Los personajes de S.M pertenecen a Naoko Takeuchi y la historia a Fran Lee. Yo sólo las adapté a los personajes de S.M sin fines de lucro, sólo para entretenimiento de las lectoras.
Las cardiacas y moralistas abstenganse de leerlo, ya que cuenta con alto índice M
Siento solo poder subir un capitulo pero se los compensare en la próxima actualización n.n y gracias por leerme
EL TRABAJO DE SERENA
Capítulo 4
Sere bajó la mirada hacia su nuevo anillo de boda, escondido tras el del enorme diamante. Bueno… ésa había sido una manera ocurrente de rechazar su dimisión. En cualquier caso, Endi Shields era ingenioso.
Cómo diablos se las había arreglado para convertir la renuncia a su cómodo trabajo como asistente, en un totalmente ardiente y absolutamente alucinante matrimonio de conveniencia, se le escapaba por completo. En un momento le estaba increpando furiosamente. Y al siguiente, estaba follándoselo frenéticamente en la habitación de un hotel en Tahoe. No guardaba ningún recuerdo de haberse marchado de Aspen en su avión. Había una borrosa reminiscencia de una visita a la capilla de bodas del Tahoe Hilton y de caer en una cama gigante estilo California con sábanas de satén en la suite nupcial.
De lo único que estaba malditamente segura era de que no se acercaría a menos de cien pies de otra botella de champán mientras viviera. Y tener que caminar todo el día por ahí, con un ceñido vestido de noche, no facilitaría que lo olvidara. Se bañó y realizó una visita en el vestíbulo del hotel a un par de boutiques de diseñadores exclusivos, para comprarse algo de ropa aparte de su vestido. Ni un sólo alma levantó siquiera una ceja mientras caminaba por las pequeñas y caras boutiques usando ese arrugado vestido de noche. Posiblemente porque gritaba riqueza al completo.
Mientras usaba el crédito ilimitado de él para comprar ropa suficiente para llenar dos baúles, se preguntaba qué podría haber sucedido para que de repente decidiera que quería una esposa en vez de una simple asistente personal. No era lo suficientemente ingenua para pensar que el hombre estaba enamorado. Pero, sin duda alguna, provisionalmente sentía lujuria por ella, y era capaz de lidiar con eso. Por ahora.
Sopesó que abusar de las tarjetas de crédito de su jefe debía ser como una especie de afrodisíaco para él. Tal vez era su ego lo que había herido. Quizá sólo estaba quitándose la espinita con ella por haberle dicho que era un gran hijo de puta. Pero por otra parte, obviamente esa no era ninguna razón para casarse. Si lo único necesario para atrapar a un hombre fuese llamarlo bastardo, todas las mujeres de la tierra estarían casadas.
¿Y cómo diablos iba a revelar esta inesperada noticia a su familia? "¿Oye, Mamá… Papá? ¿Adivinad lo que pasó anoche en el Lago Tahoe?" Nunca creerían que se trataba de un matrimonio verdadero algo más de lo que ella podría creerlo. Pero había visto su "bastante chapucera" firma en ese certificado de matrimonio, justo a la derecha de la de Endi. Lástima que lo había mantenido fuera de su alcance, o hubiese sido historia.
Él le había admitido abiertamente su perfidia. Le había confesado sin rodeos que no tenía ninguna intención de perder a su mejor empleada, incluso si ello suponía jugar sucio. Eso había sido justo después de follarla por tercera vez, y ella exigió saber en qué diablos estaba pensado cuando se sacó de la manga un truco tan estúpido.
Supuso que podría ser peor. Finalmente estaba consiguiendo vivir algunos de sus sueños húmedos en persona, con un hombre de carne y hueso que no se disipaba como el humo cuando sonaba el despertador. Para colmo, era el hombre con el que había estado fantaseando durante los últimos siete años, y tan bueno en la cama como ella siempre había imaginado que sería… o que jamás sería.
Ahora todo lo que tenía que hacer era encontrar la forma de llegar a su fiesta de cumpleaños…
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Una vez que tuvo la certeza de que ella no huiría del hotel, Endi hizo algunas llamadas de negocios, envió la licencia de matrimonio por correo a la Oficina de Registro del Condado para que su mujercita no pudiera hacerla pedazos y decir que jamás se habían casado, y por último hizo una llamada a su oficina en L.A., comunicándoles que estaba de luna de miel y que no volvería a la oficina en al menos dos semanas. No tenía ninguna intención de dejar a Sere lejos de su vista hasta estar seguro de que aceptaba su nueva "situación". La tenía cuidadosamente vigilada incluso ahora, mientras estaba de compras, no confiaba demasiado en que no fuese a salir huyendo. Hasta ahora, todo perfecto.
La conocía lo suficientemente bien para saber que no incumpliría un contrato. Pero una boda improvisada no era precisamente un contrato de lo más habitual. Las mujeres tenían ideas anticuadas acerca de tales cosas. Y luego estaba su familia. Esos seis hermanos mayores que había mencionado una o dos veces, ese padre profesor de universidad y su madre maestra de secundaria. Corrección, mamá maestra de secundaria retirada. No había pensado lúcidamente en ello antes de tomar la espontánea decisión de ponerse a hacer las cosas a su manera. Si sus hermanos no conspiraban contra él todos a la vez, tendría una expectativa razonable de supervivencia.
Por supuesto, pretendía seguir pagándole su sueldo aunque estuvieran casados. Eso le haría pensar que la valoraba más. Ella le había dicho la noche anterior justo lo que pensaba de su falta de agradecimiento por haber sido una empleada ejemplar… y maldita sea, tenía toda la razón.
Pero no se había atrevido a confesarle lo mucho que la necesitaba. Cuánto había hecho y significaba para él. Cuánto le gustaba estar alrededor de ella. Cuánto disfrutaba de su ingenio y su enfoque sin sentido para los negocios. Había tenido miedo de que quizá pensara que estaba interesado en ella. ¿Hola? ¿Hay alguien en casa?
Sere no le había dado a entender en ninguna ocasión que deseara elevar su relación laboral a un nivel superior. Con respecto a él, una mujer sólo podía esperar que se elevara a un plano completamente sexual. Y el amor no era parte de la ecuación sexual. No era del tipo de hombre que se enamoraba de cualquier cuerpo y rostro hermosos. El amor no estaba en sus cartas. Sólo un sexo estupendo. Y no muchas mujeres podían aceptarlo sin toda la basura que normalmente se esperaba que lo acompañara.
Pero Tsukino no era una de sus frívolas amiguitas habituales, mujeres idealistas con los ojos puestos en la cerca de estacas puntiagudas de una bonita casa, niños y todo lo demás que suele ir con ello. Seguro que ella podía manejar una relación del tipo "sexo genial". Y seguramente, el hecho de estar casados haría que no sintiera como que la estaba usando sólo para la cama. Incluso si él estaba —por así decirlo— metido en una relación con su asistente personal.
Era una situación ideal para los dos. A ella le gustaba el sexo con él. A él le gustaba el sexo con ella. Era una mujer suave y ardiente en su totalidad, pero toda negocios también. Llevaban juntos más tiempo que la mayoría de las parejas casadas, ¿verdad? Iban un paso por delante, sin todo el romance y todas las tonterías del amor. Él podría lidiar con esto. Y estaba absolutamente seguro de que ella también, una vez que se acostumbrara a la idea. Piensa todo lo que se ahorraría en chucherías y flores. Ya no tendría que molestarse en atraer a una u otra fémina a su cama. Su pene creció muchísimo pensando en tenerla a su entera disposición sexual. Dulce Jesús, esta mujer le estaba haciendo perder la cabeza de mierda.
Había decidido pasar la luna de miel en Aspen. Después de la tonelada de dinero que se había gastado en un solo día en ella, no pensaba pagar otros cuatro mil quinientos dólares la noche por la suite nupcial. Podía meterla en la cama con la misma facilidad en Aspen que en Tahoe. Al menos, ahora todos esos gorrones se habrían ido.
Mierda. Se maldijo a sí mismo en voz baja por no pararse nunca a pensar las cosas como Dios manda. Le había ordenado que fuera a Aspen para sacarlo de las garras de la Señorita Barbie Modelo de Ropa y terminó casándose con ella. Recordó levantar la mirada y ver a la criatura más hermosa en la que jamás había puesto los ojos, hablando con Seiya Kou. Y luego el puño que le había golpeado en el estómago cuando se dio cuenta de quién era esa sensacional criatura. Había esperado que fuera arreglada para su fiesta, pero había ido vestida para la seducción. Para la suya. Bueno, tal vez no exactamente para la suya, per se, pero sin duda para la de alguien. Y la vista de Kou pavoneándose ante su propiedad personal casi había terminado con su bienvenida a ese hijo de puta. Apenas se había contenido de gritar a través de la sala de mierda, por Dios.
Y cuando le alcanzó la imagen del diamante en su mano, repentinamente se sintió tan jodidamente posesivo, que se asustó como el infierno al preguntarse quién puñeteros diablos se lo habría comprado. Entonces cayó en la cuenta de que lo llevaba por él, para simular ser su novia, y la idea lo había herido en las entrañas como un ponche caliente, provocándole algunos nudos sobre la piel de gallina, además de uno grande en particular que se había sentido sorprendentemente bien presionado contra su vientre mientras la engañaba para besarla.
Nunca había imaginado lo bien que se sentiría en sus brazos… y en su cama. Y la mujer sabía besar.
¡Oh, cómo podía besar! Cuando se abrió a él, casi se perdió por completo. Su boca le había sabido a miel caliente, a mujer ardiente lista para la acción. Se había puesto tan condenadamente duro, que supuso que ella probablemente le daría una bofetada en la cara y se iría, pero le había dejado sostenerla, acariciarla, probarla.
Dios, cómo le había gustado su sabor.
Y sabía bien por todas partes. Más tarde, en la cama, en su estado, había sido difícil conseguir excitarla lo suficiente para hacerle el amor. De hecho, la había lamido y chupado hasta que cobró vida con pasión, recompensando sus esfuerzos con el sexo más alucinante que había tenido desde que podía recordar.
La había desnudado, le había quitado esa cosa azul y oro irritantemente delicada, luego las bragas, las ligas y esas medias de seda que centelleaban como si sus piernas estuviesen cubiertas de brillantina. La visión de su increíblemente seria asistente personal gloriosamente desnuda, tendida en la jodida cama redonda, con los senos rogando por su boca, y su dulce, caliente, deliciosa vulva brillando con humedad mientras estaba ahí… bueno, él perdió la cabeza totalmente.
También se había desnudado y unido a ella en la cama, y mientras pasaba las manos sobre su nuevo juguete, estuvo dudando sobre cómo despertarla para pasar un buen rato. Pero ella había sido tierna y jugosa, y cuando extendió su coño y se colocó entre sus piernas, ella jadeó, se retorció y le agarró la cabeza, haciéndole entender que estaba dispuesta.
Oh, qué bien sabía, a dulce mantequilla caliente. La manera en que había gemido y se había movido mientras él la lamía, chupaba, mordisqueaba… le había excitado totalmente. Deslizó sus dedos profundamente, buscando su punto G y encontrándolo, observándola mientras se corría con fuerza una y otra vez por las sensaciones que le provocaba con sus manos y lengua. Le hizo perder la razón.
Y cuando se deslizó por su cuerpo desnudo para colocarse los muslos de Sere alrededor de las caderas, ella se aferró a él, tomando cada pétrea pulgada caliente que tenía para darle. Los sonidos que hacía mientras estaba en su interior lo habían vuelto completamente loco. La forma en que su cuerpo se había estremecido y apretado cuando se vino, ciñéndolo con fuerza, duro y profundo dentro de ella hasta que pensó que moriría de delirio, la manera en que enroscó sus dedos largos y delgados entre su cabello mientras lamía y chupaba sus apretados y pequeños pezones…
Casi se corre en los pantalones pensando en ella.
No. No iba a renunciar a tenerla. No durante un largo periodo de tiempo. Por lo general perdía interés en el minuto después de tener a una mujer, pero Sere no era una mujer cualquiera. Le pertenecía… para encerrarla, atesorarla y estrecharla. Y planeaba cobrarse el valor de cada centavo que había gastado regalándose a sí misma y seduciéndolo de esa manera.
Miró su Rolex y se preguntó si estaría de nuevo con el ordenador portátil planificando la agenda del próximo mes. Tenía un fuerte dolor de cabeza inducido por las próximas reuniones, la necesitaba de vuelta al trabajo. Pero por su vida que no podía conseguir apartar la mente de ese dulce coño brillando hacia él mientras se inclinaba para deslizar la lengua en su interior y ella se arqueaba y gritaba tan deliciosamente.
Mierda. Tenía que conseguir volver a pensar en los negocios.
