Capitulo VI
PLANES
Iroh y los demás corrían por las calles. Se dieron cuenta que había demasiados soldados en ellas. En ese momento Azula se estaba posesionando de la capital. Se escondieron en una de las casas secretas que conocía Iroh. De ahí tomaron un pasadizo que los llevó al puerto, lograron tomar un bote pequeño sin que sospecharan y partieron a la ciudad Fuente de Fuego. En menos de una hora y gracias a las habilidades marítimas de Zheng lograron llegar a la Isla sin ser descubiertos. Ahí se encontraron con el resto de la guardia imperial que se quedó en la Isla fingiendo ser la escolta del Señor del Fuego. Tanto Iroh como los demás se sorprendieron al ver las condiciones en que la casa había quedado, no eran mas que escombros y cenizas. Los guardias se habían encargado de sepultar los cuerpos de los sirvientes, Iroh realmente agradeció de que Ryu hubiera sido secuestrado por los maestros tierra. Para bien o para mal, de cierta manera Azula lo había salvado de una muerte segura. Issei acababa de llegar de su viaje de captura de los maestros fuego que los habían atacado y les dijo que habían sido contratados de manera anónima para matar al príncipe heredero. Le contaron lo que acababa de pasar.
- ¡Todo este tiempo estuvo planeando esto bajo nuestras narices! – se quejo Zheng.
- Escúchenme bien – hablo Iroh – Zheng, Mai, deben ir con Zuko y advertirles de esto, al parecer se encuentran en la Tribu Agua del Sur.
Iroh aun no sabia cómo pudo haberlo sabido, pensó que tal vez ellos huyeron hacia allá al estar más cerca. Pero dudaba que Zuko supiera que su propia hermana estuvo detrás de todo eso. Tal vez los mismos hombres que se llevaron a su nieto le advirtieron a Azula. Por un lado estaba contento de que padre e hijo hasta el momento se encontraba bien, pero la amenaza de que destruiría el polo sur sabia que podía cumplirla.
- ¿Qué hay de ustedes? – preguntó Zheng.
- Azula planea ir personalmente a atacar el polo sur y si lo hace necesitara de toda una flota para lograrlo, cuando eso suceda nosotros atacaremos y recuperaremos la capital – dijo con seguridad Iroh.
Issei estuvo de acuerdo con el plan del Dragón del Oeste, si ellos se iban la ciudad quedaría desprotegida, seria un buen momento para atacar. Fueron hacia donde estaba el dirigible rápido real. Era la mitad del tamaño que un gran dirigible pero igual de rápido que un globo, en él, Zuko realizaba los viajes cortos para moverme rápidamente en su nación. Issei lo mando a traer y con ello dio la escusa de que el señor del fuego y su hijo estaban de paseo para así justificar su ausencia en la ciudad.
- Issei, cuida de mi hermana - le dijo poniendo una mano en su hombro.
- No tienes que pedirme que cuide a la mujer que lleva a mi hijo – le respondió el joven poniendo una mano en su hombro también.
Los dos se sonrieron deseándose buena suerte. Sin más Mai y Zheng partieron en el globo rumbo al Polo Sur.
- Sé que tienes prisa por irte – le dijo Sokka – pero el globo en el que llegaste está averiado, me tomara al menos un día arreglarlo.
- Entiendo, gracias Sokka.
- Trata de disfrutar el momento ¿no crees? ¿Qué tan malo es que te quedes un día o dos? – le dijo divertido.
Ambos se encontraban en una de las terrazas del palacio. Observaban como Ryu y Sora jugaban en la nieve junto con otros niños de la tribu agua. Katara y Suki se encontraban con ellos sentadas un poco alejadas de la guerra de nieve que tenían sus hijos. Zuko creyó que nunca había visto tan feliz a su hijo como en esos momento.
- Tienes que llevártela – hablo Sokka – Ella debe estar con su hijo, contigo.
- Lo se - respondió Zuko – No hay día en que no pensara en venir por ella y llevarla conmigo a la Nación del Fuego. Pero sé también que ella no lo permitiría.
Katara era la principal devota a cumplir el acuerdo, por mas que Zuko le insistió ella no cedió. Una vez que da su palabra, difícilmente se hecha para atrás.
- No te preocupes – hablo Sokka - Solo tienes que secuestrarla, te la llevas a la Nación del Fuego y la mantienes amarrada a un árbol como prisionera. Te funcionó la última vez ¿recuerdas?
Los dos sonrieron por la idea y los recuerdos del pasado. La había capturado en varias ocasiones y se la había llevado a la Nación del Fuego como su prisionera, ese fue el inicio de su romance. Ahora que lo pensaba no sonaba tan mal la idea de Sokka. Imágenes de Katara amarrada a una cama con muy poca ropa y él como su custodio dispuesto a castigar a su prisionera cruzaron por su mente. Se sonrojo bastante y solo en ese momento se dio cuenta de lo mucho que había pasado sin estar con su mujer. El deseo se volvió grande en él.
Por la noche, durante la cena, Zuko se dio cuenta que ahí estaban el jefe Arnook y su hijo, Haack. La mirada que le dedicaba Haack a Zuko era de un desprecio oculto. El podía sentirlo detrás de su máscara de amabilidad. Zuko se preguntaba qué hacían ahí, la idea de que el principito quisiera conquistar a Katara le cruzó por la mente provocando los celos que por mucho tiempo estuvieron dormidos despertaran fuertemente. Al finalizar la cena, vio las intenciones de Haack al querer acercarse a Katara, pero Ryu no se despegó de su madre en ningún momento y Zuko agradeció que su hijo se comportara como un pato-tortuga bebe siguiendo a su madre a donde sea. El después se unió a su esposa y a su hijo, al acercarse a Katara la besó. Ryu se sonrojo al ver a su padre besar de esa manera a su madre, la cual había tomado desprevenida, después de terminar el beso, tenia un muy notable sonrojo en su cara. Sonrió para sus adentros – papá si que sabe como cautivar a mamá – pensó el pequeño, feliz de ver tal muestra de amor entre sus padres.
Haack solo miro con disgusto como le echaba en cara el maestro fuego que Katara nunca le pertenecería. De alguna manera pudo sospechar sus intenciones y con ese gesto le esta diciendo abiertamente que Katara era de él. No pudo mas que tragarse su coraje e irse de ahí. Arnook observó como su hijo se marchaba tratando de ocultar su rostro de molestia.
Katara y Zuko llevaron a Ryu a dormir, se le había preparado una nueva habitación cerca de las habitaciones reales, era mas grande y con una cama semicircular cubierta de pieles y mantas en tonos azules. Katara lo obligó a bañarse y después ambos lo arroparon. Ryu expreso su amor hacia sus padres y le agradeció a su mamá por estar con él. Zuko se sentía feliz de que su hijo olvidara todo los horribles sucesos por los que había pasado.
Ryu estaba feliz de que ahora sus dos padres estuvieran juntos, se imaginaba todas las noches siendo arropado de esa manera. Pero tenia ciertas dudas respecto a sus padres que lo mantuvieron pensativo todo ese tiempo. Pese a que ellos se encontraban separados y aun no sabia el porque, podía suponer que debían a motivos políticos, incluso él se sorprendió que su madre era de la tribu agua, siendo que agua y fuego son elementos opuestos, si era así comprendía el por que de su separación, tal vez no los dejaron estar juntos. Pero… aparte de eso… si su padre era de la nación del fuego, y su madre de la tribu agua, ¿Cómo se conocieron? El sabia que su papa estuvo persiguiendo al avatar, pero nunca escucho que mencionara a su mamá, porque según escucho de su tía Ayu ella había sido compañera del avatar, y por lo tanto debieron de haberse conocido, ¡Incluso enfrentado! Y si era así, ¿Cómo fue que se enamoraron? Su cabeza era todo un lío de dudas.
- ¿Les puedo hacerte una pregunta? – preguntó una vez que estuvo acomodado entre sus cálidas mantas. Ambos se miraron un poco sorprendidos, pero, de alguna forma podían adivinar lo que le preguntaría su hijo. Zuko estaba más que dispuesto a contarle la verdad, miro a Katara y ella no parecía estar cómoda con lo que su hijo pudiera preguntarles.
- Dime – le respondió Zuko a su hijo autorizándolo para que hiciera la pregunta.
- ¿Cómo es que se enamoraron?
Los dos se sorprendieron, no esperaban esa pregunta. Katara se quedo sin habla, ella no estaba muy segura del momento en que se enamoro de Zuko, si fue cuando la beso al encontrase con ellos en el templo aire del oeste o después de lo que hicieron en el baño cuando fue su prisionera. Una parte de ella admitía que después de eso le había resultado un poco difícil no pensar en él y eso, de cierta forma había dado inicio a ese sentimiento, pero no podía contarle eso a su hijo. Se avergonzó enormemente, no solo por recordar si no por que también, en el momento en que ambos declararon sus sentimientos lo que hicieron después era prácticamente censurable para que su hijo lo supiera, a esas altura Katara dudaba que Zuko la amara, pero cuando se confesó en aquella situación ambos dieron rienda suelta a su amor. ¿Cómo le explicaría a su hijo que se había enamorado por completo de su padre después de haber hecho el amor con él?
- ¿Enserio quieres saberlo? – La pregunta de Zuko la saco de sus recuerdos y el debate que llevaba internamente.
El asintió fuertemente con la cabeza.
- Me enamore de tu madre cuando me di cuenta de lo hermosa y valiosa que era para mi. Cuando no pude pensar en otra mas que en ella para que se convirtiera en mi esposa.
Zuko miro a Katara de la misma forma que cuando se dio cuenta por primera vez que la amaba, en la playa de la isla Ember. Ryu se alegro de aquella confesión. Aun que no dudaba de la palabra de su padre, pues ya le había confesado que la amaba, ahora miraba a su mamá, esperando por su respuesta. El esperaba alguna historia que explicara su enamoramiento.
- ¿Y tu mamá?
Katara se puso un poco nerviosa.
- Me tomo un poco más de tiempo darme cuenta de los sentimientos que tenia hacia tu padre – hablo ligeramente avergonzada - pero… creo que en el fondo, yo ya lo amaba, desde mucho antes.
Zuko se sorprendió ligeramente por ello, el solo supo que tal vez ella lo amaba cuando la beso en el templo aire del oeste, como ella no lo rechazó, supuso que podían compartir los mismos sentimientos, pero nada era seguro. Hasta el momento del incidente en el lugar donde el entrenaba, el encontrarla ahí, espiándolo y lo hermosa que se veía avergonzada solo podía revelar que ella si podía tener algún sentimiento hacia él, por eso se atrevió a besarla y a confesar sus sentimientos, aunque por la reacción de ella no le quedo a dudas que lo amaba aun antes de confesárselo y lo que hicieron después solo lo confirmó. Ahora que ella declaraba que tal vez lo amaba desde antes, solo podía pensar si eso era posible. Habían peleado incontables veces y ella tenia más motivos para odiarlo que para amarlo, pero aun así, ambos llegaron a ese sentimiento. Realmente era muy afortunado de que ella lo amara.
Ryu se sintió un poco satisfecho por las declaraciones de ambos, aunque no le habían contado a detalle, cómo es que en verdad se habían enamorado tendría tiempo después para averiguarlo. Zuko le dijo a su hijo que ya era de dormir, y obedeció a las palabras de su padre. Ambos le dieron las buenas noches y salieron de la habitación. Al salir se dirigieron a la habitación de Katara, Zuko tenia que hablar seriamente con ella.
Entraron, la habitación era grande, tenia una hoguera en medio de un círculo de medio metro de profundidad, alrededor del mismo, un desnivel en forma de escalón cubierto de pieles, mantas y cojines donde podían sentarse, su cama era semicircular con pieles y mantas, a diferencia de lo azul que dominaba, estas eran en colores morados, rosas y blancos. Un dosel cubría la cama con una gruesa cortina que impedía que el frio tocara a quien descansara en la cama. A pesar de que estaban en un palacio de hielo, por dentro resultaba ser muy cálido, por lo que no era necesario vestir las gruesas Parkas y guantes. La tenue luz de la fogata iluminaba bastamente la habitación.
- Quiero que regreses a la Nación del Fuego – Hablo Zuko en el instante en que entraron a la habitación. Mas que una petición se escucho como una orden.
Katara ya presentía que le hablaría de eso.
- Zuko, tu y yo sabemos…
- ¿Qué Katara? – le cortó - ¿Qué debemos estar separados aun cuando nos amamos? ¿Qué nuestro hijo tenga que crecer sin ti? ¿Sin tu cariño?
Estaba cansado de pasar las noches solo, de ver la cama en la que una vez durmieron juntos y se entregaban uno al otro vacía, de despertar sin ella a su lado, pero lo que mas le dolía era que Ryu estaba creciendo sin su madre, su hijo la necesitaba, él mas que nadie la necesitaba.
- No podemos seguir así – se acercó mas a ella. Katara vio el dolor en su mirada igual que hace ocho años cuando se separo de él - No puedo vivir sin ti.
La abrazo hundiendo su cara en su hombro, respirando el perfume y embriagándose con él. Era su esposa, le pertenecía y debían estar juntos. Katara se aferro a su espalda, ella también lo había extrañado ¿Cómo podía olvidarlo? Era su esposo, el único hombre a quien amaba, a quien se había entregado por primera vez y desde ese instante supo que seria el último en tocarla y así seria cuando acepto casarse con él. Sus rostros se acercaron y Zuko tomo sus labios con los suyos. La había besado hace unos momentos y solo eso basto para darse cuenta cuanto la amaba y necesitaba y estaba dispuesto a demostrárselo.
Katara se perdió en su beso que dejo de ser suave y pausado a uno completamente intenso. Sus labios le pedían cada vez más, querían satisfacerse por tantos años sin ser tocados, Zuko sintió sus besos como la fresca lluvia después de una sequia, ella le devolvía la vida, avivaba su flama interna y estaba seguro que esa noche arderían juntos.
Sus manos comenzaron a detallar su figura sobre la tela de su vestido deteniéndose en cada lugar conocido y palpando los cambios en su cuerpo, como si trataran de memorizar el nuevo cuerpo que ahora tenia. Se detuvo cuando bajo sus besos a su cuello y noto que había algo que le impedía seguir marcando su piel. Se separo un poco de ella y observó el collar rojo en su cuello. El mismo collar que le dio hace ocho años seguía ahí, como marca de que era suya. Lo toco cuidadosamente. Llevó sus manos a la nuca de ella y como en todas las ocasiones anteriores antes de separarse, le quito el collar, simplemente había costumbres que no se podían olvidar, al ver la piel desnuda continuo con su trabajo.
Sentía sus caricias mientras devoraba su cuello. Su respiración era agitada, su cuerpo se calentaba cada vez más y sabia que era producto del maestro fuego que la tenia en sus brazos. Su aroma, ese aroma que la embriagaba y que había extrañado tanto, comenzó a lamer el cuello pálido solo para comprobar si sabia igual a como olía, Zuko suspiro al sentir los húmedos besos que marcaban su cuello y descendían poco a poco. Tomo sus labios de nuevo con pasión mordiendo en ocasiones los finos y delicados labios de ella.
Se separo solo para observar su bello rostro sonrojado, Katara ya no era la niña de dieciséis con la que se había casado, frente a él estaba toda una mujer, la hermosa mujer que sabia que se convertiría, era incluso más bella y cautivadora de lo que él pudiera imaginarse. Sus facciones eran mas finas, su rostro mas bello, tal vez era por la excitación del momento o por el hecho de verla después de tanto tiempo que creyó que el brillo en su mirada era más intenso que la última vez que la vio. Sus manos se detuvieron en su cintura y comenzó a desvestirla.
Su cintura seguía igual de estrecha, pero sus caderas se habían enanchado dándole una hermosa silueta. Cayó la primera parte de su vestido y continuo con la segunda bata mientras besaba cada parte de la piel que iba descubriendo. Suave y tersa, con un agradable aroma a flores. La segunda prenda cayó, ahora solo se encontraba en las delicadas prendas que cubrían sus senos y su parte intima, pero entonces ella también comenzó su trabajo. Quito la camisa azul que cubría su cuerpo, y después la que se encontraba bajo ella. Comenzó a quitar poco a poco los vendajes en su pecho.
Las vendas cayeron y su esculpido torso quedo al descubierto. Todos los años de entrenamiento se vieron reflejados en su cuerpo. Se había quedado sin aliento cuando lo curo esa misma mañana, pero verlo de nuevo iluminado tenuemente por las llamas del fuego que calentaban la habitación, se dio cuenta que se veía mucho mas atractivo de lo que pudiera imaginarse. Su cuerpo era perfecto, la fantasía de cualquier mujer. Comenzó a admirarlo. La cicatriz del rayo de Azula estaba ahí. La marca de su sacrificio por ella. La tocó y el suspiro por su tacto. Pareciera que intentara borrar la marca con sus caricias, se acercó mas y lo beso. Zuko puso sus manos en la cara de ella, Katara continuaba explorando con sus morenas manos el cuerpo de su esposo, tratando de recordar cada parte de él. Descendieron y se detuvieron en el borde de su pantalón el cual comenzaba a aflojarse para que se uniera al resto de sus ropas. Cuando ambos quedaron con nada más que con su ropa interior Zuko la cargo y la llevo a la cama. La deposito suavemente y comenzó a poseerla.
Ya no deseaba sutiles caricias ni delicados besos, había extrañado enormemente el cuerpo de Katara y estaba mas que dispuesto a reconquistarlo. Acariciaba fervientemente sus largas piernas, besaba su cuello con vehemencia, descendió y al sentir la barrera de tela en sus pechos hiso lo mismo que la primera vez. Exhaló fuego y quemo la prenda, sus senos quedaron al descubierto, no tenían el mismo tamaño que recordaba, ahora eran grandes y firmes, no pudo mas que sentirse complacido por ese cambio. Su boca no perdió tiempo en devorarlos. Katara estaba extasiada por la forma en que la boca de Zuko succionaba la cumbre de sus pechos, esa delicada parte le provocaba las mas placenteras sensaciones haciendo que se aferrara a su cabello y gritara su nombre.
Sus manos descendieron y controlando habilidosamente las llamas, quemo la ultima barrera que se interponía en su camino. Toco entonces su punto de placer, ella gimió y el noto su humedad, estaba mas que lista para él y no pudo mas que sentirse satisfecho de haberle provocado tal grado de excitación. Se separo un poco para deshacerse de su ultima prenda que apresaba su miembro tan duro y excitado, impaciente por entrar en ella. El cuerpo de Katara era mas que hermoso, su figura era perfecta y el estaba ansioso de terminar de explora aquel último lugar que le quedaba. Lo miraba suplicante y sonrojada por las previas caricias.
Katara estaba demasiado húmeda internamente y su excitación era tan grande que estaba a punto de rogarle que entrara en ella, pero no fue necesario, Zuko cumplió con su callada petición. Cuando lo hiso, el placer mas intenso la agobió. Se contrajo y sintió que tocaba el cielo. Grito incapaz de contener ese placer. Zuko al sentir las contracciones se dio cuenta de lo mucho que lo había extrañado. No lo podía creer, apenas y entro en ella cuando Katara se vino. Su ego como hombre se elevó por haberle provocado tal placer, pero el aun no había acabado, apenas comenzaba el camino a la cúspide en la que Katara aun se encontraba y no tenia prisa en llegar.
Comenzó a moverse internamente de manera lenta y pausada, el interior de Katara se había vuelto mas estrecho y sentía un inmenso placer en cada embestida, pronto abandonó su plan de ir lento y el deseo de satisfacerse con ella se convirtió en su meta. Sus gemidos eran intensos y sus cuerpos no dejaban de bailar aquel ritmo que ambos disfrutaban. Pero Katara sentía que no era suficiente. Acababa de alcanzar el cielo y quería llegar al paraíso, deseaba más.
En un rápido movimiento volteo a Zuko quedando ella arriba de él. Se quedo sin aliento al ver a la mujer que se encontraba sentada en su cadera moviéndose sensualmente. Era irreconocible, el vaivén de su cuerpo, el movimiento de sus senos y el gesto de placer que tenia su rostro lo tenían hipnotizado y bajo el mas grande placer que hubiera imaginado. Estiro su mano para tocar aquella vigorizante mujer de mirada azul que lo tenia loco. Al estar cerca de su rostro ella tomo su mano y llevo sus dedos a su boca, lamiendo cada uno de ellos. La excitación se volvió mas grande en el maestro fuego y no pudo contenerse más. Sujeto su cadera con firmeza y el también empezó a entrar en ella con más fuerza, sus gemidos se hicieron más fuerte, las contracciones internas de Katara los llevaron a alcanzar la cima del placer juntos.
Ninguno de los dos fue capaz olvidar el cuerpo del otro, los fantasmas de sus besos y caricias los siguieron hasta que el deseo fue satisfecho.
Katara se dejo caer sobre Zuko, él la abrazó estrechando su cuerpo desnudo con el de él. Ambos, jadeantes y cansados unieron sus labios nuevamente. Se acostó a su lado y la acomodo en su pecho. Cubrió sus cuerpos con la suave manta. Sus ojos dorados miraban a la mujer de ojos azules que tenia en sus brazos. La beso incontables veces hasta que sus labios quedaron hinchados y rojos, pero a él no le importo, estaba con la mujer que amaba. Acaba de hacer el amor con ella como tanto lo había deseado y no podía mas que sentir una intensa paz y satisfacción dentro de él, pero el deseo de más aun seguía vivo.
La forma en que él la miraba no dejaba a dudas su amor por ella, el cual se lo acaba de demostrar. Se sentía amada y segura en sus brazos, era tan cálido, se acurrucó mas a su cuerpo, a esa fuente de calor que era él. El la ciño mas a él envolviéndola en sus brazos. Lo amaba tanto y esos momentos se dio cuenta de eso. No quería separarse de él, ya no podía, no después de haber quemado su piel y marcarla de nuevo como suya. Su lugar era ese. ¿Cuántas noches había pasado soñando con sus caricias? Con sus tortuosos besos que no hacían mas que dejarla insatisfecha hasta que la poseía por completo. Pero eran solo eso, sueños. Ahora veía sus fantasías satisfechas. Se sentía mujer nuevamente y no quería dejar de sentirse así. Las emociones y placeres que despertaba en ella la convirtieron en esclava de sus caricias y deseaba ser tocada por siempre de esa manera por aquel maestro fuego que la volvía loca de placer y deseosa de más.
Llevo su mano a su rostro y lo acarició. Zuko tomo la mano de ella y la llevo a sus labios. Le beso dulcemente.
¿Cómo podrían negar lo que sentían el uno por el otro? Sus cuerpos estaban hechos para amarse y ellos debían ceder a ese deseo. Se amaban, no había forma de negarlo. Se miraron por largo tiempo.
- Cuando esto termine, vendré por ti y por nuestro hijo. Así lo quieras o no, te llevare conmigo – rompió el silencio amenazándola dulcemente.
- ¿Planeas llevarme a la fuerza? ¿Como tu prisionera? – le dijo ella de manera seductora.
- Te encerrare en nuestra habitación y no te dejare libre en ningún momento – sentenció mientras besaba su mano nuevamente.
- Oh – dijo Katara fingiendo miedo - ¿Y si intento escapar? – preguntó con el mismo tono seductor.
- Te castigare – aseguró mientras se colocaba nuevamente arriba de ella y comenzaba a besar su cuello. Las ideas de los "castigos" lo comenzaron a excitar nuevamente.
- Sabes que me defenderé – dijo con el aliento entrecortado, las manos de Zuko comenzaban a divagar en su cuerpo provocándole esas sensaciones placenteras de hace un momento.
- Ambos sabemos como terminaran nuestras peleas – sentenció finalmente mientras se apoderaba de su boca.
En la ciudad Fuente de Fuego, Iroh e Issei planeaban su ataque, para ese momento se movieron a otra parte de la isla, un lugar más seguro. Debatían que primero debían saber la situación en la capital, enviarían a un espía en el momento en que la flota marchara.
- ¿Qué pasa si Azula no sale de la capital y se queda? – pregunto Issei.
- Ella irá – aseguro Iroh – Esta demasiado confiada en que puede destruir la tribu y a Zuko junto con su familia, ella quiere darse el gusto de ver personalmente su caída.
- ¿Por qué espero tanto tiempo? – hablo Ayu quien estaba también presente – Pudo haber atacado en cualquier momento, ¿por qué esperar hasta ahora?
- Para conseguir aliados – respondió Issei – Cuando nos revelamos contra Ozai, hubo algunos que nos llamaron traidores, entre ellos el ministro Shaiming que atacó el polo sur a manera de venganza contra la princesa. El Almirante Qian revelo que no todos sus hombres fueron atrapados y algunos huyeron cuando vieron que perdían la batalla. Los maestros fuego que capturamos son parte de ese grupo.
- Son los culpables de las revueltas en las colonias y algunos ataques al reino tierra al finalizar la guerra – agregó Iroh.
- Así es, no me sorprende que unieran a su causa, pero también queda descubrir quienes más están de su lado. Ella no pudo organizar esto sola. Si planea atacar el polo sur, necesita de al menos algún comandante o almirante.
- Todos los que tiene esa posición son personas de alta confianza para Zuko, y no creo que se atrevan a darle la espalda ahora, si te pones a pensarlo son más aliados que enemigos, así que lo mas seguro es que los tenga prisioneros en este momento. Zuko nunca ascendió a nadie que alguna vez estuvo a favor de su padre y del que tuviéramos dudas.
- Hay alguien – recordó Issei – Izao, el se convirtió en capitán después de que patéticamente le rogara a Zuko por un tiempo, el lo promovió de mala gana.
- ¿Crees que el este de lado de Azula? – preguntó Ayu.
- Su padre el Almirante Zhao, fue el que condujo la Armada hacia el polo norte, el murió en ese ataque, el espíritu del océano se lo llevó – declaro Iroh – Estoy seguro de que Izao no dudaría en ayudar a Azula con su venganza, especialmente ahora que se dirigirá a destruir el polo sur.
- Sigo pensando que es demasiado para que él lleve acabo ese ataque.
- Tal vez por eso Azula va a ir también – Issei acepto eso, era verdad, resultaba demasiado desconfiable que le encargara tan grande misión a un ser tan irresponsable como Izao, el lo conocía y solo podía pensar en el como una persona caprichosa y torpe.
- ¿Qué hay los maestros tierra que capturaron a Ryu? – preguntó Ayu - ¿Cómo pudieron ellos entrar en todo esto? Si Azula lo planeo, ¿Quiero decir que tenemos enemigos en el reino tierra que la apoyan?
- Tal vez – hablo Iroh – pero solo puedo pensar en un grupo que seguirían las ordenes de Azula. Los Dai L i - Los dos miraron al ex general. No habían pensado en ellos – Después de que Azula los despidió el día del cometa, nunca supimos más de ellos, tampoco regresaron a Ba Sing Se, de alguna forma u otra sospecho que fueron ellos los que secuestraron a Ryu.
- Aun así, debemos saber quienes más la ayudaron, Izao es demasiado estúpido como para hacerse cargo el solo de la liberación de Azula y toda esta conspiración.
Iroh estuvo de acuerdo con eso, a pesar de que su padre Zhao, mostraba una determinación y confianza muy alta, su hijo dejaba mucho que desear. Alguien más debía estar moviendo los hilos.
- Todo esta listo, hemos capturado a todos los que traicionaron a su padre – informó a la princesa.
- ¿Qué es lo que han dicho?
- Que jamás se unirán a usted.
- Bien no me importa, morirán como los traidores que son – se dio la vuelta y miro al que se encontraba frente a ella, se acerco a él hasta quedar a pocos centímetros de distancia – Lo has hecho muy bien Han – Toco la mejilla de su fiel aliado, el no se inmuto por su tacto, su rostro y amarillos ojos seguían iguales de serio y eso era algo que a la princesa le encantaba. El era el único que al parecer no le temía – Cuando termine con mi hermano, tu y yo nos encargaremos de llevar a la nación del fuego a la gloria.
Sin esperar más Han la acerco a él y la besó. No fue amable ni indulgente, la tomo como lo había hecho noches pasadas, desde que se convirtió en su amante y cómplice en su venganza. La princesa lo había llamado a él. Por ser el hijo del ministro Shaiming, el cual murió después de ver incumplida su misión de destruir el polo sur, se había suicidado en su celda horas después de haber sido encerrado. Han repudiaba la forma en que su padre había puesto fin a su vida, por ello se mantuvo cautivo y apacible con el nuevo Señor del Fuego, a pesar de que su madre le rogara que se disculpara con él, jamás lo hiso. Nunca se rebajaría a hacer eso así como lo hiso Izao, el permaneció en el ejercito hasta que fue llevado a tener un trabajo de oficina dedicándose a cosas tribales. Años después cuando recibió el llamado de la princesa y supo de su conspiración, no la ayudo solo por que compartiera su deseo de venganza o aquellos planes de continuar la guerra y conquistar el mundo, si no, que fue su belleza lo que lo cautivó. Aunque no lo demostrara abiertamente estaba enamorado de ella, por eso accedió a ser su amante y la apoyaría incondicionalmente.
El dirigible atravesaba rápidamente el cielo abriéndose paso en las nubes Llevaban toda la noche viajando. El dirigible rápido del señor del fuego resultaba ser eficiente. Poseía solo una habitación principal y un cuarto de servicio además del puente de mando. Estaba hecho para llevar a no mas de diez personas. Su funcionamiento era fácil y practico. Zheng en las calderas y Mai en el puente.
Zheng continuaba con su trabajo de mantener avivado el fuego de las tres calderas que mantenían a flote el dirigible. Echaba carbón y se aseguraba que las llamas tuvieran la intensidad adecuada. El sudor bajaba por su espalda y pecho como gotas de lluvia, en un punto decidió quitarse la camisa y todo su traje naval que marcaba su posición como almirante, al final solo quedó con su pantalón y cubierto de sudor, la caldera resulto ser un poco más caliente de lo que esperaba y sumándole a eso el trabajo físico de mover y echar carbón lo hacían sudar a mares, lejos de sentirse cansado solo veía el esfuerzo de sus entrenamientos. Después de que termino la guerra y la paz llego, fue nombrado Almirante y se vio en la tarea de traer de regreso a los soldados y ciudadanos que decidieron regresar a la nación del fuego. En mas de una ocasión se enfrento con rebeldes pero después de dos años todo se tranquilizó haciendo de su vida un poco mas calmada. Amaba el mar y tener el puesto de vigilancia entre el reino tierra y la nación del fuego manteniendo protegidos y cuidados las rutas marítimas comerciales entre ambas naciones, fue algo grato para el, sin embargo se había vuelto un poco perezoso. Se había enfrentado a algunos piratas pero nada que no pudiera lidiar.
Ya no tenia la obligación de pelear o estar siempre a la guardia de algún ataque, por lo que, por un tiempo, descuidó su entrenamiento como maestro fuego hasta que Ayu le reclamó
- Zuko entrena todos los días a pesar de que es el Señor del Fuego. Él no solo es un maestro fuego si no también un gran espadachín ¡Deberías aprender de él y ponerte a entrenar!
Después de aquella acusación se sintió humillado por ser superado por el Señor del Fuego, amigo también de él. El creía que su único trabajo era dictar ordenes y mandar en la nación, pero al parecer estaba equivocado. Issei, amigo de él y novio de su hermana era capitán de la guardia personal de Zuko, le había dicho que el mismo había sido testigo del poder y control que tenia el nuevo Señor del Fuego, ninguno de sus hombres, incluso él habían sido capaz de derrotarlo en sus entrenamientos. Zheng era solo un año mayor que Zuko al igual que Issei. En una ocasión quiso comprobarlo el mismo y se enfrento a Zuko de manera amistosa en uno de sus entrenamientos bajo la atenta mirada de su hermana, fue fácilmente derrotado, aunque según él le dio batalla el triunfo del Señor del Fuego fue muy notoria. Saber que alguien menor a ti es más fuerte que tu golpea fuerte en el orgullo masculino aun si es tu amigo o el Señor del Fuego, y lo peor de todo fue cuando Ayu le dijo que incluso Katara había dado mejor pelea que él, contándole que Zuko tuvo que usar un rayo para poder vencerla. Saber que tu amigo es más fuerte que tu es una cosa y el acepto su derrota, pero enterarte que incluso la esposa del mismo, una maestra agua de la misma edad que su hermana fue más digna contrincante que tu es muy humillante. Desde entonces se dedico a entrenar más.
Había estado entrenando con una espada e incluso con el arco. En todos esos años se sentía satisfecho de sus logros. Termino por convertirse en un hombre de gran estatus, no solo por su titulo de nobleza recuperado, si no también por la posición que tenia, Almirante, el más joven de todos. Su hermana y sus padres se sentían orgullosos de él, además de convertirse en uno de los hombres y amigos de mas confianza del Señor del Fuego, así como lo era su hermana.
Termino con su tarea de llenar de carbón las calderas, salió de ahí y se dirigió al puente de mando. Pronto amanecería.
- Deberías descansar - Mai se sobresalto un poco al escucharlo, no había notado cuando entró – Has estado aquí casi toda la noche.
Mai lo volteo a ver y noto que su compañero de viaje no tenia camisa. Por algún motivo se sintió un poco incomoda.
- Estoy bien – le respondió con indiferencia tratando de pasar por alto su desnudez.
- Llegaremos hasta en la noche, ve a dormir – ordeno Zheng mientras suavemente colocaba sus manos en el timón y la desplazaba tomando su lugar.
Lejos de querer protestar Mai accedió sin decir nada. Sabia que no la trataba como una delicada mujer, en toda la noche no le había pedido que descansara, la había dejado dirigir el globo mientras que él hacia su trabajo en las calderas y en estar revisando cada parte del globo y asegurándose que todo estuviera bien. Sintió el roce de sus manos sobre las de ella y su piel desnuda rozar delicadamente la suya por enzima de la ropa. Nunca había visto a un hombre con el torso desnudo y jamás había estado tan cerca de uno como en esos momentos. Sintió que no estaba bien, o que algo en ella no lo estaba por las extrañas sensaciones que comenzó a sentir. Sin decir más salió de ahí y se dirigió a la habitación del dirigible.
Era un poco pequeña. Había una gran cama con suaves sabanas rojas delicadamente bordadas en la orilla con hilo de oro, encima de la misma otra sabana en color amarillo opaco. Un armario y un mueble más pequeño con tocador así como una puerta que conducía a un pequeño baño. Las paredes de metal estaban cubiertas de telas en tonos amarillos y rojas con el emblema de la nación del fuego. Toco con sus finos y blancos dedos la delicada sábana roja que cubría la cama. Zuko había dormido ahí alguna vez… y ella también. Aparto su mano como si de pronto la tela le quemara al recordar a la maestra agua.
Se aparto de la cama solo para detenerse frente al tocador, miro su reflejo. Se había convertido en toda una mujer, su blanca piel, sus ojos a pesar de ser pequeños le daban carácter a esa mirada dorada. Ya no llevaba su cabello sujeto en esos dos conguitos que por mucho tiempo la acompañaron, ahora era mucho más largo y lo mantenía suelto, cayendo finamente contorneando su rostro afilado. Reconoció que era bella, pero ningún hombre hasta ese entonces se le había acercado, tenia la sensación de que los intimidaba. Sin darle más importancia se quito parte de su ropa, al sentirse más cómoda se acostó en la cama y se dispuso a descansar.
Había amanecido y Ryu aun no se acostumbraba a despertar en aquella habitación de hielo. Se sentía muy feliz. Con más energías de las que esperaba se levanto y al primer lugar al que se dirigió fue al baño. Ahí vio algo que llamo su atención, entre el montículo de ropa azul había algo de color amarillo que resaltaba, lo tomo y con gran sorpresa abrió los ojos. El rosario del maestro aire ¡LO HABÍA OLVIDADO! Lo tomo y salió corriendo de su habitación.
Sus calcetines resbalaban sobre la superficie de hielo y nieve, en un punto se detuvo. ¿Dónde iba a encontrar a su padre y a su madre? Tenia que decirles esa noticia tan importante. Al principio estaba muy emocionado por que había conocido al Espíritu Azul que resulto ser su propio padre, pero cuando lo hirieron y llego a la tribu del sur solo podía pensar en él y que se recuperara de su herida. La noticia de saber que su madre estaba ahí lo agobiaron y cegaron, estaba tan feliz por haber encontrado a su madre, por ver a sus padres juntos y amarse y conocer a su nueva familia que había olvidado por completo aquella misión tan importante.
En su prisa chocó con alguien y el rosario se le callo de sus manos.
- Lo siento – dijo mientras recogía el rosario, vio al hombre con el que había chocado. Era el hijo del jefe de la otra tribu, pero había olvidado su nombre, no dijo nada más y se marcho apresurado.
Haack se quedo estático viendo como el niño de ojos dorados se perdía entre los pasillos de hielo.
Ryu dio vuelta en uno de los pasillos y choco de nuevo pero ahora lo había echo con alguien mas pequeño.
- ¡Au! - se quejo la pequeña en el suelo – ¡Ryu fíjate por donde vas!
- Perdón Sora – se disculpo con su prima y la ayudo a levantarse – Pero tengo que encontrar a mis papas ¿Sabes en donde están?
- Bueno… no los he visto - pensó un poco la niña – pero se donde esta la habitación de mi tía Katara.
Ryu fue guiado por Sora hasta la habitación de su madre, se dio cuenta que estaba cerca de la suya y el había pasado por ahí sin darse cuenta. Tocaron la puerta pero nadie salía ni se escuchaba nada. Ryu entro sin pedir permiso. Recordó que cuando era más pequeño se metía a la habitación de su padre para dormir con él. Claro, nunca se lo diría a nadie, no quería revelar que las noches que había pasado durmiendo con su papá era porque de pronto le daba miedo estar solo en su habitación, era un hombre y los hombres no tenían miedo. Entró primero él seguido muy de cerca por Sora.
La fogata que mantendría la habitación caliente ya se había extinto. La luz se filtraba atreves de las ventanas de hielo. Todo estaba iluminado en tonos amarillos y azules. Ryu se quedo observando las cosas que había en la habitación de su madre. Vio unas cantimploras colgadas en la pared y dos espadas de diferentes largos, una era blanca y delgada, mientras que la otra era azul con la hoja negra y mas grande. Las comparo con las espadas de su padre y se impresiono al darse cuenta que, tal vez, su madre también sabia usar la espada. Sora vio la ropa en el suelo. Un vestido azul, que recordaba era igual al que traía puesto su tía el día de ayer, pero había más ropa. Tomo entonces una de las prendas y la extendió.
- Se parece a los pantalones de papá – dijo Sora pensando en voz alta.
Ryu entonces giro para ver a lo que se refería su prima, sostenía unos pantalones azules. Se percato también de la demás ropa que había en el suelo y el rastro de la misma que apuntaba hacia la cama. Se paro al lado de ella y vio trozos de tela blanca que, sin lugar a dudas estaba quemada. Solo pudo pensar en una sola persona capaz de hacer eso. Trago grueso y se atrevió a abrir la cortina que cubría la cama.
- Ma… mamá..? – alcanzo a decir tan sonrojado al ver parte de la espalda desnuda de su madre y como su padre la abrazaba estando dormido. No necesitó ser un genio para saber que ambos, aunque la manta los cubría hasta la cintura, se encontraban desnudos.
Al parecer ninguno de los dos se había percatado de él y quiso irse de ahí sigilosamente, pero fue Sora la que los despertó.
- ¡Tía Katara! – grito la pequeña por la impresión de ver a su tía abrazada de aquel hombre en su cama que hace apenas un día le acababan de presentar como su esposo y su nuevo tío.
Zuko y Katara se despertaron de golpe y por instinto se incorporaron. En ese instante vieron al par de ojos azules y al otro par de ojos dorados mirándolos sorprendidos y sonrojados. Supieron entonces que su hijo y su sobrina los habían descubierto de una manera no muy apropiada. Ryu cerró de inmediato la cortina y trataba de calmarse por la impresión de lo que acababa de ver.
- ¡Perdón! – grito avergonzado desde el otro lado de la cortina – Yo no sabia… que ustedes… y… bueno… - comenzaba a tratar de encontrar una explicación a lo que acababa de hacer, como si hubiera sido algo malo – Los esperare afuera – termino de decir. Tomo del brazo a Sora y los dos salieron cerrando la puerta tras ellos.
- Yo ya he encontrado a mis papas así – declaro Sora una vez afuera – mi mamá me dijo que era normal que durmieran juntos y sin ropa - Ryu volteo a ver a su prima con mucha vergüenza por ser la primera vez que veía algo como eso.
Katara estaba muerta de la vergüenza. Zuko solo sonrió por lo ocurrido y se dejo caer en la cama.
- ¡No es divertido! – le regaño Katara – Ellos nos vieron… - termino de decir con mucha pena.
- No es como si hubiéramos hecho algo malo – le respondió Zuko tranquilamente – Eres mi esposa y es natural que durmamos juntos – se acerco a ella para besarla pero Katara esquivo su beso.
- Si pero Sora también nos vio.
- Apuesto a que ya ha visto a Sokka y a su esposa de la misma manera.
Quiso objetar, pero tenia razón. Sora en mas de una ocasión le había contado como había encontrado a sus padres, pero lo que ella vio fue peor que encontrarlos dormidos. La primera vez, prácticamente había visto como procrearon a Kai y la segunda fue hace poco. Entonces se dio cuenta de algo en lo que no había pensado. Lo que hicieron anoche y las posibles consecuencias.
- Zuko… lo que paso anoche…
- Lo se – El también se había percatado de aquel detalle – Perdóname, debí de haberme controlado – había quedado abrumado por sus instintos que no pensaba con claridad - ¿Crees que haya la posibilidad…?
- No – le cortó – Aun si fuera así seria improbable, toma tiempo que una mujer se embarace.
De alguna forma pudo ver dolor en su mirada, Zuko presentía que Katara quisiera tener más hijos y el también los quería, pero ambos sabían que eso seria improbable, si Katara llegase a quedar embarazada había un cincuenta y cincuenta de que su segundo hijo resultara ser un maestro fuego o un maestro agua y el mejor de los casos que no poseyera control. Pero aquello era una moneda lanzada al aire. A su pesar confiaba en lo que le decía y que no resultara nada de lo que habían echo esa noche.
Suspiro y después de que estuvieron vestidos y presentables salieron. Afuera solo estaba Ryu con la cabeza gacha mirando el suelo como niño castigado, pero la verdades que estaba más avergonzado que nada. Cuando sus padres salieron ni siquiera fue capaz de mirarlos a la cara.
- ¿Qué sucede Ryu? – fue Zuko quien se agacho y hablo con él. Katara no tenia cara para ver a su hijo. Entonces vio como apretaba algo en sus manos un extraño collar de madera - ¿Qué tienes en tus manos?
Ryu olvido la forma en que encontró a sus padres para pasar a contarles su descubrimiento.
- ¡Es un de un maestro aire!
- ¿Un maestro aire? – preguntó Zuko dudoso.
- ¡Si! Se que tu me dijiste que el Avatar era el último maestro aire pero cuando escape de los maestros tierra me caí de un puente y cuando desperté estaba con ellos ¡Hay muchos papá! y también hay muchos como Appa.
Zuko y Katara miraron asombrados a su hijo por lo que les decía.
- ¿Estas seguro hijo? ¿Eran maestros aire? – seguía un poco incrédulo,
- Si, ellos están escondidos bajo la tierra desde hace muchos años, Kanau me dijo que estaban escondidos por la guerra y que yo fui el primero en llegar ahí. Uno de los ancianos me dio este rosario, me dijo que se lo entregara al Avatar y que lo llevara allá.
No lo podían creer.
...
