Capitulo IX

EL VIENTO EN EL SUR, EL FUEGO EN ORIENTE

PARTE II

No solo vieron la flota que se dirigía hacia ellos, lo mas impresionante fueron los dirigibles que sobrevolaban la armada. Zuko miro con desaprobación el uso de sus barcos y sus dirigibles.

Azula había sido muy lista en enviar los dirigibles, atacar por aire les daba la ventaja. Los barcos se detuvieron por las edificaciones de hielo que habían colocado en el mar. Pero los dirigibles siguieron su camino. Su instinto le decía que Azula venia en uno de ellos. Sin perder más tiempo el primer ataque fue lanzado. Desde los dirigibles lanzaban bombas, mientras que los barcos comenzaron a lanzar enormes bolas de fuego hacia el muro donde ellos se encontraban.

- ¡A sus posiciones! – gritó Sokka.

Katara alzó una pared de agua atrapando la bola de fuego y congelándola mucho antes de acercarse a ellos, la lanzo de regreso al barco. Aang desplegó una corriente de aire que desvió el rumbo de las bombas del primer dirigible que inició el ataque. Zuko inmediatamente junto con Aang arriba de Appa se dirigieron a aquel dirigible, Azula estaba en el, era el dirigible imperial por lo que no dudaba que se encontrara ahí. Le harían frente a Azula de una vez por todas.

Los maestros agua, junto con Pakku se quedaron en el muro. Con sus habilidades evitaban que las bolas de fuego llegaran a la ciudad.

- Katara, Kenai ya saben que hacer – les dijo Pakku.

Inmediatamente la pareja bajo al agua. Una flota de diez barcos liderados por Hyun junto con los demás maestros fuego se dirigían a la armada. Katara y Kenai se posicionaron frente a ellos hicieron aparecer una densa neblina que cubrió todo a su alrededor.

Kenai era el maestro agua con el que se había casado la hija de Hyun. Era muy fuerte, casi igual que Katara y uno de los hombres más confiables de Pakku. El era el heredero de su cargo como líder de los maestros agua de la tribu. Aunque hubiera dejado aquel papel a Katara, supo que el lugar de su nieta era con su esposo y nunca dudo que algún día regresaría por ella, su decisión no estaba equivocada y haber elegido a Kenai como su sucesor tampoco.

- Almirante Liang… – se acercó uno de los soldados al recién nombrado almirante después de que la neblina los cubriera.

- ¡Continúen el ataque, no se detengan! – ordenó antes de escuchar lo que tenia que decir.

- ¡Si señor!

A pesar de la neblina no se detendría. Vio cómo la bola de fuego era lanzada hacia el frente, pero se sorprendió a donde fue a dar el impacto, uno de los acorazados acababa de ser atacado por él.

- ¿Pero cómo…?

No se explicaba como pudo atacar sus propios barcos. El estaba al frente de todos. Aunque no podía ver por la neblina sabia cual era su ubicación. Después miro como bolas de fuego ser lanzadas en varias direcciones, algunas rosando el barco donde el se encontraba y otras fueron a dar a su propia flota.

- ¡Detengan el ataque! – gritó.

Después de un momento las bolas de fuego dejaron de verse, pero los incendios en algunos navíos aun eran perceptibles sobre el velo gris que los cubría ¿Cómo era posible que se atacaran a si mismos? Entonces la niebla se volvió más espesa. Las llamas de los barcos vecinos se perdieron para ser suplantadas por un silencio sepulcral. Gritos ahogados comenzaron a llamar su atención. Sabia que eran de su tripulación. Ligeras iluminaciones de fuego y el sonido de agua originaria por sus hombres al caer al mar le daban a entender que había un polizón en su barco. Cuando el silencio gobernó nuevamente el se quedo quieto, expectante. La neblina no lo dejaba ver ni a dos metros de distancia. Escuchó un sonido y sin dudarlo lanzó una llama hacia esa dirección, el fuego se abrió paso entre la neblina iluminando tenuemente, pero no había nadie ahí.

- ¡Muéstrate cobarde! ¡No te tengo miedo! – gritó hacia el que se encontraba oculto en la neblina.

- Cobardes son los que traicionan a su líder y buscan el poder por medio de la supresión de otros.

La voz femenina solo podía significar que se trataba de una sola persona. Levemente se disipó la neblina manipulada por ella, pudo ver a la distancia a la causante de todo.

- Mira quien habla de traición – hablo Liang – Fuiste tu quien incitó a los otros a levantarse en contra del Señor del Fuego Ozai. Nosotros estamos recuperando lo que nos pertenece.

La figura femenina de cuerpo esbelto, marcado por la entallada ropa, su cabello recogido en una cola alta. Vestía como nunca imaginó verla, la recordaba como aquella chiquilla que jugaba a ser soberana, la princesita que se convirtió en reina. Siempre con vestidos elegantes y apariencia impecable. Pero ahora veía aquella faceta que la había echo tan famosa, la maestra agua guerrera. Su mirada azul se clavaba en él como el más frio hielo.

- ¿Y quien decidió que les pertenecían la demás naciones? Que podían simplemente atacar e invadir el mundo. Que podían aprovecharse de los demás y suprimirlos convirtiéndolos en esclavos – objeto con algo de odio.

- El mundo merece ser cubierto por nuestra grandeza y superioridad.

- ¡El mundo debe vivir en paz!

Rio de sus palabras – Por eso nunca la considere digna de ser la Señora del Fuego. Volvió débil al príncipe, y cómo no, ahora entiendo por que se puso de su lado – la miró de arriba abajo notando su figura. La seducción era el arma más fuerte en una mujer y viéndola más detenidamente aquella contaba con las armas suficientes para lograr cualquier cosa, aunque era solo una chiquilla cuando se caso, el pudo reconocer que era bella, y al verla ahora realizada como mujer pudo entender por que el príncipe traiciono a su padre.

- Lo malo de ser una figura de poder – hablo Katara tratando de no verse insultada por su comentario - Es que en ocasiones tienes que castigar a tu propia gente. Le enseñare lo que esta indigna reina es capaz de hacer – tomo posición de combate.

Las explosiones que provocaban las bombas destruían la ciudad, los maestros agua trataban de hacer caer los dirigibles. Mai con sus cuchillas las lanzaba a las bombas para hacerlas explotar en el aire antes de que tocaran la ciudad, pero sabia que eso no era suficiente. Corrió hacia el techo de una de las torres de vigilancia y desde ahí continuo su ataque a los maestros fuego que atacaban desde los dirigibles. Se sorprendió cuando estos la tomaron como su nuevo objetivo, pero antes de que pudieran lanzar sus ataques, incandescentes llamas golpearon a los soldados haciendo que quedaran colgados de sus cuerdas de seguridad, una segundo ataque de fuego rompió aquellas cuerdas, los soldados cayeron contra el frio suelo de la ciudad. Vio el pequeño globo pasando frente a ella. Sus ojos se toparon con los de él.

Zheng miraba fijamente a la figura femenina, le sonrió y extendió su mano, indicándole que fuera con él, por primera vez vio algo en ella que lo dejo impactado.

Mai sonrió ligeramente, tomo impulso y se lanzo hacia el maestro fuego, el atrapó su mano, quedo colgando en el aire, pero el la alzó con suma facilidad haciéndola entrar al globo, sus manos quedaron unidas por un momento y ambos se miraron por pocos segundos.

- Te ves bella cuando sonríes.

Se sorprendió por sus palabras y no puedo evitar sonrojarse por ellas, pero no pudo decirle algo pues el soltó su mano y se dirigió al timonel del globo, ignorando lo que le había provocado.

- Tenemos que hacernos cargo de los dirigibles.

Expuso Zheng, y condujo hacia la flota el globo. La mitad de los dirigibles se hallaban ya en tierra. Sokka junto con los guerreros se encontraban peleando contra los maestros fuego en la ciudad.

El pequeño globo se elevó quedando arriba de los dirigibles, en uno de los ataques que recibieron golpeó la tela que lo mantenía a flote. Rápidamente comenzó a perder altura. Zheng tomo a Mai por la cintura y ambos se lanzaron al aire cayendo sobre uno de los dirigibles, el impacto los hiso rodar sobre la superficie curva, logro aferrarse de un saliente de metal con fuerza, impidiendo su caída. Mai estaba aferrada a él.

- ¿Y ahora que? – preguntó Mai.

Zheng se dio cuenta que de lo que se había sujeto era de una escalera, vio la pequeña compuerta al final de la misma.

- ¿Qué tan buena eres conduciendo dirigibles? – le preguntó a la que tenia en brazos. Ella le sonrió nuevamente.

Appa sobrevolaba el dirigible mientras esquivaba los ataques de los maestros fuego que Zuko rompía para que no los golpeara. En un momento paso frente al puente de mando y la vio. Detrás del cristal estaba ella.

Azula sonrió satisfecha al ver a su hermano, pero también se sorprendió de ver el bisonte, especialmente a la persona vestida de naranja y amarillo que lo conducía. El Avatar estaba ahí.

- Han, cambio de planes.

Miro a su segundo al mando, y el sin necesidad de palabras pudo entender a lo que ella se refería. Hiso una inclinación con su cabeza y salió del puente.

- ¡Acércame! – le grito Zuko. El maestro aire lo llevó hacia uno de los laterales del dirigible, una vez cerca saltó, en aire lanzó ataques de fuego hacia los soldados y calló dentro de los andenes, donde mas soldados llegaron a recibirlo con sus ataques. Comenzó a pelear contra ellos. Se aglomeraron alrededor de él, antes de que hiciera un movimiento una fuerte ráfaga de viento los lanzó al interior. Zuko miro a Aang que llegaba a donde estaba él y ambos comenzaron su camino hacia el puente de mando.

Derribaron a todo soldado que se encontraban en su camino, Zuko ni siquiera tuvo que hacer uso de su fuego control para vencerlos, con sus espadas y certeros ataques eran más que suficientes. Aang solo podía aceptar y admirar la fuerza de su antiguo Sifu. Antes de llegar al puente se toparon con un grupo de soldados. Al parecer eran la guardia personal de Azula.

- Ve – le dijo Aang – Yo me encargare de ellos. Te alcanzaré después.

Zuko miro a su amigo y con una sonrisa supo que estaría bien, era el avatar después de todo, enfrentarse a un puñado de soldados no le seria nada difícil. El pasillo era un tanto angosto. Zuko corrió hacia ellos, inmediatamente lo atacaron de manera simultánea lanzando fuego. Aang con su planeador dejo salir una onda de aire que extinguió el fuego y con el mismo impulso, Zuko atravesó rápidamente dirigiéndose al puente.

Katara peleaba contra Liang, sus ataques de fuego los rompía con su látigo de agua. Estuvieron peleando, evadiendo y contraatacando los ataques de cada uno, pero Katara llevaba la ventaja, su juventud y fuerza superaban al almirante que se cansaba conforme la pelea avanzaba. En un último golpe, Katara lanzó su ataque de estacas de hielo, Liang a duras penas el logro evadir el mortal ataque. Se detuvo momentáneamente y miro con furia a la maestra agua que lo observaba con seguridad de vencerlo, pero el no se daría por vencido fácilmente. Empezó a mover los brazos, chispas comenzaron a salir a su alrededor, Katara inmediatamente comprendió lo que haría. Cuando lanzó el rayo, un chorro de agua lo atrapó, con el agua electrificada y sin tener contacto con ella la condujo hacia el almirante. El golpe fue fuerte, más no mortal. El rayo había perdido parte de la intensidad, pero aun seguía siendo igual de peligroso.

Zuko le había enseñado a desviar el rayo de esa manera la noche anterior. Al parecer su corazonada de que podía enfrentarse a un rayo era correcta, y casi toda la noche estuvieron viendo la manera de que ella pudiera re direccionarlo en lugar de simplemente protegerse del mismo. Al final pudieron llegar a aquella técnica, usando su agua para atrapar la electricidad y llevarla directo hacia su oponente. Era una de las bases de los de los maestros agua, usar su defensa como ataque.

Liang calló al suelo inconsciente por la descarga eléctrica.

Katara Miro a la flota que se encontraba toda dispersa, con su control, ella y Kenai habían logrado mover los barcos aprovechando la neblina y de esa manera hacer que se atacaran ellos mismos, al parecer el maestro Hyun ya se había encargado de la mitad de la armada junto con Kenai que atacaba con enormes olas a los barcos y congelándolas en el acto haciendo que quedaran atrapados. Miro entonces hacia la tribu, los dirigibles que la sobrevolaban dejando caer sus bombas en ella destruyendo todo a su paso, el resto de los dirigibles se encontraban en el puerto tratando de invadir la ciudad. Tenían que ponerle fin a todo esto.

Aang había terminado con los maestros fuego, iba a dirigirse al puente cuando vio a un soldado al final del pasillo. Vestía diferente a los otros. Tomo su posición de ataque.

La puerta de hierro se abrió y Zuko entro al puente de mando del dirigible.

- Que gusto verte Zuzu – la sonrisa torcida de Azula solo le provocó el mas grande desprecio hacia su hermana.

La miraba con odio, ya no tenia aquel ligero temor al enfrentarse a ella cuando era más joven. Azula siempre había sido la prodigio, la mejor. Pero en esos momentos el no le temía. Era más fuerte y más poderoso y en esta ocasión ella había ido más lejos. No solo planeaba quitarle el trono, si no que había atentado contra la vida de su hijo. Y ahora atacaba la tribu del sur, el sabia que no solo lo hacia por querer deshacerse de él, lo hacia por venganza hacia Katara. Desde el pasado Azula había manifestado su odio hacia la tribu de su esposa, y por el hecho que hubiera sido ella quien la derrotara solo provocaba que aquel ataque se viera a manera de venganza. Ambos se comenzaron a mover de manera circular manteniendo las distancias mientras se miraban desafiantes.

- ¿No piensas saludarme? Que grosero y yo que me tome la molestia de venir hasta acá a visitar a tu familia – hablaba con el tono de arrogancia característico en ella.

- Detén el ataque Azula y perdonare tu vida – advirtió con seriedad.

- Hablas tan confiado ¿Enserio crees que puedes vencerme? – advirtió ella - Te recuerdo que en nuestro último enfrentamiento fue tu noviecita quien me venció, no tu – le echo en cara – Pero al parecer ella esta ahorita muy ocupada salvando su preciada tribu. O tal vez… - Agregó – ¿Planeas hacer que el avatar me venza?

Azula noto en la mirada de su hermano que tenia razón, sonrió gustosa.

- Lamento informarte hermanito que eso no será posible.

Zuko no entendió a que se refería. En ese momento entro alguien más a la habitación, Aang cayó a sus pies. Zuko abrió los ojos con gran sorpresa ¿Acaso había sido vencido? No lo podía creer, lo consideraba más fuerte. En ese momento reconoció al lo llevó a la habitación.

- Supongo que ya conoces a Han – hablo Azula acercándose a él – Su padre era el ministro Shaiming, vino para terminar su trabajo.

Miro con desprecio al soldado. Había sido indulgente con él, pero al parecer su benevolencia le había resultado mal pagada. No solo por el si no también por los demás conspiradores que se pusieron de lado de Azula. Aun así no podía creer que Aang fuera vencido por él. Miro a su amigo en el suelo semi inconsciente.

- Ah, se me olvida decirte – agregó Azula – Han puede bloquear el control en las personas – Zuko abrió los ojos con sorpresa ¡No podía ser! Entonces Aang… - Creo que tu plan de usar al avatar ya no será posible hermanito – sonrió satisfecha.

En ese momento entraron soldados y lo rodearon. Zuko se encontraba al otro extremo del de la habitación donde se encontraba los controles y el timonel del dirigible. Azula y Han se encontraban cerca de la puerta. No podía escapar. Apretó sus espadas con fuerza.

- Después de terminar contigo la matare a la campesina y después a tu hijo – declaró – Mátenlo – ordenó a sus hombres.

Pero un segundo antes de que lanzaran su ataque, Zuko movió el timonel del dirigible haciendo que este se sacudiera violentamente hacia un lado. Al hacerlo tomó a Aang, rompió el cristal de las ventanas del puente de mando con un ataque de fuego y se lanzo al aire. Appa por suerte los atrapó. Debió reconocer que el animal actuó rápido para salvarlos.

Azula miro como ambos se alejaban en el bisonte para caer en la ciudad de hielo.

- ¡Vallan tras ellos! – gritó.

Sokka junto con los demás guerreros peleaban con los maestros fuego que se trataban de invadir la tribu. Aquella pelea no daba tregua pero ellos tampoco se rendirían fácilmente. Miro como Suki vencía con facilidad a los soldados. Se quedo anonadado por el poder de su mujer y solo en ese momento recordó que era una guerrera y lo fuerte que era. Cuando vio que uno de los soldados trataba de atacarla por la espalda no dudo en enviar su boomerang hacia él. El golpe tumbo al maestro fuego y se unió a ella para combatir juntos.

Ambos continuaron peleando, hombro con hombro pero los soldados seguían llegando y los ataques de los dirigibles hacían más difícil que pudieran resistir. Los maestros agua liderados por Pakku le hacían frente a las bombas que constantemente atacaban la parte media de la ciudad. Un grupo los rodeó pero antes de que pudieran atacarlos chorros de agua los envistieron derribándolos.

- Katara – gritó Sokka al reconocer a su hermana.

- La mitad de la flota ha sido tomada – informó ella al acercarse.

- Tenemos que hacer algo con esos dirigibles – expuso Sokka.

- Creo que eso ya esta solucionado – dijo Suki al ver como uno de los dirigibles se estrellaba con los demás derribándolos, la acción era casi parecida a lo que ellos hicieron cuando trataron de derribar la flota del señor del fuego el día del cometa.

- ¿Qué hay de Zuko y de Aang? – peguntó Katara - Ya debieron de haberse enfrentado a Azula.

Sokka movió su cabeza negando conocer el paradero de los dos. Katara alzó su vista hacia la parte alta de la ciudad y vio como Appa descendía allá seguido muy de cerca por un dirigible. Algo no andaba bien.

- Zuko… lo… siento… - trataba de disculparse el maestro aire.

- No te preocupes amigo, todo estará bien – trato de calmarlo, Azula había logrado bloquear a Aang de su control. Eso era malo. Su victoria se debía en parte a él. Pero ahora todo cambiaba. Cuando llegó a la explanada del palacio supo que no era lugar para que el se quedara. Sin ninguno de su control estaba expuesto y no podía permitir que Azula le hiciera algo.

- Llévalo a un lugar seguro – le ordenó al bisonte cuando llego a la explana del palacio, el animal pareció entenderlo por el rugido que le dio a manera de respuesta. Inmediatamente inició el vuelo.

Vio con entonces como el dirigible de Azula comenzaba a lanzar ataques hacia el animal. Inmediatamente y sin dudarlo lanzó un rayo hacia el dirigible, dio directamente hacia la parte superior rompiendo la tela que lo mantenía a flote provocando un feroz incendio. Tuvo que correr al ver que el dirigible se dirigía peligrosamente hacia él mientras caía envuelto en llamas.

Azula vio con horror la inevitable caída de su dirigible.

- ¡Maldito! – grito con odio hacia su hermano.

- Vamos – le grito Han, la tomo y ambos se saltaron del dirigible por la misma ventana por la que Zuko había escapado. Con ayuda de su fuego control se impulsaron y apuntaron hacia la nieve para aminorar la caída. Ambos rodaron y cuando se detuvieron Azula se incorporó y miro con desprecio y odio lo que su hermano había hecho.

Después fijo su vista hacia la tribu, su flota de dirigibles se estaba derrumbando cayendo sobre la ciudad provocando fuertes explosiones, los soldados en la parte baja estaban siendo fácilmente derrotados por los maestros agua y su armada no atacaba la tribu, todos los acorazados se encontraban dispersos en el océano, algunos de ellos con incendios, reconoció el barco del almirante Liang, estaba empalado en una prisión de hielo que se alzaba en el mar.

Su rabia incrementó. Su flota, su ataque, ¡Estaba perdiendo! ¿¡CÓMO ERA POSIBLE ESO!? Han que la había protegido de la caída estaba inmóvil en la nieve, aparentemente herido, ella se separó con desgana de él y dirigió su vista hacia el único que veía como el culpable de todo eso.

Miro a su hermano con el gran odio que crecía dentro de ella del otro lado del fuego del dirigible que se consumía rápidamente.

Con furia creo dos relámpagos en sus manos que al unirlos los dejo ir directamente hacia él. Zuko evadió el peligroso ataque. Saltó entre las llamas que los separaban y atacó con fuego a su hermana. El enfrentamiento entre ellos comenzó.

Mai y Zheng vieron como el dirigible se estrellaría en una de las paredes de hielo que rodeaban la tribu. Sin pensarlo dos veces Zheng tomó por la cintura a Mai y saltaron de la inevitable muerte que les esperaría. La explosión no se dejo esperar cuando el dirigible lleno de gas inflamable se estrelló contra el muro de hielo, pero ahora ellos caían precipitadamente. Zheng se aferro más al cuerpo de la chica, al parecer su idea de destruir los dirigibles les costaría caro a ambos. Mai se abrazaba al hombre con el que caía. Valla forma de morir. Se dijo así misma, pero por algún motivo, no lamentaba que su vida terminara de esa manera.

Un remolino de agua los cubrió segundos antes de tocar el suelo amortiguando su caída. La pareja quedo dentro de una burbuja de agua que les salvó la vida, segundos después toda el agua los abandonó y ellos quedaron de rodillas en el frio suelo. A lo lejos vieron a Pakku que los miraba un poco satisfecho por lo que habían hecho.

Le había arrebatado el trono, su madre lo prefería a él, incluso sus amigas la traicionaron por su culpa y ahora ¡LE QUITABA SU VENGANZA CONTRA LA MALDITA TRIBU! Azula lanzaba sus ataques con furia hacia Zuko. Se desquitaba por todo lo que le había pasado, por sus años en prisión, por la debilidad de su padre al perder contra el avatar, por ser mas amado que ella. La fiera pelea entre hermanos no daba a lugar.

Azula lanzaba sus llamas casi a ciegas sin tomar en cuenta si hacia daño o no, ella solamente atacaba sin descanso, por otro lado los ataques de Zuko eran más certeros. Por segunda vez su hermana se encontraba dispersa, cegada por su rabia. El tenia la ventaja. Han observaba a la distancia la pelea entre ellos, pudo ver que Azula perdería, era inevitable, se cansaba rápidamente y no tenia concentración mientras que su hermano atacaba con más fuerza y cada vez mas certero.

- ¡Nunca mereciste ser el Señor del Fuego! ¡YO SI! – Gritó.

- ¡Nuestro padre nunca consideró convertirte en el Señor del Fuego! – le respondió Zuko. Recordó su platica con él, cuando le revelo su plan. Estuvo seguro que tomo la decisión de coronar a Azula después de que el se marchara para ayudar al avatar ¿Qué otra opción le quedaba?

Como respuesta recibió un grito de euforia por parte de ella. Al parecer también lo reconocía.

- Terminemos con esto de una vez por todas Azula.

A pesar de que se enfrentaron en un Agni Kai el no sintió completo al final de aquel enfrentamiento, Katara había intervenido y el había quedado incapacitado por su rayo. Pero ahora le pondría fin a ese encuentro.

Los dos comenzaron a mover sus brazos y chispas salieron de ellos. Era todo o nada, en ese momento se decidiría todo, uno caería y el otro quedaría de pie, a pesar de que era su hermana el ya no podía permitir que siguiera. Sabia que si fallaba la muerte le esperaba a su familia y eso no lo permitiría, preferiría morir antes que eso y no le importaría arrastrar a Azula a ese destino.

Cuando estuvieron listos. Al mismo tiempo lanzaron sus ataques.

Los rayos chocaron, una gran explosión se hiso y la onda expulso con fuerza a los dos hermanos al aire, Zuko apenas se impactó con el suelo fue arrastrado muy lejos golpeándose severamente mientras rodaba por el hielo a causa del impacto de sus ataques. Después de ser arrastrado varios metros se detuvo. Quedo al filo del límite de la explana donde se encontraban. Un poco mas y hubiera caído al segundo nivel de la ciudad. Sintió un fuerte dolor en su pecho y tosió sangre, lo mas seguro es que se hubiera roto algunas huesos. Azula estaba muy lejos de él. Había caído casi al otro extremo, estaba inmóvil en el suelo. Por un momento pensó que había muerto, entonces lo vio, Han se acerco a ella y la cargo en brazos, al parecer aun estaba viva, pero entonces un crujido llamo su atención.

El suelo donde se encontraba comenzó a agrietarse. Toda la parte alta comenzó a hundirse, su pelea con Azula había provocado que se debilitara la superficie de hielo donde llevaban acabo su encuentro. Miro hacia donde estaba Han y su hermana pero ya no los vio. Quiso ponerse de pie pero el intenso dolor lo hiso caer de nuevo. Todo se desmoronaba frente a él. Los salones de entrenamiento y demás edificios se derrumbaban, ya no podía hacer nada, en el instante en que el suelo debajo de sus pies cedió el cayó junto con él.

Su espalda golpeó una superficie resbaladiza de hielo que lo arrastro rápidamente hacia abajo, miro como aquel túnel se desasía mientras bajaba y se formaba una nueva parte a sus pies al descender. Katara manipulaba el túnel por el que Zuko bajaba hasta que llego al suelo. Salió a gran velocidad pero ella lo atrapo con un montículo de nieve, tratando así de suavizar su parada. Corrió hacia él.

Escucho su quejido y supo que estaba muy mal herido, especialmente por que comenzó a toser y escupir sangre.

- ¿Y Azula? – le pregunto mientras lo examinaba.

Quiso decir algo pero algo rojo en el cielo llamo su atención. El dirigible en el que habían llegado Mai y Zheng sobrevolaba la ciudad alejándose. Supo entonces que ahí iban ellos, Katara sospecho lo mismo.

En el momento en que vio como se derrumbaba toda la parte alta supo que algo había salido mal y no dudo en correr con más fuerzas, cuando vio a Zuko caer, lo salvo creando ese túnel para parar su caída y traerlo hacia ella, aunque no fue muy suave su aterrizaje era mejor quedar sepultado entre la nieve y el hielo. Resultaría imposible que alguien sobreviviera a eso.

Mientras el dirigible se alejaba, los barcos que aun no habían sido derrotados emprendieron la huida. Los maestros fuegos a cargo de Hyun gritaban por la victoria, los pocos soldados que quedaron en la ciudad se rindieron incondicionalmente al verse abandonados por sus propios aliados y darse cuenta que escapar ya no era una opción. Sokka y sus guerreros se agruparon y los apresaron. Mai y Zheng vieron a la flota alejarse. Se reunieron con Sokka y los demás maestros agua y guerreros de la tribu.

- Al parecer huyeron – declaro Sokka.

- No llegaran muy lejos – hablo Zheng – Si el general Iroh tomo la ciudad no dudo que envié refuerzos. Los detendrán en el camino.

En el campamento de la bahía del este toda la gente se había establecido en improvisadas tiendas y casas de campaña. En aquella parte del polo Sur era donde cazaban a los osos árticos de grueso pelaje con el que hacían sus mantas y Parkas. El jefe Arnook y Haack esperaban noticias de la tribu, si no recibían noticias de ellos partirían al amanecer hacia el reino tierra, llevarían a sus hijos a Ba Sing Se y buscarían a Iroh, el les daría el apoyo para vencer la Armada de Azula antes de que iniciara su ataque a las demás naciones. Esas habían sido las instrucciones del Señor del Fuego y del jefe Hakoda. El campamento estaba en una gran tensión, si fallaban una nueva guerra iniciaría, de eso estaban seguros.

Pero mantenían la esperanza de que no fuera así. El avatar estaba de su lado después de todo, su victoria estaba asegurada.

Ryu se encontraba con Sora y Kai en su tienda de campaña, Lavali los cuidaba. En ese momento quiso salir para despejarse la mente, había pasado un día desde su partida y aun no sabía nada de sus padres, de cierta manera se sentía culpable por lo que estaba pasando. Si nunca se hubiera dejado atrapar por los maestros tierra, eso nunca hubiera ocurrido, pero por otro lado, no hubiera conocido a su madre, ni a los maestros aire. No podía desear que no pasara una cosa cuando otra de igual importancia había pasado a consecuencia de la primera. Suspiró. Debía confiar en que todo saldría bien. Su padre era fuerte y por lo que había escuchado su madre también. No tenia por que preocuparse.

- Ryu – volteó a mirar a Sora que le hablaba - ¡Vamos a jugar! – le dijo sonriente.

Ocultó su cara de preocupación y fue hacia con su prima. Había prometido a su mamá que la cuidaría y lo haría. Solo esperaba reunirse con sus padres pronto.

Ai observaba a lo lejos al príncipe de la nación del fuego. Lo miraba molesta, había sido humillante perder contra él y lo peor de todo era que su abuelo la había regañado. Ella era la mejor de su clase y estaba dispuesta a recuperar el lugar que le correspondía.

- ¡Hey! – le gritó mientras se acercaba. Ryu sin querer volteó a ver, aunque no le habían hablado por su nombre sabia que le hablaban a él – Peleemos otra vez - le exigió.

Sora miro a su primo esperando haber que le respondería.

- No – le dijo Ryu secamente, tenia ciertas preocupaciones como para pensar en pelear con niñas, especialmente con ella.

- ¿Acaso temes que te gane? – lo tentó – Solo me ganaste por que me distraje. No eres tan fuerte.

Ryu se molestó ¿Qué le pasaba a esa niña? – No quiero pelear contigo – le dijo ignorando sus palabras – Vamos Sora, regresemos con la señorita Lavali y con Kai – Sora hiso caso a lo que su primo decía.

- ¡Cobarde! – le gritó – Me tienes miedo porque sabes que te voy a ganar.

Solo volteo a verla con algo de enojo pero continuando con su camino.

- ¿Qué le pasa a Ai? – le preguntó Sora.

- Es una mala perdedora – respondió el príncipe.

Katara examinaba a Zuko y vio que no solo tenia heridas superficiales si no también internas, se había roto cuatro costillas y una de ellas le perforó el pulmón. Tenia que actuar rápido o se ahogaría con su propia sangre.

- ¿Cómo esta? – hablo Zheng cuando llego a ella junto con Mai.

- Esta muy grave y no puedo moverlo – informó – Necesitare su ayuda.

Después de decir eso levanto una improvisada tienda de hielo alrededor de ellos. Sumió el suelo donde se encontraban ella y Zuko.

- Mai, necesito que te coloque atrás de Zuko y sostengas su cabeza.

Mai lo hiso. Se colocó dentro de aquel hueco de hielo, se sentó colocando la cabeza de Zuko en sus piernas. Al hacerlo Zuko tosió sangre. Sintió una conmoción en su pecho al verlo en tal estado. Una vez dentro Katara comenzó a llenar con agua el hueco convirtiéndolo en una pila. El agua fría hiso que tanto Zuko como Mai se estremecieran.

- Zheng calienta el agua – ordenó.

Mientras la pila se llenaba Zheng tenia sus manos sumergidas en ella calentándola rápidamente.

- Dame una de tus cuchillas – le pidió a Mai, ella dejo de sostener ligeramente la cabeza de Zuko para entregarle lo que pedía. Cuando Katara la tomó comenzó a desgarrar las ropas de Zuko dejando su pecho al descubierto.

El agua le llegaba a arriba de la cintura a las mujeres, Mai sostenía la cabeza de Zuko para que no se ahogara con el agua. Cuando el agua dejo de subir y estaba a una temperatura aceptable, movió sus manos sobre el pecho de Zuko, cubrió completamente de agua su tórax, inmediatamente comenzó a brillar. Katara tenia los ojos cerrados mientras curaba a Zuko, vio en su mente como dos de las costillas rotas se habían clavado en su pulmón provocándole una hemorragia. Supo que tenia que hacer mas para curarlo.

- Zheng sostén las piernas de Zuko, trata de que no se mueva mucho – El maestro fuego hiso lo que le pidió - Lo siento amor, esto te dolerá.

Movió su mano sobre su pecho cubierto de agua, Zuko comenzó a gritar de dolor y moverse con violencia. Katara estaba reacomodando sus costillas y eso era muy doloroso, pero no se desmayó del dolor como otros pacientes lo habían hecho. Zheng tuvo que hacer más fuerza para evitar que se moviera bruscamente.

Afuera Appa descendía a lo que quedaba de la tribu. Miro con asombro el estado de la misma. Vio cuando Katara levantaba una estructura de hielo, se dirigió hacia allá. Cuando llego se quedo afuera. Alcanzo a ver como Katara sanaba a Zuko, el gritaba de dolor. Sus gritos lo atormentaban y se sentía culpable por el estado de su amigo.

Sokka y Suki con él.

- ¿Qué paso? – preguntó Sokka, escuchó entonces el grito proveniente del interior de la tienda de hielo - ¿Qué sucedió Aang? – hablo con gran preocupación, algo le decía que era Zuko el que se encontraba adentro gritando.

- Fue mi culpa – hablo Aang con lamentación.

- ¿Qué quieres decir?

- Uno de los hombres de Azula bloqueó mi control… - Sokka y los otros abrieron los ojos con sorpresa – Zuko se enfrentó solo contra Azula, Si tan solo yo… - llevó su mano a su cabeza tratando de suprimir su dolor.

- No es tu culpa – Sokka puso una mano en el hombro de su joven amigo – Conocemos a Zuko. El hubiera preferido pelear solo contra Azula de todas maneras.

Pero Aang no se sentía del todo bien. El era la clave para evitar eso. El estado lamentable de la tribu era su culpa, había quedado inutilizado en el momento en que inició la pelea y no pudo hacer nada para defenderla, cuando recobro el sentido ya todo había acabado.

- Suki – hablo Sokka – Ve hacia la parte baja, ahí hay una tienda con equipo médico, trae lo necesario para que Katara pueda terminar de curar a Zuko – la Kyoshi hiso caso a lo que le ordenó su esposo y partió inmediatamente – Aang – el maestro aire levanto la cabeza esperando las ordenes de su amigo – Quédate aquí, Katara puede traer de regreso tu control.

Quiso decir algo pero guardo silencio, en esos momentos sin su control se sentía inútil.

Cuando termino de acomodar sus costillas tomo nuevamente la cuchilla de Mai. La cubrió de agua que comenzó a brillar, una vez esterilizada la hoja hiso un corte en su pecho. La mejor manera de sanar el pulmón era con la sangre control. Le había tomado dos años aprender esa técnica de una de las refugiadas que llegaron al final de la guerra a la tribu. Hama la maestra de sangre control. Al hacer la herida y tocarla con el agua podía manipularla con facilidad. Comenzó a acelerar la reproducción de células en la herida hasta que sano por completo, lo mismo con las venas y arterias que provocaban la hemorragia. De esa manera lo había curado cuando llego herido a la tribu. Después con un movimiento de su mano saco el resto de la sangre que había en el pulmón por la boca. Esparció el líquido rojo en el piso de hielo. La sangre que se había disperso de manera interna la saco por la herida en su pecho. Al final de limpiarlo, cerró la herida que había echo, no dejo cicatriz.

Mai observaba con asombro. Especialmente al ver como sacaba la sangre de la boca de Zuko que lo ahogaba, no sabia que los maestros agua podían llegar a poseer tal poder. Zheng estaba igual o mas conmocionado que ella.

Katara dejo salir un suspiro, lo había salvado. En ese momento entraron Suki y Aang, Suki llevaba un bolso en sus manos.

- Puedes descansar yo me hare cargo – le dijo Suki. No tuvo que adivinar que se esforzó demasiado, Katara miro hacia Mai y Zheng, ambos asintieron con la cabeza dándole la razón a Suki. Cuando ella se levantó Zheng también lo hiso.

- Katara… - Aang trataba de encontrar las palabras para hablar con ella, tratar de explicarle lo que había pasado. Cuando le dijo que había perdido su control ella se alarmó. Pero no lo culpo.

- Cuando nos separamos el día del cometa, Sokka, Suki y Toph destruyeron la flota de dirigibles y Zuko hubiera podido derrotar a Azula si yo no me hubiera interpuesto – Aang la miro un poco confundido - A lo que quiero llegar, es que un que seas el Avatar no tienes que hacerlo todo tu solo Aang. No es tu culpa lo que le paso a la tribu. La ventaja de vivir en un palacio de hielo y nieve es que lo podemos reconstruir fácilmente, especialmente si eres un maestro agua – le dijo finalmente con una ligera sonrisa en su boca.

Habían vencido, no tenían por que culparse por nada ahora. Después se dispuso a devolverle su control con la manipulación de la sangre.

Hyun y Kenai llegaron al muelle acompañados de los prisioneros que capturaron en los barcos atacados por ellos. Los maestros agua se habían encargado de recoger a los que habían caído al agua y habían sido abandonados por el resto de la armada.

- Solo logramos detener siete de los acorazados, sin contar el que uso como bandera Katara – refiriéndose al barco del almirante Liang - El resto huyó – informó a Hakoda y a Pakku.

- ¿Cuantos pueden navegar? – preguntó Hakoda.

- Cuatro, los otros quedaron inutilizados cuando se atacaron ellos mismos – respondió Kenai.

- Mantengan a los prisioneros en los barcos, adviérteles que si intentan algo no dudaremos en hundirlos y dejar que se ahoguen – hablo Hakoda – El Señor del Fuego decidirá después que hacer con ellos. Que tus hombres sean atendidos.

Pakku y Hakoda miraron el estado en que había quedado la tribu. La zona alta donde estaba el palacio había quedado completamente derrumbada. La mitad de la zona media estaba cubierta de nieve y hielo a causa de los dirigibles que se habían estrellado contra los gruesos y grandes que había a los costados de la ciudad. Otros se hallaban derrumbados sobre las casas. Solo la parte baja se había salvado aunque tenia daños por las peleas que se dieron ahí.

- Pudo haber sido peor – hablo Pakku.

El jefe de la tribu suspiró. Tendrán que reconstruir nuevamente.

Iroh se encontraba en la proa del barco. Era medio día y llevaban la mitad del camino, si tenían suerte llegarían a media noche. Comenzó a inhalar profundamente, se avecinaba una tormenta, podía sentirlo, igual que hace muchos años el presentimiento era el mismo. Toph se acerco a él.

- ¿Cree que lleguemos demasiado tarde? – le pregunto la maestra tierra.

- Confío en que pudieron derrotar a Azula.

- ¿Y si logra escapar?

- Entonces nosotros nos haremos cargo de su captura – Toph sonrió, le gustaba la idea de querer enfrentarse a la desquiciada hermana de Zuko.

Una flota de diez barcos iban en camino hacia el sur. Eran la flota de la que Zheng estaba a cargo, se habían quedado custodiando la frontera marítima entre el reino tierra y la nación del fuego. Por ordenes de Iroh se mantuvieron en el mar el día en que dieron el ataque al palacio, pero los mandó a llamar para dirigirse ahora al sur. Ayu se quedo en la capital junto con parte de la guardia imperial y los demás prisioneros que habían perdido su control para mantener las cosas en orden hasta que ellos regresaran.

- General Iroh – Issei se acercó a ellos – Hay algo que me he estado preguntando.

Iroh lo miro expectante.

- Uno de mis hombres informó que Izao se había quedado a cargo en el palacio. Pero no lo encontramos. No había rastro de el ni de sus hombres.

- ¿Crees que huyeron? – preguntó Iroh.

- Nos hubiéramos dado cuenta.

- Long Feng estaba a cargo cuando nosotros atacamos – hablo Toph.

- ¿Advertiste a tus hombres en la capital? – dijo Iroh con preocupación. Tal vez existía la posibilidad de que hicieran la misma jugada que ellos.

- El no esta en la capital, su barco no estaba en el muelle cuando revisamos al final del ataque. No me hubiera atrevido a dejar a Ayu si tuviera el presentimiento de que ese idiota andaba suelto por ahí.

- Si no esta en la capital y no esta con Azula ¿En donde esta? – preguntó Toph.

Arnook reviso con su mira lejos por tercera vez. Vio a los tres barcos que se acercaban. No había dudas, eran acorazados de la nación del fuego.

- ¿Crees que sean ellos? – preguntó Haack.

- No me cabe la menor duda, descubrieron que estamos aquí. Ordena que todos suban a los barcos. Llama a las curanderas.

Inmediatamente se dio la orden de abordar. Todos abandonaron lo que estaban haciendo para subir rápidamente hacia los barcos. Ryu no entendía lo que estaba pasando.

- Ryu – le habló Lavali – tu, Sora y Kai se irán con mi hermana – Juma sostenía a Kai en sus brazos.

- ¿Qué sucede? – preguntó Ryu - ¿A dónde vamos?

- ¿Vamos a regresar con mamá y papá? – pregunto Sora.

- No pequeña – hablo tratando de no verse preocupada – Irán a un lugar muy especial. Al reino tierra. Ahí verán a sus papás después.

Sora entendió, pero Ryu sabia que algo no andaba bien.

Antes de subir al barco, Lavali advirtió a su hermana – Cuando llegues al reino tierra, no esperes por nosotros, dirígete a Ba Sing Se y busca a Toph y a Sun Hee.

- Lavali… ¿Crees que ellos…? – preguntó temerosa.

- No, son demasiado fuertes para ser vencidos fácilmente – hablo en voz baja para calmarla – Cinco de los héroes de la guerra están ahí incluyendo al avatar, no hay forma de que pierdan, ¡Ve! - Los barcos comenzaron a partir.

Lavali se unió al resto de las curanderas. Eran cinco en total. Como los maestros agua ya sabían de curación, consideraron innecesario que ellas se quedaran y se fueron con el resto de la tribu como apoyo. Estaban arriba del barco del jefe Arnook, solo ellas y tres guerreros que eran la guardia personal del jefe de la tribu del norte, el resto se había quedado a pelear en la tribu, eran los únicos que le harían frente a los tres acorazados. El barco se posicionó al final de la procesión que partía al reino tierra.

- Capitán Izao estamos listos.

- No destruyan ninguno de los barcos, recuerda que lo necesito con vida. Cuando lo tengan den la señal.

- Si capitán.

- Bao – agregó – No quiero la misma excusa de la otra vez – le advirtió.

Azula vera de lo que soy capaz.

Sonrió satisfecho. Había conducido su propio barco por una ruta diferente a la de la Armada, supuso que si trataban de huir lo harían por aquel lado y el estaría esperándolos, le demostraría a la princesa que no era un inútil capturando a los que intentaran huir. Grande fue su sorpresa al ver aquellos barcos en la playa de hielo. Sin dudarlo se dirigió hacia ellos. Se dio cuenta que era la toda la tribu del sur, al parecer había evacuado y se estaban ocultando ahí. Algo le decía que el príncipe se encontraba con ellos. Considero que aquello resultaba más beneficioso. Le entregaría el príncipe a Azula y ella ya no lo consideraría un ineficiente. Dejaría en ridículo a Han.

Los globos de guerra comenzaron a salir de los acorazados, dos de cada uno y comenzaron a acercarse a los barcos de la tribu agua. Lavali vio la pequeña flota de globos dirigirse a ellos, sin dudarlo comenzó a crear estacas de hielo que golpeaban las aeronaves, uno de ellos cayó cuando reventó la tela del globo. Izao al ver que calló el globo dio la orden de que atacaran el último barco.

- ¡Van tras los barcos! – grito Haack al ver que los pasaban por alto para dirigirse hacia el resto de los navíos que iban adelante.

- ¡Ve con ellos! – ordenó Arnook.

- Yo te ayudaré – Inaya una de las curanderas saltó al agua, antes de caer creo una balsa de hielo y callo sobre ella, Haack salto inmediatamente, la chica comenzó a desplazar la pequeña barca hacia los demás barcos de la tribu a una velocidad sorprendente.

De los globos comenzaron a descender en pares soldados que se adentraban a los barcos. Inaya logro tirar a algunos de ellos mientras intentaban bajar en la soga. Haack subió con ayuda de un chorro de agua a los barcos y se enfrentaba a los maestros fuego con su espada.

Lavali trataba de desviar las bolas de fuego que lanzaban hacia el barco donde se encontraban ellos. Las otras maestras agua lanzaban látigos de agua que las destruían esparciendo los restos.

Ryu y todos escuchaban el estruendo, definitivamente algo no iba bien. Juma supo que no podía permanecer más tiempo sin hacer nada. Le dio Kai a Yuna la mamá de Ai, al abrir la puerta con horror vio aun maestro fuego que estaba parado justo frente a ella.

- Hola – saludó Bao al ver a la chica con el rostro de sorpresa por verlo.

Ryu lo reconoció ¡Era el mismo maestro fuego que lo quiso atrapar en la Isla!

- Busco al príncipe de la Nación del Fuego, entréguenmelo y no les hare daño.

Ai miro a Ryu. ¡Lo buscaban a él!

- ¡Aquí no está! - grito Juma tratando de ocultar su miedo.

- Eso yo lo decidiré – la golpeó tirándola al suelo – Tráiganme a todos los niños – ordeno a sus hombres.

- Solo hay uno las demás son niñas.

Tráiganmelo – ordenó.

Juma contuvo el aliento al ver que se acercaba al niño. Quiso hacer algo pero se detuvo al ver a quien se acercaba.

Bao observó al niño de pelo corto castaño y ojos cafés. No era el príncipe. Desvió su mirada al resto de los niños que estaban ahí. Efectivamente todas eran niñas.

Ryu tenia la cabeza baja, mientras abrazaba a Sora, Ai estaba a su lado, le había soltado el pelo y le colocó una diadema. Ella, Ryu, Kazu y otras dos niñas eran los únicos en ese barco que tenían la edad del príncipe, los otros eran bebés o de la edad de Kai.

Juma vio el ligero cambio en la apariencia de Ryu, la Parka y su cabello largo lo hacían ver como cualquier otra niña, daba gracias que aquella ropa no permitiera diferenciar niños de niñas, no a simple vista.

- Aquí no esta el príncipe ¡Váyanse y déjenos en paz! – gritó para tratar de que se fueran.

- Cierra la boca – le gritó.

Miro a los niñas, dos de ellas eran morenas, así que no había forma de que fueran el príncipe, una abrazaba a otra mas pequeña, miro dudoso a una a la que estaba a su lado. Se agachó.

- ¿Qué miras cara de mono? – le dijo Ai.

Bao gruñó, echo un último vistazo, no estaba ahí.

- ¡Vámonos! – ordenó.

Juma respiro con alivio. Ai le sonrió a Ryu y él le devolvió la sonrisa.

- Ryu ¿por qué esos hombres te están buscando? – hablo Sora un poco alto antes de que los soldados salieran por completo de la habitación.

Bao se dio la vuelta en el marco de la puerta. Miro entonces a la niña, Ryu también lo miró.

- ¡Eres tu!

Juma se aventó contra el hombre tirándolo al suelo y al mismo tiempo haciendo caer a los dos soldados que lo acompañaban.

- ¡CORRE! – le gritó a gritó a Ryu.


... esta historia pronto se acabara... agradecería sus comentarios...