Disclaimer: Los personajes de S.M pertenecen a Naoko Takeuchi y la historia a Fran Lee. Las cardiacas y moralistas abstenganse de leerlo, ya que cuenta con alto índice M
El Trabajo De Serena
Capítulo 5
—¿Eres consciente que tu fiesta comenzará en menos de cuatro horas? —La profunda voz de Haruka estaba llena de irritación—. ¿Así que dónde diablos estás? Supongo que no pudiste salir de allí como prometiste…
Sere se estremeció y se pasó una mano a través de su suelto cabello.
—Estaré allí. Lo prometí y lo haré. Llamé al aeropuerto y les avisé de que tuvieran el jet preparado. Estoy sólo a una hora de distancia, en Tahoe. Dile a Mamá que no lo olvidé—Escuchó la puerta de la suite abrirse y se puso rígida.
—¿Estás en Tahoe? Pensé que habías volado a Aspen.
—Mira… deja de ser como una mamá gallina. He dicho que estaría ahí y estaré. Nos vemos en un par de horas—Colgó el teléfono y se giró hacia Endi, la expresión en el rostro de él no era precisamente amistosa.
—¿Y a dónde crees que vas en mi jet en un par de horas?
Ella respiró hondo, contando mentalmente.
—A casa. Le prometí a mi familia que estaría ahí y no los decepcionaré… otra vez—La inflexión en estas últimas palabras tuvo el efecto deseado.
—¿A qué hora?
—No interrumpirá tu horario. Haré que el avión esté de vuelta aquí antes de la medianoche.
Su penetrante mirada azul zafiro la congeló y se dio cuenta de que él estaba caminando lentamente a través de la gruesa alfombra, con los ojos deslizándose sobre su nuevo traje pantalón color azul verdoso.
—Veo que has hecho algunas compras más. ¿Sigo siendo solvente?
Sonrojándose furiosamente, Sere se enderezó y abrió la boca para decirle lo que pensaba. Error. Debería haber hecho una retirada estratégica. Las manos de él fueron a su cintura, arrastrándola cerca. Su boca encontró la uve profunda de la blusa y se estremeció de placer cuando la empujó sin concesiones contra su gruesa y dura erección. Logrando una débil respuesta, empujó las palmas de las manos contra su pecho a fin de ganar una pulgada de espacio para respirar.
—Por supuesto que eres solvente. En caso de que no fueras consciente de ello, te informo de que eres inmensamente rico, Endimión Shields, así que no me salgas con esa mierda por haber comprado un par de cosas que necesitaba.
Ignorando la réplica, presionó una línea de besos calientes sobre su garganta y murmuró seductoramente:
—¿Cuánto tiempo tenemos antes de despegar?
—Alrededor de una hora…
Ignoró su resistencia, trabajando por debajo de la blusa suave como la seda y de los pantalones, mientras ella se quedaba sin aliento y se fundía con él. Se abrió sus propios pantalones, el calor de la polla encontró su camino, atravesando la tanga que no hacía nada por ocultar los labios de su vulva, y chupó sus hinchados pezones a través del encaje del tenue sostén. La levantó y se envolvió las caderas con sus piernas mientras entraba en ella con un profundo gemido de placer, lanzando fuertes estocadas, alimentando las llamas con cada lenta y profunda penetración en su coño.
—Jesús, esa tanga se siente tan jodidamente bien arrastrándose sobre mi polla, Shields. No creo que pueda aguantar mucho más…
Sere gimió y empujó su clítoris contra la cremallera abierta, ignorando los afilados dientes de metal.
—Oh Dios… tócame… por favor…—Suplicó y lo sintió correrse justo mientras sus magros dedos encontraron el palpitante clítoris, enviándola sobre el borde para seguirlo hacia el clímax cuando él pellizcó su protuberancia adolorida de manera suave, a la vez que le mordía ligeramente un lado de la garganta. El orgasmo los sacudió a ambos mientras su coño lo apretaba fuerte y ordeñaba hasta la última gota de semen.
—¿Estás tratando de hacerme olvidar mi fiesta de cumpleaños, Jefe?
Su voz ronca detuvo los empujes de él cuando, con un sobresalto, cayó en la cuenta de que era su cumpleaños. ¡Qué puto idiota era! Incluso se lo había recordado con varias notas en la agenda. No era de extrañar que estuviera tan jodidamente enojada con él. Lo había olvidado. De nuevo. Enterró los labios en su piel de terciopelo y calmó la loca necesidad de follarla hasta tener suficiente de ella. Que sería más o menos…nunca.
—No. No perderás tu fiesta de cumpleaños, Shields. Pero todavía me quedan unos diez minutos de maravilloso tiempo con este coño absolutamente delicioso antes de tener que marcharnos al aeropuerto. Así que compláceme, por amor de Dios. Y nunca lo lamentarás. Ésta es MI promesa…
Le desabrochó el frágil sujetador diminuto y se inclinó para absorber profundamente un hinchado pezón entre sus hambrientos labios, rodeándolo con la lengua contra el cielo de su boca, mientras Sere daba un gutural grito de placer que hizo que la polla se le endureciera como un poste de acero una vez más. Sintió los dedos de ella dedos agarrándole del cabello, mientras se deleitaba con sus dulces senos, iniciando otra pulsante invasión lenta a su coño suculentamente húmedo, goteando con la espesa crema de su primera eyaculación. Dios, se estaba enganchando seriamente a esto.
Era tan jodidamente receptiva, pensó que moriría de placer embriagador con su apretada pequeña vaina aprisionándole el mojado eje. Cuando se dio la vuelta y la apoyó contra la pared de al lado de la cama, bombeó más fuerte, embistiendo más profundo mientras ella se aferraba a él y le rogaba que no se detuviera. Infiernos no. No tenía planes de parar nunca.
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Sere cerró la ducha y luego salió a la gruesa alfombrilla blanca, alcanzando una toalla que colgaba de una barra al lado de la regadera. Sus pensamientos estaban en los tres maravillosos orgasmos que le había dado justo antes de decirle que se bañara y vistiera. No le había llevado mucho tiempo volver a ponerse el traje verde azulado. Miró su reloj de oro fino. La estaba esperando abajo con una limusina para ir al aeropuerto. Tenía exactamente tres minutos para cepillarse el cabello y reunirse con él.
Se preguntaba qué dirían exactamente sus padres y hermanos cuando llegara en otra limusina, la cual estaría esperándola en su destino cuando el avión aterrizara. Usualmente llegaba en taxi. Su papá ya pensaba que estaba loca por trabajar para las Empresas Shields. Vería el lujoso vehículo como otra ostentosa trampa del estilo decadente en que su jefe vivía. Y maldito sea todo el infierno… el anuncio sorpresa de que acababa de dejar su trabajo no estaba precisamente cercano. Sólo que ahora, ya no cobraría por su trabajo. A menos que se considere como una especie de salario, una jodida inmensa cantidad de sexo ardiente.
Se enrolló el pelo aún mojado en un nudo sobre la cabeza y empujó una horquilla larga de marfil a través de él, agarró una chaqueta de Ante y calzó sus pies desnudos en unas sandalias de cuero verde azulado, riéndose por la extravagancia al darse cuenta de que aún estaba nevando afuera. Ah, bueno… en poco más de una hora estaría de vuelta en la templada y soleada California, dónde no encontraría ni un solo copo de nieve. Cogió el bolso y salió corriendo hasta el ascensor privado frente a las doradas puertas dobles de la suite nupcial. En una hora más o menos, estaría de vuelta con su familia.
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Se deslizó en el asiento trasero de la limusina y se encontró a Endi sentado en el otro extremo, aparentemente había tomado la decisión de acompañarla al aeropuerto.
—¿Está mi bolso de viaje en el maletero?
Endimión respondió a la pregunta que había hecho al conductor.
—Nuestro equipaje ya está en el maletero.
—¿Nuestro? —Sus ojos azules se deslizaron sobre ella una vez más y se estremeció. Dios, el hombre era suficiente para volver loca a una mujer sana mentalmente.
—¿No es apropiado para un marido reunirse con su familia política?
Eso la trajo inmediatamente de regreso a la realidad.
—No creo que éste sea el mejor momento para una reunión con mi familia.
—No les ibas a contar sobre mí—La tranquila declaración la ruborizó.
—Um… no. ¿Por qué arruinar mi fiesta de cumpleaños?
Él hizo una mueca teatral, y arqueó los decadentes labios.
—Creo que estarán encantados de que les lleves al dragón para arañarlo.
El aumento de su sonrojo fue correspondido con una sonrisa más amplia. ¿Cómo diablos sabía que lo llamaban así cuando hablaba con su familia? ¿La habría espiado? Imbécil.
—Creo que no deberías ir conmigo.
Fijó los ojos en su cara roja.
—Dime, Shields… ¿estabas planeando regresar a Aspen después de tu fiesta o tu plan era enviar de vuelta al avión sin ti?
Pillada. Se mordió la comisura del labio inferior.
—Necesito un poco de tiempo. Me engañaste, ¡maldita sea! Necesito espacio para ordenar todo esto. Me debes eso por lo menos. Fui tu recadera durante siete años y ni siquiera te fijaste en mí como mujer. Luego, de repente, decides atraparme cómo buenamente puedes para que me quede. Sabías que planeaba decirte que tomaras tu cómodo trabajo y te lo quedaras, y me atrapaste. Me lo debes.
—¿Atraparte? —Su frente se levantó con maldad—. Yo diría que tú me atrapaste, con ese puto vestido sexy, colgándote de mí y rozando ese dulce coño en mi muslo, y…
Su rostro se puso más caliente. Ella levantó la mano con una sacudida para detener sus palabras y tragó.
—Yo nunca…
—Oooh, lo hiciste. Y me quitaste la camisa y lamiste mis pezones. ¿Quieres oír todos los detalles vergonzosos, Shields?
Ella no podía recuperar el aliento. Oh, Dios Mío. ¿Realmente había hecho eso? Su falta de respuesta pareció ser entendida como un permiso para continuar y él se apoyó más cerca para susurrarle seductoramente al oído.
—Me frotaste la polla a través de los pantalones hasta que pensé que iba a estallar, y en cuanto la sacaste y me la chupaste, estuve perdido. Infiernos sí, hiciste todo eso.
Ella se retorcía en el asiento, con el coño mojándosele sólo por escucharlo. De repente él estaba en el suelo, entre sus piernas, sus manos desabrochándole los pantalones.
— ¿Te he puesto caliente contándote lo que me hiciste? ¿Quieres que haga eso por ti, Shields? Vamos, levanta las caderas…—Él le arrastró la ropa hacia abajo, se la sacó y le abrió los muslos, doblándose para lamer los labios de su brillante vulva a la vez que deslizaba la húmeda tanga a un lado.
Sere echó la cabeza hacia atrás contra el asiento y detuvo el grito de alegría que casi abandona sus labios al sentir esa caliente lengua bañándole la raja.
—¡Para! Casi estamos en el aeropuerto.
—Entonces, necesitas llegar rápidamente al orgasmo para que el conductor no nos encuentre aquí con mi cara enterrada en tu coño—Su voz era un ruido rasposo de diversión mientras le chupaba el palpitante nudo caliente de nervios con los labios y tiraba seductoramente de él hasta que ella se arqueó y rompió en un millón de brasas brillantes.
—¿Otro? —Él sopló contra su coño y sintió sus magros dedos penetrarla profundamente, buscando el punto G al tiempo que una vez más tiraba deliciosamente de su clítoris con los labios.
—¡Oh, Mi Dios! —Exclamó, mientras de nuevo caía en espiral en las garras de otro tembloroso, astillado clímax. Y mientras retiró los dedos y se los lamió, sus ojos sostenían los de ella, que respiraba entrecortadamente—. Eres un malvado, malvado hombre, Jefe.
—Y tú eres un caliente y sabroso bocado que disfrutaré a fondo tan pronto como tu fiesta haya terminado y de nuevo te tenga a solas para mí
