Todo lo Humano que podemos ser.

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Capitulo 1

Corrió. Tenía que salvar de alguna manera la mochila negra (e increíblemente gastada) con libros y cuadernos que llevaba al hombro. Era la gris y lluviosa tarde de un congelante martes a fines de Octubre.

Las primeras gotas que habían caído como advertencia unos segundos después de haber salido del aburrido edificio de la escuela habían sido suficientes para llamar su atención. Luego de apenas haber saludado a unas pocas personas con un superficial gesto de la mano (ya que ninguno era un amigo muy íntimo), y de haber empujado a otras, caminó con prisa antes de largarse a correr con la poco impermeable capucha sobre su rubio pelo, intentando ganar una carrera casi imposible contra el impredecible clima de Londres.
Ese era su último año en la secundaria y todavía no sabía como iba a seguir con su vida. El prospecto de comenzar a trabajar en algo apenas terminase la escuela no era algo a lo que le tenía fe, muy al contrario, pensaba que era una pésima idea ya que ¿Qué trabajo que pudiera proporcionarle un buen futuro iba a aceptarlo con apenas un título de secundaria? Él sabía que hacerse ilusiones era tonto, a pesar de saber que no se había esforzado en los estudios como tendría que haberlo hecho, él no quería terminar barriendo las sucias calles de Londres, eso no era lo suyo definitivamente. Entrar en la Universidad o incluso dedicarse a estudiar algo relacionado con la música (el amor de su vida) era lo que él quería hacer luego de la escuela. Algunos decían que no tenía miras y que no le importaban ni su propia vida, ¿pero que sabían ellos? Su pasado estaba repleto tanto de desgracias como de algunos momentos felices y él planeaba hacer algo útil con su futuro, aunque eso sonaba casi imposible para sus propios oídos, no estaba dispuesto a dejarse echar abajo por lo que otras personas que no entendían nada dijeran, menos dentro de ese infernal orfanato o de esa estúpida escuela.

La llovizna se había largado algunos minutos antes y su ropa se estaba empezando a mojar. El buzo verde que llevaba puesto ya se estaba pegando a su figura y estaba a medio oscurecer gracias al agua. Se había descolgado la mochila del hombro y la llevaba protegida entre sus brazos contra su pecho, no quería terminar secando los libros que se encontraban adentro con el secador como la última vez…teniendo en cuenta que eran prestados.
Como si su vida dependiera de ello, atravesó sucios callejones y atajos con toda la velocidad que le permitían sus piernas, que no era poca, ya que se pasaba la mayoría del tiempo corriendo de aquí para allá en la ciudad, (era demasiado impaciente como para esperar un autobús, además prefería no gastar su escasa plata en esas cosas). El orfanato estaba situado a unas cuantas manzanas de distancia de la escuela y, aunque nada nunca era cerca para él, tampoco era lejos, ya estaba acostumbrado.
Tardó un par de minutos en llegar y recién, para su suerte, en el momento en que sus pies tocaron el piso del lúgubre umbral del cuadrado edificio, la tormenta se empezó a desatar con toda su furia. Aliviado, después de haber inspeccionado el interior de la mochila, de que todas sus cosas estaban a salvo y solo levemente humedecidas, abrió la alta y sólida puerta de gastada madera y entró.

Con cada pisada que daba un poco del agua que acarreaba en su ropa se transmitía a la lisa superficie del piso. Con toda la sutileza que sus movimientos, entorpecidos especialmente por el buzo mojado y los pantalones que pesaban el doble de lo normal, le permitían, intentó escabullirse hacia su habitación sin que nadie se diera cuenta y lo hiciera secar con su propia lengua el rastro de agua que estaba dejando en su camino. Estaba por empezar a subir las escaleras que iban a llevarlo a la paz y seguridad de su cuarto cuando una voz interrumpió la monotonía y constancia de la lluvia que se oía del exterior y el suave murmullo de sus pisadas.

"¿Hacia dónde crees que vas?" preguntó una voz a su espalda.

Inmediatamente sus hombros se tensaron y su pie quedo suspendido en el aire a punto de pisar el primer escalón. Cerró los ojos y maldijo en su interior, con un rápido suspiro los abrió y se dio vuelta para enfrentar a la "Matrona", como todos en el orfanato le decían. La mujer, de aproximados cincuenta años, contextura un tanto robusta y pelo mitad encanecido y mitad rubio teñido, lo miraba esperando una respuesta o, más bien, una excusa.

"A estudiar a mi habitación Señora." Dijo de la forma más cortés posible y con la mirada más inofensiva que su rostro permitía. Conseguir engañar a la gente con sus cambios de actitud también era algo de lo él mismo estaba orgullo, teniendo en cuenta que, aunque tenía unas cejas un poco más gruesas de lo normal, su cara podía transformarse desde tierna e inocente, a intimidante o sensual en un segundo y dependiendo de la situación. Pero, a pesar de todos sus intentos, a la única persona de todo el orfanato (y desde niño) que su actitud "inofensiva" no conseguía suavizar, era a la Matrona.

"Muchacho a mi no me vengas con cuentos." Le reprendió la mujer antes de darle una sonrisa amigable, satisfecha y alegre de corazón que él jamás había visto en el rostro de aquella señora, "Ven querido, creo que a lo mejor hoy es tu día de suerte." Y con esas simples palabras se dio vuelta y se empezó a alejar caminando por un pasillo en dirección opuesta hacia donde él quería ir.
Con sorpresa visiblemente marcada en su rostro, él titubeó en seguir a la mujer. Luego de unos rápidos segundos se decidió y se dirigió lentamente y con curiosidad sobre los pasos de ella. No era un pasillo largo, pero tenía varias puertas a la izquierda que, él sabía, daban a distintas habitaciones y a unos pocos baños. El techo era alto y el lugar luminoso, ya que la luz provenía de las ventanas que se encontraban a la derecha y que, a su vez, dejaban ver un patio interno prácticamente constituido de un triste y no muy grande cuadrado de cemento, unas pocas plantas en sus respectivas masetas y un pedazo de tierra a un costado.

Los pasos de ambos estaban mezclados con el continuo resonar de la lluvia. A pesar de que en el edificio vivían varios chicos, el silencio en ese momento era absoluto. Era triste, pensaba él, que un lugar tan lleno de vidas jóvenes, en donde tendría que haber risas y personas felices, fuera un lugar tan fúnebre y apagado. Pero claro, ¿cómo era eso posible si los que vivían allí tenían historias, recuerdos o pasados trágicos y hasta dolorosos? Para la mayoría, sus vidas estaban marcadas para siempre y, aunque él no era la mayoría, sabía que eso era cierto.
Entraron en la última puerta, a la izquierda.

"Aquí está el muchacho del que le hablé." Dijo la Matrona apenas abrió la puerta. Ambos entraron y la puerta se cerró. Apenas sus ojos se posaron sobre el hombre del otro lado de la habitación, una expresión de completa sorpresa y escepticismo cubrió su joven rostro.
A poca distancia y en frente de él, (la mujer se había corrido a un costado) estaba parado el hombre que lo había seguido en el cementerio una semana y media atrás.

"Tu…" comenzó el muchacho, dando un pequeño paso para atrás. ¿Cómo se atrevía ese hombre a venir?

"Arthur este hombre es tu tío." Dijo con regocijo la Matrona a su lado que, aunque parecía dura en el exterior, era una persona que se preocupaba por el bien de los muchachos en el orfanato y tenía un corazón muy dulce. Cuando uno de los chicos era adoptado por una buena familia, ella sentía felicidad por el afortunado y, si era por alguien a quien a ella le había dado mala espina, ella rezaba por el bien de ese joven. Trabajaba allí por amor a los muchachos y al trabajo en sí, no por alguna otra razón, y todos lo sabían.

"Mi…tío?" repitió él con incredulidad. No podía ser… era demasiado parecido a aquel hombre que recordaba como padre. Observó a su llamado pariente y se dio cuenta de algunas diferencias, tenía ojos más claros, notó que era más alto y un poco menos robusto y…a sí, las cejas eran más finas, de ese detalle no se olvidaba. No podía creer que se había confundido y además...¿Desde hace cuanto tenía un tío?
Ambos se midieron con los ojos y en silencio.
"¿Seguro que no te confundiste de persona?" intentó de nuevo el muchacho. A pesar de que la última vez que había visto a su padre fue hace muchos años, no podía evitar que ese hombre le estaba engañando o...¡Algo tenía que estar mal! ¡Todo eso tendría que ser un error!

Luego de un segundo el rostro del hombre se pintó con realización.

"¡Chico, no me digas que me confundiste con tu padre!"

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Nota de Autor

Jeje, seguro que muchos no se lo esperaban...o sí, no se XD
Después de algunos comentarios que leí (el de mis queridas lectoras Tari Deex Faelivein y Alega ) me dí cuenta que la historia tenía potencial para ser continuada y, en conclusión, va a tener más capítulos...y algo de trama increiblemente! O_O

Más adelante van a aparecer respuestas a distintas preguntas. Me encantaría muchachas/os que me digas que les parece, si tienen dudas con respecto a algo y que les gustaría saber del pasado de ambos o futuro o...cualquier cosa! Me ayudaría también para saber que les interesa leer! Eso si, nada slash, gay o romántico, no es mi estilo ;)

Comenten así me dan ganas de seguirla porque sino me cuelgo!

Saludos y abrazos de su querida escritora Hana-Liatris