Capitulo XII
DESCUBRIMIENTOS
Zuko se encontraba de pie en el acantilado mirando hacia el fondo del mismo. Los rayos del sol lo tocaron dando el inicio del nuevo día, su respiración dejaba salir ese humo provocado por el frio de la mañana. La tormenta se había ido. Solo el rastro de tierra húmeda así como el sereno y las gotas que bañaban finamente las hojas era lo que quedaba de aquella tormentosa noche.
Su piel estaba fría, aunque era un maestro fuego y su temperatura estaba un poco mas arriba de la normal, en esa ocasión estaba frio. No existía calor, ni el de su propio astro que lo acariciaba para poder devolverle los grados que le hacían falta a su cuerpo.
Su corazón dolía, todo en su cuerpo dolía. Un grito que desgarraba sus entrañas desde adentro pero que se ahogaba en su garganta sin poder salir y quedándose ahí, consumiéndolo desde el interior.
Al final lo había conseguido, desde el pasado, siempre intento quitarle todo lo que le importaba, su honor, su derecho al trono, su felicidad… pero ahora había logrado su objetivo. Le quito lo único que amaba en el mundo mas que a su propia vida.
Su hijo.
La amarga lagrima calló por su mejilla. No pudo más. Su cuerpo callo rendido en el húmedo suelo, y con un grito desgarrador saco su dolor.
Iroh observaba a su sobrino con el mismo dolor que podía percibir en él.
Cuando Azula se lanzo al precipicio llevándose a Ryu con ella, el tiempo se detuvo para los tres hombres que lo vieron. Aang inmediatamente corrió hacia la orilla del precipicio, la obscuridad se había tragado a los dos que caían y sin dudarlo se lanzo al vacío. Pero su búsqueda fue en vano. Al final de aquel precipicio un bravío rio se movía en él. Con su planeador estuvo siguiendo el cause, esperando ver a alguno de los dos, pero no vio nada.
Cuando regreso a donde estaban los demás solo con su rostro Zuko pudo saber lo que iba a decir. Izao perdió el control y se negó a creerlo. Culpo a Zuko y lo intento golpear, pero Aang lo detuvo. Logro evitar que golpeara a su amigo que al parecer estaba estoico por lo que acababa de pasar, ni siquiera hiso algún movimiento para tratar de esquivar el golpe de aquel maestro fuego. Aang lo detuvo a tiempo y lo apresó. El hombre se revolcaba en el suelo gritando e insultando a Zuko.
Sokka llego después, acompañado de Issei. No entendían la situación pero al ver sus caras, el llanto de Ai y los gritos de aquel hombre, no era necesario deducir lo que había pasado. Aang pidió que se llevaran a aquel hombre, lo menos que necesitaba Zuko era sentirse culpable por la muerte de su hijo. El no había tenido la culpa.
- Aun podemos encontrarlo – fueron las palabras del avatar hacia su amigo y Zuko pareció reaccionar a ello. Por un momento le devolvió la vida y comenzaron la búsqueda.
Poco después se dieron cuenta que los soldados que quedaron en la flota, que no habían sido atacados por Sun Hee intentaron escapar, pero el agua fue congelada a su alrededor impidiendo su escape. El dirigible con Kenai y Hyun había llegado. Atraparon el resto de la flota. Ahí se enteraron de lo que había pasado.
Kenai abrazaba a su hija que lloraba sin consuelo, Zheng y los demás hombres que viajaban con ellos se unieron a la búsqueda. Aun había esperanza. Revisaron cada rio y laguna que desembocaba de aquel cause y algunos se quedaron ahí en caso de encontrarlos.
Sin embargo el nuevo día había llegado y solo marcaba el fin de su inútil búsqueda.
Y ahí estaba él. Aceptando lo inevitable. Llorando su perdida, intentó hacerse el fuerte pero le era imposible, ¿quién podría soportar aquel dolor? Iroh reconoció el sufrimiento de perder a un hijo. Una dolorosa experiencia por la que el paso y jamás desearía que otra persona pasara por lo mismo, pero en esos momentos, veía a la persona que apreciaba como un hijo perder ese ser tan importante. Entendía su dolor, lo entendía a la perfección y no pudo mas que lamentarse que pasara por eso.
Sokka se encontraba en el barco junto con Katara, ya era mediodía y ella apenas mostraba signos de despertar. Se sintió mal. Una parte de él deseaba que se repusiera, pero la otra deseaba que no despertara y que no tuviera que enfrentar aquella cruel realidad. Para esas horas ya no podían albergar alguna esperanza de encontrarlos con vida, sobre todo por que ya habían encontrado el cuerpo de Azula.
Había muerto por la herida que le causo Zuko, se desangro y la caída solo le dio el golpe final. Su cuerpo sin vida fue encontrado casi en la desembocadura del rio en el mar. Solo pudieron suponer, que si ella había llegado hasta allá, el cuerpo de Ryu pudo haber sido arrastrado aun mas, enviándolo al mar, haciendo imposible su búsqueda para encontrar su cuerpo.
¿Cómo le diría aquella noticia a su hermana?
- ¿Sokka…? – Katara despertó. El momento había llegado.
Toph escuchó su grito y su llanto atreves de las paredes de metal, Sun Hee la abrazó. Las lagrimas rodaron por su mejilla. Ella era fuerte, mas no insensible. El dolor de su amiga la contagio y abrumó. Se aferro con fuerzas a su esposo.
Zuko continuaba ahí, sentado en la tierra, inmóvil. Iroh seguía observándolo en silencio, no se apartó de su lado en ningún momento. Una figura lo paso, Katara caminó hacia él. Toco el hombro de Zuko, el al sentir el tacto y reconocer a quien lo tocaba se abrazo con fuerza a ella, llorando nuevamente. La pareja lloro la perdida de su hijo. Aang y Sokka se acercaron a Iroh.
- Lo lamento… Fue mi culpa… no pude salvarlo.
- No es tu culpa.
Aunque sus suaves palabras trataban de calmarlo le era imposible lograrlo, por que ni siquiera ella podía sentirse en paz. Pero era la verdad, no era su culpa. Había echo hasta lo imposible por su hijo. Desde ir el solo a su rescate, arriesgar su vida y casi morir por mantenerlo a salvo hasta atacar a su propia hermana provocándole su muerte. Si alguien había hecho tanto por su hijo, había sido él. Katara lo abrazaba tratando ella también de hallar consuelo y atenuar el dolor de ambos compartiéndolo.
Desvió su mirada del acantilado, no deseaba ver hacia aquel lugar. Su vista continuo el filo de la tierra hasta que se detuvo en algo que llamo su atención.
- Zuko…
Pero el estaba retraído, en su mundo de dolor y lamentación.
- Zuko – insistió ella separándose momentáneamente.
Al sentir aquella ausencia de calor que le hacia falta abrió también los ojos. Katara miraba algo en especifico y su vista fue a dar a ese algo.
Se separo de él por completo y comenzó a caminar. La siguió. Iroh y los otros observaban los movimientos de la pareja. Los siguieron. Katara se detuvo viendo de nuevo hacia el acantilado pero desde otro lado. A una distancia un poco alejada de donde estaban.
- El estuvo aquí – hablo.
- Katara… - Zuko creyó que el dolor por la perdida de Ryu le afectaba aun mas a ella que a él.
- No Zuko, en verdad el estuvo aquí, mira.
Señalo al otro lado del acantilado, Zuko alcanzó a distinguir dos postes viejos y lo que quedaba de una vieja cuerda colgando de extremo a extremo. De su lado solo había la mitad de lo que parecía la entrada a un puente.
- Caí de un puente y cuando desperté estaba con ellos. ¡Son muchos papá y están bajo la tierra!
Sus ojos se abrieron con asombro al recordar. Aun había una posibilidad. Miro a Katara y la misma esperanza se vio en sus ojos. Ella también pensaba lo mismo. Se dieron la vuelta y miraron a sus amigos. Inmediatamente fueron hacia con ellos.
- ¿Cómo se encuentra Toph? – pregunto Katara. Ellos la miraron extrañados.
- ¿Por qué deseas saberlo? – le pregunto su hermano.
- Por que buscaremos a los maestros aire.
Aang se sorprendió por sus palabras – Katara… no creo que sea adecuado hacerlo en estos momentos…
- No entiendes – le cortó Zuko – Ryu cayó por este mismo acantilado cuando se encontró con ellos. El mismo nos lo dijo ¿recuerdas? El agua lo arrastro hasta el templo subterráneo.
La cara de todos mostraba sorpresa y una pequeña esperanza. Tenían razón, aun había una posibilidad y ellos se aferrarían a ella hasta el final.
Toph inmediatamente se puso en marcha. Se dirigieron al lago en donde Zuko había encontrado cerca de Ryu, el lugar que habían señalado en el mapa días atrás.
- Muy bien – hablo la maestra tierra – Vamos a ver dónde se esconden, ¡Háganlo!.
Dio la orden, Sun Hee y Aang dejaron caer dos enormes rocas. Las vibraciones que produciría el golpe le permitirían una visión mas amplia. Todos esperaron por sus palabras.
- Lo veo, por allá - señalo al otro extremo del lago, donde estaba la pared de piedra cerca de la cascada – Hay un túnel que desciende bajo el agua.
Aang no espero más y entrando en su estado avatar hiso que el agua del lago se separara, una vez abierto el camino congelo el agua. Efectivamente vieron la entrada, Toph y Sun Hee la ampliaron. El grupo comenzó el descenso. Zuko y Aang mantuvieron iluminado el túnel, Toph iba a la cabeza.
- Ya hemos llegado – anunció Toph. Vieron la luz al final del túnel y miraron con gran sorpresa lo que había ahí.
El Templo Oculto del Aire, los ojos de Aang no daban crédito a lo que veía, lo primer que llamo su atención no fue solo la similitud que tenia con el templo que se encontraba afuera en la otra isla si no los bisontes voladores que ahí se movían.
Su pecho dio un vuelco de alegría y unas lagrimas cayeron de su mejilla sin poder controlarlas.
El impacto por lo que veían era grande, pero para dos personas aquello paso a segundo lugar. Katara no perdió mas tiempo, atrajo una cantidad de agua hasta ellos y descendió seguida de Zuko. Inmediatamente caminaron hacia el templo. Toph creo unas escaleras por la que el grupo bajo. Siguiendo a la pareja de cerca pero sin dejar de mirar el lugar donde se encontraban continuaron.
- Kanau ¡Están aquí! – Etsu entro corriendo al comedor dando la noticia.
Inmediatamente todos se levantaron y fueron hacia donde estaban los visitantes.
Los monjes miraban a los extranjeros y no podían mas que asombrase por ello, Aang no hacia mas que sonreír al ver a los niños que jugaban y se lanzaban en sus planeadores. En verdad eran maestros aire. Una pare de él admitía que dudo momentáneamente las palabras de Ryu, pero ahora agradecía enormemente al pequeño.
- Ha pasado mucho tiempo Aang… – la voz de un hombre llamo la atención del grupo todos voltearon a ver al anciano.
Aang se adelanto y quedo frente al maestro aire. Su cara arrugada y su figura ligeramente encorvada. Una mirada que solo podía recordarle a una persona.
- ¿Thai? – el anciano sonrió y Aang abrió los ojos con gran sorpresa - ¡Thai! - Corrió a abrazarlo.
- Me alegra verte de nuevo, viejo amigo.
El maestro aire lloro de la alegría. Thai era un niño de seis años que seguía a Aang a donde sea. Era como el héroe del pequeño y Aang se sentía gustoso de enseñarle movimientos de aire a su pequeño amigo. ¿Quién iba a pensar que después de tantos años el seguía con vida?
Todos estaban conmocionados por la reunión de los maestros aire, pero había una pareja que esperaba algo más. La vista de Katara se fijo en un monje de piel un poco mas obscura que el resto, se acercaba a ellos. El hombres de rostros sereno y una delicada sonrisa miro a la pareja, especialmente a Katara, se movió y dejo ver al que estaba detrás de él.
El corazón de Katara y de Zuko dio un vuelto.
- ¡Ryu!
- Mamá, papá, vinieron por mi – hablo el pequeño con alegría al ver a sus padres. Corrieron a abrazarlo.
Katara lo apretaba fuertemente apoyando la cabeza de su hijo en su pecho. Estaba con vida, por los espíritus el estaba vivo. Zuko también lo abrazó. Ryu dejo salir un quejido de dolor, los padres se separaron de él y vieron la causa.
- ¿Qué te paso? – hablo conmocionada Katara al ver el brazo de su hijo vendado y pegado a su pecho.
- Me lastime por la caída, creo que me rompí al brazo – explicó el pequeño. Por eso no había podido salir de ahí. con su brazo lastimado no podía hacer el viaje de ascenso a la superficie.
Thai entonces comprendió por que había visto agua en él niño. La unión de dos poderosos elementos solo podía dar como resultado algo de igual fortaleza.
Hubo dos reencuentros que marcaron ese día como el mejor de todos. Quedando gravado en la historia de aquellos que estuvieron ahí para siempre. Aang se encargó de abrir nuevamente la entrada de aquel templo y por primera vez después de mucho años, los maestros aire salían al mundo.
Los que esperaban afuera estaba mas que sorprendido por el grupo que ahora se acercaba a ellos. El solo ver que al príncipe en brazos de su padre ya era suficiente para estar asombrados, pero saber que los otros eran maestros aire era un impacto aun mas grande.
Iroh miro a la familia, y lloro de alegría. Por otro lado el descubrimiento también le causo conmoción.
Una carta fue enviada a la tribu y otra más a la nación del fuego. Se quedarían solo por un día en las islas de los nómadas aire. Tenían que partir, pues aun había muchas cosas que hacer, especialmente para los de la nación del fuego. El equipo avatar que se unió después de tantos años se separo nuevamente, pero solo seria por corto tiempo.
Zuko, junto con toda su armada partió a la nación del fuego. Toph y Sun Hee los acompañaron. Tenían que recoger a los Dai li que dejaron allá. Katara iría a la tribu agua pues había cosas que hacer allá también. Zheng se quedaría con ella, después los alcanzarían con los prisioneros que se quedaron en la tribu. Aang se quedaría ahí. En el templo aire del sur, lo reconstruirían y le traerían vida nuevamente.
- Te veré en unos días – Zuko se despedía de Katara, entendía que debía quedarse con su tribu en esos momentos.
- Vendrás pronto a vernos ¿verdad que si mamá? – pregunto Ryu al ver que se separaba de ella, quería estar con su madre.
- Claro que si mi amor, y te prometo que nunca más me separare de ti.
Le dio un cálido beso y abrazo de despedida.
- Nos veremos nuevamente Zuko – se despidió Sokka.
- A si será – aseguro el Señor del Fuego y se despidió de su amigo.
Partieron entonces. Pero al llegar a la capital la mas grande cara de sorpresa puso Zuko al ver las condiciones de su palacio.
- Pero que demo…
Toph sonrió – Míralo de esta manera, ¡Ahora podrás remodelar!
Le dedico una mirada seria a su amiga, aunque no lo pudiera ver, ella podía sentir la molestia del maestro fuego.
- Lo sentimos pero es que se salió un poco de control – se excuso Sun Hee.
Toph había destruido parte del ala donde estaban las habitaciones reales y los jardines, mientras que Sun Hee, destruyó por completo el salón del Agni Kai. Ellos no sabían moderarse con su control, ¡Ni siquiera el día del cometa causaron tanto daño!
Ayu los recibió y después de escuchar la historia completa se quedo en parte maravillada, por que al fin Katara había conocido a Ryu en parte sorprendida por el hallazgo del príncipe.
Zuko no tuvo piedad por los traidores, los exilió y serian condenados a pasar el resto de su vida en una prisión en el reino tierra. Aquella idea fue posible gracias a Sun Hee que hablo por Kuei aceptando la propuesta del Señor del Fuego. Que mejor que un reino que sufrió las penurias de la guerra para mantener bien vigilados a aquellos que amenazaron con traer nuevamente caos. Zuko dudo de la lealtad de aquellos que una vez siguieron a su padre y que en esa ocasión se levantaron en su contra, incluso los nobles no se vieron excluidos, solo como un acto piadoso perdono a las familias, sin embargo les quito sus estatus y decreto que nunca vivirían en la parte alta de la capital. Han por increíble que pareciera aun estaba con vida, su cuerpo quemado fue encontrado en los camarotes de uno de los barcos. Ai le explico al Señor del fuego, antes de que partieran, que él los había ayudado cuando Azula estuvo a punto de matar a Ryu en su primer encuentro. Katara incluso había sanado las heridas del pobre infeliz que quedaría marcado para siempre.
Fue al único al que le concedió el derecho de duda y se entrevisto con él, pero el soldado no pidió por su bienestar ni perdón, simplemente aceptaba sus crímenes. Solo por haber salvado a Ryu Zuko lo condenó a arresto domiciliario dejando que se quedara en la nación del fuego.
A pesar de lo que paso en la capital los ciudadanos no parecieron darse cuenta de nada, pero ellos nunca supieron la magnitud de los hechos. Los únicos que lo sabían fueron las familias de los hombres leales a Zuko pues fueron capturados por un día. Para los demás todo seguía tan normal como antes, excepto cuando se corrió el rumor de que Azula había regresado al poder, pero ni siquiera fueron capaces de comprobarlo, pues al día siguiente de que esta se apoderara de la capital partió hacia el sur y la capital fue recuperada solo un día después, pero el rumor se volvió hecho cuando el Señor del Fuego regreso de su viaje de ciudad fuente de fuego, donde creían que estaba, y expulso de la nación a los traidores y conspiradores.
El rumor mas extraño fue la desaparición del Alto Sabio. Cuando Zuko llego a la capital, no había rastro de él. Aunque deseaba darle una lección a aquel maldito hombre, al menos se conformó con saber que nunca mas volvería a verlo, y deseaba no hacerlo, por que si lo hacia no seria capaz de controlarse por lo que le haría. Shyu tomo su lugar y se convirtió en el Alto Sabio. Las cosas parecían ir en orden.
Ryu despertaba feliz cada mañana ya de regreso en su hogar, le contó toda su travesía a Yuu que se quedo anonadado por lo que escuchaba especialmente la parte donde Ryu le revelaba que su padre era el Espíritu Azul.
- No es cierto.
- Puedo probarlo – dijo con seguridad.
Los dos niños se adentraron a la habitación de su padre. Sabían que a esa hora el estaba en una reunión, por lo que no podían tener miedo a que los encontraran. pero no pudieron ver en donde podría su padre esconder las espadas o la máscara.
Ryu recordó que había una habitación conjunta donde se guardaba la ropa de su padre, entraron en ella. Entonces se puso a husmear en los cajones y al abrir uno de los roperos ahí estaba. La mascara azul de ojos negros colgada en el fondo como eterno vigilante. De cada lado las espadas Dao la enmarcaban.
Yuu abrió los ojos con asombro. ¡Era verdad!
Katara recibió una carta de Zuko pidiendo que retrasaría su regreso a la nación del fuego. Explicó las condiciones en que había quedado el palacio gracias a sus queridos maestros tierra y no quiso que regresara hasta que las remodelaciones hubieran terminado, lo cual esperaba que fueran antes del cumpleaños de Ryu. Puso una fecha para su regreso, por lo tanto la Señora del Fuego tuvo que esperar.
En el momento en que llegaron, Zheng se enfrentó a la fría mirada de Mai. El Almirante Qian, después de haber recuperado su control fue enviado por ellos y los demás prisioneros, así como remolcar los acorazados y llevarlos de regreso. Mai no le dirigió la palabra a Zheng en todo el viaje y cuando el quería hablar con ella una filosa y mortal cuchilla rosaba su rostro a manera de advertencia para el maestro fuego de que se mantuviera alejado.
El jefe Arnook permaneció en la tribu una semana más, su hijo había quedado herido durante su intento de rescate hacia el príncipe y tuvo que esperar a su recuperación, aunque al ser atendido por aquella curandera lo había echo recuperarse pronto, la mirada médica de la chica no lo dejaba en paz.
- ¡Debes quedarte quieto! ¡Te he dicho mil veces que necesitas reposo Haack! – le reprochaba la curandera cuando este escapaba de su habitación.
Aunque Lavali era una gran curandera, no poseía la sangre control de Katara que le permitía regenerar la misma y recuperar la sangre perdida en caso de que el paciente hubiese sufrido de alguna hemorragia, el fuerte golpe de Haack, pese a que era una pequeña cortadura en al lado de su cien, lo hiso perder mucha sangre y el príncipe necio se negaba a cooperar en su recuperación.
- ¡Por los espíritus Lavali déjame en paz! ¡Estoy bien! – alegaba el príncipe, pero no caminaba ni cinco metros cuando un mareo lo agobiaba y lo hacia tambalearse.
La curandera suspiró.
- Sabes… de todos los pacientes, que he atendido te comportas peor que un niño – declaro mientras revisaba su herida y comprobaba que esta seguía cerrada.
El solo gruño por la comparación, aquel gesto provocó la risa de la curandera y Haack se quedo un poco impresionado, era la primera vez que la veía reír así. A regaña dientes obedeció sus instrucciones. Cuando fueron por los prisioneros de la nación del fuego, ellos regresaron al día siguiente. La tribu ya se encontraba más recuperada y Sokka y los demás se encargaron de terminar la reconstrucción así como retomar las comercializaciones.
En la nación del fuego Ayu se encargaba de la fiesta del cumpleaños de Ryu, aquella seria una fiesta muy especial. No paso mucho después del regreso de Zuko cuando lady Da Wan se presentó ante él y quiso saber si aun se realizaría el baile que había estado organizando, según por ordenes de él. Ayu había escuchado su petición y no pudo evitar interferir antes de que Zuko hablara.
- Por supuesto que se realizara – hablo ella adelantándose a las palabras de se amigo irrumpiendo en la habitación, Zuko se quedo desconcertado por lo que decía. Con una mirada de Ayu, le indico que se quedara callado – Solo reprogramará la fecha a una semana antes del cumpleaños del príncipe, como puede ver pronto terminaran las remodelaciones del palacio y en lugar de que sea una fiesta para elegir esposa cambiémosla a una de… "Celebración por la remodelación del palacio" – ni ella misma se creía eso - Con la sorpresa claro de que se anunciara a la esposa del Señor del Fuego, ¿Qué le parece Lady Da Wan?
La mujer miro a Ayu y después al Señor del Fuego, se había quedado sin palabras, pero saber que aun estaba en pie la elección de esposa por parte del mismo fue suficiente para ella.
- Si aun desea que yo lo organice estaré encantada – hablo gustosa.
- Seria un honor para mi que lo hiciera – hablo Zuko – Ayu esta ocupada con la fiesta de mi hijo como para encargarle que organice tan importante evento – miro a su amiga que solamente le devolvió una inocente sonrisa.
- La elección de las candidatas será suya por supuesto, confiamos en su buen gusto – agregó la chica. Zuko solo entrecerró sus ojos por las palabras de su amiga mirándola fijamente – ¡Oh! y el señor Iroh estará encantado en ayudarle en todo lo que necesite.
La cabeza de Zuko casi cae contra el escritorio cuando la escucho decir eso.
- Entonces así lo hare – declaro Da Wan gustosa y sin más se retiro la mujer.
Una vez solos Zuko comenzó.
- "Celebración por la remodelación del palacio" – repitió sus misma palabras haciendo evidente lo ridículo que sonaba eso - ¿Qué planeas con esto? – le preguntó por lo extraño de su comportamiento.
- Ooooh ya quiero ver las caras de esas mujeres cuando ese día anuncies a Katara como tu esposa – después de eso sonrió maléficamente.
- Eres imposible – dijo finalmente sonriendo al ver los alcances de su amiga cuando se trataba de Katara – ¿Vienes a decirme sobre la fiesta de Ryu? – a que mas si no a eso iba su amiga a verlo todos los días, no hacia mas que hablar de aquello. Incluso Issei había manifestado cierto fastidio hacia su novia que ya lo había dejado harto por los planes que tenia de la fiesta, Zuko se dio cuenta que pasaba mas tiempo en el palacio de lo usual y le había pedido que si preguntaba por el que le dijera que estaba ocupado o algo por el estilo. Cobarde, pensaba él.
- Si, ya tengo la lista de invitados.
Zuko se dio cuenta que era el doble de lo que había considerado, pero no pudo decirle nada a su amiga. Ese cumpleaños, así como ella lo había dicho era especial, se invitarían a todos los mandatarios, lideres, representantes y amigos de la pareja que tenían en las demás naciones así como los invitados especiales, los nómadas aire, el cual seria su primera presentación oficial ante el mundo. El rumor de que aun existían maestros aire causo gran conmoción y no dudaba de que todos aceptaran en ir al cumpleaños de su hijo para llegar a conocerlos.
- Entonces enviaremos las invitaciones lo antes posible.
Ayu sonrió por la aprobación – ¿Has visto a Issei? – le preguntó después – Creo que me ha estado tratando de evadir estos días.
El señor del fuego sonrió – Esta en las oficinas de los maestros fuego imperiales, busca especialmente en la sala de archivos.
Los días pasaban y al maestro fuego y a su hijo se le hacia eterna la espera para volver a ver a Katara. El antiguo salón donde se realizaban los combates de Agni Kai paso a convertirse en el nuevo salón de eventos, el mismo decidió que así seria. Desde que el tomo lugar como señor del fuego no hubo ningún enfrentamiento en aquel lugar, lo mejor era convertirlo en algo mas productivo, a pesar de que los combates de Agni Kai eran algo que formaban parte de la cultura de los maestros fuego, se dispuso otro salón para ello. Mas pequeño y menos ceremonioso que el antiguo. El nuevo y remodelado salón de eventos se llevaría acabo la dichosa fiesta donde, aunque se supone que era por la "remodelación del palacio" el rumor de que se presentaría a la "nueva y futura esposa del Señor del fuego" era algo que mantenía a muchas expectantes.
Y los rumores se confirmaron cuando algunas se dieron cuenta que ya se habían mandado a hacer vestidos y adornos para la esposa además de que la corona ya se había mandado a pulir. Las más atrevidas, fueron incluso con la costurera del palacio a comprobar aquel hecho, ya que Lady Da Wan se negaba a confirmar o no aquel dato. Mas que nada lo hacia por sus propio intereses.
A pesar de que era un evento importante no era nada en comparación al evento de la siguiente semana, el cumpleaños del príncipe, las únicas personas que le tomaron importancia eran las familias de las muchachas casaderas que el mismo señor del fuego podía llegar a elegir.
Ayu se encontró con Zuko y con Iroh en la sala del té un tanto molesta.
- ¿Qué sucede? – le preguntó Zuko.
- Lo que mas me temía – expreso su amiga al sentarse con ellos - Estoy recibiendo quejas por parte de familias en toda la nación que no fueron invitados a tu fiesta de "selección".
Zuko se llevo la mano al puente de la nariz suspirando.
- Este problema es tuyo, a mi no metas en eso – se limpió las manos.
- Ya te enseño la lista ¿verdad? - hablo Iroh.
- Si, solo invitó a quince de las cuarenta familias aquí en la capital con hijas casaderas, sin tomar en cuenta a las del resto de la nación.
- Yo mismo revise la lista y estuve de acuerdo con ello.
- ¡lo único que tiene en común esas mujeres es que o son feas o tienen algún defecto! Lady Da Wan solo quiere que Zuko escoja a Emi, ella se ve perfecta en comparación a las demás.
Zuko suspiro – No entiendo por que siguen con esto, ¡Yo ya estoy casado!
- ¡No importa! esas mujeres deben aprender una lección. Tienen que ver que Katara es mas digna que ellas y que mejor que echándoselo en su cara – defendió.
- No te preocupes Ayu, yo mismo me encargué de alterar la lista – aseguro Iroh – Esa noche será muy especial – sonrió en complicidad el ex general y Ayu lo acompaño en el malévolo plan.
- ¿Cuándo llegara Katara? – pregunto después.
- La misma tarde de tu fiesta – confirmó Zuko.
- Perfecto – sonrió Ayu.
Katara estaba impaciente, ya deseaba llegar. Se emocionó cuando vio el puerto a lo lejos. Había llegado una semana antes del cumpleaños de Ryu. Zuko había mandado un barco por ella. Pero al llegar al puerto fue Ayu quien la recibió.
- Ayu – las dos amigas se abrazaron con sentimientos encontrados, tantos años.
- Me alegra tanto verte Katara – dijo con sincera emoción.
- ¿Y Zuko? – no era que menospreciara ver a su amiga pero esperaba que su esposo y su hijo fueran a recibirla, pero no fue así.
- Oh tu sabes como es esto – hablo como si nada - El quería venir a recibirte incluso quería ir por ti al polo sur, pero ciertos trabajos lo mantuvieron ocupado. Así que lo verás hasta esta la fiesta de esta noche.
La verdad es que había movido cielo, mar y tierra, para mantener a Zuko ocupado y hacer su encuentro mas emocionante.
- ¿Fiesta?
- Por tu regreso – aclaró.
Aunque trato de aceptar las palabras de su amiga, sentía que algo no andaba bien en todo eso. Llegaron al palacio, Katara inmediatamente fue escoltada a una habitación preparada especialmente para ella donde se arreglaría, vio los rostros conocidos, por aquellas que, mientras estuvo en el palacio se encargaban de su arreglo personal. La costurera del palacio y sus asistentes. Las cinco mujeres la recibieron con una sonrisa y gustosas de verla de regreso.
La noche llegó y Zuko estaba que moría de impaciencia. Sabia que Katara ya estaba en el palacio y quiso matar a Ayu cuando le negó decirle donde estaba. ¡Ni siquiera había podido ir a recibirla! Estuvo a punto de mandar toda la dichosa fiesta al diablo con tal de ir a buscarla pero su tío logro hacerlo calmar.
- Esperaste ocho años para volver a verla, ¿Qué son unos minutos más?
Le dijo el dragón del oeste para calmar a su sobrino que echaba fuego de impaciencia. Después acepto y se vistió para el "evento".
Los invitados llegaban, Da Wan supervisaba todo de manera estricta. Nada pasaba desapercibido para la mujer organizadora. Especialmente cuando vio que llegaban ciertos invitados que no contempló. Algunas familias provenientes de las diferentes ciudades de la nación hicieron aparición. Eran aquellas familias que poseían hijas tan hermosas como Emi, no le gusto y se acerco a uno de los guardias por una explicación.
- Traen invitaciones oficiales – aclaro el encargado de la puerta.
- Que maravillosa fiesta Lady Da Wan – Ayu se acerco a saludar a la anfitriona.
- Fuiste tu ¿cierto? – la miro con desprecio.
- ¿Qué sucede? ¿No le gusta la competencia? – hablo gustosa.
Da Wan la miro y se alejo de ella. Ayu sonrió triunfante.
El soberano junto con su hijo fueron anunciados. Todos voltearon a ver a los dos hombres que entraron. Las mujeres miraron a su objetivo. Zuko pudo sentir aquellas miradas sobre él y no pudo mas que odiar a su tío y Ayu, especialmente él por haberse dejado llevar para realizar tan absurda idea.
Inmediatamente las familias comenzaron a presentarse delante de él. Ryu ya sentía el aburrimiento que los protocolos dictaban en aquellos eventos.
- Ve con Yuu si quieres – le dio su autorización su padre e inmediatamente se marcho a con su amigo.
- ¿Por qué a tu papá lo rodean tantas mujeres? – le preguntó.
Ryu sabia porque pero no lo dijo – No lo se, pierden su tiempo – dijo un tanto molesto – Mi mamá es mucho mas hermosa que ellas.
Por boca de Ryu, su amigo entendía o mas o menos se imaginaba como era la madre de él. Solo sabia que era una princesa de la tribu agua y tenia ojos azules y piel morena. Esperaba también conocerla, incluso su padre le menciono, que, cuando fue por los prisioneros a la tribu del sur, el también había quedado impresionado por la belleza que ahora poseía la señora del fuego.
- ¡Emi! – Da Wan le hablo a su hija.
- ¡Esto es un desastre! Tu me dijiste que el Señor del Fuego me escogería esta noche madre, pero veo a muchas mas en las que se puede interesar – hablo con enojo.
- No te preocupes, tu tendrás una ventaja sobre ellas, usa esto - Le paso algo, pero antes de que pudiera entregárselo Mai choco con ellas.
- Lo lamento – se disculpó y siguió su camino.
- ¿Qué es? – pregunto Emi ya a solas.
- Es un perfume que hará que el Señor del Fuego se vuelva loco por ti – aseguró la madre.
Mai veía el frasquito con liquido rojo que tenia en sus manos. A lo lejos vio a Ayu, y con una mirada se dijeron todo.
Zuko pudo por fin terminar con todas las forzadas presentaciones, era increíble la forma en que se le insinuaban la mujeres algunas mas discretas que otras. Quiso acercarse a su tío o a Ayu, pero no vio a ninguno, valla que se las ingeniaron para dejarlo a merced de aquellos trepadores y sobre todo para esconderse de él.
Emi se le acercó.
- Buenas noches, Señor del Fuego Zuko – se inclino reverencialmente ante él.
- Buenas noches Lady Emi – un extraño aroma golpeó al maestro fuego, ¿olía a picante? Su nariz comenzó a picarle – Si me disculpa iré… a saludar… a los demás invitados… - se alejo de ella inmediatamente. Emi no lo entendía.
Se acerco a las únicas personas con las que podía estar tranquilo. Los señores Gong estaban ahí, junto con la familia del Almirante Qian. Le hicieron una inclinación como saludo.
- Que vista es la que tenemos esta noche – hablo Qian refiriéndose a las hermosas damiselas que estaban ahí.
Su esposa aclaro la garganta recordándole que era un hombre casado.
- La invitación decía que esta fiesta era por la remodelación del palacio – hablo Xiang – No entiendo por que se hacen tantas ilusiones.
- Lo mismo digo – apoyó Zuko, en ese momento se acercó Ryu.
- ¿Dónde esta mamá? – hablo en voz baja el príncipe hacia con su padre.
- No lo se – le respondió con calma - pero en el momento en que vea a tu abuelo o a tu tía Ayu, te aseguro que les sacare una respuesta – sentenció el Señor del Fuego.
En ese momento la música cesó y una última presentación se hiso.
- La Señora del Fuego, Lady Katara.
Las puertas se abrieron y la soberana entro. Al igual que la primera vez que fue presentada como su esposa, todos enmudecieron al verla. Zuko sonrió y Ryu no creía lo que veía. Había visto a su madre con ropa de la tribu agua todo ese tiempo, pero en ese momento vestida de rojo y dorado hiso que el pequeño se quedara sin palabras.
- Mamá es hermosa - y su padre no pudo mas que estar de acuerdo con su hijo.
Camino hasta donde estaba su esposa, la música continuo.
- Perdón por llegar tarde – se disculpó por llegar tarde a su propia fiesta.
Zuko recordó el momento en que la vio, antes de su coronación, tan bella y ahora quedaba deslumbrado nuevamente, una parte de él pareciera que nunca se acostumbraría a verla vestida como su soberana, como su reina. La princesa de azul cambiaba nuevamente al rojo y el dorado. Aquellos colores que indicaban una sola cosa, que era suya. Aunque deseaba contemplarla y tenerla solo para él, sabia que debía compartirla con alguien más.
- Mamá – Ryu se acercó a su madre, le hiso el saludo respetuoso como todo buen príncipe con modales, Katara le sonrió dulcemente, pero al ver la sonrisa de su madre no pudo evitar abrazarla con fuerza, el gesto fue devuelto. Los cercanos a ellos miraban la escena con conmoción, era la primera vez que veían a madre e hijo juntos, así como a toda la familia real – Te ves hermosa mamá.
- Tu también te ves bien, igual de apuesto que tu padre – el pequeño se sonrojo levemente por el cumplido de su madre.
Las presentaciones dieron comienzo nuevamente.
Zheng se encontraba en aquella fiesta, por ordenes de Ayu por supuesto, su mirada se topo con la de ella. Se acerco y la saludó cortésmente, pero ella no dijo nada.
- ¿Hasta cuando planeas seguir así? - le dijo un tanto molesto.
Mai no dijo nada y siguió con su camino. Al verse ignorado nuevamente se acerco a ella con rapidez, la jalo del brazo y la saco del salón para llevarla aun lugar mas solitario donde confrontarla. No le importo que le pudiera lanzar una de sus chuchillas o lo matara por su atrevimiento, pero estaba harto por su actitud. Había intentado disculparse en varias ocasiones y ella se lo impedía con su amenaza silenciosa de matarlo pero ya no lo soportó. Aunque Zheng tratara de negarlo había algo que nacía en él cuando pensaba en ella, no estaba seguro de que era, pero cuando lo ignoró mostrándole aquella fría mirada simplemente estalló.
- ¿Qué es lo que quieres de mi? – le preguntó en uno de los pasillos solitarios del palacio.
- No entiendo a que te refieres – le respondió con calma tratando de ignorar el evidente disgusto en él – y te pido que me sueltes.
- ¡Por favor! Desde que salimos del polo sur no has hecho mas que ignorarme. Me he tratado de disculpar contigo, pero tu estas de necia. No es justo que estés enojada conmigo solo por que trate de protegerte.
- ¡Nadie te lo pidió! – le dijo con enojo, después movió su brazo con brusquedad para liberarse de su agarre. Se escuchó cristal rompiéndose.
Un ligero aroma…
- Solo respóndeme algo, ¿Estas molesta conmigo por que no deje que vinieras con nosotros? ¿O fue por que te bese? – le cuestiono seriamente.
Mai no quería admitirlo, pero desde que la beso no había dejado de pensar en él, y eso le producía desconcierto. Durante mucho tiempo Zuko ocupo la mayor parte de sus pensamientos, secretamente aun sentía algo por él. Pero después de conocerlo a él todo cambio, especialmente cuando la besó. ¿Por qué lo hiso?
Un ligero mareo… un sonrojo…
Se acercó a ella. Sus miradas estaban fijas uno con el otro, como un duelo silencioso que no estaban dispuestos a perder, ella no cedería ni le diría que aquel fue el motivo de su conducta hacia él en esos momentos.
Su respiración se volvió ligeramente agitada. Esperaba que le preguntara por qué lo había echo, pero ni siquiera el tenia una respuesta a ello. Solo sabia que estaba preocupado por ella.
Sensaciones extrañas…
Se acercó más acortando poco a poco la distancia entre ellos.
- ¿Y bien? – preguntó nuevamente jadeante, entrecortado y seductor. Ni el mismo sabia el por que el cambio de su tono de voz.
Respiraba su aliento, la pálida piel mostraba un ligero sonrojo y los ojos dorados brillaban con intensidad. Por impulso colocó su mano sobre en su mejilla, un estremecimiento, ella no dijo nada, Mai entre abrió sus finos labios dejando salir un suspiro. Mucho calor, sentía mucho calor, no solo donde el estaba tocando, todo su cuerpo compartía aquel aumento de temperatura.
Un simple desliz… y seria todo… no podrían detenerse…
Sus labios finalmente se tocaron, Mai llevo sus brazos al cuello del maestro fuego y él la apego mas a su cuerpo. La suave caricia de sus labios se convirtió en algo intenso. Ninguno de los dos quería detenerse y ambos ponían de su parte para continuar.
Las reclamaciones no se dejaron esperar, un grupo de mujeres rodearon a Lady Da Wan para obtener alguna explicación pues ninguna se atrevería a preguntarle al Señor del Fuego, mucho menos teniendo a su esposa por un lado.
- Señoras – hablo Iroh al ver a la pequeña multitud que rodeaban a la organizadora – ¿Qué sucede?
- General Iroh – hablo Da Wan – Creo que usted y lady Ayu me han usado y mentido. Exijo una explicación – expuso indignada.
- ¿Enserio? - fingió no entender – Según recuerdo esta fiesta es fiesta es por la remodelación del palacio.
- Pero me dijeron que el Señor del fuego anunciaría a su esposa.
- ¿Y que no esta ahí?
Todas vieron la trampa. Vaya lección. Iroh se retiro dejando el grupo de mujeres inconformes.
Después de eso, Iroh tomo su lugar como coanfitrión y comenzó la demostración por parte de las jóvenes que el invitó provenientes de diferentes partes de la nación. Cada una o en grupo expuso un pequeño concierto de habilidades artistas entre el canto y el toque de un instrumento.
La velada pasó tranquila, los buenos deseos y recibimientos por aquellos que echaron de menos a la soberana fueron bien recibidos por ella. Xiang no pudo verse más contenta de tener a su amiga de regreso al igual que otras más, especialmente Ayu, la cual aun seguía sin ser perdonada por Zuko, pero debió admitir que esperar para verla de esa manera había valido la pena.
- ¿Han visto a Zheng? – preguntó Ayu – no lo he visto desde hace horas.
La piel expuesta era marcada con suaves caricias y besos. El vestido impecablemente puesto, ahora estaba flojo y expuesto al que se atrevía a despojar suavemente cada prenda, las capas de su vestido se habrían dejando al descubierto sus hombros mientras que unas toscas manos acariciaban por debajo de la tela la suave piel.
Mai estaba sentada sobre un mueble en aquel salón del que en esos momentos no se preocuparon por saber que lugar era. Sus piernas enredadas en la cadera del hombre que la sujetaba y besaba, se abría camino entre la tela del vestido para acariciar sus largas piernas. Ella apegaba su cadera contra el dejando que el roce se volviera algo placentero para ella y tortuoso para Zheng que estaba a punto de perder el control.
No entendía con claridad porque estaba haciendo eso, una parte de ella, la que aun estaba lúcida, le decía que se debía aquella fragancia. El perfume que le quito a Emi se había roto cuando se salió del bolsillo de su manga. Aquel hipnotizante y placentero momento se debía a eso, estaba segura, pero ella no dejaba de aferrarse a su espalda ni de mover su cadera sobre él. Comenzó el camino de besos por su cuello y pudo escuchar su leve gemido, le estorbaba su ropa, quería besar mas aquella piel caliente, sentirla bajo sus labios. Quito la camisa y Zheng deseo que lo hiciera más rápido, sus toques lo hacían desear mas de ella.
El pecho expuesto como la primera vez que lo vio, duro y firme, sus labios bajaron por las cicatrices de batalla sintiendo la suavidad de ellas. El maestro fuego ya no podo más. Libero la presión que su erección palpitante le causaba, removió delicadamente la barrera de tela en ella. Mai se aferro a su espalda cuando lo sintió entrar. Lejos de sentir el esperado dolor sintió el mas grande placer. Tal vez se debía al hechizo del perfume o esa extraña sensación que tenia sintiendo en su entrepierna desde que comenzaron sus caricias, o la simple necesidad de su cuerpo que apenas despertaba a aquellos instintos, pero sabia que aquel era el lugar donde el debía estar, y se aferró para no dejarlo ir.
La estrecha cavidad le hacia que fuera muy difícil contenerse dentro de ella. Una parte de él deseaba ir lento, disfrutarlo pero el placer de cada movimiento lo abrumaba, su piel blanca, sus dorados ojos, y ese hermoso sonrojo en ella, lo envolvían en algo de lo que no quería despertar. Definitivamente se veía mas hermosa con aquella cara de placer y ligera vergüenza que el semblante frio que siempre daba a todos. Se sintió complacido de ser el único en ver esa hermosa expresión.
Los gritos se hacían cada vez más fuertes, aunque tratara de suprimirlos le era imposible, a esas alturas ya no sentía sus piernas, el estar sentada sobre la dura madera del mueble que se movía al compas de ellos, tratando de soportar el ritmo de su danza le estaba haciendo perder sensibilidad en su trasero, pero que importaba, lo único en que estaba su concentración era en las sensaciones y placeres que él le hacia sentir.
Un ritmo más rápido, un movimiento más profundo y culminaron juntos.
Zheng se apoyo sobre ella, recargó su cabeza sobre su hombro. Sudoroso, jadeante, pero satisfecho. Respiro el perfume de su cabello. Sentía la respiración de Mai sobre su oreja. Levanto ligeramente su cara y beso sus labios rosados.
Aun tenían ropa puesta, ella al menos, solamente le había retirado todo aquello que le impedía explorar su cuerpo. Había quedado con las capas de su vestido abiertas, las batas de diferentes tonos rojos exponiendo su cuerpo y su faja floja para permitir soltar el resto del vestido. Él en cambio estaba casi desnudo, el fino uniforme estaba en el suelo y sus pantalones a la altura de sus rodillas.
Continuo besándola unido aun íntimamente en ella. Mai toco su mejilla y vio como se inclinaba a su caricia. No se dijeron nada, no hubo palabras, aun después de tomarla por segunda vez.
Y una tercera vez…
El despertar con la mujer amada era algo que disfrutó Zuko esa mañana al verla al lado de su cama, contorneó con su mano la espalda desnuda y la sensación hiso que ella despertara y se diera la vuelta para mirarlo, la acerco a él para tenerla acunada en sus brazos. Tantas veces desde su partida soñó eso, despertar con ella en su cama con los recuerdos de la noche anterior frescos en su mente. Katara podía ver atreves de la mirada dorada la paz y felicidad de Zuko. Ambos eran felices ahora, ya no existía nada que los separaría y aunque así lo existiera ellos lucharían. Era una promesa interna que ambos se hicieron, nunca jamás se volverían a separar.
Lo beso, un beso de buenos días siempre era bien recibido, pero él no tenia intenciones de conformarse con un simple beso. La apego mas a él e intensificó el beso. Se separo para apoderarse de su cuello y descender hasta sus pechos.
- Zuko… Debemos levantarnos… - hablo entrecortada.
- ¿Quieres que me detenga? – su mano exploraba su intimidad haciéndola cantar suavemente como solo a él le gustaba.
- No… - hablo jadeante.
Sonrió por la contradicción. Mientras se movía en el sur su boca recorría sus senos y se detenía especialmente en la dura cúspide. Se movía bajo sus caricias, pero ella no lo soportó mas. Tomo a quien la torturaba de placer y en un solo movimiento ya estaba sobre él. Zuko reconoció que aquellas eran las consecuencias de despertar a su mujer haciéndola a ella tomar el control del momento solo para satisfacerse de lo que él había iniciado. Pero nunca se quejaría por ello. Aquella posición seria la favorita del Señor del Fuego. No solo por el placer que le producía el menear de sus caderas, si no por la exquisita vista que le permitía contemplar. El mover de sus caderas lo hipnotizaba así como el subir y bajar de sus pechos, pero mas que nada, aquella mirada seductora llena de pasión y deseo era lo que en verdad lo volvía loco.
- ¿Por qué papá se esta tardando tanto? – pregunto Ryu a su abuelo mientras esperaba por él para su entrenamiento matutino.
- Creo que hoy, tu padre decidió ejercitarse de otra manera – hablo el ex general mientras que sonreía y bebía de su té - Creo que ahora entrenaras solo,
Ryu no entendía a lo que se refería. Le reclamó en el desayuno.
- Perdón hijo, pero tu madre me entretuvo – Se excusó y Katara casi escupe el té por haberle echado la culpa a ella.
- Mamá… - dijo el pequeño con reproche hacia su madre por no haber permitido su entrenamiento con su padre, al final termino entrenando solo bajo las instrucciones de su abuelo.
- Perdón mi amor - hablo con dulzura hacia con su hijo - pero te prometo que nunca más volverá a pasar – aseguró y Zuko se dio cuenta que pasaría mucho tiempo para volver a tener un despertar como aquel.
Katara había estado presente en las reuniones organizadas por Ayu, tenia mucho que aprender ahora que retomaría las funciones que su posición corresponde. Se impresionó que su amiga pudiera con todo eso, pero al mismo tiempo le preocupó.
- Ayu has estado trabajando demasiado, no creo que debas esforzarte mucho en tu condición.
- No te preocupes Katara estaré bien, te prometo que cuando pase la fiesta de Ryu, tomare un descanso.
- Te hare una revisión ¿De acuerdo? - su amiga asintió - ¿Y cuando será el gran evento? – le preguntó después. Ella e Issei se habían comprometido esa semana.
- En dos meses, no será nada grande, algo pequeño, para nosotros. Estamos pensando que sea en la Isla Ember.
- Que la persona que esta organizando una enorme fiesta para mi hijo quiera una boda sencilla me cuesta creerlo.
Sonrió – Lo se, creo que me emociono más cuando es para alguien más que para mi.
- Me impresiona que te vallas a casar antes que Zheng, pensé que el ya estaría casado y con familia para estos momentos.
- Es extraño si, pero Zheng tampoco pone de su parte – dijo molesta – Se la pasa la mitad del año en el mar y cuando viene solo esta con Issei o aquí en el palacio. La verdad no entiendo como espera encontrar a alguien actuando de esa manera.
- ¿Crees que es por su cargo de Almirante que no pueda encontrar esposa?
- No, Zuko creo un horario para que estuvieran por lo menos, dos meses en mar y uno en tierra. Pero ese idiota tomo el mas largo. Cuatro en mar y uno en tierra.
- Creo que cuando encuentre una esposa, pasara más tiempo aquí.
- O tal vez se la lleve con el y vivan en el mar felices por siempre – ironizó - ¿Qué clase de mujer aceptaría eso?
En ese momento Mai y Zuko salieron de una de las reuniones y se encontraron con ellas.
- ¿Todo listo para los acuerdos? – preguntó Katara.
El cumpleaños de Ryu no seria solo un simple festejo. Con fines políticos también se reunirían los líderes y al ser la primera vez que se unirían a los tratados de paz los maestros aire, aquel acuerdo necesitaba de ciertos ajustes.
- Casi – expuso Zuko un poco cansado de la tediosa reunión.
- Te dejare los documentos en tu despacho, asegúrate de aprobarlos para antes de tu viaje – hablo Mai.
- Lo hare – aseguró Zuko, pero Mai miro a Katara.
- Me encargare que así sea – hablo la morena notando la callada súplica de su amiga, Mai sabia que Zuko, a veces olvidaba hacer bien su trabajo, lo que significaba más trabajo para ella y eso era algo que le molestaba.
Mientras estuvo en la tribu del sur, Katara y Mai se trataron un poco más. Antes eran solo conocidas, especialmente porque no se frecuentaron cuando ella se convirtió en la Señora del Fuego, pero en la ciudad de hielo, entablaron amenas conversaciones y Katara pudo ver el lado sensible de ella. A pesar que no era de palabras de afecto y muestras cariñosas, Katara podía leer las pasivas expresiones de la chica, entre ambas creció una pequeña pero valorada amistad.
- ¡Mai! – la voz de Ty Lee irrumpió llamando la atención de los cuatro. La muy afamada malabarista estaba ahí para presentar su acto en el cumpleaños del príncipe, el circo en el que prácticamente ella era la atracción principal había ganado mucha fama. La chica corrió a abrazar a su amiga con gran afecto – Estuve esperándote por horas – se quejó – Hola a todos – saludo finalmente al grupo el cual le devolvió el saludo.
- Si estas aquí quiere decir que los del reino tierra llegaran pronto – Dedujo Zuko.
- Si, Seiji me dijo que llegaran en don días, pero creo que Toph y Sun Hee llegaran antes.
El hermano menor del rey tierra Kuei había quedado flechado por la chica de circo, que no solo se comprometió con ella, si no que también era el patrocinador principal del circo, haciendo que el mismo se volviera mas grande y ostentoso, ofreciendo un espectáculo de mayor nivel. Por ende se familiarizo con el maestro de metal control y su esposa al ser primo del mismo.
- Los estaremos esperando entonces – confirmó Zuko.
- ¡Mai me muero de ganas que me cuentes mas de aquel hombre que mencionaste en tu última carta! – hablo en voz alta y cargada de alegría.
Mai se sonrojo de golpe por la imprudencia de su amiga al hablar así.
- Ty Lee – le dijo en voz baja, pero era tarde, los ahí presentes ya habían escuchado.
- ¿Hombre? ¿Qué hombre? – indagó Zuko mirando a su consejera.
- Zuko por favor – interrumpió Katara – No te metas en la vida privada de las personas – Mai agradeció el gesto de su amiga.
- ¿Estas saliendo con alguien? – le preguntó ignorando lo que había dicho su esposa comenzando a interrogar a su amiga.
Habían estado trabajando juntos ocho años y entre ellos había una amistad, o al menos Zuko así lo sentía al igual que con Ayu. Ellas eran las únicas dos mujeres por las cuales Zuko podía llegar a preocuparse.
- Me dijo que si – contestó Ty Lee.
- ¡Basta! – la callo nuevamente. Se despidió de los presentes y se llevó a Ty Lee antes de que dijera algo más.
Mai comenzaba a lamentarse de haberle contado a su amiga lo que había entre ella y Zheng. A decir verdad ni ella misma lo sabia. Esa noche en la fiesta de bienvenida de Katara, después de lo que paso entre ellos, era más que obvio que ninguno de los dos podía regresar a la fiesta, no con sus apariencias. Zheng la escolto a su casa, pero en todo el camino se le hiso difícil no tener sus manos alejadas de ella. Los efectos de aquel perfume los siguieron y cuando llegaron a su casa, ambos entraron. Una vez mas estuvieron juntos, compartiendo el placer que se provocaban uno con el otro.
A la mañana siguiente despertó a su lado, brazada, protegida por él. De nuevo no hubo un gran intercambio de palabras, pues al parecer los dos estaban avergonzados, dándose cuenta por primera vez de lo que habían estado haciendo. Pero esa tarde Zheng regresó, la situación se volvió un tanto incómoda, pero lograron conversar amenamente, temas del pasado, especialmente relacionadas con la guerra. Cuando llegó la noche se despedía de ella nada mas que con un tierno beso en su mejilla. Ya eran tres días seguidos que repetía esa acción. Y Mai lo mencionó en su carta a Ty Lee anunciándole que estaría gustosa de recibirla en su casa cuando llegase por el cumpleaños del príncipe. Y ahí estaba, esperando por saber de él.
Los tres se quedaron impresionados por la conducta de la consejera. Más Zuko que no podía creer que estuviera con alguien.
- ¿En serio Mai esta saliendo con alguien? ¿Por qué no me lo dijo?
Las dos mujeres ahí voltearon a verlo con una cara que decía ¿enserio?
- Tienes cosas mas importantes de las cuales preocuparte Zuko. Deja a Mai tranquila – hablo con calma su esposa.
Tenia razón, con el cumpleaños de Ryu cerca y los invitados que llegarían en cualquier momento, el tenia, además otras responsabilidades. Una de ellas era un viaje a una de las escuelas de la nación. Se reuniría con el director para poder llegar a un acuerdo en crear una escuela donde convivan niños de las diferentes naciones. Era un proyecto en el estuvo trabajando cuando regreso de su travesía y junto con Mai vieron las ventajas y posibilidades que se llevaran acabo.
Esa misma tarde partió a la isla Soles, donde planeaba crear la escuela y debía reunirse con el director de la misma. Su estadía ahí fue de un día, y cuando todo estuvo solucionado partió a la capital en su dirigible rápido. Era casi el anochecer cuando llegó.
Su sorpresa fue grande cuando en la explana de aterrizaje vio una manada de peludos animales muy conocidos por él. Los bisontes voladores estaban siendo llevados a los establos. No tuvo que adivinar que los nómadas aire ya habían llegado. Cuando bajo del dirigible al primero que vio fue a Aang.
- Pensé que llegarían hasta mañana – le dijo después de saludar gustosamente a su amigo – perdón por no recibirlos.
- No te preocupes, nosotros fuimos los que llegamos antes – comenzaron a adentrarse al palacio – Quisiera hablar de algo contigo – Zuko miro al avatar.
- ¿Sucede algo?
- Bueno… después de que comenzamos la reconstrucción del templo del sur, Thai me dijo que no era el único templo oculto que existía. En el templo aire del oeste hay otro.
Recordó que estuvieron ahí – ¿Crees que existan maestros aire ahí ocultos?
- Ya lo comprobamos. Hace unos días fuimos hacia allá y encontramos el templo. Había más maestros aire ahí – dijo con una sonrisa – pero también encontramos a otras personas.
Aang se había detenido y Zuko espero a que le dijera algo.
- Creo que es mejor que vallas a verlos.
Zuko no entendía pero aun así camino hasta donde Aang lo llevaba. Se detuvo a mitad del pasillo. Mas adelante había un grupo de personas, entre ellas pudo ver a su tío, incluso a Ryu pero lo que mas llamó su atención fue una persona. El hombre que vestía ropas de monje, su cabello canoso atado en su nuca, un poco encorvado y los años marcados en su rostro y esa sonrisa. A pesar de los años hay cosas que no cambian, y Zuko jamás olvidaría la sonrisa de aquel hombre.
- ¿Abuelo…? – hablo incrédulo.
El hombre con el rostro arrugado le sonrió. No había dudas, era él. Zuko se acerco y lo abrazó. En su pecho se formo un sentimiento muy grande.
- Cómo es posible…? – estaba en un remolino de emociones y dudas por encontrarse con su abuelo materno, era la tercera persona que se podía decir amaba a Zuko tanto como su madre y como su tío.
- Eres todo un hombre – fueron las primeras palabras hacia él con alegría de encontrarse a su nieto.
- ¿Estuviste escondido en el templo todo este tiempo? – al ver sus ropas solo pudo deducir eso, que estuvo viviendo con los maestros aire y pensar que ellos estuvieron ahí.
El hombre asintió con la cabeza – No fui el único Zuko.
Zuko trataba de hallarle sentido a sus palabras. Su mente trataba de encajar las piezas de los recuerdos de su infancia, la última vez que había visto a su abuelo fue ese día, el día en que, por la noche su madre partió. La sorpresa lo invadió.
- ¿Acaso…? – su voz se ahogó por el estremecimiento. Su abuelo asintió con la cabeza.
- Ha estado enferma. Cuando el avatar nos encontró, nos dijo que aquí había alguien que podía ayudarla.
El no lo podía creer, en ese momento Katara salió de la habitación. Zuko aun estaba en la incertidumbre de lo que estaba pasando, las personas afuera esperaron por lo que la curandera les tenia que decir respecto a la salud de la antigua soberana.
- Se encuentra bien – aseguro – No tiene nada de lo que puedan preocuparse – termino de decir calmando un poco los temores de los ahí presentes.
Zuko se acercó a ella. Katara le sonrió, la expresión de su esposo era la que ella se esperaba ver en él cuando se enterara de la noticia.
- Puedes pasar – le dijo, pues sabia que, si fuera por él se quedaría ahí, quieto, expectante. Sin atreverse a mover.
Cuando recibió la aprobación de su esposa. Zuko entro a la habitación.
... (^-^) ... Ahora si, el que sigue es el último...
