Decidí actualizar de una vez por todas, pero nadie recuerda la historia supongo. Mucho tiempo postergando algo mata las pasiones.


Oh vamos esto era inmoral, poco ético, se sentía como si él fuera realmente de la raza de Arthur luchando por obtenerlo como pareja, sus delgados y tibios dedos en su rostro, sus ojos verdes en los que se perdía. Era hermoso, realmente hermoso, si no fuera un espécimen raro y excéntrico con quien copularía sólo por fines científicos y de preservar la especie... si sólo fuera un compañero de trabajo como Antonio o Heracles no dudaría en cortejarlo con desesperación, seguirlo, pedirle encuentros y citas, pensar en él por las noches. Le atraía, era un gusto extraño, tiene que ser sabio, no, no era amor, eso no existe de una manera tan abrumadora y rápida, era gusto a primera vista. Como en el reino animal.

Cuando los machos se lucen para impresionar a sus parejas, Arthur Kirkland sólo siendo él logró tomar completamente su interés, sin esencia ni afrodisiaco, Arthur lo enloquecía, su boca tartamudeó un poco al querer decirle algo, encararle dentro de ese cristal aislado, el inglés sonrió con infamia sabiendo de cierta manera que estaba poniendo en apuros al norteamericano.

¡Mierda! ¿Esa cosa se está burlando de él?¿Lo estaba haciendo? Estaba allí para aclarar las cosas, decirle a la cara que no era un pervertido, lo iba a hacer, cuando siente el reloj de su muñeca que se sincroniza con el laboratorio.

Una voz mecánica habla desde los parlantes cercanos.

TERMINO DE HORARIO, INSTALACIONES CERRANDO EN DOS MINUTOS. DESOCUPAR SALAS DE PROTOTYPE.

El americano chilló, apurado, tratando de correr hacia la puerta, pero uno de los brazos lo sujetó, esas finas manos de marfil, tersas y suaves.

-Quédate...-susurró con temor, algo preocupado, sin aquella altanería que tenía antes.

-N-No puedo, tengo que salir Arthur, volveré mañana, no soy un puto pervertido... ¡Te traeré ropa!-grita algo nervioso, soltando la mano, corriendo hacia la puerta.

Sintió algo extraño al dejarlo, los ojos tristes y apagados seguirle el paso. Salió de la cápsula de cristal, cuando lo hizo, se volvía activar el gas que anestesiaba a Arthur, quien, con sus ultimas fuerzas antes de caer dormido tocó el vidrio frente a donde estaba Jones, quedando dormido a sus pies, luego, la cápsula tomó un color oscuro, permitiendo ver sólo vagamente a Arthur Kirkland. Los ojos del norteamericano trataron de visualizarlo. Eso fue extraño, esa mirada, sentía sus pies pesados al verlo, sin querer alejarse, necesitarlo. ¿Sería alguna de las habilidades de alguien como la especie de Arthur?

Iba a quedarse un poco más cuando la mayoría de la luces comienzan a apagarse. Un sujeto está entrando a la sala arrastrando los pies, quizás gateando por allí, vio la cabellera café algo ondulada y el extraño rizo doble, luego un profundo bostezo que se podría comer a un buque entero. A Jones no le sorprendía que fuera ese griego.

-Ahora puedes largarte Jones... ¿Lograste algo con 023?-susurró con una sonrisa pequeña, pero el estadounidense conocía muy bien esa diabólica sonrisa.

-¿No te está esperando Kiku en un traje de gato para cumplirte un fetiche?-el griego dejó de reír bostezando más.

-Al menos tengo a alguien que me espera y lo amo mucho, tú repeles a la gente, además las chicas saben a kilómetros que eres gay... Jones...-susurró.

-Ya tendré a alguien-bufó con molestia.

-Y luego se entera que follaste con un experimento y te pateará el culo.

-Esto es culpa de ustedes zancudos chupa sangre, su contrato es un suicidio.

-Necesitábamos gente tonta que lo aceptara...

Alfred se molesto, el griego sonrió bostezando con energía.

-Si completas la investigación podrían ascenderte Jones, no tendrías que hacer el... trabajo sucio, aunque no lo creas, te deseo buena suerte.

Las palabras resonaron en su mente, un ascenso, ya no ser el pobre diablo explotado, ser lo que siempre quiso ser, sonrió ante la idea, pero próximamente se vio golpeado por la apariencia pura y realmente hermosa de aquel ser con el que tendrá que copular, la idea de meterse dentro de un hombre para dejar esperma... sonaba horrible, por pocos segundos, la imagen vino a su mente, él recargado arriba de Arthur... penetrando. Casi se golpeó con alguna muralla antes de llegar a la oficina, suspiró largo y prolongado sintiendo calor aflojándose la corbata, profesional o no tenía que aceptar lo obvio, Arthur le gustaba, bueno... no de amor, le gustaba lo que veía, era casi tan bueno como la pornografía gay que Jones compra a veces para darse placer en privado. No es que no tuviera suerte con los hombres o manteniendo relacionas sexuales, pero no era muy de "parejas".

Antes de irse, miró una figura que desprendía una aura podrida en angustia y frustración, es Antonio... justo como se ve a finales de mes, pero hoy...

Sí, se despidió de Antonio que estaba con un montón de papeles y más esquizofrénico que nunca antes en su vida. El nombre "Lovino" era todo lo que salía de su boca una y otra vez como si fuera el profeta anunciando desquiciadamente la llegada del creador.

-¡Tómalo con calma Antonio!-se reía suavemente de su suerte, irónico al estar en una situación similar.

-¿Calma? ¿CALMA? ¡Claro que me lo estoy tomando con calma, que me haya casi asesinado cuando intenté tocarlo no es nada, que tenga sus marcas de mordidas en los pies y brazos y que me echara a patadas del cristal es completamente normal! ¡Estoy calmado Alfred!

Verlo era penoso, ni siquiera ese estadounidense con cinco tazas de café y tres bebidas energéticas con extra azúcar quedaba como estaba el español en esos instantes, tiritando, traumado, pensando en que saldría muerto antes de terminar la investigación con su prototype, y como no si el monstruo casi le arranca el brazo el primer día.

Y el suyo... mm, era tan complicado verlo sólo como una sustancia a reaccionar en un tubo de ensayo. Parecía humano, parecía un chico normal que podría estar caminado por la casa... al que podría haber invitado a un café o al cine, al que pudo besar a la cuarta cita... del que se enamoraría a la séptima... y así y más, pero esas eran tonterías. Los científicos, investigadores...lo que sea, no piensan esas cosas. En su casa llegó a recolectar en un mostrarío personal esencias, desde hojas hasta tierra, café, de todo, debía haber un olor que estimulara a ese macho a copular, de cierta manera Jones pensó que sería un poco más lindo... si Arthur Kirkland se sentía cómodo ya que de por sí la reproducción para el macho que hace de pasivo no era muy placentera o no dolorosa que se diga, así que si lo estimulaba... el extraño ser quizás disfrutara el sexo y dar a luz a un hijo. Alfred se sintió extraño cuando por fin decidió dormir. Se sintió extraño que experimento o no, el pequeño que saldría... sería su legitimo hijo... y lo tendría que entregar a su suerte. El ascenso ya no le parecía tan bonito después de pensar por la fría realidad por la cual está pasando.

A la mañana siguiente trató de ser más optimista, al menos no estaba pasando la suerte de Antonio, que quizás ni viviera para la próxima semana, estaba lleno de vendas después de la primera sesión y esta vez pensaba entrar con un traje acolchado, se rió para sí mismo, dejó el papeleo y apretó la ropa que traía junto a los diferentes objetos que había seleccionado para ver si alguno le gustaba a Arthur, hablando de él, otra vez estaba con su actitud arrogante viéndolo desde el vidrio, con las manos en la cadera mostrando todo, haciendo que Alfred se pusiera rojo y algo nervioso.

"Tienes miedo de entrar aquí nuevamente" escribía con su extraña habilidad.

-¡No lo tengo cosa cejona!-sí, estaban discutiendo de nuevo.

"Eres un degenerado, concéntrate en tu trabajo"

-¡Tú eres mi trabajo!

"Entonces ven por mí"

El ser de tatuajes numéricos se relamió los labios con una sensualidad aplastante, guió a Jones con un dedo hasta adentro, retándolo nuevamente a entrar, el americano se sonrojaba de manera caliente mientras sentía que sus pies se movían solos, los ojos se entrecerraban en él, no tenía que negarlo, ese arrogante monstruo le encantaba. Tomó las cosas que traía para él con algo de torpeza, equilibró la maquina para poder entrar mientras Kirkland premia su valor con un gesto de brazos y otra relamida de labios erótica que parece sacarle un jadeo al norteamericano. Pero ahora traía ropa... traía ropa para tapar el lechoso y níveo cuerpo, las atrevidas curvas y los lindos genitales, sin mencionar las nalgas, levantadas, duras. Él era perfecto.

-Que rudeza Jones...-rió con prepotencia acercándose al científico que tambaleaba.

-Ponte ropa... Arthur.

-¿O si no qué?-inquirió sutil.

-Please, Arthur, no quieres que aplique toxinas como la

Hs3g...

El nombre del químico fue aludido por el de acento inglés, frunció el ceño y le arrebató la bolsa al americano, primero de apoco, abriendo la camisa, deslizándola por sus brazos... era extraño, era la primera vez que un hombre "vistiéndose" le pareció atractivo, Kirkland olfateaba la camisa, luego miró a Alfred botando un jadeo.

-Huele a ti, me estás marcando como tuyo tan deprisa...

-Y-yo... no era mi intención sólo...-las palabras se le ahogaban, las mejillas rojas, el anglosajón se sentó frente al americano estirando sus piernas para deslizar los bóxer, el anglosajón lanzó uno que otro sonido al olfatear la restante ropa, fregando la tela contra su cuerpo, en sus genitales, en su rostro.

Jones no sabía que hacía Kirkland... sólo que le gustaba mirar cómo lo hace, sí, así. Siente un poco de miedo, siente que se pondrá duro si sigue así, viendo eso. Kirkland por más que Jones insistió no accedió a ponerse nada más que la camisa a cuadros azules, con celeste y negro y un par de bóxer con una bandera estadounidense.

-¿Qué ofrenda me darás? No consigues convencerme, no te dejaré que lo hagas hasta que me convenzas, Jones...

-Te traje... cosas... sólo siéntelas...-evitaba el tema, Kirkland lo notó, ambos tomaron asiento más cerca, Arthur no dejaba de mirar a Jones con una sonrisa maliciosa y altanera, como si supiera que tiene al americano completamente suyo...

Y la idea le agrada. Aunque lo que le hacen hacer después es extraño... oler cosas que Alfred trae... hay de todo, huele de todo, desde jamón hasta canela.

-¿Ya te aburriste?

-Es parte de mi investigación, deberías participar.

-Me gusta cuando me obligan.-se ríe con lujuria en su voz que Jones trata de evitar.

Sólo le queda un olor más que mostrarle a Kirkland, aunque lo haya inútil, es la simple bolsa de té que consumió esa mañana porque se acabó el café... la acerca a Kirkland con un desaire, el inglés de acercó confiado a sentir el aroma... pero al olfatearlo se detiene.

Tiembla, Alfred lo ve temblando, los labios seguros también lo hacen, la lengua se ve erótica en su boca que se entreabre, las mejillas de Kirkland se vuelven rojas y las piernas le empiezan a temblar, empieza a tener suaves espasmos mientras se refregaba las manos en la nueva tela que cubría los genitales, los ojos verdes miraron a Jones quien observaba con timidez las reacciones afrodisíacas que tenía el té en el cuerpo de ese Prototype.

-E-eres mi macho... me duele...-señala sus piernas mientras agita sus manos al bulto húmedo que se forma.-Ven a calmarme... muer-muerde un poco.

-¿Y-yo?-tartamudear era poco, a Alfred...alguien con sus estudios, nunca se les enseña a interactuar de aquella manera con sus especímenes, por más que trataba de mostrar seriedad no podía.

-Si tú no vienes a toc-tocarme...yo iré hacia ti pa-para que lo hagas.

El americano sintió los dedos del ser divagar por su cuerpo, sus manos ardían, temblaban, a Arthur le estaba doliendo, el afrodisiaco lo excitó mucho, los brazos del científico se amarraron a la cintura del inglés respirando con fuerza, deslizó sus manos debajo de los bóxer, le quitaría su dolor y todo terminaría, pero no lo sabía... con un ser de la raza de ese Prototype... con Arthur en sí...le costaría detenerse o... detenerlo.


Y aquí está el rosa capítulo, Afred no pensó que el té era la clave. Les dejo hasta aquí, no tengo mucho que decir, sólo que adoro a Arthur embarazado y esta pareja, por eso decidí retomar el fic TwT