Capitulo VIII

EL VIENTO EN EL SUR, EL FUEGO EN ORIENTE

PARTE I

- Azula ha regresado – hablo Toph después de que el ex general les contara todo lo sucedido.

- Así es. Es por eso que los mande a llamar, los Dai Li cuidan el palacio, a pesar de que se llevó a una gran cantidad de soldados para atacar el sur aun quedan algunos en la capital.

- Por ahora solo somos quince, y contándolos a ustedes dieciocho. En la capital se quedaron alrededor de cien soldados sin incluir a los Dai Li, no sabemos cuantos sean en total – hablo Issei.

- Por muchos años se mantuvieron ocultos esos bastardos – se quejo Toph.

- Los Dai Li están en el palacio, protegen a quien esta a cargo por ahora – hablo Issei – Nosotros liberaremos a nuestro aliados en la prisión, una vez libres no podrán con nosotros.

- Nosotros nos haremos cargo de los Dai Li – aseguró Sun Hee.

- Ya me hacia falta una batalla – hablo entusiasmada Toph - Estaré gustosa de patear traseros – anuncio mientras golpeaba su puño contra su mano.

Issei observaba casi asombrado a la maestra tierra. Sabia que ella había sido la maestra tierra del avatar, pero era demasiado joven, incluso era menor que Ayu, y lo que mas le sorprendió es que era ciega. Su esposo por otro lado, se veía que era un poco mayor que ella. Dudo por un momento de las capacidades de la pareja pero si el dragón del oeste confiaba en ellos, entonces el también lo haría y al parecer los conocía demasiado bien.

- ¿Qué hay de Katara y los demás? – hablo Ayu - ¿No creen que necesitaran de nuestro apoyo? – estaba preocupada por su amiga, también por Zuko pero especialmente por Ryu.

- No te preocupes, Aang se encuentra en el Polo Sur – aseguró Toph – Ah, por cierto, felicidades por tu bebe.

Ayu se llevo su mano a su vientre – Gracias Toph – Issei no podía creerlo ¿Cómo era posible que lo supiera? Apenas y tenia un mes.

- ¿Qué hace el avatar en el polo sur? – peguntó Iroh.

- No estoy segura, recibí una carta de él diciendo que iba hacia allá. Al parecer la tía Wu le dijo que fuera.

Iroh pensaba. Al parecer las cosas estaban a su favor, pero aun había un asunto muy importante que arreglar. Algo que lo preocupaba inmensamente y debía de saber sobre ello.

- Toph, hay algo muy importante que deseo que me digas y es en parte el motivo principal por el cual te he llamado – hablo seriamente Iroh.

La maestra tierra se puso seria, ella sabia que seria lo que le preguntaría. Los demás esperaban expectantes que seria aquello que le preguntaría.

- ¿Y como esta mi tienda de té? – pregunto alegremente.

Casi se cayeron al suelo por la pregunta ¿¡Ese era el principal motivo por el que la había llamado!?

Toph sonrió – Se encuentra muy bien, aun sigue siendo la numero uno en toda la zona alta – le informó.

- Me alegro tanto de escuchar eso. Cuando esto termine iré a hacerle una visita, también deseo conocer a tu pequeño.

- Claro – le dijo gustosa la maestra tierra.

Era increíble, planeaban una invasión y esos dos se ponían a platicar sobre cosas triviales. Issei realmente dudo por un momento cómo fue que Iroh llego a ser tan grande con aquel humor tan despreocupado que tenia.

Su ataque se llevaría acabo en la madrugada, después de tomar el control de la capital, enviarían refuerzos al Sur. Azula solo había logrado mover la mitad de la Armada Imperial a falta de hombres, ellos se asegurarían de enviar el resto, Aunque el avatar se encontraba en el Sur, mas valía prevenir, por que con Azula, era de andarse con cuidado.

- ¿Qué sucede? – preguntó Ryu al ver que sus papas lo llevaban al puerto muy temprano en la mañana, todas las personas de la tribu hacían lo mismo - ¿No iremos por los maestros aire?

- Escúchame Ryu – Zuko se agacho para quedar a su altura – Algo muy malo pasó en la capital y ahora toda una flota de maestros fuego se dirigen hacia acá.

Fue directo con él. Más no le diría que su propia tía estaba detrás de todo eso.

- ¿Son las mismas personas que me secuestraron? – ha veces olvidaba lo inteligente que era, pensaba Zuko - ¿Vienen por mi?

- No, no viene por ti. Pero es importante que estés en un lugar seguro.

Ryu miro con un poco de miedo a sus padres, el sabia o sospechaba que había algo más en todo eso.

- No les pasará nada ¿verdad? – tuvo que preguntarlo.

- Claro que no – hablo Katara – ¿Acaso estas olvidando que tu padre es el Señor del Fuego? Es el mas fuerte maestro fuego de todos y yo la mejor maestra agua – dijo con tranquilidad – Por eso tenemos que quedarnos para proteger la tribu mi amor. Y yo necesito que tu, cuides de tu prima Sora y de tu primo Kai ¿Puedes hacer eso por mi? – le pregunto dulcemente.

Ryu asintió con su cabeza. Escuchó en ese momento cuando su tío se despedía de su hija.

- Solo iras a dar un paseo mi amor.

- ¿Y por que tu y mamá no van a venir? – preguntó la pequeña.

- Por que tenemos cosas que hacer, cuando terminemos iremos contigo y con tu hermano.

Entendió lo grave que resultaba todo. Se acerco a su prima – Vamos Sora, nuestros papás nos alcanzaran después, mientras tu y yo vamos a estar juntos.

Escuchar eso de su primo le dio más confianza a la niña. Sokka agradeció calladamente la acción de su sobrino. Sin más subieron a uno de los barcos de la tribu. Lavali llevaba al pequeño Kai en sus brazos. Suki se despidió de él con gran afecto.

- Los veremos después – grito Ryu desde el barco.

- Adiós mami, adiós papi, no se tarden – grito Sora.

Los cuatro vieron a sus hijos partir a un lugar seguro, Arnook se acerco a ellos y se despidió deseándoles lo mejor y la victoria. Haack solo les dio una despedida simple, sin palabras. Poco después del amanecer, la tribu había quedado deshabitada. Solo aquellos que pelearían se habían quedado.

Antes de que el sol saliera, Toph y Sun Hee se preparaban para dar el golpe a la capital. Ambos se vistieron con sus respectivos trajes de batalla. Una blusa negra con hombreras metálicas. En su pecho un chaleco cerrado del mismo material, medias negras con botas cubiertas de metal sin suela. En sus muñecas brazaletes y de su cintura colgaba unos estuches con cuerda metálica en ella. El traje de Sun Hee era parecido, ambos lo habían confeccionado, como maestros tierra y maestros metal aquel traje les daba la libertad y la ventaja de manipular ambos elementos. La cuerda de metal les permitía hacer uso de aquel elemento cuando no tuvieran contacto con él. El cabello de la maestra tierra estaba sujeto en dos coletas a la altura de su nuca y por supuesto su inseparable diadema.

- De acuerdo, vamos a patear traseros – declaro Toph. Partieron hacia la capital.

Un vez en el muelle, el grupo se separó. Issei y su grupo liberarían a los prisioneros, Sun Hee, Toph y Iroh atacarían el palacio y derrotarían a quien estuviera a cargo, los demás miembros de la guardia atacarían los puestos de vigilancia.

- Buena suerte – les deseo el dragón del oeste antes de partir.

Usaron unos de los pasajes para adentrarse a la ciudad, y después se dirigieron al palacio. Iroh conocía los atajos para llegar ahí. Una vez dentro del palacio se dirigieron hacia el salón de guerra. Salieron por la puerta oculta, un guardia pasaba por ahí e inmediatamente fue capturado por ellos.

- Ahora – hablo Toph – Me vas a decir donde esta el idiota a cargo.

En la prisión de la capital, Issei se habría camino entre los guardias, A pesar de que eran más que ellos, él con solo tres hombres lograron vencer todos los guardias de ahí. No por nada ellos eran la guardia personal del Señor del Fuego, su nivel estaba por encima de cualquier otro soldado. Pero llegaron hasta donde estaba el carcelero. Un hombre de casi dos metros de altura con un ojo grabado en su frente, poseía una mano y un pie de metal. Issei lo reconoció, era uno de los asesinos a sueldo, hacían cualquier tipo de trabajo por la suma adecuada, ¿Qué hacia ahí? de pronto su suerte cambiaba.

Toph, Sun Hee y Iroh se dirigían a las habitaciones reales, al parecer el que estaba a cargo disfrutaba de las comodidades de su posición temporal. Llegaron a la habitación, Toph mando a volar la puerta, pero al entrar no había nadie ahí.

- Que sorpresa encontrarnos – voltearon, del otro lado de la puerta vieron a una persona del pasado.

- Long Feng – reveló la identidad Sun Hee.

- No tienen oportunidad contra nosotros – aseguro el maestro del engaño. Inmediatamente se vieron rodeados por Dai Li – Será mejor que se rindan y no les haremos daño… mucho.

- Seria una pena ¿No cree? – hablo Iroh – No creo que hayan venido de tan lejos solo para rendirse – hablo refiriéndose a la pareja que lo acompañaba.

En ese instante Toph atacó levantando pedazos de tierra debajo de los pies de los Dai Li, algunos lograron esquivar sus ataques y el combate entre los maestros tierra comenzó. Long Feng salió huyendo junto con otros Dai Li, Sun Hee fue tras él. Toph y Iroh se enfrentaban a los maestros tierra restantes. Lanzaban trozos de tierra que Toph desviaba, los Dai li le atacaba con aquellos puños de tierra, pero la bandida ciega no caía en el mismo truco dos veces. Años de practica la habían hecho más fuerte. Hiso polvo las manos que la opresaban y con su cuerda metálica atrapó a uno de los Dai Li.

- Trata de deshacerte eso – lo retó.

Pero no podía descansar, los otros la atacaban, salió de la habitación después de literalmente derrumbar una de las paredes. El estruendo llamo la atención de la guardia dentro del palacio y los maestros fuego comenzaron a llegar. Rodearon a Iroh, pues Toph ya se hallaba en la distancia moviéndose constantemente por su pelea con los Dai Li.

Los maestros fuego se quedaron quietos y amenazantes cuando lo rodearon. El los solo los miraba, de alguna manera ninguno hacia algún movimiento, todos miraban al Dragón del Oeste, no por nada tenia su reputación. Pero ahora los años se marcaban en él.

- ¡Ríndase o atacaremos! – advirtió de una manera no tan amenazadora aquel soldado.

- Es una pena que ustedes hayan traicionado a mi sobrino. Nunca debieron de haberle dado la espalda – hablo seriamente, y después de eso los atacó.

Sun Hee esquivaba los ataques de los Dai Li, no perdía de vista a Long Feng, ese bastardo lo había enviado a una prisión por un año, después de que los miembros del Loto Blanco recuperaran Ba Sing Se, el desapareció, pero ahora pagaría por lo que le hiso. Los persiguió hasta entrar a una habitación. Era un salón largo con el techo descubierto y una explanada en medio. No había rastro de los Dai Li o de Long Feng.

- Esta plaza – se escucho su voz – Es donde los maestros fuego se enfrentan en un combate llamado Agni Kai.

Comenzó a agudizar sus sentidos para saber donde se encontraba.

- Siente dichoso de morir en este lugar.

En ese instante, varios arqueros salieron del techo de aquella explanada que cubría las gradas. Todos apuntaban hacia él. Long Feng salió y se quedo de pie al final de la explanada de donde el se encontraba.

- Dicen que los arqueros Yu Yan tiene una excelente puntería – hablaba sonriente. Una flecha roso su rostro, dejando al maestro tierra en Shock por lo cerca que había pasado - Vamos a poner eso a prueba – termino de hablar maliciosamente.

Una lluvia de flechas iban a hacia él. Levantó un muro de piedra que lo protegió de la filosas puntas. Los Dai Li atacaron la fortaleza, Sun Hee se vio obligado a salir, pero hiso que un aura de piedras lo cubrieran, las flechas pasan peligrosamente cerca de él mientras trataba de esquivar al mismo tiempo los ataques de los maestros tierra. En un impulso tomo a uno de los Dai li y lo uso como escudo. Cinco flechas se clavaron en el pecho del infeliz, movió sus piernas y levantando sus brazos hiso que de la explanada se levantaran torres de tierra, de esa manera bloqueaba la vista de los arqueros hacia él, pero aun así las flechas seguían lloviendo. Se dirigió hacia Long Feng, tratando de esquivar las flechas, haciendo movimientos evasivos pero el segundo Dai li se interpuso en su camino. Por la distracción una flecha se clavó en su hombro y otra en su pierna. Decidió entonces que era momento de hacerse cargo de aquellos arqueros. Movió el techo donde se encontraban obligándolos a saltar, en el aire los ataco con montículos de tierra enviándolos a volar.

El Dai Li, aprovechando su distracción lo atacó, sujetando sus manos con los montículos de tierra usados por ellos. La presión de la misma lo obligó a arrodillarse clavando sus manos en el suelo.

- Hasta aquí llegaste – El líder de los Dai Li, levanto su mano y los arqueros que quedaron en el techo se asomaron y apuntaron hacia él – Adiós – su mano bajo y las flechas fueron disparadas.

Iroh se enfrentaba a los maestros fuego, venciéndolos uno a uno. Era increíble su poder, algunos de aquellos soldados preferían salir corriendo antes de enfrentarse a él. Cuando vio que había vencido se dejo caer en el suelo cansado.

- Me estoy volviendo viejo – Reconoció.

Miro entonces la pelea de la maestra tierra. Se enfrentaba contra cinco Dai Li. En ese momento se encontraba en los jardines del palacio, o lo que quedaba de ellos. Los Dai Li atacaban con sus rocas mientras que ella con la cuerda metálica partía fácilmente aquellos montículos que les arrojaban, una vez separados tomaba control de ellos y los lanzaba hacia los Dai Li. A pesar de que ellos eran más, no tenían oportunidad contra ella. Toph hiso levantar múltiples y enormes bloques de tierra. Los Dai Li que quedaban miraron con asombro su hazaña, la bandida ciega llevó sus manos hacia delante y la lluvia de bloques fue hacia ellos.

Solo dos lograron salir de aquel ataque y contraatacaron. Toph al momento en que ellos tocaron el suelo con sus pies, sintió la vibración y envió la cuerda de metal hacia ellos, la manipulaba como si fuera otra extensión de ella, la cuerda se enredo en los pies de los Dai Li haciéndolos caer, dejo salir mas cuerda y los enrollo en ella.

Las flechas fueron directo hacia él, pero ninguna lo tocó. Con gran asombro Long Feng miro como todas y cada una de ellas estaban detenidas en el aire. A pocos centímetros de Sun Hee.

- Es imposible – dijo incrédulo ¿Qué clase de poder era ese?

El Dai que sostenía sus manos estaba anonadado por lo que veía.

- Lo curioso de mi – hablo Sun Hee aun con la mirada fija en el suelo – Es que puedo controlar el metal en un nivel muy superior a cualquiera, ¡No necesito tocarlo para manipularlo! – gritó, una onda hiso salir volando las flechas hacia arriba. Los arqueros tuvieron que cubrirse de sus propias flechas que habían sido lanzadas hacia ellos.

En ese instante deciso la tierra que apresaba sus manos. Los hilos de metal que estaban enrolladas en sus antebrazos se desplegaron y comenzaron a destruir los techos donde se encontraban los arqueros, era tan fino y con la velocidad con la que se movían cortaban como mantequilla los pilares y cualquier superficie con la que tenían contacto. El Dai Li salió corriendo despavorido. Long Feng también quiso huir pero fue atrapado por lo hilos alzándolo en el aire de una pierna, lo mismo con el Dai Li que intentó escapar, se enrollo con tal fuerza, casi al punto de hacerlo sangrar. Sun Hee se acerco a él.

- Gracias a que me enviaste a esa prisión en el mar, pude descubrir mi verdadero poder.

- No me mates, por favor, no lo hagas – rogaba mientras sentía la fina cuerda enredarse en su cuello, miraba aterrado a quien lo tenia preso.

Sun Hee lo miro con desprecio. ¿Cómo era posible que ese hombre hubiese mantenido en la mas grande mentira a Kuei? Se veía tan patético, vio lo cobarde que era.

- Tu y tus amiguitos, secuestraron al hijo del Señor del Fuego. Es de el de quien yo me preocuparía.

Sin mas lo dejo caer y el hilo comenzó a enredarse en su cuerpo hasta inmovilizarlo. Lo mismo hiso con todos los que se encontraban ahí. Manipulaba los hilos a distancia, ellos se encargaron de atrapar a lo que trataron de huir.

Issei y sus hombres se habían encerrado en uno de los cuartos de mantenimiento de la prisión. Aquel hombre resultaba muy difícil de vencer, ¿Qué clase de persona lanzaba fuego por un tatuaje en su frente? ¡Era ridículo!

- ¿Cómo lo venceremos? – pregunto uno de sus hombres.

- Debemos encontrar su punto débil – sugirió Issei

- Aunque lo tuviera no podríamos acercarnos, nos rostizaría con ese ojo.

Tenia que ver alguna forma de vencerlo. Tuvo una idea, les fijo el plan a sus hombres. Apagaron las linternas de la habitación y todos se escondieron. Sostuvieron la respiración al escuchar los pasos acercándose a ellos. Derribó la puerta de metal haciendo uso de su poder. Se quedo parado en el marco de la puerta. Examinaba el lugar, se adentro. En el momento en que puso un pie adentro uno de los hombres lo atacó con una llamarada, al tratar de esquivarlo un segundo lo golpeo en su pierna de metal haciéndolo caer de rodillas, cuando callo al suelo Issei lo golpeo con su puño flameante justo en la frente. El hombre cayo derrotado.

Los tres respiraron de alivio.

- ¿Quién rayos era ese? – hablo uno de sus hombres.

- Ya he terminado – declaro Toph cuando atrapo al último maestro fuego, los tenían a todos amarrados y custodiados por las cuerdas vivientes de Sun Hee – Entre más se muevan más los apretara, incluso podrían romperles los huesos – advirtió la maestra tierra. No necesitaba ver los rostros de terror que había provocado en los prisioneros, con solo sentir el latir de sus corazones era mas que suficiente para darse cuenta de lo aterrado que estaban. Habían logrado recuperar la capital - ¿Y bien que hace falta ahora?

- Faltan Issei y sus hombres – hablo Sun Hee.

- No me preocuparía por ellos – declaro Iroh – Aun queda una última persona a la que me gustaría ver.

Los tres se dirigieron a la parte de la ciudad donde residen los sabios del fuego, especialmente a la residencia del Alto Sabio. Toph derribo las puertas de la casa gustosa. El hombrecillo que era el asistente del Alto Sabio al reconocer a Iroh quiso salir huyendo, pero fue atrapado por la cuerda metálica de Sun Hee, lo alzo en el aire y lo atrajo hacia con ellos.

- ¿Dónde esta? – preguntó seriamente Iroh.

Por fin una persona digna había aparecido. El Alto Sabio contemplaba la enorme llama que residía en el templo de los sabios. Azula se convertiría en el Señor del Fuego y el no podía estar mas que gustoso de coronarla como una vez estuvo apunto de hacerlo. Ella si era digna de llevar la corona y le daría a la nación un heredero puro, así como el deseaba. Podía descansar tranquilo ahora, dejaría la nación en buenas manos. Comenzó a reír satisfecho. Pensaba en la misión de la princesa de destruir el polo sur, se lo merecen. Y aquel que una vez fue llamado Señor del Fuego pagaría por su insolencia. Todos al final pagaran por sus acciones. Pensó. En ese instante la puerta del templo fue lanzada brutalmente cayendo hacia el fondo de la habitación muy cerca de donde se encontraba él.

- ¿Qué significa esto? – gritó eufórico - ¿Quién se atreve a entrar de esta manera al templo?

- Yo – declaro Toph entrando campante al salón - ¿Algún problema viejo?

- Insolente… - quiso reprimirla pero algo le fue lanzado y llego a sus pies, se trataba de su asistente, se encontraba amarrado - ¿Pero que…? – miro hacia el frente y vio entrar a Iroh junto con otro hombre que no reconoció en esos momentos.

- Buenos días, Alto Sabio - saludó Iroh, era increíble, aquel miserable hombre todavía de atrevía a sostenerle la mirada y verlo desafiante – Supongo que sabes por que estoy aquí.

- Si crees que me vas a intimidar estas muy equivocado.

- Oh por supuesto que no he venido a eso – le hablo con fingida calma - Solo he venido a advertirte – noto su mirada de disgusto – Mi sobrino ya se ha enterado de todo. El sabe que tu atentaste contra la vida de su hijo, y también de aquel plan de matar a su esposa estando embarazada. Sabe toda la verdad.

El semblante del Sabio cambió y miro a su asistente. Iroh sospecho que el muy cobarde ni siquiera se lo había dicho.

- Eso no importa ya… – hablo con indiferencia a las palabras del ex general.

- Si crees que Azula va a triunfar en destruir el Polo Sur te advierto que no lo logrará – le corto Iroh - El mismo avatar se encuentra allá en estos momentos y la derrota de Azula ya esta escrita – su cara empalideció – Cuando Zuko regrese, te recomiendo que no estés aquí. Ni siquiera yo podría detenerlo de cualquier cosa que planee hacerte.

- ¿Me estas dejando escapar? – hablo caso indignado – No le temo a tu sobrino.

- Deberías – advirtió - No tienes ni idea de lo que es capaz de hacer. Y no deseo que se manche sus manos con sangre de un miserable como tu. Ni siquiera lo vales.

Iroh y los maestros tierra abandonaron el templo, dejando solo al Alto Sabio y a su asistente.

- ¿Cree que sea correcto dejarlo ir? – hablo Toph.

- Si Zuko lo encuentra lo matara, ya intento hacerlo en el pasado cuando le pidió que dejara a Katara y ahora tiene mas motivos para hacerlo. Aunque lo merecer, no puedo dejar que lo haga.

Toph reconoció que tenia razón. Si había sido capaz de ir por su hijo arriesgando su propia vida ¿Qué no seria capaz de hacerle a aquel que trato no solo de matar a su esposa e hijos, si no que también fue el culpable de su separación? Ciertamente no le gustaría estar en sus zapatos cuando Zuko lo encontrara.

Llegaron al palacio y se encontraron a Issei, junto a él estaban otros de los que habían sido prisioneros. Iroh reconoció al Almirante Qian.

- Tenemos un problema – declaró Issei cuando vio llegar al trio.

La tribu había sido evacuada completamente, después de que partieron los últimos barcos. Katara junto con otros maestros agua levantaron el muro de protección. Una pared de agua fue alzada instantes después fue congelada. Tenia quince metros de alto y cinco de ancho. Después de eso, comenzaron a crear montículos de hielo en la congelada agua, los hicieron puntiagudos y distribuidos a cien metros de distancia para así evitar que los barcos se acercaran demasiado.

Zuko y Sokka se encontraban planeando el ataque, Aang los asistía. Después bajo las explicaciones de Zuko, se encargo de decirles los puntos débiles de los barcos de la armada de fuego que solo el conocía.

Katara estaba en su habitación, veía el muro de hielo cubierto de pieles frente a ella, su vista se fijaba en las cantimploras que colgaban. Con sus dedos las tocó. Habían pasado muchos años. Los recuerdos llegaron a su mente. Batallas, peleas, en algunas incluso había pensado que no lo lograría, pero nunca se rendía. Su deseo y motivación de terminar la guerra la impulsaban a hacer hasta lo imposible, desde ir hasta el polo norte, acompañando al avatar hasta dejarse secuestrar por la nación del fuego. Ya no era una niña. Las cosas habían cambiado demasiado, incluso ella jamás hubiera predicho el giro que tomo su vida. Se enamoro de aquel príncipe desterrado y se convirtió en la soberana de la nación que alguna vez odio por haberle arrebatado a su madre. Sonrió por un momento. Que ironía ¿no? Suspiró.

Desvió su mirada a las espadas que estaban un poco más debajo de las cantimploras. Tomo la espada blanca, era una Tachi. La funda y la empuñadura poseían un hermoso grabado de dragones en color blanco. La desenvainó, observo su reflejo en la filosa hoja, había sido un regalo de su maestro Hyun cuando regreso a la tribu. Con aquella espada su maestro la mantuvo entrenando durante años hasta que alcanzó la perfección. Pakku por otro lado le estuvo enseñando agua control hasta que, de igual manera se convirtió en la gran maestra que ahora era. Al parecer sus maestros deseaban mantenerla distraída, para no caer en alguna depresión, pero ella era fuerte. Lamentaba si, en ocasiones el no estar con su hijo y con su esposo. Pero recordar que ellos se encontraban bien y su hijo con vida, le devolvía los ánimos y regresaba a ser quien era.

Por un momento a mitad de su entrenamiento se preguntó ¿Por qué lo hacia? ¿Por qué entrenaba? Ya no había una guerra, su tribu era segura y sabia a la perfección que nadie se atrevería a atacarlos, no había motivos, pero sus maestros nunca le dieron descanso.

- Cuando iniciaste el camino de la espada, debes continuarlo hasta que lo termines. No permito que ninguno de mis alumnos se queden a medias.

Aquella había sido la advertencia de Hyun cuando le entrego la Tachi, y por supuesto Pakku no se quedo atrás.

- Tanto enfadaste para que te entrenara ¡Ahora te aguantas! no dejare que descanses hasta que vea que al menos alcances una parte de mi nivel.

Viejos testarudos… pensó con una sonrisa. Pero ahora, aquellos entrenamientos comenzaron a tener un propósito, un solo y único propósito. Defender y pelear por su tribu, y estaba más que dispuesta en poner en practica sus habilidades.

Enfundo la espada nuevamente.

- ¿A que se refieren que no pueden usar su control? – pregunto Sun Hee.

- Es Han – hablo Qian – El sabe como bloquear los chi para que no pueda usar control. Cuando nos capturo y nos negamos a ayudar a Azula, a todos nos golpeó en nuestros puntos chi. No podemos hacer fuego control.

- ¿Quién es Han? – preguntó Toph.

- Es el hijo del ministro Shaiming. El que ataco el polo sur cuando termino la guerra – explicó Issei.

- Por eso se fue Azula – dedujo Iroh – Sabia que ustedes no podían escapar sin su fuego control y dejó solo a pocos soldados cuidando la ciudad. Seria imposible que existiera una revuelta en su ausencia.

- Ese tal Han ¿Se fue con Azula? – pregunto Sun Hee.

- Así es.

- Esto es malo – hablo Toph – Si el puede bloquear el control de las personas, Katara y los demás no tendrán oportunidad.

- Pero Aang esta con ellos – declaro su esposo.

- Eso es lo que más me preocupa, ¿Qué pasa si llegan a bloquear su control?

Pensaron en lo terrible que seria eso, la victoria de la tribu se debía en parte a que el avatar estaba allá. Pero con la amenaza de que alguien pudiera bloquear su control, les quitaba esa ventaja.

- Prepárense – hablo Iroh – Iremos al polo sur de inmediato.

Abrió cuidadosamente el cajón donde se encontraba su fiel arma, tomo el abanico de hierro y lo abrió. En ese momento comenzó a hacer movimientos de ataque y defensa estuvo así por unos minutos, se sintió viva nuevamente. Cuando la guerra termino, un año después se caso con Sokka y para la gran sorpresa de ambos ella ya estaba embarazada. Al parecer sus hijos eran muy adelantados era lo que había expresado Hakoda cuando todos se enteraron de su embarazo. Lo mismo le había pasado a Katara, ella tenia dos meses de embarazo cuando se caso con Zuko. Durante su embarazo, Sokka la había estado tratando como una muñeca de porcelana, no deseaba que hiciera nada, hasta que Katara lo regañó abogando por ella, le dijo que era una guerra no una damita delicada, a pesar de que su amiga y ahora hermana tenia razón ella decidió cuidarse durante su embarazo y después de que nació Sora, su vida cambió, dejo sus entrenamientos hasta que Sora hubiera cumplido los tres años, y cuando los retomo se dio cuenta que estaba muy fuera de forma, eso la llevo a querer entrenar más, además de que veía a Katara entrenar arduamente, pero podía comprender el por qué de su forzado entrenamiento por parte de sus maestros.

A pesar de que continuaba con sus practicas, se dio cuenta que ya no era del todo necesarios, ahora era madre, tenia una familia y otras responsabilidades, era la esposa del próximo jefe de la tribu y debía actuar como una líder. Aunque el sistema de la tribu era patriarcal, Katara puso un fin a eso, ella se convirtió en un símbolo de autoridad y respeto en la tribu. Nunca desplazo a Suki, al contrario, ambas actuaban en conjunto para ayudar la tribu. Entre sus deberes, estaba el de entrenar a niñas. Ella era una guerra Kyoshi y por lo tanto transmitir su cultura a su nuevo hogar seria algo increíble para ella, a esas alturas la tribu poseía maestros fuego, maestros agua, tanto niñas como niños y curanderos, ¿Que más daba un par de niñas guerreras? Acepto gustosa la propuesta del jefe Hakoda cuando se lo pidió.

De esa manera ella no olvidaba quien era, quien fue. El abanico que sostenía en sus manos, era aquel que la había acompañado durante todos esos años, hasta que fue capturada por Azula y llevada a la prisión, semanas después se le fueron devueltas sus pertenencias, entre ellas su preciado abanico. Sokka le había regalado otro, pero nada podía remplazar a su fiel compañero. Miro entonces, en el mismo cajón su ropa de guerrera Kyoshi.

- ¿Planeas pelear con eso?

Volteó a ver a su esposo – Un abanico puede resultar ser un arma muy eficiente y lo sabes.

- Se que lo es – sonrió, Sokka se acercó a su mujer – Solo te preguntaba si pelearías con tu uniforme de guerrera Kyoshi.

Miró hacia donde se encontraba aquel traje verde, la corona y los demás accesorios que lo acompañaban.

- Soy una guerrera Kyoshi y siempre lo seré, pero ahora, soy una guerrera de la tribu agua.

Sokka sonrió por las palabras de su mujer. Había aceptado alejarse de su isla, de sus amigas, por él. No podría jamás negarle su condición como guerrera, eso era lo que había echo que se enamorara de ella, lo fuerte y valiente que era. Y ahora pelearía junto con él de nuevo, pero ahora lo harían para proteger su hogar.

- ¿Ya han decidido todo? – preguntó Suki

- Si, creemos que llegaran en la mañana. Debemos estar listos.

Ella sonrió – Preparare la comida, no dejare que mi esposo pelee con el estómago vacío.

- Me gustaría estofado de carne.

- No te pongas quisquilloso.

- Oye - se quejó Sokka - tu hombre va a ir a pelear, al menos quiero comer algo sabroso.

Las afiladas cuchillas se clavaban en el hielo. Su puntería no había cambiado. Tal vez pareciera inútil, pero siempre cargaba consigo aquel juego de mortales cuchillas ocultas en su traje. Se acercó hacia donde estuvo dirigiendo su ataque. Despegó cada uno de la pared de hielo, de manera rápida envió una hacia aquel que la espiaba.

Zheng sintió el filo de la cuchilla pasar sobre su cabeza y quedarse clavada en la pared detrás de él. Su corazón se detuvo. Miro a quien la había lanzado. La chica de cabellos negros y piel pálida lo miraba con desaprobación. Había estado observándola mientras practicaba, al parecer ella lo notó. Se acercó a él, se puso ligeramente nervioso por la mirada fría de ella, extendió su mano y tomo la cuchilla que estaba a centímetros de distancia de él. Después se dispuso a marcharse.

- ¿Por qué te quedaste? – preguntó Zheng – Pudiste haber huido con la tribu, mañana será peligroso.

Mai se detuvo a medio camino – No soy tan débil – le dijo secamente. Hombres, pensó Mai, ven a una mujer y piensan que solo deben cuidar de ella. Ella no era débil.

- Se que no lo eres – Le respondió – Lo que me intriga es porque estas dispuesta a arriesgar tu vida por algo que al parecer no tiene relación contigo.

- ¿Y que relación tienes tu? – le dijo un tanto molesta dándose la vuelta para confrontarlo. Le molestaba que cuestionara sus intenciones sobre lo que hacia o no. Ella podía hacer lo que quisiera sin tener que darle explicaciones a nadie.

- Katara salvó mi vida en este mismo lugar – le respondió tratando de ignorar el disgusto que le estaba provocando a ella – No puedo dejar que Azula destruya la tribu.

¿Salvo su vida? ¡Qué novedad! Pensó Mai con ironía.

- Aun no me has dicho tus motivos – le recordó. Para ese momento se acerco mucho a ella.

Zheng sabia que ella había sido amiga de Azula, incluso se enteró que su padre había sido quien mato a la madre de Katara, el había escuchado sin querer la disculpa que hiso aquel hombre. Una parte de él desconfiaba de ella, pero otra trataba de convencerlo de lo contrario. Ayu le contó que había sido ella quien los ayudó cuando habían ido a la roca hirviente, pero aun así deseaba saber por que los ayudaba.

Mai pudo ver la sospecha que tenia sobre ella. Se molesto por ello.

- Conozco a Azula, se de lo que seria capaz de hacerle al mundo si derrota a Zuko y toma su lugar – expuso.

La verdad es que había sido arrastrada a todo eso. Nunca imaginó que llegaría hasta el polo sur huyendo de Azula y otro día se tendría que enfrentar a ella y a todo un ejercito peleando en aquel inhóspito lugar. Pero eso resultaba mejor que quedarse en la capital de brazos cruzados esperando a que se solucionaran las cosas.

- ¿Esos son tus verdaderos motivos? – se acercó demasiado a ella. Quedando a escasos centímetros.

Mai se incomodo por la proximidad, de pronto olvidó su molestia por el interrogatorio, Sus ojos la miraban fijamente, sin querer recordó cuando lo vio sin camisa en el globo, se sonrojo por ello.

Zheng deseaba ver algo de vacilación en ella, algo que le dijera que posiblemente podía ser una traidora. Extrañamente dejo de ver frialdad en su mirada ambarina y vio un brillo y calidez acompañado de un ligero rubor en su pálida piel. Abandonó su pose de observación y se dio cuenta de lo cerca, muy cerca que estaba de ella. Podía sentir su aliento en su cara. Se sonrojo de golpe y se separó de ella como si algo de pronto lo jalara hacia atrás.

- Ah… perdón por hacerte esas preguntas… pero dada la situación… - se excuso pobremente – tu sabes…

- Entiendo – lo miro – Dudas de mi.

Ya no vio aquel brillo en la mirada de ella. Después de decir esas palabras se marchó. Por algún motivo Zheng se quedo ahí de pie durante un largo rato.

Zuko estaba practicando, había querido irse a un lugar apartado pero el frio y la incomodidad de tener que practicar con la gruesa Parka impedía que se pudiera mover libremente. La parte superior de la ciudad se encontraba casi desierta, todos los hombres se hallaban en sus puestos de alerta, y algunos más preparándose para la pelea. Entonces encontró un salón, el mismo donde Ryu había peleado contra aquella niña. Resultaba un buen lugar para entrenar.

Se enfrentaría a Azula nuevamente, el sabia de su capacidad, del alcance de su hermana. Recordó su última pelea con ella. El tenia por mucho la ventaja sobre ella, lo sabia. Pero su ataque hacia Katara hiso que saliera de la pelea, al final había sido Katara quien la derroto. Pero ahora las cosas serian diferentes, el debía pelear contra ella, solo él. No permitiría que le hiciera daño a Katara o a alguien más. Además sabia que su objetivo, era él.

Continuaba con su practica cuando una estaca de hielo fue lanzada hacia él. La deshizo con una de sus llamas. Miro entonces a quien lo había atacado.

- Veo que aun tienes buenos reflejos.

Katara salió de entre las sombras y se acercó a él. Vestía ropas de entrenamiento, y en su mano cargaba una espada blanca. Zuko vio que ella también tenia las misma intenciones que él.

- ¿Vienes a entrenar? – le preguntó.

- Vengo a pelear contra ti.

No se esperaba esa respuesta. La miro un tanto dudoso, no estaba la esposa, o la madre amorosa, la mujer que estaba frente a él era la guerra, la maestra agua. Sus ojos azules lo miraban con determinación, y ¿por qué no? Vio un poco de seducción en ellos.

- ¿Por qué? – le cuestionó.

Ella se acercó moviéndose delicada pero de manera seductora, Zuko se dio cuenta que era más peligrosa una mujer con tales encantos que cualquier ejercito. Quedo frente a él. La diferencia de estaturas era evidente. A pesar de que él había crecido ella también lo hiso, pero no mucho, aun así observó fijamente sus ojos azules.

- Por que nos enfrentamos a un ejercito de maestros fuego – hablo bajo pero escuchable – Y tu eres el maestro fuego más fuerte de aquí.

- ¿Crees poder vencerme? – Era mucho más fuerte que hace años, el incluso podía reconocer eso.

- ¿Y tu?

Para ese momento había colocado sus manos en el pecho de él. Se acerco a el como si fuera a besarlo pero el beso nunca llegó, lo empujo con fuerzas tomo agua y la lanzó contra él, el chorro lo lanzó hacia uno de los pilares, la congelo y lo dejo atrapado.

- Parece que el Señor del Fuego no puede contra una maestra agua – se jaqueó de su fácil victoria.

Se molesto por su engaño, dejo salir intensas llamas y rompió el hielo, calló e inmediatamente atacó con varias llamaradas. Katara las deshizo todas con ataques de agua, pero solo eran una distracción. Al instante en que terminó con su ataque, Zuko ya estaba casi frente a ella, quiso golpearlo pero el se adelanto y tomo su brazo, lo torció obligándola a darle la espalda. Con su brazo libre lo paso por su cintura, pego su pecho a la espada de ella quedando abrazados a ella de esa manera.

- Parece que la maestra agua no puede contra el Señor del Fuego – Le susurro en el oído.

- No me subestimes.

- No lo hago – se apegó más hacia con ella.

No pudo evitar sonrojarse, especialmente por la forma seductora en la que se lo dijo, muy cerca de su oído, Recordó sus peleas cuando eran enemigos, especialmente las del palacio. Aflojo su agarre, se dio la vuelta y miro los orbes dorados.

Zuko sabia que ella era fuerte, nunca dudo de eso, y por algún motivo sentía que al igual que él ella nunca había dejado de entrenar. Toco su mejilla dulcemente y ella inclino su cabeza hacia su mano.

- Mañana, cuando llegue Azula, solo yo peleare contra ella – miro la ligera preocupación en su rostro. Levantó su mano tomando la de él que estaba en su mejilla.

- Entiendo – Ella sabia que aquella era su misión, su responsabilidad, así como tiempo atrás. Era algo que debía pasar, su enfrentamiento con Azula y solo el podía hacerse cargo de ella.

Aang estaba meditando, hacia inhalaciones y exhalaciones profundas. Después de su enfrentamiento con Ozai, llegar al estado avatar le resultó fácil y controlable. Sabia que mañana debía de hacer uso de su poder como avatar. No deseaba perder el control y destruir toda la flota así como lo hiso con el ataque de la tribu del norte, aunque había estado siento poseído por el espíritu del océano no podía permitirse un acto igual a ese. Había quedado de acuerdo con Sokka y Zuko, que en el momento en que la flota llegara, haría una advertencia para que desistieran del ataque y se rindieran, Zuko no creyó que funcionaria, conocía a Azula y ella no se detendría ya sea si solo quedaba ella de pie, pero aun así acepto su propuesta, el tampoco deseaba que aquellos soldados llegasen a morir.

En la madrugada, Katara y Zuko estaban en la muralla. Katara vestía su traje de batalla a Zuko se le proporcionó uno igual, sus espadas colgaban de su espalda. La Tachi de Katara estaba fija en su cintura, sus cantimploras a sus costados. Sokka se acerco a ellos, el vestía como un guerrero de la tribu agua, Suki, que lo acompañaba vestía igual que Katara.

La tenues luces del alba comenzaron a aclarar el océano. Las cenizas llegaron a ellos.

- Ya están aquí – hablo el maestro aire.


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