Lala Lulu: Hola! Bueno, se viene el interrogatorio de Rei y un testigo inesperado habla a su favor. Quien va a ir directito a sacudir algunas jaulas es Vergeta, pero en un giro inesperado tan solo termina acercándose más a su hermano. Y sí, empieza el ataque de los androides. Alisten sus cinturones.
¡Advertencia! Si ya has leído mi historia anterior sabrás que yo no escribo Lemon, sino Smut, mucho Smut. Smut es sabrosura primero, explicaciones después. Así que esto es para adultos ¡Porque soy una maldita pervertida!
No me pertenecen los personajes, son Creaciones de Akira Toriyama y Naoko Takeuchi. Hecho por un fan, para algún otro fan que ande dando vueltas por la Vía Láctea…
Capítulo 26
Serena no había visitado a Rei desde el evento, no era que estuviera enojada, estaba en verdad preocupada por la verdad que ella se guardaba. Así lo veía, porque no quería decir ni pensar que Rei era una mentirosa. —"Pero yo guardé su secreto de sacerdotisa que larga fuego y eso ¡¿Por qué no confió en mí?!" —Se detiene en el pasillo, iba a encontrarse con Vegeta, pero su mente llega a una conclusión que ella no quería llegar. —"Ella odia a los Saiyajin…Al menos lo hacía ¿Y si vino a matar a Vegeta?" —Saca el pecho y camina decidida, eso sería algo que no podría perdonar.
Vegeta se encontraba con Serena, caminaba casi arrasando el aire, por detrás la custodiaba Kakarotto. Su sonrisa de borra al verla con los gestos tan duros. — ¿Pasó algo? —La mira a ella y mira a Kakarotto.
—No pasó nada. —Serena contesta, trata de controlar su enojo. —Vine a escuchar sus explicaciones. —Está por abrir la puerta y Vegeta la detiene.
—Serena, escúchame. — Vegeta la toma de la mano, le hace una seña a Kakarotto para que desaparezca.
Serena ve al Élite irse con una sonrisita, como si esto fuera un momento "íntimo y cariñoso" entre ellos. Pero está tan tensa, que sabe que no es así.
—Mírame. —La toma de la mejilla. —Te ves linda cuando estás cabreada. —La escucha largar un bufido y alejarse. — ¿Alguna vez ella te hizo daño?
Serena, se cruza de brazos. —No, nunca. —Se gira sobre sus pies a él. —Pero eso no quita que si ella vino a lastimarte, también es peligrosa. Siempre me hablaba mal de ti, de tus padres, de todos los Saiyajin.
— ¿Y lo siguió haciendo? —Vegeta frunce el ceño. — ¿Aun cuando nos vio juntos y compartiendo la misma habitación? —La ve negar muy discreta. —Que me odien o hablen mal de mí o la Familia Real, es algo que puedo soportar. No que te hagan daño a ti por estar conmigo. —Se acerca, desarma los brazos cruzados de Serena.
Serena toma aire un par de veces, sabe que si no se calma Vegeta no la va a dejar acompañarlo. Le pide abrir la puerta y entran. Están Bardock, Raditz y Rei en el medio. Los saluda con respeto, es la primera vez que Serena no se siente incómoda porque alguien se reverencie frente a ella. Pero sospecha que es porque está a la defensiva.
—Señorita Hino. —Vegeta se inclina, se sienta frente a ella en la mesita de té. Ve a la morena seguir con la cabeza gacha. —Por favor, no vine a hacerle daño. Porque en el fondo creo, que no hay razón para ello ¿Se siente mejor de salud? —Le consulta sincero.
Rei se levanta, queda sentada, se siente tan avergonzada. Dice que sí con la cabeza. —Alteza, yo quiero pedirle disculpas. En especial a Usted Princesa, yo… —Rei se siente pésimo, ésa mirada severa de Serena la hace sentir en un pozo de mierda.
—Yo no soy una Princesa. —Serena le aclara, su tono es normal. —Tú sabes quién soy, ahora, vine a saber quién eres tú. —Serena lo dice como un ruego, se inclina y pone una mano en su pecho, como intentando contener el dolor que puede producirle la confesión de Rei.
—Yo soy… Soy una Sacerdotisa del Templo Hikawa. Desde pequeña, he tenido poderes extra sensoriales. —Habla tranquila. —Un día, justo el día que decapitaron a mi madre, tuve un sueño. En ése sueño había una caja con dos gatos, gritaban y maullaban cerca de un parque. Por lo general, mis sueños me dejan ver qué es lo que pasará. Pero es muy simbólico, por eso me sorprendió, cuando busqué ése parque. Ésos gatos estaban ahí, les habían puesto una cinta en sus frentes. —Rei se toca el ceño. —Una Luna Creciente, era el símbolo del Milenio de Plata. Los salvé y me fui a meditar al fuego sagrado, preguntándome si ésa leyenda era cierta. Una imagen muy clara se hizo presente. —Rei mira arriba, recordando vívidamente. —Los Planetas se alinearían, vi Guerreros con sus Semillas Estelares, resurgir a los pies del Trono Saiyajin. —Todos quedan en silencio, escuchándola. —Y derrotando al Imperio. —Hace una pausa. —Eso es lo que me trajo aquí, el fuego sagrado me marcaba éste lugar, vine buscando a ésos Guerreros Estelares. Y…—Rei frunce el ceño, un poco triste. —Y a matarlos si tenía la oportunidad.
Unos momentos de silencio, Vegeta ve a Raditz acercarse a Rei y tocarle el hombro con cariño. —Mencionó algo sobre la "Copa Lunar".
—Sí. —Rei asiente. —Ustedes robar—Se corrige. —El Rey Vegeta robó la Copa Lunar, y ahora ya no me caben dudas. Lo vi de cerca, una Maldición lo consume.
—Bien, pero ¿Sólo por un sueño venir hasta aquí? ¿Arriesgarte así y mentirnos a todos? —Serena trata de que no se le quiebre la voz y al mismo tiempo no gritarle.
—Puedo probar que lo que digo es cierto. —Mira hacia atrás a Luna y Artemis.
Una vez más Artemis hace algo que puede ser causal de divorcio, vuelve a confiar en los Saiyajin. Camina y se sienta, aclara su garganta. —Mucho gusto, mi nombre es Artemis y soy un Emisario de la Luna. —Mira hacia atrás y Luna cae patas para arriba, sabía que si le contaba lo que planeaba, su pareja estaría en contra.
—Mucho gusto. —Serena responde y en 3…2…1. — ¡¿EL GATO HABLA?! ¡Aaah!— Da un salto asustada, Vegeta queda con los ojos redondos, al igual que el General.
—Sshhh… Mujer tranquila. —Vegeta intenta calmarla y volver a sentarla en su lugar. —No temas, no es dañino ¿Verdad? —Lo apunta con su mirada asesina y el gato blanco rasca su nuca y le asegura que no se preocupe.
— ¡¿Pasó algo?! —Kakarotto abre la puerta de una patada, está en guardia, preocupado por el Ki tan alterado de todos.
— ¡Sí, sí! ¡El gato habla, mañana te cuento! —Vegeta lo saca a patadas.
—Oh… —Kakarotto queda afuera, y en 3…2…1. — ¡¿Qué QUEEEEE?!
—Lo sabía, yo lo sabía… —Raditz señala a Artemis y a Luna, que se va resignada junto a Artemis.
—Mucho gusto yo soy Luna, Emisaria Lunar. —Se inclina un poco.
— ¿Emisarios? ¿Hay gente del Reino Lunar todavía? —Vegeta les pregunta.
—No, nosotros somos reencarnaciones. —Luna contesta.
—Entonces… ¿Saben lo que pasó aquí hace treinta años? —Bardock pregunta y se baja un vaso de agua, Raditz le sirve otro.
Artemis niega con la cabeza. —No, porque cuando los Saiyajin vinieron, eliminaron a todo familiar o descendiente que tuviera que ver con los Guerreros Scouts. Se mantenía una línea familiar, porque así era más fácil pasar la información de una Generación a la otra. Para evitar éstos problemas que tenemos ahora. Porque los portadores de las Semillas Estelares, renacen sí o sí. Es más, si hubieran eliminado el Planeta, renacerían en puntos más lejanos.
Vegeta se mira con Bardock. —Por eso nunca eliminaron éste Planeta… No eran simples libros de cuentos o leyendas.
—Sí, y supongo que fue también, porque el Rey creía que volviendo a encontrar la Copa Lunar se salvaría. — Luna les cuenta. —Pero nuestros recuerdos están incompletos, por eso nos urgía la información. Porque temíamos que volvieran a salirse con la suya.
—La Maldición que carga su padre… —Rei le llama la atención a Vegeta. —Es porque usó la Copa Lunar. El poder de la Copa, se alimenta de la energía en la Semilla Estelar que cargan los Scouts. Él no tiene nada de eso, y su poder lo consumió. Técnicamente está muerto en vida. —Hace gesto de asco al recordar la sangre podrida, y el rostro casi en los huesos.
—Ten Rei… —Raditz le da un vaso de agua, para que no se descomponga.
Artemis continúa. —Lo sentimos, de verdad. Hace diez años, cuando vimos lo que Rei predijo en el fuego, le hablamos. Nosotros necesitábamos a alguien que nos ayudara en nuestra misión. Planeamos todo usando las predicciones de Rei. —Artemis baja la cabeza. —Sentimos mucho todo lo que ha pasado, si hay alguien culpable, somos nosotros. Estuvimos durante años con Rei, diciéndole que conseguiría, no sólo vengarse, sino liberar a la Galaxia.
Vegeta exhala fuerte, se recuesta un poco. — ¿Y por eso la mandaron frente al Rey a correr ése riesgo? —Levanta el tono.
—No ¡Por favor! —Rei le ruega. —Ellos no sabían nada yo… Vi algo hace unos días. Soñé con un bebé, una mujer le cantaba su canción de Cuna.
Vegeta siente escalofríos, parpadea intentando disimular, pero sabe, por la mirada que tienen Bardock y Raditz, que ellos se dieron cuenta. Sigue en silencio, dejándola relatar.
—Una nave Saiyajin llegaba, cubría el cielo. —Rei cuenta. —Luego la mujer estaba decapitada, la oscuridad y la sangre se extendía y me llevaba hasta el Trono Saiyajin. La sangre brotaba sin cesar de los pies del Rey Vegeta y La Reina Selypar.
— ¿El Rey te llevó a la fuerza? —Vegeta le pregunta. — ¿Él sabe algo de lo que ha visto o algo así?
Rei tiembla negando con la cabeza. —Sólo, sólo creo que sabía de mi sexto sentido. Hasta me acusó me dijo: "Mira lo que tu gente me hizo". Pero creo que ya está demente, yo no soy una Sailor Scout.
—Señorita, yo… —Vegeta siente tanto asco, de ser hijo de quien es. Quizás hace mucho, él hubiera hasta avalado que por poder, se cometieran ésas atrocidades, pero ahora mira a Serena ¿Qué pensará de él? —Solo quiero que confíe en buscar refugio con nosotros. Así como ustedes. —Señala a los gatos. — Aquí es seguro y… ¿No le gustaría entrenar de verdad? —el tono de Vegeta cambia drásticamente.
Rei parpadea grande, ya de poco vale seguir mintiendo. — ¿Cómo entrenar de verdad?
—Me despierta curiosidad, nunca vi a un Terrícola lanzar fuego. —Vegeta puede notar a Raditz algo molesto. — Así como me sorprendí de uno, que tira rosas tan afiladas que cortan la carne.
Serena queda con las cejas al techo, no sabe a quién se refiere. —"Apenas me quede a solas con él, le voy a preguntar". —Suspira a un lado, todo parece más tranquilo. —Creo que si estás en Pareja con un Saiyajin, tu manera de verlos o pensar sobre ellos ha cambiado. Yo no soy rencorosa. —Serena le pasa una mano.
—Gracias. —Rei le toma la mano, siente que hace tiempo no respira. Como si un peso se le hubiera quitado.
Vegeta mira la hora, revisa su Scouter. —Ahora, antes del almuerzo tenemos la audiencia. Los Coroneles están ansiosos, quiero creer que quieren aprobar todo antes de que se vayan los invitados de Tech-Tech.
Rei también les cuenta en detalle cómo se la llevaron de la fiesta, de nuevo vuelven a pedirle que ya no se arriesgue así. Todo es un caos y más sin saber qué ha pasado en el Área central del Palacio. Dejando un ambiente más positivo, Vegeta y Serena salen de la habitación de Rei. Caminan tranquilos, Vegeta puede sentir la mirada de lado de Serena. — ¿Más tranquila?
—Podría preguntarte lo mismo. Vi muy claro el gesto que pusiste mientras ella hablaba.
—Imagínate, si me sentí sucio cuando supe lo que te sucedió a ti y a tu amiga. Ahora saber esto. —Vegeta mira al jardín, ya queda poca nieve en el suelo. —Es como si el pozo no tuviera fin. —Presiona los puños.
Serena abre la puerta de la habitación, le parece extraña su respuesta, ya que ella en verdad preguntaba por el gesto triste que puso cuando Rei relataba su "sueño". No le pareció como odio. — ¿Piensas reclamarles en plena Audiencia?
Vegeta entra y cierra la puerta, trata de evadir el que Serena calme su mente. Lo piensa mejor y se va a la oficina. —Estoy en todo mi derecho, no sólo es mi Séquito, también el tuyo.
—No han dicho nada, y Rei nos aclaró del ataque. Supongo que será una palabra contra la otra.
— ¿Pretendes que deje pasar una injusticia? —Vegeta se apoya contra su escritorio, articula su pose defensiva y dura.
—Nooo… —Serena toca sus brazos, pero no hay manera de desenroscarlos. —Lo que digo es que pienses con la cabeza fría. Tantea el terreno ¿No es eso lo que siempre haces? ¿Actuar con inteligencia? —Con un tono algo sarcástico.
Vegeta no quiere darle la razón, a cambio, quiere cambiar de tema. — ¿Cómo sigues con tu entrenamiento del Ki? —Toma un estilete, que estaba enfundado en su escritorio, un regalo de hecho con metal del Planeta Cuntilhia, una réplica exacta del arma antigua. —Estoy pensando, en que Rei tiene poderes espirituales, quizás los tuyos son parecidos. —Quita sus guantes.
Serena queda con la mandíbula en el suelo ¡Qué manera más sucia de cambiarle el tema y evadir! — ¡Hmp! Pues todo igual… Además ¿Qué poderes? —Serena eleva sus manos al cielo por una respuesta.
Vegeta carga un poco de Ki y corta su mano con el estilete. Espera la reacción de Serena.
Los ojos de Serena quedan en shock. — ¡¿Qué mierda estás haciendo?! —Serena salta, toma un pañuelo dentro de su Kimono y le envuelve la mano.
—Estoy probando. —Vegeta corta más profundo, incluso cortando el pañuelo.
— ¡Deja de hacer eso maldito demente o te voy a matar! —Serena grita en lo alto, trata de quitarle el arma. Le envuelve bien la mano.
—No me voy a morir por un corte. —La mira con atención. —No lo sé, supuse que quizás tus poderes se "activaron" por accidente por un susto o algo así.
Serena lo tironea hasta el baño, rechista y ni siquiera presta atención a lo que él le dice. — ¡¿Qué van a decir ahora en la Audiencia si te ven así?!
Vegeta se encoge de hombros. —Diré que fue entrenando…
Serena lava la sangre en el lavamanos, busca en el botiquín unas vendas, le tira un poco de desinfectante para heridas, y le ajusta bien brusco las vendas para que le duela. Pero apenas lo hace fruncir la punta de su nariz. —Jummm… Si quieres le pregunto mañana, hoy ya tengo el día ocupado. Lo que sea para evitar que quieras darme éstos sustos.
La toma de la cintura. — ¿Un beso de buena suerte? —Ella frunce toda la cara. —Hoy sí que estás de mal humor.
—Bien, lo siento. Necesitas mi apoyo en estos momentos. —Serena se abraza a él, se acerca y le da un beso. Se pone de puntitas, queda perdida en el calor de su boca. Pero Vegeta. —¡OYE!
Vegeta la toma del trasero y se lo presiona bien fuerte, casi abriendo sus muslos para levantarla a la cama. — ¿Qué? Es para la suerte. —Se ríe y ella intenta no contagiarse, pero la busca y la busca con la punta de su nariz y Serena termina estallando de la risa. —Jajaja, qué mujer tan débil. —Se la lleva girando hasta la habitación.
Selypar estaba caminando a la Audiencia, pretendiendo que su presencia haga algún cambio. Estos días, luego de la Fiesta de Año nuevo, fueron un martirio. Casi no ha dormido, se ha enclaustrado entrenando. — ¿Nadie sabe de la condición del Rey?
—No Majestad. —Paragus camina junto a ella. —La Regencia pudimos interceptarla, porque el Rey hizo lo Protocolar, notificar primero al Heredero. Como hace años que el Príncipe no usa los Scouters o nuestros sistemas de comunicación, le envió una copia escrita.
Selypar exhala, une sus manos adelante, su pose digna de Reina de Los Saiyajin, no se desarmará ni en plena batalla. —En caso de declarar Incapaz al Rey Vegeta, debo asegurarme de que los Coroneles rechacen la Regencia. Debo asegurarme de tenerlos de mi lado, que acepten que yo soy idónea para estar a la cabeza. —Se detiene y observa al Príncipe Vegeta aterrizar, junto al General y Nappa. —También debemos empezar a planear cómo irnos una vez que mi esposo muera, volver a Nuevo Vegeta-sai será un punto a nuestro favor. En nuestro territorio, seguro encontraré más aliados que aquí.
Vegeta se encontraba con su madre, la saludaba y también al Ministro. Tarble aparecía, con su gesto frío y endurecido, lo tomaban normal. Tanteaba la situación, Bardock y Nappa también y nada. Tal parece que a ellos no les conviene que se sepa lo que intentó hacer el Rey hace unos días.
Unánime, el Príncipe Vegeta sabe que debe ser precavido ¡Pero al carajo! Rechista en triunfo y presiona los puños. Respira hacia arriba, se acercan a felicitarlo.
—Jajaja, parece que dudaba del resultado. —Uno de los Coroneles le da la mano.
Vegeta acepta el apretón. —Nunca se sabe. —Se ríe y se felicita con su Séquito. Mientras se siguen saludando, tan solo ve la tela del lujoso Hanfu de su madre, desaparecer por el pasillo.
Abre de par en par la puerta. — ¡Dime que es tiempo! ¡Dime que ya puedo atacar!
Nehe se lo esperaba, mira el reloj y mira la nieve en el marco de la ventana. —Majestad, os digo de nuevo. No caiga en la desesperación, lo que pretende hacer con ése científico no funcionará. —Se sienta, toma en su delgada mano una copa, gira la bebida, le da un sorbo. Los lujos que le está dando la Reina, le indican que está empezando a creer en sus predicciones y consejos. —Pero, para ahorrarnos tiempo, necesito replicar esto. —Le muestra su espejo de mano. —Me siento avergonzada, de tener que pediros tal cosa, pero al estar encerrada…
Selypar lo toma, parpadea al ver que no ve el reflejo de ella, sino nubes negras. —Así que ésta es la fuente de tu poder. —Se lo devuelve, no quiere admitir que le dio escalofríos.
—Sí y no. Verá, yo solo les regalo a las personas la oportunidad de ver sus sueños hechos realidad. Los espejos, son una dimensión paralela a nuestros sueños. —Lo toma y se lo apunta. — Decidme majestad ¿Qué es lo que ve?
Selypar queda con la boca abierta, se asombra. Traga duro. —Lo que sea que necesites, pídeselo a mis Élites. —camina afuera. —Yo no soy tu mandadera. —Azota la puerta.
El Príncipe Vegeta intentaba zafarse de la molestia insistencia de un par de Tenientes. —Ustedes ya deberían estar en sus respectivos Planetas. —Vegeta les dice.
—Oh, pero queríamos darle un último saludo ¿Por qué no trajo a su Mujer? Nuestras esposas la han invitado a hacer sociales y ella ha rechazado.
—Tiene demasiadas obligaciones, hace poco que tiene que adaptarse a una vida nueva. —Vegeta contesta muy serio. —Ella los ha rechazado muy amablemente, pero si insisten, van a obligarme a que yo los rechace de la única manera que conozco. —Truena su puño en su cara. Le hacen lugar y se va al Área de las habitaciones de su padre. Lo ha meditado, y por el bien de la primer Promesa a la Señorita Hino, de protegerla, va a advertirle que no se pase de listo de nuevo.
—Sabemos muy bien a qué vas. —Nappa camina detrás de él.
— ¿Van a detenerme? —Vegeta sigue mirando adelante.
—Para nada. —Nappa le da un empujón para que acelere.
Vegeta sigue con una sonrisa, al encontrarse frente a los Guardias de su Padre, queda parado. Se extraña al ver que no le abren la puerta. —Abran. —Ordena.
—A-Alteza, su Majestad está descansando no—
— ¿Sí? Pues yo creo que no fue a la Audiencia, porque tenía miedo de verse de nuevo como el perdedor. —Les ruge en la cara, esperando que su Padre escuche.
—Vegeta. —Tarble lo detiene con una mano antes de que tire la puerta.
Vegeta está por tirarlo de un golpe. —No te metas donde no te llaman.
Tarble se da cuenta, baja la mirada. — ¿No te informaron? —Todos están confundidos. —Nuestro Padre está muy mal, desde la noche de Año nuevo que no se levanta. Y ésta mañana, me informaron que ya no quiere ni beber agua.
Vegeta está por berrear bien alto sobre todo el dolor que su progenitor se merece, pero se asusta con todos al escuchar unos platos y vidrios romperse, seguido de un golpe seco al suelo. Abren y lo encuentran en el piso, cerca de la cama arrojando la bandeja y los cubiertos.
—¡Les dije que no quiero su puta comida! ¡No quiero nada! —Arroja la jarra y la hace trizas. Ahí aclara su mirada, sus hijos lo ven arrastrándose en la alfombra. Esconde la vista.
Vegeta casi por instinto, se mueve y lo ayuda a levantarse. Rechista duro, el viejo ya parece estar en las últimas, pero jodiendo la vida de todos como siempre. —Acuéstate… —Lo siente obedecer, también siente el silencio. Se da cuenta que deben asistirlo hasta para ir al baño. — ¿Qué le sucedió? ¿Es sólo la enfermedad? ¡¿Por qué mierda no tiene un enfermero?!
Bardock y Nappa ven el cuadro y no lo creen, el Rey está en las últimas y parece que lo ocultaban. Vegeta les pide con la mirada que se queden afuera, obedecen para que el Rey no se altere. También van a aprovechar para interrogar a los Guardias de alrededor, quizás alguien sabe qué fue lo que el Rey Vegeta dijo sobre la Señorita Hino.
—Su…Su Majestad nos echa a cualquiera que lo quiera ayudar. —Uno de los Élites responde con miedo, limpia el desastre de la comida.
El Rey Vegeta siente una emoción en su pecho, quiere reprimirla, desvía la mirada como puede. —"Cómo se parece a ti… Se parece tanto…"—Piensa en ése brillo en los ojos de su hijo y ésa nariz. En especial ése ceño fruncido que lo regaña un poco ahora mismo.
Acomoda un par de almohadas, ni siquiera así de cerca siente su Ki, es como dijo Rei, su Padre ya está muerto en vida.
—Padre, deberías comer. —Tarble busca un vaso de agua, en verdad no habían dejado que él lo vea. Esto lo presiona a tomar una decisión de una vez, su Padre está en las últimas.
El Príncipe Vegeta agarra el vaso. —Ten… —Lo ve cerrar duro la mandíbula y negarse. —Jajaja ¿Tienes miedo de que esté envenenado? Bienvenido a mi mundo. —Le da un trago y se lo ofrece, la mano de su padre tiembla sin control. Lo toma de la barbilla y lo ayuda a beber. — ¿Qué medicamentos le han dado? ¿El viejo Gero le está dando algo en especial?
Tarble revisa los medicamentos en la mesita cerca de la puerta. —Lo más efectivo era el Tanque… Pero ahora ya ni eso lo ayuda. —Lee un poco los componentes. —Con el estómago vacío esto le hará peor.
El Rey Vegeta se empieza a preguntar si sus ruegos fueron respondidos ¿Será ésta la manera en la que ella vuelve a él? ¿Enviando a su hijo así? Su razón ya no es la de antes, la de aquel Rey que sólo pensaba en poder, conspiraciones y objetivos de Guerra. Ahora hay meros rincones de su mente, con la miseria de su persona. —Déjenme solo. —Dice casi como berrinche.
—No sin antes hacer que comas. —El Príncipe Heredero pide que le traigan de comer y mucha agua, revisa las manos de su padre y se ve muy deshidratado. Comprende el orgullo de su padre, no quiere que lo vean o que sepan que está así de derrotado. Pero la razón debió primar en él, debió avisar. Hasta pensando como sus enemigos. —"Pudo aprovechar y tirar la Regencia en Tarble…"— Lo comprende y al mismo tiempo no.
El Rey queda en silencio, su gesto es lúgubre, como si estuviera presenciado en vida su funeral. No dice nada ni cuando su hijo mayor lo hace comer y beber. Él ya no puede ni sostener una cuchara, le gustaría decirles que la comida y la bebida le saben a cenizas en la boca. Tarble le hace tomar los medicamentos, lo ve de verdad con angustia. Le parece ilógico, ya que el Rey Vegeta lo ha tratado como basura. Ruega al cielo aclararle a su hijo mayor, que nada tuvo que ver Tarble, fue una víctima de un juego mezquino. Mira fijo al Príncipe Vegeta, no sabe si decir si siente lástima o pena, o qué. Su expresión fría, digna de su progenitora es un enigma. Tarble va a pedir al Doctor Gero que preparen un tanque.
En un instante se quedan solos, el Príncipe Vegeta se percata de éso cuando su padre toma su mejilla. Parpadea, supone que la maldición le está comiendo hasta los sesos.
Lo ve claramente confundido. —Nuestra piel es casi igual… —Mira el contraste, la piel morena de su hijo mayor. También piensa en que su hijo es de menor tamaño que él, así que atribuye su estatura a su madre. Tarble es más bajo, pero es porque fue prematuro y con problemas de desarrollo. —Tu hermano, Tarble…Nunca supo nada.
El Príncipe queda sin parpadear, viendo a los ojos de su padre. —Lo sospechaba, siempre fue débil y un enclenque para ustedes. —Quita la mano de su cara. — ¿Quieres acostarte? —Le pregunta para quitar las almohadas.
—Quiero morir, pero parece que tampoco puedo. —El Rey Vegeta desvía la mirada, pero vuelve a verlo, al sentir que su hijo se sienta junto a él en la cama.
El Príncipe entiende su confusión. —Sé lo que hiciste a Rei Hino, mejor dicho, lo que intestaste hacer. —Afila su mirada asesina. —Jamás… ¿Me escuchas? Por el tiempo que te queda, por el mínimo respeto que alguna vez te tuve, te advierto.
— ¿Por qué me ayudas? ¿Por qué no me rematas de una vez? Haz justicia por todo el mal que te he hecho. —Increpa a su heredero, piensa qué mejor que morir en manos de su hijo mayor.
El Príncipe resopla por la nariz, su idea no era insistir con la enemistad, sino darle a entender una tregua. —He gastado, tanto tiempo y energía odiándote, odiando a todos. Planeando mi venganza, noches en vela con una sola idea en mi mente. Obsesionado… —Niega con la cabeza, baja la vista, cierra unos segundos los ojos y ve a Serena en sus brazos. —Ya no tengo tiempo ni energías para eso. Nada de eso volverá el tiempo atrás o me devolverá lo que perdí. Que el odio quede en ustedes. Además, estás pagando en vida lo que has hecho…Y lo que no has hecho también.
En la sala de entrenamientos, Selypar es interrumpida por Gero. — ¡Majestad! ¡Por favor, dese prisa! ¡El Príncipe Tarble me pidió llevar un tanque! ¡El Rey Vegeta había caído de la cama y está a solas con el Príncipe Vegeta!
— ¡Mierda! —Selypar se tira agua fría en la cara, se va secándose.
El Rey Vegeta lo ve con una paz envidiable, con el gesto decidido. —Tu madre te quiere mucho, hijo. Ella te quiere de verdad. Le hice tanto…Tanto mal… —Empieza a sentir que el aire no entra a sus pulmones.
Vegeta pone los ojos en blanco. Da un salto al ver a su padre agitado, con dolor en el pecho. Lo ve intentando hablar. — ¡Basta, no seas un viejo necio! —Rechista e intenta acostarlo, su padre se resiste.
—Cuídate de Selypar. Por favor, ella…Te odia. —Agitado empieza a saborear sangre.
El Príncipe está confundido. Supone que es un delirio. — ¡Padre basta! —Ordena.
La puerta se abre de par en par. — ¡Vegeta! ¡Mi Rey! —Selypar se arroja de rodillas junto a su cama. Lo toma de la mano, lo ve negar y técnicamente acusarla con la mirada. — ¡Suéltalo! ¡¿Qué le haces?! —Selypar empuja al Príncipe Vegeta.
El Heredero de nuevo voltea los ojos, la quita un poco para poder recostarlo como se debe. —Estaba ayudando. — En medio de su acto de Pobre Viuda, la escucha gruñir.
— ¡Es cierto Madre! —Tarble defiende a su hermano. —Me ayudó a levantarlo y darle de comer. —Los Guardias se miran entre sí, no pueden negarlo, ellos lo vieron.
Selypar está confundida, mira a los lados, el Príncipe Heredero hasta lo ayuda a beber agua.
—Relájate, en unos minutos te traen el tanque. —Vegeta mira a su hermano menor y él le asiente, puede verlo genuinamente preocupado y a su madre genuinamente sorprendida.
—Te di la Regencia. —El Rey Vegeta le confiesa, ve a su heredero parpadear sin creerlo. —Te lo juro, te la di a ti. Es momento de que asumas, yo ya no puedo hacer nada más.
Vegeta pudo sentir el Ki de todos golpear el techo, pero en especial el de su madre. —Yo no recibí nada. —Mira de reojo a su madre, seguro ella interceptó todo y por eso también ocultaba el verdadero estado de su padre. Le parece irónico, que ahora el Rey Vegeta sea el más inofensivo en éste área. — Y qué bueno que no lo hice, sería muy inapropiado, tu aun sigues vivo. Y así de mal como estás, no es correcto hablar de algo así Padre. —Lo ve negar y quejarse al borde del llanto, intenta calmarlo. —Padre, ya basta, debes descansar ¿Me escuchas? Por favor, por favor. —Tarble lo ayuda a persuadirlo.
Escucha cómo llama a su esposo, ya ni recuerda hace cuanto no lo escuchaba decirle "Padre". Va a atender a Gero y los otros doctores que traen el Tanque. Ve a ambos hermanos ayudar al Rey a meterse dentro del Tanque.
El Rey Vegeta se siente flotar, los ojos se le cierran. La mueca de una sonrisa se le forma, empieza a escucharla de nuevo. Se hunde en la oscuridad, pero el recuerdo se hace brillante. El recuerdo de la primera vez que la mujer se entregó a él.
—Mi Reina… —El Doctor Gero le hace una reverencia, se queda mirando junto a ella el Tanque.
Selypar siente que el Rey sonríe y lo que le faltaba, que ésos dos hermanos empiecen a llevarse bien. Ya no puede confiar en nadie y está desesperada. Aunque su gesto duro y su mirada asesina no lo indiquen así. —Hazlo. —Da la orden con su tono frío.
Llegan casi tres horas más tarde, Vegeta le cuenta al Comandante y al General, quedan tan consternados como él. —… No sé cómo tomarlo, tu padre…Imaginarlo así, es irreal. —Dice Nappa.
—Sí, pero así es. —Bardock piensa, estos son momentos críticos. —Afuera los guardias espiaban, y consulté con un par y no sabían nada. Sólo hablaban de que todo era una especie de rabieta del Rey.
—La Maldición de la Copa Lunar consume sus células. —Vegeta suspira, están en la biblioteca. Vuelve a sacar ése par de libros. — ¿Será todo verdad? ¿Qué parte es sólo cuento y cual una fantasía? —Mira los dibujos, los símbolos de las Sailors Scout de cada planeta, en el centro la Luna Creciente. La toca con sus dedos…
"Y si el niño llora, menguará la Luna para hacerle una Cuna…"
Bardock de nuevo ve a Vegeta con ésa angustia en sus ojos. — ¿Qué sucede? Cuando escuchabas a Rei también pusiste ésa cara ¿Sospechas algo? ¿Alguna conclusión?
Nappa se siente curioso junto al General, se quedan esperando una respuesta. Pero suena un Scouter. — ¡Oh, es mío!
De: Ami
Nappa ¿Ya volvieron? Me preocupa que hayan tardado tanto.
—Es Ami… —Nappa responde.
—Sí, creo que ya se nos hizo tarde para muchas cosas. —Bardock revisa el Itinerario.
Vegeta evade una vez más, empieza a hablar del entrenamiento, también habla del relevo de los turnos y que se alegra de que Raditz vuelva a su rutina. Le demuestra que confía, en que ellos no van a hacer nada contra su mujer.
Rei ayudaba a Raditz, está por relevar a su hermano. —Me alegra de verdad, es bueno volver a la rutina… —Rei le ajusta la pechera.
Raditz voltea a ella, la toma de las mejillas y la besa, un beso pausado y profundo.
—Mmm… —Rei saborea mientras se separan. —Siento que hace días que no me besas así.
—Jeje. No soy un salvaje, tú no estabas de humor. —La abraza completa, la levanta y recuesta su oreja en la zona del corazón. — ¿Mañana empezaras tu rutina?
—Sí. Pero hoy voy a cenar con las chicas. —Rei le afirma, le deja un beso en la cabeza. Le asegura que va a cuidarse, que no se preocupe, pero es interrumpida por la nariz de Raditz jugando con sus pezones.
La escucha gruñir. —Grrr… ¿Qué dices? ¿Un rapidito para la suerte? —Raditz bromea, pero no deja de hundirse entre sus senos.
— ¡Ay, ya lárgate! —Rei golpea su cabeza y se cubre los pechos.
Camina lado a lado con Milk por el pasillo que da a su habitación. Kakarotto finge interés en lo que ella le habla y apenas abre su puerta. — ¡Sí! ¡Al fin! —La levanta en su hombro. — ¡Ésta es mi parte favorita del día! —La tira en su cama. Empieza a desvestirse.
— ¡Ay Kakarotto! ¡¿De qué hablas?! —Milk se cruza de piernas e intenta huir de la habitación del Saiyajin. — ¡Me esperan para cenar!
Kakarotto pone un gesto lascivo, baja el cierre de su traje, justo hasta su pelvis. —Pues yo también te puedo dar de comer. —Mete la mano para sacar su polla.
Milk le azota una almohada. — ¡Que te alejes! ¿No escuchaste nada de lo que te dije? Rei va a volver con nosotras a trabajar, y queremos saber qué habló con Serena y todo éso. Además, mañana quiero entrenar temprano antes de que Gure se vaya. Ella me arregló algo que hace tiempo—
—Oooh… Pero Milk, yo quería que te quedaras. —Kakarotto dibuja un puchero enorme, gatea sobre ella encerrándola. —Darnos una ducha. —Toma sus manos y se las besa. —Que me enjabonaras completo, bañarte a ti también…Darnos besitos en la ducha.
Ahora es Milk quien dibuja un puchero, casi arrepentida de aceptar la invitación a cenar. —Pero espérame… —Lo toma de la nuca, le da un par de besos. —Llegaré temprano.
Kakarotto frunce el ceño. — ¡Sólo te dejaré ir si hacemos un rapidito ahora mismo!
— ¡Trato! Pero ¿Eh? —Milk no entendió bien a qué le dijo que sí. Pero se pone muy al tanto, cuando Kakarotto la voltea boca abajo y mete sus manos para quitar sus bragas. — ¡Oye, no! ¡No seas atrevido! —Le azota las manos y da un grito cuando el Saiyajin rompe en pedazos la tela de su Yukata.
Le sostiene las manos detrás, así deja de golpearlo. —Sshhh Milk… Tranquila, te puedes lastimar. —Habla en su oído muy suave. —No seas tramposa, ya dijiste que sí.
—Pe-Pero no sabía ¡Ah! — Milk gime al sentirlo morder un poco su hombro, luego la lamida que la alivia. Sus manos gruesas, masajean sus pechos debajo de su brasier. —Qué injusto eres… —Milk se queja, pero se retuerce de placer. Se aferra a las almohadas, ve cómo vuela el envoltorio plateado a un lado.
En la ducha, el vapor grueso inunda el lugar, sin embargo no se escucha el agua correr, sino el sonido obsceno de dos cuerpos unidos. Dos manos gruesas se sostienen de la pared, otras dos manos, más finas y femeninas se entrelazan. — ¡Oh sí! —Lita gime, su cuerpo se empieza a sacudir con las embestidas de Bardock.
— ¡Ah, Lita! —Bardock baja una mano, la pasa por su espalda, corre sus rizos castaños y deja besos en su nuca. Alcanza uno de sus pechos, deja saltando sus pezones y se va directo a su clítoris. La piel de Lita se siente aún más deliciosa así de húmeda.
Las caricias de Bardock parecen marcarse en su piel con toda la humedad que la rodea. Empieza a mover su trasero más rápido, azotándolo contra la pelvis de Bardock. Todo el vientre de Lita se agita, su polla parece quitarle el aire. Intenta sostenerse, el calor crece en el momento que iba a avisarle, el miembro de Bardock palpita dentro de ella.
—Estoy…Estoy cerca. —Bardock la voltea un poco, le deja un beso, con una succión fuerte y una vuelta de su lengua. Ella le confirma, no sólo con su cuerpo, también con un susurro, que está por explotar de placer.
El grito de los dos resuena en las paredes, Bardock la sostiene firme, vuelve a abrir la ducha. —Ah, Ah… Tramposo, dijiste que iba a ser un rapidito. Me están esperando para cenar.
Bardock quita el condón lleno. —Bueno, fue más rápido que de costumbre. —Le sonríe brillante de lado. Busca shampoo y la ayuda a bañarse. —No estés enojada, te ayudaré a estar lista. —Junta todos sus rizos entre sus dedos y se los lava.
Lita ve la espuma gruesa caer en sus pechos, se pega contra el General, frota sus pezones enjabonándolo. —Yo también te ayudaré. —Lita usa sus senos como esponja.
—Hmmm… Tramposa. —Bardock la regaña por despertarle otra erección.
Nappa entra a la habitación de Ami, se le forma una sonrisa enorme.
— ¡Nappa!—Ami da un salto a sus brazos, hace un pequeño puchero. —Tardaste mucho en ésa reunión, no pudimos vernos ni para la hora del té.
Nappa resopla fuerte por su nariz y se frota la frente. Que Ami le muestre éste lado tan tierno, lo hace tener palpitaciones. — ¡Grrr! ¡Pero ya estoy aquí! —La levanta en brazos con una sonrisa. Se sienta con ella en el sillón largo. —Nos atrasamos con el entrenamiento y lo todo lo demás, no queríamos dejarlo pasar.
Ami se sonroja. —Bueno, sí me gusta que seas responsable y trabajador. —Lo tironea de su pechera y busca su boca. Un pequeño beso, pero él la recuesta un poco.
Nappa pasa su lengua, profundizando el beso. Unos pequeños quejidos de placer se le salen a los dos. —Mmm… ¿No puedes cancelar la cena? —Baja besando su cuello, justo que la siente tomar aire para darle una respuesta.
Tock, Tock, Tock…
— ¡Vamos Ami! ¡Ya no es momento para un "rapidito" con tu novio! —Mina estaba acompañada de Broly.
—Mina, no seas mezquina. —Broly mira a los lados y están solos. La atrapa de la cintura y la besa. —Tú ya tuviste un "rapidito", déjalos a ellos tener el suyo.
—Mmh, bien lo admito…Hay mujeres que no se mojan tan rápido como yo. —Mina habla contra su boca, lo escucha reírse.
—Bueno, tengo habilidades Legendarias. —Broly bromea, baja por el cuello de Mina, huele su cuello. —"¡Me lleva el Diablo! ¡Estoy a nada de follarla aquí mismo!"
—Cough, cough… ¿Interrumpo? —Ami salía con los brazos cruzados, arruinándoles a ellos también su momento.
Broly la suelta y se aleja. —Pe-Perdóneme Doctora Mizuno. —Está rojo de la pena.
—Vamos Ami. —Mina muy contenta la toma del brazo y sobre su hombro dispara un guiño a Broly.
—Mina, deja de poner nervioso al pobre de Broly. —Ami la regaña. —Es un poco tímido y reservado.
— ¡Ay, es que amo cuando está sonrojado! ¡Lo amo! —Mina va a los saltos por la escalera.
La noche dejaba caer la helada. Ninguno de los tres estaba acostumbrado a hacer ninguna pregunta cuando les daban una orden. Pero sí que les daba dudas y les hacía tambalear su enfoque ¿Por qué actuar de una manera tan impulsiva? ¿Por qué darles una orden así sin pensar en las consecuencias? ¿Cumplirán con su promesa de "Liberarlos" en caso de salir exitosos?
Los Androides sabían que no tenían elección, eran sus dudas o la certeza de que los harían explotar en el instante. Ven la guardia nocturna empezar su ronda en el Área del Príncipe. Vestidos de negro y seguros de que no emiten ninguna señal de poder o Ki. Iban avanzando hasta la habitación del Príncipe Vegeta. Se esparcían y hacían señas, el que tuviera la oportunidad de estar más cerca acertaría el golpe.
La suerte parece estar de su lado, las terrícolas y aparentes parejas del Séquito del Príncipe Vegeta estaban reunidas en una sala. Ahí afilaba sus ojos azules, como un depredador, acechaba a su objetivo. El Heredero entraba a sus habitaciones.
Los otros dos, no lo pueden creer, ella acelera. Tratan de cubrirla, entre las estructuras, la ven caminar por el techo de los pasillos. Con sólo esconderse de la vista, son invisibles. Dudan realmente de ésas habilidades del Legendario, que ahora está recorriendo los techos.
Darien hacía señas, a quien estaba cerca de la puerta de la habitación del Príncipe. Simplemente para tener en cuenta quien está en cada habitación y lugar. Se siente incómodo, como si algo picara su nuca. Se acerca a Broly. —Broly ¿Nunca traes tu espada? —No sabe porqué, quizás quiere hacer conversación para relajarse. Es como un ataque de nervios, no quiere creer que es miedo.
—No, sólo si es algo muy peligroso. —Broly le responde, como si fuera una simple conversación. —En especial cuando entreno con Vegeta… —Su nariz detecta algo, frunce el ceño.
Ahí está, Darien lo sigue ¿Por qué él no siente nada? — ¿Qué sentiste?
Los Androides quedan en alerta, buscan donde meterse, así sea debajo de una roca. Las tres figuras de negro encuentran donde esconderse, se aferran al balcón más cercano desde abajo. Presionan los labios y contienen cualquier ruido o movimiento.
Siente algo, su instinto lo presiona un poco. Vegeta abre brusco la puerta, parpadea al ver que iban a tocar. — ¿Pasó algo?
—Alteza, sentimos algo…—Darien le informa.
Vegeta no siente ningún Ki, pero su instinto punza un poco. —Sí… Es extraño ¿Sintieron un Ki?
—No, un olor extraño. —Broly le señala a las estructuras altas en los techos, en especial lo que parecen torres. —Me parece extraño también, ningún Ki. —Se concentra.
Darien traga, respira, trata de mantener la calma. Si lo sienten alterado, sabrán que él sospecha algo. —Me quedaré en la puerta. Broly sigue si es que sentiste algo.
—Si fuera algún espía de mis padres, sentiríamos algún Ki. —Vegeta levanta una ceja, busca en el aire. — Quizás es un robot de vigilancia o algo parecido de Gero. —Mira al Guardia de sus puertas, volver. Su ruta de vigilancia es de la puerta de su sala, su oficina y su habitación. —Ahí viene el guardia ¡Soldado! —Vegeta lo llama, el soldado lo saluda y le ordena que se quede ahí. La sensación extraña en Vegeta se disuelve.
Los Androides esperan, ven al Príncipe hablar con sus Élites, luego lo ven cerrar la puerta. Los ven haciendo una revisión en los alrededores. Están temerosos, porque al final parece que el Legendario, sí tiene habilidades. Aún no saben cómo hace para ir detrás de sus rastros. De pronto empiezan a asustarse, el balcón de la biblioteca está arriba de las habitaciones del Príncipe. Los ven encendiendo sus puños con su poder, están por descubrir a uno de ellos.
Parte un poco del cemento, ése ruido es suficiente para llamar la atención de quienes buscaban algo. El Guardia de la puerta del Príncipe, se adelanta un par de pasos y mira donde buscan, en el balcón de enfrente, el que está sobre las habitaciones del Servicio.
Es su oportunidad, toma aire y se mete a la oficina. Exhala fuerte y espía un poco, por suerte parece que Dieciséis salió bien librado, hasta le dio tiempo de meterse. De pronto unas risitas risueñas le llaman la atención, escucha que entran a la habitación.
Serena escuchaba la ducha, se metía al baño. —Vaya, vaya… —Serena lo mira, aunque se pone roja de verle el trasero bajo la ducha, muerde su pulgar con deseo. —Mmm… No nos vimos casi en todo el día.
Vegeta sale, con una sonrisa llena de lascivia. — ¿Puedo ofrecerte una bañera para compensar? —La ve negar y alistarse para la cama, desarmando su peinado.
—Yo estoy recién bañada. Me duché antes de la cena. —Serena se sienta y cepilla su cabello. Afloja su Yukata.
Vegeta se acerca por detrás, su cabello gotea sobre ella, pero parece no importarle. Besa su cuello. —No te lo trences, déjatelo suelto. —Susurra, mete su mano por arriba intentando alcanzar uno de sus senos.
Serena suspira. —Mmm, no. —Se cubre. —Aun no hablamos de lo que pasó en la Audiencia, quiero que me cuentes. —Lo apunta con el cepillo.
Vegeta alcanza una toalla. —Qué buena manera de mandarme la polla a dormir. —Se queja, pero ella espera una respuesta. —No pasó nada grave. —Seca su cuerpo con la toalla. —Es más, estoy muy satisfecho. Aprobaron unánime la Derogación, seguro lo leíste cuando te lo envié a tu Scouter. —Baja la mirada, ella le pasa un bóxer para ponerse. Muy presumido, se los coloca muy lento, sabe que la está provocando.
— ¿Respecto al Incidente de Rei? —Serena trata de pensar en cosas "no-sexuales".
—Fui a reclamarle directamente en su cara, pero… —Vegeta recuerda. —Mi padre está en las últimas. Ya no puede ni caminar.
Serena toma aire hacia adentro. — ¿Crees que haya sido por lo que Rei hizo?
—No, no. Definitivamente, ahora que sé de la Maldición, todo lo que le pasa tiene sentido. Nunca vi una enfermedad así, que lo tuviera muerto en vida. —Desvía la mirada, no quiere admitir que el maldito le dio lástima. —Nadie supo nada de Rei, sospecho que es porque le avergüenza por obvias razones. Le advertí y nada más. No tiene sentido patear a alguien que ya está en el suelo. Hasta desvaría, en un momento me dice que mi madre me quiere, y al siguiente me dice que me cuide, que mi madre me odia. —Vegeta frunce el ceño, su gesto se entristece casi sin querer.
Serena termina de quedarse en ropa interior, se aferra a él con un abrazo. —Quizás sí te quiso alguna vez. —Le da consuelo, besa un par de cicatrices en sus pectorales.
—Sólo quería el poder que yo representaba. Tal vez, si yo no hubiese nacido, les hubiera empañado el triunfo. O si era débil como Tarble…
—Bien, me alegra que no haya pasado a mayores. —Serena quiere cambiar el ambiente, en verdad que lo extrañó. — ¿Qué dices si te secas bien el cabello y voy corriendo a ponerme un camisón de seda bien cortito?
—Mmm, traje helado para celebrar. —Vegeta le deja un beso, muy entusiasmado con la idea. Ella salta de felicidad.
Serena se mete al clóset, parece un conejo hiperactivo. Ya no sabe qué quiere más; helado o sexo. —"¡Qué importa el orden! ¡Hasta puedo tener ambos al mismo tiempo!" —Tararea y elije un camisón blanco, deja su cabello suelto y le da un par de cepilladas más.
Presiona sus puños, frunce su ceño, sus ojos azules se enrojecen de ira. Ahí está la maldita, ella no es parte del Objetivo, pero si la saca del mapa, puede justificarse muy fácilmente diciendo que quería eliminar un testigo. La ve salir de nuevo, piensa en lo vulgar que se ve, una mujer tan débil como ella. —"No va a ser problema matarla". —La ve de espaldas, yendo a la puerta del baño de nuevo. Un arma filosa llama su atención en uno de los muebles cajoneros, la toma. Cortarle el cuello será como cortar mantequilla. Empuña el arma, ni siquiera siente su presencia detrás. Dieciocho va a matarla.
Serena está por tomar la manija de la puerta, está ansiosa por mostrarse con Vegeta. Una sombra detrás le llama la atención. Se gira sobre sus pies, queda fría, contiene el aire. Tomaron el estilete y quieren atacarlos.
—"Hay gente que quiere matarme…"
Serena recuerda todas ésas historias que Vegeta vivió, todos los atentados contra su vida y es la primera vez que ella lo ve en primera persona. Pone una mano adelante, junta todo su coraje y se aferra a la manija de la puerta. Niega con la cabeza. —No voy a dejar que le hagas daño. —Muy amenazante, pero temblando del miedo, pero no porque le hagan daño a ella, sino a Vegeta. Serena mira a los ojos a ése asesino. Lo ve levantar el estilete.
Vegeta pone la Yukata de Serena y su ropa a lavar. Va a tomar la manija de la puerta. Siente el Ki de Serena, lo extraño es que sólo la siente apoyada contra la puerta. Como el tick de un reloj, el corazón de Vegeta responde a sus instintos.
—"¡ES UNA ESTUPIDA!" —Dieciocho grita en su mente y la apuñala con todas sus fuerzas.
En lo que fueron milésimas, Vegeta arranca la puerta, Serena cae a él y la sostiene. La cubre con todo su cuerpo.
Serena tose, el movimiento, todo pasó tan rápido que le quitó el aire, está en los brazos de Vegeta, escudada por su cuerpo. Mira hacia arriba y él le sonríe.
—Qué bueno, que estás bien. —Vegeta se alegra de haberla protegido.
Serena está por sonreírle, pero la sangre cae en su rostro. —¡VEGETA!
Dieciséis y Diecisiete se miran desde lejos, confirman con el grito estridente, que la misión fue un éxito, sonríen satisfechos. Se alistan para asistir a Dieciocho a tener una salida limpia. Pero parpadean al ver que no todo es como suponen.
El grito fue desgarrador, tanto que Dieciocho se sintió estremecer del susto. Seguido de eso, una explosión de luz, que parecía inofensiva, la empuja lejos, haciéndola atravesar la pared. El escándalo pone a todos en alerta, rodeando al intruso. Una onda de energía muy fuerte, una luz cegadora que no deja de emanar; sale de la habitación del Príncipe Vegeta.
…
¡Pum! Prepárense para los p1nc3es ch1ng4dazos ¡¿Qué fue ésa Luz?! ¿Será, será? ¡Hasta el próximo viernes!
Saluditos…
Nita-chan84: Pues por éstas cosas no podría ser vegana, me gusta demasiado de ésa carrrne XD y proteínas ;-) Selypar ya está perdiendo el control y peor, al Rey se le afloja la lengua. Por impaciente, la movida de Gero será un error pero ¿Qué pasará con los androides después de esto? Hmmm… El regalo más que merecido, gracias por seguir leyendo mis delirios. Un beso grande!
OhaioIzumiKun: quería cenarse un desayuno mexicano, con huevos y chorizo jajajaja. Gure y Tarble… Hmmm, puede que donde hubo fuego… Selypar ya está cayendo en la desesperación y se está arrebatando. Y sí, ya hasta se le afloja la lengua al Rey y ahí a Selypar sólo le va a quedar ahogarlo con la almohada :v . Rei está sintiendo ésa presencia maligna de la bruja, y la bruja también la ha sentido a ella, así que supongo que estará más prevenida. Y sí ya se arman los pinches chingadazos, Palomitas y veamos el desastre y sus efectos colaterales. Gracias por tu rw, un Abrazo!
Kaysachan:Ufff! Mi ciela, en tu honor, que se viene la acción y no de la zabroza. *Veladora_para_la_calma
