Capitulo III
BUSQUEDA
Estaba encerrado en una prisión de hierro sobre otra de madera, sus manos atadas sobre su espalda con grilletes y sus pies amarrados de sus tobillos de igual manera. Estaba asustado y ríos de lagrimas mojaban sus mejillas, sus sollozos eran ahogados por el pedazo de tela que cubría su boca. Lo habían capturado. Estaba seguro que eran maestros tierra, nunca había visto uno, pero el simple echo de que manejaran la tierra de esa manera lo dejaba en claro. ¿Por qué pasaba eso? Sabia que algo no andaba bien cuando noto aquella extraña figura en su casa. Pero se calmo cuando su padre fue tras el intruso. Había salido de la casa aun en contra de las ordenes de su padre solo para ser capturado. ¿Qué haría ahora? ¿Tendría que esperar a que lo rescaten?
Justo después de que lo encerraron en su prisión de tierra, escucho un fuerte estruendo, podía imaginarse de que se trataba. Tal vez su casa había explotado. Sintió miedo al pensar en su padre y que podría haber muerto, pero se calmo pues sabia que él no estaba ahí, pero su padre pensaba que él si. Entonces… ¿Cómo podría saber que lo habían secuestrado? Es posible que lo creyera muerto. Sintió mucho miedo, estaba solo, nadie iría a rescatarlo. Cerro sus ojos con fuerza y las lagrimas siguieron saliendo sin descanso.
Después de unas horas despertó. Las lagrimas y el cansancio de sus desesperados intentos de liberarse lo habían echo dormir. El vaivén del barco lo arrullaba y le decía que aun continuaban en el mar. Ya había amanecido, seria cerca de mediodía, el podía sentirlo, era un maestro fuego y su padre le había enseñado a saber la hora con la posición del sol, sin necesidad de verlo, solo sentirlo, una tenue luz entraba en su prisión de metal y madera atreves de una de las ventanas circulares del barco. Cerro sus ojos de nuevo. Al abrirlos horas mas tarde un extraño lo miraba de lejos. Se asustó, su corazón de niño comenzó a latir con fuerza dentro de su pecho.
El hombre se acerco al ver que había despertado. Un sombrero Nón Lá cubría su cabeza, vestía ropas extrañas para él, en color negro con líneas verdes en los costados. Desde su posición en el suelo pudo ver la mirada de aquel que se le acercaba. Abrió la puertecilla de madera. Por instinto trataba de retorcer hasta el rincón de la jaula donde se encontraba. El hombre sonrió un poco satisfecho al ver el miedo en la mirada del pequeño y como huía de él. Abrió la segunda puerta de metal y lo jalo del cabello.
Dejo salir un grito que fue ahogado por la tela, después de arrastrarlo hacia él le colocó un saco en la cabeza y lo cargó sobre su hombro. Sintió los rayos del sol a través de la tela obscura. Con brusquedad lo dejaron caer sobre algo muy duro, a ciegas se dio cuenta que estaba en otra jaula, el golpe fue suficiente para darse cuenta que era de metal, se pusieron en movimiento. Los vaivenes bruscos de la carreta solo hacían que su cuerpo golpeara con rudeza las paredes de su prisión.
El pequeño prisionero no dejaba de pensar en su situación ¿Qué pasaría con él? la explosión de su casa solo era para hacer creer a su padre que él estaba muerto, y si era así, entonces no pedirían rescate, ¿Cuales eran las verdaderas intenciones de secuestrarlo? Recordó entonces. Una vez le preguntó a su padre el por qué no salían de la Nación del Fuego. Si los embajadores y personas importantes del reino tierra incluso el avatar iban a visitarlos, ¿Por qué ellos no? Le respondió que al final de la guerra no muchos veían a las personas de la nación del fuego como personas buenas, ellos habían causado la guerra de cien años y aunque ahora eran buenos, podían existir personas con rencor que quisieran hacerles daño. El no lo había creído del todo. Se le hacia difícil pensar que pudieran hacerle daño a él o a su padre. Su propio padre había ayudado a poner fin a la guerra ¿por qué querían lastimarlo?
Sin importar los motivos, se dio cuenta que su vida corría peligro. No habían ido hasta la nación del fuego solo para secuestrarlo y ya. Planeaban hacer algo con él y sabia que no era nada bueno. Entonces tomo una decisión. Debía escapar. ¿Pero cómo? ¿Acaso podría lograrlo? No se dejo vencer por las adversidades - ¡CLARO QUE PUEDES RYU! – se dijo así mismo - Eres el príncipe de la Nación del Fuego, tu padre es el Señor del Fuego, el mas fuerte maestro de todos, el fue un héroe de la guerra, maestro fuego del avatar ¡Y TU LLEVAS SU SANGRE! – el no era ningún debilucho, era fuerte, su padre lo había estado entrenando y ahora pondría en practica ese entrenamiento. Tomo valor y comenzó su escape.
No podía ver pero eso no le impediría tratar de escapar. Primero debía liberarse de sus manos. Los grilletes en sus muñecas tenían una cadena en medio lo que permitía que se separaran ligeramente, comenzó a tantear el largo de las cadenas estirándolas. No era mucho, pero debía intentarlo, se puso de espaldas y se encorvó. Trataba de hacer pasar sus encadenadas manos bajo sus pies. Por suerte era solo un niño y su cuerpo no era tan ancho. Estiro todo lo que pudo las cadenas hasta que logro pasar sus piernas. Ahora tenia sus manos al frente, se quito la capucha y soltó el amarre de su boca. Pudo ver la prisión en donde se encontraba, era una jaula cerrada de metal alta, en la parte superior se hacia mas estrecha, en el techo había una ventanilla con una rejilla que lo cubría para dejar pasar el aire. Puso ver las copas de los arboles, estaba en un bosque.
Debía liberarse de sus cadenas. Su padre le había enseñado, después de la semana de ejercicios de respiración el aliento de fuego. Comenzó a inhalar profundamente y exhalo dejando salir una llama de su boca que fue hacia las cadenas en sus manos, lo estuvo repitiendo hasta que se mareó, pero al ver que casi se derretía dio un jalón fuerte, la cadena se rompió. Sonrió con satisfacción. Ahora seguían los pies, hiso lo mismo, pero en lugar de usar su aliento uso sus manos. Una vez libre tenia que ver como salir de aquella jaula. Acerco su ojo a la cerradura. Había un hombre detrás de él montado en un caballo-avestruz, seria difícil escapar si había alguien detrás de él.
Tubo una idea.
Hiso a parecer una llama en sus dedos índices, la intensificó y comenzó a calentar la chapa y los soportes de la puerta. Si lograba calentarlos lo suficiente el metal se derretiría haciéndolo débil y fácil de romper. Después de eso, solo tendría que golpear con mucha fuerza la puerta y esta cedería. Pero debía de hacerlo rápido, si se tardaba demasiado el metal se enfriaría, y si no lograba derribar la puerta en el primer golpe se darían cuenta que trataba de escapar. Era todo o nada. Vio que la cerradura estaba al rojo vivo y los soportes también. Era hora, se alejo, el espacio era reducido pero el era pequeño, respiró, giro su cuerpo y soltando una gran llamarada de su pie le dio una gran patada con fuego a la puerta la cual salió disparada.
Al escuchar un golpe metálico el maestro tierra dirigió su vista al frente y lo último que vio fue una puerta de metal hiendo hacia él.
Ryu no perdió tiempo, de un salto alcanzo la puerta que acababa de lanzar, la cual golpeo al hombre detrás de él, la piso, ganado impulso salto de nuevo, al caer al suelo comenzó la carrera de su vida.
- ¡Se escapa tras él! – grito uno de los maestros tierra.
Salió del camino para adentrarse mas al bosque, había pasado un día desde su secuestro, no había comido nada, su cuerpo estaba entumido por la extraña posición en la que había estado, pero no le importo, el correría hasta sentirse a salvo. Sentía como pedazos de tierra pasaban muy cerca de el tratando de golpearlo, pero el abastecido bosque hacia que las rocas golpearan en algún árbol cada vez que el cambia drásticamente de dirección. Gruesos muros se alzaban ante él obligándolo a cambiar su ruta, pero no por ello disminuiría su velocidad. En un punto se oculto. Trepo a lo alto de un árbol y ahí se quedo quieto. Contuvo la respiración cuando escucho a los que se acercaban.
- Ese maldito mocoso – escucho a uno de los maestros tierra.
- Tenemos que encontrarlo antes de que los Dai Li se den cuenta.
- ¿Por qué tuvimos que llevarlo nosotros? Pudieron haberlo echo los Dai Li. ¡Fueron ellos quienes lo trajeron!
Dai Li. ¿Dónde había escuchado ese nombre antes?
- Los Dai Li no serán ningún problema cuando el capitán se entere. El vendrá pronto y si se entera que hemos dejado ir a ese niño nos matara a todos ¡Comiencen a buscarlo! – ordenó
- Es una isla nunca saldrá de aquí – hablo sin preocupación uno de los hombres.
Ryu solo pensaba en lo que acababa de escuchar. Dai Li, ese nombre se le hacia muy familiar, al parecer habían sido ellos los que lo habían secuestrado. Recordó al hombre en el barco y un terrible escalofríos recorrió su espalda. Pero las palabras que le quedaron gravadas en su mente fue lo ultimo que escucho. Se encontraba en una isla. Si era así, no había forma de que el pudiera salir. Estaba atrapado. Cerro sus ojos con lamentación y se aferró mas al tronco del árbol como si esperara que este le correspondiera el abrazo y le dijera que todo estaría bien, pero no era mas una ilusión de lo que no pasaría.
Appa descendió sobre el Monte Mapaku, habían pasado muchos años desde la última vez que visito la aldea de la tía Wu, casi después de la guerra, había ido ahí una vez pero solo de paso, ahora su visita tenia un propósito. Inmediatamente al llegar fue reconocido y los aldeanos lo recibieron. Camino hasta la entrada de la casa con la particular puerta circular roja. No había nadie que lo recibiera, lo que parecía extraño, por que, en las dos ocasiones que había ido a la aldea, siempre se le estaba esperando. Después de tocar una vez decidió entrar. Nada había cambiado, todo seguía igual en aquella casa desde la primera vez que entro en ella. Pero aun seguía un poco impresionado de que no hubiera nadie esperándolo, la figura de una mujer se dejo ver.
- Hola busco a la tía…
La charola con galletas de tofu callo al suelo y la joven se quedo viendo asombrada al que estaba frente ella. Meng no lo podía creer, ahí estaba, era él. Se quedo incrédula mirándolo. Vio que se agacho para recoger algo y se dio cuenta de lo que había hecho.
- Ah… yo… lo lamento – se excusaba por su torpeza, mientras recogía las galletas. En ese momento su mano roso con la de él que también se había puesto a recoger las galletas. Meng se quedo estática cuando eso paso.
- No tienes que disculparte, fue mi culpa entrar sin avisar – hablo Aang ajeno a las emociones que le provocaba a la asistente de la tía Wu.
Al terminar de colocar las galletas en la charola nuevamente ambos se pusieron de pie.
- ¿Meng? - El corazón de la chica se detuvo al escuchar su nombre pronunciado por él - ¿Eres tu?
No la había reconocido, en si estaba muy diferente, la ultima vez que paso en la aldea no la había visto, por no decir que ni siquiera la había notado. Pero en esos momentos se dio cuenta que, estaba muy cambiada.
- No te reconocí, si que has cambiado – hablo sonriente.
Meng se quedo perdida en su sonrisa, y un ligero sonrojo la invadió. De pronto sintió mucho calor en su interior, su corazón latía desbocado.
Era evidente que ya no era una niña, ahora tenia dieciocho, aunque no era muy alta, si estaba muy desarrollada. Su piel morena resaltaba de su vestimenta rosa y morada, la razón por la que no la había reconocido había sido por su cabello, no lo llevaba en esa dos coletas alzadas, ahora eran dos chongos con unos listones morados cayendo suavemente de ellos.
- Tu también has cambiado – hablo ruborizada mientras examinaba al maestro aire. Alto y ligeramente fornido, su cabeza igual de afeitada a como recordaba, la flecha y sus ropas de monje. Para ella seguía igual de atractivo a como lo vio cuando eran solo niños.
- ¿Esta la tía Wu? Se que he venido de improvisto, pero me gustaría hablar con ella.
- Si… yo, ahorita le aviso, por favor espera aquí.
Se sentó en el mismo lugar donde la primera vez que entro lo había hecho. Poco después Meng lo llevo hacia con la adivina. Entro a la sala en la que una vez le leyó el futuro, la tía Wu se encontraba sentada esperando por él.
- Avatar Aang, que sorpresa encontrarte por aquí.
¿Enserio? dudo el avatar, se supone que ella es adivina, ¿acaso no lo vio venir?
- Hola tía Wu – le respondió con calma mientras se sentaba frente a ella.
- Y dime ¿que trae a mi casa?
Aang comenzó a dudar si lo decía enserio o simplemente se hacia la desentendida. Esperaba que ella ya lo supiera para evitarse la pena de contarle de aquel problema.
- Yo – se paso la mano por su nuca – quisiera que me hablara acerca de mi futuro.
- Bueno, ya sabes lo que tienes que hacer – le dijo mientras señalaba el bol con los huesos.
Wu sabia exactamente a que había ido. Conocía de la búsqueda personal del avatar. Solo deseaba avergonzarlo un poco, y lo de los huesos era por simple formalidad. Quería jugar un poco con él y ver su reacción. Ella incluso ya sabia quien seria la destinada a ser su esposa, sonreía para si misma.
Aang tomo uno de los huesos y lo lanzó al fuego. El calor provocó aquellas particulares grietas. Las comenzó a observar muy detalladamente, su semblante cambió.
Ni ella hubiera podido predecir eso.
- Debes hacer un viaje y es de suma importancia que lo hagas – hablaba seriamente – Aquellos que estuvieron separados volverán a unirse. Sombras del pasado asechan. Descubrimientos y Revelaciones.
Suspiro cerrando los ojos dando por terminada la predicción. Aang estaba confuso por sus palabras.
- Deberás partir al Polo Sur – declaro finalmente la adivina.
- ¿Al Polo Sur? – hablo incrédulo y sorprendido - ¿Por qué tengo que ir al Polo Sur?
- Algo importante te espera allá, es todo lo que sé – termino de decir regresando a su postura - Partirás mañana, puedes pasar la noche aquí, le diré a Meng que te prepare una habitación.
Salió de la habitación mas confundido que cuando llego. No le dio las respuestas que buscaba, de hecho no le había dicho nada a lo que el deseaba, pero tampoco podía pasar por alto sus palabras.
- Meng – le hablo a su asistente que esperaba fuera – el Avatar Aang será nuestro invitado esta noche, prepara una habitación para él.
La sorpresa de que se quedaría le provocó gran alegría a la joven.
En el templo de los sabios del fuego, todos los sabios de la orden habían sido llamados a reunión por el Alto Sabio. Esperaban que por fin se diera inicio al voto para determinar quien ocuparía su lugar, todos sabían de las condiciones en las que el muy anciano sabio se encontraba, era momento de determinar quien seria su sucesor.
El Alto sabio no tenia hijos, no existía una norma en la que se les prohibiera ellos tener familia, a decir verdad, El hijo mayor de cualquier sabio normalmente se les instruía desde pequeños a seguir el camino de sus padres. Y solo podían convertirse en sabios una vez que su padre moría, por lo tanto la mayoría de los sabios del fuego eran hombres de edad madura y los ancianos abundaban. En esa ocasión no solo estaban reunidos los sabios del fuego que custodian las tradiciones y ceremonias, también habían sido llamados los sabios que cuidan del templo avatar, aquellos que solo se dedican al cuidado y veneración del mismo. Desde que el actual avatar había destruido el templo del Avatar Roku, pidieron al nuevo Señor del Fuego reconstruirlo, el cual, incluso con la ayuda del mismo Avatar Aang, lo edificaron de nuevo. Habían aprendido que su deber era hacia con el avatar, y recuperaron su propósito original.
- ¿Cree que por fin lo anuncie? – pregunto uno de los sabios a Shyu.
- No creo que nos haya convocado a todos de no ser por eso – le respondió.
- Sera una votación difícil.
Después del final de la guerra hubo una división interna entre los sabios, algunos tenían sus reservas respecto a quien seria el nuevo Señor del Fuego y el rumbo que tomaría la nación, pero incluso el Alto Sabio tenia sus buenas opiniones hacia él. Al ser joven podría ser fácilmente manipulable y el se encargaría de llevarlo hacia el camino que él consideraba correcto. El Señor del Fuego Ozai no había sido un gran devoto a las tradiciones y costumbres, su ocupación la tenia en la con la guerra y conquistar el mundo, pero su joven hijo se apegaría a las tradiciones y mandatos que le impusieran.
Sin embargo, cuando el día de la coronación Llegó y se enteraron del sorpresivo matrimonio, el escandalo se armo entre los sabios. El Alto Sabio estuvo apunto de expulsar a Shyu de la orden por haber sido el quien caso al príncipe diciéndole que había cometido una falta, pero el alegó que aun era príncipe cuando lo caso y siendo el la máxima autoridad no podía negársele. Algunos no estaban de acuerdo con la quien era la nueva Señora del Fuego, pero eran mas los que estaban a favor de ella. Las opiniones variaban y los disgustos de algunos fueron en parte muy excesivos, pero la mayoría opto en que si la nueva Señora del Fuego no seguía las tradiciones y mandatos que su posición llevaba tomarían represalias contra ella, pero el resultado fue muy diferente a lo que esperaban, Katara estaba mas que dispuesta en cumplir con todo lo que le pedían, incluso con su deber de dar un heredero. Cuando se supo de su embarazo no fue otra cosa mas motivo que de discusión. Ella era nativa de la tribu agua y era maestra agua, la posibilidad de que el nuevo príncipe fuera un maestro agua y no un maestro fuego hiso que la posición de ella se viera afectada, pues aun la consideraban inadecuada y ese factor solo agregaba mas cosas en su contra, pero de nuevo las cosas no salían como se lo esperaban, el nuevo príncipe seria un maestro fuego. Pero el motivo de su partida fue algo sorpresivo, nadie solo unos cuantos supieron de la verdad tras su partida y Shyu era uno de los pocos que se dieron cuenta de ello. No pudo mas que odiar al Alto Sabio por lo que hiso.
Ahora tocaba ver quien seria el que tomaría su lugar, al anunciar su retiro debían elegir al siguiente Alto Sabio y solo se lograría por mayoría de votos.
- Tu sabes Shyu que nosotros te apoyamos. No nos gusta la manera en que el Alto Sabio hace las cosas – termino de decir un poco disgustado. Ese sabio supo del trato que hiso con la Señora del Fuego.
Shyu solo hiso una leve inclinación con su cabeza a manera de agradecimiento. Si llevaba a votación era inevitable que el seria elegido como el nuevo Alto Sabio, llevaba la ventaja por mucho. Fueron llamados a tomar su lugar en la cámara de los sabios y la junta comenzó.
- Esta noche los he convocado – comenzó a hablar el Alto Sabio – para decirles una noticia – los sabios se miraron entre ellos – me he enterado que el príncipe heredero ha muerto.
Los murmullos y comentarios ante la impactante noticia no se dejaron esperar, Shyu estaba conmocionado.
- Se que es difícil de creer – continuo hablando el sabio haciendo callar los murmullos – pero ahora debemos pensar en una solución a este problema. Mi solución es que el Señor del Fuego deberá casarse inmediatamente y procrear un nuevo heredero.
- ¿Cómo sabe usted que el príncipe ha muerto? – hablo Shyu un poco molesto por la falta de tacto e indiferencia que mostraba el Alto Sabio, aquella noticia era terrible y el ni siquiera daba una explicación coherente a lo que decía – No hemos escuchado nada al respecto.
- Lo se, por que tengo contacto con la guardia real de su majestad, y ellos me informaron de la muerte del príncipe.
- Pero aun no han dicho nada en el palacio – atacó – Sugiero que esperemos a noticias oficiales a simples rumores antes de planear ideas sobre el futuro del Señor del Fuego y la nación.
Se escucharon murmullos a favor de lo que decía Shyu.
- ¿Dudas de mi palabra sabio Shyu? – le dijo con severidad.
- Dudo de cualquiera que presagie muerte a la familia real o ponga en peligro su bienestar – termino de decir.
Las exigencias de aclaraciones respecto a lo que decía el Alto Sabio no fueron respondidas, el solo hecho de decir que la guardia real se había contactado con el para darle tal noticia resultaba poco creíble ya que los primeros en enterarse debería ser el general Iroh, y después seria él o el Señor del Fuego quien diera el anuncio oficial a los consejeros y a la nación. Pero nada de eso había pasado, lo que ellos sabían era que el Señor del fuego y su hijo se hallaban de viaje en la ciudad Fuente de Fuego. Si en verdad había fallecido ellos serian los segundos en enterarse pues oficiarían el funeral del pequeño príncipe, pero ni siquiera había hablado de eso, si no de la absurda idea que tenia con el Señor del Fuego para traer a otro heredero.
La junta se convirtió en una discusión y solo llegaron al acuerdo de no hacer nada hasta que se diera la noticia oficial de lo que había o no pasado con el príncipe Ryu. El tema de quien seria el nuevo Alto Sabio fue olvidado y solo quedo la duda e incertidumbre respecto a lo que se había escuchado esa noche.
Shyu no dudo en ir a visitar al general Iroh.
- El Alto Sabio se ha enterado.
Iroh dejo de lado su té para mirar con sorpresa e incertidumbre a Shyu - ¿Cómo pudo saberlo? – le preguntó.
- Asegura que la guardia imperial se lo ha comunicado. Nos lo dijo a todos en la junta de esta noche, fue el quien la convocó.
Negó vehementemente con la cabeza.
- Es imposible que se lo hubiera comunicado la guardia imperial, todos esos hombres son fieles a mi sobrino – entonces la duda y la sospecha dieron lugar.
- ¿Cuándo fueron llamados a esa junta? – le preguntó.
- Cerca de mediodía recibí el mensaje. Después de hablar con usted. Incluso se atrevió a sugerir que como el príncipe había muerto, el Señor del Fuego debía de buscar una nueva esposa.
Iroh se sorprendió por lo que sugería el Alto Sabio, pero aun mas por la seguridad que demostraba al dar por muerto a Ryu. El recibió las noticias de lo que había pasado en la madrugada y hasta ese momento no habían tenido problemas en mantener oculto el suceso. Todos pensaban que el señor del fuego y su hijo estaban de viaje y que habían llegado seguros a la ciudad Fuente de Fuego. Que el Alto Sabio se hubiese enterado de aquel ataque solo significaba que el también se enteró casi al mismo momento que él. Todo resultaba muy sospechoso. Si existía la posibilidad de que alguien se enterara de lo que había pasado, no seria tan pronto, al menos se esperaba que sospecharan hasta dos o tres días después. Zuko había dejado todo muy bien cubierto en ciudad Fuente de Fuego y como la casa donde se quedaban estaba muy alejada y bien cubierta no había forma de que alguien viera el estado actual en que había quedado.
- Es muy extraño que se haya enterado tan rápido de algo que se supone que no ha pasado. Zuko ordeno a su guardia que no hablaran de eso y yo estoy seguro que ellos no lo traicionarían.
- Me temo que el Alto Sabio sabe más de lo que creemos – se atrevió a decir Shyu.
- Y yo comparto tu misma opinión – dijo Iroh seriamente – ordenare que lo mantengan vigilado. Debemos saber como fue que realmente se enteró.
- Creo que yo puedo ayudarle con eso, conozco a alguien que nos dirá todo lo que queremos saber – termino de decir Shyu teniendo en su mente la imagen de la persona que les diría la verdad de todo – ¿Han… tenido noticias de ellos? – preguntó después.
- No – dijo con lamentación – no hemos recibido noticias hasta ahora.
Solo había un lugar al que podían ir si habían ido hacia el sur como sus hombres le habían dicho. Huir al reino tierra resultaba demasiado obvio, así que solo quedaba un lugar donde podrían mantener oculto a un niño sin el inconveniente de que fueran atrapados o perseguidos. El templo aire del sur. Las islas de los nómadas aire eran aun lugares deshabitados. Sabia que Aang trataba de restaurar los templos, pero hasta ahora solo lo había echo con el templo aire del norte. Le tomo casi un día llegar hasta allá, el globo en el que viajaba era mucho más rápido que cualquier barco. Si tenia suerte llegaría antes que ellos. Llego mucho antes del atardecer.
Divisó las islas e inmediatamente puso rumbo a donde se encontraba el templo. Dejo el globo oculto al pie de la montaña, entonces emprendió el camino de subida. Sabia que para los maestros tierra les resultaría fácil crear una escalera o camino que los llevara hasta el templo, pero el tubo que ingeniárselas como lo hiso hace casi doce años atrás. Por un camino secreto detrás de la montaña, casi anochecía cuando llego a donde el camino terminaba, ahora venia lo mas difícil. Escalar. Se aseguro que sus espadas Dao estuvieran bien colocadas en su espalda. Apretó más los guantes negros de sus manos y de su mochila saco los picos que lo mantendrían fijos a la roca. Comenzó el ascenso.
Le tomo menos tiempo que la ultima vez. Era solo un adolescente en ese entonces y ahora era todo un hombre y los frutos de su entrenamiento no dejaban a dudas su gran condición física que ahora tenia, no llevaba la pesada armadura con la que había insistido hacer el ascenso la primera vez y su tío por obvias razones no subió. El traje negro que se ceñía a su cuerpo le daba más movilidad y su condición estaba mejor que nunca, pero el clima se había convertido en parte su enemigo, había olvidado que en la cima de las montañas había nieve, por lo tanto el frio se convertía un poco insoportable, pero gracias a su condición de maestro fuego pudo soportarlo. Cuando la noche cayó había llegado a la cima de la montaña, al Templo Aire del Sur.
Antes de salir acomodó la mascara en su cara. No podía permitir que los maestros fuego lo reconocieran. Si sabían que el mismo señor del fuego se encontraba ahí podían tratar de matarlos, el era fuerte no lo dudaba, pero temía a lo que le pudiera pasar a su hijo. Podían usarlo de alguna manera y atentar contra su vida. El odio y coraje se apoderaron de él. No podía soportar pensar que le podrían hacer a su hijo. La mascara que una vez creyó haber tirado en aquel lago de Ba Sing Se, regresaba a él. Las curiosidades de la vida, se dijo a si mismo cuando, antes de salir de la ciudad Fuente de Fuego, Issei le entregó aquella máscara azul que, aunque estaba seguro que no era la que el llegó a tener, si era una copia exacta de la misma.
- La tome de entre la decoración de la plaza – le dijo mientras se la entregaba – si encuentra a los maestros tierra ellos no deben saber quien es usted.
Aunque lo hacia con la intención de proteger su identidad, su capitán de los guardias desconocía el significado que tenia aquella mascara para él. Sin decirle nada la tomo. No había planeado convertirse en el espíritu azul otra vez pero, al parecer, aun le quedaba una última misión que llevar acabo.
Se adentro al templo. Todo estaba en silencio, no había nada que indicara que estuvieran ahí o que hubieran estado ahí. El templo estaba completamente vacío. Solo nieve, cuartos vacíos y el rastro de cien años que aun seguían deteriorado el templo. Su hijo no se encontraba en ese lugar. Salió a observar la vista panorámica que daba el templo tratando de que, de alguna manera encontrar una señal de donde podía estar su hijo, pero solo veía el mar de nubes y el cielo obscuro. ¿Se había equivocado al ir hacia allá? Si era así, entonces ya les había perdido el rastro. Maldijo su suerte, pero no podía darse por vencido. No podía equivocarse. Los maestros fuego habían ido hacia el este, hacia el reino tierra y los maestro tierra hacia el sur, no podía dudar que este era el lugar a donde se dirigían, pero ¿Por qué no estaban ahí? ¿Sera que se encuentran en otra parte de la isla? Esa podía ser una solución. Había otros lugares donde podían estarse ocultando. A pesar de que era de noche y lo peligroso que podía ser comenzó el descenso. Los encontraría, aunque le tomara toda la noche, exploraría cada rincón de la isla hasta dar con ellos.
Cuando la noche llego y la obscuridad prevalecía en el bosque, supo que era seguro para bajar. No había escuchado a los maestros tierra desde hace horas. Debía buscar algún refugio seguro para pasar la noche, después vería que hacer.
Descendió del árbol y comenzó a caminar con sigilo en el bosque. A pesar de la obscuridad no encendió ninguna llama, temía delatar su posición. Estuvo caminando cerca de una hora, cada ruido, cada ramita romperse o susurro del viento en las hojas lo hacia detenerse y ponerse alerta, se quedaba quieto y no continuaba hasta que estuviera seguro de que no corría peligro. La tela de su pijama estaba sucia y rota en algunas partes, la delicada prenda no lo protegía del frio de la noche. estaba descalzo y la planta de sus pies le dolían mucho, había perdido sus sandalias en algún momento sin pararse a recordar cuando había pasado. Se sentía débil y mareado.
¿Había pasado por esto su padre? Comenzó a indagar el pequeño. Perseguidos por su propia nación y por maestros tierras, acusados de traidores teniendo una recompensa sobre sus cabezas, viviendo como refugiados en medio de la gran guerra de cien años. El estaba pasando casi por lo mismo.
- Yo… no puedo – cayó de rodillas al suelo mientras que gruesas lagrimas caían como una pequeña lluvia en la tierra – No puedo – repitió.
Su padre le había contado que fue difícil para el y para su tío pasar por todo eso, pero que de alguna forma u otra habían logrado sobrevivir. Pero el era solo un niño. Había logrado escapar, pero ahora se enfrentaba a la mas cruel realidad. Estaba siendo perseguido, nadie sabia que estaba vivo y el lugar en donde se encontraba era una isla. No había forma de poder escapar. Solo tenia siete años, su padre tenia más del doble de su edad cuando le paso todo eso, tenia a esas alturas gran conocimiento en el fuego control y además tenia a su tío, pero él estaba completamente solo. ¿Qué haría?
Pero su padre nunca se rindió. De alguna forma o de otra logro recobrar un poco de valor. Se limpió las lagrimas tallando su rostro contra su brazo. Respiro profundo y continuo su camino. No podía rendirse, tenia que haber algo que pudiera hacer para regresar a su hogar.
Continuó caminando abriéndose paso en la obscuridad. Llego entonces a un barranco. ¿Cómo podía cruzar? Por ningún motivo pensaba regresar al bosque, tenia que alejarse lo más que pudiera de ahí. Trato de buscar alguna forma de cruzar cuando vio, a lo lejos, un puente. Camino por la orilla del barranco hasta llegar al puente. Aun en la obscuridad podía darse cuenta lo viejo que era. La madera se veía un tanto podrida, la cuerda no le daba mucha confianza y hacia falta algunas tablas en el mismo. Suspiro. No había vuelta atrás, debía cruzar por ahí.
Tanteo la primera tabla, el crujido que salió al pisar ligeramente no le dio una buena señal, pero aun así cruzaría. Poco a poco caminaba sobre el maltrecho puente de quien sabe cuantos años. De alguna forma recordó lo que el y Yuu hacían a veces y de cierta manera cruzar un puente podrido era lo menos peligroso que había echo en ese año. El podía, si era capaz de realizar las ideas locas y casi suicidas de Yuu, cruzar el puente era pan comido. Pero sus ánimos se vieron cortados. Una de las tablas se rompió y su pequeño cuerpo casi cae por el hueco, se había aferrado con fuerza para no caer, pero el movimiento un poco brusco hiso crujir el puente. Aterrado supo lo que eso significaba, no paso otro segundo cuando las cuerdas se rompieron y el frágil puente cayó y Ryu junto con él.
Aang se encontraba sentado mirando hacia el jardín de la casa donde se encontraba. Había ido con la intención de que le dijera si encontraría o no a la mujer con la que se casaría, pero ahora resulta que tiene que ir al Polo Sur, le envió un mensaje a Toph diciéndolo donde estaría.
Una parte de él le decía que siguiera el consejo de Toph y le diera una oportunidad a aquella lista de candidatas, y así como lo hiso ella, terminaría enamorándose de su compañera. Pero eso era lo que más le preocupaba, si en verdad podía llegar a enamorarse de alguien que solo conocería por apenas unos momentos. En el pasado mientras visitaba a las candidatas, solo dispuso de un día para conocer a cada una. Pero un día no era suficiente para conocer a alguien. El sabia que cuando encontrara a la indicada lo sabría al instante, tendría ese sentimiento de no querer separarse de ella, de protegerla. Pero hasta entonces eso no había sucedido. Si conocía a aquellas candidatas y no sentía eso con ninguna de ellas, estaría en un gran dilema.
Recordó que Katara también había estado comprometida, pero ella había roto aquel compromiso justo el día de su boda, que agallas, pensó. Pero de alguna forma a él tampoco le agradaba Haack. Se alegro mucho cuando lo dejo, aunque no se lo dijo abiertamente.
- ¿Té?
La voz de Meng lo despertó de sus pensamientos. Vio a la morena joven con una charola, la tetera y los dos recipientes así como galletas de tofu en ella.
- Gracias.
Se sentó junto a él colocando la charola en medio. Sirvió el líquido caliente en cada recipiente y le entregó el que le correspondía. Sus manos, nuevamente se rosaron y ella se sonrojo bastante. Ambos bebieron en silencio.
Meng estaba emocionada, nerviosa pero muy emocionada. Ella sabia de la búsqueda de esposa para el avatar. Su sorpresa fue grande cuando llego a la casa la carta del Loto Blanco avisando que ella había sido elegida como una de las candidatas, su corazón dio un grito de alegría. La tía Wu no dudo en responder afirmativamente a la orden, dando su consentimiento a que su asistente se convirtiera de manera oficial en una de las candidatas. Pero el no había llegado a visitarla, se enteró de lo ocurrido y el descontrol que causo la noticia de su búsqueda, por lo que recibió una carta donde se le decía que, por el momento, la visita del avatar se pospondría hasta nuevo aviso. Eso la deprimió bastante, temía que él pudiera encontrar a alguien en ese lapso sin que ella tuviera la oportunidad de verlo. El tiempo pasaba y no sabían nada de él o de la orden que le diera esperanzas.
Su sorpresa fue bastante grande cuando lo vio dentro de la casa. Era él y había ido por ella. Al principio se sorprendió de que no la reconociera, pero ese cambio se lo había hecho ella desde el día en que recibió la noticia. Quería verse más bonita, para él, aunque no podía hacer mucho con su cabello, por lo indomable que era, pero el noto ese cambio y ella se sintió feliz.
- Es una hermosa noche ¿no crees? – hablo Meng un poco nerviosa.
- Sí, lo es.
Silencio de nuevo. No encontraba las palabras para comenzar una conversación, supuso que ambos estaban igual de nerviosos.
- Meng – se sorprendió un poco cuando le hablo, que casi tira su té - ¿puedo hacerte una pregunta?
Se quedo sin aliento. Los ojos grises del maestro aire la miraban fijamente y ella solo pudo pensar que no existía hombre mas hermoso que él. Su corazón latía tan rápido.
- Claro – respondió bajando un poco la mirada avergonzada. Se apenaba al sentir que la miraba.
- ¿Crees en el destino?
Se destanteo un poco, no entendía el porque de la pregunta, pero aun así le respondería.
- Sí – dijo sinceramente - la tía Wu ha hecho predicciones a muchas personas, y muchas de ellas han encontrado su destino en ellas.
- Yo soy el avatar – comenzó a hablar – yo ya conozco mi destino, pero también me gustaría saber cosas sobre mi, no como el avatar, si no cosas más personales.
- ¿Cómo el amor? - se atrevió a preguntar.
Aang la miro y después desvió su vista hacia el jardín nuevamente.
- Si como el amor, quería que tía Wu me dijera si me enamoraría alguna vez…
- ¿Es por eso que has venido? – pregunto algo decepcionada.
- Sí – le respondió un poco cabizbajo – Tal vez no lo sepas pero… tengo que elegir una esposa, para poder restaurar a los maestros aire, la orden del loto blanco ya a elegido a algunas candidatas y por eso me gustaría saber si al menos me enamoraría de aquella a quien elija.
Meng sintió su corazón romperse. No había ido a verla a ella, había ido por otros motivos, motivos que le dolían pues preguntaba sobre el amor, si se enamoraría de su futura esposa y eso solo podía significar una cosa. Él no se había fijado en ella y por lo que le decía pudo suponer que ni siquiera sabia que era una de las candidatas. Trato de evitar llorar, era la segunda ocasión que la rechazaba, no directamente como la primera vez, pero ella podía entenderlo. Jamás ocuparía en su corazón el lugar que ocupa él en el suyo.
- Te deseo suerte en tu búsqueda – logro decir después, trato de ocultar el temblor en su voz. Inmediatamente quiso recoger la charola con la tetera y su recipiente pero resbalo de sus manos y se cayó haciendo que todo lo que había en ella se quebrara al golpear el suelo, el té se derramó y pedazos de porcelana cubrían el piso de madera – Que torpe – hablo sonriéndose a si misma. Comenzó a recoger los trozos de manera rápida y nerviosa, por algún motivo quería irse de ahí lo más pronto posible..
Aang la estaba ayudando a recoger cuando ambos tomaron la misma pieza de porcelana, si miraron y él solo pudo ver algo que lo conmocionó.
- Meng… ¿Por qué lloras?
Las lagrimas salían sin que las pudiera controlar. Su corazón le dolía mucho. Cuando la rechazó y pensó que era debido a la chica de la tribu agua se sintió devastada. Pero una nueva esperanza resurgió cuando tuvo una segunda oportunidad, ser elegida como candidata y tener la oportunidad de ganarse su corazón nuevamente. Sin embargo ya no podía albergar esas esperanzas. Lo había perdido. El no se fijaría en ella nunca. No pudo soportar más su mirada de plomo, se levantó y corrió, huyendo de él.
Aang seguía sin comprender el por qué de la reacción de Meng. ¿Había echo algo malo? ¿O es que le gustaba tanto esa tetera que le dolió mucho el romperla? Las lagrimas y el dolor en su rostro tampoco pasaron desapercibidos para él. En verdad se veía triste, dolida. Rechazó la idea de la tetera por lo absurdo que resultaba, pero no dejaba de pensar en ella. El recuerdo de su rostro en lagrimas no lo dejo dormir.
A la mañana siguiente todo estaba listo para su viaje. Tía Wu se había encargado de darle provisiones y todo que llegase a necesitar como una Parka para el frio. Aang se dio cuenta que Meng no estaba ahí para despedirlo.
- Tu viaje será tranquilo y fuera de peligros – hablo la adivina – no tienes que preocuparte.
- Gracias – pero no era su viaje lo que le preocupaba.
Wu se acercó a él y le susurro – Lo que has venido a buscar, ya lo has encontrado.
Después de decirle eso se alejo y lo miraba con una pequeña sonrisa. Aang se quedo pensativo por las palabras de la adivina. Aun con ellas en su mente, partió. ¿Ya había encontrado lo que había ido a buscar? El quería saber si se enamoraría, y lo que le dijo en su lectura fue algo completamente diferente. Pensó por un momento que tal vez aquella persona destinada a ser su esposa se encontraba ahí, en el Polo Sur, pero si le dijo que ya la había encontrado entonces ¿Para que iba? ¿Y quien seria esa persona que supuestamente ya había encontrado? Pensó que la única a quien había visto era a Meng. Su corazón dio un pequeño salto. No podía ser. Inmediatamente busco de entre sus cosas un pergamino. Antes de ir a Ba Sing Se había recibido la carta del Loto Blanco, sabia lo que esa carta decía, por eso no se atrevió a leerla. Era la lista de candidatas. Al recibirla le dio pánico y por eso huyó. Quiso comprobar si era verdad. Recordó que en la primera lista habían mencionado el Monte Mapaku. Desplego el pergamino y vio la lista de las diez chicas restantes de la lista original, su vista se detuvo en la última candidata. Ahí estaba su nombre escrito. Meng Monte Mapaku, protegida de Wu.
Ryu despertó y lo primero que sintió fue un terrible dolor en todo su cuerpo. Por un momento no supo que había pasado o donde estaba. Algo suave había bajo su espalda y una manta lo cubría, sus ojos exploraban el lugar donde se encontraba, vio entonces al extraño que lo miraba desde una esquina.
- Me alegro que hayas despertado – hablo mientras que se ponía de pie. Se acercó a él.
El hombre era de tez morena, no tenia cabello alguno en su cabeza a pesar de no ser anciano, Ryu calculo que tendría la misma edad que su padre. Vestía ropas naranjas y amarillas, por un momento pensó en el Avatar Aang.
- ¿Quién es usted? – por alguna razón no tenia miedo de aquel hombre. Aquella pregunta la hiso de manera involuntaria, salió de sus labios antes de siquiera pensarlo.
- Mi nombre es Kanau – le respondió con calma, podía notar que no lo miraba con miedo y eso le agradó. Lo menos que le hubiera gustado provocarle al pequeño era temor - ¿Cómo te sientes? – le pregunto mientras que se sentaba en un banquillo cerca de él. Saco unas vendas de la mesita que estaba al lado de su cama.
Quiso levantarse pero un dolor en su pecho se lo impidió. Los recuerdos de lo que había pasado golpearon su mente. Había caído del puente, pero no recordaba nada más.
- Me duele un poco mi pecho – le informó.
- ¿Puedes sentarte?
Trato de hacerlo, pero aun con el ligero dolor lo hiso. Kanau retiro los vendajes, antes de poner los nuevos untó en su pecho del pequeño pomada. Al hacerlo Ryu sintió muy fresco su pecho, por algún motivo se sintió bien.
- Tuviste suerte – habló Kanau mientras colocaba el vendaje – creo que muy pocos pueden sobrevivir al cause del rio, y mucho mas que la corriente te haya traído hasta aquí sin que te ahogaras. Creo que los espíritus del agua te cuidan.
Ryu no podía entender de que hablaba. Lo último que recordaba era que había caído del acantilado donde el puente se rompió, cómo había llegado con ese hombre también era un misterio para él. Cuando acabo le dio ropas en tonos amarillo y naranjas, el se la puso inmediatamente.
- Ven, para que desayunes – y le hiso una seña para que lo siguiera.
No dudo en seguirlo, salieron por la puerta cubierta por una simple tela naranja. La habitación salía a un corredor de piedra, caminó en silencio. Después de algunas vueltas donde pudo ver que se toparon con otros hombres vestidos de igual manera que él y se saludaban con una ligera inclinación, a el lo miraban con algo de curiosidad. Llegaron a un salón donde había varios niños sentados en una larga mesa al ras del piso con comida en ella. Todos voltearon a ver al recién llegado. Ryu sintió un poco de pena por que lo miraban.
Kanau lo invito a sentarse junto con los niños, uno de ellos se hiso a un lado para que pudiera tomar lugar. Había otras mesas en el salón que estaban siendo ocupadas por personas mayores, de igual manera miraban al recién llegado con algo de curiosidad. Todos los niños en la mesa no tenían nada de cabello ¿Acaso se habían quedado calvos? Todos los hombres de ahí lo estaban. Al parecer el era el único niño con cabello y él si que tenia el cabello largo, en esos momentos lo traía suelto, la coleta como siempre lo traía recogido se había desecho. Su cabello caía sobre sus hombros.
- Si no comes se va a enfriar – la voz de uno de los niños sentado a su lado derecho, lo hiso salir de sus pensamientos. Vio como comía los alimentos.
Miro entonces la comida frente a él. Llevaba dos días sin comer. El olor de comida recién hecha lo abrumó y comenzó a devorar lo que había en los recipientes frente a él. Los demás niños miraban asombrados como hacia desaparecer rápidamente toda la comida.
- Si que tienes hambre – dijo el mismo niño y comenzó a reírse.
Ryu dejo de comer al darse cuenta de la manera en que lo había hecho. Si su tía Ayu lo hubiera visto lo hubiera castigado y regañado – Los príncipes se deben comportar incluso a la hora de comer – esa había sido una de sus primeras lecciones. Inmediatamente tomo posición elegante y aminoro el ritmo. Termino de comer de una manera más calmada.
Kanau y los demás hombres que ahí estaban observaron el cambio en el comportamiento del niño.
Después de que todos comieron, un hombre muy anciano llego con una bandeja con pasteles. Los niños miraron gustosos, y cada uno tomo uno de aquellos pasteles en colores rosa y amarillo. Vio como los niños casi se debatían por tomar los amarillos. Ryu tomo por instinto tomo uno rosa. El niño a su lado se rio de él.
- Es que los rosa son de niña y por eso agarramos los amarillos – se explico.
- De donde yo vengo los pasteles son rosas – habían sido sus primeras palabras desde que llegó a ese salón.
Por algún motivo, al decir eso, recordó el por que estaba ahí, y después una gran pregunta lo golpeo. ¿En donde estaba? Seguía sin saber como pudo haber llegado ahí. Estaba seguro que aquellos hombres no podían ser malos. No se parecían en nada a los maestros tierra de los que estaba huyendo o era demasiado inocente para creer eso. Pero ahí había niños. No podía ser un lugar malo si había mas niños ¿o si?
- ¿Qué lugar es este? – le pregunto poco después.
- Es el comedor – le respondió mientras comía el pequeño pastel en sus manos.
No podía creer que le hubiera respondido eso.
- Oye – le dijo el niño - ¿Tu eres de afuera?
- Supongo que si – le respondió, no era de ahí, de echo estaba seguro que no estaba en la nación del fuego. Si lo habían secuestrado no era para mantenerlo cautivo en su propia nación, el largo viaje en barco también lo comprobaba, además sabia que era una Isla. Pero ¿En donde estaba ahora exactamente? Seguía sin entender qué hacía ahí.
El niño quiso decirle algo más pero un niño que estaba sentado frente a ellos estornudó, mandando a volar todos los platos de la mesa y el mismo niño salió volando hasta pegar contra la pared, la cual estaba a no mas de cinco metros de distancia. Todos los niños rieron después.
- ¿Qué fue eso? – pregunto asombrado Ryu, nunca había visto a un niño salir volando por estornudar.
- Es un estornudo – le respondió el niño.
- Eso ya lo se, pero ¿por que salió volando así? – insistió.
- ¿Qué? – le dijo casi como si no entendiera a lo que refería – Es normal que cuando estornudemos salgamos volando, todos los maestros aire lo hacen.
Ryu pensó que estaba soñando cuando escuchó esas palabras.
- ¿Maestros aire? – dijo con incredulidad - ¿ERES UN MAESTRO AIRE?
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