Disclaimer: Los personajes de S.M pertenecen a Naoko Takeuchi y la historia a Fran Lee. Las cardiacas y moralistas abstenganse de leerlo, ya que cuenta con alto índice M

EL TRABAJO DE SERENA

Capítulo 6

Ni los halagos, amenazas o súplicas de Sere pudieron persuadir al muy maldito de abordar ese avión y acomodarse para emprender el corto vuelo hacia el hogar de sus padres. Su némesis cerró los ojos y se recostó en el asiento de felpa situado frente al de ella. Trató de no mirarlo. Quería seguir enojada. Pero para el momento en que aterrizaron en el aeropuerto en LAX, había memorizado cada sexy vello y línea de su cara, contado cada deliciosamente larga pestaña que se curvaba sobre sus pómulos, y había sonreído al descubrir que, sólo si su cabeza caía del lado del cojín del asiento, roncaba ligeramente.

Cuando Endi abrió los ojos parpadeando y bostezó ampliamente, ella luchó por ocultar el hecho de que se había estado comiendo con los ojos cada pulgada del hombre mientras dormía. Oh, pero era delicioso. Incluso fuera de combate, era suficiente para mantener sus bragas mojadas durante todo el viaje. Desnudo o vestido, no necesitaba nada para encender a una mujer en llamas.

Conforme bajaban del jet y se sentaban en el elegante Rolls Silver Shadow que él había concertado para viajar desde LAX hasta la casa de su familia en Culver, se preguntaba cómo iba a presentarles exactamente a su jefe/esposo. Allí estaba ella, llevando a casa a la persona que todos pensaban que era un completo gilipollas machista, y para colmo, luciendo su enorme anillo. Se estremeció al pensar en lo que su padre le diría a Endi, sin siquiera esperar a escuchar una explicación. Y Haruka y Andrew… habían mencionado cómo planeaban aplastarle la cara cuando lo vieran. No, los gemelos no herirían un ápice al hombre, a menos que ella se lo pidiera primero. Si el muy tonto insistía en acompañarla, necesitaba asegurarse de que no iba a ser machacado.

La miró pensativamente mientras la observaba coger el teléfono móvil y marcar el número del domicilio de sus padres. No le dijo nada. Esperó, antes de hablar, hasta que saltó el buzón de voz y colgó con disgusto.

—Ya he llamado. Saben que voy contigo.

Se quedó boquiabierta.

—¿Ya has llamado? ¿Cuándo?

—Cuando te tomaste todo el tiempo que necesitaste para salir del hotel. Consideré que era oportuno que conocieran nuestro arreglo. Debo decir que tu madre se lo tomó bien. Pero pude escuchar de fondo una voz masculina amenazando con cogerme la polla y envolvérmela alrededor de la garganta. Me sentí halagado porque pensara que la tengo tan larga—Sus labios se curvaron en una sonrisa maliciosa ante el shock reflejado en su cara.

—Se lo contaste—Rechinó ella furiosamente.

—Se lo conté. No estoy seguro de la recepción que tendré cuando lleguemos, pero no habrá crisis.

El pánico la inundó. ¿Cómo demonios iba a enfrentar a su familia? Todos estos años oyéndolos hablar de lo bastardo que era Endimión Shields, para acabar casándose con él… ¡oh, Dios! Nunca escucharía el final de esto.

Una delgada mano se envolvió alrededor de la de ella, que descansaba en su regazo retorciendo el pantalón del traje verde azulado en un puño. Sere levantó la vista y con la mano libre enjugó las lágrimas que se deslizaban por su rostro.

—Mis hermanos juraron rajarte la garganta. Espero que estés preparado para la mutilación…

—¿Esa lágrima es por mí? ¿No quieres ver mi cuerpo mutilado y tirado en el jardín delantero? —Su voz era profunda y ronca.

Ella respiró un profundo, agitado aliento, y aspiró. ¿Era por él? ¿O era por sí misma? ¿Cómo podía enfrentar a su familia cuando se había casado con un hombre simplemente por la conveniencia de él? Sin boda de blanco. Sin gran recepción. Sin desayuno familiar. Por supuesto, su padre estaría encantado de haberse librado de los enormes gastos de una boda. Pero su madre se sentiría defraudada por no haber tenido la diversión de ayudar a planear el ajuar de novia de su única hija.

Oh, bien. Tal vez después de que su jefe se cansara de ella y se divorciaran, podría programar la siguiente boda de la forma en que su madre siempre había soñado. Dio un suspiro tembloroso y luego exhaló sonoramente mientras su jefe/esposo dejaba caer un largo brazo alrededor de ella y la atraía hacia su pecho de una manera casi reconfortante.

—Relájate. Si alguien te ve así, podría pensar que ni siquiera me gustas, Shields—La voz era un cercano gruñido suave sobre su oreja. Cerró los ojos y hundió la cara contra la piel caliente, deliciosa de su garganta.

—Te odio—Respiró con fatiga.

—No, no lo haces—Descansó la barbilla en la parte superior de su cabeza y ella pudo sentir cómo besaba su alborotado cabello.

—Quiero odiarte—Rectificó mientras un estremecimiento recorría sus nervios, en reacción al toque de unos finos dedos deslizándose por la línea del escote de su blusa, para trazar la curva de sus senos.

—Tenemos media hora antes de llegar. ¿Será tiempo suficiente para convencerte de que no me odias? —Sus labios acariciaron el nervio en la base de su oreja y ella gimió.

—Deja de besarme.

—Está bien—Susurró con voz ronca, y en su lugar, le lamió la vena que iba desde la garganta a la clavícula.

—Oh—Gimió y le empujó la cabeza sin mucho efecto—. No quiero que me toques.

Su voz sonaba curiosamente jadeante, contradiciendo esas palabras. Y cada pensamiento acerca de rechazar su toque la abandonaba a la vez que él subía de la clavícula a los labios y tomaba su boca con una ferocidad que la aturdió. Cada pulgada de su piel ardía por el deseo de ser tocada. Cada lugar privado de su cuerpo anhelaba ser invadido. Y cuando deslizó las manos por debajo de la blusa y cintura, ella se derritió en el beso, incapaz de negarle nada.

Endi no deseaba nada más que desnudarla y lamer cada centímetro de esa deliciosa piel a su alcance, pero sabía que no disponía del tiempo suficiente para hacerle justicia. Asombrado por su propia necesidad de probar a Sere, deslizó la camisa lejos de sus senos y los lamió y mordió a través del encaje y el raso del sujetador. Arrastró la punta del satinado pezón a su boca y la hizo gemir de placer mientras deslizaba la mano más lejos, dentro de sus pantalones, hasta que sus dedos encontraron la joya húmeda que buscaban. Sus pensamientos lo abandonaron completamente cuando introdujo profundamente dos largos dedos en su caliente vagina apretada y masajeaba el punto dulce que sabía que la llevaría al clímax.

Se arqueó en su mano cuando él usó la lengua para simular lo que sus dedos estaban haciendo, y se la aspiró profundamente al tiempo que ella se dividía en un estremecedor, tembloroso orgasmo que casi lo hizo venirse en los pantalones. Él continuó jodiendo su dulce coño con los dedos hasta que susurró entrecortadamente.

—Oh, Dios, Endi. Me estás matando.

Dejó de mover la mano. ¿De verdad lo acababa de llamar por su nombre? Dio al clítoris una larga, amorosa caricia al sacar los húmedos dedos y le acarició suavemente el nudo y los labios, frotándolos hasta que ella dio un grito ahogado y se convulsionó una vez más entre un gimiente, jadeante clímax.

—¿Estás segura de que todavía me odias? —Él levantó la mano y tiró suavemente del broche de marfil de su aflojado cabello, dejándolo caer en gloriosos rizos alrededor de su cara sonrojada.

—Sí… no… ¡No lo sé! —Su aliento le calentaba la garganta y se rió entre dientes mientras sacaba la mano de su pantalón y se limpiaba los brillantes dedos con un pañuelo inmaculado. Sonrió por el sonrojo de su rostro mientras lentamente inhalaba el olor en el pañuelo, antes de devolverlo al bolsillo del pecho.

— ¿Qué tal si me echas una mano, Shields? —Acarició su frente con los labios, y ella tragó fuertemente, luego le desabrochó los pantalones y tiró de su polla hinchada, gruesa, liberada de los bóxers de seda y de la bragueta de los pantalones —. ¡Dulce Jesús! —Gimió, y observó a su esposa deslizarse al suelo del asiento trasero y tomarlo en su caliente boca sin un momento de indecisión—. Oh, preciosa, tú…—Pasó los dedos por sus gruesos rizos y cerró los ojos mientras ella devoraba su eje, lamiendo con la lengua la gruesa vena del lado inferior mientras lo chupaba duro y profundo.

Oh, sí, él no tenía intención de dejarla ir… jamás.

Sere se sorprendió de sí misma. Lo único que había necesitado, para hacerla olvidarse de todo, fue un maravilloso orgasmo. Y el hombre podía darle orgasmos a mansalva. De hecho, parecía que le encantaba hacerlo. A medida que le bajaba la cremallera de los pantalones y mantenía avergonzada su mirada azul media noche oscura, se preguntó si siempre habría sido una ninfómana reprimida o si él la había convertido en esto que era ahora. Él sonrió, sacó el pañuelo de su bolsillo, y suavemente le dio toquecitos en la comisura de la boca para limpiar un poco de semen que no había logrado bajar por su garganta. Y sólo por un momento, la tierna apariencia de esa mirada, casi destruye su decisión de alejarse de él. La estaba mirando como si se preocupara por ella.

—Debo estar hecha un absoluto desastre—Suspiró mientras volvía a hundirse en la exuberante piel del asiento y se metía la blusa en los pantalones.

—Tienes un aspecto lo suficientemente apetecible como para comerte.

—Oh, por favor. Para ya. No necesitas fingir hasta que estemos delante de mi familia —Su voz tembló—. Tengo que admitir, Endimión Shields, que lo tienes todo para volver a una mujer loca de placer, pero ambos sabemos que sólo te casaste conmigo para evitar que renunciara a mi trabajo, así que mantén las palabras de amor al mínimo.

Esa sonrisilla tranquila curvando su decadente boca casi es bastante para hacerle olvidar la determinación de mantenerlo a un brazo de distancia durante el resto del tiempo que estuvieran en casa de sus padres. La limusina estaba desacelerando y girando, y se mordió el labio inferior para controlar su temblor.

—Por favor… sólo, por favor, no empieces nada con mis hermanos. No quiero que te rompan en pedacitos. Después de todo, tienes que respaldarme.

—No voy a empezar nada. A menos que me obliguen a terminar algo, no habrá violencia—Su voz era divertida.

—Esto no es gracioso. Me estoy volviendo loca con este asunto. Mi familia siempre te ha detestado por la forma en que me has tratado los últimos años…

—¿Quieres decir que te he maltratado por pagarte el doble de lo que hubieras ganado en cualquier otro sitio? ¿Por permitirte tener libertad de acción en mis participaciones sociales, poner a tu disposición mi avión personal y asegurarme de que tu seguro médico y dental fuesen los mejores que el dinero pudiera comprar? — Sus cejas se levantaron interrogantes.

Con la cara ardiendo, ella lo miró.

—No… quiero decir por la forma en que me llamabas a las 3:00 a.m. para decirme que necesitabas que me levantara de la cama y fuese a rescatarte de alguna piraña en la habitación de un hotel haciéndome pasar por tu mujer…—Apretó los dientes—. O por cómo simplemente 'olvidaste' que tenía prevista una fiesta de cumpleaños y demandaste mi presencia en Aspen para salvar tu triste culo de un amorcito al que te referías como `Señorita Barbie Modelo de Pasarela'…

Su profunda risa fue la última gota que colmó sus destrozados nervios. Su mano salió disparada y debía haber conectado elegantemente con esa sonriente boca… excepto que de repente se encontró aplastada sobre el asiento de cuero, con los brazos firmemente sujetos tras la espalda y la fija mirada de él estrechada sobre la suya. Movió la cabeza lentamente, con esos ojos azules brillando con peligrosas intenciones.

—Oh, no… No habrá bofetadas ni mordiscos, querida. Podrás gritarme y chillarme cuando estemos solos, pero no queremos arruinar tu fiesta de cumpleaños con una pelea de gatos, ¿verdad?

—Oh… tú…—Balbuceó ella sin poder hacer nada.

—Siempre supe que había una arpía dentro de ese frío e imperturbable exterior, cariño… pero guárdala para después, cuando ambos podamos disfrutar domándola.

—Deja de llamarme así—Susurró mientras la recolocaba sobre el asiento a la vez que se detenía la limusina.

—¿Llamarte qué? ¿Cariño? ¿No es como un esposo recién casado llama a su esposa? —Sus ojos crepitaban con deleite.

— ¡No te creo, Endimión Shields! Eres el mayor… el mayor…—Farfulló, entonces al instante recompuso el rostro cuando el conductor abrió la puerta, y vio a su padre y a su madre de pie en el porche de la casa, esperando con nerviosismo—. Te diré lo que pienso de ti más tarde—Susurró mientras se alisaba el cabello, se pegaba una sonrisa de felicidad en la cara, se despegaba del asiento de cuero y se apresuraba a subir las escaleras para abrazar a sus padres.

N/Adaptadora

Gracias por leerme chic s y sus review mañana si puedo les subiré los últimos dos capítulos de esta gran historia de Fran Lee que aun que cortita me hizo envidiar mucho a serena con tantas escenas lemmon entre ella y mi Endi bueno sin mas nos leemos en mi próxima actualización

Isis Gremory