aprieta fuerte los ojos para no verlo. Se resiste, y él la atrapa debajo contra el suelo, besa su cuello y la acaricia. Arranca la parte de arriba de su Yukata, para tenerla más cerca; para sentir su piel contra la suya.

Serena tapa sus ojos con los brazos y niega con la cabeza, él se ha quitado algunos vendajes y se desnuda completamente ante ella. No quiere verlo ¡No debe! — ¡Por favor no!

El Príncipe choca con su reflejo, en un pequeño espejo que parece haber caído en el forcejeo. Se mira y es lamentable lo que su vista procesa, su mirada enrojecida y su cuerpo lleno de cicatrices y heridas. Empieza a alejarse, clava sus dedos en el suelo para contenerse. — Lo siento, no quería atacarte… ¿Por qué? —Se pregunta así mismo. — ¿Por qué querrías tocar a alguien como yo? —Su voz se quiebra en sollozos. Arrodillado en el suelo, presiona sus puños y presiona la frente al piso. Siente tanta rabia de sí mismo, por haberla llevado a éste punto. —Yo, soy… El Príncipe Vegeta IV, soy un promiscuo, un demente… Un monstruo. —Su cuerpo tiembla, el nudo en su garganta, ahora es una roca que aplasta su pecho. Odia llorar, lo odia. Cierra fuerte la vista, se siente patético y asqueroso. Una mano toca su hombro. Ésa mano es fría y calma su ardor. Levanta la vista, ésos ojos azules están sobre él, llenos de lágrimas.

—Yo sí quiero tocarlo, pero ¡Ay su Alteza!—A Serena se le quiebra la voz. Está por borrar un límite, y eso le da miedo. — ¿Qué le ha pasado? ¿Cómo se lastimó así? —Recorre con las palmas completas las cicatrices profundas, pasa sus dedos por las heridas nuevas, las besa para aliviarlas. Vegeta la toma de la nuca y unen sus bocas con ansias, casi adoloridos por la necesidad. Estos días de abstinencia de caricias, parecen eternos ante los ojos de ambos. No obstante aquí está, el momento se repite, el sabor del Príncipe, sus labios, su lengua… Serena se abraza a él, lo toca desde sus hombros a su espalda endurecida. Lo escucha suspirar aliviado. Serena gime con sus manos llenas de su musculatura, choca con algunos vendajes y lo ve a punto de arrancarlos. —No, por favor, no se los quite.

Vegeta la escucha y le asiente mirándola a los ojos, la aferra de la espalda y se la lleva a la cama. De a ratos debe reprimirse para no morderla por accidente, está tan hambriento de ella, su boca se siente tan jugosa, sus labios gentiles, y ésa pequeña y fresca lengua que choca tímidamente contra la suya, calma el fuego en su garganta. La acomoda en las almohadas y su desesperación llega al límite, al sentir los labios de la hembra y las lamidas en su torso. Se toma del respaldo de la cama para contenerse y lo parte entre sus manos.

Serena da un gritito del susto, al escuchar la madera explotar en las manos del Príncipe. Lo abraza y pega su rostro en sus pectorales. Intenta relajarlo. —Mmm… Alteza. —Su aroma amaderado, su piel morena es suave, aun con las cicatrices.

Vegeta se endereza y se arrodilla alejándose de ella en la cama. —No creo que pueda. No quiero lastimarte. —La voz aun le tiembla, pero ahora lo hace, del esfuerzo por sostener sus riendas y no abalanzarse sobre ella.

Se acerca hasta él, pone una mano en su mejilla para que la vea. —Confío en usted, así como usted confía en mí. —Queda de rodillas y termina de sacar su vestimenta. Le da un poquito de pena, porque su brasier y bragas son sencillas. Todo se borra con el estímulo del Príncipe, sobre sus zonas más íntimas, con sus dedos, con su lengua. Serena toma valor y baja su pantalón de algodón, una pequeña sorpresa la cruza al ver que no le pusieron ropa interior. Le da una pequeña caricia a su glande inflamado, y parece saltar alegre. Le gusta; más que eso, la excita. —Ah ¡Príncipe! —Gime del gusto, cuando succiona sus pezones y aprieta su clítoris, es algo brusco, le produce un pequeño dolor eléctrico, pero se dispersa en placer.

De nuevo Vegeta duda, respira pesado y ve la marca que dejó en su pezón, la lame para aliviarla, están tan duros, tan tentadores. Alcanza la mesita de noche y sin querer rompe el cajón al abrirlo. Su coordinación fina es un desastre, rechista un poco. Serena se adelanta y atrapa la caja de condones. Ve que revisa bien la caja y las instrucciones. Ella lo besa profundamente y baja por su cuello con besos y caricias, Serena misma le pone la funda. Es tan inesperado sentirla tan activa, también muy satisfactorio, porque significa que se desean de la misma manera; que lo extrañó… Se posiciona encima, con tanto peso, con tanta fuerza contenida, que hunde el colchón y las almohadas debajo de Serena. Ella se abraza, enreda sus piernas. La penetra hasta el fondo, hasta que siente rebotar la base de sus testículos. Gritan, y de nuevo se detiene, el calor de la carne de la hembra es tan húmedo, tan suave. Pero también lo aferra posesivamente entre sus pliegues. Toma aire unos minutos, teme lastimarla.

La polla del Príncipe, parece quemarla al rojo vivo, Serena ya no puede reprimirse. —Más, por favor. Quiero más ¡Nnh! —Serena habla, menea su cadera hacia él. Le muestra que puede aguantar, le muestra que lo necesita.

—Te extrañé. —Susurra en su oído, ya sin poder soportarlo. Se miran y se abrazan comenzando a moverse uno contra el otro. En cada embestida parecen estar en la cima del orgasmo. Vegeta presiona las sábanas, y las rompe. De a ratos la cama rechina, pero son más fuertes los jadeos y los gritos lujuriosos. Amasa los senos de Serena un poco más duro y los pellizca, ella grita en lo alto. — ¿Duele?

—No. Se siente bien, me gusta ¡Oh, sí! —Muerde su labio inferior y se aferra fuerte a sus bíceps. Su virilidad está tan dura, va tan profundo, que Serena, lo siente sacudir todo su vientre. Vegeta pega su cuerpo a ella, piel con piel. Empiezan a sudar con la fricción de sus sexos, el movimiento de sus caderas aumenta, la pesadez de sus caricias, el calor de sus jadeos.

Pueden sentirlo, es mucho más intenso de lo que podían imaginar. El éxtasis se ha construido, en uno y el otro, de principio a fin. Un beso apasionado atenúa el grito de sus orgasmos, tan gratificante, e increíblemente relajante. Que las tensiones y dolores se disuelven, como miel en la boca. Muy de a poco disminuyen el movimiento, saboreando el clímax. No hizo falta advertencia o verbalizarlo, las señales de sus cuerpos hablaron muy claro. Tan claro, que empiezan a sonreír un poco, al darse cuenta que quieren más.

Ami, le pedía a Mina ir a comprar bien temprano unas medicinas caseras. — ¡Hmp! Como si viviéramos en el 1800…No lo puedo creer. —Se queja al cielo, por todo éste secretismo que los hacen ir a estos extremos.

Mina bosteza grande y se pone su abrigo arriba de su Yukata. —Ayyy… ¿No puedes anotármelo por ahí? — Se recuesta contra la pared, y técnicamente la usa de almohada.

—Buenos días Señoritas. —Kakarotto llega frotándose los ojos. —Eh… ¿Con quién saldré a la ciudad?

— ¡Conmigo! —Mina de pronto siente sus energías renovadas, está saltando y saludando al Élite.

—Sshhh, Mina. —Ami la regaña. —Es muy temprano y anoche todos nos dormimos pasada las tres de la madrugada. —Toma su libro sobre hierbas medicinales, y carga el recipiente con los lienzos, mira a los lados.

—Tranquila Doctora, no hay moros en la costa. —Kakarotto le asegura, y se pone rojo con la rubia tomándose de su brazo.

—Mmm… Tienes más de un poder. —Mina sonríe muy traviesa.

—Sí, pero… Negocios primero. —Se rasca la nuca y la quita de su brazo. Sin embargo mientras caminan empiezan a hablar muy amenos. —Jeje, su actitud es muy alegre…Eh…

—Mina, dime Mina… —Se iba muy contenta, y piensa que decir que estaban en una cita, también es buena coartada.

Ami pone los ojos en blanco, no puede creer a su amiga. Toca la puerta de la oficina, y nada. Presiona el puño, le da pena, sabe que muchos se fueron aun más tarde a dormir y quien hace guardia en ése lado, seguro durmió poco y nada. Abre la puerta y espera que alguien se acerque, o se abalance y nada. Tuerce sus gestos al ver a ése Saiyajin calvo, durmiendo en el suelo como si nada, contra la puerta de la habitación. Aunque la bloquea como pared de cemento. No sabe qué hacer, acerca muy tímida la mano. — ¡Ay! —Reprime un poco el grito del susto, le acaban de atrapar la mano.

—Grrr… Lo siento. —Nappa se sienta y estira todo el cuerpo. Los huesos le truenan como madera. Y da un salto del susto, al escuchar lo mismo en la habitación del Príncipe. Recuerda que las habitaciones no están bien insonorizadas, escanea el Ki para entrar prevenido. Apenas abre la puerta, y sin mirar nada, siente los jadeos inconfundibles. Cierra disimulado. Y se frota la sien… —"Enano de mierda… ¿No puede aguantar un puto día?"

Ami está con la vista grande, no entiende las actitudes del Comandante. —Comandante ¿Está todo bien? Prefería entrar por éste lado ¿Quiere que vaya del lado de afuera de la habitación? El Élite Broly está ahí.

—No, no. Fue mejor que lo hiciera por aquí. —Nappa se excusa y piensa cómo decirle. —Verá ¿Podemos esperar un momento más? Aquí todo quedó quieto luego de las 4 am, y tal parece que ellos… Están… Parece que han madrugado… —Nappa une sus índices ¡Carajo! ¡Las cosas que tiene que hacer!

— ¡Oh! —Ami se tapa la boca y se pone roja brillante. —Eso puede hacerle mal a sus heridas. —Susurra bajito.

—No se preocupe, si la puerta está cerrada, es muy difícil que se escuche algo. —Nappa mira a los lados, no sabe qué hacer. Mira la bandeja en el escritorio del Príncipe. — ¿Ya ha desayunado? —Se le ocurre, se siente incómodo con lo que pasa del otro lado de la puerta.

—No, todavía no. Pero hay que mantener los paños tibios—

—Entonces vamos a la cocina, que hay hornallas y café. — Al salir le hace señas a Broly y a Raditz, que están de guardia del lado de la puerta de las habitaciones. Toma su Scouter, para enviar un mensaje a Vegeta, antes de quedar fuera de alcance.

Un par de horas de sueño, los rayos del sol no tienen piedad, y la vejiga de Serena tampoco. Se frota los ojos fuerte, quitándose un par de pestañas. Levanta la vista, está recostada sobre el pecho del Príncipe, compartiendo la única almohada que sobrevivió. Escucha sus latidos, su respiración… Pero si no se levanta ahora mismo, se va a orinar. Se zafa de sus brazos y busca en el desastre alrededor de la cama; su Yukata, se pone la tela sobre su piel desnuda. Toma aire muy brusco, cuando el Príncipe la tironea de la muñeca. Se gira y él la mira muy serio.

— ¿A dónde vas? —Habla con la voz ronca, pero muy severo la observa.

—Voy a… —Serena aclara su garganta para hablar claro. —Voy al baño, me estoy orinando. —No entiende porqué le da tantas explicaciones, pero lo ve tan serio y amenazante esperando la respuesta.

—Hmp. Si no vuelves y te acuestas de nuevo en la cama… —Frunce el ceño profundo a ésos ojos azules, que ni siquiera pestañean. —Voy a ir a buscarte. —Ella asiente a ésa amenaza, pero es más una promesa. Él está hablando muy en serio, la suelta y se siente mal por las marcas que dejó en sus brazos. Ahora recuerda, que ayer la sostuvo con mucha fuerza. Mira sus manos y tiemblan un poco, su motricidad fina o cuando intenta enfocar algún objeto, su vista se nubla. Sigue afiebrado. Ahí escucha un mensaje en su Scouter, un hilo interminable de Nappa mandándolo a la mierda, y una pizca de ¿Te sientes bien? Así que le responde, que va a avisarles cuando puedan atenderlo. Se levanta a tomar agua, siente que va a partir el vaso, toma directo de la jarra.

Serena lava sus manos, le da mucha pena estar usando el baño del Príncipe, es grande. Las veces que ha traído agua, no le ha prestado verdadera atención, pero los detalles de madera y piedra… Parece un Onsen… Mira su cabello. —"Ay, qué vergüenza, parezco una pordiosera…"— Se lava su rostro, y acomoda rápido la maraña en su cabeza. Vuelve de puntitas a la habitación. Muy nerviosa por la mirada negra que la sigue, mira al piso. Se sienta, quita su Yukata, va escondiéndose en las sábanas…

—Ven aquí. —Vegeta la atrapa, un poco harto de su actitud tan remilgada y la mete con él debajo de las sábanas, bueno, debajo de lo único que se salvó de las telas. Se ríe y la escucha responder a sus risas. Acaricia las mejillas de Serena… —Hermosa…

Serena se asombra y tapa su cara. — ¿Cómo se le ocurre decirme eso? Estuvo mal todo lo que hicimos, todavía lo siento con fiebre y ¡Todo esto está mal!—Piensa qué diría su futura esposa, si supiera que una sirvienta lo vio así y estuvo con él así en la cama.

Vegeta estalla en carcajadas, ella lo mira feo por burlarse. — ¿Cómo se te ocurre seguir tratándome de usted? Ya te dije; me importa una mierda las reglas.

—Eso es lo que me han enseñado…—"Y es de las pocas defensas que tengo, para no caer…" El subconsciente de Serena le dice la verdad, ella suspira, se abraza al Príncipe.

—Bueno, pero te estoy dando permiso para hacerlo. Hemos compartido tanto…Estamos aquí desnudos frente al otro. —Vegeta se hunde en el olor floral del cuello de Serena, suspira fuerte. Todo es tan fresco con ella, renovador. — ¿Me tienes miedo?

—A-Al principio sí. Imagínese, alguien como yo frente al Guerrero más temible de la Galaxia. —Se sincera un poco.

Vegeta la recuerda de hace diez años, haciéndole frente para defender a su amiga. Estaba mucho más indefensa, y aun así lo enfrentó. — ¿Aun guardas la cápsula que te dí?

—¡Heep! —Serena da un salto completo, queda con la boca abierta. — ¡¿Usted me recuerda?!

— ¡Jajaja! No digo que lo hice a la primera, pero cuando que te vi con el cabello natural, lo supe. —Apoya su frente con ella, toca su nariz con la suya. — ¿Por qué no me dijiste nada?

Serena suspira, acaricia el pecho del Príncipe. — ¿Cómo hacerlo su Alteza? ¿Cómo acercarme y preguntar naturalmente? —Toca su cuerpo lleno de cicatrices, heridas nuevas y moretones que él mismo se hizo ayer.

—Ahora que lo mencionas… Me recuerdo a mí mismo, muy distinto. Como un muchacho ingenuo y estúpido, que vivía una mentira. —Presiona la mirada y frota un poco sus ojos.

Serena lo acaricia, verifica su fiebre. — ¿Puede contarme? ¿Puede decirme qué le ha pasado? —Se abraza un poco más a él, mientras lo ve pensando, no quiere presionarlo.

Vegeta muerde su labio inferior, apoya un codo, frota su sien y piensa… —Te contaré, porque confío en ti.

— ¡Sí Su Alteza! ¡Usted no debe dudar! ¡Seré una tumba! —Le tapa la boca con un dedo.

—Lo haré, con una condición. —Pone un dedo en su frente. —Tutéame y dí mi nombre.

Serena toma aire y acepta. —Príncipe Vegeta, no du-dudes—

— ¡No! Sólo Vegeta… —Parece que le acaba de decir algo terrible, la mira fijo y le muestra. —Así… Veee—Muerde su labio inferior, resaltando la sonoridad característica, de la primer letra de su nombre, y sigue. —Ge…Ta.

Toma aire con todo su cuerpo, esconde su rostro contra los pectorales. —Ve-… Vegeta. —Su rostro le arde de vergüenza, y su corazón parce estar a punto de estallar. Ahí se da cuenta, el corazón de Vegeta también ha acelerado, puede escucharlo.

Vegeta procesa lo adorable que es ésta hembra, es increíble. Con sólo eso, ya lo tiene a su merced ¿Sabrá ella lo que le provoca? Se abraza a Serena y se acomoda en la almohada. La deja en su pecho, empieza a rearmar todo en su mente para contarle.

—Hace diez años, yo estaba formando parte de un escuadrón, con Nappa y otros Élites, para desarmar grupos que cometían crímenes de Guerra. Es irónico, porque la Guerra es un crimen en sí. Pero la regla que se tenía, era que una rendición o promesa de lealtad se cumplía. Al igual que las negociaciones. —Toma una pausa, mira al techo, la siente prestarle toda la atención del mundo. —Pero cuando te vuelves tan grande, cuando quieres controlarlo y poseerlo todo… Se te sale de las manos…

Mientras tanto en la cocina… Nappa miraba su taza, muy nervioso, por alguna razón busca temas de conversación, pero no encuentra ninguno. La hembra lo intimida, en verdad lo intimida asustarla. Ayer se le acercó casi sin permiso. Ahora se sienta frente a él y busca un canasto con bollos de ayer.

—Es pan de melón… —Ami le dice, y no puede verlo a los ojos. Se ve con mala cara, aunque se pone en su lugar y también está enojada con Serena ¡Qué poca delicadeza! ¡Hacer ésas cosas con alguien que está enfermo!

Nappa escucha su Scouter, lee el mensaje. —El Príncipe dice que la fiebre no es grave, pero va a avisarnos cuando podamos atenderlo. —Frunce el ceño muy enojado, lo que le faltaba, tener que cubrirlo así, como si fuera un adolescente con las hormonas alborotadas.

—Bien. —Asiente y se pone revisar los libros. Éste silencio pica, como hormigas que se suben a su pierna.

—Buenos días. —Lita entra a la cocina y puede sentir el aire pesado y raro. Saluda a Ami y al Comandante. —Voy a hacerles algo fresco, o al menos déjenme calentarles los bollos… —Lita les sonríe, ve a su amiga acercarse con ella a la encimera. Lita le consulta por lo que ha pasado en la mañana. Parpadea grande. —De ¿De verdad? —Lita le murmura a Ami y se tapa la boca.

—Sí, imagínate la pena que me dio… Ahí con el Comandante, poniendo los dos cara de piedra. —Ami resopla en voz baja, vuelve a ponerse roja como un tomate.

—Buenos días… —El General entra y las hembras se giran para reverenciarlo. — ¿Qué les dije? Basta de ése bailecito. Con "Buenos días", está bien…

Lita no puede evitar dibujar una sonrisita traviesa, un rubor pasa por su rostro. —Buenos días General. — Se acerca a poner café y calentar la leche.

Bardock suspira feliz, no puede evitarlo, Lita acaba de parpadear hacia él revoloteando sus pestañas como alas de mariposa, en ésos hermosos ojos de esmeralda. Mira a Nappa y se sienta junto a él. — ¿Alguna novedad? —Lo ponen al día.

—Es mejor mucha agua fresca, frutas. Nada pesado, la fiebre es lo más peligroso, lo deshidrata… —Ami le habla a Lita.

—Ja-ja… ¿Sólo la fiebre? —Lita dice un chiste muy atrevido, con la mirada lasciva. Sacude la cabeza, muy sorprendida. Ami la reprende. —Ay, lo siento ¡Debe ser el espíritu de Mina que está pasando por el lugar! —Se dobla de la risa con su amiga, mira por encima de su hombro al General. Su corazón late rápido al ver que le enfoca ésos ojos negros a ella, sabe que están en el ojo de la tormenta. Sin embargo, no puede evitar imaginar otro encuentro íntimo con él.

Jojojo, intenso, intenso. Pero terminó con mucha esperanza. En el próximo cap, sabremos qué sucedió hace diez años. La traición de los Reyes ¡Hasta el Próximo viernes!

Saluditos…

Reddra6on: hola, si has seguido con la lectura, te habrás encontrado con tu saludito ¡Bienvenido! ¡Que la zabrozura te acompañe! Porque la gente pervertida, es la más divertida XD Gracias, bueno, creo que la complicidad, es una clave para hacer fanfic. Como digo al inicio, hecho por un fan, para otro fan que ande por la Galaxia (¡Raditz sé que andas por ahí! XD) Espero te des una vueltita por las otras historias y me dejes tus rws o un PM. Llevo apenas un poco más de un año en esto, y si puedes darme consejos para mejoras aquí espero, así que dispara vaquero. Jajaja.

OhaioIzumiKun: Por alguna razón, siempre pienso en la relación, NappArdock XD, algo así: enemigos en la juventud, amigos en la adultez. Y me descojono de la risa, pensando a éstos dos viejos zabrozos haciendo de las suyas, bien travesillos. Y Mina, ahí es "El radar", si detecta algo, es porque algo hay, y no le molesta compartir, Jajaja. Ahora solo queda esperar qué decisión se tomará respecto a las propuestas de Vegeta. Sería un pequeño paso, para un reinicio con la relación entre los Terrícolas.

Kaysachan: Si te huele, debe ser que un muerto hay. Jajaja, ya estoy planeando cómo hacer para ir tirando pistas sobre el tema. Pero cuando se destape, pufff! La tapa del guiso volará por la cocina, Jajaja (O eso espero) Darien no conspira realmente, pero sí, tiene un papel importante en éste cap es casi como el mediador del desastre. Aún no sabe sobre todos sus poderes, pero de a poco va a ir desarrollándose. Con todo esto, ya es seguro que se ganó un lugar de confianza en el Séquito del Príncipe. Con respecto al GoChi, si habrá GoChi, relax… Pero bienvenida esto es Jackass!- Ay no, ya usé ése chiste. Créeme que voy a hacer lo que creo en ningún fic han hecho hasta ahora ¡Que se odien como nunca! Jajaja.