Capitulo IV
LOS DEL SUR
- Sip – le respondió el niño – mi nombre es Etsu, mucho gusto - se presentó.
- Pero es imposible – hablo Ryu pasando por alto la presentación del niño – ¡Los maestros aire están extintos!
Sus palabras fueron escuchadas por todos. El silencio inundó la sala, los niños lo miraban fijamente. Ryu sintió que no debió haber dicho eso. Inmediatamente después Kanau se levantó, toco el hombro del pequeño.
- Acompáñame – le dijo amablemente.
Lo siguió bajo la atenta mirada de los niños y los demás adultos. Salieron del comedor. Ryu no podía creerlo, le era imposible pensar que existían maestros aire. El sabia que solo el Avatar era el único maestro aire que quedaba en el mundo. Mientras caminaba por los pasillos paso por una ventana, no pudo evitar mirar en ella. Sus ojos se asombraron por lo que veía.
El lugar donde se encontraba, estaba bajo tierra. La ciudad era parecida a los dibujos de los templos aire que una vez vio en pergaminos. Estaba construida pegada a la pared de piedra, debajo de la ciudad, un lago, a la orilla del mismo en montañas de tierra dispuestas de manera escalonada pudo ver pequeños sembradíos y cultivos, había incluso árboles. Lo que creía que era el sol, era en realidad un conjunto de enormes cristales blancos y amarillos ubicados en la parte más alta de aquel lugar donde se encontraban, brillaban con gran intensidad imitando la luz del sol, pero otra cosa llamo también su atención. Los enormes bisontes voladores que se movían de un lugar a otro.
- Appa – dijo apenas en un susurro. Reconoció al bisonte del avatar, pero no era él, si no otro de su misma especie. Ryu pensó que estaba soñando.
Kanau volteó a ver al pequeño que se había quedado estático viendo la ciudad con un rostro de gran sorpresa, el era la primera persona que había llegado a la ciudad oculta de los nómadas aire. Tenían algunas preguntas que hacerle al pequeño. Cuando vio que salía de su asombro, lo condujo al salón del consejo.
Ryu observo a los tres ancianos que estaban sentados frente a él sobre una explana quedando un poco mas arriba del suelo. Kanau le había dicho que se sentara ahí. Había una mujer y dos hombres, Kanau se quedo de pie en la entrada. Pudo reconocer que los tres llevaban una flecha azul en sus arrugadas frentes, definitivamente eran maestros aire. Ya no podía dudar de eso, sus vestimentas y lo mucho que se le parecían a las del Avatar Aang lo confirmaban. Un incómodo silencio se hiso.
- ¿Cómo te llamas pequeño? – le preguntó la mujer.
- Ryu – respondió un poco vacilante.
- ¿De donde vienes Ryu? – preguntó la misma mujer.
No supo que responderles, guardo silencio por un momento. ¿Estaría bien decirles que era de la nación del fuego? Su propio padre le había contado que su tatarabuelo Sozin había sido quien atacó a los maestros aire antes de iniciar la gran guerra, sintió una inmensa culpa y vergüenza por su antepasado. Pero sabia que no debía mentirles, su padre había ayudado al avatar aun después de que lo estuvo persiguiendo y tratado de capturarlo. Si su padre tubo el valor de hacerle frente, el también lo tendría. Respiró profundamente.
- Mi nombre es Ryu – volvió a presentarse – y soy el príncipe de la nación del fuego – dijo sin vacilación.
Dos de los tres ancianos se quedaron impresionados al escuchar la procedencia y el estatus del pequeño incluso Kanau se sorprendió. Uno de los ancianos sonrió, el mas viejo de todos.
- Así que eres un descendiente de los dragones – hablo el mas anciano con una sospechosa sonrisa en su boca – ya sabia que lo eras.
Eso no se lo esperaba.
- ¿Cómo lo supo? – le preguntó un poco sorprendido.
- Tienes los ojos de los dragones. Eres un maestro fuego – aseguró – lo curioso es que también veo agua en ti – termino de decir entrecerrando sus arrugados ojos como si tratara de examinar al pequeño.
La sorpresa de nuevo llego a los presentes por saber que era un maestro fuego.
- Dime Ryu – comenzó a hablar el mismo anciano - ¿Qué hace el príncipe de la nación del fuego en las islas de los nómadas aire?
De pronto la atmosfera cambió. Sabia que si ellos estaban ahí, era por que se estaban ocultando de la pasada guerra. Entonces tal vez, aun veían como sus enemigos a los de la nación del fuego. Que tonto fue al exponerse de esa manera, podían hacerle daño. Los maestros tierra lo buscaban por venganza, pero los maestros aire tenían mas razones para querer hacerle daño, ya que su tatarabuelo los había llevado casi a la extinción. La idea de que tal vez pensaran que estaba ahí para hacerles daño cruzo por su cabeza.
- Si piensa que vengo a hacerles daño esta equivocado – comenzó a hablar – La gran guerra acabó hace ocho años y ahora las cuatro naciones viven en paz.
Sus palabras hicieron pensar a los ancianos. Se miraron entre ellos.
- Aun no has respondido la pregunta – hablo el mismo anciano.
- Yo… - dudo un poco – Fui secuestrado y traído aquí. Escape pero… caí a un precipicio, no recuerdo nada más.
Un silencio quedo en el salón. Después de un momento hablo la mujer.
- ¿Dices que la guerra ha acabado?
Ryu asintió con su cabeza – Si, gracias al Avatar termino la guerra.
Al escuchar la palabra avatar los ancianos se conmocionaron un poco, el más anciano de todos puso una expresión de dolor solo por un momento. Después de un momento se dio el permiso para que se retirara. Kanau lo guiaba de regreso a la habitación donde había despertado. Pero Ryu se detuvo a medio camino. Kanau al ver que no lo seguía se dio la vuelta, vio el rostro del joven maestro fuego.
- ¿Qué te preocupa? – le pregunto mientras se acercaba a él.
- Ellos me tienen miedo.
Kanau suspiro – No es así, es solo que están sorprendidos porque la primera persona que ha llegado a este templo sea el príncipe de la Nación del Fuego.
Ryu pensó en algo más.
- Ustedes – comenzó a hablar - ¿Se han estado escondiendo aquí?
En lugar de responderle lo llevo a uno de los grandes balcones del templo. Ahí se podía ver perfectamente todo el lugar.
– Hace mas de cien años, los miembros del consejo sintieron que algo malo se avecinaba y así fue. Los maestros fuego atacaron los templos aire, el avatar desapareció. No supimos nada de él. Los pocos sobrevivientes se resguardaron en este templo secreto y desde entonces hemos vivido aquí. No hemos tenido contacto con el mundo exterior. Eres el primero joven príncipe, en venir a aquí.
- Pero, ¿por qué nunca salieron?
- Atacaron los templos aire porque el nuevo avatar había nacido entre nosotros. Si descubrían que había sobrevivientes, vendrían a terminar su trabajo.
Recordó la búsqueda de su padre cuando era joven. Era verdad, si hubieran sabido que había maestros aire con vida no dudarían en atacarlos.
- Lo lamento – Kanau lo miró un poco sorprendido – Yo… mi tatarabuelo fue quien hiso todo eso. Lo lamento en verdad – hablo haciendo una reverencia.
Kanau miraba sorprendido al niño que le pedía disculpas por algo que no había hecho. El era un monje y se le había enseñado a perdonar, no guardaba rencor hacia el pequeño maestro fuego, el no había tenido la culpa, pero admiro la forma en que se enfrentaba a los problemas de sus antepasados.
Horas mas tarde Ryu se encontraba sentado en una de las ventanas observando la pequeña comunidad que era el templo aire donde se encontraba. Era un lugar seguro para él, ¿Pero que iba a hacer ahora? No podía quedarse ahí para siempre, tenia que regresar a su hogar, que supieran que estaba vivo y decirle al avatar Aang que aun había maestros aire. Con seguridad había hecho un descubrimiento muy importante. Recordó entonces lo que le esperaba afuera, maestros tierra. Estaba en una isla y no sabría como salir de ahí y buscar ayuda. Podría pedirle ayuda a los maestros aire, si, esa era una buena idea.
Se dio cuenta entonces que no estaba solo. El mas anciano de los tres miembros del consejo estaba ahí, parado junto a él. Estaba tan metido en sus pensamientos que no noto cuando el anciano se le acercó. Dio un brinco del susto.
- Veo que estas pensando mucho – le dijo con una sonrisa.
- Debo de irme – le dijo después – mi padre no sabe que estoy con vida y le tengo que decir al Avatar Aang que aun existen maestros aire.
El anciano se quedo pensativo – ¿El Avatar se llama Aang? - Le pregunto después de un momento. Ryu asintió con la cabeza.
- Es un maestro aire igual que usted. Mi padre me había dicho que era el último maestro aire.
El rostro del anciano se iluminó – En ese caso debes de ir a darle la noticia – le dijo sonriente dejando ver los pocos dientes que le quedaban.
- ¿Qué hacemos aquí? – le preguntó Ryu al ver que habían llegado a una cascada, Ryu sospechó que era de ahí de donde provenía toda el agua.
- Ahí esta tu salida – apunto hacia el inicio de la cascada, un hueco por donde el agua entraba.
- ¿¡Qué!? – dijo sorprendido - ¿Por qué por ahí? ¿No hay otra salida? – le parecía un poco absurdo tener que salir por ahí.
- Es la única salida – le respondió – la entrada a este templo fue bloqueada por un derrumbe, no podemos salir y nadie puede entrar, tu entraste por aquí.
- ¿Si esta es una salida por que no salen ustedes por aquí?
- Decidimos no salir al mundo hasta que estuviera seguro.
- Pero ahora lo es ¿Por qué no viene conmigo? Podemos buscar ayuda.
El anciano negó con su cabeza – Esa, es ahora tu misión – le dijo seriamente – si quieres enmendar los errores de tus antepasados, debes buscar al avatar y traerlo aquí.
Ryu comprendió. Acepto la misión, limpiaría el honor de su nación ayudando a los maestros aire.
- Entiendo – dijo con seriedad y seguridad – Traeré al avatar, puede estar seguro de eso.
El anciano sonrió al ver la determinación en el chico – Entrégale esto a Aang cuando lo veas – Se quito el rosario en su cuello y se lo puso al pequeño.
Lo miró, era igual al del avatar. La responsabilidad calló en sus pequeños hombros, miro al monje y después miro hacia la cascada que era muy alta - ¿Cómo llegare hasta allá? – pregunto en voz alta sin querer.
- Oh no te preocupes, yo te ayudare.
Sin darle tiempo a reaccionar movió sus manos y lo lanzo impulsado por una gran ráfaga de aire hacia lo alto de la cascada. Callo con fuerza sobre la húmeda roca. Se puso de pie y miro al anciano monje, pero ya no estaba ahí. volteó hacia el interior de la cueva, estaba completamente a obscuras y fría. Solo se escuchaba el sonido del agua moviéndose en su interior. Encendió una llama en su mano y adentro en ella.
La corriente era un poco fuerte y amenazaba con arrastrarlo en cualquier momento, pero el no se rendiría, debía continuar. Se aferraba a las rocas y continuaba avanzando. Estuvo así por al menos una hora hasta que llego a un punto donde el agua lo cubría todo, debía de nadar pero tenia que hacerlo a ciegas. Tomo varias bocanadas de aire y se sumergió. En la obscuridad trato de buscar algo que le indicara la salida, una luz atrajo su atención y nadó hacia ella, llego a la superficie de un lago. Los rayos del sol de la tarde acariciaron su cara. Una enorme cascada provocaba el reflejo de un arcoíris mientras que con su cause seguía llenando el lago. Nadó hacia la orilla y dejo caer su cuerpo en la tierra. Lo había logrado. Pero ahora tenia algo mas en que preocuparse. Tenia que ver la manera de regresar a su casa. De nuevo se encontraba en la misma encrucijada. Tenia que poder hacerlo - Si papá pudo yo también puedo - Se dijo así mismo, no importaba que era un niño, el podía hacerlo. Sus palabras le dieron valor y fuerza. No se rendiría vería la manera de buscar ayuda y de decirle al avatar sobre los maestros aire. Ahora tenia una gran responsabilidad.
Obscurecería pronto y Ryu se pregunto por que no trajo comida o algo que le pudiera ayudar a salir de la isla, aquel anciano solo le dio un rosario. La noche llego y con ella el frio. Hiso un pequeña fogata tratando de calentarse con ella, sus ropas eran casi igual de delgadas que su pijama, realmente debió de haberse llevado una mochila con alimentos y ropa.
- Vaya, vaya, vaya al fin te encontramos – la voz de un hombre lo asustó.
Al mirarlo se dio cuenta que había otros más rodeándolo. Todos vestían trajes en color negro y otros llevaban la cara pintada con arcos en sus manos. Eran un total de seis. La fogata los había atraído hacia él. Que idiota. Noto que lo miraba un poco extrañado, tal vez por sus ropas.
- Muy bien pequeño – continuó hablando el hombre – no pongas las cosas difíciles y ven con nosotros.
Trato de agacharse para alcanzarlo pero en ese momento Ryu movió sus manos y saco una llamarada que golpeo al hombre cerca de su cara y después apagó el fuego. En el mismo instante corrió hacia el bosque. Aquellos hombres lo perseguían y supo entonces que eran maestros fuego. Las llamas que le lanzaban no lo dejaba a dudas. Una flecha lo clavó de su ropa a un árbol y una segunda clavó la manga de su camisa cuando trato de quitarse la flecha. Los hombres se acercaron a él. Estaba atrapado.
- Así que quieres hacerlo por las malas – le dijo el hombre enojado con el cabello un poco chamuscado por su ataque y ligeras quemaduras en su cara – Pues lo haremos a las malas, ¡Te dejare una marca al igual que a tu padre! – se acercó amenazadoramente hacia él y en sus manos hiso un puño de fuego. Ryu solo abrió los ojos con horror al ver como se acercaba pensando en que lo marcaria para siempre en su rostro.
Lanzó la llama hacia Ryu, pero una espada corto la flama. En ese instante todos observaron al extraño que apareció. Ryu abrió los ojos con asombro. El traje negro y esa mascara. No había dudas.
- El espíritu Azul – dijo revelando la identidad del extraño.
Las noches en la Tribu del Sur llegaban a ser placenteras, Katara las disfrutaba pues todos se reunían como familia y después de su día de actividades en el tribu no había otra cosa que disfrutara mas que estar con su familia. Pero esa noche era un poco diferente, hace dos días había llegado la comitiva de la tribu del norte, el todavía jefe Arnook y su hijo Haack habían ido junto con otros miembros de la tribu "solo de paseo" como había dicho el jefe Arnook, pero Katara sabia que él y su padre, junto con otros hombres, incluido Sokka no hacían mas que beber en la habitación de su padre y reírse de cosas del pasado. Resultaba un poco divertido escucharlos hablar o hacer retos tontos entre ellos. Lo que el alcohol puede hacerle a los hombres, pensó Katara. Otros años ya lo habían echo y este año no seria la excepción. Juma y Lavali se habían quedado en la tribu del sur desde hace ocho años y en este viaje vinieron sus familias, por lo que estaban muy felices de verlos.
Katara se encontraba en el balcón afuera del palacio. Su Parka y sus gruesos guantes la mantenían tibia, amaba su ciudad, las antorchas iluminaban las calles de hielo y nieve.
- Es una bella noche – Katara se dio la vuelta y vio a Haack acercándose a ella.
- Lo es – le respondió cuando el se paro a su lado.
En silencio contemplaban la ciudad. Haack volteo a ver a la princesa de la Tribu del Sur, la que una vez fue su prometida. Ella lo había dejado por que no estuvo de acuerdo con sus condiciones y cuando quiso recuperarla se entero de una manera muy sorpresiva que ya estaba casada. No podía negar que se sintió lastimado cuando la presentaron como "La Esposa del Señor del Fuego" por algún motivo se sintió traicionado, e incluso se molesto con ella, aunque nunca se lo dijera abiertamente, veía su matrimonio como un acto de traición hacia su propia gente. Casarse con el Señor del Fuego, siendo ella una maestra agua. Una unión más imposible no podía existir, incluso llego a pensar que él la estaba obligando, pero se dio cuenta del amor que se tenían, además de la noticia de que ya estaba esperando un hijo suyo. Se odio a si mismo por esa situación, de cierta manera había sido su culpa, si no hubiera sido tan obstinado ellos nunca se hubieran casado y ella se hubiera convertido en su esposa.
Pero todos pagan por sus acciones, cuando se entero meses después que ella había regresado a su hogar, a la tribu del sur no pudo mas que odiar, a ese maestro fuego, ¿Acaso la estaba rechazando? ¿No fue suficiente para él? Pero se entero de la verdad y solo pudo llegar a la conclusión de que agua y fuego nunca podrían coexistir y ahora los dos pagaban por eso. Especialmente ella. Unos meses después fueron invitados a la boda de Sokka y ahí la vio de nuevo. Aun sentía ese rencor hacia ella, se sentía molesto todavía de haber sido desplazado por un maestro fuego, trato de ser amable pero no pudo. Cada año en el aniversario de la muerte de su hermana ella y su familia iban a tribu del norte, entonces comenzó a darse cuenta de algunos cambios en ella. Poco a poco dejaba de ser la niña con la que se comprometió para convertirse en una hermosa mujer. Su rencor se fue al olvido y comenzó a tratarla nuevamente, a conocerla, cada año cuando ellos iban al aniversario o cuando su padre desidia hacer un viaje al polo sur el lo acompañaba aunque había jurado jamás ir a esa tribu por que sabia que ahí residían maestros fuego, pero dejo un poco de lado su orgullo y odio para ir a verla. Se dio cuenta entonces de lo grandiosa e importante que era.
Las mujeres nunca habían tomado parte importante en las Tribus Agua, pero ella había marcado la diferencia. Pudo ver cuan amada era por su tribu y su gente, se había convertido en alguien importante en la tribu y su propio padre la respetaba así como los maestros agua de su propia tribu. Todos la admiraban. Y el también comenzó a hacerlo, sin darse cuenta se había enamorado de ella.
La miró. Definitivamente se había convertido en una hermosa mujer. Él no se había casado, no era por que no quisiera si no también por que una parte en el fondo de él, esperaba esa oportunidad, la que estaba a punto de tomar en ese momento.
- La Tribu del Sur se ha convertido en una importante nación – comenzó a hablar.
- Si, también la del norte lo es.
- Eres tan bella como tu ciudad.
Katara volteó a ver a Haack después de escucharlo decir esas palabras, la miraba de una manera que ella ya conocía, una vez alguien la miro así, pero él no poseía esa mirada dorada.
- Katara – la habló Haack tomando su mano – Te has convertido en una bella mujer, todos estos años me he dado cuenta de lo grandiosa que eres, te volviste alguien muy importante, no solo para tu tribu, si no también para mi. Quisiera decirte…
- No – lo interrumpió, sabia a donde iba y no podía permitirlo, soltó su mano – Por favor, no continúes.
Haack sintió sus palabras como un golpe en el estómago, de nuevo lo rechazaba incluso antes de decirle sus sentimientos.
- ¿Por qué haces esto? – le dijo con dolor y frustración - ¿Por qué me rechazas de nuevo?
- Tu sabes porque – le respondió.
- ¡Por favor Katara! – le dijo con fastidio sabiendo a que se refería - ¿Han pasado qué, siete, ocho años? Y en ningún momento ha venido por ti. Te alejo de tu hijo ¿Y tu solo esperas quedarte aquí sin hacer nada?
- El no me alejo de mi hijo Haack, los dos estuvimos de acuerdo con esto.
- Pues yo nunca te dejaría ir – defendió - El prefirió su nación a cambio de que te fueras, el no perdió nada Katara tu si.
Sus palabras dolían, pero mas que tristeza provocaron su rabia, Haack nunca comprendería lo difícil que fue para ambos separarse teniendo a su hijo de por medio. Ella vio su dolor, Zuko prácticamente le había rogado que se quedara, que rechazara cumplir con el acuerdo, pero ella no podía permitirse eso. Si dependiera de él ella nunca hubiera dejado la nación la nación del fuego.
- Tu no entiendes nada – le dijo con disgusto – No lo hice solo por el, si no por mi hijo.
- ¿Y crees que él estaría dispuesto a hacer el mismo sacrificio que tu hiciste por tu hijo? – le dijo con descaro.
- Zuko es capaz de dar todo por él, de eso estoy segura – termino de decir para después marcharse de ahí.
Su corazón latía con fuerza, al llegar a su habitación dejo correr las lagrimas. Nunca había extrañado tanto a su hijo como en esos momentos. Había visto como otras parejas de maestros fuego con chicas de la tribu agua tenían hijos sin las complicaciones que ellos tuvieron. Pero eso se debía a que, solo uno de ellos era el maestro de su elemento. Cuando es así, una concepción y el parto se vuelven tan normales como cualquier otro embarazo. Zuko y Katara eran maestros de sus elementos, además de que eran de sangre real y eso según el sabio había afectado mas las condiciones de su embarazo llevándola a ella y a su hijo casi a la muerte.
Su hijo. Su único hijo, no podía verlo…
- Lo cuidaras bien ¿verdad Zuko? tu lo prometiste – hablo con melancolía.
El hombre que había intentado atacar a Ryu estaba impresionado cuando escucho al mismo niño decir quien era al que tenían enfrente.
- No puede ser verdad – dijo incrédulo, la leyenda del espíritu azul no eran mas que cuentos para los niños.
Pero estaba ahí de pie, vestido como la noche, con sus inconfundibles espadas Dao en cada mano, su porte era imponente. De los agujeros negros que tenia como ojos podía sentir una fiera mirada tras la máscara, sintió un horrible escalofrió. Por unos instantes nadie dijo ni hiso nada. Uno de los hombres se atrevió a atacarlo pero fue vencido fácilmente por el enigmático desconocido. La acción hiso reaccionar al líder del grupo.
- Tomen al niño – le ordeno a uno de los hombres mientras que el se acercaba a pelear con el supuesto espíritu azul.
Ryu trato de liberarse al ver que se acercaban a él. Pero no estuvieron ni cerca. El espíritu azul golpeo al hombre, llamas fueron en dirección hacia él. pero fueron fácilmente cortadas y contraatacó con sus espadas, golpeó y noqueo a todos y cada uno de los que estaban ahí. Ryu estaba mas que impresionado por el poder y la fuerza de su héroe. Sus ojitos brillaban con alegría. ¡ERA VERDAD! ¡EL ESPIRITU AZUL REALMENTE EXISTE! Se gritaba en su mente. El extraño enmascarado se acerco a él y le quito las flechas que lo mantenían preso. Lo tomo en sus brazos y comenzó a huir con él.
Zuko al ver que estaban lo suficientemente lejos examinó entonces el cuerpo de hijo, no tenia heridas o al menos no de gravedad. Pudo ver un vendaje en su pecho y eso lo preocupó. Pero lo mas raro eran sus ropas. Cuando se dedico a explorar la isla dio con el campamento de los maestros tierra, para su sorpresa ahí estaban también algunos maestros fuego. Escucho como el que parecía el líder de los maestros fuego se molestaba al saber que había escapado y que aun no lo encontraban. Sintió un poco de orgullo hacia su hijo, había logrado escapar, ahora solo quedaba encontrarlo antes que ellos. Estuvo buscando todo el día. No debía desesperarse, tarde o temprano daría con él. Al llegar la noche se acerco a un lago, entonces escucho el escandalo. Fue inmediatamente hacia donde veía llamas ser lanzadas hacia algo. cuando vio al niño de ropas naranjas y amarilla atrapado en el árbol dudo un poco pero al reconocerlo y ver que lo querían lastimar no dudo en atacar.
- ¡ERES TU! ¡EN VERDAD ERES TU! – la voz de alegría de su hijo solo significaba que se encontraba bien. Sonrió para si mismo, se había convertido en el héroe de su hijo, pero era al espíritu azul a quien veía, no a él.
Aun así no había tiempo de explicaciones, debían regresar al globo y salir de aquella isla, después le diría quien era realmente. Continuaron caminando en silencio, pero era mas que obvio que su hijo trataba de preguntarle cosas. Llegaron a donde tenia oculto el globo.
- ¿Llegaste en el globo? – pregunto entre el asombro al ver como el globo de color negro con la inconfundible insignia de la nación del fuego se comenzaba al inflarse – ¿Eres de la nación del fuego? – pregunto asombrado - ¿Cómo supiste que estaba aquí? - le preguntó después.
Creía que nadie sabia que estaba vivo por lo tanto nadie lo buscaría, pero al ver que el mismísimo espíritu azul había ido por él en un globo de la nación del fuego resultaba inverosímil.
Zuko sintió que era momento de revelar su identidad a su hijo, llevo sus manos a los amarres de la marcara. Vio como su hijo habría los ojos con sorpresa y sostenía el aliento. Pero en ese momento una llamarada fue hacia ellos. Los habían encontrado. Inmediatamente, Zuko tomo a Ryu y lo subió al globo, este comenzó a elevarse rápidamente, desde abajo continuaban atacándolos lanzándoles llamas, supo entonces que no podían huir de esa manera, podían dañar el globo y si lo hacían estarían en serios problemas. Sin dudarlo salto del globo. Ryu miro asombrado como su salvador ahora en la tierra se enfrentaba a los maestros fuego, combatía con sus espadas y peleaba cuerpo a cuerpo con ellos. Pero miro entonces con horror, como el globo se alzaba cada vez mas y como llegaba a un barranco que mostraba el final del bosque y de la isla.
- ¡ESPIRITU! –le grito lanzando una soga del globo.
Zuko entonces miro como se alejaba rápidamente, y que estaban cerca del borde de la Isla, con un último ataque comenzó a correr en dirección a la cuerda. Los maestros fuego detrás de él trataron de lanzarle ataques de fuego pero fueron inútiles, al llegar al filo del barranco, saltó. Ryu contuvo la respiración. Se asomó por la orilla del globo y vio con alegría al enmascarado sujeto a la cuerda. Pero aun no acababa. Los maestros fuego comenzaron a lanzarle llamas y flechas. En ese momento Zuko supo que no podía ocultar más su fuego control. Lanzando patadas al aire rompió los ataques que iban hacia él y con otra de sus llamas quemo las flechas que iban hacia su dirección.
Ryu no podía creerlo, el ¡Espíritu Azul era un maestro fuego! solo podía imaginar la cara de Yuu cuando se lo contara, nadie le creería ni siquiera su padre, pero el estaba feliz, el espíritu azul lo había salvado. Cuando subió al globo Ryu se acerco a él con alegría. Lo abrazó a la altura de su cintura.
- Gracias Espíritu Azul muchas gracias – le decía. En ese momento la mascara calló. Ryu miro hacia arriba y vio la inconfundible marca en el rostro de su padre – Papá – dijo anonadado, en ese instante su padre se agacho y lo abrazó con mas fuerza.
- Creí que te había perdido – le dijo con voz ahogada. Su hijo, la única prueba de amor entre él y Katara estaba ahora a salvo.
No podía creerlo, hace unos momentos el ser que creía una fantasía se volvió una realidad y era su padre quien se ocultaba tras la máscara.
- ¿Tu eres el espíritu azul? – le pregunto asombrado.
Zuko se separo de él y lo miro tiernamente – Lo fui hace mucho tiempo – Pudo ver entonces un brillo en los ojos dorados de su hijo antes de que este lo abrazara con más fuerza.
- Eres increíble papá – le dijo con orgullo, Zuko enterneció por sus palabras. Y abrazo de igual manera a su hijo.
Al separarse se puso de pie, pero un intenso dolor en su costado hiso que cayera de rodillas.
- Papá – Ryu se preocupó al ver en su padre una mueca de dolor.
Zuko puso su mano de donde provenía el dolor, líquido obscuro mancho su guante. Levantó la camisa y con horror Ryu vio la herida cerca de sus costillas, brotaba sangre de ella, se asustó. Zuko puso su mano haciendo presión sobre la herida. Una de las flechas lo había alcanzado, el sintió el roce, pero al parecer fue mas que eso. El dolor era fuerte y perdía sangre.
- Escúchame Ryu – le hablo con algo de dolor mientras se recargaba en la orilla del globo - debes dirigir el globo hacia el sur – vio el miedo en los ojos de su hijo – Tu puedes, se que tu y Yuu volaron en ese globo hace unos meses.
Recordó su travesura avergonzado, pensó que nadie sabía que habían sido ellos. Miro el rostro calmado de su padre, estaba en peligro. lo sabia. Asintió con su cabeza y se dirigió al timonel del globo. La brújula en el le indico que ya iban en camino hacia el Sur.
Pasaron horas y horas. El frio se volvía cada vez mas intenso. Fue a ver a su padre, lo había cubierto con unas mantas que encontró en el globo y lo dejo acostado cerca del caldera, estaba dormido, pero su rostro estaba muy frio. El se encontraba abrigado también con una manta, pero el frio era muy fuerte. Toco el frio rostro de su padre. Temía lo peor.
- Papa, no te mueras – dijo sollozando mientras lo abrazaba, tratando de pasarle algo de calor. No obtuvo respuesta por parte de él. Se abrazó con fuerza a él con lagrimas en los ojos.
El viento frio golpeaba su rostro. Alzo un poco su vista y logro ver algo que llamó su atención. Pasaban al lado de una montaña de hielo. Se levanto y miro que había más de ellas saliendo del mar. Entonces lo vio. A lo lejos, pequeñas luces en el mar que indicaban un camino, inmediatamente puso el globo hacia esa dirección. Su padre le había dicho que fueran hacia el Sur, que ahí encontrarían ayuda, pero él no entendía que clase de ayuda, podían obtener en ir hacia allá. Conforme se acercaba vio algo, una ciudad azul tenuemente iluminada. Sin saberlo había llegado a la Tribu Agua del Sur.
Quería llegar, su padre necesitaba ayuda urgentemente, pero había un gran problema, el no sabia como aterrizar el globo. Ese había sido el principal problema cuando el y Yuu decidieron dar ese pasero en globo sin permiso. Cuando quisieron regresar, estrellaron el globo en el hangar, ellos saltaron antes de que chocara. Y ahora de nuevo se veía en esa situación. Debía de encontrar una forma de aterrizar el globo, de alguna forma u de otra lo haría, avivó mas la caldera y el globo gano mas altura, conforme se acercaba a la ciudad y la sobrevolaba vio una explanada en la parte alta de la ciudad de hielo, ahí, ese seria el lugar para su aterrizaje. Condujo el globo y poco a poco fue apagando el fuego de la caldera, pero lo apago demasiado pronto, el globo perdió altura rápidamente, golpeo con fuerza la superficie de la explanada derrapando sobre la superficie de la misma, se aferro con fuerzas al timonel, sintió un fuerte golpe, el globo se había estrellado con algo, salió volando cayendo sobre la nieve fría. Lo ultimo que vio fue el globo desinflándose y el cuerpo de su padre inconsciente a unos metros del suyo.
- ¡KATARA! ¡KATARA! –los gritos insistentes de Sokka y los fuertes golpes en su puerta solo hicieron que se molestara más - Más vale que sea importante Sokka - Se dijo así misma cuando se levanto para abrir la puerta.
- ¿Qué sucede? – le dijo molesta.
- Un globo de la nación del fuego se estrelló cerca del palacio – los ojos de Katara se abrieron como platos – Zuko estaba en él y también encontraron a un niño
Sin pensarlo corrió hacia donde Sokka le dijo que estaban. Llego hasta las habitaciones del palacio del ala sur. Su alma casi se le iba al suelo al ver el cuerpo de Zuko en esas condiciones, estaba gravemente herido, apenas respiraba y estaba cubierto de mucha sangre. Al verlo inmediatamente divisó la herida, una cortada profunda de su costado derecho. Tomo agua en sus manos y lo comenzó a curar. Su corazón latía desbocado y las lagrimas salieron de sus ojos, sus labios estaban pálidos y su respiración era demasiado pausada – No puedes morir – se decía así misma, recordó entonces el momento en que se interpuso del rayo que Azula le envió y la delicada situación en la que encontró. Había perdido demasiada sangre ¿Qué había pasado? ¿Por qué estaba así de herido?
Un ligero gemido llamo su atención y unos ojos dorados se abrieron.
- Katara – dijo como un susurro apenas audible, pero ella lo escucho con claridad, trato de levantar su mano y tocarla, pero no tenia fuerzas. Tomo su mano antes de que callera y lo apretó contra la suya. Su calor regresaba. La miraba sonriente. Después cerro sus ojos nuevamente.
Lo había salvado, su corazón se calmo, pero aun no terminaba. Volvió a poner agua en sus manos y continuó curándolo, no lo dejo hasta casi una hora después, cuando estuvo completamente segura que estaba fuera de peligro, su cuerpo había recuperado el calor y eso fue suficiente para ella. Cubrió su cuerpo con cálidas mantas. Al salir de la habitación se encontró con su padre y con Sokka.
- ¿Cómo esta? – preguntó Hakoda.
- Ya esta bien – hablo un poco cansada - ¿Cómo fue que le paso eso? ¿Y por que llego aquí de esa manera? – no podía entender que había pasado para que Zuko estuviera en tales condiciones.
- Solo él nos puede responder eso.
- También lo puede hacer alguien más – hablo Sokka – Katara – la miro fijamente – el niño que venia con Zuko esta despierto, dice que es su hijo.
Katara abrió los ojos con gran sorpresa, su hijo estaba ahí. Su corazón comenzó a latir con gran fuerza, de pronto le hiso falta el aire. Sokka la llevo hasta la habitación donde estaba. Suki lo estaba cuidando desde que despertó unos minutos atrás. Era de madrugada y solo la familia y algunos sirvientes se hallaban despiertos por la conmoción de los recién llegados. Toco la puerta de la habitación y Suki salió.
- El esta bien – dijo Suki al salir - Solo tiene unos cuantos golpes en su cuerpo pero nada de que preocuparse, se ha negado a hablar hasta que vea a su padre.
- Es tu decisión si deseas contarle o no – le dijo Sokka antes de irse de ahí con Suki.
Katara se quedo sola de pie frente a la puerta cerrada, detrás de ella estaba su hijo. Ryu, habían pasado casi ocho años desde la última vez que lo vio, cuando era solo un bebe y ahora lo vería por primera vez, después de tantos años. Tenia sentimientos encontrados, quería llorar y al mismo tiempo se sentía dichosa por que ahí estaba su hijo, su niño. Pero… ¿Qué pensara él de ella? Sabia que Zuko no podía hablarle de ella y ella no podía verlo, ese fue el acuerdo. El no sabia que era su madre, así que, de cierta forma, mientras no se lo dijera no estaría faltando a lo que juro hace ocho atrás. Respiro profundamente y entro a la habitación.
Se detuvo en el marco de la puerta al entrar. Estaba de espaldas a ella sentado en la cama, estaba cubierto por una manta azul. Su cabello negro caía sobre sus hombros. Se acerco más a el un tanto temerosa, entonces unos ojitos dorados se posaron en ella. Se quedo sin aliento, era su hijo. A pesar del tiempo pudo reconocerlo. Era idéntico a Zuko. Casi lloró, pero contuvo sus lagrimas, sentía una fuerte emoción en su pecho. Se acerco y se sentó frente a él.
Ryu miraba casi anonadado a la mujer frente a él. La otra mujer que lo estuvo cuidando desde que despertó era amable y bonita, pero la que tenia ahora frente a él, le hacia sentir algo extraño en su pecho. Sus ojos azules lo hipnotizaron, tenia la piel canela y su cabello ligeramente despeinado caía en una trenza sobre su hombro pero no por eso se veía mal, se dio cuenta que su piel y sus ojos tenían una extraña combinación que le gusto bastante. Aquella joven mujer lo miraba tan tiernamente, noto una similitud en su mirada, era como si su padre lo estuviera viendo.
- Dime dónde te duele – su voz era suave casi como un canto. Y lo saco del hipnotismo al que había entrado.
- Estoy bien – le dijo después de notar que se le había quedado viendo como tonto por largo tiempo. Sintió como una cálidas manos tocaron su cabeza y frente, dejo salir un salir un gemino de dolor. Se había delatado. Después miro con gran impresión como, el agua que había en los pequeños canales dentro de la habitación, fue controlada y llevada a la mano de la mujer frente a él. Se formo un guante, coloco su mano en su frente y el agua comenzó a brillar, sintió algo cálido, después ya no sintió dolor.
Llevó su mano a su frente donde hace unos momentos le dolía. El dolor se había ido, estaba impresionado y la joven mujer lo miraba con una delicada pero hermosa sonrisa en su rostro.
- Ahora dime en donde mas te duele para curarte.
Sin más e impresionado por lo que acababa de pasar señalo su pecho, Katara abrió la manta que lo cubría, miro con algo de extrañeza su ropa, era amarilla, no se esperaba eso. Después de que le saco la camisa quitó vio los vendajes, había sufrido un fuerte golpe, el morete en su pecho se lo decía. ¿Qué la había pasado? se preocupo inmensamente. Hizo el guante de agua en su mano y comenzó a sanarlo asta que desapareció por completo. Quería saber la verdad de lo que les había sucedido, pero no podía abrumarlo con preguntas.
- Mi papa… - comenzó a hablar llamando la atención de Katara – El esta herido, por favor cúrelo - sus ojos dorados la miraban suplicantes. Pudo ver dolor en ellos también, le preocupaba su padre.
- ¿Tu lo trajiste hasta aquí? – Le preguntó. El no tenia heridas graves y por las condiciones en las que encontró a Zuko se le hacia difícil creer que fuera él quien manejara el globo hasta el polo sur de donde quiera que vinieran.
El pequeño asintió con la cabeza – Mi papá me dijo que viniera hacia el sur, que aquí nos ayudarían. Por favor, valla a curar a mi papá, esta muy mal – hablo casi rompiendo en llanto, Katara sentía que su corazón se le rompía al ver el sufrimiento de su hijo por Zuko.
- Tu papá esta bien – le dijo tocando su mejilla a manera de caricia hacia su pequeño – Ya lo he curado y esta fuera de peligro.
Al escuchar que su padre estaba bien no pudo evitar llorar, estaba vivo, se pondría bien, en ese momento unos brazos y un cálido pecho lo abrazaron.
- Todo esta bien – le dijo la suave voz y el no pudo mas que desahogarse en el pecho de la extraña mujer.
Había pasado por tanto, recordó todo lo sucedido, había sido demasiado para él, que era un niño. El solo quería regresar a casa, con su padre y pensar que todo eso había sido un sueño, una pesadilla. No supo por cuanto tiempo estuvo así, pero no quería separarse de aquella mujer que lo abrazaba tan cálidamente. Sintió ligeros y cálidos besos en su cabeza y frente. Se pregunto si así se sentía tener una madre. Cansado de llorar, se quedo dormido.
Katara seguía sentada con su pequeño en brazos, lo había arropado con una manta, se había quedado dormido desde hace unos momentos, pero no quería separase de él. No podía. Le dolió verlo llorar de esa manera y solo podía tratar de imaginarse por todo lo que habían pasado Zuko y él para llegar hasta ahí.
Miro el rostro durmiente de su hijo. Acaricio su mejilla limpiando los rastros de lagrimas.
- Todo esta bien mi amor – le dijo dulcemente - no tienes de que preocuparte tu mamá esta aquí.
Lo acomodó en la cama y lo dejo dormir, beso su frente. Ya había amanecido. Salió de la habitación y se dirigió al comedor, todos estaban ahí.
- ¿Cómo esta tu hijo? – preguntó Sokka.
- Esta bien, solo tenia unos cuantos golpes, nada grave. Esta dormido ahora – se sentó y le sirvieron el desayuno y té el cual bebió.
- ¿Se lo dijiste? – le pegunto después.
- No, parece que ha pasado por mucho – suspiro al recordar la forma en que estuvo llorando – aun no esta listo.
Sokka quiso decirle algo pero su padre le cortó.
- ¿Te conto algo? – preguntó Hakoda.
Katara negó con la cabeza – Solo me dijo que fue él quien trajo el globo hasta acá, fue Zuko quien se lo pidió.
- Envié un mensaje a Iroh – hablo Pakku – diciéndole que Zuko y su hijo estaban aquí.
- No lo entiendo – hablo Suki - ¿Por qué vinieron hasta acá en tales condiciones? ¿Creen que alguien los atacó?
Todos ya tenían alguna teoría de lo que pudo o no haber pasado, un posible ataque por parte de algún grupo de rebeldes era la opción mas lógica, pero seguían sin entender que hacían en el polo sur, según el acuerdo ellos no podían salir de la nación del fuego. ¿Por qué habían huido entonces? Pensaron en alguna posible revuelta en la capital pero esa idea también fue descartada, Katara conocía a la perfección los hombres que ahora estaban con Zuko y todos eran fieles a él. De eso podía estar segura.
- Así que escapó.
- Si capitán Izao – hablo el hombre con una venda en su rostro y parte de su cabello chamuscado.
- ¿El te hiso eso? – le preguntó al ver las condiciones de los hombres que había dejado a cargo de cuidar al niño.
- Si capitán – le respondió algo avergonzado.
- ¿Me estas diciendo que un niño de siete años escapó de su prisión de metal, eludió a los maestros tierra y venció a cinco maestros fuegos y tres arqueros Yu Yan y al final escapo en un globo? – le echo en cara lo ridículo que se escuchaba que fueran vencidos por un simple niño.
- El no estaba solo capitán – hablo en su defensa – el espíritu azul lo ayudó.
- ¿¡Qué!? – le pregunto incrédulo - ¿Qué fue lo que dijiste?
- De pronto al idea de que fueron vencidos por un niño sonaba mejor que decir que el espíritu azul los había vencido.
- Era el capitán, el espíritu azul – hablo otro de los maestros fuego – Nosotros lo vimos, tenia la mascara y las espadas, fue el quien se llevo al príncipe.
- Además era un maestro fuego – dijo el hombre con la venda.
Esas palabras lo hicieron pensar un poco.
- De modo que el espíritu azul ha regresado – hablo después.
- Usted… ¿Lo conoce? – le preguntó.
- No, pero mi padre si llegó a conocerlo. En los tiempos de guerra mi padre se enfrento al espíritu azul. Antes de encontrar su final en el asedio del norte – termino de decir con desprecio – ¿Hacia donde huyeron?
- Hacia el sur.
Izao se quedo pensativo. Así que huyeron al sur, excelente.
- Envíen una nota a la capital diciendo en donde se encuentra el príncipe y quien lo acompaña.
Se despertó muy calientito en su nidito de cobijas. Era tan cómodo y suave. Abrió perezosamente sus ojos. Se levantó y se estiró. Se sentía extrañamente bien, no le dolía ninguna parte de su cuerpo. Estuvo dormido casi toda la mañana. La puerta de su habitación se abrió y la joven mujer morena que lo ayudo entró.
- Ya despertaste – le dijo con una sonrisa, recordó entonces que había llorado delante de ella y lo había abrazado, sintió un poco de vergüenza, lo menos que quería es que pensara que era un llorón, el era un hombre y los hombres no lloran – Aquí tienes ropa limpia – le dijo dejando una montañita de ropas azules, después entro a otra puerta que no había notado en la habitación – Este es el baño, ya hay agua caliente en la tina. Cuando termines vendré por ti – terminó de decirle con una sonrisa y salió de la habitación.
Tomo su baño y sintió como su cuerpo se relajaba enormemente. Se vistió con las prendas azules, se coloco las botas de nieve y el ligero suéter, se peino recogiendo su cabello en una coleta alta. A pesar de los colores, se sintió muy cómodo en aquella ropa. Y por una extraña razón dentro de aquella habitación de hielo no hacia tanto frio como el esperaba. Estuvo listo, pero la hermosa mujer que había dicho que vendría por el no había llegado todavía. Pensó entonces que no sabia su nombre, pero en ese momento pensó en su padre. Quería verlo. Salió de la habitación. El pasillo azul estaba desierto. Comenzó a caminar tratando llegar al lugar donde podría estar su padre.
Donde sea que se encontraba era un lugar muy grande, estaba seguro que ya había pasado dos veces por algunos de aquellos pasillos. Estaba dando vueltas en circulo. Se detuvo en seco al escuchar unas voces.
- Sokka ¿Crees que le diga? – se escondió y pudo ver a los dos que estaban platicando, era la mujer que lo había ayudado al principio, el otro no lo había visto, un hombre moreno con un extraño peinado. Sokka así lo había llamado, por algún motivo sintió que había escuchado ese nombre antes.
- No lo se, conociendo a Katara no le dirá nada a menos que Zuko lo haga.
Katara, ese nombre… ¡Era el nombre de su madre! Pero no podía asegurar que hablaban de ella ¿o si? Podía ser un nombre común o una coincidencia, pero después admitió que Katara no era para nada un nombre común, el nunca lo había escuchado, pero ellos también dijeron el nombre de su padre. Así que lo conocían.
- Creo que el debe saber quien es su madre – continuo hablando Sokka – Katara nunca debió de haberse separado de su hijo y de Zuko.
No lo podía creer, en verdad estaban hablando de su madre ¡Ellos la conocían! Y estaba seguro de que estaba ahí. Se sintió feliz, cuando escucho a hablar a su tía Ayu de su madre, de defenderla, sintió una gran curiosidad por saber quien había sido su madre y después cuando su padre le dijo su nombre y lo mucho que la amaba solo logro incrementar ese deseo por conocerla. Y ahora tal vez, podía encontrarla. Se alejo de ese lugar pensando en cómo le haría para hacerlo. La idea de buscar a su padre y decirle de su descubrimiento le paso por la cabeza, pero pensó que tal vez no podía ser posible, le había prometido a su padre que no le preguntaría de su mamá nunca más a cambio de decirle su nombre y el cumpliría su palabra. Recordó entonces lo que dijo su tía Ayu cuando hablo con Lady Emi – Ella es una princesa de sangre noble - si era una princesa, entonces… ¡Era la princesa de ese lugar! Sonrió satisfecho por su descubrimiento. El podía buscarla solo, y lo haría. Vio entonces que una mujeres de tez morena que se acercaban platicando entre ellas llevando cosas en sus manos, podían ser sirvientas pensó. Se acerco a ellas.
- Disculpen – las dos mujeres miraron al pequeño de ojos dorados - ¿Saben en donde puedo encontrar a la princesa Katara? – se sentía extraño al buscar a su propia madre dirigiéndose a ella por su nombre propio. Trato de no lucir muy nervioso cuando hiso la pregunta y mas cuando dijo su nombre. Y solamente le rezaba a los espíritus de no equivocarse y que su madre en verdad fuera la princesa del lugar donde se encontraba.
- La princesa se encuentra en las habitaciones del sur - Se alegro. Había tenido razón, su madre en verdad estaba ahí. pero… ¿En donde estaban las habitaciones del Sur? La joven al ver la duda en el pequeño agregó – al final de este pasillo a la derecha – termino de decir.
Agradeció la información y se marcho dando una ligera reverencia. Las dos mujeres miraron como el niño se alejaba. Muy apresurado.
¡ELLA ESTA AQUÍ! ¡ESTA AQUÍ! Conoceré a mi madre. Ese pensamiento lo impulsaba a ir más rápido.
- ¿Es el Lavali? – pregunto Juma a su hermana mayor.
- No me cabe la menor duda – termino de decir sonriente, sabia donde estaba Katara y con quien, y ahí había mandado al pequeño.
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