HUSH HUSH

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Capitulo 2: ¿Un Acosador?

Mi madre y yo vivimos en una granja del siglo XVIII en las afueras de Coldwater. Es la única casa sobre la carretera de Hawthorne, y lo vecinos más cercanos están a más de un kilómetro de distancia. A veces me pregunto si el constructor original se dio cuenta de que entre todas las parcelas disponibles de tierra eligió construir la casa en centro de una inversión atmosférica que parece aspirar toda la niebla de la Costa de Maine y trasplantarla en el jardín. En aquel momento, la casa estaba velada por una niebla tenebrosa que recordaba a espíritus prófugos y errantes.

Yo pasaba la tarde clavada a un taburete de la cocina en compañía de los deberes de álgebra y de Kaede, nuestra ama de llaves, mi madre trabaja para la casa de subastas Hugo Renaldi, coordinando subastas de antigüedades y propiedades inmuebles a lo largo de toda la Costa Este. Aquella semana, ella estaba en el norte de nueva york. Su trabajo le exigía viajar mucho, y pagaba a Kaede para que cocinara y limpiara, aunque estoy segura de que la letra pequeña del contrato de Kaede incluía que me vigilara de cerca.

-¿Cómo va el colegio?-me pregunto con su asentó Japonés. Estaba de pie frente a la pila, fregando los restos de lasaña adheridos al fondo de una cacerola.

-Tengo un nuevo compañero de pupitre en las clases de biología.

-¿Eso es bueno o malo?

-Antes, Ino era mi compañera de pupitre.

-Ya.-a medida que fregaba con más energía, la carne de su brazo se zarandeaba-. O sea, que malo.

Suspire admitiéndolo.

-Cuéntame de ese nuevo compañero. ¿Cómo es físicamente?

-Es alto, moreno e irritante.-y misteriosamente impenetrable. Los ojos de Sasuke eran como dos bolas de cristal negras. Lo absorbían todo sin revelar nada. No es que quisiera saber más sobre él. No me gustaba lo que veía a simple vista, así que dudaba de que me gustara lo que acechaba bajo la superficie.

Pero eso no era del todo cierto. Lo que veía me gustaba, y mucho. Unos brazos delgados y musculosos, unos hombros anchos pero relajados, y una sonrisa entre picara y seductora. Tenía un pacto frágil conmigo misma, en un intento por ignorar aquello que empezaba a volverse irresistible.

A las nueve en punto, Kaede termino con su jornada y cerro con llave antes de salir. Yo le hice la doble señal con las luces del porche para despedirla; las luces debieron de penetrar la niebla, porque ella respondió con un bocinazo. Me quede sola.

Hice un inventario de cómo me sentía. No tenía hambre. No estaba cansada y ni siquiera me sentía sola, pero estaba un poco inquieta por mi trabajo de biología. Le había dicho a Sasuke que no lo llamaría, y seis horas atrás lo decía enserio. Ahora solo pensaba en que no quería suspender. Biología era para mí la asignatura más difícil. Mi nota oscilaba problemáticamente sobre un sobre saliente y un notable. En mi mente esa era la diferencia entre media beca y una beca completa para el futuro.

Fui a la cocina y cogí el teléfono. Mire lo que quedaba de los siete números tatuados en la palma de mi mano. En mi fuero interno deseaba que Sasuke no respondiera a mi llamada. Si no estaba disponible o se negaba a cooperar con el trabajo, era evidente que lo podía usar en su contra para convencer al entrenador de que anulara el nuevo mapa de ubicación en la clase. Aferrada a esta esperanza, marque su número.

Sasuke contesto al tercer tono.

-¿Si?

Con total naturalidad, dije:

-Llamo para ver si podemos quedar esta noche. Dijiste que estabas ocupado, pero…

-Hinata.-Pronuncio mi nombre como si fuera el remate de un chiste-. Creía que no me llamarías nunca.

Odiaba tener que tragarme mis palabras. Odiaba a Sasuke por restregármelo en las narices. Odiaba al entrenador y sus trabajos demenciales. Abrí la boca, con la esperanza de decir algo atinado.

-Bien. ¿Podemos quedar o no?

-Resulta que no puedo.

-¿No puedes o no quieres?

-Estoy en medio de una partida de billar.-podía percibir la risa en su voz-. Una partida muy importante.

Por el ruido de fondo deduje que decía la verdad sobre la partida de billar. Si era más importante que mi trabajo de clases, eso era discutible.

-¿Dónde estás?-le pregunte.

-En el salón de Bo. No es la clase de sitio que frecuentas.

-Entonces hagamos la entrevista por teléfono. Tengo una lista de preguntas…

Colgó.

Me quede mirando el auricular, alucinada, y luego arranque una hoja blanca de mi cuaderno. En el primer reglón escribí:Idiota Engreído. En el siguiente añadí:Fuma puros. Morirá de cáncer de pulmón. Esperemos que pronto. Excelente forma física. De inmediato tache este último comentario hasta que quedo ilegible.

El reloj de microondas marcaba las 9.05. Tal como lo veía, tenía dos opciones: O me inventaba la entrevista con Sasuke, o iba al salón de juegos. La primera opción habría sido muy tentadora, si hubiese podido suprimir la advertencia del entrenador de que verificaría la autenticidad de las respuestas. No sabía tanto acerca de Sasuke como para inventarme toda la entrevista. ¿Y la segunda opción? No era nada tentadora.

Como me costaba tomar una decisión, opte por llamar a mi madre. Parte de nuestro acuerdo para que ella pudiera viajar y trabajar tanto era que yo me comportara responsablemente, no como la clase de hija que requiera una supervisión constante. Me gustaba, mi libertad, y no quería hacer nada que indujera a mi madre a optar por una reducción de salario y un empleo cerca de casa a fin de tenerme vigilada.

Al cuarto tono se activo su buzón de voz.

-Soy yo-dije-Era solo para ver cómo iba todo. Tengo que terminar un trabajo de biología, y después me voy a la cama. Llámame mañana a la hora de comer, si te apetece. Te quiero.

Después de colgar encontré una moneda en el cajón de la cocina. Mejor dejar las decisiones complicadas en manos del azar.

-Cara, voy- le dije al perfil de George Washington-. Cruz, me quedo.-lance la moneda al aire, la atrape contra la palma de mi mano y me atrevía a mirar. Mi corazón se acelero, y pensé que no estaba segura de que significaba eso-la suerte está echada-dije.

Decidida a acabar con eso lo antes posible, cogí un mapa y mis llaves y saque mi Fiat spider marcha atrás por el camino de la entrada. El coche probablemente allá sido una monada por allá en los 1997, pero no es que me encantaran la pintura marrón chocolate, el oxidado guardabarros trasero o los asientos rajados de cuero blanco.

Resulto que el salón de Bo estaba más lejos de lo que pensaba, cerca de la costa, a media hora en coche. Metí el Fiat en un aparcamiento detrás de un edificio gris de ladrillo con un cartel luminoso intermitente: EL SALÓN DE BO. PAINTBALL Y BILLARES. Las paredes estaban cubiertas de graffitis, y el suelo, sembrado de colillas, sin dudas, el lugar era frecuentado por universitarios de élite y por ciudadanos modelos. Trataba de mostrarme distante, pero notaba cierto nerviosismo en el estomago. Después de haberme asegurado de haber cerrado todas las puertas, me dirigí al local.

Me puse a la cola de la entrada. Mientras el grupo de adelante pagaba, me cole y camine hacia el laberinto de sirenas estridentes y luces parpadeantes.

-¿Te has ganado una visita gratis?-me grito una voz áspera de fumador a mi espalda.

Regrese y pestañé ante un taquillero tatuado en exceso.

-No vengo a jugar-explique-. Estoy buscando a una persona.

El gruño.

-Si quieres pasar tienes que pagar.-apoyo las manos encima del mostrador, donde había una tabla de precios con cinta adhesiva, indicando que eran 15 dólares. Solo en efectivo.

No tenía dinero. Y de haberlo tenido no lo habría gastado para pasar unos minutos interrogando a Sasuke sobre su vida personal. Sentí un arrebato de ira por lo del cambio de ubicación en clase y, sobre todo, por tener que estar en ese sitio. Solo necesitaba encontrar a Sasuke, luego podríamos salir y hacer la entrevista. No podía irme con las manos vacías después de haber conducido hasta allí.

-Si no regreso en 2 minutos, pagare los 15 dólares-propuse y, sin atender al sentido común y la paciencia requerida, hice algo impropio de mí y volví a colarme.

Me adentre a toda prisa en el salón con los ojos bien abiertos, buscando a Sasuke. No podía creer que estuviera haciendo eso, pero era como una bola de nieve, cobrando fuerza y velocidad a medida que avanzaba. A esas alturas solo quería encontrar a Sasuke y largarme de allí.

El de la taquilla me seguía, gritando: ¡eh, tú!.

Segura de que Sasuke no estaba en la planta principal, baje las escaleras a toda prisa, siguiendo las señales que conducían a la sala de billares. Al pie de la escalera, una iluminación en riel proyectaba pálidas luces sobre varias mesas de póquer, todas ocupadas. El humo de los puros, casi tan denso como la niebla que envuelve mi casa, formaba nubes bajo un techo de escasa altura. Entre las mesas de póquer y la barra había varias mesas de billar. Sasuke estaba estirado sobre la más alejada, intentando un tiro por banda complicado.

-¡Sasuke!-lo llame.

En ese instante realizo el tiro, clavando el taco de billar en el paño de mesa. Levanto la cabeza con brusquedad. Me miro con una mezcla de sorpresa y de curiosidad.

El taquillero llego a mi lado con pasos pesados y me sujeto por el hombro.

-Vamos, afuera.

La boca de Sasuke formo una sonrisa. Difícil saber si era burlona o afectuosa.

-Está conmigo.

Esto pareció tener cierta influencia sobre el tipo, que aflojo su presa. Antes de que cambiara de opinión, me libere de su mano y camine zigzagueando entre las mesas hacia donde estaba Sasuke. Los primeros pasos los di con toda la calma, pero fui perdiendo confianza a medida que me acercaba.

Enseguida note algo diferente en el. No sabía que exactamente, pero lo percibía como si fuese electricidad.

¿Más animosidad?

Más confianza en sí mismo.

Más libertad para ser el mismo. Y aquellos ojos negros, que me resultaban inquietantes. Eran como imanes que controlaban cada uno de mis movimientos. Trague saliva con disimulo, tratando de ignorar el claque que sentía en mi estomago revuelto. Algo no iba bien, desde luego. Había algo en el que no era normal. Algo que no era… seguro.

-Perdona por colgarte-dijo acercándose-. La cobertura no es muy buena aquí abajo.

Sí, claro.

Con un gesto de la cabeza indico a los demás que se marcharan. Hubo un silencio incomodo antes de que alguien se moviera. El primero en retirarse me roso con el hombro al pasar. Di un paso atrás, para no perder el equilibrio, y al levantar la vista me encontré con las miradas frías de otros dos jugadores que se marchaban. Genial. Si el entrenador había sentado a Sasuke a mi lado, no era responsabilidad mía.

-¿Bola ocho?-le pregunte, enarcando las cejas y tratando de parecer segura. Quizá tuviera razón y Bo no fuera un sitio adecuado para mí, pero ahora no iba a salir corriendo-.¿Cómo están las apuestas?

Su sonrisa se ensancho. Esta vez no hubo duda de que se reía de mí.

-No jugamos por dinero.

Deje mi mochila sobre la mesa.

-Qué pena. Pensaba apostar todo lo que tengo contra ti.- le enseñe mi trabajo, las dos líneas escritas hasta el momento-. Te hago unas cuantas preguntitas y me largo, ¿De acuerdo?

-¿Idiota Engreído?-leyó Sasuke en voz alta, apoyado en su taco de billar-.¿Cáncer de pulmón? ¿Es una profecía?

Me abanique con la hoja del trabajo.

-Doy por sentado que contribuyes con este ambiente cargado de humo. ¿Cuántos puros por noche? ¿Uno? ¿Dos?

-Yo no fumo-dijo con convicción, pero no me lo trague.

-Aja-dije, apoyando la hoja sobre la mesa, entre la bola ocho y la morada lisa. Toque la bola morada sin querer mientras escribía en el tercer reglón:Si, fuma puros

-Estás jugando sucio-repuso, todavía sonriente. Lo mire a los ojos y no pude evitar imitar su sonrisa.

-Esperemos que no te favorezca. ¿Tu sueño mas anhelado?-me sentí orgullosa de esta porque sabía que lo dejaría sin respuesta. Requería pensar con antelación.

-Bésame.

-No tiene gracia-dije aguantando su mirada, agradecida de no haber tartamudeado.

-No, pero hace que te sonrojes.

Me senté al borde de la mesa, tratando de parecer imperturbable. Me cruce de piernas, usando la rodilla como escritorio.

-¿Trabajas?

-Recojo las mesas en el Bordelinde. El mejor restaurante mexicano de la ciudad.

No pareció desconcertado por la pregunta, aunque tampoco encantado.

-Has dicho unas pocas preguntitas. Ya vas por la cuarta.

-¿Religión?

-Religión ninguna… culto.

-¿Perteneces a un culto?-me sorprendí, pese a que debería de haber disimulado.

-Resulta que necesito a una chica sana para un sacrificio. Al principio había pensado en seducirla para ganarme su confianza, pero si ya estas lista…

Lo poco que quedaba de una sonrisa desapareció de mi rostro.

-No me estas seduciendo.

-Todavía no he empezado.

Baje de la mesa y lo encare. Me sacaba una cabeza de estatura.

-Ino me dijo que eras un estudiante del último curso. ¿Cuántas veces as suspendido biología de cuarto? ¿Una? ¿Dos?

-Ino no es mi portavoz.

-¿Estás negando los suspensos?

-Estoy diciendo que el año pasado no fui al instituto.-sus ojos se mofaban de mí, lo que solo sirvió para fortalecerme.

-¿Hacías novillo?

Dejo el taco sobre la mesa de billar y con un dedo me indico que me acercara. No lo hice.

-¿Quieres oír un secreto?-dijo en tono confidencial-. Nunca he ido al colegio. ¿Otro secreto? No es tan aburrido como esperaba.

Estaba mintiendo. Todo el mundo iba al colegio. Había leyes. Estaba mintiendo para fastidiarme.

-Crees que miento-dijo risueño.

-¿Nunca has ido al colegio? Si eso fuera verdad, y tienes razón, no creo que lo sea, ¿Qué hizo que te decidieras a ir este año?

-Tú.

Un temor impulsivo retumbo en mi interior, pero eso era exactamente lo que Sasuke quería. Me mantuve firme y trate de mostrarme disgustada. Aun así me llevo un rato encontrar mi voz.

-Eso no es cierto.

Debió de acercarse un paso, porque de repente solo nos separaba unos centímetros.

-Tus ojos, Hinata. Esos ojos fríos y grises son irresistibles.-ladeo la cabeza, como para estudiarme desde otro ángulo-. Y esos labios sensuales atraen como un imán.

Sin perder la compostura ante su comentario, y aunque una parte de mi respondió positivamente al mismo, di un paso atrás.

-Ya está bien. Me marcho.

Pero apenas lo dije, supe que no era verdad. Sentí el impulso de añadir algo más. Rebuscando en mi maraña de pensamientos, intente descubrir que sentía y que debía decir. ¿Por qué era tan sarcástico, y porque actuaba como si yo hubiera hecho algo para merecerlo?

-Parece que sabes mucho sobre mí-dije, quedándome corta-. Más de lo que deberías. Es como si supieras exactamente lo que tienes que decir para hacerme sentir incomoda.

-Me lo pones fácil.

Una chispa de rabia ardió dentro de mí.

-Admite que lo haces apropósito.

-¿Hacer que?

-Esto, provocarme.

-Repite provocarme. Tu boca parece provocativa cuando lo dices.

-Ya hemos acabado. Sigue con tu partida.-agarre el taco de billar y se lo tendí bruscamente. No lo cogió-. No quiero sentarme a tu lado-añadí-. No me gusta ser tu compañera de pupitre. No me gusta tu sonrisa condescendiente.-me temblaba la barbilla, algo que normalmente ocurre cuando miento. ¿Estaba mintiendo? Si así era, quería darme de tortazos-Y no me gustas tú-concluí de la manera más convincente posible, y empuje el taco contra su pecho.

-Pues yo me alegro de que el entrenador no haya puesto juntos-repuso. Detecte una ligera ironía en la palabra entrenador, pero no pude imaginar lo que escondía. Esta vez agarro el taco.

-Ya me encargare de que nos cambien, descuida-respondí.

A Sasuke eso le pareció tan divertido que todos sus dientes asomaron en otra sonrisa. Alargo la mano hacia mí, y antes de que pudiera apartarme, desenredo algo de mi pelo.

-Tenias un trocito de papel-dijo, dejándolo caer al suelo.

Cuando alargo la mano alcance a ver una marca en el interior de si muñeca. Me pareció un tatuaje, pero una segunda mirada revelo una marca de nacimiento negra, con un poco de relieve, similar a tres aspas girando.

-Ese no es el mejor sitio para una marca de nacimiento-dije, desconcertada al advertir que la tenía casi en el mismo lugar que mi cicatriz.

Con aire despreocupado, aunque discreto, tiro de su manga para cubrirse la muñeca.

-¿Preferirías que la llevara en un lugar más intimo?

-No tengo preferencia al respecto.-dude de cómo había sonado, así que añadí-: Si no la tuvieras me daría igual.-y remache-: Tu marca de nacimiento me trae sin cuidado.

-¿Alguna pregunta más? ¿Algún otro comentario?

-No.

-Pues entonces nos vemos en clase de bio. Pensé en decirle que no iba a tragarme mis palabras dos veces el mismo día.

Aquella noche, mas tarde, me despertó un ruido. Me quede quieta, con la cabeza hundida en la almohada, todos mis sentidos alertas. Mi madre estaba fuera de la ciudad por lo menos una vez al mes, así que estaba acostumbrada a dormir sola en casa, y hacia meses que imaginaba pasos que recorrían el pasillo hacia mi habitación. La verdad era que nunca me sentía completamente sola. Justo después de que mataran a mi padre de un disparo en Portland mientras compraba un regalo para mi madre el día de su cumpleaños, una extraña presencia entro en mi vida. Como si alguien estuviera orbitando mi mundo, vigilando desde la distancia. Al principio, esa presencia fantasmal me tenía sobre ascuas, pero como no ocurría nada malo mi ansiedad se calmo, por así decirlo. Empecé a preguntarme si había una razón cósmica que explicara mis presentimientos. Tal vez el espíritu de mi padre andaba cerca. La idea a menudo me reconfortaba, pero aquella noche era diferente. Sentía la presencia como un hielo sobre mi piel.

Al girar un poco la cabeza, vislumbre una sombra tenebrosa proyectada sobre el suelo de la habitación, una silueta de hombre. Me di la vuelta para ponerme de cara a la almohada y me dije que había sido una nube pasando por delante de la luna. O un trozo de algo arrastrado por el viento. Sin embargo, a mi pulso le costó unos minutos estabilizarse.

Cuando reuní valor para salir de la cama, el jardín debajo de la ventana estaba calmo y silencioso. Solo se oían las ramas del árbol rozando la pared de la casa, y los latidos de mi corazón.

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¿Que hará Hina-chan con su querido fantasmita?; ¿Sera Sasuke un acosador?; ¿Cuales serán las intenciones de Sasuke para con Hina-chan, la querrá de juguete o verdaderamente le interesa?

Muchas cosas pasan por la mente de un adolescente solitario, ya que tienden a pensar la mayoría del tiempo. La cosa esta, en saber ¿cual de todas las ideas es verdad y cual es solo un producto se la imaginación?.

~Mai-Nya~