Todo lo Humano que podemos ser.

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Capítulo 2

El molesto pero apreciado timbre que sonó para finalizar las clases diarias llenó cada salón del gris edifico. Con rapidez y urgencia, estudiantes empezaron a dejar las respectivas aulas hacia las escaleras o, directamente, hacia la salida. Una muchedumbre de jóvenes cubrió cada espacio libre en los pasillos, pintando la aburrida atmósfera del lugar con risas y conversaciones, junto con el color de las mochilas, algunas de simples motivos planos, otras con dibujos, otras escritas, otras nuevas o gastadas y, sumando a ese mar de gente, las distintas caras, alegres o cansadas, y los distintos cabellos, algunos recogidos, otros sueltos, cortos o largos, castaños de diferentes tonos, rubios, morochos, algún pelirrojo y cada tanto uno teñido de algún color increíble y llamativo. Finalizando las atormentadoras horas de clase, muchachos y muchachas fueron vaciando con toda prisa el edificio, sumergiendo detrás de ellos pasillos y habitaciones en aburrido silencio.

Cualquiera, bien una persona caminando por la vereda del frente o el mismo conserje barriendo el cemento de la entrada, podía decir que aquel rectangular, alto y amplio edificio estaba vacio. Pero, mis queridos lectores, para poder decir con toda seguridad que faltaba vida en aquel lugar tendríamos que recorrer cada una de las habitaciones, cada pasillo, cada espacio y recoveco con riguroso empeño y dedicación. Y, si hiciéramos caso a mi consejo, nos encontraríamos que en efecto, las posibles personas nombradas con anterioridad, se encontraban en un gran error.
En un aula, en el fondo de un desolado pasillo en el segundo piso del lado oeste del edificio, se encontraba la solitaria figura de un muchacho. El comúnmente cielo nublado de aquellos fríos días de otoño a casi principios de noviembre permitía solamente el paso de una tenue luz solar que entraba por dos grandes ventanas que se encontraban en la pared izquierda del salón. Aquella luz natural era la única iluminación del aula y llenaba, con increíble claridad, cada rincón y partícula de aire del lugar.

El joven se encontraba sumergido en un mundo paralelo de aventuras literarias y relatos épicos. Ocupaba uno de los tantos pupitres del aula, espalda contra el respaldo de una vieja silla de hierro y madera, piernas estiradas bajo el banco, hombros tirados hacia adelante mientras sus codos estaban apoyados arriba del poco mantenido y bien rayado banco hecho del mismo material de la silla. Sus manos sostenían con delicadeza pero firmemente un notablemente usado libro. Sus compenetrados y entusiasmados ojos de un oscuro y, a la vez, vivo color verde recorrían con afanoso ensimismo cada reglón de cada página. Su mente se encontraba en un plano de existencia en el cual, si alguno de vosotros es por esas casualidades un gran lector (no de aquellos que absorben un relato solo por las palabras, sino de aquellos que mezclan su propia imaginación con la del escritor y transforman aquellas largas oraciones en imágenes, sentimientos o incluso películas), podrían entender.

El timbre, que había tocado hacía ya unos largos veinte minutos, había pasado desapercibido para sus oídos. La última clase en la que se había encontrado había sido, para su gran y fatal aburrimiento, algo que algunos de nosotros podríamos llamar como "tortura", otros "divertimento" y algunos simplemente "matemática". Él no era alguien amante de los números pero, cómo ya he dicho con anterioridad y reitero, no era ningún tonto y, mucho menos, alguien estúpido o lento de entendimiento. A pesar de que no era (estaba muy lejos de serlo) su materia preferida, no le iba mal. Su técnica era simplemente prestar atención a las explicaciones, entenderlas y aplicarlas mientras se sacaba de encima la parte práctica lo más pronto posible. Y, ese día, había pasado exactamente lo mismo que todos los días, había terminado media hora antes del toque de la campana. Con notoria prisa había dejado los cálculos y el lápiz a un lado y había sacado el libro de su mochila para sumergirse en otro mundo.

El tiempo, jugando siempre con la mente de los más hábiles, se había pasado demasiado rápido para su propio gusto. Al final de la décima página, el taladrante timbre llenó el edificio. Con gran indiferencia de su parte y para sorpresa de los últimos en irse, él continuaba sentado leyendo, absorto en las travesías de cierto hobbit en tierras lejanas e imaginarias, atravesando montañas en compañía de enanos y magos, haciéndose de cada minúsculo espacio de su imaginación con relatos de otro mundo.

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El eco de unos pasos que se acercaban llenó el silencio del pasillo. En el mismo instante en que estos pararon, el muchacho levantó la mirada posándola de lleno en la figura del hombre parado en el umbral de la puerta. El mayor le sonrió, sus ojos mostrando un cierto sentimiento de divertida incredulidad.
El muchacho, a quien vamos a llamar simplemente Arthur para ahorrarles a ustedes mis queridos lectores el trabajo de deducir mi cambiante texto, levantó una ceja y se irguió en la silla. El otro hombre, a quien vamos a dirigirnos como su no-tan querido Tío, le ofreció una leve sacudida de la perfectamente cuidada cabellera.

"¿Sabes que la mayoría de los jóvenes de tu edad se mueren, literalmente, por salir de la escuela?" comentó luego de ver que Arthur lo había ignorado y continuaba leyendo.
"Y me importa por que...?" contestó claramente el otro.
"Porque.. ¿tengo confianza en que no te vas a morir?" replicó el mayor burlonamente.

El muchacho bajó nuevamente el libro, paseó sus ávidos ojos verdes en la figura del hombre y, después de unos segundos suspiró.
"¿Por qué estas acá?" preguntó sin más preámbulos, no había pasado mucho desde la última vez que había visto a su tío, tan solo un par de días atrás, una semana después de haberse enterado que tenía uno...

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"Él" comentó con incredulidad uno de los dos muchachos sentados contra la húmeda pared del exterior del orfanato.

Su compañero, un joven un par de años menor que él, nacido en Portugal y abandonado a su suerte a los cinco años de edad, en medio de aquellas horrendas calles llenas de pasadizos y recovecos, las cuales los mismos londinenses encontraban difíciles de recordar, era a la vez una de las pocas compañía que no le molestaba. Arthur acostumbraba a alejarse de los demás huérfanos sin aceptar, gracias a su terca, orgullosa y solitaria naturaleza (la cual estoy seguro que algunos de mis lectores también comparten), ayuda ni amistad de parte de nadie. El portugués no era su mejor amigo ni mucho menos, pero al menos no era ni molesto ni irritante y, cosa que él apreciaba, no se quejaba de su personalidad.

El inglés se levantó impacientado y caminó hacia una persona parada del otro lado de la calle. Su compañero lo vio alejarse pero no abrió la boca, no era, y el bien lo sabía, su lugar para meterse.

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El hombre entró en el aula y se sentó sin mucha conformidad en el asiento del pupitre frente al muchacho, quien observaba sus movimientos con las cejas levemente fruncidas.

"Sabes que no podes negar que existo" le dijo firmemente su Tio, manteniendo sus ojos claros fijos en los del otro. Arthur levemente aumentó la fuerza que ejercían sus manos sosteniendo el libro.
"Y no creo que sea la mejor opción" continuó, siempre eligiendo con cuidado las palabras y expresándose de la forma más suave posible.

"Ya lo se" respondió un tanto incómodo, casi avergonzado, bajando levemente la mirada.

Y su Tío suspiró.

"¿No me acompañarías a recorrer la Ciudad?" le preguntó con una sonrisa paternal, dejando de lado el pequeño intercambio de palabras que habían tenido.

El muchacho levantó las cejas en sorpresa y, luego de haberlo pensado por unos segundos, casi un minuto, asintió no sin cierta vacilación e intriga...

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Nota de Autor

Mis Queridos Lectores! Perdón por la larga espera, acá va el próximo capítulo; con mucha descripción y esas cosas que me gustan a mí, jeje.
Ahora tenemos a un Arthur que niega cualquier parentesco con nuestro querido Frances…..sobre quien más adelante iba a decir que era Frances pero bueno, soy mi propio spoiler! xD
Otra cosa! Vieron que agregué a Portugal como super personaje terciario, no? Era el único que encontré para ese papel. Más adelante van a parecer aún más y favoritos personajes, junto con un poco de la historia de los padres de nuestro querido personaje Principal.

Miren la Hoja de Personaje de Arthur! (Hecha por mi misma! xD)
http : / / .com / art / TlHqpS- Arthur- character- sheet- 285598511
(Solo saquen lo espacios!)

Muchas y Mil gracias por sus hermosos comentarios! Especialmente a , Tari Deex Faelivein, Alega y a Lorena Malfoy! Todos me ayudan a ir armando y construyendo algunos aspectos de la historia (que pueden que me haya olvidado!).

Sus comentarios son siempre bienvenidos con un Gran Abrazo y Felicidad, ya que son los que me hacen acordar que alguien lee la historia!

Grandes Saludos, Abrazos y Besos de su Querida y Siempre Preferida Escritora,

Hana-Liatris