Lala Lulu: Hola! Hoy veremos el pedido de Darien ¡Pero rápido Mamo-chan, que Serena está en peligro! ¿El último golpe de las harpías? Vegeta recibe su castigo ¿Serena lo odia? Un capítulo lleno de confesiones y decisiones. El amor intentando unir dos mundos.

¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!

No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…

Capítulo 12

Darien ve al Príncipe en silencio y como una estatua de piedra al escuchar su nombre. Lo afecta, lo sigue afectando tan solo que la mencionen. Entonces no está equivocado. —Príncipe, de lo que quiero hablarle, es algo personal respecto a ella y que tiene que ver también con su trabajo.

Vegeta suspira resignado, se recuesta y lo sigue escuchando. Seguro viene a decirle que quiere unirse a ella, casarse. Pensándolo un poco, por más que no le guste la idea, Chiba es un hombre decente. Si a alguien debiera confiarle la vida de Serena, sería a alguien como él ¡Maldito Nappa! A fin de cuentas, tenía razón, solo le quedará darle una dote. Dinero y una casa donde viva tranquila con el hombre que elija. Aunque le hiera el orgullo, Darien parece un hombre más que correcto.

Darien lo siente muy raro y pensativo mientras le habla, está en silencio y le presta mucha atención. —Usted sabe que cuando a ella se le mete algo en la cabeza, ni Dios bajando del Cielo la puede convencer. Ella me pidió que no contara nada, pero usted es el único capaz de ayudarla. —Se miran a los ojos, el Príncipe frunce el ceño muy curioso por lo que va a decirle. Toma coraje de nuevo. — Hace unos días la encontré afuera trabajando, me acerqué al verla rengueando. Y no sólo eso, trabajar en la intemperie le ha empeorado un resfrío, estoy seguro que estaba afiebrada. —Ve al Príncipe presionar su mano enguantada, tronando sus dedos. —Y creo que alguien le ha estado causando heridas, porque tenía raspones en las manos y los brazos de varias "caídas". —Se detiene al verlo levantarse tan de golpe, que azota la silla. Su mirada negra, se ha ennegrecido aún más, si es posible. No dice nada, lo ve tomar su Katana y salir dispuesto a atropellar a quien se interponga. Darien no iba a detenerlo, sabe que va a buscarla.

Serena se metía rápido para refugiarse de la ventisca helada, iba a dejar la escoba en el cuarto de almacenamiento. Dentro del cuarto, se quita los guantes y se frota el cuello, siente la garganta inflamada, se toca la frente y de nuevo la fiebre. Creyó estar recuperada del resfrío, pero el invierno ha llegado sin compasión. Mejor se toma unos días para recuperarse como hizo Milk, al menos sus moretones y raspones han desaparecido. Siente alguien a sus espaldas, se aferra al mango de la escoba y se gira en guardia.

—Jajaja, tranquila. Si hubiera querido empujarte, ni siquiera me hubieras sentido. —Maron cruzada de brazos le afila su mirada asesina.

—Basta Maron, voy a defenderme. —Serena habla con la voz ronca, justo el día que tiene una recaída volvió ésa harpía a molestar.

—A mí no me das órdenes. —Maron se corre y Zangya junto a un par de otras sirvientas, le tiran un balde de agua sucia de fregar los pisos.

— ¡Cough, cough! —Serena quedó sin aire por el agua fría y al intentar respirar la tos la ataca tan fuerte, que se dobla. Ve que la rodean. — ¡Basta! ¡¿No se dan cuenta?! ¡Nada de lo que hagan va a cambiar su situación! ¡Esto va a empeorar, voy a hablar con las Amas De Llave!

—Pues, serían dos contra una. —Maron se le acerca a arrinconarla. — Porque la Anciana Hakkake es la única que no está de mi lado.

— ¿Y qué lado es ése? —Serena ya no puede gritar, le duele. — No es mi culpa que el Príncipe te rechazara ¡Aaah!

Maron la atrapa del cabello y la sacude. — ¡Ustedes hacen muy buena pareja! El Sádico y la Masoquista. —Toma más firme el cabello de Serena y se lo tira. — ¡¿Así es como te gusta que te trate?! ¡Seguro disfrutas que te golpee y te coja como un cerdo!

Serena presiona los dientes, empuja a Maron y le acierta una cachetada. Toma aire con todo el pecho para gritar— ¡No vuelvas a hablar así del Príncipe o de mí con tu sucia y repugnante boca!

El rostro de Maron arde. — ¡Maldita! ¿Me dejó marcada? —Zangya le asiente, entonces Maron arroja al piso a Serena. — ¡Ayúdenme a tenerla quieta!

—Qué cobardes, yo soy una sola. —La voz de Serena ya no da para más, larga lo que parecería un grito de dolor cuando la pisan.

Maron le pisa la mano derecha, con la que la golpeó. —Cierren la puerta, vamos a enseñarle que ella es una más de nosotras. —Sisea con rabia.

Zangya y otras sirvientas van a cerrar la puerta y se chocan con algo que espanta a todas. El Príncipe Vegeta está ahí, parece haber cambiado totalmente el aire y arrasado todo el lugar con su presencia.

En ésos instantes, el reloj que parecía haberse detenido dentro de Vegeta, vuelve a correr. Con sólo verla se da cuenta que su pena, su aflicción, su agobio, su desconsuelo; no era porque estaba enojado porque lo había rechazado, sino simplemente… Porque la extrañaba. Porque no importa cuánto quiera negarlo o rechazarlo, sin que él lo quisiera, ella ha podido penetrar el hielo en lo profundo de su alma. Ha traspasado sus defensas y ya no puede sacarla.

— ¡Serena! —Vegeta va hasta ella, todas las víboras le dan lugar y quedan inclinadas en reverencia. Ayuda a Serena a enderezarse. La siente temblando en sus brazos, mira a los lados, y no hay nada para abrigarla. La abraza firme, tratando de darle calor. Está mojada y helada. —Dime Serena… ¿A quién quieres que mate primero? —Sisea, con los dientes tronando de la rabia. Empieza a desenfundar la Katana, piensa matarlas a todas.

—No, por favor. —Serena le ruega, y detiene su mano en la espada. —Vegeta, no te manches las manos de sangre. —Sus ojos azules quedan enfocados en ésa mirada negra enfurecida, que muy de a poco cede a sus súplicas. Vegeta asiente muy suave.

— ¡Alteza ella me golpeó!—Maron intenta defenderse, la rabia de escucharlos tutearse y hablarse con tanta confianza. Incluso las demás sirvientas se sorprenden.

—¡SILENCIO!—Vegeta ruge y ve en la puerta a las amigas de Serena.

— ¡Serena! —Ami, Lita y Mina corren a su rescate. Cuando el Príncipe las fue a buscar, jamás imaginaron, que al no verla en ningún lado, la encontrarían así.

—Chicas… —Serena musita agotada, ya no puede sostenerse, el pecho le duele.

Vegeta la levanta en sus brazos. Nappa entra por la puerta sorprendido. —Nappa, llévatela a mi recámara, que la limpien y la atiendan.

—Sí, su Alteza, no se preocupe. —Lita responde junto a Nappa, va detrás junto a las demás.

Serena siente que la cambian de brazos, se siente a punto del desmayo. Se aferra un poco a quien la sostiene. —Comandante… —Mira hacia atrás a Vegeta quedarse con las sirvientas. —Comandante, tengo miedo de lo que va a pasar…

—Tranquila Señorita. Si él le dijo que no lo haría, no lo hará. —Se la lleva y la siente desmayarse en el camino.

Vegeta se endereza, y las ve alinearse, sin levantar la cabeza. Desenfunda la Katana, el sonido metálico las hace temblar del miedo y eso a Vegeta lo satisface. Broly y Raditz llegan y quedan firmes detrás de él con una sonrisa ladina —Hoy mi mujer les ha perdonado la vida. Atesórenlo, porque las ha salvado de la muerte. —Enfunda de nuevo la espada, haciendo escuchar el golpe. Los Tres Saiyajines dibujan una sonrisa ladina brillante. —Pero no las ha salvado del castigo.

Las Amas de Llaves llegan y se ponen al tanto de la situación. Se llevan a las sirvientas junto con los Élites del Príncipe, a la zona de la Granja del Palacio.

Vegeta camina junto a ellas alineadas, con los puños detrás. Se frena dónde está Maron. — ¿Cómo un cerdo verdad? —Vegeta las hace temblar, el Ki de Serena estaba muy bajo, fue el grito de ése insulto, el que lo condujo donde estaba. Las siente sollozar y lamentarse. —Hoy dormirán y comerán como los cerdos. —Se voltea a enfrentar a las Amas de Llaves. —La que quiera quedarse luego del castigo, es su última oportunidad. Las que se vayan, se irán con el pago que le corresponde. Y es trabajo de ustedes que ellas cumplan el castigo. —Se enfoca a la Anciana. —Señora Hakkake, a partir de hoy usted es la única Jefa de Servicio. Las otras dos están despedidas.

—¡Su Alteza! —Las amas de Llave retrucan.

—Ustedes se quedan a hacer ésta última tarea. O sino, además del trabajo; perderán la cabeza. —Vegeta sisea arrinconándolas, y ellas bajan la cabeza y asienten.

—Su-Su Alteza… —La Señora Hakkake no sabe cómo tomarse sus decisiones.

—Lo sé, son muchas obligaciones. Le prometo ver por una solución. —Vegeta enfoca a Maron. Se inclina a susurrarle a Hakkake. — Si Maron decide quedarse, la envías a mi oficina cuando todo esté más calmo. —Se gira sobre sus pies y va a ver el estado de Serena.

Serena se recupera un poco, musita mientras siente que la bañan. Apenas escucha la voz de Lita. —Sshhh, Serena, te estamos bañando. —Lita la sostiene mientras Mina y Ami la enjabonan.

—Ojalá les corten la cabeza a ésas malditas. —Mina llora de la rabia al ver las marcas en las rodillas de su amiga.

—Su fiebre es lo más preocupante. —Ami le dice, pero comprende completamente lo que dice.

Siente que la recuestan. Serena se siente un poco más fresca, y empieza a abrir los ojos. Ve a Ami revisando la mano que le pisaron y envolviéndola. — ¿Dónde estoy?

—Sshhh… Recuéstate, estás en la habitación del Príncipe. —Mina le explica.

Serena abre los ojos con espanto, se mira y tiene una sudadera grande, reconoce que es de Lita, y sólo unas bragas. Se endereza. —No, no puedo estar aquí. —Niega con la cabeza, y forcejea con sus amigas para levantarse e irse.

—Él dijo que te atendiéramos aquí ¡Serena basta! —Ami cree que puede ser la fiebre elevada lo que tiene a Serena así.

Vegeta entra y ve a Serena queriendo levantarse para irse. Se acerca y la toma de los hombros. — ¡Basta! ¡Estás enferma y debes recuperarte! —La sienta en la cama, la cubre con las colchas.

— ¡No! ¡Quiero ir a mi habitación! —Serena intenta zafarse de su agarre.

— ¡Tu habitación es ésta! ¡Traigan sus cosas a ésta habitación! —Grita como una orden. — ¡A partir de ahora tu lugar es aquí! ¡ERES MI MUJER Y PUNTO!—El sonido de una cachetada resuena en el lugar y deja a todos con la mandíbula en el suelo sin poder moverse. En especial a Vegeta que acaban de voltearle completamente el rostro y dejarle una mano marcada en la mitad de la cara.

— ¡¿Quién carajos te crees que eres?! —Serena usó toda su fuerza en su mano izquierda, y usa las últimas fuerzas dolorosas de su garganta y sus pulmones. — Yo no estoy en tu Harén, no soy tu concubina, ni tú esposa ¡NO SOY UN MALDITO OBJETO! Y definitivamente ¡YO NO SOY TU MUJER! —El grito es desgarrador.

Vegeta baja la mirada, pudo esquivarla o detenerla, pero recibió la bofetada sin discusión. —Tienes razón… —En voz baja, pero sin ocultarlo, Vegeta habla con desánimo. —Te pido tu perdón. Dame el castigo que creas necesario, grítame, insúltame, golpéame. —Levanta la vista, está pálida, agitada con sus ojos azules enrojecidos y llenos de lágrimas. — Sólo te ruego, que por favor ya no te hagas daño sólo porque… Porque me odias.

Serena presiona su mano izquierda en forma de puño en su pecho, le arde. Sus gestos se fruncen, al punto de ahogar sollozos en su garganta. La mirada negra del Príncipe está llena de preocupación y afecto, su voz salió dulce aun luego de la cachetada. En lugar de retrucarle, de seguir peleando con ella, él le ofreció la otra mejilla. Se siente mezquina ante la actitud del Príncipe.

—Ya Serena en serio, que te dejes ayudar. —Lita la acuesta de una vez, y Ami la sigue atendiendo.

Vegeta se retira a su oficina al verla más tranquila. Toma aire profundo, siente entrar a Rei, que recién se enteraba de todo, y Mina también se acerca. —Su Alteza. —Mina le llama la atención. — ¿Quiere que empecemos a mudar sus cosas aquí?

El Príncipe parpadea y se gira a saludarlas un poco mejor. —Ah, sí. Pero no aquí, a sus antiguas habitaciones. Con ustedes. —No dice más y se excusan para hacerlo.

Ami termina de atenderla y darle medicina. Suspira triste y resignada, siente al Príncipe entrar. —Alteza… —Da una reverencia.

Vegeta la excusa y niega con la cabeza. Bardock tiene razón, el bailecito se hace cansador. — ¿Cómo está?

—La gripe que tiene inflamó sus amígdalas, pero ya le di medicinas. Los golpes no son tan graves, envolví su mano y todos los huesos están sanos. —Ami le explica. —Ahora duerme por la medicación y el agotamiento. Hay que monitorear su temperatura. —Habla bajito, todo está tan calmo ahora. Prefiere que Serena duerma todo lo que pueda.

—Gracias de nuevo. —Vegeta le habla con voz suave y se queda a solas con Serena. Va a cambiarse con ropa más cómoda, al volver no se atreve a meterse en las colchas con ella. Acomoda unas almohadas y se queda semi-sentado, cruza un brazo por arriba, como protegiéndola. Verla así, respirando apacible, tan hundida en el sueño y en su cama. —Pareces dócil, pero eres tan terca y cabeza dura. Me exasperas. —Revisa si la compresa adhesiva en su frente está bien. Luego, pasa la yema de su índice por su mejilla. Se empieza a dormir con ella. El sueño es plácido, reconfortante, aun sin estar propiamente acostado. —Dulce… —Siente que ella se acurruca un poco más contra él. Quiere pensar que no es por la fiebre, sino porque quiere tenerlo cerca.

Todas reunidas en el comedor, hacen un recuento de daños, hablan también con Darien.

— ¿Sabes que te va a matar y que no querrá hablar contigo en un tiempo? —Ami le sirve café y sigue llenando otras tazas.

—Ya lo sé y no me importa. —Darien responde muy seguro. — ¿Pero qué otra opción nos quedaba? No estaba dispuesto a que siga así. A que los dos sigan así.

Rei escucha atenta, piensa, piensa muchísimo la situación. Ésto era más complejo de lo que imaginó. Milk también se llama al silencio y prefiere meditar toda la información, hornea galletas para cuando Serena despierte y tenga algo dulce para alegrarla.

—Pero ustedes mismos lo vieron. Cuando nos buscó a cada una para ayudar a Serena. —Mina habla muy seria, con las manos cruzadas en la punta de la mesa. —La forma en la que la rescató, las miradas hacia ella, cuando recibió la cachetada frente a todos. Está enamorado y ella también ¡Serena necia!

—Voy a darle a ambos un poco de razón. —Darien habla. —Lo que sea que decida, debemos nosotros también tomar una decisión. Se enfrentarán a más de una dificultad respecto al trono, la Familia Real, todo.

—Creo que nosotros ya estamos del lado opuesto. —Rei rompe su silencio. — Estamos en el Área del Príncipe, y ya es polémico. Respecto a sus Guardias Terrícolas, a la tecnología que nos deja usar… Su familia lo detesta, no he escuchado a su hermano hablar mal de él. Pero la Reina y el Rey sólo hablan mierda.

—El Príncipe no es como nosotros pensamos. —Darien sigue. —Sí, tiene un carácter de mierda cuando está de malas, pero es peor cuando está de buenas. —Sólo recordarlo le duelen los huesos de nuevo. —Pero a los que somos de su séquito, nos tratan como a uno más. No sólo él, todos sus hombres de confianza.

Milk escucha eso, prepara otra bandeja grande para hornear. —Milk… —Lita le llama la atención. — ¿Segura que ya te recuperaste? —No sólo la ve pálida, sino apagada. No está arreglada, quizás aún no se sentía con energías.

—Sí. Sólo es mucho para procesar. —Milk piensa en Kakarotto.

— ¿Tú qué opinas? —Lita la interroga un poco. En parte es porque desde ahora, quiere saber en quien contar. Para ella es cuestión de tiempo para hacer oficial su relación con el General.

—Opino, que si Serena necesita ayuda o protección, no la voy a dejar. —Milk sonríe brillante. Va con Lita a la mesa. —No sé si ustedes vieron, a parte de nosotros, quedaron un par más en el servicio. Las otras agredieron a Serena sin pensarlo, estaban aliadas con dos de las amas de Llave. —Termina exaltada y con los ojos redondos. —Somos pocos los de verdadera confianza.

—Ésa Maron… Cuando la encuentre la voy a—Lita presiona su puño y toca a Milk con su codo.

— ¡Auch! Lita, me diste un choque. —Milk se frota por la estática, le dolió bastante. No le prestan atención y siguen hablando.

—Hmmm… Quizás estoy muy nerviosa. —Lita afloja sus hombros, eso se sintió extraño.

—Ahora sólo nos queda esperar… —Ami dice muy seria. Mira al reloj grande de la cocina, las manillas hacer tick-tack. Todos enfocan la mirada en lo mismo.

Serena despierta, siente que ha dormido por años, y que puede dormir aún más. Ya debe ser el otro día, por la altura del sol que se cuela en el borde de las cortinas. Se remueve y está con la nariz a la altura del abdomen del Príncipe, parece que la envuelve, pero ni siquiera la toca. Siente el aire de su respiración apenas acariciar su rostro. Se aferra unos momentos a las colchas ¡Por Dios! ¡Cómo lo extrañaba! Y aquí entre sábanas blancas todo parece el cielo. No obstante, es un cielo que no le corresponde. Empieza a levantarse despacio y en silencio. Se quita la compresa de la frente, busca con la vista sus cosas.

En el instante que abre la vista, se encuentra con el peor de los cuadros, ella huyendo de nuevo. —Serena… —Se levanta para detenerla antes de que salga de la cama.

Serena presiona los dientes, mantiene su rostro lo más normal posible. —Su Alteza, buenos días… —Le da una reverencia.

Vegeta toma su mentón y la levanta. —Basta de eso. —Habla con voz suave, pero muy decidido. Revisa el vendaje en su mano, verifica la hinchazón, pasa su mano en la frente y aún tiene fiebre. Puede sentirla temblar ante su toque. —Pensaba esperar a que te recuperes para hablar. Pero viendo que de nuevo huyes de mi lado, no creo tener otra opción. —Sigue con tono suave, ella sigue muy enferma. —Tu ropa y tus cosas, están en las habitaciones con tus amigas. —La ve bajar su cabeza y suspirar muy fino. Toma valor y sigue hablando. —Yo hablaré primero…Ése día, nos dijimos muchas realidades, muchas verdades; que debo casarme con alguien Saiyajin y preferiblemente alguien que apruebe mi familia. También dijimos muchas mentiras, dije que no quería verte de nuevo, y es lo único que he quiero hacer todo el tiempo. —La ve en shock presionando su puño en el pecho. Cierra los ojos y toma aire de nuevo. —Entiendo que no es fácil pedirte que te quedes a mi lado. Hay gente que quiere matarme y seguro querrán hacerte daño. Pensar éso fue una de las razones, por las cuales no fui a buscarte apenas supe lo que sentía. Me dijiste que busque una esposa, que tenga un hijo ¿Cómo quieres que lo haga con esto que siento? No puedo… —Niega con la cabeza. Presiona los dientes. —No puedo imaginar si quiera que otra mujer me toque, porque sólo te quiero a ti. —Suspira para poder relajarse, la mira a los ojos, ella sigue presionando su puño. —Si me dices que no, no quiero que temas, porque te entiendo. —Vegeta frunce el ceño y muy serio sigue hablando. —Pero si quieres quedarte a mi lado, no sólo te prometo que serás la Única en mi vida. Sino que también, voy a luchar hasta el final, no me voy a rendir, ante nada, ante nadie. Porque si no peleo por la mujer que amo ¿Qué clase de Guerrero soy?

Serena siente como si una roca se hubiera levantado de su pecho al escucharlo. Mira a sus manos y juega con la manga de la sudadera. Toma valor. —Creo que ahora me toca hablar a mí… Por dónde empezar—Hace una pausa, trata de armar algo, todo esto la abruma. Siente que él ha abierto una puerta dentro de ella y hay un océano que se azota sin control. Toma aire de nuevo. —Yo lo rechacé-Digo, yo te rechacé lo que me propusiste porque, hasta ése momento era mucho más cómodo para mí verlo como algo irreal. Una tonta idealización, un sueño romántico y fantasioso. —Sigue mirando sus dedos y jugando con la tela, en un intento de introspección para hablar. No lo ve a los ojos, pero sabe que escucha cada palabra de su boca. —Primero te vi como un salvador, luego desde nuestro primer contacto... —Se ruboriza recordando la primera noche con él. — Lo negaba, lo negué, porque sé que tienes un deber, que tu mundo y el mío son muy diferentes. Y para no traerte problemas, debía mantener esto como algo físico y nada más. Sabía muy bien que por ser terrícola, no podía aspirar a nada más que ser una "Favorita" en tu Harén. Temí mucho que al involucrarme, éste sentimiento se contaminara, me imaginaba si elegías otra mujer para tu Harén o Concubina o incluso tu esposa. Estaría todo el tiempo preguntándome ¿Pensará en mi cuando está con ellas? ¿Me tendrá a mí en su corazón? Los celos, mi ambición contigo, quizás me volverían odiosa, hacia ti, hacia ésas mujeres. Ni siquiera como tu esposa me imaginaba en paz, porque pensaría todo el tiempo si no soy sólo un deber y si tu corazón estará con una favorita o una concubina. —Cierra los ojos, toma aire con una sonrisa. —Por eso me gustaba pensar, no importa si no estamos juntos, si ya no soy nada, si lo nuestro se marchitó. Los momentos vividos fueron perfectos. Si Vegeta es feliz, si mi Príncipe es feliz… —Abre los ojos y él está sin parpadear mirándola tan fascinado, con tanto brillo en sus ojos, que ésa mirada negra parecen dos pozos de agua cristalina. Serena se tapa la boca, le da pena haberse dejado llevar y haberlo llamado Mi Príncipe.

— ¿Debo dejarte seguir? —Vegeta pregunta y pone una mano en su mejilla. —Porque te escucharía para siempre llamarme tuyo, así como quiero llamarte mía. Serena, quiero que esto sea real, con lo bueno y con lo malo. No hay ni habrá otras.

—Vegeta. Sé que no será fácil, pero te juro que tampoco me voy a rendir, voy a luchar a tu lado. —Serena larga en un solo respiro, y el llanto la quiebra cuando Vegeta la abraza completamente.

—Serena, te prometo que mi puerta va a estar abierta, en el momento que esto te sea demasiado— Ella le tapa la boca con los dedos.

Le niega muy vehemente. — ¿Qué clase de Guerrera sería yo? — Serena se decide a dejar de soñar despierta, y hacerse fuerte, una mujer fuerte por amor.

—Serena, Serena… Mi Serena. —Vegeta la acerca y une su nariz con la de ella, Serena hace el resto y acerca su boca para unir sus labios en un beso. El beso es suave, mucho, cepillan sus labios contra el otro. Vegeta deja un beso en la comisura de su boca, en su labio inferior y el superior. Ella hace lo mismo, chocan la punta de su nariz al cambiar de ángulo. El deseo empieza a hacerse sentir entre ellos, como una fuerza que se alimenta en uno y en el otro. La separa un poco para resistirse a ir más allá e intercambian una sonrisa. Quedan abrazados, la mece muy despacio de un lado al otro. Confirma al tenerla así, lo que sospechó ayer; ella no ha comido bien, ha bajado de peso. Está en verdad preocupado por su estado de salud. Cepilla un poco sus labios en su cuello, con intención de verificar su temperatura, su piel es tan tentadora. Pero está afiebrada, la recuesta muy sutilmente. —Ahora lo primero es que te recuperes, ya que me aceptas, debes aceptar que debo cuidarte. Como tú me has cuidado.

Serena asiente, la vista le empieza a pesar de nuevo. —Agua por favor. —Bebe dos vasos llenos y se recuesta. Vegeta se queda acostado, pero a la distancia prudente. — ¿No vas a meterte debajo de…?— Pregunta tímida y un poco nerviosa.

—Sólo si me dejas. No pasará nada que tú no me pidas. —Pone una mano del lado de su corazón como una promesa. — No quiero que temas que te vaya a fornicar.

Serena se siente muy nerviosa, su manera de hablar a veces se torna cruda y directa. Pero parece natural para él, cree que es algo Saiyajin. Por otro lado, no va a negarlo, ése beso aun siendo dulce la ha calentado y llenado de escenas lujuriosas. Mira a los lados, su cuerpo y su mente aún se sienten agotados. —Ven. —Le hace lugar, Vegeta queda en camiseta para dormir. Se acurruca en el pecho de Vegeta. —Es oficial… Esta es ahora nuestra cama.

—Sí, por supuesto que sí. —Vegeta la aferra fuerte entre sus brazos, tanto que debe recordar no partirle un hueso. Es demasiada emoción, teme volar alto y quemar sus alas. Pero cómo no dejarse llevar un poco, por éste sentimiento tan intoxicante.

Serena bosteza grande. —Tengo tanto sueño, casi no he dormido. Esto se siente como el paraíso. —Hunde su nariz en el aroma de Vegeta.

—Sí, tus ojeras no mienten. También quiero dormir y despertar así cada mañana. Mi amada… —Musita apenas audible, el sueño no se hace esperar para ninguno de los dos.

Rei miraba al cielo, eso se decía a sí misma, porque en verdad veía el recorrido por los techos de Raditz. —La mañana parece tranquila… —Rei comenta a Mina con una sonrisa brillante. Están ahí para ver, cómo vuelven las sirvientas que pasaron toda la noche en la granja. Mientras se regodean con un poco de malicia al ver a las primeras volver, Rei mira al cielo, los pájaros vuelan lejos. Una presencia, una energía parece quitarle el aire.

—¡Rei! —Mina grita.

Raditz llega a sostenerla. —Señorita Hino. —La levanta en brazos y se la lleva.

Ésa presencia, ése espíritu malvado tan abrumador fue convocado por la Reina Selypar. Después de que Gero llegara a la conclusión, de que eran semillas comunes y corrientes, ella necesitaba saber el origen de todo esto. Paragus fue a buscar a ésa bruja o lo que sea, y tal parece que estaba esperando la cita.

Está sentada en su sala, la Reina se había arreglado, en un intento de intimidarla con sus lujos y presencia. Escucha la voz de Paragus. —Kale, Caulifla… Vayan a la puerta.

Las dos hermanas salen, quedan en el marco de la puerta y ven a lo que parece una mujer encapuchada, toda de negro. —Ahora llama a una adivina… —Kale muy incrédula susurra a su hermana.

—Debe estar desesperada. — Caulifla sonríe de lado. Los rumores de que hace ratos el Príncipe no ve a su "Favorita", llegaron hasta ella. Cree que es buena señal, respecto a lo que le propuso.

La mujer extraña entra y se reverencia en el suelo a la Reina. —Su Majestad. —Se quita la capucha, revelando su rostro envejecido y cabellera larga y blanca.

A primera impresión, no parece más que una terrícola común. Muy, pero muy anciana. —Hm, te he llamado por esto. —Levanta una semilla. — ¿Eres una sacerdotisa, una bruja? ¡Habla! —La Reina odia esperar.

—Hace tiempo que no soy nada. Nada más que una triste presencia, que se alegra de haberos dado un alivio a vuestros problemas. —Enfoca la mirada a la Reina, se endereza como puede. —Me dicen Nehe. Y la fórmula de ésas semillas, se las robé hace un tiempo a un gato, cuando aún había magia en ésta Tierra.

Selypar hace gesto de asco, en verdad la anciana es grotesca. No parece mentir. —Entonces, hechicera…Le dijiste a Paragus que la solución era temporal ¿Cómo sabías por lo que pasaba el Rey? —Ahora teme que algún rumor se haya esparcido.

—Pude verlo, pude ver el camino, sólo debía encontrar cómo unirlo al mío. Lamentablemente lo que aqueja al Rey, nada puede curarlo y usted lo sabe.

— ¿Eres una adivina? —Selypar sonríe muy sarcástica, que él está al borde de la muerte no es secreto para nadie.

—Sí ¿Se atrevería a ver qué es lo que los Dioses dicen de su fortuna? Pero puedo ver que sus decisiones están tomadas. —Sonríe de lado y abre grande los ojos. —Son las decisiones de dos hombres las que le quitan el sueño.

Selypar se diente curiosa, sin embargo no es tanto el Rey, sino el Heredero a quien no puede predecir. — ¿Cómo haces para ver el futuro?

Nehe saca un espejo de un bolsillo. —Podéis verse aquí o mostraros una foto de quien usted quiera saber. —Afila la mirada mientras la ve buscando, lo que parece una foto oficial del Príncipe de los Saiyajin. La deja delante de ella. —Una foto es un reflejo un instante congelado de nosotros mismos… —Pasa su mano por arriba sin tocarla. — Una nube negra, Magia venenosa en su sangre…Pero es extraño… ¿Un reloj? —Nehe cierra los ojos. —Oh, hay algo más…Jaja. Él es algo más que un Saiyajin… —Mira muy maliciosa a la Reina y la pone incómoda. Pero se detiene abruptamente, se levanta. — ¡Es tarde! ¡Me habéis llamado demasiado tarde! —Niega con la cabeza. — ¡El Príncipe Vegeta hace tiempo que tiene la bendición de la Luna! ¡Éste invierno su energía arderá como nunca!

Selypar se levanta abruptamente, la tira de una cachetada. —¡CIERRA LA BOCA MALDITA CHARLATANA! —La levanta de un brazo, abre la puerta y la arroja afuera. — ¡Si me llego a enterar que andas diciendo éstas cosas afuera, me aseguraré personalmente que te corten la lengua!

—Je…Jejeje…—Nehe se frota el rostro. —Tranquila su Majestad. Ésta será gratis, pero la próxima voy a tener que cobrarle.

Kale, Caulifla y Paragus no comprenden nada, ven a la Reina alterada, agitada y la anciana sonríe feliz, se cubre el rostro y se va.

Nehe camina en el bosque, las piedras lastiman sus pies aun a través de sus botas, pero la caminata es alegre. —Jajaja ¡Jajajaja! Los Dioses han sido piadosos. —Alza sus manos al cielo. Sonríe mientras se mete en lo que parece una cueva oculta.

En la pequeña sala de Té de Rei, ella empezaba a despertar. —Oh… ¿Qué? —Musita.

— ¿Te sientes bien? —Mina le consulta, está pálida. —Jaja quizás fue nuestro castigo divino, por reírnos de desgracias ajenas. Jajaja. —Lo dice por ir a ver la caminata de la vergüenza, luego del castigo que recibieron ésas sirvientas.

—Parece que sólo se descompensó. —Gure afirma luego de escanearla con Ami.

— ¿Has estado comiendo mal? —Ami le consulta, ella niega. —Mira ésta pulsera mide tu presión arterial. Si te vuelve a pasar, haremos una revisión completa.

–Sí ¿Y Raditz? —Rei pregunta sin pensar y todos quedan viéndola. Los gatos aparecen con su mirada acusadora por detrás del sillón. — ¡Ah, digo! El Élite Raditz, él me cargó hasta aquí. Jaja. —Muy nerviosa intenta arreglarse.

—Tu salvador está afuera. —Mina muy maliciosa, le da codazos cómplices. Rei la golpea de lleno con la almohada y se ruboriza completa. Cuando ya la ven mejor, Mina sale y ahí está el Élite muy preocupado. —Raditz… Coqueto, tu presencia la desvaneció. —Mina muy juguetona le comenta.

—Grrr… Mina, la única con ésos poderes eres tú. —Raditz se ríe, y piensa que mejor deja éstos chistes de lado con la rubia, los dos podrían salir con el culo quemado. —Ah, mira. Qué grosera eres, TÚ SALVADOR te espía. Ve antes de que se ponga celoso.

Mina se gira y ve a Broly disimulado caminando por el patio, espiando. — ¡Broly! —Trota hasta él. — ¡Ay! —Cae en el camino, Broly la ayuda a levantarse. —Jajaja, mira nada más cómo me tienes. —Se sacude un poco la ropa. —Con todo lo que ha pasado, no hemos tenido ni cinco minutos para planear un paseo.

Broly sonríe enormemente, le gustó que dejara a Raditz y viniera directo a él. — ¿Qué dices si cenamos juntos en mi cuarto en mi día libre?

—Mmm, mi tierno Broly. Pero qué atrevi!—Mina se exalta cuando empieza a arrinconarla contra la pared.

Con pasos firmes la hace caminar hacia atrás. Pone los brazos a los lados, encerrándola. — Hmp, yo también tengo experiencia… —Afila su mirada hacia ella.

La mirada penetrante de Broly la pone nerviosa, abre y cierra la boca. La acaba de intimidar. —Yo-Eh, yo-yo…—Intenta conectar algo lo que sea, pero lo único que desea es romper la distancia y besarlo. Está agitada, y los latidos estridentes de su corazón parecen enviar la sangre a un solo punto, a su centro…

—Ja, ya tengo hambre… —Se aleja satisfecho de dejarle en claro que él puede tener de ingenuo sólo la cara. No sabe porqué tiene ganas de ser más atrevido con ésta hembra, debe ser porque la recuerda con la figura delicada y frágil. Pero quizás es un recuerdo distorsionado de su borrachera. Sonríe enorme mientras va a la cocina, ya se imagina escaneándola con todos los sentidos en su lugar. —Ah, Milk… —Sale de su pequeño ensueño. —Perdón, Señorita Ox.

—Hola Broly, dime Milk, no hay problemas. Jaja —Milk se siente muy apagada, como un fantasma en todo momento y lugar.

— ¿Has visto a Kakarotto? —Broly le consulta y la ve ponerse nerviosa. No se ha equivocado, algo pasó entre ellos.

Milk aclara la garganta bien fuerte. —No ¿Po-Por qué debo saber qué le pase?

—Ha estado muy mal últimamente, no quiere entrenar con nadie, y me enteré que discutió con el Príncipe. Que le exigió que luchara por la Señorita Serena. —Broly le cuenta. —Luego de eso se fue y desapareció.

— ¡Yo no lo maté! —Milk salta y no sabe porqué se defendió así. Pero piensa en el momento que lo rechazó de ésa manera tan horrible. —Yo he estado enferma, me empapé el día de la tormenta helada.

—Oh, yo no digo que lo hayas matado, ni te estoy interrogando. Era por curiosidad. —Se encoge de hombros, toma algo de agua. Es obvio que algo pasó, ella está auténticamente preocupada. —Me preocupo por él. Sé que contigo no se lleva bien, pero lo considero un muy buen amigo y compañero Saiyajin. No suele hacer éstas cosas, siempre está alegre y simpático. Por eso se nos hace extraño a todos.

Milk queda pensando, todo esto la hace sentir una culpa horrible. Mira las galletas para Serena y una lonchera. —"Ahí pueden entrar más que galletas"—Toma la cápsula que le han dado para el trabajo.

Luego de limpiar algunas cosas viejas del pequeño lugar. Kakarotto se da cuenta que la suposición de Milk era cierta, era un refugio de guardabosques. Se sienta sobre la bolsa de dormir que se llevó y mira la leña en la pequeña hoguera. Está tan concentrado viendo como la madera repica y se hace brasas, luego cenizas. Mira sus manos, toca sus yemas, recuerda la piel de Milk, ella es suave. Seguro le disgustó su toque tan áspero, hace un puchero grande y se frustra por todas las cosas que no puede cambiar. El atardecer llega y la puerta se abre a sus espaldas. Kakarotto se gira y es Milk.

—Hola, buenas tardes. —Milk puede ver que está todo ordenado y más cálido, se nota que ha limpiado la chimenea. Le da pena enfocarle la mirada. —He traído de comer. —Va a la pequeña mesita y deja algunas cosas. —Traje galletas frescas, recién las he horneado. También té y café, temí que pasaras frío. —Lo siente dar un par de pasos, se voltea y presiona fuerte la mirada, se inclina. —Por favor, perdóname por haberte ofendido. —Une sus manos. —Fue horrible y muy miserable decirte ésas cosas. Tú nunca me has tratado así o me has denigrado por ser terrícola. Lo que yo he pasado, no tiene nada que ver contigo.

Kakarotto baja la cabeza y la imita, une sus manos y se inclina. —Perdóname por los insultos. Y por no hacer caso a tus límites, ni siquiera te pregunté si querías que te besara o me acercara siquiera. Mi aspecto, quien soy, te debe recordar cosas horribles. —Es la primera vez que está agradecido de no tener cola.

—Me detuve, me escapé porque… —Milk se endereza e intenta cobrar valor. —Porque me pasó todo lo contrario, no me hiciste recordar cosas horribles. Sino todo lo contrario…Yo—Kakarotto la interrumpe.

— ¡Lo sé! ¡Debe ser espantoso sentir algo por alguien como yo! —Kakarotto mira sus puños los presiona fuerte, su voz empieza a temblar. — ¡Odio ser un Saiyajin! —Al instante que lo grita, todo su mundo se detiene, Milk lo abraza.

—No vuelvas a decir algo así ¡Jamás! —Milk presiona el rostro completo contra el pecho del Saiyajin. —Me gustas así como eres.

Cierra los ojos por la emoción, toma aire y ése aire es nuevo. Kakarotto se siente rodeado por Milk. Responde el abrazo, con la mano en su cintura y la otra acaricia su cabeza. —Milk también me gustas. —Sonríe enorme, cuantas ganas le están dando por tomarla ahí mismo. Pero debe contenerse, es un gran paso para los dos.

—Traje un futon, si… —Lo aleja un poco para verlo a los ojos, lo apunta con el índice. —Si me prometes comportarte, podemos quedarnos el resto del día.

— ¡Sí! ¡Sí me comporto! —La levanta y la hace gritar por la sorpresa. —Ven a ver hay un pequeño baño, yo lo arreglé, y tapé un hueco en el techo… —Se la lleva de la mano y el pequeño lugar se llena de risas mientras le muestra las mejoras. Luego comían, en tanto Milk lo ponía al tanto de todo lo que sucedió en el Palacio. —Wow ¿De verdad?...

—Sí, estamos todos esperando qué decidirá Serena. —Milk frunce los gestos. —Pero te digo la verdad, no tengo muchas esperanzas. Le dió una cachetada y no quiere quedarse en su cuarto.

—Puede que haya sido la impresión del momento, pero Vegeta no se rendirá fácil. Ningún Saiyajin se rinde así como así. —Mira la mano de Milk en la mesa, se acerca tímido y le da una caricia con su índice. — ¿Es cierto que tu padre fue un Rey? —La ve a los ojos y ella asiente. —Te haría una princesa…

Milk resopla por la nariz y se ríe. —Algo así como una "Princesa de un Reino Perdido". Pero mi reinado ya no existe, no recuerdo cosas de la Realeza. Tan sólo a mi padre, que era un hombre bueno y fuerte.

—Lo siento… —Kakarotto acaricia su mejilla. —Y… Pues, no lo tomes a mal o como si yo te estuviera empujando. —Se rasca la nuca y empieza a ver dónde huir en caso de una golpiza. —Si dijiste que nunca has besado… Entonces ¿Tú nunca?

Milk se avergüenza, pero luego de la muerte de su Padre, prefirió estar sola y encerrarse en sí misma. —Sí ¿Te molesta? —Levanta la nariz un poco ofendida.

Kakarotto ve una oportunidad en sus manos ¡¿Una hembra pura?! Se siente curioso imaginando la experiencia. Acerca su silla y se acerca a ella. —Te entiendo, estando sola habrá sido difícil. Y la química es importante. Tienes casi 25 ¿Cómo has hecho? —Milk parece inhalar fuerte y él se explica. — ¿Te has tocado?

La mente de Milk explota por los aires, y su rostro está tan blanco como el papel. — ¡¿Cómo se te ocurre hacerme una pregunta tan indecente?!

—Déjame decirte que con ésa respuesta sospecho dos cosas, que nunca lo has hecho o que simplemente te da pena. —Se aleja y muy coqueto la observa de arriba abajo. —Perdóname, pero eres demasiado atractiva como para que yo crea, que nunca te has dado placer.

Milk se cubre el rostro. —Por favor, ya basta ¡Me muero de la pena! —Da un salto al tener a Kakarotto arrinconándola en la silla.

—Lo siento, quiero conocerte, saber tus límites… —Kakarotto la observa, le parece tan adorable. Ella espía entre sus dedos. —Y cuando los descubra… Hacerlos pedazos. —Ahora la ve roja, pero con su mirada dilatada y agitada. Su corazón late fuerte, está tan cerca de ésa boca. —Milk ¿Puedo besarte? —En el instante que la ve asentir, la toma en brazos y la sienta arriba de él. Toca sus propios labios, y luego los de Milk, le hace saber lo mucho que quiere éste beso. La acerca y cuando sus labios hacen contacto, ambos largan un pequeño quejido de satisfacción.

Milk suspira por la nariz, esto se siente bien. Y por más que ella se resista cuando él le habla de manera tan explícita, la realidad es que Milk con el sonido de su voz, siente el corazón latiendo a mil kilómetros por hora. Una ansiedad enorme de tocarlo más y más. Saca la lengua y lo lame, en un gesto que fue casi por instinto.

Se relame con la mirada lasciva ante ésta mujer, que aun siendo pura, se está retorciendo excitada en sus brazos. Su miembro pulsa ante la vista. —Tu lengua, será mía. Te voy a enseñar… —Abre la boca y vuelve a unirse con ella, mete su lengua y la gira. Degusta desde su lengua a su paladar. Milk hace lo mismo, salivan mucho y empiezan a quedarse sin aire. —Sí, así Milk… —Le da espacio para que respire.

Decir que siente calor es poco, se aferra aun más a Kakarotto, enredando sus brazos. Es casi como hacer el amor con la boca, ése pensamiento obsceno hace que su pelvis palpite de necesidad. —Kakarotto ¡Nnh! —Sale un gemido cuando lo tira hacia ella, y en un gesto voraz muerde sus labios, tironea el labio inferior de Kakarotto.

—Mi-Milk ¡Mmh! —Kakarotto abre grande la mirada, quiere alejarla, su erección comienza a doler. —Eh, en verdad nunca estuve con una mujer como tú. —La aleja completamente de los hombros.

Se avergüenza ¡Qué horror! ¡¿Qué va a pensar?! ¡¿Que está desesperada?! —Sí, tienes razón. Mi sueño era que al casarme, un hombre me tomara, y armar una familia. Jaja suena muy tonto.

—No Milk, para nada. —Kakarotto la toma de las mejillas y la acaricia. —No me parece tonto para nada. Quiero que lo disfrutes, pero principalmente quiero que sepas que, no es algo casual para mí. Es algo serio, porque estoy seguro que no le entregarías a nadie tu pureza +como algo casual. —Suspira profundo. — Quiero demostrarte que valgo la pena.

— ¡Hmp, qué bien! Yo no soy una fácil. —Habla en tono de broma y se cruza de brazos. Luego se pone a pensar, que puede necesitar información respecto al sexo. No vaya a cometer un error por su falta de experiencia.

Kakarotto se para firme, pone un puño del lado del corazón. —Señorita Ox, prometo que ésta noche que compartiremos juntos, no aprovecharme de usted. —La ve ponerse roja hasta las orejas. Su sonrisa se torna lasciva. —Jaja, al menos que me invites ¡Uh! —A Kakarotto le acaban de estrellar una almohada en toda la cara.

Ami intercepta al Comandante en el pasillo, saca el pecho. Está preocupada por saber de Serena y —Hola ¿Cómo estás? —Con el tono de voz normal lo saluda.

—Buenas Señorita. Estoy igual que todos, esperando. — Nappa saluda firme, no prestó verdadera atención al tono familiar de ella. —Creo que es prudente esperar tranquilos, seguro tomaran una decisión cuando la Señorita Tsukino se recupere, eso es lo importante.

—Eh, sí. Mañana voy a revisarla, me enteré que pidieron comida. Han dormido mucho. —Intenta hacer conversación. —Me llamo Ami… Ya que seremos cercanos ¿Qué te parece si salimos a beber algo? —Sonríe y ondea su cabello. Si le funciona a Mina a ella también.

Nappa parpadea grande, no ¡No puede ser! Debe ser su imaginación, la hembra no lo está seduciendo. —Sí Señorita Ami. Pero prefiero otro día, estas semanas fueron muy agitadas. Un café en el comedor o té me vendrían bien.

Ami frunce el ceño, toma aire de nuevo va a romper la distancia personal.

— ¡Nappa, me buscabas! —Raditz aparece y le llama la atención.

—Disculpe Señorita Ami. —Se despide muy educado, y se va con Raditz. — ¿Qué sucedió hoy con la Señorita Hino? —Siente el Ki de Raditz tocar el techo. — ¡Ja! Pasó algo. —Lo pica con un dedo en el pecho.

Raditz lo quita con un revés de la mano. —Ppfff, Nappa… Si así fuera entonces ¿Qué sucede entre tú y la Doctora Mizuno? —Se encoge de hombros.

—No evadas Raditz. —Nappa pone los ojos en blanco. — Esto es diferente, ella es una niña…

Una niña…

Una niña…

Ami se quedó un poco escondida en la esquina del pasillo, escuchar eso le dolió mucho más de lo que esperaba. Los ojos le arden, huye a su habitación.

La conversación continúa entre los Saiyajines. —Pero es mayor, y es una mujer sin pareja, tú eres… Un viejo sin pareja. —Raditz lo molesta un poco y se ríe.

—Sabes, tu padre está muy preocupado, me dijo que tenga un ojo puesto…— Se cruza de brazos. —Se nos hace raro a todos, que ya no salgas a beber, ni te veas con ninguna hembra. Y la gran sospecha de tu padre es que tienes a la hembra aquí dentro.

Raditz se defiende, no quiere que el nombre de Rei esté en boca de nadie. Porque aún no han hablado ni puesto las cartas sobre la mesa. — ¡Hm! ¿Y por qué no sospecha de ti? Hace rato que no vas siquiera a un bar. Cualquiera diría que eres impotente por elección.

— ¿No ves mi cara? Soy un anticonceptivo caminante. —Nappa lo dice para reírse de sí mismo. —Estoy muy tenso, prefiero dormir cuando puedo.

—Quizás estás tenso por falta de mujer. —Raditz pasa un brazo por encima. —Tengo muchas amigas por aquí, que no te juzgarían por nada del mundo. —Le tironea una mejilla.

—Grrr… Yo no tengo dinero para ésas "amigas"—Nappa lo empuja.

—Ésa sería la mejor parte, van a mi cuenta. —Raditz se sigue burlando. —Ahora en invierno, hay varias que hacen servicios a domicilio, buscando el calor de un Onsen…

Nappa se empieza a sentir hastiado. —Guárdate tus ofertas en el BOLSILLO. Tengo una bañera, que es casi una piscina para mí solo. No necesito más, no todos somos zorras como tú.

— ¡Ay, disculpe su santidad! —Raditz se reverencia mientras lo ve irse. —Ppfff Mojigato. —Ahora que lo piensa nunca lo vio hablar con ninguna mujer, y rara vez se ha llevado a alguna a la cama. Perder a su esposa lo ha afectado como le pasó a su padre, sólo imaginarse ése nivel de dolor lo hace entenderlo.

¡Carajo! ¡Maldito Raditz! Le revuelve cosas en la cabeza. Y en lo único que lo hace pensar es, en lo solitario que está en la intimidad. Porque bien puede esperar a la muerte para unirse a su difunta esposa. —Zukkī… —Musita el nombre de la hembra, la recuerda una guerrera robusta y decidida. Pero era ésa sonrisa lo que lo puso de cabeza, y el valor para proteger a los que eran de su escuadrón. Una Guerrera Élite, que si no fuera por la enfermedad, hubiera llegado aún más lejos. Soñaba con ella convertirse en General y ella su Comandante, y luego los sueños se hicieron más pequeños y simplemente soñaban con una familia.

"— ¿Y qué harás tú cuando ya no esté aquí? —Su esposa le pregunta mientras está cuidándola en la cama luego de otra recaída.

No deberías preocuparte por eso. Vivamos ahora, pensemos ahora… —Le deja un beso en la frente y la acomoda para tomar las medicinas, que a duras penas le calman el dolor.

Por eso quería que te fueras. —Toca la mejilla del Élite, de su esposo. —Puedo soportar la muerte, pero no que mueras conmigo. —Lo ve hacer un puchero, le pellizca sus mejillas. —Jajaja ¿Qué pasó con ése Saiyajin mujeriego y engreído? Recuerdo que eras el terror en los burdeles.

Creo que eres la única que está conmigo sin que yo le pague. —Nappa se siente ridículo recordando su juventud, cuando se sentía invencible.

Jajaja, querido. Me estás pagando con tu alma, es un precio muy alto, incluso para mí. —Lo ve negar y bajar la cabeza. —Nappa… Sé que es inoportuno, pero… —Ella frota su pecho muy sugerente, quiere ser suya ahora mismo, unir sus cuerpos todo lo que puedan.

Ah, no. Primero te tomas la medicina y luego veremos. —Frunce el ceño y la deja en el lugar.

¡Je! Apenas bajes la guardia, voy a aprovecharme de ti ¡Gruñón!—Le saca la lengua. — Voy a inmovilizarte, chuparte la polla y…"

Nappa se ríe recordando, era una mujer muy jactanciosa a veces. Odiaba que le dijeran que no. Se mira en vano al espejo del baño, Nappa siempre fue muy realista. Y siempre fue más cómodo imaginarse que ella era la elegida y nada más. No todos tienen la suerte del Príncipe. Se mete de a poco en la bañera, suspira disfrutando del agua caliente. Quien diría que viviría con tantas comodidades, luego de tanta Guerra y Destrucción. Aunque no quiere confiarse, eso no sería muy Saiyajin. Escucha a alguien detrás, y el sonido del agua. Por el reflejo empañado del espejo distingue una figura femenina. —Aaah, Raditz. Empieza a cavar tu tumba. —Pero al girarse el que se va a la tumba es él. Se sienta de golpe para cubrirse con el agua. —¡Señorita!

Ami se había metido con una bata de seda al agua. En el momento que entró no quiso hacer ningún sonido, perpleja ante la forma imponente y musculosa del Guerrero. Su piel morena, refleja sus heridas de batalla. Parece un gladiador, un ser mitológico. —Hola, Nappa. Ya te dije, no soy Señorita Doctora, ni Señorita Mizuno o Señorita Ami. Soy Ami y soy una mujer. —Quita la bata y la arroja, la tela se azota mojada retumbando en las paredes.

¡Su… Puta Mierda! Nappa cierra de inmediato los ojos, no sabe qué hacer más que esconder su virilidad e intentar descifrar algo que lo saque de aquí. —Seño- Ami, por favor yo la respeto.

—Me respetas como una niña, no como mujer. —Ami quiere saber si lo que ve es real, si no es una distorsión de ésta necesidad que pulsa en ella. Lo toca, sus manos viajan por sus brazos y lo siente temblar ¿Tiene miedo de ella? Le parece ridículo, el tipo tiene como dos metros de alto y es casi cinco veces más grande que ella. Su fuerza puede pulverizarla con el revés de una mano.

El toque fino de la hembra lo eriza, se siente bien pero se niega. — ¡Basta! —La toma de las muñecas y la inmoviliza contra un borde, el sonido del agua reverbera en el lugar. — ¿A ti te gustaría que yo me aparezca desnudo y te toque sin tu permiso? ¡¿Eh?! ¡Contesta! —La ve a los ojos, sus ojos azules están dilatados por verlo. La respiración de la hembra es agitada, pero no es de miedo. Está preocupada, pero es por su rechazo. Su piel blanca realza su rubor, tan femenina y delicada. Sus pechos delicados, con pezones erectos, parece un postre. Se le hace agua la boca, le pica la lengua imaginando su textura.

Ami está congelada, y al mismo tiempo excitada por ésta sensación de sentirse a merced de sus deseos. Sus ojos negros la escanean completamente. Ahora la pena la choca con toda velocidad, seguro por eso la ve como una niña, en comparación ella no tiene tantas curvas. —Lo siento, perdóname. Mi cuerpo debe ser insípido y tú estás acostumbrado a un cuerpo más voluptuoso y bonito. —Ami empieza a llorar, qué tonta pensar que ella podía seducirlo como hace Mina.

Nappa se asusta al verla quebrarse en llanto la suelta de inmediato. Ami no tarda en salir disparada de ahí. Y Nappa…

¡Nappa corre a buscarla!

— ¡Ami! —Le cierra la puerta antes de que huya, la deja apoyarse contra la puerta. Está envuelta en lo que supone, es una toalla que se encontró por ahí. —No te vayas, espera. Explícame…

—No hay nada que explicar… —Ami no puede verlo a los ojos, está llorando. —A parte de humillarme sola y haberle faltado el respeto…

—Ahora me tratas de usted, eso no me ha molestado. —Abre y cierra su mano, no sabe si es prudente hacerla verlo a los ojos. Puede sentirse más humillada. —Explícame porque no entiendo ¿Tú?

—Yo tampoco lo entiendo… —Ami solloza en voz baja. — ¡¿Cómo puede ser?! ¡No dejo de pensar en ti! ¡No paro de soñar contigo!

Nappa queda consternado, lo mismo se pregunta él ¿Cómo puede ser? Se rasca la nuca y ahí se da cuenta que sigue desnudo y mojado. Busca por una toalla, puede verla tomando valor para irse. —No te vayas, quédate…Estás así ¿Sabes lo que tienes puesto? —La ve revisar. —Es una sudadera mía…

—Ah, lo siento… —Mira en dirección de la ropa que dejó en el sillón. —Voy a vestirme y ya no molestar…

Nappa la escucha hablar tan desanimada. No quiere que se vaya, se pone unos pantalones. — ¿Ya no hacen cortejo aquí? —Silencio… —Bueno, debo admitir que si bien me gusta la "vieja usanza Saiyajin"; me gustaron las charlas que compartimos. Me gustaría charlar de nuevo, pero no como "amigos".

—Si es porque le doy pena, no ¡Aaah! —Ami se asusta cuando la levanta en brazos y la lleva a la cama. Su corazón empieza, no a latir, sino a golpear como puño de acero que va a romperle el pecho. El momento parece que está aquí, tiene nervios, miedo, euforia. Y en especial mucha, mucha curiosidad —"Qué bueno que estoy lista, impecable y con las piernas afeitadas. Jummm…Debí ver mejor el tamaño de su pene"—Se regaña un poco así misma.

La acuesta en las almohadas, la toma de una de sus manos. — ¿De qué quieres hablar? ¿Quieres que empiece a relatar mi vida?—Ami se sienta, está algo confundida. —Jajaja, te advierto que he vivido mucho.

Ami se arregla mejor la ropa. —Ah, bueno sí. Sí me interesa. —Se pone roja como un tomate, ella ya se imaginaba cosas pervertidas.

—Recuéstate, porque te vas a cansar de escucharme. —La deja en su regazo, se acerca y sella un beso. Los labios de la hembra son tan delicados.

Ami tomó aire muy brusco, en el momento que sus bocas hicieron contacto, ella respondió al beso. Toma la mano de Nappa con ambas manos, sus manos grandes, con la piel gruesa de tanto entrenar. No la hacen pensar en que es un bruto, sino alguien protector que la envuelve en su calor. Empiezan a hablar, a hablar sin cesar, ella está curiosa por cómo era la vida de él entrenando. Le impresiona cuando relata sus días en el frío extremo, en el calor. Con hambre, con sed y sin pegar un ojo en terreno enemigo. También le relata sin ocultar nada, sus actos en plena purga. Tanto él, como los demás Saiyajin pasaron por eso desde niños. Apenas conociendo un hogar, o padres… —Oh, los famosos "Tanques de Desarrollo". —Ami le habla. —Me parece algo frío y calculador, quitarse un bebé sin estar maduro y no abrazarlo o saber de él hasta que puede entrenar.

—Bueno, nadie las obliga. Es más; es un honor nacer y tener hijos de clase alta. Porque para nosotros, no son hijos, son soldados. Un recurso, como lo son los hijos de la realeza.

— ¿En verdad piensas eso? —Ami frunce el ceño, luego lo ve recostarse a su lado.

—Hubo un tiempo en que sí, porque creía que de ésta manera se mantenía la lealtad o la confianza, el deber… —Nappa acaricia las manos de Ami, les deja un beso. — Pero un día, no fue un día especial ni nada. Yo había llegado de mi primera misión luego de la muerte de mi esposa. Ahí lo vi a Bardock, siendo recibido por su esposa y sus hijos pequeños. Recuerdo ser su instructor, siempre señalarlo como clase baja, rogando que mis hijos no fueran como él. En ése momento supe lo que era la envidia, en ése momento sólo quería llegar a casa, que me recibieran mis hijos y mi esposa. Lo más extraño fue que el Príncipe Vegeta me preguntó ¿Qué era eso? ¿Por qué Bardock y su familia estaban felices y se abrazaban? —Suspira fuerte y se frota los ojos recordando. —Ahí lo supe, y lo volvía a confirmar. Estaría junto a ése enano de mierda hasta el final. Suena raro…

—Creo que, lo viste solo. Y pensaste, si fuera tu hijo… Te gustaría que te recibiera con un abrazo. Que supiera de la seguridad de un hogar. —Ami lo escucha hablar de su esposa, si bien siente un poquitín de celos, en mayor medida siente admiración y cariño. Si ella no hubiera enfermado, serían una pareja Saiyajin ejemplar.

Si Nappa creía que había vivido, las aventuras que le relata Ami parecen interminables. Ella y sus amigas, en especial Tsukino se han metido en muchos líos. A pesar de la tristeza de haber perdido a sus padres, tuvo la suerte de encontrar amigas incondicionales. También hace contraste con su vida, la vida de Nappa parece tragedia Griega y la de Ami está tan llena de luz y esperanza. En su reflexión interna, de pronto se despabila, Ami le había hecho una pregunta. — ¿Qué?

—Jajaja, dije que podemos pedir de comer…—Ami sonríe enorme, pasa una mano por la mejilla de Nappa. —Luego decías que era yo la que se iba a quedar dormida… —Nappa le asiente y se justifica porque, según él, está viejo ¡¿Viejo?! Ya quisiera un terrícola de su edad estar así de bien, luego de tanto sufrimiento. Lo ve ponerse una camisa e ir a buscar de cenar. Ella recién se percata lo enorme de la cama. — ¡Oh por Dios! ¡Estoy en su cama! —Se tapa el rostro con la almohada para amortiguar los gritos, y gira y patalea de la emoción. Se siente como una adolescente de hormonas alborotadas. Quiere conocerla, ser más que amigos. Ése enorme y tremendo Saiyajin es todo para ella. — ¡Mío, mío! ¡Aaahh!

Mientras tanto, del otro lado Nappa pide de comer. Escucha ruidos en su cuarto, si fuera que él no rompería el segundo piso, también daría un salto enorme de felicidad.

Jojojo, los muertitos de Selypar cada vez apestan más. Seguro ya sacaron quien era la bruja, porque ay mi'jito, blanco es y gallina lo pone ¿Qué vio en Vergeta que puso nerviosa a la Reina? ¡Hasta el Próximo viernes!

Saluditos…

OhaioIzumiKun: ésa Miiiinaaa, es tremenda, ya lo dije. Es como mi angelito todo cachondo, además tremenda mujer. Una rubia sensual en toda la regla, Jajaja. Por supuesto, la Ami debe andar detrás de las locuras de su amiga, es como el otro extremo. Sí, Tarble piensa en lo "correcto", según las costumbres Saiyajin. Creo que al ser ignorado durante mucho tiempo, quiere validar el cariño de sus padres, por más perra que sea su madrecita. Ahora Milk y Kakarotto parecen haber puesto el tren sobre rieles en su pequeño refugio de amor en el bosque. Ay Rei, Rei… Espérate que Luna y Artemis se enteren…

Kaysachan: Pues sí, aquí el Kakarotto no es ningún pendejo, bien simpático, pero cachondo Jajaja. Y ésa Miiinaaa, es como la versión femenina del Raditz mujeriego, pero seguro va a tratarlo bien. Que aquí Broly tampoco es ningún pendejo, en éste fic le dí ¬¬ ex–pe-rien-cia *muerde_su_labio_intensamente. Y ésa Rei, Jajaja ya quiero ver la cara de los gatos cuando se enteren. Artemis: "A ver si entendí… Intentaste matarlo pero ahora prefieres follarlo :-/" Y Rei: "Usó trucos del chacra, espirituales y demoniacos para seducirme." O.o Jajaja

Nita-chan84: Ufff y sí, ahí van a intentarlo. Esto es más difícil, porque Serena viene de más abajo que otros Fics, no se conoce aún como princesa, sino como una sirvienta. Pero junto a sus amigas seguro recobrará la fuerza. Y Vegeta la esperará pacientemente a que se entregue por propia voluntad. Creo también que entiende, que las situaciones frutideliciosas han sido siempre por iniciativa de su deseo, quiere verla a ella pedirle el bistec ¬¬'