•Pareja Principal: UKxFem!USA/ArthurxEmily. Lituania + NyoUsa.
•Parejas Secundarias: EspañaxNyoRomano/AntonioxChiara, AlemaniaxNyoItalia/LudwigxDacia, Franciax?, Prusia + Hungría.
Se Mi Pareja de Baile
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― ¡Tengo una idea! Pero se los diré al terminar las clases. ―Francis chasqueó los dedos al ocurrirse una excelente idea para que Arthur pueda estar con la americana.
Para eso deben esperar hasta la última hora, sin saber por qué no lo dice ahora. ¿Acaso es muy secreto? ¿Cuál es el plan? ¿Raptar a Toris y que Arthur suplante su identidad? ¿Matar a Toris? ¿Enviar a Toris a otro país?
Nada de eso, es súper simple.
Reunidos afuera del establecimiento estudiantil, el francés les enseña el magnífico plan para que Arthur pueda estar al lado de la muchacha. Es el siguiente:
Francis preparará un almuerzo para Toris…
―Marica. ―interrumpe Gilbert.
― ¿Puedo continuar? Bien, entonces…
…le pondría laxantes potentes de esos que lo dejarán por lo menos un mes completo viviendo en el baño, con dolores horribles, sin poder dormir, sin poder pararse ni sentarse, sin poder hacer nada, sin poder…sobretodo ir a la fiesta de graduación del último año.
―Ya, ¿y cómo le darás el almuerzo, frog?
¿Acaso cree que no pensó en eso? Es sencillo. ¿Para que está Natasha, eh? Para entregárselo a Toris, es lógico que él no dudara del regalo de la hermana menor de Iván. A Toris le gusta Natasha, del último año.
Si es así… ¿Por qué diablos le pidió a su Emily ser su pareja? Kirkland se molesta. Celos.
―Quien sabe ―el de melena rubia y ondulada sube y baja los hombros sin tener idea, solo saca una conclusión―. A lo mejor Natasha lo rechazó y amenazó a Iván con ser su pareja de baile y aceptó. Y Toris no tuvo otra opción que buscar a alguna amiga cercana, Emily.
Esa es su conclusión, suena convincente y realista.
Antonio levanta la mano pidiendo la palabra. ¿Es necesario hacer eso?
― ¿Lo harás mañana? ―pregunta y recibe el sí― ¿Y dónde participa el jefe?
―Encárgate de que Toris se coma todo el almuerzo.
― ¡Entendido! ―se siente emocionado en que sea el día de mañana para empezar con el plan…
"El almuerzo con laxantes mortales para que Toris viva un mes en el baño"
A lo que Arthur modificó el nombre a…
"Sacando a Toris del camino"
Pobrecito Toris, no es su culpa, es culpa de Natasha quien lo rechazó. ¡Un poco de compasión, por favor!
Pero, a ninguno le importa ni le interesa. Solo se concentran en el plan, tiene que funcionar cien por ciento. El francés se esforzará en preparar el almuerzo, hacerlo parecer engañosamente armonioso, equilibrado, de buen aroma y sabor, yendo a sus paladares con la creencia que fue Natasha quien le cocinó.
Es tan tonto e ingenuo.
Cae bastante fácil ante la vista del español, sentando con los demás de su grupo cotidiano. Ninguno le quita la vista de encima, y eso que a Francis le fue complicado platicar con la bielorrusa, no sabía como hacerle entender que era por el amor de dos jóvenes, de su amigo con una chica de otra clase para el condenado baile que ha traído puros problemas, uno tras otro.
―Dije que no. ―negó por quinta vez, frunciendo el ceño. Se quería ir de la biblioteca. Únicamente vino a estudiar, no hacer vida social con alguien que no es su hermano mayor.
¿Por qué era tan complicada esta mujer? Tenía que existir un método para que le entregase el almuerzo al lituano. Entendía que no lo soportaba, mas le pedía un favor de la mejor manera posible.
Veamos, piensa.
Es cierto, no le mencionó la mejor parte de los laxantes, tal vez creía que le entregaría el almuerzo para desviarlo del camino, renunciar ir al baile con la estadounidense.
― ¿Si te digo que este apetitoso almuerzo tiene laxantes mortales?
―…Continúa.
Bingo.
Natasha aceptó la malvada oferta, tan tentadora en lastimar a Toris. Le daría el almuerzo, actuando ser interesada en él, solo por enviarlo al tocador por un mes entre dolores.
El castaño de cabello largo, dijo sí al instante, coloreando sus pómulos. Se sentía en el cielo por el regalo de su amor tortuoso, sentándose en la primera mesa del comedor de la escuela. Fue probando la delicia, la suavidad de cada vegetal. Las manos de Natasha eran sublimes. ¡Ojalá sea su esposa para degustar siempre sus preparaciones!
Lloraría por ella.
De esa forma, los cuatro amigos chocan las palmas por el triunfo de su plan. Solo faltan los resultados de los poderosos laxantes.
Disculpa Toris, pero esto es por amor, y en el amor todo vale. Una vez más, disculpa por los dolores que tendrás está noche sin parar por varios días, ni los medicamentos, ni las hierbas medicinales te ayudaran a combatirlos.
Y como se ideó en la cabeza francesa, se hace realidad la perdida del lituano en la escuela. Pues, del viernes comenzó a sentir dolores horribles en su estómago sin poder salir de casa, no lo dejaban, eran como si lo agarraran a quedarse sentado en el retrete. ¡Se quería morir! Ni su adorada madre no sabía que hacer con él. Solo acostarlo, dándole indicaciones a que se levantara solamente al baño.
Estando a martes, Emily ya sabe las malas noticas de su compañero de baile. Entristece por él, ya que no podrá ir a disfrutar de la fiesta de graduación. A ella no le afecta mucho, el próximo año será su turno.
Arthur, obviamente aprovechará las instancias de la vida en acercarse a la dueña de su corazoncito, utilizando su falsa condolencias hacia Toris. No quiere mentirle a Emily pero…el que pestañea pierde.
Esta vez, la estadounidense se encuentra sentada en el césped, rara vez sola. El inglés, a la distancia la observa delicado y atento analizando serio en ir o no a preguntarle. Bueno, a lo mejor se siente hostigada. No lo sabrá si no se acerca. ¿Y si realmente se siente hostigada por él, causándole enojo y de no querer verlo nunca más en su vida?
¡¿Para qué piensa de esa manera?! Tener la mente en negativo no ayudará en nada, atraerá desgracias. Siempre tiene que ser positivo, y todo será mejor. Vamos, Emily esta vez aceptará. La anterior le negó porque ya tenía pareja, y la anterior a la anterior, fue por ser un idiota al desmayarse. Hoy, ahora sí que sí le dirá que sí, cuando dé un pie adelante. No puede, se tensa.
Gilbert no le dará chocolates, menos el que tiene, regalo de la húngara para que le deje de pedir cosas para comer. Su amigo Arthur no puede depender de un chocolate para enfrentar los nervios del amor, tiene que ser él mismo y armarse de valor, como todo hombre.
Tiene razón, se dice el rubio. Se muerde el labio, notando con sus orbes el semblante cambiado de la norteamericana, a partir desde que Toris se enfermó del estómago. Es imposible que Francis haya tenido una buena idea que resultó.
¿Debiera decirle? Es su amigo, no de los mejores del mundo para subastarlo en millones, pero lo es.
Cree que está loco al pensar así, muy mal.
―Frog, si te alago, por favor golpéame. ―no bromea, va enserio por su seguridad de perder la cordura. Es que darle la razón a Francis es…estar mal de la mente.
―De acuerdo. ―afirma, sin esperar ni por broma lo siguiente.
Kirkland respira profundo y dice:
―Tu idea fue grandiosa ―el galo obedece a golpearlo en la mejilla izquierda, no es su culpa, él quiso, que no le venga a gritar ni insultar―. ¡No tan fuerte, idiota! ¡Casi me sacas un diente, wine bastard! ―de todas formas lo insultó, sobándose el rostro.
― ¡No especificaste el grado de dolor del golpe, cejudo! ―exclama el galo viendo su mano después del golpe. Tendrá que aplicarse crema de manos para recuperar su suavidad, si es que no se emociona en continuar agrediendo verbalmente al británico y viceversa. Gracias al cielo, Antonio hace girar la cabeza de Arthur, en dirección a la rubia de ojos azules. Ella se puso de pie, se va yendo. ¡Rápido, tiene que alcanzarla!
Arthur corre por detrás. La alcanza y se posa adelante, deteniéndola sorprendida.
Se saludan. El de cabello rubio ceniza frota el dedo índice con su mejilla un tanto nervioso y ruborizado. ¿Tiene que actuar estar preocupado por Toris? Tal vez, un poco.
―Supe lo de…Toris. Es una lastima. ―da sus condolencias. A Emily no le da mucha importancia, lo que sí es por la salud del castaño. ¿Qué habrá comido para tener ese tremendo e infernal dolo de estómago? Arthur suelta una risa nerviosa, porque es su culpa, la mitad de ella, y no le dirá.
―Más lastima es que no tenga su fiesta de graduación como los demás ―sube y baja los hombros con simpleza―. Aunque la verdad, no me entusiasmaba en ir.
― ¿Por-Por qué? ―pestañea al instante sintiendo su corazón saltar ante la idea de que ser rechazado. Lo que quiere decir, es que ella aceptó ir porque Toris era su amigo o porque le dio pena. Arthur quiere que ella no sienta pena por él. No quiere nada de eso, solo quiere ser aceptado con entusiasmo, en tener la última oportunidad de su vida en hacer volar los sentimientos por la americana.
―Uhm…sería aburrido. ―responde sencilla. Arthur decae los hombros sin pasar desapercibidos. Ella lo nota. Cambia un tanto el tema, prefiriendo que es lo que desea ahora el inglés esta vez. Sabe lo que se imagina.
Pero antes…
― ¿Estás sola? Es decir, nadie te ha invitado al baile… ―no tiene las esperanzas. Si le dice que sí, es por lastima.
La chica niega en haber sido invitada nuevamente, y Kirkland respira hondo mirando al cielo. Baja la mirada hacia ella, y le hace la pregunta si desea ir con él al baile de graduación, pero si no quiere ir y tampoco tiene el entusiasmo por ser aburrido, que no acepte, no tendrá problemas, puede buscar a otras chicas, hay muchas en la escuela, tal vez invitar a la hermana menor de Francis y no su abuela.
Los segundos pasan. Eternos en los sentidos británicos que le comienzan a matar por dentro. ¿Por qué no le contesta enseguida? ¿Tanto debe pensarlo? Por alguna extraña razón le molesta.
―Eh…
―Sí ―le interrumpe, sorprendiéndolo―. Me encantaría acompañarte.
Pero si ella dijo que…
Jones suelta una risa nerviosa y tímida, sin tener la más mínima idea de que decir y explicar por el repentino cambio de parecerle aburrida la fiesta, y en aceptar a Arthur. No obstante, que quede claro que no es por lastima, tan solo quiere acompañarlo con gusto. ¿Habrá algo detrás?
― ¿No te negarás? ―él necesita asegurarse, para después no estar llorando por ahí con su corazón roto.
―No. ―está segurísima en haber elegido bien.
Arthur sonríe alegre, no es para menos, ¿verdad? La chica que le gusta va ir con él al baile. ¡No puede ser mejor su día!
―Genial, entonces nos pondremos de acuerdo para recogerte en tu casa. ―se anticipa planeando todo, tan solo le quedan dos semanas más, y está se termina el plazo de buscar parejas para la fiesta de graduación.
Radiante con la sonrisa dibujada en su rostro, se despide de la joven, caminando torpemente hacia atrás. Luego voltea observando a sus compañeros, levantando los dedos pulgares. Todo resultó, al fin tiene su pareja de baile soñada.
Francis y los demás gritan de emoción, celebrando. De verdad parecen niñitas.
Arthur gira hacia Emily, quien se confunde por lo que hace. El primero ríe, y se vuelve a despedir, pero de otra manera, inclinando en bajar su cuerpo y la cabeza. Una despedida como si fuera la Reina de su mundo, ante la realeza. Bueno, le habían dicho que el chico inglés tenía costumbres un poco anticuadas pero agradables al mismo tiempo.
Surca los labios al verlo alejar.
Arthur llega con los demás, exclamando desenfrenado, percatándose en hacer el ridículo con su postura al parecer una niña conociendo a su súper estrella. Debe tranquilizarse a pesar de no poder esperar tantos días en ver a Emily vestida con un lindo vestido para la fiesta, ir con ella al baile, planificar el lugar y las palabras indicadas en declararse. Si no es correspondido, no importa. Pueden ser amigos y utilizar esa amistad en conquistarla.
¿Y si ella lo hubiera negado? ¿Qué sucedería con Arthur? ¿Invitar a otra persona?
El francés arruga débil el puente entre sus cejas hacia el inglés. Supone que no tenía pensado en invitar a su hermana menor. El mirado niega. ¿Cómo cree? Jamás. Nervios.
Es mejor cambiar el tema y no seguir, ya cumplió con su sueño, ahora solo tiene que esperar los días tortuosos. Por lo menos su traje elegante lo compró hace un mes atrás, tenemos que ver si su padre le prestará el auto.
Mientras tanto, debe volver a las últimas clases que le van quedando.
(…)
―No.
Recuerda la repuesta de su padre. No le prestará el auto, por miedo de destrozarlo, quemarlo, hacerle cualquier cosa dañina. ¡Por favor, su fiesta es esta noche! ¡No puede ser así! ¿Cómo demonios irá a buscar a Emily? ¿En bicicleta? Llegará al otro día a la fiesta. Vamos, es su hijo, su adorado hijo. Será responsable, nunca lo ha decepcionado, ¿Por qué ahora no puede, eh? ¿Por qué ahora no le tiene confianza?
Por favor, necesita el auto para recoger a la chica que le gusta.
Oh, con eso cambian las cosas. Recuerda cuando conoció a su madre y…
― ¿Me prestarás las llaves? ―Arthur no necesita saber la historia de sus padres, ya sabe muchas, las conoce todas, incluso la que iba a decir el hombre, quien chasquea los dientes pensando si pasarle las llaves o no. No lo hará― ¡¿Qué?!
Pero calma, no dijo nada de no pasarle el auto para ir a buscar a la estadounidense. Solo son las llaves, quien la tendrá el mayordomo.
Espera un segundo, ¿desde cuando tienen un mayordomo? Desde ahora. Él manejará, lo llevará a recoger a la joven y los dejará a las puertas del hotel donde se lleva a cabo la fiesta. Simple.
Muy bien…, dice Arthur a regañadientes. Por lo menos es mejor que ir en bicicleta.
Va al coche afuera de su casa. Espera al mayordomo apoyado en la puerta de atrás. ¿Cuánto más tardará ese idiota? Los minutos avanzan, Emily se aburrirá de esperarlo y preferirá dormir. ¡Maldita sea, apresúrate!
Gracias al cielo sale de la casa con una sonrisa. ¿Qué ve de bueno para sonreír? ¡Está apurado! Solo entra y enciende el maldito auto.
Antes de eso, para hacerlo más lento e irritante para el menor, le abre la puerta de atrás para que entre. Arthur suspira y entra sentándose cómodo. Se cierra la puerta, donde el mayor se dirige a su posición de piloto, encendiendo y avanzando el coche por las calles bajo la noche. Le pregunta a Arthur la dirección de la joven de cabello dorado. Para contestar tartamudea, se siente un poco nervioso, más se pone al estar parado frente a la casa de ella.
¿Se ve bien?
―Claro señor, se ve elegante. ―alaga el mayordomo, agregando la excelente combinación de los zapatos negros, pantalón, chaqueta y corbata del mismo color oscuro. La camisa es blanca para resaltar la oscuridad, no parecer apagado y perderse en la noche.
Se peina con las manos y se arregla la corbata. Enseguida presiona el timbre con su índice, a espera de la chica.
No demora mucho. Emily abre la puerta de su casa asomando su silueta frágil. Cierra sin darle la espalda al espectador inglés, con sus esmeraldas bañados en brillos al mirarla.
Vestido gris, suave sin ser opaco, por arriba de las rodillas. Zapatos de tacón, ni tan altos ni tan bajos. Su cabello ondulado y arreglado con elegancia, un pequeño adorno en forma de flor en el lado derecho, despejando la hermosura de su rostro, y esos pendientes como diamantes en los lóbulos de sus orejas.
Sus azules más hermosos que nunca, surcando con esfuerzo los labios al sentirse mirada y sonrojada. Arthur no se percata cuando llegó al frente suyo, despabilando. Estaba aturdido, algo tonto. Su vientre se presiona y esas mariposas le nacen aunque reaccione y le diga tímidamente a la joven que se ve linda. Ella agradece, siendo invitada a subir al auto. Los dos se sientan sin entablar una conversación o algo poco. Tener al mayordomo adelante no les da demasiada confianza, menos para Arthur. Conversaran más tranquilo al llegar a la fiesta, el inglés tiene planeado ir a otro lugar si es que se aburren, o le nazca al darse cuenta que es el momento indicado de declararse.
Al aviso del conductor, llegan al hotel. Hay luces de colores por todas partes, muchos van entrando. Llegaron a tiempo.
Se despiden del hombre contratado por papá, pidiendo la hora exacta para recogerlos. Qué tal a las…
―Tengo permiso hasta las tres de la madrugada. ―informa Emily ante la exigencia de sus padres, ni un minuto más de lo acordado.
Entonces a hasta las tres. Después de todo Arthur es responsable si sus futuros suegros…es decir los padres de su futura novia…es decir…los padres de Emily lo desean así. Uff…eso fue complicado.
Caminan al hotel. La joven de orbes azulados coge el brazo del mayor, colocándolo tenso. Rápidamente sacude la cabeza, estar tenso no es lo mejor. Tiene que seguir aunque el brazo de la chica que le gusta yace sujetando el suyo.
Entonces entran. Arthur trata de buscar a sus amigos con la vista sin lograrlo. ¿Dónde se habrán metido esos idiotas? Le dijeron que se encontrarían aquí mismo. A lo mejor deben andar en el baño o comiendo.
―Arthur ―el nombrado gira hacia la voz femenina, quien baja un poco el rostro, pestañeando―, creo que no te dije como te ves hoy…
Arthur no sabe que decir al respecto. Solo articula un "Eh…tal vez".
Emily se toca el rostro con su mano libre. Lo siente tibio. Sabe que se encuentra sonrojada al medio del ambiente de fiesta y de los nerviosismos, dándose cuenta de su descortesía hacia el británico, quien él la alagó al pasarla a recoger. Es su turno también.
―Te ves…bien ―desvía la mirada y la regresa varias veces al rubio―, y lindo.
―Gra-Gracias. ―algo nervioso, sintiéndose bien por el alago no logra tranquilizar su habla. Jamás esperó esto, que ella le dijese en verse bien y lindo, sobre todo lindo.
¿Se quedará así para siempre? Es decir, inmóvil, parado al medio de la fiesta, mientras todos disfrutan. No ha encontrado a ninguno de sus amigos, y si no están, no tiene nada más que hacer. No perderá el tiempo, jamás fue su intención venir a disfrutar, a bailar y a desordenarse. La única intención era traer a Emily, el momento indicado para sus sentimientos.
Muy bien. Olvida los tontos nervios y comportarse como imbécil ante la estadounidense. Debe ser un hombre, tomar valor en salir del lugar, ir a otro sitio más tranquilo para que ella pueda escucharlo.
― ¡Arthur, al fin te encontré! ―Antonio aparece alzando la mano. El aludido únicamente observa a la joven Jones como si nada en el mundo, más que ella existiera― Los chicos y yo estamos-
―Ven conmigo. ―sin percatarse del español, coge la mano de la chica, llevándola afuera del hotel, por donde entraron.
― ¡Oigan! ¡Arthur! ―se siente como fantasma, ¿por qué se fueron? ¿Por qué se alejaron de él? ¡¿Qué hizo?! Solo quería contarles y llevarlos donde…
― ¡Antonio, trae tu trasero aquí ahora mismo! ―esa voz…esa voz de la italiana mayor lo hace estremecer de los escalofríos. Con Ludwig, ya intercambiaron sus parejas. Éste está radiante con la italiana menor. Hubiese preferido quedarse con ella… No tiene otra opción que obedecer a su pareja actual, no puede tener tranquilidad un solo momento…
Aff. Ojalá Arthur tenga buena suerte, no como la suya.
― ¡Antonio!
― ¡Ya voy!
(…)
Emily preguntó por qué salieron de la fiesta y por qué dejó a Antonio hablar solo. ¿Estaba Antonio? Dudó Arthur, extrañándose ya que no lo vio. Bueno, tampoco era de gran importancia. Continuó tomado de la mano de la menor, viendo en dónde podrían ir a platicar sin muchas interrupciones.
La rubia señaló a una plaza, pero sin entender que era lo que quería el inglés lejos de la fiesta de graduación, que debía ser importante para él, ya que dejaría la escuela para siempre, siguiendo su camino a otros rumbos.
A Arthur no le interesaba la fiesta. Se lo dijo sin soltarla, cruzando las calles de noche.
Llegando al sitio con las luces encendidas alumbrando la vegetación adornando, se sentaron en una banca cercana, desde ahí, Arthur tragó saliva sin decir nada más.
Exhala e inhala, frotando sus manos y acariciando sus dedos. ¿Cómo empezar? No quiere ser brusco ni lanzarse en declararse. "Oye, me gustas", no puede hacerlo así. Algo más lento y explicativo es lo adecuado. Sin embargo demorarse tanto hará a la chica irse y dejarlo solo.
Oh, oh. Emily se pone de pie.
― ¿Te-Te vas? ―Arthur se levanta también, impulsado.
―Sí. ―debe estar bromeando, no puede irse, debe quedarse.
―Pero necesito hablar contigo. ―no hace parecer desesperado aunque lo esté.
Pero a Emily se le está siendo aburrida la "fiesta". Sabía que sería así, y creyó que con Arthur la pasaría bien y divertido. No es de esa manera. Mejor es regresar a casa si él no le va a decir nada de lo quiere hablar.
Si fue importante insistir en ser su pareja de baile, era por algo que quiera decirle ahora. Importante.
Arthur ya llegó hasta aquí, a lo que tenía planeado. Si no habla, ella se irá. ¿Eso quiere? ¿Qué se vaya e ir tras ella? No hará eso, no se arrastrará por una chica a pesar de estar enamorado. Más allá de a verse arrastrado todo el condenado año escolar.
Es su última carta, su última jugada, no hay más.
Mira fijamente a la menor. La brisa hace mover sus hebras calmando los escalofríos recorrer su espina dorsal. Intimida, sin asustarla. Avanza los pies lo más cercano posible a la americana, sin despegar sus verdes sobre los azules.
Empieza.
―Sucede que tú ―hace una pausa mirando al cielo y volviendo al frente, exhalando―…me gustas. Y está era la única y última oportunidad que tenía en decírtelo, siendo rechazado o no. Vaya, me saqué un gran peso de encima. ―fue extraño esa sensación de sentirse más liviano, que tuvo que pensar en voz alta.
―Am…entonces te gusto ―repite lo dicho por el mayor, acariciando su brazo desnudo con su mano, analizando muy bien en no ser cruel―. No te puedo corresponder…
―No te preocupes por eso-
―Pero tampoco no te voy a corresponder. ―corrige, mejor dicho, prosigue desconcertando al europeo, quien parpadea en comprender.
Para entenderlo mejor, le dijo que no le gusta pero quien sabe si más adelante tendrán algo, ¿no? ¿Es así? ¿Eso quiso decir? ¿Quiso decir que se seguirán viendo? ¿En las vacaciones de verano? ¡¿De verdad?!
―Podremos ser amigos y vernos en las vacaciones ―dulcemente surca los labios, escondiendo sus manos atrás, sin que Arthur pueda creer todo esto, es un sueño, confundido en ser solo amigos en las vacaciones…solo amigos―, y si quieres que me enamore de ti, tendrás que conquistarme.
Olviden el solo amigos. No es correspondido en este momento, pero lo será en un par de meses más.
Arthur se tiene confianza en conquistarla. Para él es sencillo capturar el corazón de una damisela más allá de sus acciones de caballero, más allá de ofrecerle las estrellas, el cielo y la luna. Mucho más allá. Tampoco será un psicópata enamorado enviándole mensajes de textos y llamarla todos los días. Claro, como dijo ella, iniciaran como amigos, usando esa estrategia en conquistarla, ofrecerle su hombro si algún día se siente mal y tenga ganas de llorar.
La llevará al cine, al teatro, a comer, a la playa, a la nieve, a donde sea que ella quiera, incluso le cocinará. Todo eso lo hará sentir como un sirviente, arrastrándose. ¡¿Acaso eso importa?! ¡Claro que no! El destino le coloca todo eso para ver si seguirá o retrocederá para perderla. Es déjala o tómala. La respuesta es obvia.
Arthur sonríe.
―Pero te advierto que no seré tan fácil ―informa Emily cruzándose de brazos, queriendo imponer en ser una mujer difícil, causando gracia en el inglés―. Con videojuegos y hogdog no serán suficientes.
―De acuerdo. ―su sonrisa no desaparece. No tenía pensando sobre lo que le dijo ella. En fin, que más da. Hay muchas cosas en el mundo para tener su atención, como por ejemplo, la gélida noche estremecer la piel de la joven, señal en tener frío y en posar sus manos en los brazos de ella.
Los acaricia levemente, preguntando si tiene frío.
Jones baja la mirada, sus pómulos se tornan rojos al responder que tiene un "poco" de frío.
Arthur se quita la chaqueta, envolviéndola y abrigándole la espalda, acomodándosela bien, verificando si sigue sintiendo frío. No mucho.
― ¿Quieres volver a la fiesta? ―invita el joven, guardando las manos dentro de los bolsillos del pantalón.
―Ah, s-sí ―acierta viendo el brazo de Arthur esperar por el suyo a sujetarlo. Alza a mirarlo. Él le sonríe de lado colocándola nerviosa. Rápidamente accede a pasar su brazo por el de él, caminando despacio en regresar al hotel―. ¿Cómo te encuentras de tu enfermedad? ―repentinamente se acuerda de la escena del desmayo.
― ¿Cuál enfermedad? ―todavía no lo sabe, ni sus amigos le contaron que tenía una enfermedad que no sabía que tenía.
―La desmayifargoforis.
Detienen el paso por orden el inglés. ¿Qué fue lo que dijo? ¿Qué demonios era esa enfermedad?
―Me la dijeron Gilbert y Francis cuando te desmayaste.
Esos estúpidos… ¡Ya verán, los matará cuando regrese a la fiesta! ¡Par de idiotas! ¡¿Cómo se les ocurre decirle eso a Emily?! ¡Arg! ¡Cielos! No podía esperar más de ellos… ¿Ahora que le dirá? ¿Qué ellos le mintieron y que no tiene esa enfermedad?
―Sé que esa enfermedad no existe, lo hicieron para ayudarte pero no resultó mucho que digamos.
Arthur la observa detenidamente. Ladea la cabeza y decide continuar caminando. Y sí que no resultó en la ayuda, lo habían dejado más en vergüenza, par de inútiles buenos para nada.
―Ah y no cosa más antes de volver ―pronuncia otra vez sin dejar de seguir los pasos del mayor―. Esta semana iré a ver a Toris, su dolor de estómago no cesa. ¿Qué crees que haya comido para estar tan mal?
―No tengo idea, pero pobre de él. Ojalá se recupere pronto. ―miente con descaro. No le dirá ni muerto que Toris se enfermó gracias a Francis, y gracias a Francis pudo tener a Emily como pareja de baile. Nunca tan mal amigo, a pesar de tener opiniones distintas, confrontarlas para golpearse e insultarse. Gracias a él, Emily se encuentra esta noche en su fiesta de graduación, habiéndose declarado con nuevas oportunidades de conquistarla. ¿Qué puede ser mejor? ¿Un beso? ¿Es necesario robarlo? No, tampoco pedirle. Solo debe dejar pasar el tiempo. No hay nada mejor que ir capturando su corazón de apoco, como buen caballero.
Y a pesar de todo, no le desea mal a Toris.
Demonios, Emily irá a visitarlo. ¿Pero por buena causa, no? Es su amigo. No tiene para qué sentir celos si no son nada, todavía. Y ser pareja de baile no cuenta.
Al llegar la hora de las tres de la madrugada, Arthur como buen muchacho, respeta en dejar a Emily a las puertas de la casa. Se despiden con un beso en la mejilla, ambos ideando en mantenerse en contacto. Él puede llamarla cuando quiera, no tan seguido eso sí, o estaría hostigada. Ella, por supuesto también puede llamarlo cuando quiera.
―Cuídate, nos vemos. ―Emily camina entrando a su casa luego de escuchar a Arthur decir lo mismo que ella y devolverle la chaqueta.
La puerta se cierra.
Kirkland suspira contento. Hoy tendrá un bonito sueño.
―Arthur. ―de repente oye la voz de la americana asomarse desde la segunda planta de la casa, su habitación, desde la ventana.
Sonríe y le manda un beso por el aire. Cierra la ventana.
El rostro del británico está hecho un tomate sin haber imaginado que ella tendría tanto valor y personalidad en enviarle un beso.
Se quiere desmayar. Lo mejor es entrar al auto y desmayarse así, para no padecer de esa enfermedad estúpida que dijeron sus amigos.
Entra. El mayordomo le pregunta si se encuentra bien. Está perfecto, solo quiere irse a casa, sintiendo su corazón aumentar el ritmo cardiaco, subiéndole la temperatura, su cabeza comienza a dar vueltas como las mariposas en su estómago. Se desmaya, donde al interior de sus sueños, se ve danzando con Emily en el baile.
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N/A: Maldito final, se alargan solos, le doy vueltas y vueltas, y más vueltas. Pero…listo, lo terminé cumpliendo con el día.
Pronto subiré dos que son fic's con muchos, muchos, muchos capítulos. Uno está siendo escrito y avanzado con una amiga, esperamos que les guste la trama, aunque al principio no comienza con el tema de la trama. Y el otro fic, es personal, que apenas lo estoy escribiendo x3
Ambos son universo alterno de la misma pareja.
Entonces, eso.
Espero que hayan disfrutado el fic, divertido, reído y llorado(?)
¡Saludos!
¿Review's?
