Cap. 10: cumpleaños

El agotamiento físico de Léithen fue tanto que su cuerpo no reaccionó hasta pasados 10 días. Durante ese tiempo no hizo ni un solo movimiento en la cama, talmente como si estuviera en coma; es más, las heridas ni siquiera se habían empezado a curar, por lo que el sanador estuvo día y noche pendiente de que no se infectaran e intentaba curarlas con magia, pero el cuerpo del chico ni siquiera la absorbía, por así decirlo.

Así pues no era de extrañar que se armara un gran barullo cuando el chico hizo sus primeros movimientos. Todos los que ya le apreciaban se reunieron en la habitación tan rápido como les fue posible: el rey, Auresse y Alasse, Russan y Anga, el grupo de chicos y todos los dragones que implicaban (y más gente que se quedó fuera).

Por cierto, los Elementos (los dragones de Léithen) no se movieron ni un momento de la cama en esos días, al igual que su abuelo. Alasse hubiera hecho lo mismo si no la hubieran obligado a dormir en su habitación, pero por lo demás no había fuerza terrestre que la sacara de allí (dando de qué hablar a los chicos, que ya apostaban para cuándo sería la boda).

Cuando Léithen por fin abrió los ojos de forma pesada su abuelo se puso a la altura de sus ojos, que lo miraban con desconcierto, y habló antes de que el chico lo hiciera.

-Cómo te sientes, mi niño?- preguntó mientras le acariciaba el pelo- Te duele algo?

-Un poco la espalda- respondió con voz somnolienta.

-Bueno, eso es normal- sonrió- Te dolería mucho más si el sanador Estel- el aludido inclinó la cabeza respetuosamente- no hubiera dejado de lado su vida social para atenderte- el chico levantó los ojos y sonrió tímidamente.

-Gracias- murmuró.

-No hay porqué darlas, haryon, es mi trabajo. ¡No, no! No lo intentes- dijo al ver que se esforzaba por ponerse boca arriba- Te he puesto un hechizo para que no puedas darte la vuelta.

-Qué me ha pasado? Estaba con Alma y no me acuerdo...

-Lo que pasa, mi niño- dijo Léowen- es que te han salido las alas.

Léithen tardó varios segundos en reaccionar, pero aún así no supo qué decir.

-Ahora que tu cuerpo al fin reacciona supongo que ya podrás absorber magia, así que voy a curarte estas heridas- le anunció el sanador antes de echarle un líquido verde encima de las heridas. Léithen sólo notó un picor un tanto irritable por un momento y ya no estaban- Bien, esto está mejor. Ahora voy a decirte cómo tienes que hacer para desaparecer tus alas y podrás incorporarte.

En cuanto le hubo explicado, y después de un par de intentos, las alas que ahora eran de un reluciente terciopelo negro con reflejos verdes se desvanecieron en el aire como el humo y el chico pudo darse la vuelta e incorporarse en la cama. El sanador le hizo un chequeo para comprobar su estado: sentenció que debería permanecer en cama para que su cuerpo se recuperara y que, tomando una poción que él mismo le daría, en 5 das ya podría levantarse.

Léithen, como de costumbre, intentó quejarse ante la perspectiva de guardar cama, pero el sanador Estel era tan tozudo como la señora Pomfrey con sus decisiones y sus pacientes. O más.

-Tu cuerpo está tan débil que con una brisa de aire te caerías. Necesitas unos días en cama para que tu sistema inmunológico funcione como ha de ser. Y agradece que no sean más! Da gracias a que tu cuerpo se está adaptando perfectamente a todo esto.

Después de eso al chico no le quedó más remedio que obedecer. Sobretodo porque su abuelo no le permitía hacer ni un solo movimiento y estaba con él día y noche. Auresse también se quedaba a cuidarle tanto rato como le era posible y lo mimaba como si ste fuera su propio hijo. Pero lo que más le alegraba era la compañía de Alasse y los chicos, que cada vez los consideraba más amigos. Tinko, como guardaespaldas que era, se pasaba la mayor parte del día allí, además que su habitación estaba ubicada al lado mismo.

Pero no todo eran mimos y juegos, también había que estudiar. Los profesores le iban impartiendo clases teóricas y se iba poniendo al día con los apuntes de los chicos. También pudo conocer a los profesores de vuelo, arco y lucha, sus asignaturas de tarde a las que todavía no había podido asistir. Se sorprendió muchísimo al ver que su profesor de arco no era un thiorél, sino un gran centauro de cabello y cola blancos, piel morena y pelaje rojo oscuro.

Y no sólo tenía esas clases, por la noche le enseñaban a escribir élfico y a aprender a comportarse como un príncipe. Si todo eso era ligero ahora que estaba enfermo, ¡la que le esperaba!

Pero bueno, la cuestión es que esos 5 días que pasó en cama se esfumaron como un suspiro, y antes de que pudiera haberse organizado un poco el tema de los estudios ya estaba fuera.

El sanador (cómo no) comprobó por última vez los niveles de magia y el estado físico de Léithen para asegurarse de que todo estaba correcto antes de darle definitivamente el alta.

-Genial, ¿y qué hago? No sé ni qué clase tengo ahora- dijo un poco desesperado.

-No te preocupes por eso, mi niño- dijo su abuelo - Hoy no hay clases. Es día libre.

-Ah, ¿sí?- Léithen se extrañó- Pero...

-Vamos a dar un paseo, ¿te apetece?- se dirigió a la puerta y lo miró.

-Sí, claro- el chico se puso a su lado y dejó que le pasara un brazo por sus hombros, empezando ambos a andar- Abuelo- mencionó al cabo de un rato.

-Dime.

-Si no hay clases, ¿dónde están los demás?

-Bueno- se rió- ellos también necesitan un poco de descanso, ¿no?

-Sí, supongo que sí- suspiró- Pero me extraña que ni siquiera Alasse haya venido... tampoco Auresse.

Sumido como estaba en sus pensamientos, y teniendo en cuenta que aún no conocía el lugar, no sabía ni por dónde iba hasta que su abuelo no se detuvo frente a unas puertas doradas y, sin decir nada, las abrió de un empujón.

La sala donde entraron era bastante grande y espaciosa, y estaba decorada con objetos extraños (la verdad, ¿qué cosas no seran raras?), unas cuantas mesas y una especie de armarios que, en realidad, se trataban de archivadores. También había muchas estanterías llenas de libros y pergaminos.

-¿Dónde estamos, abuelo?

-En la biblioteca. Cualquier cosa que busques la encontrarás aquí, sólo tienes que pedir mentalmente lo que quieres. Por ejemplo- cerró los ojos y levantó una mano- un libro sobre hojas medicinales- y de repente apareció un libro delante suyo, lo cogió y se lo mostró.

-Las 1001 hojas de bosques de Inglaterra y sus usos- leyó.

-He pensado que te sería útil, puedes usarla como sala de estudios. No hay nada que no encuentres aquí, desde manuscritos hasta tratados. También hay buenos libros de lectura.

-¿Y cuándo ya no quieres el libro qué haces?

-Simplemente piensas que debe volver a su sitio y el libro desaparecerá- eso hizo.

-Increíble- exclamó.

-Pero ven, quiero enseñarte otra cosa.

Al otro lado de la sala había algo que no había visto hasta ese momento: pilares plateados de un metro de alto, puestos en fila recorriendo la pared, que terminaban en una especie de arpa dorada cuyas puntas sujetaban unas extrañas piedras toscas y negras, todas de distintas formas.

-¿Qué son?

-Sarkuiles muertas de antepasados nuestros. Ésta- le mostró una con forma de flecha- era la de mi padre, un excelente arquero. Y ésta es la que quería enseñarte- cogió una con la forma de la cara de un ciervo y se la entregó.

Léithen la observó minuciosamente y en seguida se acordó de los merodeadores, concretamente...

-Cornamenta- susurró mientras acariciaba las formas de cuerno- Era la de mi padre.

-Exacto- Lowen sonrió.

-¿De qué color era?- preguntó, un tanto emocionado.

-Azul marino. Era muy bonita- le cerró la mano que aguantaba la sarkuile- Ten, quédatela.

-¿Qué me la quede?

-Sí, quiero que te la quedes como recuerdo de tu padre.

Léithen se miró la mano con la sarkuile unos segundos, como dudando, pero luego se la colgó en el cuello. Como la cadena era más larga que la de su rayo no se tocaban, y era ideal para meterla dentro de la ropa.

-Léothen siempre la llevaba escondida en la ropa cuando estaba en Hogwarts.

-Gracias, abuelo.

-No hay porqué darlas. Estoy seguro de que a tu padre le hubiera encantado que la lleves, y me enorgullece verla en ti.

El chico se quedó tan cohibido que no supo qué decir. Sólo miró atentamente la sarkuile. Léowen lo notó y decidió que ya podían irse.

Se llevó a su nieto fuera de la biblioteca y lo condujo hasta otra sala. Esa era la única sala que conocía, pues era donde pocos días antes había visto por primera vez a su abuelo y a su tío: se trataba de la sala real. Esta vez el rey dejó que fuera el chico quien abriera las puertas.

-¡SORPRESA!

¡Le habían preparado una fiesta sorpresa! Allí dentro estaban todos los chicos, los dos guardias, Auresse, su tío... ¡incluso los profesores! Y haban decorado la sala con motivos festivos (o eso supuso que eran) y con una pancarta que rezaba feliz cumpleaños.

-¡FELIZ CUMPLEAÑOS LÉITHEN!- corearon.

-Pero... pero... si mi cumpleaños ya ha pasado- dijo con una risita de emoción.

-Sí, pero teníamos que celebrarlo, ¿no?- le dijo Alasse con una gran sonrisa- ¿No te gusta?

-¿Seguro que es para mí?- preguntó incrédulo.

-¡Claro que sí!- rió- ¿Te gusta o no?

-¡Me encanta!- exclamó feliz- Nunca había tenido una fiesta de cumpleaños.

-Pues ya va siendo hora- dijo su abuelo arrastrándolo hacia dentro de la sala.

La fiesta transcurrió de lo ms normal. Hubo música, comida, juegos, pastel, concursos... hasta que llegó la hora de los regalos. Absolutamente todos los presentes le dieron uno (si no eran 3), incluido su tío. Éste le regaló una daga de unos 10 cm de longitud y de una hermosa y rara empuñadura, pues tenía forma de la cabeza de un dragón con 2 rubíes en las cuencas de los ojos. Le explicó que había otras dos dagas gemelas a esa: una con zafiros en lugar de rubíes que tena él, y otra con aguamarinas que había pertenecido a Léothen.

Poco después, la fiesta fue interrumpida por la llegada de una joven thiorán que traía consigo un paquete alargado.

-Con permiso- dijo abriendo levemente la puerta.

-¡Ah, Ëowin! Pasa, pasa- le dijo el rey con un deje de felicidad.

-Haran- hizo la típica reverencia con la cabeza.

-¿Ya la has acabado?

-Aquí la traigo, mi señor, tal como la pedisteis.

-Y justo a tiempo- le guiñó un ojo- Léithen, hijo, acércate. Te presento a Ëowin, una de las mejores herreras de este tiempo- la joven sonrió.

-Es un honor, príncipe Léithen, pero no le hagáis caso a vuestro abuelo. Tiende a exagerarlo todo.

-Exagerar, ¿yo? ¿No será para tanto!- carraspeó- Bueno, esto... Léithen, hace un par de días le encargué a Ëowin que te forjara tu regalo de cumpleaños.

-¿Para mí? Si no hacía falta- dijo un tanto nervioso.

-¿Cómo que no? ¡Si soy tu abuelo! Estoy en mi derecho de colmarte de regalos- rió- Anda, cógelo.

Ëowin se arrodilló sobre una pierna y mostró el paquete por encima de su cabeza para que el chico lo cogiera, haciendo que Léithen se pusiera aún más nervioso, pero lo cogió. Cuando lo desenvolvió ante la curiosa mirada de todos los que estaban con él, se encontró con una magnífica espada.

La empuñadura era de una tela entre el terciopelo y la seda de color rojo, que parecía estar enrollada sobre sí misma. Separándola de la hoja y cubriendo la mano había una lámina de oro con sus nombres (Léithen y Elerossë, que ahora saba que se traducía como Harry) y su apellido (Tinehtelë, que en humano sería Potter) escritos en élfico.

La hoja que conformaba la espada era fina y describía una forma un tanto ovalada en vez de recta como otras espadas, y tenía grabada en la parte superior y en ambos lados el dibujo de un dragón alargado.

-Es... es...- realmente no encontraba palabras, estaba asombradísimo- es magnífica... mu... muchas gracias abuelo.

No pudo evitar darle un abrazo a su abuelo que correspondió sonriendo (y que fue acompañado por un sonoro 'ooooooohhhhh' de los chicos en plan broma). Prefirió ignorarlos y Léowen le dijo que siguiera inspeccionando la espada.

Léithen no entendía qué más quería que mirara, pero entonces se dio cuenta de que debajo del dragón, en la parte inferior de la hoja, se habían grabado 3 palabras más en élfico.

-Arken- recitó mientras pasaba el dedo sobre las palabras- huore... verie.

-Nobleza, coraje y valentía- tradujo su abuelo- Estuvimos horas pensando en lo que mejor te describía... esperamos haber acertado- ante lo dicho Auresse bufó y se cruzó de brazos.

-Sigo diciendo que quedaba mejor sabiduría- dijo irritada.

-Que no- respondió Lowen- Coraje.

-Sabiduría- tercamente.

-Coraje- dijo como quien habla con un niño pequeño.

-Sabiduría.

-Coraje

-NO: sabiduría.

-Que no: coraje.

..a.

.je.

-¡Nolwe!- cara de niña enfadada.

-¡Huore!- cara de niño enfadado.

-Ya estamos otra vez- Alasse negó con la cabeza suspirando y miró a Léithen- Ayer se pasaron 2 horas discutiendo como críos. Y no esperes que paren- suspiró otra vez.

-Esto...- Léithen levantó una ceja y miró a Alasse- ¿Y cómo se decidieron? ¿Diste tu voto?

-¿Yo? La verdad, me daba igual- se encogió de hombros- Los dos me gustaban, así que yo quedaba imparcial- sonrió pícaramente- Además... ¡cualquiera se mete entre esos dos!- ambos se echaron a reír- Ah, por cierto... seguid con la fiesta chicos, tengo que ir a buscar el regalo.

-¿Te has olvidado del regalo?- se rió Alka- ¡Alasse!

-¡No, no! ¡Esta vez no! Lo que pasa es que no podía traerlo antes- dijo un tanto nerviosa.

-Sí, sí...- corearon los chicos.

-Ayyy... ¡vale! ¡Alas, me lo vais a echar todo en cara o qué!- se rió ella también- En seguida vuelvo- dijo mirando a Léithen antes de ir a decirle a su madre que iba a por el regalo (ella seguía enfrascada con la pelea).

~¡Alasse! ¡Alasse!~ Nén la llamó desde la mesa donde los dragones estaban comiendo pastel~ ¿Puedo ir yo?

-¡Claro que sí!- cogió al dragoncito en brazos- ¡Ahora volvemos!

~¡Adiós Harry!

Veinte minutos después, la cabeza de Alasse volvió a asomarse por la puerta con Nén encima. Le pidió a Léithen que cerrara los ojos mientras entraba con el regalo y Tinko se encargó de que no hiciera trampa.

Finalmente le dejaron ver. A primera vista no había nada hasta que oyó algo parecido a un ladrido a sus pies.

Ahí estaba, en los pies de Alasse, un cachorro de lobo blanco de no más de un mes. Como todo lobo tena unas patazas enormes y su pelo de cachorro, espeso y suave, ya se le erizaba en el lomo. Y en esa misma zona tena algunos pelillos con la punta negra, de forma que pareca llevar un curioso sombreado en la espalda. Sus orejas an estaban dobladas en vez de tenerlas de punta y sus ojos, amarillo intenso, lo miraban con un poco de miedo pero, sobretodo, con curiosidad.

-Anda... ¿Y esto?- Lithen se quedó anonadado- ¿Es un lobo?

-Sí- Alasse sonrió- Aunque no de los que conocerás. Es un lobo de los bosques- ante la mirada del chico, decidió que tenía que explicárselo- Son lobos mágicos que viven en los bosques, pueden volar y camuflarse entre los árboles como un camaleón. Prácticamente se hacen invisibles. Y no, a él no le van a salir alas- el grupo entero se rió.

-Nunca los había oído... me extraña que Hagrid no nos haya contado nada, a él le gustan tanto los animales que vuelan...

-Je, je, je... es que sólo viven en los bosques sagrados como Annadél, que es el que tenemos más cerca y es hogar de elfos.

-O como Valya mismo- agregó Tinko- ¿Sabes? Mi tío tiene 3 lobos, pero marrones- dijo acariciando al cachorro.

-¿Tres?- preguntó Léithen un tanto desconcertado- Un momento... no serán mascotas habituales en Valya, ¿verdad?

-Creo que no hay una casa en todo el reino que no haya tenido uno- dijo Alka.

-Porqué será que ya ni me extraña- miró al cachorro, que no le había sacado el ojo de encima.

El lobito parecía saber que Léithen sería su nuevo cuidador, y al ver que volvía a mirarlo hizo afán de ir con él, pero es que era tan alto que se asustó y se echó más hacia atrás, pegándose más a las piernas de Alasse.

Léithen se arrodilló para verlo mejor y le ofreció la mano. El cachorro la olfateó y decidió que era el momento de acercarse cautelosamente, pero al notar que lo acariciaba empezó a mover la cola alegremente y en seguida empezó a jugar, mordisqueándole la mano.

-Es mono- reconoció al ver que jugaba con él, y sonrió- De pequeño siempre quise tener un perro.

-Esto es mucho mejor que un perro- dijo Tinko, y también se arrodilló- ¡Ven aquí, vamos!- lo llamó con palmadas.

Con la felicidad típica de los cachorros el pequeño lobo respondió a la llamada y trotó hacia él para mordisquearle las manos. Así se entretuvieron un buen rato, se sentaron haciendo un círculo, conjuraron una pelotita roja y se la pasaban entre todos haciendo ir de un lado a otro al feliz animal. Los dragones también se unieron, y Nén hizo buenas migas con el lobito ya que éste enseguida le dejó subirse encima de su lomo, aunque era tan pequeño que el dragoncito casi ocupada toda su espalda.

-¡Oye bola peluda, no te comas la capa!- rió Léithen intentando rescatar la pobre capa que el cachorro haba tomado como un nuevo juguete.

-¡Gauuu!- soltó un ruido que más bien pareca lastimero.

-¿Qué ha sido eso?

-¿Un intento de aullido?- propuso Tinko.

-Es que es muy pequeño, pobrecillo... todavía no sabe ni hablar- dijo Alasse, que gateó hasta quedar delante de Léithen para acariciar al lobo, que empezó a jugar con ella. Al cabo de poco el cachorro volvió a emitir el mismo sonido al ver a los dragones, como si los hubiera intentado llamar- Parece que le gusta eso de aullar... ¡Alas!- exclamó mirando su falda- ¡Y morder la ropa!

-¡Bolita!- Léithen agarró al cachorro antes de que se comiera la punta de la falda. Éste protestó, gruñendo, pues estaba muy concentrado en su trabajo, pero un segundo después jugaba con las manos del chico.

-¿Bolita?- Leo y Tinko se echaron a reír.

-¿Qué? Aún no sé cómo llamarlo- forcejeó con el lobito para salvar sus manos y éste saltó encima suyo como si atrapara una presa, haciéndole caer de espaldas.

-¡Graaauuu!- aulló victorioso y empezó a lamerle la cara.

-¡Serás trasto!- rió Léithen.

-Ha vuelto a aullar- soltó Losse.

Silencio espectral.

Losse nunca hablaba por hablar.

-¿Qué?- se limitó a decir levantando una ceja.

Léithen se incorporó y todos, para salir del apuro, miraron al lobito que al fin se había calmado y se estaba enroscando en la falda del chico para echarse a dormir.

-Al fin se ha cansado- dijo Olos. Léithen lo acarició.

-Pues mira, lo llamaré Naule, por aullador.

-¿Naule?- su abuelo se acercó- ¡Así llamé yo a mi primer lobo!

-¿Ah sí?

-Sí.

-¡Hombre!- exclamó Alasse mirando a su madre- ¡Hasta que paráis!

-Sí...- puso los ojos en blanco- es que al final aburre. Así que...- acarició al dormido cachorro- Naule, ¿eh?- sonrió- ¡Qué mono!

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La tarde había pasado volando y ya anochecía. Léithen se encontraba en su habitación con Naule y los dragones buscando en su armario, por lo visto habían organizado un banquete al aire libre esa noche y buscaba algo apropiado que ponerse. Pero todo hay que decirlo: no tenía ni idea de cómo vestirse.

Tras media hora de remover ropa y más ropa, finalmente dio por concluida su excursión por el armario y decidió pedir ayuda. Llamó a Vaywa, la dragona del viento, para que fuera a buscar a Tinko ya que él andaba un poco... perdido. Y con razón.

Desde la puerta del armario, sin molestarse a salir de él, observó detenidamente la ropa que había ido sacando sin darse cuenta... rascándose la cabeza nerviosamente...

Demonios...

¿Cómo podía ser tan grande un simple ARMARIO? Y dónde estaban todos? Con semejante montaña de ropa ahora no encontraba ni a los dragones ni a Naule... casi era imposible divisar dónde estaba la cama.

-¡Por todos los dragones!- exclamó Tinko nada más abrir la puerta- ¿Qué ha pasado aquí?

-Esto... ¿me puedes echar un cable?- suplicó el pobre príncipe. Tinko, riendo, accedió a hacer un poco de magia para arreglar todo aquello. Naule estaba debajo de un montón de capas, mordisqueando felizmente una de color azul marino.

-Parece que vuelves a necesitar ayuda. A ver, quita- se metió en el armario, y Léithen lo miró levantando los hombros.

-¿Qué quieres? Este armario es gigante- y añadió para sí, divertido- Como el de Narnia.

-¿Qué?

-Nada, déjalo- no se acordaba del buen oído que tienen los thioréls- hablaba sobre una película humana.

-Ah- Tinko lo miró desconcertado- Bueno, pues manos a la obra. ¿Algún color en particular?

Aproximadamente hora y media después (y luego dicen de las mujeres) ambos chicos salían de la habitación. Tras probar varias combinaciones al final decidieron que los colores que mejor le iban a Léithen eran los oscuros, así que, finalmente, se había vestido con unos pantalones de seda negros y una camisa igual aunque de reflejos azul marino. Esta vez no se había puesto chaleco pero sí llevaba una capa rojo oscuro bordada en oro. Su sakuile, brillante, colgaba de forma elegante sobre su pecho, por encima de la sarkuile de su padre, que llevaba debajo de la ropa. A su izquierda colgaba su nueva espada a la que haba bautizado Anarian, hija del sol, atada a un cinturón negro con bordes también dorados. Tampoco se había olvidado de la daga de su tío. La había llamado Fëanáro, espritu de fuego, por el intenso rojo de los ojos del dragón que servía de empuadura. Y la llevaba escondida dentro de su bota derecha, tal y como Tinko le haba enseñado.

Detrás suyo iban las dragones y Naule con Nén en su cabeza: el dragoncito había encontrado su transporte perfecto y a su vez vigilaba que el curioso cachorro de lobo no se perdiera. Nén ahora era feliz porque tenía la vida resuelta: cuando no lo transportaba el lobo, iba encima de Léithen o lo llevaba Vaywa entre sus poderosas garras.

Tinko los condujo hasta la entrada a palacio. Lo habían montado todo justo delante e incluso habían movido algunas casas para dejar espacio a todas las mesas que habían predispuesto para que cupiera todo el pueblo. En el centro de todas ellas había una gran mesa en forma de U donde se sentarían los más cercanos a la familia real. En ese momento ya había muchísima gente yendo y viniendo de un lado a otro, por lo que les costó un poco encontrar a sus amigos.

-¡Hola chicos!- saludó Tinko al llegar junto a ellos.

-¡Hombre, al fin!- exclamó Alka- Ya pensábamos que se os había tragado la tierra.

-La tierra no, el armario- se echó a rer.

-¿Cómo que el armario?

-Sí mujer, el armario. Eso que sirve para guardar la ropa- y ahí estaban esos dos, empezando una discusión.

-Es que hemos tenido unos problemillas con...- empezó a explicar Léithen, pero se quedó sin respiración al ver a Alasse.

La joven thiorán llevaba un vestido de un blanco impecable, largo, escotado y de espalda descubierta, con bordes de oro por delante. Su sarkuile parecía ir a juego con el vestido, brillando como si fuera un trozo auténtico de luna. También llevaba otro collar de oro con un colgante en forma de dragón y unas pulseras que iban unidas, una de oro y otra de plata.

-Hola- sonrió tímidamente al ver que la estaba observando.

-Ho... hola... esto... estás muy... muy...

~¡Hola Alasse!~ Nén la saludó desde la cabeza de Naule~ ¡Estás muy guapa!

-¡Hola Nén! Muchas gracias, eres todo un galán- se agachó y le dio unas palmaditas en la cabeza antes de acariciar a Naule.

-¡Eh, Lithen!- Leo le llamó- Aquí hay alguien que quiere verte.

-¡Alma!

El chico se acercó corriendo a acariciar al caballo.

-Me alegra verte- dijo acariciándole el hocico.

~Sí, y a mí~ al oírlo, Léithen se quedó estático.

-A... Alma... ¿hablas?

~Ehhhh... sí~ avergonzado, miró al suelo.

-Ah, es verdad, no lo sabías- saltó Tinko.

Se pusieron a charlar, contándole cómo Alma había llegado a hablar cuando el chico enfermó, y hablando, hablando se entretuvieron hasta que llegó el momento de sentarse en las mesas.

Léowen se sentó en el centro de la mesa en forma de U con su hijo a su izquierda y su nieto a su derecha. Por suerte para Léithen sus amigos se sentaron en fila a su lado, con Tinko primero ya que siendo su guardaespaldas era el que deba estar más cerca. Pero como éste no tenía un pelo de tonto... le cambió el sitio a Alasse.

-Bah, después de todo, no hay ningún peligro mortal cerca, ¿verdad?- se excusó, guiñándoles un ojo.

Y la fiesta empezó. Después de una agradable cena empezaron a tocar música y los thioréls se iban animando poco a poco, saliendo a bailar.

-¡Hola chicos!- Auresse fue junto a ellos de la mano de un thiorél desconocido para Léithen.

Era joven y atractivo, con el pelo de color azul marino, corto y algo revuelto, y con unos brillantes y alegres ojos dorados que a Léithen le recordaron a alguien, pero no caía en ese momento. En su hombro llevaba un dragón que se parecía muchísimo a los dragones de Alasse, pero éste era de color dorado con reflejos anaranjados y rojizos y tenía los ojos de color arco iris. El dragón y la sarkuile en forma de sol hacían sospechar que su poder era ese, el sol.

-¡Papá!- Alasse saltó a abrazarlo.

-¡Hola mi niña!- el thiorél la abrazó sonriendo. Claro, eran los mismos ojos que los de Alasse- ¡Alas! ¡Estás preciosa!

-¿Cuándo has llegado?

-No hace mucho, pero tu madre me ha hecho levantar antes de probar bocado- rió.

-¡Anar!- exclamó Léowen- Qué bien que hayas podido llegar a tiempo.

-¿Acaso dudaba de m?- sonrió y miró a Léithen- Alas desplegadas... ¡es igual que su padre!

-¿Qué te haba dicho yo?- le recordó Auresse.

-Sí, sí, pero... ¡Oh, vaya! La última vez que te vi no levantabas dos palmos de tierra. No te acordarás de mí, soy Anar- tras una leve reverencia con la cabeza le tendió la mano.

-Un placer.

-Mi mujer ya me ha puesto un poco al día sobre lo que te ocurrió. Has ido a Hogwarts, ¿verdad?

-Sí.

-¿Y qué tal est Sirius?

-Co... ¿conoce usted a Sirius?- preguntó asombrado.

-¡Claro! Y nada de usted, chico, porque tendría que ser al revés- le guiñó un ojo, travieso- Tu padre me lo presentó un día que fui a verlo a Hogwarts. Sirius fue el primer mago que conoció Léothen, cuando se fugó. ¿Te lo han contado?

-Sí, Alasse me lo comentó, pero no sabía que era Sirius.

-Uy, yo tengo que contarte muchas cosas- sonrió con malicia.

-No, no, no- dijo Auresse- Lo que tienes que hacer es comer un poco y dejar que estos chicos vayan a bailar. ¿Por qué no le enseñáis a Lithen?- sugirió sonriendo.

-Esperad un momento- dijo el rey antes de que se levantaran- Antes tengo algo que decir.

Los chicos se miraron y asintieron. Léithen volvió a recostarse en su silla, mirando a su abuelo. Algo le decía que lo que iba a decir tendra alguna relación con él. Léowen carraspeó un par de veces y se pasó la yema de los dedos suavemente por el cuello. Al hacerlo, su voz se hizo más fuerte y todos pudieron oírle. La música cesó y todo el pueblo fijó su atención en el rey, que asintió satisfecho.

-Siento interrumpir tan agradable fiesta ahora que todos lo estabais pasando tan bien- sonrió- Pero antes de que se nos suba la bebida a la cabeza- se oyeron unas risas- tengo que anunciar algo. Como todos sabéis, hoy celebramos no solo el cumpleaños de mi nieto Léithen, sino también su regreso a casa- le hizo una seña para que se levantara- Bienvenido a tu hogar, mi niño- le abrazó tiernamente y la gente empezó a aplaudir, gritando 'bienvenido'. Sosteniendo a su nieto con un brazo por encima de sus hombros, el rey prosiguió- Pero hoy hay algo más que celebrar amigos. Léithen, dame tu espada y arrodíllate sobre una pierna.

El chico obedeció, aunque sin entender, y le ofreció a Anarian. Luego hizo lo que le había pedido. Léowen cogió la espada y la alzó por encima de la cabeza de su nieto.

-Que esta espada sea tu protección, tu guardián, y tu mentor. Los actos que obrarás con ella serán justos y nobles. Esta espada es ahora la representacion de tus ideales y tu corazón. Que nunca derrame sangre inocente, y que las lágrimas que caigan por sus acciones la limpien de gratitud y no la manchen de dolor. Jura que usarás esta espada para el bien y que los actos que cometas serán justos. Jura que protegerás a los tuyos con ella- y le susurró que repitiera lo que acababa de decir.

-Yo... juro que mi espada será usada para el bien, y que mi actos con ella serán justos. Juro utilizarla para proteger a los míos- tal y como termin la frase, su abuelo le golpeó la cabeza con Anarian- ¡Au!

-Y esto para que te acuerdes de lo que acabas de decir- dijo con ojos divertidos. Léithen se frotó el chichón y lo miró resentido.

Un thiorél se acercó al rey sosteniendo un cojín con algo encima. Se trataba de una tiara de un extraño plata resplandeciente, que a Léithen le recordó a la sangre de unicornio. Era hermosa pero sencilla, sin incrustaciones, y en el centro se dibujaba la cabeza de un dragón. El rey cogió la tiara con la típica elegancia que les caracterizaba y la alzó por encima de su cabeza, mostrándola al público, para luego dirigirse a su nieto. Sin mediar palabra le puso la tiara en la cabeza y le hizo un gesto con la mano para que se levantara.

-Álzate Léithen, hijo de Léothen, príncipe de Valya.

Todo el mundo estalló en aplausos. Léithen no entendía nada de lo que acababa de pasar, pero siguió las indicaciones que le daba su abuelo y le imitó: ambos miraron al pueblo y dieron una leve reverencia. Los aplausos se volvieron más intensos y se sumaron vítores y celebraciones llenos de júbilo. Reemprendieron la música y empezaron a moverse jarras de bebida, y Léowen le indicó que ya podían retirarse.

-¿Qué demonios acaba de pasar?- fue lo primero que preguntó antes incluso de sentarse.

-¿No te has dado cuenta?- contestó Alasse- Acaban de coronarte oficialmente como heredero de Valya.

-¿En serio? ¿Vosotros sabais que era eso lo que iba a hacer?- sus amigos sonrieron- Y nadie poda habrmelo dicho, ¿eh?

-Nos moríamos por ver cómo actuarías- dijo Leo, casi echándose a reír.

-Pero lo has hecho muy bien, Léithen- le dijo Alasse.

-Sé, ninguna metedura de pata... qué decepción- bromeó Tinko.

-Ya me hubiera gustado verte a ti en mi situación, ya.

-Anda, no seas rencoroso. ¿Por qué no nos vamos a bailar?- se levantó animado- Alka, ¿te apetece?

-¡Sí, claro!- exclamó contenta, levantándose rápidamente.

Todos se levantaron para buscar una pareja. Léithen miró a Tinko y Alka, que habían empezado a bailar, sin entender cómo se bailaba. Los estuvo observando un poco y luego miró a otras parejas. Se sorprendió al ver a Leo y Losse bailando juntos. Los conoca de hacía muy poco, pero no se los había imaginado juntos. Y es que formaban una curiosa pareja: él era noble, bromista y todo él reflejaba bondad, y ella era seria, poco habladora y su cara muy pocas veces mostraba algo de sentimientos. De hecho, era la primera vez que Léithen la veía mostrando emociones, ya que estaba sonriendo. Pero aún así, le era difícil decir si se lo estaba pasando bien.

-Mirando no vas a aprender a bailarlo, tienes que moverte- le dijo Alasse, que estaba a su lado. Léithen la miró y vio que le tendía la mano- ¿Lo intentamos?

Sonriendo, el chico aceptó y ambos se mezclaron entre las demás parejas.

CONTINUARÁ..

NdA:

Lo sé, lo sé... queréis torturarme y asesinarme lentamente... a este paso tardaré más q la Rowling en terminar! En fin, qué puedo decir, sólo que lo siento mucho por haceros esperar tanto y que mi vida cada vez tiene menos tiempo libre para poder dedicarme a esto T_T la facultad me absorve, este año sólo he parado en el piso para dormir, ahora en verano el trabajo y los estudios para septiembre.. y así es contínuamente ya.. es un asco, de veras. Pero bueno, sigo intentando escribir, aunque sea con la libreta en las conferencias de la facultad xDD

Sé que ahora no puedo contestar reviews por aquí, así que perdonad si hay alguna pregunta en concreto que quisierais que os responda.. ahora mismo tampoco puedo revisar los reviews ^^U si eso me la volvéis a hacer y cuelgo una notita con las respuestas que pueda dar, ok? ;)

Éste es el muestrario de palabras élficas del capi:

Arken - hombre noble

Verie - valentía

Huore - coraje

Anarian - Anar: el Sol / -ion: hijo de

Fëanáro - fëan: espiritu / nár: fuego

Anar - el Sol

Antes de terminar, me gustaría contestar unos reviews en que parece q se me lían jajaja! Pero pocos, que ya sé que ahora no se puede T_T

Yuri Black: me preguntabas si todos los dragones pueden volar o depende del elemento. No depende del elemento, depende de que a mi me de la gana jajaja! Como existen muchos tipos de dragones según las distintas mitologías intento que los dragones Istar sean de todo el mundo =P quiero que haya un poco de todo: alargados, con alas, sin ellas, con dos patas o incluso sin, o con 4 alas también… vamos, bien variopintos jaja!

Ailulin: qué decirte, siempre me animan tus reviews de impaciencia xD ojalá pudiera escribir más seguido y no hacerte sufrir tanto, de veras! Por cierto… las alas son negras con verde jajaja! Tampoco creo que te desagraden así, verdad? =P estuve pensando si rojo o verde.. y tiró el verde xD

Mirug: gracias por entenderme, muy bueno lo del armario de Snape xDDD

Niyushi: tú también pensabas q las alas serían blancas? Jajaja! Pero porqueeee si a Leith le pega el negro y el verdeeee! xDD

Giosseppe: los dragones no crecen, cambian de tamaño según si lo necesitan. Por ejemplo, para que Léithen pueda volar con Vaywa, ella tiene que hacerme más grande para que él pueda ir subido a su cuello. Ahí sería grandota, hazte una idea de tipo Saphira de Eragon jajaja! O cuando quisieron intimidar al chico, los dragones de Alasse crecieron hasta ser de unos dos metros si no recuerdo mal… es eso, que según lo que necesitan crecen al tamaño que quieren. La mayoría del tiempo están estilo Mushu (xD) porque les es más cómodo, te imaginas dragones de 10 metros andando por el bosque? Pobre bosque no? XD ah, y me alegra que te guste Alma =P

Chefim17: te aseguro que el tema de los signos de puntuación no es culpa mía, es este maldito ff que hace lo que le da la gana con lo que subo ¬¬ al menos este capi me ha dado la opción de editar y he podido ver, por ejemplo, q se me había comido las letras con tildes, he tenido que reescribir de nuevo el capítulo dentro del edit ¬¬

A todos mil disculpas que seguro que os lo volveréis a leer de nuevo al no acordaros ya del fic -_- Bueno, os cuento que he estado mirando cómo voy a partir lo que tengo en mente y tengo pensado que después del capi siguiente por fin haya contacto con la comunidad mágica =D ya tenía ganas hasta yo! XD

Muchísimas gracias a todos por seguir la historia y por vuestros reviews. Espero que este capi os haya gustado y espero poder avanzar a lo largo del verano para publicar lo más pronto posible. En el próximo capítulo nuestros chicos se van de acampada! =D Saludos a todos.

Kina -